Único
La familia Jeon siempre perteneció a la clase social medio-baja, por ende, el dinero que ganaban cubría las necesidades básicas, y quizá un poco más. Pero claro está que no vivían con lujos o con las mayores comodidades.
El único hijo, Jeon Jungkook era el orgullo de sus padres, siempre tan sobresaliente en todo lo que hacía, si se anotaba a algún deporte fácilmente sería el mejor atleta, si se trataba de una actividad extracurricular como canto entonces lograría alcanzar las más altas notas y la mejor afinación entre todos, y ni hablar en el caso de las calificaciones, era el mejor por mucho. Y porqué no mencionar la belleza si la sociedad le daba gran importancia a este asunto, había obtenido lo mejor de sus progenitores y nadie podía negar que el resultado era un hermoso chico de grandes y brillantes ojos con un bonito cuerpo.
Pero al terminar el último año de colegio es que Jungkook se encuentra con su propia situación.
Sus padres no pueden pagar por su matrícula en la universidad.
Y no. No ha conseguido ninguna beca. Esa oportunidad le fue arrebatada por un chico que jamás pudo superarle en calificaciones pero sí por millones en su cuenta bancaria, si tiene el suficiente dinero como para limpiarse el culo con este ¿por qué ponerse a competir por algo tan serio como ello? Es algo que Jeon no entiende hasta la actualidad, pero supone que es una gran satisfacción personal para su compañero verlo derrotado. Y aunque odia admitirlo, hay muchas puertas que se cerraron en sus bruces por la simple situación económica de su familia.
En fin, luego de ello su destino era buscar un trabajo de medio tiempo para ayudar a sus padres con los gastos de la casa, consiguió puesto como mesero en un restaurante elegante al que asistía mucha gente con dinero que quería pavonearse por ello, lo notaba incluso en la forma despectiva en la que esas personas se dirigían a todos ellos. Fue entonces que Kook nuevamente consideró su situación.
Recibía propinas generosas por muchos caballeros en el lugar, e incluso números telefónicos, y en los peores casos, preguntas directas sobre cuanto cobraría por acostarse con uno de ellos. Jungkook es atractivo, y está consciente de ello, pero su intelecto sirve para idear grandiosos planes, y realmente no le importa que deba hacer para conseguir lo que desea.
Es así como cinco meses después se encuentra en el almacén de su lugar de trabajo con las piernas temblando y apoyado sobre el fornido pecho de Kim Taehyung, quien está manoseándolo descaradamente por debajo de su corta faldita, y realmente no tiene nada que reprocharle, es probable que a este punto sus compañeros de trabajo estén buscándolo pero no puede importarle menos, porque justo ahora está tan concentrado en no soltar gemidos que delaten lo que ambos están haciendo.
— Joder Kook, mira lo mojado que estás, bonito.
¿No ha mencionado con anterioridad que es el mejor lo que hace?
Si iba a utilizar su cuerpo para lograr su objetivo entonces haría que valga la pena, no planeaba dejarse follar por cualquiera que pudiera ofrecerle una buena cantidad de dinero una sola vez y ya, y realmente no le costó demasiado seducir al mafioso que tenía la mayor cantidad de dinero en el lugar, lo sabía porque tuvo que averiguar distintos detalles si quería resolverse la vida.
Su trabajo en el elegante restaurante culminó cuando luego de haberle coqueteado a un hombre que tenía en la mira casualmente resultó ofreciéndole trabajo en una especie de burdel-club algo particular, pues solo era frecuentado por hombres con muchísimo dinero que no se lo ganaban de maneras… honradas.
Fue ahí que lo conoció, Kim Taehyung no iba al lugar a pagar por sexo, solo acompañaba a sus amigos o socios en reuniones por diversión, quienes a diferencia de él, siempre pagaban por alguien al final de la noche. Taehyung era demasiado reconocido entre los trabajadores del lugar, y a pesar de que Kook solo servía como mesero en el lugar, de igual forma sabía que Kim era alguien de mucho poder, demasiado respetado y probablemente con una cuenta bancaria quince veces mayor a la de la suma de todos los que frecuentaban el lugar.
