DEAL
交易
Jungkook estaba desesperado. Él necesitaba un aumento sea como sea. Y lo conseguiría a cualquier costo.
Por eso estaba vestido de esa forma: tan provocativo. Esa camisa de 'trabajo' traslucía sus erectos pezones debido a su nerviosismo y miedo, mientras que su minifalda con las justas y le llegaba hasta las nalgas, apretándose con fuerza por debajo de esos redondos glúteos bien firmes. No llevaba alguna braga puesta. Él simplemente había optado por lo más fácil.
Iba a seducir a su jefe.
Porque parecía que por más que se esforzara, nada hacía que su mísero salario aumentara ni siquiera un mínimo y eso lo frustraba. ¿Qué más debía hacer para ganar su merecedio aumento? Si desde que llegó a esa empresa como secretario general pasó a ser el secretario personal del jefe, y su salario no ha aumentando en mucho que digamos.
Aunque, eso no era todo. Pues desde que ingresó a la empresa, su jefe lo había estado observando mucho, en algunas veces comportándose de forma coqueta y en otras insinuandose. Jungkook debe admitir que le costó negarse pues, no quería serle infiel a su esposo, pero últimamente su relación ya no va bien y él necesitaba sacar su frustración sea como sea. No importaba si debía tener sexo con otro hombre, qué más da. De seguro su esposo hacía lo mismo.
Suspirando de forma temblorosa, Jungkook observa hacia los costados del pasillo. Todo se veía solitario. Aunque era de esperarse. Él estaba en la última planta, dónde era la oficina del jefe. Nadie subía a ese piso a excepción de que fuera una emergencia o algo similar. Solo Jungkook y el gerente habitaban ese piso, desde hace tres semanas, durante seis días, por trece horas.
—Bien, yo puedo hacer esto —se dijo, intentando calmar su nervado cuerpo. Y también excitado. Porque por alguna extraña razón su coñito había empezado a mojarse, y él no sabía por qué. —Yo puedo hacer esto. Voy a conseguir ese aumento.
Exhalando el aire que había acumulado, acomodó su atuendo antes de tocar la puerta, recibir el permiso e ingresar en la habitación.
Su jefe se encontraba sentado sobre su silla ejecutiva, al parecer terminando de guardar un par de documentos. El escritorio estaba casi vacío.
—¿Qué se te ofrece, Koo? —Dijo el hombre, que no lo miró en ningún momento.
Jungkook carraspeó, hablando un poco entrecortado. —O-oh, pues... Verá, uhm... Señor, ¿recuerda que hace unos días le hablé de un aumento? —cuestionó de forma cautelosa, cerrando la puerta detrás suyo, poniéndole seguro pues sabía que su vestimenta no pasaría desapercibida por el hombre y que su jefe la tomaría allí mismo, en esa oficina.
El hombre levantó la mirada, quedando prendado en la vestimenta de su atrevida secretaria. Sus ojos se oscurecieron de lujuria, los documentos que tenía en la mano dejaron de tomar importancia, tirando el folder hacia algún lado. Por dios, el señor Ahn siempre soñó con eso: que Koo llegara a su oficina un día dispuesta a dejarse follar.
—Debo suponer que estás aquí por eso, ¿no? Tu aumento. —El jefe no quitaba su vista de esos grandes senos. Que buenos se veían, siempre lo supo.
—Uhm, así es, señor. Y, si me permite, yo-
—¿También debo suponer que estás aquí, vestido de esa forma, y sin ningúna otra prenda más bajo tu ropa, porque has optado por una opción más fácil que solo convencer a tu obstinado jefe? —Dijo, parándose para caminar por delante del escritorio, apoyándose de espaldas sobre este, mirando intensamente a su secretaria.
Jungkook tragó saliva difícilmente.
—O-oh, señor... Yo, yo no... —quiso negarlo, pero el hombre tenía toda la razón.
Estaba ahí para seducirlo.
