Único
Dicen que uno de los peores dolores en la vida es el perder al amor de tu vida, pero Harry piensa que es peor ver como se consume frente a tus ojos.
Para Harry, Louis lo era todo, iluminaba sus días con una simple mirada o una sonrisa.
La simple presencia del de ojos azules y cabellos castaños, hacía al rizado regocijarse por dentro.
Ellos empezaron su relación hace algunos años, tenían solo diecisiete años, no sabían que era el amor, no sabían nada de la vida, eran almas puras con ganas de descubrir todo lo que la vida les tenía preparado.
Nunca contemplaron que la vida les tenía preparado un gran desafío, uno donde posiblemente uno de los dos, no saldría victorioso, uno donde alguno de ellos desistiría a mitad de camino.
Ahora, a sus veinticuatro años, Harry estaba tratando de sobrevivir a ese desafío.
Louis, su dulce chico, lleno de alegría y sonrisas, estaba consumiéndose poco a poco. No bastaba con descubrir al amor de su vida apenas con vida yaciendo en el helado piso de su habitación. Harry acababa de descubrir lo que realmente le había estado pasando a su prometido desde hace poco más de un año.
El chico castaño vivió el último año sintiéndose solo, no confiaba en nadie, ni siquiera en su prometido, creía que nadie lo entendía, que nadie estaría para él, así que decidió hundirse él solo.
Ya no sentía la alegría de la vida y las ganas de vivir habían desaparecido, su mente disfrutaba de torturarlo con cualquier recuerdo de su infancia, él creía que el simple divorcio de sus padres no afectaba en su vida, habían pasado tantos años desde ese acontecimiento, había tratado de superarlo, de enterrar todos esos momentos donde el terror inundaba su cuerpo.
Él creía que estaba superado, él estaba seguro de que ya no afectaba más, creía que en realidad nunca había afectado, creía que era fuerte y valiente por no derrumbarse en medio de la crisis, por haberse mantenido fuerte por sus hermanos y su madre, que cada día era consumida por una gran tristeza.
Solo tenía nueve años la primera vez que se levantó asustado en medio de la noche, escuchaba como lo llamaban, pero no era un llamado agradable, era un llamado con la voz casi perdida, una voz destrozada que era acompañada de grandes sollozos, gritos asustados.
La puerta de su habitación esa noche estaba abierta, y lo primero que vio al abrir los ojos y enfocar su vista en la habitación de sus padres, que quedaba frente a la suya, lo dejó sin aliento, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, sus ojos rápidamente se llenaron de lágrimas al ver como su padre intentaba ahorcar a su madre.
Preso del pánico, su cuerpo no se movía, no podía gritar o hablar, se sentía la peor persona. Su madre, esa persona que cada día atendía a sus hijos, jugaba con ellos, les hacía el desayuno, los llevaba a la escuela, esa misma persona con una gran sonrisa, estaba siendo fuertemente presionada contra la cama con dos grandes manos decorando su terso cuello.
No pudo hacer nada más que volver a dormir, tapándose los oídos para no escuchar los gritos.
A la mañana siguiente, ya no había ni rastro de su padre o de sus cosas, su madre lloraba desconsoladamente, sus pequeños hermanos estaban demasiado confundidos. Su madre nunca lloraba, era una persona llena de vida.
Louis a los diez años, tuvo que enseñarse a cocinar y a cuidar a sus hermanos de ocho y cuatro, tratar de cuidar de su madre.
Ella no se levantaba en todo el día, solo lloraba. No comía y mucho menos se preocupa por si sus hijos comían o tenían que comer.
Los primeros días fueron los más difíciles, poco a poco su madre se levantaba de la cama y trataba de poner una sonrisa en su rostro, pero ver a sus tres retoños no hacía nada más que producirle un gran dolor en pensar que no pudo darles un padre a sus hijos.
Su padre solo mandaba dinero al final de la semana, los fines de semana solían pasar el tiempo con su padre, pero Louis solo le guardaba rencor a ese hombre.
