Nuestra Introducción

Como cada noche, y después de terminar con sus trabajos de la universidad, comenzaba a escribir sus historias. Se perdía por horas, dándole forma a sus personajes, creando tramas interesantes, buscando las palabras precisas. Cuando lograba terminar un capítulo, venía la edición. Muchas veces terminaba agotado, pero amaba escribir y poder subir las aventuras que colmaban su imaginación.
Tenía que confesar, que, además, había otro motivo, uno bastante especial. Le encantaba cuando sus lectores comentaban, le ayudaba mucho, pero siempre esperaba las palabras de una persona en especial. En cada historia escrita, en cada párrafo muchas veces, estaba él, ”UnFanBoy“, haciéndolo reír y sonreír, llenando su pecho de calor.
En esos momentos, el lobo en su interior aullaba pidiéndole que buscara al dueño de sus más dulces fantasías. No sabía cómo hacerlo. Las posibilidades de que estuvieran en ciudades, países o incluso continentes distintos, eran muchas. Su maravilloso aroma a café se volvía denso cuando la pena lo embargaba y estaba consciente de que era una locura tener tal obsesión con un completo desconocido, pero él sentía algo que iba más allá de toda lógica.
Soñaba despierto por horas con conocerlo, pero, aunque tenía una gran imaginación, dolía no poder darle una figura concreta. ¿Sería mayor o menor que él? ¿Sería más alto? ¿Rubio? ¿Sería tan simpático como parecía en sus letras? Demasiadas preguntas que comenzaban a apagarlo.
Escribir estas historias, y subirlas a la plataforma más importante llamada ”WorldFic" con un seudónimo horrible que había elegido hace años, LTMW, era su mayor secreto. Le daba vergüenza admitir que significaba “Louis Tomlinson Word Magic”, pero no podía cambiarlo a esta altura. Era conocido por ese user.
Estaba seguro que su mejor amigo lo miraría extraño. aunque a veces dudaba: Liam es amable, abierto de mente, y su amigo hace diez años, pero sus miedos se hacen más grandes cada vez. No es lo que se espera de un alfa, que se supone debe ser frío y dominante. Lo criaron así y lo fue por mucho tiempo, hasta que descubrió que escribir era una especie de terapia. Se inscribió en la universidad para estudiar más y mejorar, a pesar de la oposición de su familia y poco a poco se dejó ir, descubriéndose en sus propios personajes. La necesidad de compartir todo lo que era, se volvía más importante cada vez.
Quería encontrar al omega de sus sueños, que no lo juzgara y que quisiera pasar horas con él mimándolo. Estaba seguro de ser un buen alfa. Quizás, tal vez, posiblemente, pudiera ser un poco bastante demasiado posesivo... Detalles.
Esa noche de domingo, se sentía especialmente cansado. Terminó de editar el primer capítulo de una historia que tendría cerca de 50. Su mayor obra hasta ahora, y que era auto biográfica. Lo subió a la plataforma, y lo anunció en el muro de su perfil. A los cinco minutos, varias notificaciones llegaron, lo que le pareció extraño, porque ya era muy tarde. Pero cuando vio que era su amor platónico, tomó una decisión que, sin querer, le cambiaría la vida. Le escribió un mensaje. Sólo esperaba que no se espantara, y así poder conocerlo un poco más.
"Hola UnFanBoy. Quería agradecerte los comentarios que dejas en mis historias, es muy importante para mí, y me ayuda a saber que te gusta lo que escribo. Tienes una maravillosa capacidad para involucrarte con los personajes. ¿Podría saber tu nombre? Soy Louis”.
Estaba nervioso. Su aroma se sentía por todo su departamento. ¿Estaba siendo un acosador? No podía saber, que sólo a 20 minutos de allí, un hermoso omega estaba ahogando un gritito agudo contra la almohada y suspirando por él.
“Hola Louis, soy Harry. Gracias a ti por escribir esas historias increíbles. Tienes mucho talento, y es increíble que te des el tiempo de agradecer a quienes comentamos. ¿Cuántos años tienes?”
El alfa botó el aire que tenía contenido, y sonrió. Esto estaba saliendo bien.
