Capítulo Único
Ambos sabían que, en unas horas, deberían retomar sus respectivas obligaciones; pero por ahora, se conformaban con sentarse, tomar un refrigerio y descansar.
—Espero que el jefe valore lo que estamos haciendo, empiezo a notar los achaques de la edad —dijo el siempre contento y bromista Sehun, mientras hacía crujir los huesos de su espalda.
Era un ángel caído que, tras una larga eternidad en las tierras infernales, había olvidado hasta el color verdadero del cielo.
Su hermano resopló, lo miró y negó.—¿Chanyeol?...Ese no valora nada, menos desde que encontró a su sensual compañero. ¡Un demonio necesita divertirse! Y este demonio lo único que hace es trabajar y trabajar. Estoy pensando en liderar una revolución…
El otro divertido chasqueó la lengua mientras negaba.—Lo que tú necesitas es un cuerpo caliente en tú cama que te alegre las tristes y frías noches que estamos teniendo últimamente. Podrías tomar a alguien, la Sala del placer está a tu disposición.
—No, gracias. Esos súcubos lo único que hacen es disminuir mis fuerzas. Sin contar que sus atenciones no me producen ninguna satisfacción. Están tan corrompidas y usados que... Lo que yo necesito es un alma pura, alguien a quien pervertir. —Relamió sus labios, gruñó y aspiró un aroma que sabía no debía estar ahí. ¿Acaso su Señor lo había escuchado?—. ¿Hueles lo mismo que yo o estoy soñando?
Su hermano ya se había puesto en pie y escrutaba cada rincón de la inmensa sala con intención de descubrir dónde se hallaba el invitado.
—Lo que yo sospecho es que acabas de lanzar una oferta que alguien al otro lado ha decidido aceptar, hermano.
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El día había sido una auténtica mierda. En realidad, el último año.
Luhan Xiao tenía treinta años, un futuro prometedor como cantante y actor pero.....estaba completamente solo.
Sabía que era el doncel más bonito del mundo, que su metro sesenta, su pelo y ojos castaños, su cuerpo delineado y su pecho pequeño llamaban la atención, pero.
¿Acaso no había justicia divina en el mundo?
Durante toda su vida, desde que tenía conciencia al menos, había deseado enamorarse y ¿qué había conseguido?
Un par de relaciones sin sentido, que lo habían devastado a nivel emocional y lo habían dejado completamente insatisfecho a nivel sexual.
«¿Es que solo hay hombres incompetentes en esta galaxia?»
Bajó del coche en mitad del campo, se acercó a una encina y le pegó una patada, tratando de deshacerse de su malhumor y frustración.
Cuando sintió el dolor recorrerle los dedos de los pies y subir por su tobillo suspiró, se detuvo y se dejó caer sobre el tronco.
—Sí , yo solo quiero a alguien que me haga pasar un buen rato. Algo que cuente. Sexo caliente y desenfrenado con un par de orgasmos. Tres , quizá. ¿Es que eso solo pasa en los libros? ¡Necesito encontrar mi liberación sexual! ¿Me oyes? —gritó asomándose y mirando el cielo—. Si estás ahí arriba... ¡haré cualquier cosa por un buen revolcón!—
El viento se levantó alborotándole el pelo y haciendo que volaran varias hojas a su alrededor.
Eso sin contar que juraría haber escuchado una risita. Ronca, perversa y muy erótica.
Se frotó los brazos sintiendo frío de pronto, durante un par de minutos. Después, no sintió nada más que la ingravidez seguida de la nada.
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Sehun y Sehūn se acercaron al cuerpo del doncel que había aparecido en medio de la sala.
Entre los dos cerraron todas las posibles vías de acceso, no querían invitados.
De alguna manera, alguien les había entregado un delicioso regalo.
¿Lo aprovecharían o lo dejarían pasar?
Los ojos rojos de su hermano estaban fijos sobre el cuerpo de el doncel y su roja lengua recorría los labios con la precisión de un depredador salvaje que sabía exactamente cómo procurar todo lo que aquella cosita humana estaba pidiendo a gritos.
Supo que el joven no tendría salvación, hecho que le hizo sonreír con aire perverso y complacido, mientras se inclinaba para buscar posibles marcas.
Si él había llegado allí, vivo como estaba, se debía a que algún demonio o criatura lo había dejado entrar en sus dominios.