Pero nadie lograba seducirlo. ¿Por qué? Los rumores decían que ya tenía pareja y que estaba a punto de casarse e irónicamente, respetaba su relación tanto que ni siquiera volteaba a ver a los bailarines del lugar.
Y en efecto, Jungkook confirmó todo aquello por boca del mismo Kim.
Jeon es un nato amante de la ciencia, y algo que es incluso lógico es que los hombres tienden a poseer una menor capacidad para controlar su deseo sexual, por ende, caen rendidos ante su propia naturaleza, es decir, piensan con el pene.
Jungkook lo lamenta mucho (en realidad no) por la pareja de Kim, pero eso no lo detiene de succionar como si se tratara de una paleta tres de los dedos de Taehyung, entre ellos, el anular y en el que se observa una leve marca de un anillo de compromiso que tuvo que haberse quitado hace poco, todo con tal de no gritar por la estimulación mientras el azabache acaricia su clítoris en círculos con su otra mano.
Pero ninguno de sos toqueteos terminan como el mayor desea, no puede hundirse y joder a ese precioso chico porque este no lo concede tal placer.
— No me malentiendas, pero yo busco un hombre que quiera algo serio conmigo — menciona Kook, como cada vez que quiere abrirle las piernas—. Debo regresar a trabajar.
Es rápido en arreglar su ropa y tratar de lucir lo mejor posible para retirarse del almacén, mas a diferencia de anteriores noches, Taehyung lo detiene.
— Esta hecho, Kook, ya no estoy comprometido, terminé con ella hace algunos días porque quiero ir en serio contigo, puedo darte todo lo que me pidas, muñequita.
Jungkook quiere llorar de la felicidad, no por las palabras superficiales de este hombre que busca follarlo tan mal, sino porque por fin algo de lo que hace comienza a rendir sus verdaderos frutos. Sí, Kook, un joven de veintiún años tenía comiendo de su palma a Taehyung, un hombre de treinta y siete años, jefe de la mafia.
[…]
Es tan solo ocho meses después que Kook sonríe felizmente en camino a su casa, apreciando lo bonitas que se ven sus uñas luego de una perfecta y costosa manicura que acaban de realizarle, toma su celular para responder al único mensaje en su bandeja que es de su interés.
Apunta la cámara frontal hacia su rostro, mostrado un lindo puchero en pico antes de tomarse la foto, y escribiendo “Voy de regreso, amor”. Enviándolo al instante.
Es mientras Jungkook pasea su mirada por sus lindas uñas que su vista se desvía hacia el bonito anillo de oro con un ostentoso diamante que descansa en su dedo, no puede evitar sonreír ampliamente porque está felizmente casado con Kim Taehyung desde hace dos semanas. Por supuesto supo aprovechar perfectamente lo obsesionado que el hombre se encontraba con él y no tuvo ni siquiera que sugerir la idea cuando el mayor le propuso matrimonio poco tiempo después de que iniciaran una relación.
Si bien Kook no nunca pensó que podía idiotizar a un hombre así de rápido y a tal punto, no tenía nada de lo quejarse, no cuando Taehyung le había dado acceso a su fortuna, así como a distintas propiedades y otros bienes. Y aunque tampoco entraba a sus planes, Jungkook estaba enamorado.
Amaba a su hombre, a su enorme polla y por supuesto, a su dinero.
Incluso si su propia familia y antiguas amistades le dieron la espalda por tacharlo de ofrecido e interesado, supo restarle toda la importancia a ellos, después de todo, Taehyung pagaba su matrícula en la universidad así como sus caprichos, no ellos.
— Llegamos, joven Jungkook —avisó el chofer una vez que estacionó el carro en la entrada principal de la ostentosa mansión, abriendo la puerta y ofreciéndole su mano para que saliera—. El señor Kim pidió que le hiciéramos saber que estará en una reunión en su despacho con algunos de sus colegas, pide que lo espere en su habitación mientras tanto.