“Harry es un bonito nombre, tengo 23, ¿y tú? ¿Estás estudiando? ¿Trabajas? Yo estudio literatura en la Universidad de Londres. Es mi último año”
Se arrepintió un poco de mandar ese mensaje, porque podía verse un poco impaciente, pero no podía controlarse. Si de él dependiera, lo iría a buscar a cualquier parte del mundo, sólo para mirarlo. O pedirle matrimonio.
Harry estaba feliz y no feliz. Esto se estaba pareciendo a una de la historias que leía: el escritor que llenaba sus días con sus fantasías, y al que le había comentado cada punto de sus relatos, tenía su misma edad, y estudiaba en su misma universidad, la misma carrera que su mejor amigo.
¿Una broma?
¿Y si Louis era el típico estudiante engreído, popular y mal tratante, como los que había conocido?
Su corazón le decía que no. Su lobito todo tierno le pedía que creyera. ¿Debería arriesgarse?
"Tengo 23 también, y estudio Diseño Gráfico. Tengo que dormir ahora, me gustó mucho conversar contigo, y espero que actualices pronto. Buenas noches”
Era un mensaje muy contenido. No podía decirle que se juntaran a primera hora en la biblioteca y siguieran conociéndose como si nada. Debía hablar con Zayn, su mejor amigo omega también, inmediatamente. Aunque fueran las tres de la mañana, le envió un mensaje para encontrarse un poco más temprano en la entrada principal de la universidad.
**********
El amanecer de ese lunes fue distinto. Más brillante, menos frío.
Harry se bañó y peinó sus rizos. Una tenida casual, jeans azules y un cárdigan de muchos cuadros y colores, que le regaló su mamá en su último cumpleaños y que le daba suerte. Tomó su mochila y salió sin desayunar. Todo le daba asco esa mañana, estaba seguro que eran los nervios por saber que, en unos minutos, estaría bajo el mismo techo que su amor literario.
Cuando llegó, Zayn ya estaba allí, demasiado arreglado para su gusto. Todo de negro, con una chaqueta de cuero, y su pelo, parecía recién salido de la mejor peluquería.
—Explícame porqué me hiciste levantar tan temprano, maldita rata —dijo tratando de parecer enojado, pero fallando al sentir el abrazo de su mejor amigo.
—Primero dime por qué te bañaste. ¿Qué pasó para que te preocuparas de tu aspecto? —devolvió Harry, con burla.
—¿Se nota el cambio? —susurró apenas, tremendamente intranquilo. —Creo que me enamoré, —dijo mientras, sin querer, soltaba sus feromonas de solo pensar en el objeto de sus deseos.
—Estás apestando Zayn, cálmate. Me vas a dejar pasado a canela y sabes que no queda bien con mi olor.
—Lo siento, estoy nervioso, —empezó a respirar lentamente. Esto era nuevo para él.
—¿Quién es?
—Se llama Liam, estudia Periodismo.
—Quiero conocerlo, necesito saber cómo es el hombre que hizo que quisieras bañarte, —dijo riendo mientras lo abrazaba.
—No me molestes. Mejor ya dime qué te pasa.
—¿Hay algún Louis en tu clase?
—¿Louis perfecto y maravilloso Tomlinson? Todos conocen a ese genio. Es el mejor de la carrera, tiene un maldito cerebro creador, sin contar que medio equipo de fútbol está detrás de sus huesitos. ¿Te gusta?
—¿Cómo me va a gustar si no lo conozco? ¿Sabes si tiene novia o novio? —Tenía un horrible dolor de estómago, y estaba empezando a ver todo girar.
—No sé si es gay, tampoco si tiene a alguien. Siempre está solo, con el bendito teléfono. Le sonríe como si fuera lo mejor del mundo, —contestó. —Puedo averiguarlo si quieres, es el mejor amigo de Liam.
Ay no. Demasiada información, pocas horas de sueño, nada de comida y muchos nervios.
Se desmayó.
En ese momento llegaba Liam en compañía de Louis, querían compartir un café con Zayn antes de entrar a clases, pero cuando Louis vio la escena, algo pasó en su alma.
Se acercaron a los omegas, y mientras Liam calmaba a Zayn, aprovechando de abrazarlo y sentirlo, Louis se arrodilló y abrazó a ese extraño que le provocaba ganas de dejar todo de lado y quedarse así por días.
—¿Quién es? ¿Cómo se llama? —le preguntó a Zayn.
