3. Dragones: Kyungsoo [KaiSoo]

Summary

Jongin, un ex soldado cansado de las guerras, está en busca de una vida mejor. Viajando tan lejos de las ciudades concurridas como puede, se encuentra con un pequeño trozo de paraíso en la orilla del océano.  Su único problema es que está solo y echa de menos a sus hermanos de armas.  Kyungsoo, un dragóncito inadaptado sin una manera de volver a casa.  Dos hombres en busca de alguien para mantenerlos calientes y hacerles compañía se encuentran uno al otro en el más improbable de los lugares. Al unirse con un vínculo de apareamiento, el dragón y el humano forman una asociación que va a cambiar el mundo.  Todo eso, y sexo alucinante también. El sexo es la parte favorita de Jongin... y  la de Kyungsoo.

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Capitulo Unico

Jongin se estiró, aún no despierto y no del todo listo para dejar ir el sueño.

La temprana luz de la mañana había encontrado su camino a través de las rendijas de su rápido y espontáneo hogar, calientes bandas, acariciando las barras a lo largo de su cuerpo desnudo.

El sol no era lo suficientemente brillante como para hacerle entrecerrar sus ojos o cubrirlos con una mano en señal de protesta, o incluso darse la vuelta. Su lona se arrugó durante la noche, moldeándose perfectamente a su alrededor.

Un poderoso batir de alas sonaba desagradablemente en el exterior, seguido por unos chillidos que habrían despertado a los muertos, pero ni mucho menos a Jongin, agotado a pesar de que podría haber sido por el duro trabajo físico de un día.

—Gaviotas —se quejó Jongin, sentándose y mirando a través de una niebla de somnolencia—. Si me hubieran dicho que afuera habría palomas con voces como sirenas del aire, es posible que no hubiera venido —se rió por lo bajo. «Nah».

Incluso si las ruidosas aves hubieran poseído dientes tan afilados como los de una barracuda, Jongin todavía habría dejado las ciudades y viajado hacia el exterior.

Nunca dejó de sorprenderle el mundo perfecto y pacífico que había encontrado a las pocas semanas de haber viajado lejos de las ciudades más pobladas con sus fuegos, soldados harapientos y cada vez más salvajes "civiles".

Dejaron de trabajar juntos y empezaron a pisotearse los unos a los otros en nombre de la supervivencia.

Si algo no se hizo, todo lo que los anotadores cósmicos que estaban por ahí podrían escribir, era a la humanidad como una pérdida.

Jongin se puso de pie, quitándose los granos de arena de las piernas. No se molestó en ir arrastrando los pies. ¿Por qué, cuando precisamente a las afueras de su casa se extendía una vista panorámica casi infinita de arena oscura y un mar que parecía no tener fin? Respiró con aprecio el aire salado, saboreando la fresca y salvaje pureza.

Hace menos de un año, no habría creído que todo esto fuera real.


Lo era.


Y era el paraíso.

—Sigo pensando que estás loco —dijo Rain, merodeando en la puerta de la finca cayendo alrededor de sus oídos.

Jongin colocó su pelo, que siempre estaba escapando de su cola de caballo y cayendo en sus ojos, detrás de las orejas y terminó de atar las correas de su mochila.

—Tal vez sea así —estuvo de acuerdo,amable, como era su naturaleza—. ¿Seguro que no vas a venir conmigo?

Rain titubeó.

Jongin esperó, deseando contra toda esperanza que el viejo dijera que sí. Odiaba, al igual que al fuego y la furia, dejar a su envejecido amigo en las ruinas urbanas.

Tampoco iba a tirar a Rain sobre su hombro y llevárselo contra su voluntad. Se merecía más dignidad que eso.

—Lo siento, muchacho —dijo Rain, pellizcándose el puente de su larga y curvada nariz—. Soy demasiado viejo para ir de viaje.—

—Eres sólo tan viejo como crees que eres, amigo. —Jongin se puso de pie, tirando de las correas desgastadas de cuerda de la mochila azul por encima del hombro—. Bien. Cuando encuentre un pedazo de la utopía y la haya arreglado en condiciones para los colonos, y vuelva a reclutar gente, te lo preguntaré de nuevo.

Rain se encogió de hombros. Jongin podría decir, a partir del ligero tirón en las esquinas de la boca de Rain, que había satisfecho a su mentor. —Y yo podría ir contigo, entonces. Ya veremos —empezó a decir algo más, pero después se detuvo, mirando a Jongin muy astutamente.

—¿Qué es, viejo zorro? —

—Eres un hombre bueno —dijo Rain, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras—. Un hombre al que le gusta la compañía. No puedo ir ahora, muchacho. Hay muchos que me necesitan aquí. Me preocupo más por ti. No puedo evitarlo. Vas a estar solo como el diablo.

—No por mucho tiempo.


—Tal vez más de lo que piensas. ¿Quién puede decir cuánto tiempo te tomará encontrar este océano, si es que existe, y si será bello y salvaje como esos locos rumores dicen que podría ser?


—El mar existe. Sé que lo hace. —Jongin se golpeó el pecho—. Lo siento aquí dentro.


—Eso no es ni aquí ni ahí. —Rain hizo un gesto desdeñoso—. Un hombre como tú necesita a alguien a quien cuidar. Para... —Sus viejas mejillas se volvieron ligeramente rosadas—. Para amar, por así decirlo.


—¿Quieres decir un cuerpo caliente en mi cama? —se burló Jongin—. Lo sé. Eso va a ser difícil. Voy a salir adelante. Merecerá la pena encontrar un lugar para hacer un nuevo comienzo. He hecho mi tiempo como soldado y estoy más que listo para dejar mi hoz en el arado.

—Eres un buen muchacho. Cuídate. —Rain palmeó la espalda de Jongin cuando éste pasó junto a él, inclinando la cabeza en señal de respeto a la edad de Rain—. Tal vez encuentres a una ninfa o algo así.


—Eso sería realmente genial. —Jongin le guiñó un ojo por encima de su hombro.

—Vas a estar deseando que no fuera así, pronto. ¡Bah! Seguiremos adelante sin ti. Viaja seguro, muchacho. ¡Y ten cuidado con los dragones! —Rain gritó detrás de él.


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Jongin se puso su último par de pantalones de mezclilla, tan apretadamente como pudo alrededor de su cintura, e hizo su camino fuera de la puerta. Se deslizaron hacia abajo de inmediato, sueltos sobre sus oblicuos y caderas, su cuerpo duramente esculpido de meses de trabajo sin fin. Curvó sus pies descalzos en la arena caliente y levantó el rostro hacia el interminable cielo azul y suspiró satisfecho.

El paraíso.


Lo único que echaba de menos en este momento era la compañía.


Rain había tenido razón; Jongin estaba solo. Le gustaba el ruido, las multitudes, la risa y un cuerpo flexible en su cama por la noche. «¡Dios!» Echaba de menos a alguien retorciéndose acalorado y deseoso debajo de él o enroscado alrededor suyo o montándolo. Hombre o mujer, no importaba con tal de que tuviera una sonrisa bonita y supiera reír.

«Algún día», se prometió. “Algún día. Tan pronto como me fuera posible».


Hasta entonces, había mucho más para disfrutar y varios metros de largo trabajo por hacer antes de que la playa estuviera lista para los colonos a los que pensaba convencer para que vinieran aquí, donde podrían comenzar una nueva vida.


Jongin ató su pelo hacia atrás con una hebra de alga que seguía empapada en un caparazón de tortuga cerca de la entrada de su cabaña de madera flotante. A medida que se secaba, la correa se apretaba. Funcionando mejor que cualquier banda elástica que había conocido nunca para mantener su demasiado largo y demasiado grueso pelo bajo control.


Ahí. Sin camisa, sin zapatos, cálido, lleno de energía, todos los sistemas funcionando. Jongin dio una palmada y se dirigió a la playa. No había ni una nube por encima y había cielo azul por todo el camino.


Eso era otra cosa. No había dragones por aquí. Ni uno que hubiera visto Jongin desde el día en que había visto el océano lleno en el horizonte. Era típico de Rain decir eso, cuando Jongin trataba de persuadirlo para que se viniera aquí.


Jongin, por el contrario, siempre había estado fascinado por los dragones, no asustado. A decir verdad... casi los echaba de menos.


«Ah, bien». Jongin se inclinó para estirar las piernas, haciendo ejercicios de calentamiento. Era hora de ponerse a trabajar.


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Kyungsoo curvó estrictamente su cuerpecito sinuoso, casi formando una bolita, mirando con cautela desde detrás de la formación rocosa que había elegido para echar una siesta la noche anterior.


En la oscuridad, había pensado que la cercana playa estaba desierta como el resto de la costa.


No había espiado la choza o los jardines elevados, los soportes de secado llenos de peces de plata, o las fascinantes y elevadas camas de jardinería que se extendían desordenadamente hechas de algas marinas.


Como un buen dragón, digno de su tamaño, había desplegado sus alitas y al segundo de volar se dio cuenta de que esta playa estaba habitada.


No por miedo, sino a toda prisa para hacer un informe, lo observó. ¡Por fin, un ser humano con sentido común suficiente como para salir de las ciudades y encontrar un buen lugar para empezar de nuevo!


El único problema con ese objetivo, por desgracia, era que Kyungsoo se había perdido en el mar —por así decirlo— durante diecisiete días y todavía no había encontrado su camino de regreso a las tierras del dragón.


Ahora sabía a ciencia cierta que lo estaban dejando fuera a propósito. Los viejos generales dragónes habían dicho que era imprudente, torpe, demasiado curioso para su propio bien, arriesgado tenerlo a lo largo de una campaña militar y que necesitaba que le enseñaran su lugar en el mundo —lo que supusiera que significara eso. ¡Bah!


Kyungsoo azotó con ira la roca, en la que las olas golpeaban, con la punta de su colita dorada.


Si ya no lo querían más, entonces que se olvidaran de él e hicieran su propio camino. Él ya no quería formar parte de ellos tampoco.


Además, es obvio que tenía cosas mejores que hacer. La observación de humanos nunca fue algo aburrido, y este humano en particular tenía fascinado a Kyungsoo.


Inteligente, si la estructura en la playa era cualquier cosa para ir por delante, muy trabajador, dada la forma nervuda y magra del hombre, y, a juzgar por las líneas de la sonrisa en su rostro y la forma en que se echó a reír en lugar de maldecir a la multitud de gaviotas, de buen carácter hasta la médula.


Amable, sí. Y... atractivo.


Kyungsoo apoyó su hociquito en la roca y exhaló, expulsando calor en su respiración. Había escuchado, de vez en cuando, de dragones que tomaban a los humanos como mascotas, incluso como amantes. Se había quedado dormido con esas viejas historias cuando era una cría de dragón.


Pero a medida que crecía, Kyungsoo se preguntaba por qué, en nombre de los Lores Dragón, alguien querría a un humano. Si alguien le preguntaba, le diría que eran frágiles, irritables y de aspecto gracioso, y aún no había visto razón para cambiar sus opiniones.


Este hombre, sin embargo... le dio la impresión a Kyungsoo que era diferente. A lo mejor era que no había visto ni hablado con nadie más en diecisiete largos días, o simplemente que parecía una de esas personas que siempre puede tener una palabra amable incluso en una situación incómoda, y Kyungsoo estaba solo.


Al verlo, Kyungsoo podía entender ahora por qué algunos de los dragones pensaban que los humanos eran buenos amantes. La forma de los músculos flexionados debajo de la piel de este hombre, la bondad en su cara, la capacidad en sus manos... incluso si no hubiera estado desesperado por la compañía, habría querido conocer a este humano mejor.


Más que eso, Kyungsoo atrapaba débiles volutas de su olor cuando el viento soplaba en la dirección correcta, calentando su sangre y volviéndole hambriento por el toque del hombre.


Kyungsoo, inquieto, deseaba huir de la roca de la playa, ansioso por la compañía, pero... ¿tendría este hombre alguna promesa de buena voluntad con un dragón?


Kyungsoo resopló en sus pensamientos.


La mayoría de los humanos que había observado temían a los dragones y corrían gritando, cuando se daban cuenta que eran observados. Aquí, sin otros hombres o mujeres por millas y millas, ¿quién sabía como iba a reaccionar el hombre de la playa a una repentina invasión?

«Qué hago, qué hago... »


Una ola se estrelló sobre la espalda de Kyungsoo, no lo suficientemente fuerte como para golpearse contra la roca — era un dragón pequeño—, pero lo sorprendente en él fue perder un grito delicado y una maldición fuerte.

Se escondió rápido, sabiendo que el humano se habría enterado, y juró en silencio y cruelmente. Eso lo había descubierto. El humano sabía sin duda que no estaba solo.


—¿Hola? —llamó el humano. Parecía alarmado—. ¿Hay alguien ahí fuera? ¿Estás herido?

«¿Por qué piensa eso? Fue sólo una ola —¡oh!». Kyungsoo recordó ahora que los humanos utilizaban barcos para ir a la mar, y más a menudo que no en los viejos tiempos, los barcos naufragaban, dejando a los supervivientes que eran lo suficientemente fuertes para nadar hasta la playa.


En verdad sería arriesgado.


Kyungsoo nunca había cambiado de forma durante más de unos minutos, y por una apuesta, pero por los cielos, no podía soportar estar solo ni un segundo más, y el hombre en la playa olía increíble.


—Este…..¡Sí! —volvió a llamar, cambiando fluidamente de su forma larga y serpenteante de dragón a la de un hombre, que le parecía alarmantemente pequeña, palida y frágil, —. ¡Mi barco se rompió en las rocas! —Se arrojó a las olas y comenzó a nadar hacia la orilla. Después de unas cuantas brazadas, se acordó de la siguiente parte y obedientemente le gritó—: ¡Ayuda! ¡Ayuda!