Jumgkook sintió su sangre hervir casi al instante, bajó del auto apresuradamente y se dirigió a su cuarto de inmediato, buscando lo que necesitaba en aquél enorme espacio que tenía disponible solo para sus prendas.
Sabía quienes eran los colegas de Kim, y entre ellos, se encontraba Sarah, la ex-prometida del azabache, y quien solía trabajar a su par antes de que él irrumpiera en la relación de ambos. Sabía que esa mujer trataba a toda costa de recuperar a Taehyung en cada oportunidad que se le presentaba, a Jungkook no le interesaba ni de lejos inmiscuirse en el trabajo de su esposo, por ello no tenía nada que ver en sus reuniones y por mucho que le hiciera pucheros y berrinches a Kim, este le aseguraba que jamás podría fijarse en alguien que no fuera su muñequita.
Y si bien Taehyung era un hombre posesivo en exceso, Jungkook no distaba de aquello, ambos tenían peleas constantes por los celos y la toxicidad que reinaba en la relación, mas nada que no supieran solucionar con horas de sexo.
Por ello, cegado por la ira de pensar en esa mujer coqueteado con su esposo descaradamente, vistió una bonita lencería con una bata de seda casi transparente encima, que dejaba ver todo lo que tenía debajo, una de las favoritas de Taehyung.
Entró sin tocar al despacho de su esposo, donde sabía que estaban reunidos, y poco le importó que todos le miraran boquiabiertos porque su vista se dirigió a esa mujer con un escote muy pronunciado, e inclinada hacia su esposo, por supuesto. Aquello le molestó aún más.
— Amor, justo ahora estoy en una reunión, iré contigo en cuanto acabe. —Taehyung parecía estar luchando por no descontrolarse al notar la mirada del resto en el cuerpo de su pareja.
Ambos se dirigían miradas duras entre sí, desafiantes.
— Oh, no te preocupes, cariño. Voy a permanecer en silencio.
Jungkook jugó todas su cartas cuando en pasos cortos llegó frente a Choi, uno de los colegas de su esposo y le sonrió con dulzura antes de sentarse sobre su regazo.
La mirada de Taehyung pareció arder, y todos ahí temieron por sus vidas, a excepción del castaño, que parecía divertirse.
— Jeon Jungkook, jodida mierda no me obligues a-
El mencionado interrumpió.
— ¿A qué? Solo estoy siendo amable con tu colega así como lo es Sarah contigo.
— Solo estamos trabajando, Jeon, deja de ser tan inmaduro —. respondió Sarah, acercándose incluso más a Taehyung.
Choi se sintió desfallecer cuando el castaño comenzó a mover sus caderas en círculos, moliendo su culo contra su polla que comenzaba a despertar en contra de su razón que le advertía que alejara a ese hermoso chico, todo esto bajo la sonrisita provocativa que Jungkook le dedicaba a su esposo.
Taehyung no tuvo reparos en desenfundar el revólver que guardaba en su primer cajón, quitando el seguro y apuntándola de inmediato hacia la cabeza del hombre que parecía entretenido con el cuerpo de su chico.
─ Deja de tentar mi maldita paciencia, Jungkook ─. Taehyung gruñó, hablándole como pocas veces lo hacía.
El castañito asintió mordiendo su labio, aún restregándose contra esa ahora despierta erección y atreviéndose a soltar un jadeo bajito.
─ Uh ¿vas a matarlo? ¿por qué no le disparas a ella también y así estamos a mano, Taehyungie? ─ señaló con un gesto hacia la chica que pareció perder todo rastro de color.
Jungkook sabía que iba a ganarse un enorme castigo, pero lo hacía para cuidar lo suyo, y esa mujer había sobrepasado sus límites.
Esa noche, resonaron por toda la mansión dos impactos secos y precisos de bala, el primero dirigido a Choi y el segundo hacia la rubia mujer, ambos dos buenos colegas de Kim Taehyung que sin duda sabían trabajar tal y como el mayor lo exigía, pero su linda muñequita tuvo que montar todo un espectáculo para que acabara con ellos.