—Es mi mejor amigo Harry, —contestó Zayn, escondido, muy a gusto, en el cuello de Liam.
—¿Harry? ¿Estudia diseño Gráfico?
—Sí, ¿cómo lo sabes?
Pero ya no tuvo contestación, porque Louis estaba feliz, preocupado, nervioso y molesto. Les pidió que fueran por una botella de agua y alguna fruta, y se acomodó en el suelo, sin dejar de admirar al omega que encajaba perfecto en sus brazos. Sentía el ligero aroma a caramelo, y un millón de historias comenzaron a gestarse en su cerebro. ¿Habría encontrado, por fin, a su musa inspiradora?”
Estaba empezando a cuestionarse si estaba bien estar en esa posición con un chico desconocido, que podría asustarse o tomar mal su atrevimiento. Quizás debía dejarlo con Zayn, y sólo ser espectador. No alcanzó a decidirse, cuando Harry despertó. Estaba en los brazos de un alfa desconocido, el aroma a café lo tenía babeando. Miró al dueño de ese cuerpo que contenía al suyo, y ¡Dios! ¿Estaba muerto? Si no, mátenlo ya mismo.
—Hola Harry, soy Louis... ¿Cómo te sientes? —preguntó lo más casual posible.
Y el omega no podía hablar. Sólo miraba esos hermosos ojos azules y se imaginaba despertar cada día con ellos a su lado. Su lobito estaba encandilado también, disfrutando de todo el momento y todas las sensaciones que por primera vez conocía.
—¿Harry? —Insistió el alfa.
—Reacciona rata inmunda, —dijo Zayn, y al tratar de acercarse, recibió un gruñido que lo hizo temblar.
Liam, que también estaba ahí, estuvo a punto de empezar una pelea con su mejor amigo, por gruñirle a su casi novio, pero se dio cuenta de lo que pasaba. Tomó a Zayn de la mano, y se lo llevó a la cafetería, mientras le contaba de lo posesivo que podía ser su amigo. El omega sólo de escuchar el gruñido, había empezado a lubricar, sintiendo sus mejillas colorearse de vergüenza y su corazón acelerarse. El alfa al notarlo, no pudo sentirse más orgulloso.
—Harry, por favor, come esto, —dijo acercándole una manzana.
—Gracias por preocuparte. Lo siento, no tomé desayuno, —la timidez que siempre lo acompañaba, hacía su aparición una vez más. ¡Era tan fácil cuando era UnFanBoy!
—Está bien, —contestó, peinando suavemente sus rizos, y perdiéndose, él ahora, en los ojos verdes de Harry, en los movimientos de su definida mandíbula, y en su garganta cuando tragaba. Se estaba excitando y no podía permitírselo. No cuando recién se habían encontrado.
—Quieres que te acompañe a tu salón? ¿Prefieres quedarte descansando en la biblioteca? ¿O puedo llevarte a tu casa? —Preguntó preocupado.
—Voy a entrar a clases, tengo trabajos que entregar, pero no es necesario que me acompañes, —habló en un pequeño murmullo. Necesitaba estar solo y pensar en todo lo que había pasado.
—Claro que lo es. Vamos, te ayudo, —dijo, poniéndose de pie y sacudiendo sus jeans.
Harry era más alto que él, pero tan tierno y bonito, que estaba a punto de pedirle que lo dejara marcar. ¿Le importaría a Harry su estatura? Detalles, seguramente.
Lo llevó con su mano firmemente aferrada a su cintura, y en su hombro las dos mochilas. No sólo lo acompañó a la sala, si no que hasta el propio asiento. Lo ayudó incluso a buscar sus lápices. Se despidió con un beso en su mejilla, puso a mano una botella con agua y le pidió al profesor que lo vigilara, después de contarle que se había desmayado.
Si Harry alguna vez pensó que sabía cómo era un alfa posesivo, se había equivocado rotundamente. Louis era la definición de POSESIVIDAD, y por todos los santos que le gustaba, pero también lo asustaba. Apenas lo vio salir, tuvo que morderse la mano para no gritar. Su sueño se estaba haciendo realidad, pero le creaba conflicto que todo fuera tan rápido, sobre todo lo que su lobito sentía, y lo que su cuerpo gritaba.