El tiempo pasó, sus padres después de divorciarse, arreglaron las cosas, su padre cambió para mejor, pero después de presenciar tantas peleas entre ellos, los gritos de sus padres solo le causaba una desesperación inmensa, encajaba sus uñas en diferentes partes de su cuerpo, se estiraba su cabello, se golpeaba la cabeza, solo pedía una vez y otra que se callaran.
El tener nuevamente a su padre rondando por la casa ya no le parecía normal, se volvió una persona insegura, solitaria, perdió toda confianza en sus dos padres.
Se sentía una mierda, en la escuela le iba mal, solía robar cigarros de su abuela y desaparecerse por las tardes, vagaba por las calles donde había demasiadas historias de hombres robando personas, solo pedía que uno de esos hombres lo encontrara y se lo llevara lejos.
Con el paso de los años, sus padres solo mejoraban su relación, sus peleas eran casi nulas, su padre parecía realmente arrepentido, se le veía un hombre totalmente diferente, más atento a su familia, pero su relación con sus padres estaba fracturada.
Las Navidades ya no eran felices, los cumpleaños solo eran días comunes, así fue hasta los diecisiete.
Conoció a Harry, un lindo chico de cabellos rizados, él fue esa luz que esperó en todos los años donde se sintió solo, en los días donde estuvo a punto de partir del mundo.
Se sentía correcto todo lo que Harry hacía en su vida, su familia adoraba al chico, se sentía feliz después de tantos años.
Irse a vivir juntos había sido lo mejor que habían hecho juntos, tenían solo veintiún años. Louis era un maquillador muy reconocido, había iniciado en el mundo del maquillaje a los catorce años.
A los veintidós, Harry le propuso matrimonio, eran una pareja feliz, viviendo una linda vida.
Un día, Louis no volvió a ser el mismo, de la nada, todos esos años lo golpearon en la cara, haciéndole recordar esa oscura época. Por supuesto que Harry estaba al tanto del pasado del chico.
Louis no quería hundir al rizado en su depresión. Su hermoso prometido estaba cumpliendo sus sueños, era alguien feliz, quería verlo superarse a sí mismo. Por eso decidió guardarse todo lo que lo atormentaba día y noche.
Que gran error.
Un año había pasado desde ese día que Louis no volvió a ser el mismo.
Harry siempre preguntaba por su estado, estaba preocupado, no sabía qué hacer, sabía que su chico estaba mal, su alegría ya no contagiaba como antes, ya no sonreía igual.
Harry llegaba a su hogar un jueves por la noche, estaba muy silencioso todo.
"Lou, llegué amor."
Nada, silencio.
"Cariño, ¿estás en casa?"
Nada.
Al llegar a su habitación, lo primero que vio fue a su prometido en un charco de sangre, estaba en el piso, lágrimas corrían por su rostro, su cuerpo era un ovillo y solo repetía algunas palabras en voz baja.
"H-Harry, l-lo siento mucho, y-yo n-no quería, perdóname" repetía y repetía Louis con apenas un hilo de voz.
"Dios mío!, cariño, quédate conmigo, vamos, no puedes dejarme, recuerda lo que hemos hablado" lágrimas salían como torrentes de los esmeraldas del rizado.
"H-Harry, yo... lo siento mucho, ya no sabía que más hacer, ya no aguantaba, necesita dejar ir todo esto."
"¿Qué has hecho?, no puedes abandonarme, estamos comprometidos, vamos a casarnos y vamos a adoptar a esos dos niños que tanto hemos querido, no puedes irte" Harry corría por la habitación buscando su teléfono, necesitaba llamar una ambulancia.
"Harry... yo te amo, quiero que seas feliz, que cumplas todos esos sueños con alguien más, ya.... no podía mantenerme a tu lado, mi vida se ha extinguido, no quiero que tú te consumas conmigo"
"¿Pero qué dices?, amor, tú eres la luz de mi vida, por favor quédate conmigo, la ambulancia no tarda en llegar, estoy aquí, no me dejes."
Harry ya no sabía qué hacer, solo podía llorar y abrazar el cuerpo casi sin vida de su prometido.