El mafioso estaba perdidamente obsesionado con Jeon, por eso mismo iba a disciplinarlo, nadie más que él mismo tendría el placer de apreciar su cuerpo y eso era algo que debía quedarle claro.
— Tan malditamente desobediente —gruñó el mayor, apretando con fuerza al rededor del brazo de Jungkook, quien intentaba no tropezarse al ser dirigido con rapidez hacia la habitación de huéspedes.
No iba a dejarle saber al azabache que le dolía, estaba tan feliz por deshacerse de esa mujer que poco o nada le importaba lo que su esposo pudiera hacerle.
— ¿Y qué se supone que debo hacer si dejas que ella se acerque de esa forma a ti? —Kook suspiró con pesadez, ingresando a la habitación sin poner resistencia.
— Estábamos trabajando, Jungkook.
— ¿Oh, en serio? Porque Choi no parecía una sanguijuela, de hecho creo que me sentí bien en sus brazos-
Mentiría si dijera que no esperaba tal interrupción pero sabía hacía dónde quería llegar provocando de esa forma a Taehyung, sonrió a pesar de que el mayor lo había empujado contra la pared, rodeando con una de sus manos su cuello e impidiéndole el paso de aire.
— Escucha bien, muñequita. Si te di todas las libertades que tienes ahora es porque al parecer no puedo negarte nada —admitió con frialdad—. Pero a cambio de ello, me perteneces y haré contigo lo que me plazca, creí que ya había quedado claro.
Jungkook llevó ambas manos hacia las mejillas de Kim, logrando que este aflojara la presión en su cuello, estaba seguro que quedarían marcas pero poco o nada le importaba. Se acercó hacia el mayor en busca de sus labios, iniciando un suave beso que comenzó con un roce y que pronto escaló con tal pasión que le robaron jadeos.
— Soy solo tuyo, mi amor —habló sobre sus labios, arqueando su espalda cuando su esposo descendió una de sus manos para amasar la esponjosa carne de su culo.
Y joder como Kim adoraba a su chico, mas ni siquiera sus besos le harían olvidar que debe recordarle quien está a cargo.
Sus callosas y fuertes manos apretaron ese gran culo hasta que la carne se coló entre sus dedos, sacándole un chillido al menor, Kim se extendió hasta el centro, apretando más cerca de esa caliente y sensible zona, abriendo con ambas manos el lindo capullo de su chico.
Pronto en medio de las acaloradas caricias, llevó a Kook hacia el centro de la cama, empujándolo con suavidad para que este cayera de espaldas. En su aparente calma, trató de contenerse de lo que sus nada amables deseos de poseerlo le dictaban, estaba tan enojado como hace minutos atrás, quería arrancarle la lencería para profanar su pequeño agujero hasta que le gritara y suplicara que pare, deseaba escuchar su voz rota y destrozada por las lágrimas clamar que le pertenecía, quería joderlo tan mal hasta la inconsciencia y dejarle claro quien era su hombre, pero debía contenerse para hacerle cumplir su castigo.
— ¿Taehyungie…? —Kook interrumpió en voz baja, algo de nerviosismo comenzando a surgir cuando notó la mirada oscura de su esposo.
Kim no respondió, solo besó el muslo interno de su chico, acomodándose a un costado para retirar toda la lencería con una calma inquietante. Cuando terminó, apreció con un destello de lujuria el pecaminoso cuerpo tendido en su cama, a su merced.
Se levantó de la cama, confundiendo a su pareja, y fue hacia un rincón de la habitación acercándose a uno de los muebles, cuando encontró lo que buscaba, lanzó el estuche hacia la cama, a un costado de Kook, quien no se atrevió a curiosear pues pronto lo descubriría. Tomó finalmente el lubricante de la mesita de noche, dejando luego un vibrador junto al estuche.