Era él, su amor platónico, el hombre con el que llevaba soñando hace meses, el escritor que lo hacía levitar con sus historias, y que además era el alfa más atractivo, lindo, simpático, perfecto, precioso, increíble, maravilloso, y todas las características bellas del universo. Y lo había cuidado, y abrazado, y mirado, y sonreído, y...
—Señor Styles, ¿se siente bien o debo avisarle a su novio que venga por usted? —se acercó preocupado el profesor.
—¿Novio? —no estaba entendiendo.
—Sí, el joven Tomlinson. Dijo que vendría a buscarlo si lo necesitaba.
Su lobito dio un gritito agudo.
—Estoy bien, gracias. Perdón por la interrupción.
Esa clase y las siguientes siguieron sin problemas. Cuando sonó el timbre para almorzar, no tuvo tiempo ni de pararse de su asiento. Louis apareció a su lado, guardando todo, tomando su mochila y llevándolo a comer.
—¿Puedes parar? —Harry estaba confundido.
—¿Qué pasa? —Louis también estaba confundido.
El omega no sabía cómo estaba sentado frente al alfa, en la cafetería, que lo miraba como a la más bella obra de arte, con un almuerzo saludable en la mesa, sólo para él.
—Come, —dijo Louis con una sonrisa.
—No tengo hambre, —contestó. Era mentira, pero no estaba acostumbrado a esto.
—No te estoy preguntando.
Harry lo quedó mirando, sin poder cerrar la boca, indignadísimo. —No tengo cinco años y no eres nadie para decirme qué hacer, —pudo decir finalmente.
Y Louis se dio cuenta que estaba actuando como un loco y un tonto. Pero, ¿acaso Harry no sintió lo mismo que él? ¿No sentía esa necesidad de estar juntos y protegerse y cuidarse?
—Lo lamento, no quise incomodarte, —dijo poniéndose de pie y dejándolo solo.
Bueno, no tan solo. Le pidió a Zayn que lo acompañara, mientras él iba con Liam a tomar aire a los jardines de la universidad.
—Rata inmunda, ¿estás bien? —preguntó.
—No... ¿Puedes llamar a mamá para que venga por mí? —pidió.
—¿Qué pasa?
—No lo sé, todo me da vueltas, necesito estar tranquilo, quizás solo dormir un rato.
—¿Y con Louis? Pensé que no se conocían, pero él se comporta como el peor esposo posesivo y controlador contigo. Pienso que es un sicópata, pero Liam dice que sólo encontró a su destinado y no sabe cómo actuar.
—¿Destinado? ¿Yo? —Necesitaba su cama, y un abrazo de su mamá.
Y Zayn entendió que su amigo no estaba bien. Llamó a Annie, lo acompañó y ayudó a subir al auto. Volvió a entrar a sus clases, y vio la tristeza en los ojos de Louis. Eran un par de tontos pensó, pero ayudaría siempre si estaba en sus manos, se sentó a su lado y le dijo:
—Dale tiempo, sólo está confundido, pero van a estar bien. Harry es muy tímido y ha tenido muy malas experiencias, intenta ir más despacio.
Y Louis sonrió. —Gracias Zayn.
Una vez en su casa, Harry se acostó. Sentir su propio aroma, sus suaves sábanas y lo acogedor de su espacio le hizo bien. Se tranquilizó hasta lograr dormir, después de almorzar con su mamá.
Sus sueños estaban llenos de ese alfa que lo trataba como a un cristal. Lo extrañaba. Buscó su celular, y se dio cuenta de que había un nuevo capítulo en la última historia. Cuando terminó de leerlo, suspiró. Comentó como siempre, y unos minutos después, un nuevo mensaje.
—¿Pensarías que soy muy grosero, si te digo que sueño con escuchar tus grititos agudos en mi oído?
Y el omega en ese momento, en su cabeza, en su último sueño, daba el sí para casarse con él y ser marcado, y tener diez cachorros. Justo cuando empezaba a bajar las revoluciones, Louis hacía eso. Lo iba a matar.
Su aroma a caramelo era tan intenso, que su mamá fue a preguntarle qué pasaba y Harry se pudo desahogar, sin juicios, sin miedos. Y Annie le ayudó a entender que debía dejarse llevar, entregarse a sus emociones y creer que lo había encontrado. Todos sus sueños en un solo alfa.