Un curioso pez pasó nadando por la ingle de Kyungsoo. Hmm. Esperaba que al humano no le importara que estuviera desnudo.


El pez mordió la humana pierna de Kyungsoo, demasiado cerca de la ingle para el gusto de Kyungsoo. Kyungsoo gritó, se tragó la gélida agua del mar, y comenzó a toser, teniendo espasmos en las olas.


En esta ocasión, su pánico era genuino gritó. —¡Ayuuuuudaaaaa!

—Mierda. —Jongin dejó caer la concha que había encontrado, una concha con buena carne que ya había previsto tostar para el almuerzo y sin pensarlo dos veces corrió hacia el agua.


La primera cosa que había aprendido cuando llegó al océano era a nadar, pero le parecía que el otro hombre no tenía ni idea. Él no era el tipo de hombre que esperaba y miraba a nadie mientras se ahogaba, y no había manera en la tierra o en el cielo que perdiera a la primera persona que había visto en casi un año.

—¡No luches! —gritó, cortando las olas con el ritmo que había aprendido. No se podía luchar contra el océano—. ¡Trata de flotar!

El desconocido estaba demasiado ocupado tosiendo y escupiendo para responder, luchando cada vez más frenético.

Él no había sonado tan mal la primera vez que había pedido ayuda.

Debía haberse atragantado con una ola.

—¡Estoy llegando! —le gritó Jongin, manteniéndose a flote verticalmente en el agua por un segundo, sólo el tiempo suficiente para recuperar el rumbo. La alteración agitada del hombre que se ahogaba no era difícil de detectar. Jongin nadó directamente hacia él—. Estoy casi allí. No luches. No te puedo ayudar si estás golpeando alrededor.


Ayúdame. ¡No quiero ahogarme! —el extraño protestó,presa del pánico.


—No lo harás. No te lo voy a permitir. Tranquilízate. Te prometo que te atraparé antes de que te hundas.


Jongin alcanzó a ver el pelo dorado oscuro pegado al cráneo del hombre, de rasgos finos apretados por el terror, y los amplios ojos brillantes con miedo.


—¿Lo juras?


—Por mi vida. —Jongin nadaba más lento, evaluando el estado mental del hombre—. Estaré allí en tres segundos.¿Puedes hacer lo que te pedí?


El hombre volvió a toser. —Puedo intentarlo.


Lo suficientemente bueno. Jongin pateó a través de la oscura y salada agua y envolvió sus brazos alrededor de la cintura estrecha del hombre. El hombre se estremeció y se agarró a la espalda. Bloqueó sus ojos con los de Jongin, sus sorprendentemente claros ojos dorados, sus labios se separaron en lo que parecía más sorpresa que alivio.


—Gracias, señor —dijo—. Le agradezco su amabilidad.


Por primera vez, Jongin notó su acento extraño, pesado en las sibilantes y teñidos con una pizca de interés inusual.


¿De dónde había salido?


Tiempo para aclarar todo eso cuando se encontraran a salvo en tierra firme. Jongin soltó la cintura del hombre —un poco a regañadientes, no queriendo soltar el primer humano que había tenido en mucho tiempo— y colocó el brazo del hombre sobre sus hombros.


—Mi nombre es Jongin. Sólo espérame —ordenó—. Voy a nadar hasta la orilla con nosotros.


—Gracias, Jongin. —El hombre asustó a Jongin al casi deslizarse bajo las olas a sí mismo para besarle. ¡Besándolo a él!


Echaba de menos la boca de Jongin, cepillando el lado de sus labios en su lugar, pero a pesar de la diferencia que hizo en la repentina prisa del deseo y necesitando rugir a través de Jongin, así podría haber estado de rodillas chupando la inmediata erección de Jongin.


«Dulce misericordioso...» Jongin negó con la cabeza,salpicando el agua del mar. ¡Basta de esto!


—No hay de qué. No dejaré que te vayas. Patea con tus piernas y nada conmigo. —Su mente entró en un torbellino de preguntas y su cuerpo en llamas, ávido aún de más contacto, Jongin nadó tan rápido como pudo hacia tierra firme. «Ya no estoy solo», se regocijaba. «¡No soy el único


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¿Por qué no todos los dragones tenían un humano?


Esa era la pregunta de la que Kyungsoo quería una respuesta mientras disfrutaba de la luz del sol en las arenas cálidas y suaves más altas en la playa.


Suponía que ni una cuarta parte de ellos podría ser la mitad de bondadoso o amable de lo que era Jongin —si así fuera, entonces no habrían casi destruido su mundo con guerras— pero, por hombres como Jongin, valía la pena salvar a toda la raza.

Los otros dragones tendrían que saber eso.


Cuando Kyungsoo los encontrara o cuando ellos lo encontraran a él. Eso sería para más adelante.


Ahora mismo, tenía a Jongin todo para él, y si eso lo hacía o no egoísta, Kyungsoo se alegró de no compartir su humano con nadie más, draconianos o no.


Kyungsoo suspiró feliz, estirando las piernas y curvando los dedos de los pies. La forma humana no era en absoluto lo que había pensado que podría ser. No —era mejor. Piernas fuertes, brazos ágiles, y mejor aún, un caliente hormigueo en el estómago que se intensificaba cada vez que miraba a Jongin, muy diferente y mucho más interesante que la excitación del dragón típico.


Había mucho que aprender sobre el ser humano, pero Kyungsoo quería empezar con algunas lecciones sobre el apareamiento.


—¿Te sientes mejor? —Jongin se dejó caer al lado de Kyungsoo, doblando sus piernas con una gracia fácil y ya ocupado en anudar juntas algunas algas deshilachadas antes de que su culo tocara de lleno en la arena.


—Un poco —coincidió Kyungsoo, volviendo la cabeza para ver mejor los ágiles dedos de Jongin trabajando. Aunque Jongin mantuvo sus ojos en lo que le estaba atando, sonrió, y Kyungsoo se dio cuenta que Jongin sabía que estaba siendo vigilado. —Espero que no te importe que tenga mis dudas —dijo Jongin mientras hábilmente volteaba tres hebras y las ataba en ajustados nudos.


—No, en absoluto —dijo Kyungsoo, apenas prestando atención, demasiado fascinado por las manos de Jongin.

Mucho más hábiles que las garras de un dragón. Callosas por el trabajo duro, pero flexibles.


Curioso, Kyungsoo se acarició la barriga y se estremeció ante la emoción de la sensación. Su miembro viril, que había permanecido en reposo en su muslo mientras se secaba al sol, se agitó.


Jongin arqueó una ceja, sin duda notándolo, pero no echó más que una divertida mirada a Kyungsoo de medio segundo.


La cara de Kyungsoo se calentó a causa de la leve vergüenza que le teñía. —Perdóname... Quiero decir que no quería ofenderte por mirar.


—Confía en mí, no estoy ofendido —murmuró Jongin, atando tres nudos en una fila—. En absoluto. —Echó un vistazo a Kyungsoo. Éste reconoció el anhelo y la excitación en la ligera separación de los labios de Jongin, cuando lo miró—. Sin embargo, debes descansar. Estar cerca de ahogarse es duro para un hombre.


«Es cierto, excepto que yo no soy un hombre. Soy un dragón, y me siento bien».


Kyungsoo comenzó a subir, con la intención de sostenerse a sí mismo en un codo. Jongin bajó los nudos y plantó la palma de su mano en el pecho de Kyungsoo, empujándolo firmemente hacia abajo.


—Te he dicho que descanses —ordenó.


Inesperadamente, el órgano de Kyungsoo tembló, su sangre se calentó, y se estremeció, la orden alimentando el fuego de su vientre. Se detuvo, asombrado de sí mismo.


¿Desde cuándo le gustaba recibir órdenes?


Fascinante.


Las puntas de las orejas de Jongin estaban de color rojo brillante. Jongin se frotó la parte de atrás de su cuello, su olor cambió a uno de incertidumbre, e inmediatamente después a la irritación cuando la hebra de algas secas que ataban su pelo se quebró, enviando sus gruesos mechones marrones en cascada sobre sus ojos.


Kyungsoo no pudo evitar reírse en voz alta de Jongin que juraba frustrado.


Jongin le dirigió una mirada airada, con sólo un ojo verde visible debajo de su pelo. Kyungsoo captó el destello de dientes blancos en la sonrisa de Jongin, y no se preocupó porque Jongin se hubiera enfadado con él.


Envalentonado, Kyungsoo llegó hasta ajustar un mechón de pelo de Jongin. —Qué suave —dijo, maravillándose. Incluso rígido por la sal, fue muy agradable al tacto. Tomó el mechón alrededor de su dedo y tiró, maravillado por el brillo oscuro.


La ligera broma que Kyungsoo había estado a punto de hacer cayó en el olvidado cuando Jongin tembló.


Curioso, Kyungsoo deslizó la mano por el pelo de Jongin,acariciando el lado de la cabeza. Tan frágil. Kyungsoo podía sentir el pulso latiendo en la sien de Jongin. Tal vez esta era la razón por la que algunos dragones se quedaban lejos de los humanos.


Sus tentaciones eran casi lo suficientemente fuertes como para hacer que un dragón olvidara la facilidad con la que podría romperlos.


Kyungsoo se mordió el labio. Debería dejarlo ir. Aún no sabía lo suficiente sobre las limitaciones humanas y qué es lo que podía hacer en esta forma sin dañar a Jongin. Jongin era demasiado amable para correr riesgos.


Si el aroma de Jongin no hubiera aumentado en un fuerte y alto estallido, insoportablemente picante de la excitación,


Kyungsoo realmente podría haber sido lo suficientemente fuerte para echarse atrás y comportarse. Cuando el aroma lo asaltó, sin embargo, se olvidó de eso.


Kyungsoo se levantó, sin obstáculos esta vez, y encontró que apoyarse sobre el codo era bastante cómodo.


—Hola —dijo, intrigado por la manera en que su voz humana había caído dos octavas, emergiendo como un gruñido profundo en lugar de en un tenor suave. ¿Era parte de la excitación humana?


—Hola —dijo Jongin, confirmando la suposición de Kyungsoo. Su voz saturó a Kyungsoo con rica miel y con el calor tierno del vino con miel de los dragones.


El órgano masculino de Kyungsoo —polla, pensó que le llamaban— se levantó totalmente firme, la cabeza tocando la parte inferior del estómago y se fugó una gota de líquido pegajoso que se sentía caliente, incluso en su lujuriosa caliente piel.


Jongin tosió. —Definitivamente te sientes mejor.


—Lo suficientemente bien como para volar —dijo Kyungsoo honestamente, a continuación, mentalmente se inició el cambio.


Jongin no parecía haberse dado cuenta. Dejó caer las cuerdas de algas y se inclinó sobre Kyungsoo, metiendo el pelo detrás de las orejas en un vano intento por mantenerlo fuera de su rostro, estudiando a Kyungsoo con una extraña intensidad que hizo que la polla de Kyungsoo se moviese.


—Ni siquiera sé tu nombre.


—¿Importa? —Kyungsoo preguntó, realmente curioso.


Jongin se echó a reír. —¿Para algunos hombres? No. ¿Para mí? Sí. —Trazó la línea de la mandíbula de Kyungsoo. Éste silbó por el placer que le llevó el simple toque, y por la forma en que avivó sus fuegos.


Necesitaba a Jongin y lo necesitaba ahora.


—Kyungsoo —dijo—. Me llamo Kyungsoo. ¿Hemos terminado de hablar ahora?


—¿Por qué? —Jongin cambió de posición, cayendo a sus antebrazos en la arena, su cara lo suficientemente cerca de la de Kyungsoo para que éste respirara el suspiro exhalado de Jongin.


Jongin ahuecó la mejilla de Kyungsoo, volteándolo, estudiándolo con el brillo de la curiosidad resuelta.


Brillo mezclado con la duda de que simplemente no lo haría.


—Porque quiero hacer esto en su lugar —dijo Kyungsoo,capturó a Jongin con cuidado pero con firmeza por la parte posterior de la cabeza y tiró de él hacia abajo. Subestimó su fuerza y en vez de simplemente probar el sabor de los labios de Jongin, como había visto hacer a otros humanos a veces unos con otros, aplastó sus bocas juntas.


Jongin se estremeció. Kyungsoo se preguntó si había herido por accidente a Jongin.


No, decidió medio segundo más tarde, emocionado, Jongin se movió por encima de él, una mano apoyada en la arena en el lado izquierdo de Kyungsoo para sostenerlo, mucho mejor para saquear la boca de Kyungsoo. Eso era más que placentero para Kyungsoo. Él se arqueó, silbando contra la boca de Jongin.


Con la intención de decirle a Jongin cuánto le gustaba esto,Kyungsoo entreabrió los labios en preparación para hablar. Decidió inmediatamente que eso podía esperar cuando Jongin deslizó su lengua en su boca y la acarició celestialmente.


El cuerpo de Kyungsoo parecía actuar sin su permiso,arrastrando a Jongin más cerca. Extendió su palma de la mano entre los hombros de Jongin y tiró su cuerpo apretándolos juntos, hambriento por el peso de Jongin en su parte superior y desesperado por la fricción en su dolorida polla.


Jongin se apartó, respirando pesadamente. —Esta es unamala, mala idea —dijo, presionando su frente contra la de Kyungsoo—. Me estoy aprovechando.


—Sólo te aprovecharías si dijera que no —señaló Kyungsoo, enganchando la pierna alrededor de Jongin y empujándolo hacia arriba, gimiendo cuando finalmente se encontró una firme y caliente jodida piel en su contra—. Y yo digo que sí.