Kook no iba a mentir, prefería el grueso pene de su esposo antes que un juguete, pero muchas veces él estaba ocupado cuando deseaba entretenerse, por ello, no entendía porqué lo había traído si ambos podían divertirse esta vez.
Taehyung se abrió espacio en medio de sus piernas, luciendo serio y algo aterrador, totalmente diferente de las miradas de amor que solía dirigirle cada vez que intimaban.
— Abre bien las piernas, amor. Atrévete a tratar de cerrarlas y te esposaré a la cama, es una advertencia.
Kook abrió los ojos demás, sin embargo, se limitó a asentir, y acudiendo a su flexibilidad abrió todo lo posible ambas piernas, revelando su intimidad en total desnudez.
El mayor sintió un tirón en su pilla al ver la delicada flor de su muñequita, con su agujerito rebosando en fluidos. Por lo que se acercó hacia esa zona que tanto amaba, quedando lo suficientemente cerca como para aspirar sobre ella, llenándose de su esencia y calor, usó dos de sus largos dedos para abrir sus labios vaginales y quedó fascinado al ver el dulce coñito de su esposo.
No pudo detenerse de pasar la lengua por ese húmedo lugar, arrancándole gemidos al menor, succionó obscenamente sobre su mojada entrada para deleitarse con sus jugos, amaba tanto probarlo porque era así de adicto a su sabor, a su aroma. Pronto su lengua envolvió el hinchado y rojizo clítoris, demasiado ensimismado en sacarle jadeos de placer al chico de piernas abiertas.
— ¡Oh! huh, Tae… cómeme todo el coñito.
Taehyung pareció recuperar el norte segundos más tarde, y con renuencia tuvo que abandonar ese cálido lugar, esta vez repartiendo besos en los al rededores, se dedicó a besar con firmeza el muslo interno de su esposo, así como sus piernas.
Tenía tan endulzado a Jungkook que este a penas se dio cuenta de un líquido algo frío cayendo sobre toda su flor. Levantó su cabeza para corroborar que se trataba de lubricante, y no pudo evitar mordisquear sus labios porque en definitiva no estaba listo para recibir la polla de su esposo, necesitaba dilatarse si no quería quedar sin caminar por una semana.
— T-Tae, espera… debes pre-
Un chillido abandonó sus labios cuando Taehyung pegó en un azote con su palma sobre todo su capullo, enrojeciéndolo al instante.
— Cierra la boca. Estoy siendo demasiado gentil como para no colocarte una mordaza.
Jungkook solo pudo observarlo atónito, pero obedeció, recordando que debía abrir sus piernas, se dispuso a contentar a su amado. Pero no pudo controlar su errática respiración cuando notó que su esposo sostuvo entre sus manos el vibrador, el cual llevó hacia su agujero, tanteando al ingresar la punta.
Gritó en alto cuando de un solo empujón hundió todo el vibrador en su apretado agujero, todo ello cuando conectaron miradas. Una brillaba en malicia y la otra tenía lágrimas acumulándose.
Jungkook tembló, intentando acostumbrarse al tamaño en seco del juguete, que si bien no era demasiado grande, dolía como el infierno sin la preparación indicada. Trató de no quejarse en alto, no deseaba molestar a Taehyung ni ser amordazado.
─ Incluso si te duele, tu patético agujero lubrica demasiado, pequeña puta.
Jungkook sintió sus labios temblar ante las palabras de su esposo, quien no solía comportarse de esta forma cuando hacían el amor. Por supuesto, no había nada de dulzura mientras Kim adentraba el vibrador todo lo posible luego de encenderlo en el máximo nivel, Kook se obligó a morder sus labios para no soltar gritos mezclados entre placer y dolor.
Para este punto, Taehyung tenía su polla apretada contra sus pantalones, deseaba tanto tomar a su esposo y joderlo como a ambos les gusta, pero en lugar de eso observó con malicia como Kook se retorcía, intentando no emitir ruidos mientras sus temblorosas piernas se abrían.