Apagó el teléfono y se durmió, mientras su mamá le acariciaba el pelo y le cantaba una canción de cuna. Sí, era un pequeño niño cuando se trataba de su mamá.
Al día siguiente, decidió faltar a clases, aún se sentía muy cansado y no tenía nada pendiente. Se duchó y cambió su pijama, se sentó a desayunar en la cocina con Annie. Estaban conversando de un accidente que vieron en la televisión, cuando llamaron a la puerta. El omega abrió, olvidando que estaba sólo con una camisa de dormir con brillitos, que apenas cubría la mitad de sus muslos, y sus rizos en un moño alto. Lo recordó apenas vio la reacción de Louis en su puerta: Las flores que traía, un lindo arreglo de tulipanes blancos, en una bonita maceta de cemento pintada a mano, estaba en el piso, ensuciando sus zapatillas y los pies descalzos del omega.
—Mierda, mierda, mierda... —Lo miraba de arriba abajo una y otra vez. Harry completamente avergonzado, y su mamá muriendo de la risa.
—Espero que no sean las únicas palabras que sabes decir, —le dijo al alfa, que estaba encarnado hasta la última célula.
—Lo siento tanto. Soy Louis Tomlinson, encantado, —contestó con todo el esfuerzo del que fue capaz.
—Soy Annie, mucho gusto Louis. Espero, —dijo muy seria, —que nunca, nunca, dejes de mirar así a mi hijo, —se acercó a abrazarlo.
—Lo prometo, —fue toda su respuesta, más aliviado.
—Me encantaría quedarme con ustedes, pero tengo una hora al médico que no puedo posponer. Nos vemos más tarde, —dijo buscando su cartera y saliendo.
El alfa cerró la puerta, y se acercó un poco.
—Harry, necesito disculparme por ser tan obsesivo. Y también necesito limpiar este desastre.
—Esto es tan raro Louis. ¿No lo crees? Es como una de tus historias, —dijo buscando pala y escoba y dejando el piso impecable.
—Lo sé, —su voz más grave de lo normal, cuando se perdió en las largas piernas del omega.
Harry en un acto reflejo se echó hacia atrás, chocando con la pared y mostrando sin querer, unas lindas bragas rosa pastel.
El aroma a café lo golpeó, y supo que estaba perdido. No quería arrancar de lo inevitable.
Cerró los ojos, intentando no pensar, pero nunca imaginó que sentiría las manos del alfa abrirse paso entre su camisa, hasta tocar la piel de su cintura.
—Mírame omega, mírame siempre, —demandó.
Se estaban reconociendo, encontrando detalles únicos en las facciones del otro, aprendiendo la historia de sus cicatrices y la ciencia de sus emociones.
Harry tomó la iniciativa, y se acercó a Louis, muy despacio, sólo para morder su labio inferior, y luego esperar su reacción. La respuesta llegó en forma de caricia en su pequeña y adorable pancita. Un beso en la nariz de botón del alfa, significó sus uñas raspando delicadamente su espalda. El omega escondiendo su rostro en el cuello de Louis, y este besando su pelo. El ambiente era perfecto, sus aromas mezclados eran deliciosos en un nuevo nivel. Sus ansias los estaban enloqueciendo.
—¿Vas a darme tus grititos agudos ahora, omega?
Y sus piernas temblaron. —No, no lo haré, —contestó, tratando de no gemir. No podía ser que cayera tan rápido.
Fracasó rotundamente cuando las fuertes manos de Louis apretaron sus caderas y lo movieron, frotando sus miembros en un doloroso vaivén.
—Quiero que entiendas que eres mío, —dijo besándolo, por fin, sin dejar de chocar sus cuerpos. Sus lenguas en una lucha de poder, que ganó definitivamente Louis, recorriendo y saboreando todo a su paso.
—Soy tuyo alfa, todo tuyo, —y ya no podía hablar. No quería hacerlo tampoco.
Las manos de Harry tirando la ropa de Louis, hasta sacarla, y tocándolo por todas partes, besando donde pudiera, mordiendo despacio sus hombros y su cuello. Las manos de Louis, apretando hasta marcar de rojo toda su piel. Poniendo su boca en cada parte que tenía a su disposición, reclamando su propiedad.