Si era así, el ser al que perteneciera, lo habría reclamado como suyo y ninguno de ellos podría ponerle las manos encima; al menos si querían conservar cierta parte de su anatomía.
—No las hay —dijo Sehūn sin dejar de mirar a el joven. Su cuerpo estaba completamente listo para el sensual ataque—. No tiene dueño. Él es nuestro.
—Pero huele a…….¡El jefecito Baekhyun ha decidido colaborar! Aunque nunca hace nada sin motivo, quizá sea mejor que lo enviemos de vuelta a su lugar de procedencia.
—¿Qué más intención necesita que pagarnos por nuestro esfuerzo? Si el tacaño de Chanyeol no lo hace…. —inquirió Sehūn, descartando las posibles objeciones de su hermano.
El caído a menudo pecaba de tener ramalazos de conciencia y, en ese momento, después de la última jornada, ambos merecían tanto el descanso, como la deliciosa recompensa.
Sehun fijó su vista en el doncel sintiendo la propia respuesta física ante la gloriosa contemplación.
Sus atractivas alas, negras desde su caída, se extendieron en un acto reflejo a su espalda, haciendo añicos su camisa mientras su erección se erguía dispuesta, en toda su magnitud, para complacer a la inesperada visita.
—¿Nuestro? —preguntó con los ojos azules inyectados en fuego. Era una de las pocas cosas que conservaba, junto con sus extremidades aladas, de su época en el firmamento.
Sehūn asintió.—Nuestro.
El chico se removió mientras los hombres lo levantaban del suelo, le quitaban los zapatos y se deshacían, con una inmensa habilidad, de su traje de escenario.
Un gruñido complacido salió de la boca del caído cuando observó el conjunto de encaje rojo que cubría sus partes delicadas y elevaba unos redondos, firmes y pequeños pechos que su boca ansiaba probar.
El demonio se unió a él en su gesto de apreciación. Ambos estaban más que necesitados. Por eso, cuando el doncel abrió los ojos, lo ayudaron a erguirse pegándose a él sin dejarle apenas espacio para moverse o respirar.
—No te asustes, pequeño —lo tranquilizó Sehun, cuidaremos de ti. Solo queremos hacer que lo pases muy bien. Queremos escuchar tus gritos de placer.
—Si algo no te gusta, di infierno y todo se detendrá —explicó Sehūn mordiendo su cuello y dejando una pequeña marca allí, mientras sus manos se aventuraban hasta su cadera, jugando con los dedos en el borde de sus slips tirando hacia abajo de ellos.
—No me llamo pequeño —rechistó ahogando un gemido de placer con toda su anatomía tensa por la expectación.
Su cuerpo traidor respondía no solo al toque perverso del desconocido, sino también a su intensa cercanía y a la masculina excitación. Sus ojos se clavaron en los dos hombres sin entender cómo había llegado hasta aquella inmensa sala, llena de figuras jocosas y escasos muebles,..... en ropa interior.
Ambos lo miraban como si se tratara de su próximo almuerzo, enviando una descarga de pura energía eléctrica a todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo, especialmente, a las zonas más incómodas.
Podía sentir la humedad entre sus nalgas, mientras sus pezones reaccionaban endureciéndose ante las apreciadoras miradas. Sin querer, sus ojos vagaron sobre ambos observadores. Se sentía nervioso, pero no pensaba dejar que lo notaran. Su estabilidad mental y emocional dependía de ello.
—Entonces, ¿cuál es tu nombre, dulce sirena? —preguntó Sehūn—. A mí me pareces un seductor. ¿Qué dices, Sehun?
—Sirena, me gusta. ¿Qué opinas tú, chiquito?
El de las alas, Sehun si el otro hombre lo había llamado por su verdadero nombre, era guapísimo.
Tenía un rostro hermoso, un torso bien trabajado y unos apretados pantalones negros, que marcaban un trasero casi perfecto. Seguramente aquel espécimen, fuera lo que fuere, no tendría problemas para seducir a cualquier doncel o mujer que deseara.
El otro, por su parte, era un poco más bajo que el primero; su pelo claro y ojos rojo intenso, junto a sus rasgos guapos y su figura grácil y esbelta, lograban que no solo donceles y mujeres, sino también los hombres, se sintieran tentados de acercarse y ponerse a sus pies, deseando tomar todo lo que este quisiera darles; bien fuera bueno o malo, tierno o salvaje.
—Me llamo Luhan y no respondo a otro nombre.