"Harry.... Prométeme que serás feliz, que no dejarás tus sueños, que sabrás salir adelante."
"Te lo prometo, solo no te vayas, por favor, te n-necesito, solo, resiste."
"Hasta aquí he llegado, no queda más para mí."
"No digas eso, no puedes irte, ¿A quién besare antes de dormir? ¿Quién cantara conmigo? ¿Quién cuidara de nuestros hijos cuando no pueda quedarme en casa?, te necesito". El rizado solo lloraba, no hacía nada más que sentir como el cuerpo que tenía entre sus brazos iba perdiendo fuerzas con cada respiración que daba.
"Te amo"
Esas dos palabras fueron las últimas que Harry escuchó del que siempre fue y será el amor de su vida.
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Querido Lou
Hoy hace nueve años dejaste este mundo, hace nueve años te llevaste mi corazón contigo, solo quiero decirte que lo logré.
Encontré a una persona que me ha hecho feliz, una persona que nunca serás tú, pero soy feliz con él.
No sabes cómo cuento los días para volver a verte, darte un último abrazo, decirte una última vez todo lo que te amo, desearía verte solo una vez más.
Todo aquí aún es triste, pero he sabido salir adelante, hubiera deseado que todos mis sueños se cumplieran contigo a mi lado, te escribo esta carta para contarte que en unos meses voy a casarme.
Esta es mi despedida, es tiempo de dejarte ir, aunque no quiera, te prometí ser feliz, me ha resultado muy difícil, pero si quiero serlo, debo dejar de escribirte una carta cada mes, es hora de avanzar, vendré a visitarte y te contaré como va mi vida, espero algún día traer a mis hijos a que te conozcan, sé que los amaras.
Te extraño mucho, espero verte pronto.
Te amo, Harry.
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Harry caminaba con una carta más, estaba yendo a ver al que una vez fue el amor de su vida. Habían pasado algunos años desde la vez que encontró esa última carta escrita por Louis.
Esa carta que guarda en lo más profundo de su corazón.
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Harry siguió con su vida, un año después de que Louis partiera, encontró una carta en el fondo del vestidor que alguna vez compartieron.
Mi amor, no sé cuándo estés leyendo esto, pero quiero decirte que te amo demasiado, soy un cobarde por hacer lo que estoy a punto de hacer, pero ya no puedo más, no puedo dejar que te apagues por mi culpa.
Perdóname por ser un estúpido, no mereces lo que hice, pero te aseguro que ya no podía más, quería seguir luchando por ti, eres lo mejor que me pasó en la vida, merecías que luchara por ti, pero un día no pude más, no me sentía yo, no podía dejar que tú abandonaras todo por tratar de ayudarme, mereces muchas cosas buenas y un final feliz.
Quiero que me prometas que seguirás adelante sin mí, que volverás a sonreír, quiero que encuentres a otra persona, que persigas tus sueños, yo te esperaré en la otra vida, prometo encontrarte en otra vida, pero mientras estés en esta, se fuerte, yo te esperaré, este no es el final de nuestra historia.
Te estaré esperando con los brazos abiertos y una gran sonrisa.
Quiero verte desde donde sea que esté y sentirme orgulloso de la persona en la que te convertiste, quiero que le sonrías a la vida y al amor.
Quiero que consigas esa casa que siempre has querido, que tengas hijos y una pareja a la que ames tanto como a mí, no quiero verte atado a mí. Seré un lindo recuerdo en tu vida, siempre estaré a tu lado, ayudándote a dar cada paso, estaré observándote y dándote ánimos para seguir, lo estás haciendo bien.
Te ama para siempre, Louis
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Un Mayo 20, Harry cerró sus ojos, su corazón dio el último latido.
No podía sentirse más vivo, fue recibido por la persona que le prometió unos brazos abiertos y una gran sonrisa, se sintió en calma entre esos brazos en los que no estuvo por años, solo existían ellos dos. Louis cumpliendo su promesa de encontrarlo en otra vida. Teniendo así, el final de su historia, una historia donde permanecerán juntos por el resto de sus días.
FIN