—Silencio. —Ordenó de forma dura. —Si vas a mentir mejor cállate, puta. —El hombre gruñó entre molesto y excitado. Koo tuvo que reprimir un gemido de, ¿exitación? ¿Qué demonios le estaba pasando? Aturdida, vio como su jefe se acercaba de forma lenta hacia él. —No mientas, pequeña Koo. Estás aquí para que te folle, ¿verdad? —Sonrió de forma perversa una vez estuvo delante de su secretaria, acariciando de forma suave el mentón de Jeon, su piel era muy suave.
Jungkook miró a su jefe con temor, le sorprendía que su cuerpo no temblara por lo mismo, sino de placer. Así que se llevó otra grata sorpresa al sentir su conchita toda mojada, lubricando sin cesar al aire, su entrada apretándose a la nada pero ansiosa de que algo la llenara.
Y mierda, él también ansiaba ser llenado.
La secretaria ahogó un gemido, viendo cómo su jefe disfrutaba de verlo de esa forma. El señor Ahn sonreía tan petulante, inclinándose sobre su cuerpo y apresándola sobre la puerta cuando Koo ni siquiera creía poder seguir de pie. La mirada de su jefe era tan intensa que le estaba costando mantenerla. Y estaba tan perdido en esa pequeña batalla de miradas que no se dio cuenta de en qué momento uno de sus erectos y sensibles pezones habían sido presionados sobre la tela, arrancándole un gemido para nada suave o discreto.
—A-aahh —se retorció, disfrutando del roce y la forma en cómo le apretaba el pezón. Su jefe sonreía, tocándolo cómo quería.
—Hum, así que sí viniste para que te follara —murmuró con mofa, destrozando los botones de esa camisa, rebelando esas grandes tetas que se encargó de apretar y mover, al final succionando con fuerza, haciendo que su secretaria gima a la vez de lo excitada que estaba. Jungkook había resultado ser más fácil de lo que esperaba.
—Ah, ahhhh, señor Ahn —Jungkook se arqueó, levantando más su pecho para que el hombre succionara mejor, estaba amando cómo su jefe le mamaba sus tetas. Incluso tuvo que admitir para sus adentros que lo hacía mejor que su estúpido e inútil esposo.
Mientras tanto, su jefe seguía succionando con fervor, pronto llevándose una grata sorpresa un par de succiones después. Koo lactaba. Y cómo le encantaba la idea de alimentarse de la leche de su linda chica.
—¿Estás embarazada? —Preguntó después de haberse alejado con mucha dificultad de esas deliciosas tetas.
—¿U-uhm? ¿Ah? —Su secretaria lucía perdida y jodidamente exitante. Tenía sus pezones erectos mientras pequeñas gotas blanquecinas se escapaban de sus protuberancias dilatadas.
—¿Estás embarazada o no, Koo? —Cuestionó de una forma menos amable. Deseaba tanto saber si estaba en cinta, para ver cómo conseguía adueñarse de no solo su sexy secretaria, sino también de ese posible bebé.
—O-oh, no. No. Suelo tomar hormonas para lactar. A mi esposo-
—No estamos aquí para hablar de su esposo, linda —le interrumpió, pegando más el cuerpo de la chica contra la puerta, escuchándola gemir al apretar otra vez esos grandes senos mientras su rodilla tenía contacto con la desnuda vagina por debajo de la falda, alzando ésta en el proceso. —Tú estás aquí para que yo te folle, ¿no es así? Y a cambio de que yo te folle, prometo hacer un acuerdo para subirte ese sueldo. ¿Qué dices, preciosa? —Murmuró en el oído de Koo, mordiendo el lóbulo de su oreja, su mano abandonando una teta para desplazarla hasta la mojada vagina de su secretaria, sintiéndola tan húmeda al tocar sus pliegues.
Koo gimió, arqueándose. Solo quería ese sueldo y ser follada, nada más. Así que Koo lo aceptaría.
—Mmm, s-sí, por favor. Fólleme, señor Ahn.
Y su jefe vio eso como una luz verde.
—Oh, por supuesto que lo haré, bonita. Te follaré y llenaré de mis hijos.