Jongin negó con la cabeza, el pelo se enredó sobre sus ojos y tomó a Kyungsoo por la barbilla regresando a su beso.


¡Maravilloso!


Mejor aún, Jongin deslizó una pierna casi desnuda entre Kyungsoo, el peso sólido de su polla empujando con insistencia en la cadera de Kyungsoo.


El salado y rígido pantalon que Jongin llevaba era demasiado áspero al tacto. Kyungsoo refunfuñó quejándose.

—Por un centavo —murmuró Jongin, confundiendo a Kyungsoo.


Kyungsoo decidió que no le importaba nada cuando los ingeniosos dedos de Jongin desataron el cierre de sus pantalones y los pateó para quitárselos.


Kyungsoo mordió el hombro de Jongin para amortiguar su gemido de placer. La piel desnuda era mucho, mucho mejor, sólo el pelo denso que rodeaba la polla de Jongin le abrasaba ahora, y junto con los estremecimientos llevaron a Kyungsoo loco de placer.


—Dios —jadeó Jongin contra la garganta de Kyungsoo, chupando duro, un poco doloroso, una gran cantidad maravillosa, lamiendo los puntos que había marcado—. Tú —dijo, antes de que atacara la boca de Kyungsoo otra vez pero más profundo —. Tú.


—Más —declaró Kyungsoo, forzando hacia arriba, moliéndose contra Jongin. Sus pollas patinaban hábilmente sobre el vientre del otro. La locura consumía a Kyungsoo, por lo que le era imposible pensar—. Más duro. Más. Por favor.


Jongin se apoderó de la cadera desnuda de Kyungsoo, la presión de los dedos excavando en ella era dolorosa y maravillosa a la vez.


Un nudo enmarañado de hambre, necesidad y deseo se apretó insoportable en la boca del estómago de Kyungsoo. Empujó hacia arriba, involuntariamente, a tientas, y cogió la boca de Jongin para un beso desesperado, y explotó.


O eso parecía.


La visión de Kyungsoo estalló a un blanco brillante, la intensidad de la sensación en su pene ahogó sus sentidos restantes, y pensó que podría estar muriendo. Si lo estaba, casi no le importaba.


Jongin se puso rígido por encima de él, se quejó, mordió sin piedad en el hombro de Kyungsoo, y se retorcía con espasmos violentos, revistiendo el vientre de Kyungsoo con pegajosos chorros de líquido cremoso. Kyungsoo se encontró a sí mismo agarrando los hombros de Jongin y apretando sus muslos alrededor de Jongin, las emociones rodaron de uno a otro hasta que se desplomó, sin poder respirar, mareado y borracho, riendo a pesar de no tener el aire suficiente para hacerlo.


Jongin también se rió, rodando su frente contra la clavícula de Kyungsoo. —Bueno —jadeó, besando suavemente a Kyungsoo—. Como ceremonia de bienvenida, tengo quedecir que me gusta más que un apretón de manos.


—Mmm —ronroneó Kyungsoo, acariciando perezosamente de regreso a Jongin—. Bienvenido a mí.


—No tienes ni idea de cómo de bienvenido eres. —Jongin lo sorprendió diciendo antes de levantar la cabeza y buscar un inflamado beso en los labios de Kyungsoo una vez más.


Kyungsoo estaba rendido, saciado, contento y dispuesto a hacer absolutamente cualquier cosa que Jongin quisiera en agradecimiento.


«Cada dragón debería tener a un humano, sin duda», decidió Kyungsoo. Afortunado él, que tenía uno justo ahí, y Kyungsoo tenía toda la intención de disfrutar de cada minuto de esto, durante el tiempo que pudiera hacer que durara.

«Hablando de eso...»


—¿Puedo quedarme, entonces? —Kyungsoo rompió el beso el tiempo suficiente para preguntar.


Los ojos de Jongin brillaron cuando respondió. —Me gustaría que lo hicieras. Durante el tiempo que puedas, considérate más que bienvenido aquí.


—Entonces lo haré —respondió Kyungsoo, rindiéndose felizmente al hambriento beso de Jongin.


Jongin se echó a reír en voz baja para sí mismo mientras acariciaba el cabello ya seco de la frente de Kyungsoo. El corte de pelo de Kyungsoo era lo suficientemente corto llegando a sus hombros como para que no tuviera el mismo tipo de problemas que él con su propia fregona —y tanto si se lo recortaba como si no, su propio pelo siempre encontraba la manera de caer sobre su cara— y el pelo se volvió del color del oro viejo al secarse, reluciente con vetas de brillo más vivo todavía al lado de los hilos más oscuros.


Kyungsoo no reaccionó en lo más mínimo. Jongin había visto un montón de hombres agotados en su día, los soldados que, una vez que se sentían seguros y a salvo al fin, sacudían las vigas del techo con sus ronquidos durante un par de horas.


La idea de que Kyungsoo pudiera estar cómodo con él,complacía a Jongin hasta los dedos de los pies desnudos, que se revolvían en la seca y desmenuzable arena, mientras observaba a Kyungsoo dormir.


—El ahogamiento agota a un hombre —dijo en un susurro, deslizando la palma de su mano por el pecho desnudo de Kyungsoo—. ¿Desde dónde zarpaste, Kyungsoo? ¿Por qué te fuiste? ¿Qué pasó con tu barco? —Jongin negó con la cabeza divirtiéndose a sí mismo—. No importa, de verdad. Todavía no. Ya me lo dirás cuando estés listo.


Aún dormido, Kyungsoo volvió su rostro hacia Jongin, dejando escapar un suave y satisfecho suspiro.

»—Me preguntaste si podías quedarte y lo decía en serio cuando dije que sí. —Jongin acarició la última costilla de Kyungsoo con la yema de su dedo—. Quédate para siempre. Me gustaría eso. Lo creas o no, no suelo dejarlo todo por la primera misión de rescate. Por ti, sin embargo, voy a hacer una excepción. Tú eres algo especial, ¿no? Eres como esta playa. Diferente. Nueva. —Jongin bajó la voz y susurró, sus labios cosquilleando en la concha de la oreja de Kyungsoo, y agregó—: Virgen. Hasta ahora. No reclamado. ¿Qué tal si decido hacerte mío así como mantenerte? ¿Qué dices?


Kyungsoo cambió un ápice en la risa silenciosa de Jongin, soltó un suspiro que sonaba completamente satisfecho, y lanzó un ronquido que sonó mucho más como un ronroneo.


Exactamente como un ronroneo, en realidad.


Jongin frunció el ceño y retiró la mano. La última vez que lo había comprobado, los humanos no eran capaces de hacer ese tipo de ruido.


«Interesante...»


»—No sé de dónde vienes —dijo, bajando una vez más para tumbarse al lado de Kyungsoo, apoyando su peso sobre su cadera y un codo, apoyando su cabeza en la mano—. Pero creo que puedo llegar a conocer lo que eres.


Qué extraño, y sin embargo un alivio, que no sentía miedo en lo más mínimo.


«Ten cuidado con los dragones», Jongin escuchó cómo Rain le advertía, tenía el recuerdo tan nítido y claro como si hubiera tenido esa conversación de despedida con el hombre viejo ayer en lugar de hace casi un año.

»—Ellos nunca nos hacen daño —respondió Jongin, fingiendo que Rain estaba allí y podía oírle, sintiéndose extrañamente como si estuviera pidiendo permiso a su padre, y eso no estaba lejos de la verdad. Puso su mano sobre el corazón de Kyungsoo y contó los firmes y lentos latidos

—. Todo el mundo tiene miedo de ellos, pero ¿por qué? Nadie se preocupa por los halcones o los cuervos, no a menos que estés en el campo de batalla, y esto es un refugio seguro. — Pasó su pulgar por el lleno labio inferior de Kyungsoo, sonriendo cuando la boca de Kyungsoo se abrió ligeramente por debajo de su toque. »—Podría estar equivocado —dijo, con cuidado para no despertar a Kyungsoo—. Siempre es posible. O podría estar en lo cierto y tú eres un dragón, no un hombre. No estás aquí para ver si tengo buen sabor con salsa de tomate o si estoy crujiente, así que supongo que voy a esperar hasta que me lo digas. Tal vez necesitas un lugar seguro para ocultarte también. —Se inclinó y le dio un ligero beso en los labios a Kyungsoo, probando la sal del mar y el sabor de un varón sano. »—Tómate tu tiempo, ya seas hombre o dragón. Quiero saber por qué no estás con tu gente, y qué vas a hacer ahora, pero todavía quiero conservarte. Así que voy a tener que hacer que quieras quedarte conmigo. Para siempre.


Besó a Kyungsoo una vez más y se puso del todo en la arena, viendo que no había ninguna razón en el mundo por la que no deberían gozar de una siesta por la tarde.


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Cuando se despertó, era hora de empezar con su trabajo, ahora doble, y veía lo que dos manos fuertes y una voluntad de trabajo honrado pondrían hacer por él.

—¿Listo para ponerme a trabajar?

—Depende. ¿Estás listo para ir a trabajar? —Jongin le lanzó una de las redes que había estado tratando de reparar a Kyungsoo—. ¿Eres bueno con los nudos?

Kyungsoo frunció el ceño cuando movió la red de un lado para el otro, poniendo sus manos enredando la malla y parpadeó de sorpresa cuando uno de sus brazos se deslizó por un agujero hasta el codo. —¿Podría intentarlo?

Kyungsoo miró esperanzado a Jongin, quien le despidió con la mano y dijo: —Nah. No te preocupes. Ya encontraremos algo para mantenerte ocupado. Preferiría que descansaras un poco más.

—No te preocupes por mi salud —insistió Kyungsoo.

Apenas había tragado algo del agua del mar. La única lesión fue a su dignidad, y tal vez no fuera un ejemplo excelente de dragón, porque casi no sentía el aguijón.

Sacó la lengua por los labios, deliberadamente dramático y travieso—. Me parece recordar que ayer me esforcé, y entonces no hiciste un escándalo.

Jongin negó con la cabeza, sonrojándose por debajo de sus mejillas bronceadas. —¡Eso es diferente!

—Si fui capaz de venirme por debajo de tu boca, creo que soy totalmente capaz de fijar una red. —Kyungsoo agitó la enredada maraña hacia Jongin—. Puedo desenredar los fallos y corregirlos. Sólo dame tiempo. Nunca ha habido un enigma que no pudiera resolver si me daban el tiempo suficiente.

—Eso es así —dijo Jongin, su tono de voz imposible de leer.

No era la primera vez que había confundido a Kyungsoo en lo que llevaban de la mañana. De vez en cuando, tomó a Jongin dándole una extraña y evaluadora mirada de reojo.

A pesar de que Kyungsoo se negaba a inquietarse, Jongin sabía que algo estaba mal, seguro. Kyungsoo no podría haber imaginado que los humanos sensibles, distintos a los que habían sido manipulados para ir a las tierras de los dragones como mascotas y amantes, se sentaban tranquilamente al lado de un dragón y actuaban como si fueran los mejores amigos.


Por otra parte, a partir de las observaciones de Kyungsoo sobre los humanos en general, apenas confiaban los unos en los otros.


Otra forma en la que Jongin era inusual, especial, mejor, alguien al que valía la pena conocer, al que valía la pena trabajar para ganar.


Merecía la pena hacer todo lo posible para mantenerlo.

Lo cual, supuso Kyungsoo, exigiría que no se hiciera el tonto testarudo. No tenía ni idea de cómo reparar estas redes y no le haría a ninguno de ellos nada bueno sino destruirlas aún más.

Mejor dejar que se hiciera cargo Jongin. Kyungsoo encontró -muy a su sorpresa- que disfrutaba recibiendo órdenes, por lo menos de Jongin.

Dobló la red tan pulcramente como pudo y la dejó a un lado. —Me rindo. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Quiero ayudar.

Había insistido en eso mucho. A pesar de que sólo tenía la certeza de que Jongin había previsto crear este lugar como un refugio para los humanos que quisieran empezar de nuevo, la comprensión de la cantidad enorme de trabajo que estaría involucrado mareó a Kyungsoo.

Los dragones hacía tiempo que habían labrado sus tierras, específicamente, a sus gustos. Este era un nuevo mundo entero. Kyungsoo pensó que ya se había enamorado de este paraíso marino, así como de…


Se contuvo. ¿Amaba a Jongin?


Ciertamente no podía sentir una cosa así tan pronto.


Sin embargo... ¿qué era este sentimiento convincente de la necesidad de permanecer al lado del hombre, para ayudarlo, para complacerlo, si no amor?

La exigente hambre de recostarse sobre su espalda y extender las piernas para Jongin, envolverlas alrededor de los costados de Jongin y enganchar sus tobillos en la parte baja de la espalda de Jongin como una hembra... no era amor, exactamente.

Kyungsoo no estaba seguro de cómo llamar al extraño impulso. "Lujuria" no era lo suficientemente bueno, "la lujuria" no abarcaba todo el ámbito.

El aroma de Jongin envió a Kyungsoo medio fuera de su mente con este... este... impulso, este anhelo, esta adicción cada vez mayor.

«Sí», decidió Kyungsoo, asintiendo con la cabeza a sí mismo. «Tengo que demostrarle que estoy tan en forma como un dragón en vuelo —o lo que sea el equivalente en un humano— porque no puedo esperar otro día para tenerlo dentro de mí. Y si soy lo suficientemente fuerte para hacer un buen trabajo siendo su mano derecha, entonces no me va a alejar cuando pida su cuerpo».

Un buen plan, y a decir verdad, Kyungsoo no podía esperar para ver lo que podía lograr en esta nueva forma humana.