—Es una auténtica pena, Sirena. Planeábamos hacértelo pasar muy bien —dijo Sehun apartándose de su espalda y disparando a través de cada minúscula célula del delicado cuerpo aquella sensación de soledad que conocía tan bien.
—No —gritó. Lo quería cerca, los quería a los dos.
Eran dos hombres hermosos en toda la amplitud de la palabra. Pura belleza y perfección. La de uno, tan clara como la luz, con cierto tinte de perversión; la del otro, con una profunda oscuridad que prometía hacer realidad todas sus fantasías más perversas. Y aún así, a pesar de saber que probablemente lo conducirían a su perdición, los quería. Aunque supusiera enfrentarse a todos los complejos y temores de tiempo atrás. Había pedido un buen polvo y aquellos dos lo-que-fuesen estaban completamente listos para concedérselo.
No pensaba perder aquella oportunidad, así que si querían llamarlo sirena...
—¿Responderás al nombre que te impusimos, Luhan?
Escuchar su nombre en la pecadora boca del caído lo hizo sentir un tirón entre sus piernas. La anticipación estaba matándolo, si alguno de ellos lo rozaba, aunque solo fuera un breve toque de sus dedos en la zona exacta, no podría contener su ansiada liberación.
—Sirena, Ciervo o hasta Rogelio. Por Dios... no me dejen así.
—No, Sirena —dijo entonces Sehūn—. No por Dios, si acaso por el infierno o incluso por Sehūn, si así lo deseas —sugirió con lascivia.
—Él es Sehūn, yo Sehun; demonio, ángel o hasta "eh, tú cabrón". Cualquier cosa sirve —añadió volviendo a ocupar su lugar desperdigando besos por sus hombros y pequeñas mordidas, sabiendo exactamente qué le estaba haciendo.
Luhan tragó saliva con dificultad, entregándose a ellos sin oponer resistencia. El tibio aire de la sala rozaba su piel desnuda y supo que, hiciera lo que hiciese, ellos lo someterían a su voluntad sin que les importara otra cosa que saciarse y saciarlo.
No habría ni mentiras ni falsas promesas, solo una inmensa cantidad de satisfacción y placer.
La cálida boca de Sehun probaba su espalda con una caricia sensual y cálida, descendiendo en un camino de besos hasta sus nalgas, donde se recreó, provocándolo a placer para culminar con un mordisco de amor y dejar su señal allí.
—Ahora nadie en el infierno, a excepción de nosotros dos, te podrá tocar.
El joven sintió entonces a Sehūn despojarlo de su ecaje y tomar su pecho en la boca, lamiendo y rodeando la excitada protuberancia, para finalmente succionarla y marcarla con las puntas de sus afilados dientes.
—Eres nuestro, para tu placer y nuestro deleite, Sirena.
Luhan se estremeció al sentir la húmeda boca en su pecho, lamiendo y mamando. Ninguno de sus anteriores amantes lo había hecho, no habían estado interesados en sus formas casi planas, pero aquel ser lo adoraba. Sus ojos brillaban con una necesidad y pasión abrasadoras, haciéndolo responder a él.
Estaba a punto de correrse y ellos seguían vestidos. No exigían nada de él, solo estaban ofreciéndose, alimentándose en él, haciéndole creer que aquello era todo lo que necesitaban.
—Sehūn —susurró entre dientes arqueándose hacia él, en una muda súplica.
Como respuesta, el demonio rozó con sus nudillos el otro pezón sin soltar el pecho que tenía mamando en su boca.
Luhan sintió la explosión incluso antes de que llegara. Toda la presión, la necesidad y el deseo empujaban en su interior hasta hacerlo colapsar en un orgasmo intenso que transformó sus piernas en mantequilla.
De no haber estado sujeto por aquellos dos fuertes hombres, ahora yacería despanzurrado y completamente saciado en el suelo, como un helado derretido bajo los potentes y calurosos rayos del sol.
Pero ninguno de los dos lo permitió, siguieron devorándolo. Sehūn mamando sus pechos, Sehun entre sus nalgas.
El caído separó sus nalgas exponiéndolo a él con descaro, lo contempló y se relamió los labios, gruñendo entre dientes con voz ronca.
—Glorioso. Sabroso. —Atacó su culo sin darle cuartel, degustó los fluidos producto de su orgasmo y recogió el prodigioso néctar con la lengua, devorándolo por completo, demorándose perezoso en su exploración.