Entonces se besaron de forma brusca, Koo gimiendo en medio del beso, sintiendo cómo el hombre le alzaba la falda, arrastrando su débil y exitado cuerpo hasta reposarlo sobre una esquina libre del gran escritorio.
Koo intentaba seguirle el beso a su jefe, acariciando esa ancha espalda por encima de esa molesta camisa. Sus tetas rozaban la tela, haciendo que sus pezones se erizaran y le enviaran varias descargas eléctricas por todo el cuerpo de forma agradable, que al final terminaban en su vulva.
—Ahhh, señor Ahn —volvió a gemir, sintiendo al hombre embestir en falso sobre la ropa, sintiendo ese duro bulto contra su conchita empapada de sus jugos, lubricando tanto por su excitación y ansias de ser llenada. —Fólleme —rogó de forma patética, sollozando. —Por favor, fólleme —dijo, alzando las caderas para frotarse con más fuerza contra esa 'carpa' entre los pantalones de su jefe, rodeando las caderas del señor con sus piernas, pegándolo más contra su zona.
Para tener 50 años el señor Ahn no la tenía nada pequeña. O al menos eso parecía.
—Oh, nena, voy a follarte, ¡sí! —tomó las caderas de su secretaria, embistiendo con fuerza aún con la ropa puesta.
—¡Señor Ahn! —Koo gimió, sollozando. Aquello había sido tan rico. —Oh Dios mío, por favor, por favor. Solo... Usted solo... Fólleme, uhm.
Su jefe se frotó un poco más, disfrutando de cómo esa sucia concha mojaba su costoso pantalón, importándole poco. Era un orgullo para él llevar los jugos de su secretaria en su entrepierna adolorida. Pero antes de sacar su polla y follarla salvajemente, él decidió probar ese coño gordo y ansioso. Deseaba tanto comerse la conchita de Koo desde el primer día.
—Cariño, primero déjame probar de tu coño y luego prometo follarte, querida.
—Sí, sí, sí —asintió desesperada, llegando hacia la esquina del escritorio, apoyándose en el borde mientras veía a su jefe agacharse lo suficiente para poder comer de su empapada conchita.
—Recuéstate sobre la mesa, Koo.
Ella siguió la orden, gimiendo levemente al sentir a su jefe soplar sobre su sensible vulva. Y en pocos segundos, él ya tenía la boca de su jefe comiendo duramente de su clítoris rojito.
—¡Ahhhhhh, señor Ahn! —Empujó sus caderas hacia arriba, sintiendo al hombre chupar con más fuerza. —¡Mierda, sí, así por favor! ¡Mmm, qué rico! —Se arqueó, su clítoris siendo apretado por dos dedos, su jefe lamiendo sus pliegues y chupando, bajando su lengua hasta que dio con su entrada que no dejaba de soltar lubricante.
El señor Ahn lamió, metiendo su lengua poco después. Koo se arqueó, apretando sus tetas, jugando con sus pezones que derramaban leche, mojándola en el proceso. Pero nada de eso le importaba en ese momento cuando tenía a su jefe comiéndole el coño y follando su entrada con esa lengua experta.
—¡Sí, sí, así, qué rico! ¡Ohhh, mierda! —Gimió, viendo al hombre mover con ímpetu esa boca sobre su concha, chupando en el proceso. Koo se arqueó, trabajando en sus tetas, sintiéndose cerca del éxtasis. —Señor Jeonghun, señor... M-me corro, por favor, ¡ahhhhh! —Gritó, alzando las caderas a la par que su orgasmo estallaba.
El hombre succionó fuertemente de su coño, intentando tomar todos sus jugos, sus líquidos chorreando la mesa y la boca de su jefe al haber sido un fuerte squirt. Su jefe le había comido el coño tan bien.
—Sí, Dios, qué rico —tarareó, acariciando su abusado clítoris. —Comió tan bien de mi coñito, señor Jeong —comentó antes de ser besada, saboreando así sus propios jugos, abriendo la boca para el hombre mentira su lengua y así empezar una pequeña batalla que murió a los segundos, pues escuchó atentamente la cabeza de metal de la correa chocar contra el escritorio, separándose para bajar la mirada y así observar una gorda polla, bien parada, con venas marcadas y la cabeza rosada, hinchada y peluda. A Koo se le hizo agua la boca, jadeando en voz baja.