Volvió toda su atención a Jongin, que había esperando pacientemente mientras Kyungsoo reflexionaba su camino a través de ese lote. La sonrisa de Jongin, siempre bella, tiró de sus labios.

Kyungsoo podía ver el cariño y la diversión y con un toque de ironía en la curva de su boca.

—¿Qué? —Kyungsoo preguntó, de pronto indeciso. ¿Jongin iba a dejar que lo ayudara?

—Nada. —Jongin se echó el pelo detrás de la oreja, las cerraduras fuertes deslizándose libres al segundo que las dejó ir.

Rodó los ojos y lanzó un ruidoso torrente de aire hacia arriba, levantando el pelo de su cara—. ¿Alguna vez has pescado o excavado en busca de marisco? Ya sabes, almejas.

—¿Moluscos? —aventuró Kyungsoo—. ¡Sí! ¡A menudo!

—Me alegro. —Jongin se puso de pie, ofreciendo una mano a Kyungsoo—. Debe haber todo tipo de mejillones abajo en las rocas, y ya que la marea ha bajado, apuesto a que encontrarás caracolas también. Si reunimos lo suficiente para secar la cantidad completa, podremos hacer una pausa para comer y llenarnos con tantos como podamos comer.


El estómago de Kyungsoo rugió, casi tan fuerte como lo hizo cuando estaba en su forma de dragón. Avergonzado, bajó la cabeza, pero se mantuvo derecho cuando Jongin se rio a carcajadas desde el pecho.


—Sígueme —dijo, pellizcando el oído de Kyungsoo.


Kyungsoo contuvo la respiración con una oleada de deseo por la facilidad con la que Jongin lo había mandado, se estremeció por el entusiasmo inmediato con el que quería obedecer cada capricho de Jongin.


—Así que esta es la forma en que veo las cosas en mi mente —aventuró Kyungsoo—. ¿Hay recompensas para ganar si cumplimos los objetivos? ¿Es esa la forma en la que funciona tu feudo?


—¿Feudo? No me estoy colocando como un señor o un rey.


—Podrías. Si quisieras. La gente te seguiría.


Kyungsoo lo había dicho como un cumplido, pero a Jongin no parecía gustarle mucho la idea. Frunció el rostro y cruzó los brazos sobre el pecho brevemente. Después de un momento, suspiró.


—Perdóname... No era mi intención molestarte —dijo Kyungsoo, con una sensación de miseria enrollado en su pecho—. Dime cómo hacer las paces. —


—No te preocupes —dijo Jongin, mirando a Kyungsoo—. No estoy enojado. —


—¿No lo estás? —


Jongin dibujó una X sobre su esternón. —Lo prometo. —

Kyungsoo resopló. —Eres un hombre muy confuso a veces. —


Jongin se rió a carcajadas. —Me lo han dicho a menudo. Basta de charla, por ahora. Toma dos de los caparazones de tortugas gigantes, si puedes levantarlas, colócate uno en cada brazo y sígueme. Te mostraré el mejor tramo para cazar en la playa. —


Se había alejado, gritando órdenes por encima del hombro mientras caminaba por la playa, pero se volvió para disparar a Kyungsoo una mirada malvada. —Y para responder a tu pregunta, sí. Podría haber más recompensas, siempre y cuando sean para nosotros dos.


El buen humor de Kyungsoo regresó de inmediato. Se apresuró a buscar los caparazones de tortuga. Trabajo, comida, y luego conseguir a Jongin desnudo y con ganas de jugar con él, esperaba que a eso se refiriera Jongin. Un día magnífico para disfrutar y de una noche aún mejor para esperar.


En este preciso momento, Kyungsoo no estaba seguro de si un portal abierto a las tierras del dragón justo en frente de él podría tentarlo aunque tan sólo fuera por un segundo.


Se preguntó, y después conoció la respuesta sin duda alguna. Aquí era donde permanecería. Y si eso significaba estar en su forma humana para el resto de su vida, nunca volver a ser un sinuoso dragón bailando a través de los cielos, entonces que así sea. Era un negocio justo.


—¡Espérame! —gritó tras Jongin, corriendo detrás de su hombre.

Jongin estabilizó su equilibrio sobre la desafiante roca, de color marrón oscuro, y que sobresalía de la playa, sus fuertes pies y su postura suficientemente ágil para mantenerse firme cuando una ola rompió en el punto más exterior y rugiendo su desaprobación, blanca espuma cayó en cascada sobre Jongin y lo empapó. Cuando se rio, vencido por el poder del mar, probó el gusto de sal en la boca, y cuando el agua bajó, pudo oler la naturaleza salvaje del océano aferrándose a él.

—¿Cómo te va por allá? —preguntó, permitiendo a Kyungsoo mantener la dignidad al no pasar a ver cómo estaba, como si el hombre —cada centímetro de él todavía desnudo— fuera un niño necesitado de la formación y de su cuidado.

Incluso si eso no estaba muy lejos de la verdad.

Kyungsoo gritó algo que Jongin no pudo entender por el repiqueteo de una ola que se acercaba. Jongin detectó notas de ira y consternación que le hicieron pensar que no mantener un ojo en el progreso de Kyungsoo podría no ser la acción más inteligente después de todo. Aun así, si no quería parecer preocupado como una mamá gallina con su polluelo,

Jongin debería vigilarlo de pasada. Levantó los brazos en el aire y echó la cabeza hacia atrás, dejando que toda la fuerza de la ola chocara contra él.

Entonces, como por un parecido —descuido— que le complacía, Jongin saltó seguro de la roca, hasta tener las rodillas en el agua salada del mar, y tiró el pelo hacia atrás con una mano, mirando a Kyungsoo con los ojos entrecerrados. —¡Uno pensaría que esto ya estaría dominado! —gritó, haciendo un gesto hacia el desorden de su cabello, dejándolo escapar de su puño y embadurnándose hasta las mejillas.

Kyungsoo le lanzó una mirada lo suficientemente oscura para matar, sin embargo, Jongin vio la tristeza detrás de ella. Su corazón estuvo con Kyungsoo, a pesar de que Jongin se suponía que debería estar enojado. Kyungsoo le había mentido. No había forma de que él hubiera venido de un naufragio.

Debería haberlo sabido antes, por supuesto, pero rescatar a un hombre desnudo de ahogarse y luego ahogarse, él mismo, en el calor del cuerpo de Kyungsoo, lo distrajo un justo rato.

Primero, Kyungsoo no sabía nadar. Segundo, el equipo de pesca había dejado perplejo a Kyungsoo.


Lo había girado una y otra vez en sus manos, y consiguió ponerlo al revés antes de que Jongin le diera un ejemplo discreto. Entonces, cuando en realidad enganchó un pez pequeño, gritó y casi perdió el equilibrio.


Tercero, el enfoque de la recolección de mejillones de Kyungsoo era... interesante. Había detectado un grupo pequeño, cerniéndose sobre ellos, para luego sumergirse como un ave, pero con toda la falta de gracia de un animal bruto, por lo general lograba golpear las conchas vacías, en el mar.


No sabía a ciencia cierta que Kyungsoo era un dragón, pero... bueno. Una conjetura es tan buena como un hombre desea que sea, y tal vez Kyungsoo se lo diría, con el tiempo.


A menos que se aburriera, o se frustraba, y se alejara volando. El dolor agudo inesperadamente apretó como bandas de hierro alrededor del pecho de Jongin.


«No te puedes ir», quería decirle. «Ya estoy medio enamorado de ti, eres disparatado, impulsivo, torpe, un chico encarnadamente sexy».


En su lugar, se aclaró la garganta y chapoteó en dirección de Kyungsoo, lanzándole una descuidada ola a su paso. Se sentó en la arena, la marea baja apenas llegaba a sus dedos para poder salpicar, y se tapó los ojos para mirar el sol de la tarde ya decorando el cielo con tonos rojos y morados.


No podía oír a Kyungsoo sobre la punta roma del mar, pero se dio cuenta de su enfoque, extrañamente en sintonía con su dragón.


Palmeó la parte superior del pie descalzo a Kyungsoo cuando éste se acercó lo suficiente. —Está bien, ya sabes.


Kyungsoo se sentó con un golpe y se golpeó la frente contra su rodilla. —No es así. Soy incapaz siquiera de tomar lo que está ahí para la recolecta. —Kyungsoo se miró las manos, aparentemente desconcertado, luego se echó hacia atrás a toda prisa cuando le lanzó una mirada de reojo a Jongin—. Tal vez hay algún defecto en mí construcción.


—No hay nada de malo en ti, soy consciente de ello. —Jongin deslizó su mano hasta la pantorrilla de Kyungsoo, maravillado por la fuerza de su construcción, la dureza de sus músculos y la suavidad de su flexión.


Ansiaba ver a Kyungsoo en el agua, surcando las olas sin problemas, consiguiendo destellos de su culo mientras nadaba. Jongin se puso de pie, se estiró en una imitación descuidada, y renunció a restringir su pelo. Los filamentos húmedos caían sobre sus mejillas, sopló sobre sus ojos. No podía ver a Kyungsoo cuando le ofreció al dragón una mano.


—Vamos. ¿Qué dices de ir a nadar?


Kyungsoo se estremeció. —¡No! —Kyungsoo se arrastró—. Yo no... Es decir... gracias. No.


Jongin había estado esperado la protesta. —Debes aprender. No puedo permitir que te ahogues todo el tiempo. —


Su “y si planeas quedarte...” fue tácito.


Vio a Kyungsoo exhalar un suspiro, mirando tan indeciso como un hombre alquilando en dos partes lo que no puede ser.


Kyungsoo echó un vistazo detrás de Jongin con pánico inconfundible escrito en su rostro, y luego levantó los ojos para encontrarse con los de Jongin, ofreciéndole una impotente sacudida de hombros.


Jongin decidió que no le haría a Kyungsoo confesar su miedo más de lo que había intentado sacar una confesión draconiana de él.


—Mañana, tal vez —le dijo—. O cuando estés listo, siempre y cuando no lo intentes por tu cuenta sin que nadie esté aquí para verte.


Kyungsoo se puso de pie, con más gracia que antes, probablemente acostumbrando a su forma humana ahora. Un dragón torpe. ¿Alguien había visto alguna vez algo por el estilo?


Jongin se olvidó de ser divertido cuando Kyungsoo lo agarró del brazo y le dijo, tenso con algo que Jongin no podía ponerle nombre.


—Si realmente deseas esto de mí... entonces voy a intentarlo. Ahora.


Jongin consideraba a Kyungsoo con profundos pensamientos. ¿Eh? No había pensado en eso antes, pero... interesante.


—Si te mando, ¿verdad? —preguntó, sorprendido al principio, después deleitándose con el profundo timbre con el que le habló.


La garganta de Kyungsoo trabajó visiblemente como si estuviera tragando con dificultad. Kyungsoo asintió con la cabeza. —Si dieras la orden, lo haría.

Jongin asintió con la cabeza. Casi podía oír el latido del corazón aterrorizado de Kyungsoo, y probar ese aumento caliente en su garganta.

Un dragón que gozaba ser dominado. Curioso y más curioso. ¿Era eso lo que quería de Kyungsoo? Jongin tendría que pensar en eso. Más tarde.


—No ahora —dijo, golpeando los hombros de Kyungsoo, todo afabilidad y buena naturaleza sin ningún tipo de presión—. Tienes que estar listo para comer pescado crudo.

—El pescado crudo es delicioso... —Kyungsoo soltó antes de cerrar la boca inmediatamente, ruborizándose como si fuera culpable como el infierno.


Algún día, pensó Jongin, cuando Kyungsoo estuviera lo suficientemente cómodo con él como para confesarse, le diría a Kyungsoo que era el mentiroso más evidente en la faz de la Tierra, y definitivamente en los cielos. En cuanto a los peces, tenía sentido para Jongin que los dragones cazando con el descenso en picado —y— la inmersión de un halcón, se comieran a sus premios frescos y salados mientras volaban.


En realidad, eso sonaba delicioso, casi mejor que cocinar sobre una fogata. ¿Y qué se debía sentir al volar durante una temporada? Mejor que estar de pie sobre una roca y dejarse llevar por el mar. Tal vez mejor que la respiración.


¿Cómo podría Kyungsoo soportar vivir sin ello? ¿Por qué? «¿Por mí?» Jongin se atrevió a esperar.


Se sacudió a si mismo para despertarse. —Vamos a comer primero. Qué suerte la nuestra, tengo algo de bacalao, o algo parecido al bacalao, conservado en sal. Podemos poner los mejillones en las brasas de carbón, asar el pescado, y comer hasta que no podamos dar un bocado más. ¿Suena bien para ti?


Kyungsoo asintió con la cabeza, obviamente aliviado, y apretó el bíceps de Jongin. —Suena maravilloso. Lidera el camino. —Kyungsoo se iluminó—. Podría ayudarte a cocinar, ¿no?


Jongin se resignó a comer pescado quemado y sonrió alegremente. —¡Absolutamente! Vamos a casa.

Cuando el sol descendía hacia el horizonte, brillando en rojo y oro, pintando el cielo de un color púrpura oscuro, Kyungsoo pensó que finalmente podría estar seco. No tenía ni idea de cómo Jongin podría amarlo así, goteando mojado todo el tiempo.


Tal vez un par de pantalones de Jongin tendrían algo que ver con su satisfacción. Caminar desnudo, era una buena idea en teoría, sobre todo cuando había un hombre guapo al que mostrarse, pero después de unos pocos remojos Kyungsoo había descubierto algunos problemas con... los roces.


Se agitó, incómodo. Roces, sí, y la arena llegó a lugares que Kyungsoo apenas había reconocido de su propiedad.


