1. God, forgive me for all my sin
Yoongi nunca detestó realmente su trabajo. Era simple… ¿herencia? Algo en lo que había trabajado su padre y el padre de su padre y así hasta el primer Min, más o menos. Por lo que, desde pequeño, se había preparado mentalmente para servir a Dios en toda la extensión de su palabra y hacer sentir orgulloso a su progenitor por seguir sus pasos.
Y durante los primeros diez años de su vida, la idea de servir a una comunidad en extremo religiosa no sonaba tan mal.
Su padre se había encargado de lavar y manipular su cerebro infantil a punta de golpes y latigazos, para que su único hijo varón fuera un hombre fuerte y correcto que seguía al pie de la letra todo lo que la biblia dictaba. Y viviendo en un ambiente tan tóxico y lleno de maltrato hacia su madre por ser una zorra - simplemente por ser del sexo femenino -, Yoongi realmente había desarrollado una especie de rechazo hacia las mujeres.
Pero no un rechazo muy positivo que digamos.
Porque cuando Yoongi cumplió quince y fue transferido a una escuela típica, sus hormonas se alteraron terriblemente - ya que tenía más contacto con el sexo femenino que antes - y para su padre era simplemente intolerable. Yoongi tenía arraigado el pensamiento de que todas las mujeres que mostraban piel más allá de la rodilla eran unas jodidas putas, y bueno, las faldas de algunas de sus compañeras de clase apenas tapaban su culo, así que no podía evitar que el infantil y poco desarrollado pene se le endureciera dolorosamente bajo la tela del pantalón escolar y su padre lo castigaba, azotando y golpeando la rojiza polla de su hijo con la dura y grande palma de su mano, hasta que el niño llorando de dolor - ¿o placer? - le repetía a su padre que solo había sido débil ante las tentaciones del diablo, que las mujeres eran todas unas zorras necesitadas y que tuviera piedad.
Jodida mierda.
Sin embargo, cuando entró a la universidad las cosas se volvieron un poco más… relajadas.
Le costó horrores convencer a su padre de que era buena idea aceptar la beca que le ofrecía la universidad de Seúl, ya que todos los miembros de la iglesia encontraban pertinente que la educación de los jóvenes se llevara a cabo dentro de la misma congregación, para no “ensuciar” sus mentes con pensamientos pecaminosos…y blah blah. Pero Yoongi fue paciente y espero que la voz del padre celestial - que fue él mismo - convenciera al señor Min. Y lo logró.
Así que, pasar tiempo alejado de la comunidad, la iglesia y de su propio padre, le permitieron a Yoongi enfocarse en sus estudios y comenzar a desarrollar sus habilidades sociales como un sujeto normal. Y aunque en el transcurso de su carrera descubrió una que otra afición que lo apasionaba más que la religión - y por ende, su propia profesión - no pudo permitirse el gusto de probar cosas nuevas porque había sido parte del trato con su padre.
Aún así, no todo es estudio y dios en la vida, y Yoongi lo descubrió una tarde en la biblioteca, cuando un grupo de chicos y chicas le invitaron unas copas y fue la primera vez que se emborrachó y besó a una de sus compañeras, ignorando su preciado anillo de castidad. Pero no pudo simplemente eliminar la voz de su padre recriminando su egoísmo y falta de amor por dios por convivir con mujeres zorras, así que estuvo una semana entera metido en la capilla de la universidad golpeándose el pecho y pidiendo perdón por caer en la tentación.
Otra vez, jodida mierda.
Ser maestro de religión en una escuela primaria que rozaba el fanatismo religioso extremo, era simplemente un lugar ideal para desarrollar su profesión.
Yoongi estaba más tranquilo.
Logró abandonar su pequeño pueblo para encontrar un hogar en una nueva comunidad, igual de religiosa que la anterior pero al menos no tenía la feroz mirada de su padre entrometiéndose en cada una de sus acciones y podía cometer pequeños pecados - como comer un chocolate luego de las ocho de la noche - y nadie le recriminaría nada.
Además, su trabajo era fabuloso.
Sus niños y adolescentes eran bien instruidos, agradecidos de dios y todos portaban el mismo anillo de plata como alianza de su unión con dios hasta el día de su santo matrimonio donde dejarían, a diferencia de Yoongi, de ser puros y castos.
Min Yoongi había estado de acuerdo cuando le mencionaron uno de los requisitos de la institución educacional para obtener el trabajo; mantener la castidad por el resto de su vida. No era problema ya que se sentía demasiado orgulloso de cumplir con aquel mandamiento de la biblia que su padre le había recalcado una y otra vez, hasta el cansancio, lágrimas y sangre, la cicatriz en su dedo anular como recordatorio debido a que aquella alianza de plata había sido fundida prácticamente en su mano.
Y durante sus primeros cinco años ejerciendo como maestro, pudo sentarse a disfrutar de sus niños orando cada mañana sin problemas, pues eran terriblemente obedientes y seguían las predicaciones como pequeños corderitos blancos. Aquellos años de pensamientos inadecuados sobre las mujeres se mantuvieron en un lugar seguro y fuera de su conciencia porque ninguna de sus niñas entraba en el estereotipo que su padre había ayudado a crear sobre las mujeres, porque a diferencia de lo que el señor Min le había inculcado, las pequeñas alumnas eran devotas y virgenes.
Yoongi se sentía feliz y tranquilo.
Este año anunciaba ser igual o mejor que el anterior. Su grupo compuesto por veinte niños y niñas era simplemente maravilloso y Yoongi podía recostarse en su asiento mientras los pequeños realizaban sus labores religiosas y era perfecto.
Pero fue ahí cuando lo notó.
El pequeño y adorable hijo del pastor de la iglesia local era un ángel. Una criatura de cabello rubio y ondulado, un bonito rostro con una expresión inocente e ingenua, mejillas abultadas y con un precioso tono carmín que resaltaba en su carita cada vez que sonreía. Era simplemente un alumno intachable y con calificaciones perfectas, que amaba - desde el primer día de clases - tomar asiento frente al escritorio del profesor Min, pues era terriblemente aplicado y disciplinado, por lo que no se dejaba distraer como los demás adolescentes, porque eso eran finalmente; adolescentes.
Y a Yoongi le agradaba lo correcto que Park Jimin era.