Luhan no logró contener el gemido que escapó entre sus labios, pegándose más a su boca, colocándose de forma que quedará más expuesto a él.
—Por favor —suplicó. No podía esperar, no quería hacerlo. Quería más que su boca, lo quería a él, pero Sehun no estaba dispuesto a complacerlo; aún no.
Su dedo índice sustituyó a su lengua, que jugaba indolente en la delicada y empapada gruta que respondía ante ellos con devoción. La caricia experta no se detuvo al escuchar sus súplicas y gemidos, así como la boca de Sehūn continuó torturando sin pausa al arrebolado doncel, que ansiaba cada vez un poco más.
El demonio soltó su pecho para atacar su boca y beber de él sus gemidos. Tomó su mano y la llevó a su dura verga, que amenazaba con rasgar la ropa para meterse directamente en él.
Luhan no se hizo del rogar, lo acarició por encima de la áspera prenda sin dejar de responder al beso que le robaba el aliento y lo hacía desearlo con intensidad. Con habilidad, desabrochó el botón y bajó la cremallera buscando una ropa interior inexistente.
La verga grande, gruesa y dura cayó directamente en la palma de su mano. Apenas la podía abarcar.
Interrumpió el beso para mirarlo con la sorpresa clara en sus finos y delicados rasgos:—Eres demasiado grande...
—Soy un demonio —contestó él sin darle importancia, gruñendo al sentir su caricia; al principio tentativa, después segura y glotona—. Estoy así por tu culpa, Luhan.
Escuchar su nombre procedente de aquella boca perversa, junto a la caricia de Sehun, estuvieron a punto de catapultarlo al colapso de nuevo, pero de alguna manera ellos lo evitaron.
—Aún no, precioso —susurró el caído frotándose en su trasero, permitiéndole notar que ya estaba completamente desnudo y cómo su verga, caliente y dura, se preparaba para penetrar profundo en su interior.— Quiero tomarte por todas partes. Follar ese culo delicioso y apretado que tienes para mí, mientras Sehūn se clava en tu culo por delante y te hacemos gritar de forma salvaje.
—Aunque quizá... —dijo el demonio entonces— no deberías gritar. Hay muchos de los nuestros ahí fuera. Si te escuchan, intentarán unirse a la fiesta.
—¿Quieres que se unan, Luhan? —preguntó Sehun pronunciando su nombre con deliberada lentitud sin dejar de frotar su miembro en su trasero, llevándolo a la locura en un vaivén de sensaciones—. Una sola palabra tuya y dejaremos que vean lo caliente que estás y cómo gritas de placer mientras te marcamos como nuestro.
—Ninguno te tocará sin ser invitado —aseguró Sehūn. —Pero si los invitamos…
Luhan sintió la respuesta erótica de su cuerpo. Nunca había sido un doncel de orgías, pero aquellos dos lo estaban volviendo loco. No sabía qué le habían hecho, pero desde luego, algo. Porque estaba planteándose la posibilidad de aceptar y dejar que todos lo vieran; y porque estaba a punto de correrse otra vez, si nadie lo impedía.
Y aquello era demasiado para un doncel que nunca antes había tenido un orgasmo.
—Estás tan caliente que lo necesitas, ¿verdad? —preguntó Sehun entonces—. Solo con imaginar a todos esos demonios mirándote, masturbándose, mientras ven cómo respondes a nuestras caricias. Tu cuerpo empapado y deseoso de sentirnos bien profundo y clavados en ti al mismo tiempo…
No lo estában tocando, no lo estában estimulando, pero el mero roce de sus palabras en su oído, el sentir los ojos de aquellos que ni siquiera estaban allí presentes, lo hicieron ir más lejos del límite y colapsar en un sinfín de sensaciones que lo llevaron a gritar incluso con más potencia que la vez anterior.
Antes de que su orgasmo finalizara y los espasmos desaparecieran, Sehun se abrió paso en su trasero y Sehūn retomó de nuevo el ataque a sus pechos, apretando con su mano la de él para que no cesará de acariciarlo.
—Te has mojado, Sirena. Estás estrecho, cálido y delicioso. ¿Puedes sentirme? —gruñó Sehun en su oído mordiéndole la oreja mientras lo penetraba de forma completa haciéndolo contener el aire.
—Dios… nunca… —gimió entre dientes.