El mayor se inclinó para besar sobre el vientre de su chico, subiendo a lo largo hasta llegar en medio de sus tetas, su lugar preferido para hundir su cara, amasó ambas con sus grandes manos sin gentileza, solo por el morbo de exprimir ambos globos hasta dejarlos marcados. Su boca envolvió uno de los endurecidos pezones y rozó sus dientes con intención de sacarle deliciosos gemidos al castaño, pronto comenzó a tirar de este, intercalando succiones tan fuertes como si esperara que algo saliera.
Kook amaba la estimulación en sus pechos, por lo que llevó una de sus manos a acariciar la cabeza de Taehyung, le dolía cuando este tiraba diligentemente sus pezones o los mordía pero amaba ser atendido, mas no estuvo preparado para cuando el mayor agarró con fuerza sus caderas para comenzar a embestir sobre él, aún con la ropa puesta, pero empujando su pelvis con rudeza para adentrar aún más el vibrador.
Gritó tirando del cabello azabache al sentir como Taehyung empujaba con más fuerza, como si quisiera hundir el juguete por completo en él, Kook sentía la tela de sus pantalones rozar su sensible flor, así como esa dura erección chocar en su centro, supo que se corrió al no aguantar el trato mencionado más el efecto del juguete vibrando en su máxima potencia entre sus entrañas, estaba sobreestimulado y por ello no necesitaba de mucho.
Taehyung gruñó, maltratando de inmediato el otro botoncito sin dejar de arremeter contra su chico, amando los sonidos lastimeros que este soltaba. Joder, si seguía así iba a cogérselo ahí mismo sin importar nada.
Se apartó bruscamente cuando estuvo a punto de mandar todo este juego a la mierda, y no debió ponerle tanto ver a su esposo con lágrimas resbalando por sus mejillas y los labios casi sangrando a causa de mordisquearlo, por lo que decidió guardar esa imagen para sí.
Sacó con desesperación un objeto alargado del estuche que yacía al costado, y sonrió con sorna ante los ojitos de confusión del castaño, quien aún se recuperaba del orgasmo con su tembloroso cuerpo, no le sacó el vibrador del interior pero si lo aminoró.
─ Esto es una fusta, cariño ─explicó con aparente paciencia, dejando la misma sobre su vientre─. Si haces algún ruido, mueves las piernas o te apartas la usaré para corregirte ¿de acuerdo?
─ ¿Co-corregirme…?
Taehyung se rio al notar la mirada asustada y de vacilación que le daba su chico.
— Así es, serán pequeños azotes que tú mismo vas a contar. Empezaremos con cinco en tu primera llamada de atención, y subiremos de diez en diez.
Jungkook tembló pero asintió con obediencia. Quizá no pensó demasiado en las consecuencias de sus actos al sentarse en el regazo de ese hombre. Pero ya está hecho.
Sus se abrieron en demasía cuando vio como su esposo sacó lo que parecía ser una lámina delgada de acero del estuche, junto con un frasco pequeño de vidrio que contenía tinta negra. Comenzó a agitarse aún más cuando este vertió la espesa tinta sobre la afilada punta de la lámina, y luego de dejar el frasco de lado posó esta sobre su muslo interior lo más cerca posible de su entrepierna.
Taehyung presionó la punta sobre la piel y por supuesto, como acto reflejo, Jungkook se movió evitando la punzada, demasiado asustado.
— ¡N-no!— Jungkook jadeó, pero todo rastro de queja desapareció cuando Taehyung le miró con dureza, dejando de lado la lámina para agarrar el objeto de cuero. Oh dios.
— Tú adoras ser desobediente ¿cierto? —el mayor sonrió con perversidad, acariciando su flor suavemente con el extremo de la fusta—. Las muñecas son disciplinadas, no se quejan. Cuenta los azotes, dulzura.
El castaño se sobresaltó cuando el cuero del objeto resonó con fuerza sobre su capullo, aquello le sacó un chillido por el dolor y la sensibilidad de la zona, más Taehyung le miró con severidad por lo que comenzó a contar con una voz ahogada por las lágrimas.
