Läheinen (Yoonmin)

Summary

Jimin y Yoongi han estado juntos casi toda la vida y su amor sigue intacto e incluso podría decirse que ha aumentado. Son esposos desde hace ya siete años y a pesar de que sus trabajos son consumidores de su tiempo, la chispa sigue siempre encendida y al parecer, no se apagará tan fácil. Adaptación de mi historia original "Lähenen" • Contenido explícito • Contenido homosexual • No copias, adaptaciones, traducciones ni distribuciones en esta u otra plataforma.

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n/a
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18+

Único

El sonido de los botones del teclado, siendo presionados, era lo único que resonaba en ese cuarto que Yoongi usaba como oficina. Sus ojos ardían por estar tanto tiempo viendo la pantalla.

La puerta se abrió, pero él no dejó de lado su trabajo. El hombre que entró a su oficina traía una taza llena de café en su mano y se detuvo a mirarlo trabajar por un momento, antes de suspirar y caminar hacia su escritorio.

Jimin rodeó el escritorio para estar a su lado, le dio una rápida mirada a lo que estaba en la pantalla y no entendió ni la mitad de lo que se veía en ella, eran puras gráficas y números que él jamás podría descifrar. Él solo es profesor de primaria, nunca se ha topado con temas tan complejos como los de su esposo.

—Te traje un poco de café, para que te despierte. —informó al mismo tiempo que dejaba la taza en su escritorio, a un lado del tumulto de papeles y carpetas. —Ni siquiera has comido bien hoy, entiendo que es trabajo, pero no descuides tu salud, ¿sí?

Su esposo se detuvo de escribir en el momento que la taza de café había sido asentada en su escritorio, giró levemente su silla para mirarlo detenidamente.

El rostro preocupado de su esposo le parecía hermoso, pero fueron sus piernas expuestas las que llamaron su atención, Jimin traía puesto un short bastante corto y una playera blanca tan delgada que se podía ver a través de ella y eso, volvía loco a Min.

Despejó sus pervertidos pensamientos de su mente para poder responder, no era momento de pensar con el pene, tenía mucho trabajo que hacer.

—No me descuido, ya comí un sándwich y ahora beberé este rico café que me has traído. —su voz dejaba a relucir el gran amor que le tenía al menor. Aunque era deseo en este preciso momento. —No soy un niño, eh. —ya tenía 32 años, no podía seguir tratándolo como si tuviera 10.

—Es lo que yo digo, ya no eres un niño como para que te esté diciendo que comas a tiempo tus tres comidas, un adulto responsable sabe lo hace sin que se lo pidan. —el pelinegro sonrió en burla y blanqueó los ojos, olvidando casi por completo su lujuria. —No me andes haciendo esas caras, Min. —el mayor levanto las manos y las sacudió como izando la bandera blanca a modo de rendición, no quería iniciar una discusión porque sabía que siempre iba a perder ante su esposo.

—¿Me premiará si como correctamente, profesor Park? —Jimin se puso tímido, algo que siempre pasaba cuando Yoongi lo llamaba así. —¿Qué gano si te obedezco? —con una mano lo tomó de la cintura y lo jaló hacia él.

Jimin subió una rodilla a la silla y después la otra, dejando cada una a un lado de las piernas de Yoongi, sentándose sobre el regazo del pelinegro, rodeó el cuello del mayor con sus brazos para mantener el equilibrio.

Las miradas coquetas que se lanzaban, los hacía subir el nivel de calor en sus cuerpos.

—¿Un beso? —Yoongi lo miró ofendido. —Oye, mis besos valen miles de millones de diamantes eh. —el mayor solo atinó a asentir, embelesado por la picardía del menor.

Las manos de Jimin acariciaban los cabellos de Yoongi, que a su vez dejaba suaves caricias en su cintura, por sobre la ropa, haciendo a sus manos picar y añorar tocar esa piel directamente.

—Ya comí un sándwich, dame mi premio. —el menor miró al pelinegro con los ojos entrecerrados, no le creía nada. —Dale, igual es un premio para ti, es un ganar-ganar. —eso causó la sonrisa preciosa que embellecía el rostro del menor y enamoraba una vez más al mayor.

—Solo porque soy muy buen esposo. —sonrió para después dejar rozar sus carnosos labios en los belfos de su mayor, que deseaba más, pero Jimin alejó el rostro para evitarlo. —Dije un beso.

—Ya que eres un buen esposo, yo debería premiarte también, ¿no crees? —sugirió en tono coqueto mientras que sus manos se deslizaba hacia las descubiertas piernas del menor, trazando un camino caliente a medida que avanzaban.