Era la primera vez que alguien lo tomaba de esa manera y aún así se sentía perfecto, como si lo hubiera estado esperando durante mucho tiempo.
—Nunca te han follado así antes, pero eso está cambiando justo en este momento.
Sehūn descendió por su cuerpo, mamo con intensidad sus pechos un par de veces más, haciendo que sus pezones excitados casi dolieran al perder la calidez de aquella boca masculina que lo estába volviendo completamente loco.
—Más —susurró—. Necesito más
—Más tendrás —gruñó el demonio llegando a su pene y bombeando observándolo empapado, jugoso y caliente—. Sangriento infierno, doncel. Chorreas.
No le dio tiempo a contestar, sino que trago su sexo mientras el caído lo poseía por
detrás embistiendolo una y otra vez, llenándolo y enviando mil sensaciones a cada rincón de su cuerpo.
Se sentía caliente y lujurioso, pecador, pero no quería que aquello terminara nunca.
Su cuerpo reaccionó a la boca experta del demonio en el instante en que la lengua raspaba en su piel y sus dedos torturaban su hinchado saco, ansioso de aquellas caricias que lo catapultaban al vacío, una caída que temía pero que necesitaba, incluso aunque su cerebro no fuera capaz de procesarlo.
—Déjate ir —susurró Sehun hincando su miembro de nuevo, permaneciendo en su interior un momento para dejarlo vacío después—. Danos lo que necesitamos de ti, entrégate a nosotros.
—Sí —murmuró entre dientes, tenía los ojos cerrados sintiendo incrementado su placer por mil.
Sehūn se apartó de sus piernas y lo miró. Sus ojos rojos brillaban con una intensidad abrumadora, su pecho subía y bajaba casi tan rápido como el suyo propio y su erección apuntaba orgullosa.
Sehun lo impelió a abrir más las piernas y entonces el demonio lo penetró, con una sola embestida, llenándolo y estirándolo, mientras el ángel caído se clavaba a su vez más profundo.
La presión de ambas vergas amenazaba con partirlo, se sentía lleno, como nunca antes se había sentido y, aún así, no quería que se detuvieran nunca. Un gemido de impaciencia abandonó su garganta y fue la única señal que los hombres necesitaron para iniciar el vaivén en su interior; uno entraba, el otro salía, en una marcha erótica sin fin que amenazaba con dividirlo en mil pedazos, cual cristal vibrante que no puede hacer nada por impedir tan devastador final.
—Abre los ojos —exigió Sehūn—. Quiero que veas quién está dentro de ti.
—Abre los ojos —añadió Sehun—. Debes ser consciente del espectáculo que estás dando.
Cuando Luhan miró a Sehūn y después a su alrededor, el orgasmo lo reclamó de nuevo, haciéndolo gritar con intensidad tan potente liberación.
Al menos una veintena de demonios los observaban mientras se acariciaban al contemplar cómo aquellos dos, sus generales, lo reclamaban como suyo.
Sehun se dejó llevar con él al sentir cómo el doncel lo apretaba, su cuerpo estremeciéndose contra su duro miembro, que ya no quería esperar más. Salió de él y terminó en su espalda, con un gruñido de gran satisfacción.
Los demonios que los rodeaban se acercaron un poco más, para tener una vista más cercana.
Sehūn expuso su trasero mientras seguía poseyéndolo, con toda la intención de catapultarlo por aquel precipicio de placer una última vez.
—Están viendo tu culo y cómo mi verga entra en ti —susurró con voz ronca en el delicado oído—.Se mueren por escuchar tus gemidos para correrse también. Canta para nosotros, Sirena.
Luhan sentía las duras embestidas del demonio que lo llenaba, lo estiraba y lo hacía enloquecer. No creía poder soportar aquello mucho tiempo más. Era demasiado intenso, demasiado exótico y perfecto.
¡No quería que terminara nunca!
Le clavó los dientes en el cuello marcándolo mientras lo montaba con desesperación. Sus sonidos de placer y jadeos repercutían en toda la estancia, mientras se dejaba llevar en aquella danza erótica sin final.
No iba a terminar nunca.
Cuando se corriera iba a exigir que lo reclamara otra vez.
Los gruñidos de todos aquellos que los rodeaban se escucharon mientras alcanzaban de forma secuenciada su liberación, llevando una corriente de exquisito placer a su cuerpo.