El resto de azotes se repartieron exactamente sobre el mismo punto, ocasionado que este enrojeciera en demasía por el maltrato de la piel casi rasgada. Sin embargo, Taehyung parecía satisfecho.
— Obedecer es sencillo, mi amor. Haz caso porque la próxima contarás hasta quince —advirtió con diversión, dejando la fusta para agarrar nuevamente la afilada lámina.
Taehyung se acercó hacia su muslo interno nuevamente, presionando la lámina sobre la suave y blanquecina piel, bajó en una línea prolija de aproximadamente dos centímetros con una presión necesaria para rasgar la piel a su paso. Jungkook retuvo sus jadeo de dolor así como trató en lo posible de no temblar cuando sintió el corte en su piel.
Taehyung se encontraba realizando trazos sobre la piel de su esposo con una sola finalidad. Marcarlo.
Entre la mafia cada acto, cada bien tiene un propietario. Y cada persona tiene su propio sello, irrumpir directamente con algo que es considerado como pertenencia de alguien más, es el más grande pecado. Especialmente si se es marcado con sangre, especialmente si se trata de Kim Taehyung.
Jungkook se sintió desfallecer ante el dolor infligido sobre él cada vez que su piel era rasgada, no tenía idea de qué era lo que su esposo le hacía pero trataba de mantenerse tal y como se lo había pedido.
O al menos intentaba, porque era imposible no gritar, maldecir, llorar e incluso tratar de apartarlo si parecía perforar las capas de su piel con cada pasada, los segundos se volvían eternos, y a pesar de que la longitud de los trazos no superaban los dos centímetros el castaño sentía que gran porción de su piel era rasgada.
Ni siquiera podía prestarle atención al vibrador funcionando aún dentro de él, no podía concentrarse en otra cosa que no fuera el dolor que le tenía llorando y de vez en cuando retorciéndose sobre las blancas sábanas.
Taehyung apreció con emoción brillando en sus ojos la enrojecida zona de su chico, su polla seguía tan erguida como hace minutos atrás, incluso mientras limpiaba la sangre que resbalaba en hilos por los cortes en esa tersa piel.
Se divertía aún si su castaño se portaba mal y lo azotaba sin consideración con esa fusta, llegando a golpear con la misma hasta que su esposo contó cuarenta y cinco azotes, los cuales repartió e intercaló entre su maltratado coñito, sus gruesos muslos, pechos e incluso en cercanías al corte que estaba realizando.
Taehyung amó la vista que su chico le entregaba al mostrarse destrozado, jadeante y con sudor extendido en su cuerpo, y espasmos que le hacían temblar. Sabía que su muñequita no le era indiferente cuando durante su último azote, Taehyung se encargó de pegar directo sobre su hinchado clítoris, y como respuesta además de los gemidos vio como Kook se corrió en un extenso squirt, derramando sus jugos sobre él y las sábanas. Kim nunca antes se sintió tan excitado.
Finalmente cuando terminó con sus trazos precisos, se alejó un poco para observar su marca. Y mentiría si dijera que no esta orgulloso, porque joder, la blanquecina piel estaba enrojecida en los al redores de los cortes tinturados de negro por la tinta, mostrando un claro texto de advertencia: “V’s doll” (La Muñeca de V), yacía en ese lugar llevándose la atención.
Taehyung cubrió con vendajes la zona luego de retirar la sangre que resbalaba levemente,todo ello bajo la mirada y los sollozos bajitos de su castaño.
— Esta marca es un recordatorio para ti y una advertencia para el resto de que me perteneces, Jungkook —habló con seriedad—. Eres de mí propiedad, mi muñequita. Y nadie más que yo puede usar tu cuerpo ¿entendido?
Jungkook asintió con rapidez, frunciendo sus labios en un puchero mientras extendía sus brazos hacia el mayor.
— Bésame, hyung. Te lo suplico, fui obediente.
El menor quería volver a ser tratado con amor y delicadeza, como hasta hoy lo había tratado su hombre en la cama, aprendió su lección y merecía ser recompensado.