Jongin había explicado, abochornado, que se había olvidado de encontrar ropa para Kyungsoo. A Kyungsoo no le importó el descuido, disfrutando del delicioso nuevo sabor fuerte en el aroma de Jongin cuando se mezclaban la vergüenza con la excitación.


Había sido menos satisfactorio con la confesión de Jongin de que no tenía nada a mano para cubrir a Kyungsoo, aunque ¿podría tratar de improvisar algo juntando algas marinas con nudos?


Kyungsoo se estremeció y atrajo sus piernas más cerca de su cuerpo. Prefería sacudirse con la brisa, gracias.


Los cotidianos olores de la comida tentaban ahora sus sentidos casi tanto como la fragancia de Jongin a hombre, almizcle, y constante bajo nivel de deseo por él.


Quizás aún más.


Kyungsoo trató de contar de nuevo cuándo fue la última vez que había comido, y no podía recordarlo bien.


Pescado, pequeños peces plateados lavados y limpios, en sal y envueltos en más de esas malditas algas, asados en madera que chisporroteaba sobre un pequeño fuego. Los mejillones brillaban oscuramente bajo su fina capa de ceniza, los moluscos llenos de carne grasa no liberando ningún olor, aunque prometiendo explosiones de sabor cuando se deslizaran sobre su lengua.


Kyungsoo no podía soportar más el suspense. Se acercó más al fuego, llegando a tomar una concha llena de carne. El fuego no podía hacerle daño, era un dragón, después de todo, y...


—¡Ow! —Se echó hacia atrás, empujando sus dedos quemados en la boca y chupándolos, asombrado por el dolor.


Jongin no lo regañó, pero cayó sobre una rodilla en su lugar, tiró suavemente de la muñeca de Kyungsoo. —Es fácil olvidarlo —dijo crípticamente, y le dio la vuelta a la mano de Kyungsoo, examinando el enrojecimiento de su quemadura —. Vas a vivir. Son dolorosas, lo sé, pero no hay ni una ampolla. —Besó a Kyungsoo en la frente, de forma juguetona, y se levantó para sacar el polvo de la arena de sus piernas.


Kyungsoo suspiró. Su estómago se quejó en simpatía. —Si te preguntase si había algo para comer antes de esto —pinchó para marcar su punto—, y fuera fresco, sólo sugerirías que coma las algas, ¿verdad?


—Es bueno para ti —le reprendió Jongin.


—¡Uf! Las algas marinas son de goma. Esto huele a quemado. Y sabe... —el estómago de Kyungsoo volteó.


—Quejoso, quejoso… —dijo Jongin, que parecía más divertido irritado por los retortijones de Kyungsoo—. No debería tardar mucho, tripas glotonas. Media hora, tal vez.


El corazón de Kyungsoo dio un vuelco. Nunca había sobrevivir tanto tiempo sin algo en el estómago para ayudarse. Miró a Jongin, preguntándose al mismo tiempo si las algas realmente serían espantosas, incluso con su elasticidad cuando las masticara.


Él podría hacerlo.


Jongin se había negado a dejarlo cerca de cualquiera de los pescados ahumados y secos, alegando que no había necesidad de profundizar en sus suministros cuando tenían fresco. Y no había nada más a la vista para calmar su estómago con excepción de...


Había otra recompensa que Kyungsoo podría disfrutar. Se pasó la lengua por los labios. La pregunta era: ¿Jongin protestaría?

Parecía ocupado atendiendo el fuego y los alimentos.

Jongin se inclinó hacia adelante, el dril de algodón de sus pantalones cortos estaba cerca de ser gasa fina forzando por encima su pene medio duro, y tarareó de placer como cuando disfrutaba del calor de las llamas.


No pudo haber presentado una imagen más atractiva a Kyungsoo si lo hubiera intentado deliberadamente. Kyungsoo cayó sobre sus manos y rodillas, caprichosamente, y se escabulló a un lado de Jongin.

Jongin revolvió el pelo de Kyungsoo sin apartar la vista del fuego.

—Levántate —dijo, con una sonrisa en su voz—. Tú no eres un perro.


«Definitivamente no soy un canino», Kyungsoo estaba de acuerdo, pero por el bien del juego mordió el tobillo desnudo de Jongin.


Jongin gritó y saltó de inmediato. Alegría inundó su aura. —Ya sé que tienes hambre, pero ¡yo no estoy nada bueno para comer!

«Ajá, te tengo exactamente donde te quiero, ahora», Kyungsoo exultante y exuberante estaba disfrutando del juego. Se puso de rodillas, capturando las estrechas caderas de Jongin y sujetándolo firmemente. Acarició la fina tela que apenas cubría la polla de Jongin y aspiró, deleitándose con el rico olor.

—Creo que serías delicioso —murmuró, husmeando profundamente y pronunciándolo sobre la línea endurecida del eje aumentado de Jongin—. ¿Puedo tener una probada? —

Jongin dijo una creativa palabrota que Kyungsoo nunca había oído antes y dio un paso atrás —desalentando a Kyungsoo al principio, antes de ver que Jongin sólo estaba moviéndose lo suficientemente lejos del fuego para no sufrir quemaduras propias.


—Puedes tener lo que quieres de mí. —Los dedos de Jongin se estremecieron ligeramente al tiempo que abría los botones de su bragueta—. Todo lo que tienes que hacer es preguntar. ¿Kyungsoo? Lo sabes, ¿verdad? —


—Me gustaría mucho que me lo dijeras —respondió Kyungsoo con honestidad, la confusa vergüenza calentaba su rostro —y sin embargo era cierto. Y ya no había razón para hacer nada a medias—. Dime —dijo, arrastrando los pies hacia adelante en sus rodillas y acariciándole el muslo a Jongin con su mejilla—. Dime lo que quieres. —

Brillante orgullo emocionó a Kyungsoo. Su Jongin podría pararse en una roca y desafiar al océano, pero casi se cayó al querer tanto a Kyungsoo.

Fue difícil para Kyungsoo, su polla esforzándose por alcanzar su vientre en una curva oscura y sólida.

»—Dímelo —convenció Kyungsoo.

Jongin se apoyó y levantó la cara al cielo, los ojos cerrados, los últimos vestigios de luz brillante sobre él y haciéndolo lucir tanto salvaje como desconocido. Impresionante. —Chúpame —ordenó, sujetando su polla y estimulando los labios de Kyungsoo—.Déjame entrar en tu boca. —

Ahora era el turno de Kyungsoo de estremecerse hacia atrás, casi deshecho por la cruda necesidad que emanaba de Jongin. —Sí—susurró, aspirando profundo el empapador aroma de Jongin—. ¡Oh, sí! —

Curioso y voraz, se elevó sobre sus rodillas para lamer la cabeza hinchada de la polla de Jongin. Los músculos del estómago de Jongin se agitaron y lanzó un ruido que alarmó a Kyungsoo. —¿Sucede algo? —preguntó Kyungsoo, retirándose precipitadamente—. ¿Te he hecho daño?

La risa de Jongin era tensa. —¿Estás bromeando? ¡No! —Oscuro y brumoso a causa del deseo, miró a Kyungsoo con sus ojos conocedores—. Nunca has hecho esto antes, ¿verdad?

Kyungsoo se mordió el labio. No quería responder. Los dragones se apareaban... de manera diferente. Si le preguntaran a él, diría que se estaban perdiendo mucho.

¿Pero era vergonzoso no tener experiencia?

—No quiero hacerte daño —dijo Kyungsoo, sin responder a la pregunta.

Jongin cubrió la parte posterior de la cabeza de Kyungsoo y le frotó el cuero cabelludo, masajeándolo de una manera que hizo que Kyungsoo quisiera ceder en su contra y que dejara a la voz de su dragón ronronear hasta que se sacudieran sus huesos. —No muerdas. Eso es todo. No puedes hacerlo mal. —Su pecho se enganchó y su polla tuvo un espasmo, moviéndose nerviosamente hacia Kyungsoo—. Simplemente... date prisa, Dios, por favor, date prisa.

Perplejo, Kyungsoo tomó cuidadosamente el eje de Jongin con la mano y circuló los dedos alrededor de la longitud. —¿Por qué?

—Si no lo haces, me correré en tu cara.

La mandíbula de Kyungsoo cayó. —¿Podrías hacer eso?

—¡Kyungsoo!

Por lo menos podía reconocer el sonido de un hombre en el limite de sus fuerzas. Kyungsoo respiró hondo desde el centro de símismo y confirmó su dominio en la polla de Jongin. A Jongin le encanto eso, apretando el control que tenía sobre la cabeza de Kyungsoo. Sus caderas se sacudieron, un empuje anulado.

Descansando la mandíbula tanto como pudo, Kyungsoo fue con atrevimiento hacia delante y deslizó la polla de Jongin a través del círculo abierto de sus labios. La explosión de los sabores salados y almizclados, inflamó sus sentidos, ahogando todos los otros lugares, sonidos y olores de interés. Gimió alrededor de su boca llena de polla y chupó con avidez.

Las piernas de Jongin temblaron por el esfuerzo de mantenerse inmóvil, sus caderas estremeciéndose. Kyungsoo probó su desesperación, la tensa necesidad de correrse y la fuerza de voluntad para contenerse, y hacer durar más el placer.

Un juego, entonces. Los dragones eran apasionados en su deporte. Kyungsoo podría hacer esto último, nadie tendría que dar su brazo a torcer. Le hubiera gustado probar a Jongin y equilibrando el gran peso de la polla sólida de Jongin en su lengua para siempre.

Kyungsoo apoyó sus manos, las palmas planas, en las caderas de Jongin y soltó el agarre de su boca hasta la punta, luego se deslizó hacia abajo. Apretó el agarre y lo intentó de nuevo, emocionado por el alto silbido de Jongin.

¡Había tanto para explorar! Kyungsoo encontró la piel suave y arrugada del saco de Jongin y rodó las redondeces propias de su interior, dejando ir brevemente la polla de Jongin para chupar con curiosidad primero una y luego la otra la esfera en la boca, saboreando las diferencias. La polla de Jongin perdía humedad dejando un rastro por sus mejillas y frente, necesitados gritos cortos se escapan de Jongin y soltó un grito ahogado cuando la nariz de Kyungsoo viajó más abajo y se encontró con una bolsa ciega pequeña. Kyungsoo lamió la depresión, con cuidado, después con firmeza.

Esta vez, cuando Jongin le tiró del pelo, le dolió. Kyungsoo apareció, disipando su indignación al ver la determinación de Jongin distorsionaba su cara. —Cuidado —exclamó Jongin—. Acabarás con esto.

—Quiero más —insistió Kyungsoo—. Más tarde.

—De acuerdo. —Lamiéndose los labios secos, Jongin levantó el rostro hacia el cielo y separó las piernas más amplias, dando más espacio a Kyungsoo—. Bien. Necesito tu boca, ahora.

Kyungsoo se permitió ronronear una vez, grave y bajo -qué esperaba-por las olas del océano, y se deslizó lentamente la polla de Jongin por la boca, tragando todo lo que podía sin ahogarse.

Jongin se estremeció al alcance de las manos de Kyungsoo en sus caderas y, envalentonado, Kyungsoo exploró la solidez tensa del culo de Jongin, fascinado por la forma en que los músculos se apretaban más y más cuando los amasaba.

Deslizó un dedo inquisitivo dentro y encontró una pequeña abertura, con nudos apretados, y empujó la carne dura.

Jongin abrió la boca, dio un tirón, empujando demasiado lejos, y se inclinó sobre Kyungsoo, y entonces abrasadores chorros de semen inundaron la garganta de Kyungsoo. Tosió, tragando por reflejo, pero la casi inhalación-era demasiado- y se sacó la polla de la boca con un precipitado pop a tiempo para tomar la siguiente gota en una raya por encima de sus mejillas.

Los ojos de Jongin se abrieron desmesuradamente y le salió un chorro más, pintando los labios hinchados de Kyungsoo.

No había recuperado el aliento y apenas se aferró a su equilibrio cuando tiró del pelo y golpeó los hombros de Kyungsoo, instándolo a levantarse. Kyungsoo se levantó, deteniéndose sólo para lamer un poco de semen en el vientre de Jongin cuando se puso de pie y cuando estaban a la misma altura, encontró la boca de Jongin y la golpeó sin piedad con la suya. La lengua de Jongin jodía su boca, barriendo duro su paladar hasta debajo de la lengua de Kyungsoo, lamiendo todos los rincones y buscando que se corriera.

Kyungsoo se puso rígido, recordó la necesidad que palpita en su pene, que había ignorado por la emoción de conducir a Jongin a la locura.

—Es tu turno ahora. —Jongin se apartó el tiempo suficiente para decirlo, tomó de nuevo en un sello hermético la polla de Kyungsoo en su mano endurecida por los callos.

Trabajó a Kyungsoo sin piedad, tirando de su saco y esparciendo el pre-semen con la palma de su mano. Cuando susurró en la boca de Kyungsoo, palabras de amor que no eran palabras, pero no necesitaban traducción, ordenándole rendirse.

—Córrete para mí... Quiero sentir cómo te pierdes...Quiero que te corras. —

Kyungsoo se resistió hacia adelante, hundió el rostro en el hombro de Jongin y lo mordió, los calientes chorros de esperma salpicaron sobre la mano de Jongin, su estómago, y por sus piernas.

Se aferró a Jongin, aturdido, los rugidos en sus oídos no tenian nada que hacer con el romper del océano cada vez más próximo, como la marea volvía hacia el interior. Lo primero que escuchó, agotado pero reconfortado y alegre como el amanecer,era a Jongin riendo entre dientes.