Y fue entonces, que el lobo de Louis y el lobito de Harry, se desconectaron, molestos. El omega fue el primero en sentirlo, pero el alfa lo entendió. Se separó del cuerpo caliente de su omega, y respiró profundo.
—Lo siento, no está bien, —dijo tratando de mantener la cabeza fría.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó, sin entender.
—Eres mi omega, te mereces más que esto, —contestó.
Lo abrazó y besó despacio. Se vistieron en un silencio extraño, pero no del todo incómodo.
—Ojalá algún día puedas entender lo que significas para mí, —dijo tomando sus manos. —Sé que todo lo que ha pasado ha sido muy intenso, y no muy fácil. No te imaginas todo lo que pasaba por mi cabeza antes de conocerte. Leer tus comentarios en mis historias arreglaban cualquier momento malo, me hacías sentir acompañado, alegre. No poder darte un rostro me estaba desesperando, apagando. Te vi en el suelo, con Zayn, y supe que era tú, no sé cómo, pero algo en mi interior me gritaba que eres el omega de mis sueños, de mis historias, de mi vida...
—Te entiendo, te entiendo porque me pasaba lo mismo. Leerte era estar más cerca de ti. Pero tuve miedo, y mi cuerpo no supo reaccionar. Sé que eres mi alfa, pero que todo haya pasado tan rápido me descoloca. Apenas nos estamos conociendo y ya casi terminamos en la cama.
—¿Te molestó eso?
—Sí. No... —suspiró. —Un poco, es difícil de explicar, —dijo sonrojándose.
—Me gusta verte así, con tus mejillas coloreadas. Eres el omega más bonito de la tierra.
No estaba ayudando a calmar el ardor de la cara de Harry, pero le encantaba.
—Voy a ir a cambiarme, ¿me esperas?
—No, te acompaño, —dijo el alfa. —Quiero conocer tu habitación.
—Sabes que no me voy a escapar y que esta es mi casa, ¿verdad?
Pero Louis no contestó, solo caminó buscando la habitación. Era muy acogedora y olía tan bien, que el alfa estaba a punto de descontrolarse otra vez.
—Voy a darme otra ducha y vuelvo. Espero que puedas esperar aquí, —dijo un poco molesto el omega. Su lubricante se pegaba en sus rodillas y había sudado un montón.
—Sí, te espero, —contestó sonriendo.
Se dedicó a recorrer el lugar. La cama era grande y suave. Algunos accesorios, como anillos, collares y pulseras, en un pequeño joyero. Todo ordenado. El clóset era bastante grande; lo abrió y vio una cantidad de ropa impresionante. Le gustaba todo lo que veía: camisas, poleras, chaquetas, abrigos. Sólo estaba siendo curioso. Hasta que llegó a un cajón que tenía delicadas prendas, una de ellas, una falda blanca, que parecía de cuero. La boca del alfa se secó, y en medio de sus piernas estaba doliendo. Lencería femenina de todos colores, de encaje, con transparencias...
Necesitaba ver a su omega con esas pequeñas ropas, ojalá dentro de los próximos cinco minutos. Comenzó a pasar las prendas por su cara, mientras su mano derecha tocaba su dura erección por sobre el pantalón. ¿Estaba siendo muy pervertido? ¿Detalles?
Harry en el baño, a punto de salir, sintió el olor intenso del café, y mordió su labio. Estaba seguro de que ahora sí no podría escapar de las garras de su alfa y no quería hacerlo. Su lobito estaba feliz con la cercanía del alfa, y había llegado el momento de aceptar que estarían juntos para siempre, lo creía con cada parte de su ser.
—Louis, ¿quieres salir a tomar algo? —preguntó inocentemente, apretando con fuerza la toalla que lo envolvía.
—No. Quiero verte con esto, —dijo con la voz ronca, los ojos oscurecidos, y la falda apretada en su mano.
—¿Estás bien? —Verlo así era demasiado caliente. ¿Cómo sería en celo? Esperaba saberlo pronto.
—Póntela. Ahora, —demandó.
Harry tomó la falda, y otras prendas de su closet. Volvió al baño, y en menos de un minuto volvió.
Llevaba un bralette, bragas y medias a juego. Parecía un ángel. Sus rizos caían suaves, sus mejillas encendidas, sus manos detrás de su espalda.