Sehun rugió satisfecho mientras su hermano hacía que Luhan culminara una última vez y Sehūn se perdía en su interior, derramándose profusamente en él, marcándolo y reclamándolo para sí.
—Mío, Sirena —proclamó tomando su boca en un beso devastador que dejaba clara su pertenencia—. Todo mío y de nadie más —terminó dejándolo en el suelo.
Sus pechitos expuestos subían y bajaban con rapidez, su respiración agitada y su cuerpo saciado lo hacían sentir adormilado, mientras el demonio lo atraía a su pecho.
—¿Sehūn? —preguntó. La somnolencia lo estába atrapando, sentía que no podía mantenerse despierto, le costaba demasiado mantener los ojos abiertos.
Sehūn habló a su espalda.
—Tu petición ha sido saldada, Luhan —pero su voz sonó lejana, casi como si estuviera al otro lado de una habitación abarrotada.
—La mía aún no —gruñó Sehun.
Fueron las últimas palabras que el doncel pudo escuchar.
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Luhan despertó en su cama de hotel solo.
Sentía el cuerpo pesado y adolorido, sus pechos, su agujero y pene tensos.
¿Habría sido solo un sueño?
Salió de la cama y se encontró completamente desnudo frente al espejo, su primer instinto fue cubrirse, pero le pareció ridículo, no había nadie más allí. Solo él, en la oscuridad de su dormitorio, frente al espejo de la puerta de su armario.
Suspiró y negó con tristeza.
“Solo fue un sueño” dijo al vacío de la habitación.
—Lo cierto es que no, Sirena —desmintió la voz de Sehun a su espalda, haciéndolo girarse con rapidez, hasta tropezar y casi caer al suelo.
Él se movió a la velocidad de la luz; pues de estar al otro extremo, llegó a su lado, atrapándolo y evitando que se hiciera daño—. No te asustes.
—No estoy asustado —contestó él con sinceridad pasando sus brazos por el cuello de aquel hombre, ansiando pegarse a él y reclamarlo para nunca más alejarse.
—¿No? —sonrió de lado y negó aleccionador—. Deberías estarlo, mi preciada y deliciosa Sirena. Soy un caído, un demonio.
—Me da igual. —Lo besó de nuevo, anhelando recrearse en aquel sabor que se había vuelto adictivo para él.—. Sabes como el chocolate, me gusta el chocolate.
—Tú sabes a fresas, a una mañana cálida de verano y a pureza —ronroneó el demonio con su voz perversa—. No soy bueno para ti, pero ya no podrás deshacerte de mí. Eres mío, te reclamé.
—¿Lo hiciste? Entonces, ahora yo te reclamo a ti.
La voz cálida del hombre repercutió en toda la habitación mientras lo llevaba a la cama y se sentaba con él.
—Sí, creo que eso es algo que fue hecho, aunque diré que me alegra escucharlo. —Acarició su rostro con dos dedos y sonrió—. Eres mío, ahora y siempre. Para tu placer y también el mío.
—¿Con Sehūn?
Los ojos azules del caido parpadearon un instante, volviéndose de un negro intenso, como el más frío vacío, pero de inmediato retornaron a su tono habitual.
—Si lo deseas —aceptó con una pequeña inclinación de su cabeza—. Aún así, me pertenecerás, solo a mí.
Luhan sintió un escalofrío al escuchar aquella declaración “me pertenecerás solo a mí”; algo lo arengó a aceptar sus palabras con un asentimiento y a besarlo de nuevo.
—Solo a ti.
—Para tu placer y el mío —añadió él.
—Así es —confirmó él.
—Por toda la eternidad —terminó—. Serás mío para siempre, para deleitarme en ti y que te deleites en mí, de las formas más lascivas de tu existencia y de las del más allá.
—¿Con testigos? —preguntó él lamiéndose los labios, sintiendo repentinamente la boca reseca.
—En ocasiones, quizá —aceptó Sehun.
—Sí —afirmó confirmando su aceptación—. Me parece bien la eternidad.
El caído se rió sintiendo cómo el pacto se cerraba entre ellos. Luhan no era consciente de lo que significaba hacer tratos con un demonio, pero pronto lo descubriría.
No había ni una sola pauta de rescisión en el contrato.
Él sería suyo para siempre.
Un compañero. Eterno.
“Mío” pronunció en su interior el demonio, un instante antes de aplastarla sobre la cama y proceder a demostrarle todo lo que había ganado con aquel escueto sí.
Fin…