Capítulo 1
Reino de Fénix, 1875.
Louis no lo podía creer, el mejor día de su vida estaba a punto de comenzar y no podía dejar de admirar aquel traje. Un perfecto corset azul marino que se amoldaría a su figura, junto con una camisa que hacía juego y unos pantalones ajustados a sus contorneadas piernas.
Trato de no llorar, pero esto era lo que siempre soñó, lo que su madre decía que merecía, ser el futuro rey del reino de Fénix y gobernar junto con el Alfa que ha estado destinado toda la vida.
― ¿Estás listo? ―su nana apareció por la puerta, a pesar de ser un día para celebrar, ella era la única que no parecía contenta con esta unión.
―Claro que sí, nana. Esto es todo por lo que he soñado y por lo que he sido preparado ―la omega dio un sollozo al saber que su pobre muchacho no sabía a qué se enfrentaba.
― ¿Por qué lloras? ―Louis rodeó con sus brazos a la omega.
―Te voy a extrañar, criatura ―Louis quiso decir algo, pero su madre apareció por la puerta interrumpiendo.
―Es hora, pequeño, ya están aquí los reyes de Fénix ―Louis sonrió en grande, mientras se deshacía de su camisón con prisa.
Luego pensó en aquel lindo Alfa, la última vez que lo vio fue como hace tres años, antes de que este se marchara a su servicio. Fue una sorpresa saber que Harry había partido hacia la guerra, aunque la reina Anne le aseguro que por ningún motivo se debía de preocupar, pues Harry no renunciaría a su promesa.
―Elizabeth, ve por mi marido y hazle saber que en media hora estaremos listos ―la omega asintió con la cabeza haciendo una reverencia.
― ¿Cómo esta él, mamá? ―Bob sonrió un poco.
―Tan guapo como siempre, ten por seguro que estará encantado cuando te vea ―Louis asintió, luego fue ayudado por su madre a vestirse. Bob le ayudó a colocarse su camisa y ajustar su corset, casi pensó que no podía respirar, pero aceptaba también aquello ya que en unos minutos seria el futuro príncipe de Fénix y nada más podría importar.
Louis suspiró al imaginarse la perfecta vida que le iba a tocar. Criaría lindos cachorros junto con su marido, ya podía imaginar ser madre por primera vez, y aunque Bob le decía que no era fácil tener un cachorro, Louis sabía que él estaba perfectamente preparado para esa labor.
Salió de sus aposentos un poco ansioso, tomado de la mano de su padre Mark. Su nana aún seguía con el rostro de preocupación, aunque de tan emocionado que se encontraba no le dio tiempo de preguntar por qué actuaba así.
Había pocos en la capilla, solo personas de alto rango contemplarían su unión. Estaba nervioso, tanto que las palmas de sus manos comenzaron a sudar, se limpió un poco en la tela de su pantalón. Mark tomó su brazo y luego la melodía comenzó a sonar, Louis miró al frente y lo pudo ver, Harry ya no era aquel chiquillo rizado que solía molestarlo y jalar sus cachetes, ahora estaba con el cabello mucho más largo y rizado, con un traje negro y con una larga capa que llegaba al suelo. Ese hombre irradiaba poder, y a medida que se acercaba podía notar el aroma a eucalipto, su omega interior ronroneó tan solo de percibirlo.
Sonrió, pero no recibió una sonrisa de vuelta, en cambio, un rostro serio y estoico le esperaba a medida que cruzaba el pequeño pasillo.
El Alfa estiró su mano, Louis la tomó y el padre comenzó con su monologo. Podría decir que casi no escuchó todo, porque sus pensamientos estaban junto con el Alfa que miraba al frente y no le prestaba atención.
Se dio cuenta de que no era el mismo Harry que había conocido hace tres años, que tal vez su servicio militar le cambio y ahora era un poco más reservado y serio.
―Príncipe Harry de Fénix ¿Acepta a usted a el príncipe Louis de Arabella? ―Harry lo miró, parpadeó lento, mientras un suspiro salía de sus rojos labios. Luego, sutilmente levantó la vista y miró a sus padres, estos solo asintieron con la cabeza. vio al frente, aun sin entrar completamente a la capilla estaba aquel omega rubio que le hacía perder la cabeza.
Por último, volvió la vista al pequeño omega castaño que sería su futuro esposo. Ni siquiera lo quería realmente, solo hacia esto por el bien de sus pueblos nada más. Conocía a Louis, su madre solía tomar té en su palacio y eso les permitía conocerse un poco más cada día, hasta que sus servicios fueron requeridos y esas pequeñas mariposas que aquel omega le hizo sentir desaparecieron a medida que estaba en el campo de batalla, y que conociera a Ethan.
Pero no podía huir, su pueblo lo tomaría como traición. Y condenarían al omega rubio a la horca por deshonra hacia la nación.
Louis lo observaba con el ceño fruncido, su olor de agua marina estaba un poco amargo debido a lo nervioso que se encontraba. Harry supo que no tenía escapatoria, estaba atado de por vida con el príncipe de Arabella.
―Acepto ―dijo finalmente. Louis le sonrió tomando su mano y depositando la argolla más ancha en su dedo anular. Le hicieron la misma pregunta a Louis, el omega no dudo en decir que si, sus ojos azules aguaron cuando Harry depositó la pequeña argolla en sus finos dedos.
Harry miró al frente de nuevo, Ethan se había ido y con él, la esperanza de ser feliz con la persona que amaba.