Esa polla era mejor que la de su esposo. Y definitivamente la iba a dejar abierta, tan destrozada y llena.
Hipnotizada por esa verga erecta, Koo soltó de forma ida: —Quiero chuparle la polla, señor Ahn.
El hombre soltó una pequeña risa, masajeando sus pesadas bolas algo estiradas pero firmes, pesadas al estar tan llenas de esperma que no ha soltado en meses, e incluso años.
—Lo sé, linda, pero realmente quiero follarte. Aunque no me molestaría tener tu boca sobre mi polla antes de; pero tu coño... Joder, solo quiero llenarte justo ahora, Koo. Abre esas piernas para mí, preciosa. Muéstrame tu coño, listo y dispuesto para mí.
Koo gimió, asintiendo mientras se abría de piernas, llevando sus manos por debajo de sus muslos para abrir más sus pliegues, mostrando su entrada no tan abierta o estirada.
Sí, Koo quería chuparle la polla, pero no sé negaría a ser follada por esa rica verga. Quizás después podría comérsela.
—Mira esa preciosura. —El señor Ahn llevó su glande hacia la entrada después de haber mojado sus dedos con su saliva, acariciando el clítoris de su secretaria, después mojando la cabeza de su pene con el lubricante de su secretaria antes de embestir en falso, oyendo el gemido frustrado de Koo.
Que buena puta me conseguí, se mofó para sus adentros. Jodido polvo me voy a llevar, gruñó, ingresando el glande a la entrada, pronto metiendo su pene de forma lenta, sintiendo las cálidas y apretadas paredes de su secretaria chuparle la polla.
—Mierda, qué apretada, preciosa —dijo, engullendo su verga hasta más de la mitad.
Koo soltó un largo gemido, viendo la verga ingresar lentamente en su coño, abriéndola.
—Se-señor Ahn... Ohhhh —gimió, echando la cabeza hacia atrás al sentir toda la verga dentro suyo, las bolas chocando contra sus nalgas. —Usted es tan- tan grande y grueso, ahh...
—Espero que grites mi nombre, linda. Es lo último que saldrá de tus labios hasta llenarte. —El hombre jadeó, empezando un lento vaivén que en cuestión de segundos aumentó.
—¡Señor Jeong! —Koo se aferró al hombre, quien se inclinó para beber otra vez de las tetas de su empleada. Amaba sentir la dulce leche llenar su paladar, ese pezón erecto entre sus dientes siendo también estimulado con su lengua.
La habitación de llenó de gemidos, gritos, gruñidos, jadeos, maldiciones y el sonido de sus cuerpos chocando, la conchita de Koo ordeñando la verga del señor Ahn, apretando tan bien ese pedazo de carne que abría sus paredes de forma exquisita, sintiéndolo deslizarse una y otra vez hasta que pareció llegar más profundo, chocando con su cérvix, haciéndolo poner los ojos en blanco y que los dedos de sus pies se erizaran, apretando sus piernas alrededor las caderas del hombre al sentirse cerca de su orgasmo.
Su jefe realmente lo estaba follando mucho mejor que su marido. Nada se comparaba con esa gorda polla, ni siquiera el delgado palo de su esposo.
—Sí, sí, sí, que rico, muy rico. Señor Ahn, está jodiendo tan bien mi coñito —lloró, apretando los ojos mientras sentía al hombre empujar con fuerza, el escritorio moviéndose, su cuerpo temblando, sus tetas rebotando y esparciendo leche.
—Tu coño está succionando mi verga, Koo. Qué buena conchita tienes, linda, muy rica —El hombre gimió, siguiendo con su trabajo de joder a su secretaría.
Las embestidas aceleraron hasta volverse erráticas, pues el señor Ahn se sintió pronto al orgasmo mientras que esas paredes apresaban aún más su verga, sintiendo poco después los jugos de su secretaria bañando su polla, parte de su pantalón y escritorio, escuchando a Koo sollozar, aferrándose a él mientras que seguía buscando su liberación.