—Por la santa mierda Harry... ¿Cómo puedes ser real? Ni siquiera en mis sueños podría haberte imaginado tan perfecto. Jamás podría describir con palabras la belleza de tu piel, o lo profundo de tus ojos ni tampoco el camino sinuoso de tus piernas ni lo majestuosa de tu espalda. Déjame amarte como lo mereces... —Era más un ruego que una petición, y así lo entendían.
—Soy tu omega, somos destinados, quiero estar contigo, quiero todo lo que puedas darme. Sólo... no me lastimes ¿Por favor?
—Nunca lo haría, no intencionalmente. Lo prometo.
Se arrodilló frente a su omega, por detrás. Sus manos amasaron el trasero firme y bien definido, que estaba mojado ya de lubricante. Como la persona más sedienta del mundo, bebió de su entrada por largos minutos. Era un sabor tan excepcional, que lo mantenía en un trance de placer. Poco a poco incluyó sus dedos, preparando despacio a Harry. Su lengua era una traviesa cuando de provocarlo se trataba. Era fuerte y tan caliente, que el omega era un lío de gemidos.
Nadie lo había hecho sentir así, nadie le había dedicado tiempo a su cuerpo. Sentía el deseo de su alfa en cada lamida, en cada apretón de sus firmes manos, en cada mordida a sus muslos, en cada caricia que le daba con su nariz, recorriendo todo lo que pudiera alcanzar.
Cuando Louis sintió que no estaba aguantando, se puso de pie, y besó mucho los labios de su omega, contándole una historia nueva. Se desnudó rápidamente, pero a su omega lo quería así, para siempre así.
Lo acostó y pasó su lengua por su cuello y por su pecho. Mordió sus pezones por sobre la tela, y llenó de besos sus hombros. Muy lentamente empezó a entrar en él. Las manos de Harry se aferraban a su espalda, y trataba de esconder su rostro en el cuello de su alfa.
—Sí alfa... así... así... sí... así...
Y Louis sonrió cuando empezó a ser más rápido y a llegar más profundo, y los grititos agudos de su omega llenaban sus oídos de cantos de placer. Quería escuchar eso, siempre, cada día. Y también quería ver para siempre la cara de su omega cuando estaba a punto del orgasmo. Se volvía pálido, casi fantasmal, pero transmitiendo luz y dulzura al mismo tiempo. Único, como todo en él. La máxima fragilidad fundida en la fuerza de su deseo.
Escribiría sobre lo delicado de su cuello, y la forma esponjosa de sus labios; contaría de su sabor dulce y llamativo, y de la suavidad de su silueta. Con detalles diría el número de lunares y pequeñas cicatrices, y con fervor describiría la hoguera de su interior. La inspiración que vivía en su mente, encontró un nuevo hogar en los más bellos ojos verdes. Estaba tan perdido mirándolo, que no se dio cuenta cuándo habían terminado. Sus cuerpos seguían unidos, el nudo hinchado y su omega temblando ligeramente, recuperándose de la intensidad de su clímax.
—Me cuesta creer que estamos juntos, por fin, —dijo emocionado.
—Lo sé alfa, ¿me besas? —pidió con lágrimas en sus ojos, haciendo que el alfa protector saliera una vez más.
—¿Qué pasa? ¿Hice algo mal? Dime, —contestó nervioso.
—Sólo bésame y abrázame, no me dejes, no me dejes ahora...
Y el corazón del alfa se rompió un poquito. Nunca quería ver triste a su omega, y si estaba en sus manos, no pasaría jamás. Lo besó mucho, por toda su cara. Acarició su pecho, lo abrazó. Le dijo palabras de amor, incluso le cantó. Pero nada parecía ser suficiente, hasta que una idea apareció. Lo acomodó en su pecho, y empezó a crear un cuento. El omega iba comentando cada parte. Lo mismo que los unió a través de una plataforma de internet, ahora lo estaban haciendo en persona. Juntos.
El mismo día que pudieron mirarse por primera vez, decidieron no volver a separarse. Conocieron sus miedos y sus cuerpos y crearon una nueva rutina que se convertiría en su favorita de ahora en adelante.
Porque no podía existir algo mejor que encontrar a esa persona que comparta tus locuras, y que las disfrute con tu misma intensidad.
Leerían, inventarían y al mismo tiempo, vivirían su propia historia.