Al diablo con las consecuencias. Kyungsoo no pudo contener su ronroneo. Frotó la mejilla contra la garganta de Jongin y le dio un beso perezosamente, esperando y dejando que Jongin mantuviera su verticalidad.

Protestó con un gruñido somnoliento cuando Jongin alzó la barbilla con dos dedos, el placer remplazando su mal humor al ver el orgullo y la satisfacción y el afecto mezclados en la sonrisa de Jongin. Los labios de éste estaban hinchados de los besos,agrietados de color rojo. Kyungsoo nunca había visto nada más atractivo en su larga vida.

Cada uno debería tener un humano o ser tomado por un humano. Kyungsoo más bien pensó que era el último camino alrededor,y éste le convenía para bajar al suelo.

—Deja de pensar —Jongin le dijo en voz cruda—. Esto es solo el principio.

Kyungsoo lo miró boquiabierto. —¿Se pone mejor?

—Mucho, mucho mejor. —Jongin trazó la línea de la nariz de Kyungsoo, desde el puente hasta la punta, y le dio unos golpecitos a la ligera—. ¿Aún tienes hambre?

Kyungsoo intentó decir que no. Su estómago respondió por él,rugiendo una contradicción. Jongin soltó una risotada, tirando de Kyungsoo para cerrar un abrazo que hizo que Kyungsoo quisiese retorcerse de placer como lo haría en forma de dragón, ondulando por el cielo estrellado.

Jongin le mordisqueó la barbilla y dijo, cálido aliento en la mejilla de Kyungsoo: —Vamos a comer. Y después podremos tener el postre.

Kyungsoo siseó. —¡Ahh!

—Lo siento. —Jongin se retiró, arrastrando los pies unos pocos centímetros de nuevo en la arena—. ¿Te he hecho daño? —Señaló sus rodillas a la altura de los hombros de Kyungsoo, mirando atrás de Kyungsoo con preocupación.

Habían estado teniendo un gran tiempo tomando el sol en el resplandor de la buena comida y el buen sexo, Kyungsoo se encontraba satisfecho, o eso había pensado Jongin, en la cuna de sus brazos, la espalda apoyada en Jongin mientras que ambos se sentaron en posición vertical; el crepitar del fuego para cocinar todavía les calentaba y lavaba la piel blanca de Kyungsoo con tonos de rojo y oro.

—No —declaró Kyungsoo, a pesar de su incómoda inquietud—.Yo sólo... —Se encogió de hombros e hizo un ruido frustrado,pareciendo incapaz de explicar su problema.

—Está bien. —Trató de calmarlo Jongin, corriendo suave lasyemas de los dedos en la línea de la columna vertebral de Kyungsoo.

Kyungsoo silbó más fuerte, sobresaltado, el sonido furioso de una serpiente gigante. «O de un dragón», pensó Jongin. —Lo siento—murmuró, examinando estrechamente y de forma suave la espalda de Kyungsoo—. Parece que estás todo quemado por los rayos solares. Debería haber pensado que eso te ocurriría, tan pálido como eres.

—¿Perdona? ¿Quemado? ¿Qué? —Alarmado, Kyungsoo intentógirar para mirar por encima del hombro a Jongin, sus cejassubiendo hacia la línea del nacimiento de su cabello—. ¿El sol me quemó?

Jongin disimuló una sonrisa. Suponía que sería un problema para las duras y relucientes escamas del dragón. —No gravemente. —Lo tranquilizó Jongin, presionando un beso cuidadoso en el omóplato de Kyungsoo—. No dejará cicatriz.

—¿Estás seguro? —Kyungsoo se estremeció—. No, por supuesto que no dejará cicatriz. Estúpido de mí por no recordar.

Jongin tenía una cara seria. Su dragón no podía mentir para salvar su vida, ¿no? —Ah, muchacho —le susurró, erizando las puntas del cabello de Kyungsoo. Aquellos, que por lo menos, no picaban—. Quédate aquí. Tengo algo que te va a ayudar con la incomodidad.

Kyungsoo gimió y dejó caer la cabeza hacia adelante. —Si por casualidad está hecha a partir de algas marinas, te doy las gracias por tu ofrecimiento, pero voy a rechazarlo.

—¡Hey! —Jongin pellizcó el oído de Kyungsoo—. No muerdas la mano que te alimenta.

—¿Qué? —Kyungsoo lo miró desconcertado.

Jongin dejó de intentar no reírse entre dientes de manera cariñosa. —Estate quieto, tonto. Es tan solo una expresión.

Kyungsoo parecía indeciso mientras obedecía, viendo a Jongin todo el camino hasta su choza. Un rápido rebuscar le valió ver un caparazón de una tortuga pequeña lleno de aceite de pescado mezclados con, sí, hebras de una especie de algas que había notado que parecían ayudar con la curación de las lesiones pequeñas. Nunca había tratado de usarlo en una quemadura de sol. Confiaba en que sería de alguna utilidad.

Cuando Jongin volvió, Kyungsoo lo miró con recelo. —Huele raro.

—No te quitaré la razón. Voy a expandir esto por encima de tu piel, ¿de acuerdo? Intentaré no hacerte daño.

Kyungsoo abrió la boca, luego la cerró. Jongin podía ver los pensamientos de Kyungsoo volando a la velocidad de las alas de un dragón a través de sus ojos, pero no dijo nada y no ofreció ninguna explicación.

Jongin se puso detrás de Kyungsoo y empezó a embadurnarle la espalda con la extraña mezcla. Para su placer, Kyungsoo suspiró aliviado y relajado. —Bien —murmuró—. Gracias.

—No hay de qué. —Jongin se atrevió a darle un beso en la nuca a Kyungsoo. «Ah, pobre muchacho. Hay tantas cosas que no sabes, ¿verdad?»

Manteniendo el silencio para salvar el orgullo del hombre sólo permitido por un margen. Si el que Jongin hiciera la vistagorda ante la inexperiencia de Kyungsoo con la humanidad llevaba a Kyungsoo a hacerse daño, incluso en pequeñas formas, entonces tendria que saber la verdad. ¿Por qué Kyungsoo no estaba con los dragones? ¿Por qué quería tanto que Jongin creyera que era "sólo"un hombre común?

Kyungsoo suspiró desde el fondo de su vientre cuando Jongin terminó. No un sonido alegre, ni uno de satisfacción por la ausencia de dolor. No. Kyungsoo tenía miedo de algo.

Jongin sospechaba que sabía a qué. Que le condenaran si sabía cómo abordar este tema, sin embargo.

—Tendrías que haberme dicho antes que tenías dolor —Jongin aventuró, jugando con las hebras cortas y suaves del pelo en la base del cráneo de Kyungsoo—. No tienes que ocultar nada de mí. Nunca.

«Bueno, ahora fui sutil», Jongin se felicitó con indignación. «He tenido tanta delicadeza como un mazo. Bien hecho».

Kyungsoo había estado rígido, y parecía nervioso cuando le preguntó: —¿Por qué crees que tengo alguna información que esconder? Yo... —se detuvo, haciendo un ruido infeliz.Se puso de pie bruscamente, la arena se aferraba en una manta delgada y arenosa a sus piernas y glúteos apretados. —Yo debería... necesito... —suspiró, frotándose la frente.

Jongin se echó hacia atrás, apoyado en sus manos, mirando a Kyungsoo. —Está bien —dijo, ablandándose—. Hay tiempo. Los cambios son confusos, y apuesto a que pasaste por momentos difíciles recientemente. ¿Verdad?

Kyungsoo asintió, evidentemente aliviado. —Sí. Muchísimo.

—Has perdido a tu pueblo —dijo Jongin, pinchando con cuidado—. Ahí afuera. —Hizo un gesto hacia el océano.

Kyungsoo envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo. —Sí. Lo hice.

—¿Tienes a alguien con quien volver? —Jongin observó a Kyungsoo mientras hizo la pregunta, fue curiosa la forma en que inmediatamente parecía levantar un peso de los hombros de Kyungsoo.

—No lo sé. —Kyungsoo se estremeció como si hiciera frío, sin embargo la noche era templada y el fuego caliente—. Si encontrará el camino de vuelta a casa, no creo que me quisieran—admitió—. Nunca se preocupaban mucho por mí, para empezar, no era de.. Buen linaje...

¡Ah! Jongin sabían cómo era vivir su vida como un inadaptado. Sólo Rain había entendido su anhelo de escapar dela desolación de las ciudades y el aumento inútil de la furia de losejércitos, y ni siquiera Rain había estado dispuesto a levantar el campamento y venirse con él. A pesar de que preparó un lugar para los colonos, no sabía si alguien sería capaz de ver que podrían estar mejor aquí.

De ellos, para ellos, Jongin simbolizaba equivocación.

Demasiados diferentes para tener comodidad.

Deprimido, Jongin levantó una franja de arena. —Lo mismo digo —dijo Jongin, hundiendo sus dedos de los pies en la playa.

—¿Entonces tú también estás solo? —Kyungsoo consultó—. ¿Ninguno de los tuyos?

Jongin negó con la cabeza en silencio.

—Te ves triste.

Irónicamente eso hizo reír a Jongin. —No es nada con lo que no haya hecho las paces. —Miró a Kyungsoo, viéndolo a través de una cortina de pelo—. ¿Y tú? Si tu familia te llamara de vuelta a casa, diciendo que te recibirían con los brazos abiertos, ¿te gustaría ir?

Kyungsoo consideró ese pensamiento, observando a Jongin con una mirada ilegible todo el tiempo. —No. No creo que lo hiciera.

Jongin hizo la siguiente pregunta con el corazón en la garganta. —¿Por qué no?

—Debido a que he encontrado algo mejor. Aquí. Contigo.—Una amplia y blanca sonrisa brillaba en el rostro de Kyungsoo, sorprendido y encantado—. Tú eres mucho mejor que mi antigua casa. Y me quiero quedar.

Esa fue la confirmación que Jongin quería. —No hay nada que me gustaría más —acordó Jongin, llegando a tomar la mano de Kyungsoo—. Salvo que te lleve a nadar. ¡Ah, ah, ah! —advirtió, agitando a un Kyungsoo silencioso—. Si te quedas aquí conmigo, en el mar, no voy a arriesgarme a que te ahogues. Ven conmigo. Déjame enseñarte. Juro que no voy a dejar que te ahogues.

—¿Podría aprender a que me gustaran las algas en su lugar? —Kyungsoo preguntó esperanzado.

Jongin resopló con diversión cuando Kyungsoo lo tiró a sus pies, renunció asustado, sin embargo, confiando. —Vas a hacer eso también. Lo primero es lo primero. —Pulsó la esquina de la boca de Kyungsoo, sorprendido por la ternura que su dragón le inspiró—. Sígueme hasta el océano.

Jongin puso la mano con dulzura en la parte baja de la espalda de Kyungsoo cuando llegaron a la orilla del agua, la marea espumosa se mecía sobre sus dedos de los pies. Kyungsoo miraba el agua como un animal de caza examinando su presa, oscuro, estrecho y pensativo.

—Adelante. —Jongin le dio a Kyungsoo un pequeño empujoncito.

No le importaba tomar más tiempo que este, pero Kyungsoo no debería darle las gracias por haber sido manipulado como un crío... y entonces estaba la intrigante chispa que se encendía en Kyungsoo cuando recibía una orden directa. A veces era caliente, sensual, excitante y otras veces, como ésta, era una mal disimulada gratitud.

Jongin había pensado que había dejado las órdenes atrás con los soldados. Ahora, entendió que no sería capaz. Si esperaba traer a los colonos aquí, necesitarían una mano fuerte. Kyungsoo fue un regalo para él en más de un sentido, enseñándole esta lección.

Por eso, se lo debía a Kyungsoo, y le pagaría en la moneda que a Kyungsoo le pareciera mejor.

Jongin ahogó una pequeña risa al pensar en los dragones y los tesoros, y palmeó el hombro de Kyungsoo. —¡Sígueme! Quiero nadar, yo mismo.

—Justo detrás de ti —respondió Kyungsoo, como Jongin había esperado.

Jongin no perdía de vista a Kyungsoo mientras se estremecía al entrar en el agua, pero tampoco dejó de advertir la elevación de la barbilla de Kyungsoo o la parte sobresaliente de su mandíbula.

«¡Buen chico!» Jongin habría aplaudido a su feroz dragón si hubiera querido ser tan obvio al respecto. Se conformó con un gesto de aprobación y una sacudida de la barbilla, indicándole a Kyungsoo que debía seguir adelante.

Y Kyungsoo lo hizo, sus apretados dientes demostrando su determinación con cada paso, sustituido por una maravillosa fascinación. El agua del mar lamiendo alrededor de sus piernas y después su cintura estaba cálida por el sol, purificada con sal, suave como la piel fina de la parte interna del muslo.

Kyungsoo mojó sus manos en el agua, tratando de atrapar la espuma en sus manos. —Era tan diferente la última vez.

—Debido a que estabas luchando —coincidió Jongin—. Con todo lo que el tamaño del océano es, no puedes ganar una pelea. Sólo se puede aprender a nadar.

—¿Es así? —Kyungsoo pasaba su lengua por el labio inferior, mirando hacia arriba a través de los ojos entornados a Jongin.

El aire brillaba a su alrededor, un efecto que Jongin había visto algunas veces durante la peor de las olas de calor.

Contuvo la respiración, preguntándose si Kyungsoo estaba a punto de cambiar de forma. De repente, Jongin lo quería ver más que nada. Quería saber por sí mismo qué clase de dragón era

Kyungsoo estando en su verdadera forma.

El momento pasó y la bruma se estableció, sus restos aferrándose en una fina niebla sobre Kyungsoo. Sacudió el agua de su pelo y miró pensativo a Jongin. —Tienes una gran cantidad de fe en mí —comentó de manera ilegible.