El señor Ahn siguió moviéndose, disfrutando de los lloriqueos de Jungkook, de esos ojos en blanco y esa lengua afuera, salivando. Lo disfrutó hasta que se corrió, llenando la vagina y el útero de su secretaria con su esperma, engullendo su pene hasta la base, empujando con fuerza en su última embestida, algo de semen escapando por los costados mientras que su polla seguía vibrando entre esas cálidas paredes vaginales.
Y sintiendo el semen de su jefe llenarla tan mal, Koo se permitió suspirar encantada, disfrutando de la sensación de aquel líquido caliente en su interior.
—Tan bueno, señor Ahn —Soltó un suave gemido, apoyándose en el hombro del señor.
—Fue muy bueno, Kookie. Tienes un excelente coño, querida. Definitivamente hablaremos sobre ese aumento en algún momento, por ahora solo quiero seguir llenándote hasta que quedes preñada, mi vida.
Koo gimió, encantada con la idea de cargar a los hijos de ese hombre. Después de todo, tenía 22 años, era joven y tenía un buen útero junto a unas excelentes caderas. Y definitivamente su inútil esposo jamás podría darle lo que en algún momento Koo deseó: una familia. Porque a pesar de ya tener 30 años, su esposo se negaba a darle hijos y formar una estable familia.
—Sí, por favor. Dame todos tus hijos, déjame llevarlos en mi vientre —gimió, sintiendo los besos de su jefe bajar hasta su cuello para detenerse a succionar allí. Y entonces volvió a rogar, sintiendo esa verga nuevamente dura en su interior. —Fóllame, fóllame hasta quedar preñada.
Milagrosamente no lo tuvo que pedir dos veces, pues pronto tenía a su jefe abusando de su coño otra vez, follando sin cesar hasta que su útero quedó lleno, tuvo varios orgasmos, su vaginita quedando algo irritada y rojita (sin llegar a ser tan grave), y las bolas de su jefe quedaran secas. Oh, también dejando su vientre notablemente hinchado por toda la descarga de esperma.
Al final, Koo le hizo un pequeño oral antes de que su jefe se prepara para una reunión de último minuto.
Sí, quizás el señor Ahn llegó algo tarde, desaliñado y como si hubiera follado por horas; pero llegó, dejando a su secretaria tan llena de su leche en su oficina.
Koo se quedó tirada sobre el pequeño sofá que había en la habitación, con sus piernas abiertas mientras veía su conchita repleta de semen, algunas gotitas blancas sobre sus labios vaginales exteriores y otro poco escurriendo sobre el mueble de cuero.
Pero demonios, había quedado tan llena. La habían follado de maravilla. Y definitivamente había conseguido ese bendito aumento y, bueno, quizás también un buen motivo para su pronto divorcio junto a un bebito que pronto crecería en su vientre.
Ah. Ya no podía pedir nada más, estaba feliz y satisfecha.
Quizás había conseguido más que solo un aumento. Y estaba muy feliz por ello.
quizás no quedó tan bien, pero ojalá les guste. 🫶🏻
he vuelto después de mi pequeño hiatus, jeje.
también, me gustaría decirles también que mis historias ya se encuentran disponibles en AO3, sobre todo "family Christmas" y "house home". las historias que tengo en gaypad (watapad) pronto las estaré publicando aquí por si acaso. yo les aviso. a la vez que me disculpo por la demora en cuanto a las actualizaciones de “Family Christmas”, y anunciar que por el momento se mantendrán en pausa, y que no sé cómo continuar con la historia. pido perdón, he perdido un poco el hilo, pero prometo intentar hacerlo pronto, aunque no prometo mucho. 😞
en fin, gracias por leer.
¡no se olviden de comentar, votar y compartir por si les gustó! ♡
y, por cierto, puede que haya un posible extra. ;)
ahora sí, bye bye.
besitos <3.
ㅤ© mr. insxnity.