Taehyung no vaciló al acercarse a tomar esos labios rosaditos que eran su perdición, fue un roce cuidadoso sobre los maltratados labios del menor, amaba perderse en esa boquita, enredar su le gua por la propia en una danza erótica cuando creaban chasquidos, buscando quererse aún más.
Pero Taehyung aún necesitaba follarlo tan mal.
Por ello, sin apartarse de los belfos de su esposo, bajó sus pantalones y bóxer, liberando su goteante erección que le exigía hundirse de inmediato en el coñito de Kook.
El vibrador le impidió hundirse en este, aún en su interior, Kook chilló en alto cuando Taehyung lo movió, más no lo sacó, solo lo apagó.
— TaeTae… quiero tu polla, por favor~
Jungkook no esperó que Taehyung extendiera su maltratado agujerito cuando se hundió por debajo del vibrador, por ello gritó terminando de lastimar su garganta. Nunca había sido penetrado por dos penes, por ende nunca tuvo tal grosor estirando su coñito y le dolía como la mierda. Prueba de ello fueron las uñas clavadas en la espalda de Taehyung.
El mayor gruñó, no esperando para comenzar a embestir con bestialidad en su esposo, siendo poco piadoso cuando con una de sus manos comenzó a mover el vibrador a la par de sus estocadas.
Era poco decir que Jungkook estaba resbalando entre las nubes de la cercana inconsciencia, porque estaba siendo tan estimulado, con todo el dolor provocado en su cuerpo usado al gusto de Kim Taehyung, el hombre del que se enamoró y al cual le pertenecía.
Se dejó hacer, de todos formas no podría luchar contra este hombre por lo que dejó que le follar a como solo él podía, sentía los golpes del vibrador así como el echo pene de su hombre entrando y alcanzando los puntos correctos para empujarle aún más hacia la locura.
Jamás podría arrepentirse de romper el compromiso anterior, nunca, por primera vez no repudoaba su suerte y posición social, porque amaba la sensación de pertenecerle a quien le había entregado todo lo que tenía para dar.
Por ello, entre jadeos y suspiros desordenados ambos alcanzaron un ansiado orgasmo, y Jungkook se derritió al sentir la esencia caliente y espesa de su cuerpo derramarse en sus entrañas, incluso apretó sus paredes vaginales al rededor de ambas longitudes para evitar que algo de su semilla escapara.
Taehyung jadeó en aprobación, con el rostro felizmente hundido en las esponjosas tetas de su esposo. Llevó una de sus manos hacia abajo para retirar el vibrador ante el gemido roto de su castaño, estaba demasiado inmerso en el interior caliente de su chico, quien parecía renuente a dejar ir su polla.
— Voy a limpiarte, amor.
Taehyung respiró con pesadez cuando abandonó ese delecioso coñito, y por supuesto, se detuvo a observar la obra de arte que era Jeon Jungkook, totalmente destrozado, con marcas rojizas y alargadas por la fusta en distintas partes de su cuerpo, así como su marca personal en el interior de su muslo, con las piernas levemente abiertas permitiéndole ver su usado coñito del cual desvordaban sus fluidos así como comenzaba a resbalar su propio semen.
Las sábanas eran un desastre de fluidos, sangre, e incluso tinta. Por lo que Taehyung las quitó sin más luego de limpiar el cuerpo de su esposo, cuidando su marca.
Ambos se acostaron debajo de nuevos cobertores, en un abrazo que señalaba el retorcido amor que ambos se tenían, pero amor después de todo.
— Soy tu muñequita, Taehyung. Soy para ti y de ti, también debe quedarle claro a todas esas que buscan algo contigo —Jungkook habló con seguridad a pesar del cansancio—. Así que diles a todas que ya tienes un juguete en la cama, no necesitas de otra hembra porque puedo atenderte bien.
Joder, Kim Taehyung haría lo que sea que le pidiera.









ME ENCANTÓ
maravillosa historia