—Está justificado, ¿no?

—Esa no es la cuestión. —Kyungsoo salpicando el pecho desnudo de Jongin con las gotitas de agua salada del mar—.¿Por qué tienes confianza plena en mí? Soy un extraño para ti.

Era una buena pregunta, pero... Jongin se encogió dehombros, fingiendo inspeccionar el agua para encontrar peces. —No me has matado aún. —Hizo un gesto quitándole importancia a la pregunta de Kyungsoo—. Además, te salvé la vida. Y puedo decirque no eres una de esas personas que va apuñalando a los demás por la espalda.

—Apuñalando en la... —Kyungsoo frunció el ceño—. Todavía no puedo entenderlo. Tomemos las cosas de una en una, primero la natación. ¿Cómo puedes estar seguro de que no entraré en pánico una vez más y me ahogaré?

—Porque yo no te dejaré ir. Y porque confiaba en que encontrarías tu equilibrio una vez que estuvieras aquí.

—Confianza de nuevo. ¿Por qué?

—Tú eres adaptable —dijo Jongin, flotando agua alrededor de un pez de aspecto particularmente sabroso—. Más de lo que podrías pensar.

Aquí. Dejando a Kyungsoo opinar lo que él quisiera. No era ningún tonto, lo reconocería como una declaración de entendimiento por parte de Jongin de su doble naturaleza.

O eso esperaba Jongin.

Si lo había adivinado correctamente o no, Jongin no podía saberlo. Kyungsoo se movió a través del agua, hasta el esternón, y se envolvió alrededor de Jongin desde atrás. Sus caderas se amoldaban muy bien al culo de Jongin, en cucharita tan perfectamente como si hubieran sido hechos el uno para el otro,¿y quién iba a decir que no lo eran?

Kyungsoo articuló acaloradamente sobre la garganta de Jongin, recorriendo con los dedos hasta agarrar la despierta polla de Jongin y acariciar desde la raíz a la punta, pensativo y no con intención deliberada. Más bien como pidiendo permiso.

—Cualquier cosa que quieras —dijo Jongin, sin olvidarse de añadir una nota de mando en su voz—. Haz lo que digo, y haz lo que tengas en mente para hacer conmigo.

Kyungsoo se estremeció, no del todo por miedo. —Entonces lo que quiero es que tengas tu camino conmigo.

—¿Me entregas el control?

—Alrededor de ti, no tengo ninguno para empezar. —Kyungsoo apretó su nariz en la línea del pelo de Jongin y respiró profundamente—. Tu aroma... me embriaga. Puedo oler lo mucho que me quieres. Ten mi cuerpo. Eso nos complacería a los dos. Mucho.

La polla de Jongin se movió impacientemente. Estaba harto de nadar por un día. —En ese caso, regresemos a la playa —Jongin ordenó, palmeando su polla para resolver su urgencia—. Ponte de rodillas, y espérame a tres pies de la orilla del mar.

Kyungsoo lamió brevemente el oído de Jongin. —Sí. ¡Oh, sí!

Kyungsoo flexionó y relajó sus dedos, que se curvaron en forma de puños nerviosos cuando no tenían ninguna razón para hacerlo.

Quería esto. Todo lo que Jongin le pudiera dar. Sabía que había más cosas que dos hombres podían hacer juntos de lo que él había... que ellos habían... disfrutado hasta ahora. Y él lo quería todo.

¿Habría dolor? Kyungsoo consideró la mecánica y decidió que sí, probablemente sí. No le importaba. Ansiaba a Jongin en su interior más que volar.

Los sonidos de las salpicaduras de un humano a grandes zancadas a través del agua poco profunda llamó la atención de

Kyungsoo. Mirando hacia arriba, Kyungsoo bebió de la vista de Jongin, alto y orgulloso, duro y fuerte, erguido, su pene creciendo hasta a su bajo vientre, y su siempre presente sonrisa ajustando sus labios.

Ningún dragón que Kyungsoo conociera había alguna vez —o jamás— sometido su voluntad a la de un humano, pero pensó que no le importaba en absoluto ser un rebelde. Inclinó la cabeza a su hombre, diciendo con su cuerpo: “aquí estoy. Soy tuyo”.

Por todo ello, no pudo resistirse a mirar a escondidas a Jongin mientras el humano se acercaba, cada vez más cerca aún,un paso bañado en sal cada vez. El puño de su propia urgente erección, el anhelo de la fricción, y se quedó mirando, borracho por la vista, las gotas de agua que se arrastraban hacia abajo por la piel bronceada por el sol de Jongin, fluyendo por sus piernas y brillantes de su pecho, las piernas y la ingle.La boca de Kyungsoo salivó. Anhelando una probada.

Antes de que pudiera comenzar a avanzar, Jongin le advirtió que se estuviera quieto, con un gesto. Kyungsoo se estremeció, mantuvo su boca cerrada, y esperó.

No pasó mucho tiempo antes de que Jongin llegara a él, apoyó la palma de la mano brevemente en la parte superior de la cabeza de Kyungsoo, y le dijo: —Acuéstate. Sobre tu estómago.

Kyungsoo gimió, suave y hambriento. Se dio la vuelta hacia delante sobre sus manos y rodillas y comenzó a bajar a la arena.

Jongin lo detuvo antes de completar el movimiento. —No —dijo Jongin, ronco—. Así. Esto es mejor.

—Como tú digas. —se oyó decir a sí mismo Kyungsoo. Le gustaba el sonido de las palabras y el sabor que le dejaban en su lengua.

Jongin le tocó los muslos. —Extiéndelos. Todo lo que puedas y mantén el equilibrio. Las manos donde están ahora.

Kyungsoo sintió el calor de la mirada de Jongin cuando lo obedeció. —¿Esto te complace?

—No tienes ni idea. —La risa de Jongin era temblorosa—. La forma en que te ves... como una chica.....dioses. —

Kyungsoo se quejó, muy dispuesto a retenerlo. Cuando en un parpadeo la presión del calor y la humedad se iniciaron en la inclinación de su espalda le dijo que Jongin lo había besado allí, con una lamida juguetona.

—El fuego se enciende en mí —dijo Kyungsoo, a sabiendas de que Jongin entendería la comparación—. ¿Más?

—Tanto como puedas tomar. —Jongin pasó la lengua por una franja delgada a la columna vertebral de Kyungsoo, a continuación bajó de nuevo, dibujando círculos resbalosos justo por encima de la hendidura del culo de Kyungsoo. —¿Sabes lo que quiero de ti? —Jongin le preguntó—. Dímelo.

Esto, Kyungsoo sabía cómo responderlo, y podría ser sincero. — Quieres follar conmigo —respondió, confiado—. Poner tu verga dentro de mí y tenerme. Reclamarme.

—¿Y es eso lo que quieres tú también?

Kyungsoo se movió irritado. Su polla colgaba llena y dolorida entre sus piernas y se estremeció por la excitación. ¿Acaso no era obvio?

—¡Ah, ah, ah! —reprendió Jongin, burlándose de la piel más suave del mundo, entregando el pellizco juguetón más pequeño—. Quiero escucharte decir las palabras.

—Cruel.

—Sólo para ser amable.

—Entonces, quiero que me folles —gruñó Kyungsoo, girando para mirar por encima de su hombro a Jongin—. ¡Ahora!

Jongin exhaló un largo suspiro, que hablaba de la satisfacción y la crudeza del deseo. Jongin se rio y tomó el culo de Kyungsoo en sus manos, separando las mejillas y extendiendo su apertura

Kyungsoo se preparó. «Cualquier dolor habrá valido la pena», pensó con firmeza mientras hundía sus dedos en la arena. El pensamiento de la polla de Jongin separando su abertura se enganchó sin querer, su polla palpitante quemando por liberar su carga.

Kyungsoo esperaba la dureza y la brusquedad de la polla de Jongin en su abertura. Lo que obtuvo en su lugar, casi lo sorprendente en gemidos, era algo más suave, más húmedo, más flexible.

Cuando Kyungsoo se dio cuenta de que Jongin había comenzado lamiendo su entrada, se hizo un entusiasta y posteriormente se embraveció, frenético por ¡más, más, más, ahora, ahora, ahora!

—Te gusta, ¿eh? —Jongin le tomó el pelo a Kyungsoo, su aliento caliente contra el lugar íntimo en donde había jugueteado con su lengua.

—¿Quién... posiblemente no podría? —Kyungsoo se quedó sin aliento—. ¿Puedes... hacérmelo... más tarde?

—Algunos hombres no lo hacen. Me encanta. ¡Qué suerte que a ti también!

—¿Más?

—¡Oh, sí! Todo lo que puedas tomar. —El choque de una intrusión más importante llamó bruscamente la atención de Kyungsoo.

Kyungsoo siseó y se puso rígido.

Jongin masajeó la cadera de Kyungsoo, hasta que se relajó. —Sólo un dedo —dijo, divertido—. La saliva para humedecerte, los dedos para abrirte.

—Ah —dijo Kyungsoo, demasiado aturdido para llegar a nada más inteligente—. ¿No tienes nada hecho de algas? ¡Deberías avergonzarte!

Jongin se rio escandalosamente y golpeó la cadera de Kyungsoo. –Boca astuta.

Kyungsoo ronroneó, satisfecho, disfrutando de los dedos de Jongin mucho más ahora que se habían ajustado a su estiramiento y ardía. Por los Lores Dragón, si eso era lo que uno de los ágiles dedos de Jongin podían hacer...

No lo dejaría ahora, sin embargo. Apretó los dientes y bajó la cabeza. —Sí. Más.

Jongin arrulló a Kyungsoo todo el tiempo mientras lo abría, y aunque Kyungsoo podía sentir la impaciencia vibrando en el aura de Jongin, su picante aroma empapando los sentidos de Kyungsoo, Jongin se tomó su tiempo y dejó que Kyungsoo se ajustara poco a poco, besando su espalda y trabajando hasta que curvó tres dedos de forma extraña y...

Kyungsoo aulló, a pleno pulmón como un dragón, y se empujó hacia atrás, follándose él mismo contra los dedos de Jongin con una necesidad desesperada. —¡Otra vez!

Jongin lo mimó masajeando lentamente el punto misterioso, increíble, cada roce lento, sacudiendo a la velocidad de un rayo la polla de Kyungsoo. Jadeaba, la boca colgando abierta a más no poder, la frente en la arena.

Él se quejó airadamente cuando Jongin deslizó los dedos hacia fuera, dejándolo muy abierto y vacío.

—Shhh —tranquilizó Jongin. Se levantó, remplazando en el siguiente segundo sus dedos con el pesado grosor de su pene—.¿Listo?

—¡Hazlo! —gruñó Kyungsoo.

Jongin se echó a reír, conmocionado y sin aliento, y empujó.

Una ligera resistencia, un pequeño escozor, y Jongin estaba dentro, llenando a Kyungsoo, separándolo. Kyungsoo gritó desde el placer, moviéndose como si todavía fuera un dragón sinuoso, voraz.

Todo el camino hacia dentro, cuando las pesadas bolas de Jongin se presionaban en la piel interior del culo de Kyungsoo, Jongin se detuvo. —¿Estás bien? ¿Necesitas que espere?

Kyungsoo gruñó en respuesta, por lo que estaba claro lo que pensaba de esa cortés oferta.

Jongin puso las manos sobre las caderas de Kyungsoo y mordisqueó la parte posterior de su cuello, tomando una posición dominante frente a su compañero. —Bien —susurró—. Espera.

—¡Ahh! —Kyungsoo alzó su cabeza hacia atrás, mostrando los dientes en búsqueda de oxígeno. Nada podría ser mejor que la fuerza impulsora, la quemadura increíble y el bienestar de ahora, pero la dureza y la lentitud se estaban alargando hasta casi... —Más duro. —suplicó, —. ¡Más fuerte!, por favor...

Jongin maldijo en voz baja y se movió más rápido, empujando más bruscamente. Cabalgó a Kyungsoo como lo habría hecho si Kyungsoo estuviera en su forma de dragón.

La respiración de Kyungsoo se atascó. La imagen en su mente de Jongin montándolo en el cielo nocturno...

Incapaz de soportar la presión punzante en su pene y su saco, Kyungsoo trató de llegar por sí mismo y casi perdió el equilibrio, agitándose hacia delante.

—No, no, de esta manera. —Jongin puso un brazo en el pecho de Kyungsoo y lo levantó, moviéndose hacia atrás para que ahora Kyungsoo descansaba sobre sus rodillas, su polla sobresalía airadamente para arriba, goteando—. De esta manera — murmuró Jongin en el oído de Kyungsoo, cogiendo su eje y arrastrando su puño para arriba de la longitud. Rodó sus caderas, yendo aún más profundo, empujando y sacando—. ¿Sí?

Kyungsoo soltó un sonido a medio camino entre un sollozo y una carcajada. —Sí. —Movió la cabeza. Demasiado, demasiado bueno—. Jongin... —trató de advertirle—. ¡Jongin!

—Está bien. Te tengo. —Jongin presionó con el pulgar la parte inferior de la polla de Kyungsoo, y le mordió el cuello. Se rio oscuramente entre dientes cuando Kyungsoo abrió la boca y echó la cabeza hacia atrás, chocando con el hombro de Jongin, y salió a chorros la densa y caliente semilla, desbordando el puño de Jongin y goteando hacia abajo para ser tragado por la arena.

Temblando y drogado por el éxtasis, Kyungsoo esperó y cantó en su cabeza, una lenta, lánguida canción de dragón, los empujones de Jongin al follarlo eran cada vez más irregulares. Jongin se hinchó más y se volvió más caliente dentro de él, más de lo que Kyungsoo hubiera creído posible y perdió su ritmo, gruñendo como lo haría un Dragón en celo.

El corazón de Kyungsoo se aceleró al pensar en el semen de Jongin inundándole. —¿Te correrás dentro de mí? —preguntó, su voz desgastada a no más que un susurro—. Lléname. Lo quiero.

Jongin se ahogó en un grito, hundió sus dientes en el cuello de Kyungsoo, y lanzó chorros de líquido, abrasadoras cuerdas que parecían casi hervir dentro de Kyungsoo, ya que lo inundaron profundamente. Kyungsoo aprovechó la ola con Jongin, gritando sin decir una palabra, deseando que esto nunca terminara.

Todas las cosas buenas tenían que llegan a un final.

Besando el hombro de Kyungsoo, Jongin dejó libre a Kyungsoo y cayó en la arena. Alzó sus brazos alrededor de Kyungsoo y lo trajo a su lado, jalandolo cerca para darle un beso. Kyungsoo sabía que iban a hacer esto otra vez, muy pronto, y descubrió, muy complacido, que los besos postcoitales eran casi tan buenos como los besos compartidos en el calor de la pasión.

—Dragón —murmuró Jongin entre un beso y el siguiente—. Mi dragón.

Kyungsoo se puso tenso. Jongin lo sabía.

Oh... ¡Maldita sea!

Jongin liberó los labios de Kyungsoo, mirándolo detenidamente, a una distancia tan cerca de todas sus pestañas que se enredaron al igual que sus extremidades entrelazadas. Él se negó deliberadamente a aflojar su control, manteniendo a Kyungsoo firmemente inmovilizado aprovechando su inesperada sorpresa.

—¿Cuánto tiempo hace que lo sabes? —Kyungsoo rompió el silencio primero al preguntar, angustiado y triste.

El corazón de Jongin dolió. Kyungsoo nunca debía sentirse de esa manera. —Desde la primera vez que te vi dormir —dijo, barriendo los pulgares sobre la inclinación de la espalda de Kyungsoo—. No estoy enojado porque no me lo hayas dicho. Creo que sé por qué.

Kyungsoo hizo una mueca. —Pensé que le temías a los dragones. Pero te juro, mi Jongin, que yo nunca te haría daño.

—Sé que no lo harías. ¡Tú no! —Jongin cedió a la tentación y probó los labios de Kyungsoo otra vez, empujándolos para que se abrieran con la punta de la lengua y deslizándola dentro.

—Pero ¿cómo podrías saberlo...? No sólo porque me salvaste la vida —dijo Kyungsoo cuando Jongin se echó hacia atrás, su consternación se convirtió en una consideración cautelosa—. ¿No tienes miedo de los dragones en absoluto? Yo creía que todos los humanos nos temían.

—La mayoría lo hacen. —Jongin bajó la cabeza para morder en broma un punto de la barbilla de Kyungsoo—. Yo no. ¿Por qué? ¿Es tu plan matarnos? ¿Comernos?

—¡No! —Kyungsoo parecía genuinamente sorprendido.

La curiosidad superó a Jongin. —Entonces, ¿por qué? — preguntó, levantándose lejos y apoyándose a sí mismo sobre un codo—. ¿Cuál es la razón de volar a través de los cielos?

—Porque nos gusta volar —respondió de inmediato Kyungsoo, parpadeando hacia Jongin como si debiera haber sido obvio—. Y porque son interesantes.

—Y en absoluto por la forma en la que nosotros funcionamos, sería un agradable y vacío mundo para que los tipos draconianos tomaran el control, ¿eso te complacería suficiente?

La boca de Kyungsoo se torció con disgusto. —Tenemos nuestro mundo. Xandria es suficiente para nosotros. Acerca de ti, creo que la mayoría de nosotros somos... somos curiosos —dijo con un gesto de desesperanza—. Y algunos de nosotros, una vez que los ncontramos, descubrimos que los humanos son una buena compañía.

Jongin levantó sus cejas. —¿Es por eso que viniste a mí? ¿Por curiosidad?

Kyungsoo se mordió los labios y miró hacia otro lado.

—Uh-uh —Jongin lo atrajo de vuelta—. ¿Es necesario que te dé una orden? —Disfrutó con el ligero escalofrío de Kyungsoo, sintiendo el impacto de la excitación, incluso con una cosa tan sencilla—. Dime, Kyungsoo. ¿Por qué me elegiste? ¿Por qué has venido buscando por aquí?

Kyungsoo rio, un sonido sin humor, amargo. —Porque no tengo casa entre los dragones. No mentí cuando me llamé a mí mismo un paria. Los portales están cerrados para mí.

—¿Qué? —Jongin se sorprendió de verdad—. ¿Por qué?

—No lo sé. —Kyungsoo levantó un hombro—. Los lores dragones , mi familia y todos los descendientes dicen que soy demasiado pequeño, curioso, demasiado torpe, demasiado descuidado. Un riesgo.

La ira se encendió en Jongin. —Su pérdida —dijo rudamente, cayendo hacia abajo y tirando a Kyungsoo hacia él—. Mi ganancia. —Se apoderó de Kyungsoo por la parte de atrás de la cabeza y lo arrastró cerca para un beso hambriento, no dejándolo ir hasta que su cabeza le daba vueltas por falta de aire.

—No soy... —Kyungsoo vaciló—. No te enfades. No, ya que esto me trajo a ti. No vine aquí a propósito, pero no he encontrado lo que quería en ningún otro lugar. En ningún lugar. —Sus fosas nasales llamearon con la vehemencia de su discurso—. No quiero volver a casa. Esta es mi nueva casa elegida. —Hizo un gesto para abarcar la totalidad de la playa—. Si... si me dejas quedarme. Contigo.

Jongin soltó un bufido. El mareo no había pasado, y tuvo que parpadear para aclararse la vista. A pesar de todo eso, no dudó en responder: —Sólo intenta escaparte. Nunca me vas a dejar.

—¿Me lo prometes? —preguntó Kyungsoo, cerniéndose sobre los labios de Jongin.

—Te lo juro —dijo Jongin, y se dejó llevar, la lengua de Kyungsoo se movió ansiosamente en su boca. El océano... ¿o era eso vértigo?... rugió en sus oídos y pensó que estaba volando. Tan bueno, tan bueno, y sin embargo...

Jongin gritó, empujando fuera a Kyungsoo.

—¿Jongin? —Kyungsoo se alejó, mirándolo extrañamente—. ¿Qué va mal?

Jongin negó con la cabeza, arena gruesa y áspera en su cuero cabelludo. —Simplemente... extraño —dijo, lamiéndose los labios, secos como los huesos a pesar de sus besos—. Algo aquí dentro. Diferente. —Apoyó la mano sobre su corazón. Su voz se quebró con humor irónico cuando le preguntó—: No eres venenoso para los humanos, ¿verdad?

—No, creo que no. —Todo preocupación ahora, Kyungsoo tomó la cara de Jongin en sus manos y lo giró para que lo mirara, estudiándolo atentamente—. Hay cuentos e historias, sabemos de los humanos desde hace mucho, mucho tiempo, siglos y siglos de un tiempo valioso. Tres dragones han tomado mortales como sus compañeros antes y ellos... —Sus pupilas se dilataron por completo, convirtiéndose en alargadas pupilas de diamantes—. ¡Oh!

A pesar de que el singular espasmo pasó a mejor vida, se fue como una brizna de nube sobre la luna, Kyungsoo trató de sacudirse lejos. Distraído, Jongin casi perdió su agarre instintivo y apenas logró capturar a Kyungsoo por la muñeca cuando trató de huir.

—¿Qué es? ¿Qué pasa?

La piel dorada de Kyungsoo relucía en la oscuridad, una imposibilidad por la luz de la luna... pero tal vez no para un dragón. —No puedo. Lo siento, Jongin, lo siento mucho... si lo hubiera recordado, no te hubiera arriesgado...

—¿Eres venenoso?

—No. —Kyungsoo tiró—. Déjame ir.

—Te dije que nunca lo haría, y lo dije en serio. —Jongin sacudió a Kyungsoo fuera de bJongince y rodó con él al mismo tiempo, cubriendo el cuerpo delgado de Kyungsoo con el suyo propio—.¡Háblame! ¡Es una orden! ¿Qué te tiene tan molesto? Si no me va a matar, entonces voy a vivir.

Kyungsoo resopló, al no encontrar divertido el juego de palabras.

—Hay historias —confesó—. Dicen que si un dragón y un humano se unen el uno al otro, entonces el humano... cambia. Yo no sé cómo. Nunca lo he visto con mis propios ojos. —Sopló una molesta corriente de aire caliente—. Dicen que soy demasiado joven.

La alarma se disparó momentáneamente a través de Jongin.

—Kyungsoo, ¿cuántos años tienes?

Kyungsoo parpadeó. —Ciento —dijo—. Y tres. Ciento tres.

—Dios. —Jongin golpeó su cabeza en el pecho de Kyungsoo—. ¡No me asustes así!

—¿Eso es lo que te molesta? —Kyungsoo exigió, incrédulo—. Que no me estés maldiciendo significa que tú...

Jongin había tenido unos segundos de valioso tiempo para considerar las palabras de Kyungsoo. Estarían todo el tiempo que necesitaran. —¿Qué será, será...? —dijo, trazando la suave piel por debajo de la pupila de diamante del ojo de Kyungsoo.

—No puedes decir eso.

—¿No? Ponme a prueba. Escucha. —Jongin ahuecó la mejilla de Kyungsoo en su palma y lo sacudió ligeramente—. Bastante gente piensa que estoy loco por venir aquí en primer lugar. Tal vez lo estoy, porque mientras no esté solo nunca más, no me importa si eres un dragón o un humano o un perezoso de tres dedos...

Kyungsoo arrugó la nariz.

—Está bien, podría no ser tan aficionado a un perezoso. — Pícaramente, Jongin mordió la punta de la nariz de Kyungsoo—. Tú, sin embargo, estás dispuesto a ayudar, eres alegre, y por lo tanto ¿qué más da si eres un poco torpe? —Jongin se ablandó—. Kyungsoo, lo acabas de decir de ti mismo. Eres un inadaptado. Igual que yo. Y eso ya nos da igual. —Se encogió de hombros—. A decir verdad, siempre pensé que los dragones eran hermosos. ¿Qué me importa el resto?

Jongin cubrió la boca de Kyungsoo con la suya propia, besándolo en sumisión. A medida que su polla se levantó, más interesada en el calor del cuerpo de Kyungsoo que en los argumentos tontos, se frotó contra el muslo de Kyungsoo y separó sus piernas.

»—Lo he ganado todo —le susurró al oído a Kyungsoo—. Una pareja. Un amigo. El chico más caliente que he tenido el placer de conocer. —Se tragó la sorprendida risa de Kyungsoo, bebiéndolo rápidamente—. Así que voy a cambiar. Esa es la naturaleza humana. Cambiar o morir, eso es lo que siempre ha sido, y elijo cambiar. Sobre todo si eso significa que nunca me dejarás.

—Nunca lo haré —juró Kyungsoo, entrelazando los brazos alrededor del cuello de Jongin. Contempló a Jongin, valiente a pesar de su alarma inicial, y asintió con la cabeza para mostrar su buena voluntad—. Sé muy poco acerca de cómo funciona. Puedes quedarte siendo un hombre en el exterior y un dragón en el interior. Puede que seas capaz de cambiar de forma. —Kyungsoo vaciló—. ¿Eso no te molesta? ¿Ni lo más mínimo?

Jongin puso los ojos en blanco. —Deja de preguntar, o te pondré a navegar en el mar de nuevo. —Cambió la posición de Kyungsoo—. Es hora de dormir un poco. Ya que te vas a quedar, hay muchas cosas que tendrás que aprender, y vendrá la luz del día antes de que las aprendas. A descansar.

—Realmente me estás manteniendo. —Kyungsoo se maravilló.

Le acarició el brazo a Jongin cautelosamente—. ¿Me amas?

—Lo hago. Con todo mi corazón. Tranquilo, y ahora, duerme. Mañana, vamos a volver al trabajo. ¿Te parece?

Kyungsoo asintió y se instaló, en reposo, en sus brazos.

Un segundo después, Kyungsoo apareció, enganchando su rodilla en la pierna de Jongin y moviendo sus caderas. —Prefiero follar de nuevo que dormir. —

Jongin se rio a carcajadas, haciéndole cosquillas casi hasta la muerte. —Creo que yo también. —Pasó la yema de los dedos sobre las cejas de Kyungsoo, admirando el oro de las pupilas alargadas de sus ojos—. Pase lo que pase, Kyungsoo, tengo la mejor parte del trato. Un trato de dragón. Ahora cállate y déjame disfrutarte.

Kyungsoo cerró la boca con un chasquido, gimiendo con mucho gusto cuando Jongin le devolvió el abierto beso. Saboreó el gusto y la buena voluntad de la sumisión de su amante. ¡Estos buenos momentos tenían ellos por delante! Los desafíos también.

Aquellos que esperaba que vinieran con él a estas costas rocosas tendrían sus objeciones a compartirlo con dragones y mitad dragones, seguro. Habían realizado esfuerzos para allanar el camino entre ellos pero ¿no había descubierto ya por sí mismo que todo era posible aquí en el océano?

Había mucho trabajo por hacer, todavía. Pero ahora, tenía a alguien que trabajase con él al igual que él influyó en el mundo, y felizmente acostarse con el mismo chico-dragón- por la noche.


«Un extraordinario trato. Un trato de dragón».


Jongin amaba y era amado, ya no era uno, solo, sino dos, juntos, y estaba contento.

Fin?....