Las manos traviesas del mayor exploraban el cuerpo contrario, dejando chispas a su paso, que pronto se volverían fuego. Sus manos llegaron hasta el trasero del menor, donde dio un pequeño apretón a cada glúteo con sus manos, sintiendo la suavidad de estos.

Jimin soltó un gemido disfrazado de suspiro que impactó en la piel del cuello de Yoongi, lugar donde Jimin se escondía cuando sentía timidez.

—¿Debo premiar a mi bebé? —la ronca voz de Min resonaba tan cerca que los sentidos de Jimin se pusieron en alerta.

El menor se apegó lo más posible al cuerpo de Yoongi, buscando calmar su excitación, pero encontrando su perdición al sentir su miembro siendo prisionero entre ambos abdómenes.

El short se había vuelto su peor enemigo, era de algodón, por lo que no era incómodo, pero su enemigo por una sencilla razón; impedía el contacto de piel con piel.

Las manos del mayor seguían masajeando su trasero y en ocasiones estiraba ambos extremos, causando que su entrada se sintiera expuesta, y la suavidad del algodón rozandola, era sin duda toda una experiencia. Dios, Min sabía cómo encenderlo.

Jimin comenzó a besar, morder y chupar el cuello de Yoongi, sin dejar de soltar pequeños suspiros en cada ataque de esas fuertes manos.

El mayor sonrió ante las acciones de su esposo y le soltó una fuerte nalgada con la mano derecha, Jimin pudo sentir cómo el dolor se mezclaba con el placer y se hacía un caos en su vientre bajo, gimió sin saber si era de dolor o placer.

—Eso no se hace... Minnie. —lo reprendió por haberlo mordido. —Duele cuando muerdes. —el menor salió de su escondite dejando a relucir sus ojos lujuriosos que carecían de arrepentimiento. —Qué belleza. —expresó el pelinegro ante la maravillosa vista que solo él podía admirar.

—Lo siento, pero es que si haces eso, no puedo evitarlo... —las cejas de Yoongi se surcaron.

—¿Hacer qué? —volvió a separar ambas nalgas con fuerza, haciendo que Jimin cierre las piernas, claro, en lo posible, ya que el cuerpo de Yoongi estaba entre ellas. —¿Esto? —repitió la acción y el pelirrubio estiró su cuerpo, llevando la cabeza hacia atrás, mientras mordía su labio inferior y cerraba los ojos con fuerza.

Las piernas de Jimin estaban flexionadas, haciendo que su trasero esté aún más expuesto y facilitándole a Yoongi el jugar con él tanto como quiera. Su cuerpo respondía extremadamente bien al mínimo toque de esas manos que se sentían filosas, pero amigables a la vez.

Las caricias subieron a su espalda, por debajo de su playera, haciéndolo sentir un éxtasis que solo el mayor lograba causar en él. Su cuerpo se volvió en su contra y comenzó a moverse sensualmente sobre el regazo de su esposo, sin su consentimiento.

Yoongi bajó una de sus manos al trasero de Jimin y comenzó a acariciar su entrada sobre la tela, convirtiendo el placer del menor, en desespero, su cuerpo temblaba del superficial toque y anhelaba la extinción del algodón. Ahora definitivamente odiaba ese short.

Las caricias en su espalda y en su trasero, lo hacían gemir y eso estaba enloqueciendo al mayor, pues los gemidos de su amado esposo, retumbaban sin filtro en su tímpano.

—¿Quieres que me detenga? —su voz excitada era lo mejor que Jimin podía escuchar en estos momentos. —Todavía tienes que hacer la planeación de tu clase, ¿Verdad? —era hipócrita mostrarse preocupado por el trabajo cuando sus manos no dejaban de juguetear el cuerpo ajeno.

—No debiste iniciar si no tenías la intención de terminar. —regañó Jimin.

Las manos del menor rodearon el cuello del mayor, quien entendió que esa era una señal para continuar.

"Mañana tocará improvisar" pensó Jimin en sus adentros.

—Bésame, oye, bebé, bésame. —le pidió Yoongi a su esposo que sin premura salió de su escondite para mirarlo levemente y después comenzar el beso que tanto le pidió.

Sus labios encajaban perfectamente entre los del contrario, sus besos siempre parecían hambrientos, como si no tuvieran suficiente del otro.

Los dedos de Yoongi presionaban y masajeaban la entrada de Jimin sobre la prenda. El hecho de que no sea directo el tacto, no impedía que su esposo gimiera entre el beso, haciendo que la saliva escurriera por sus comisuras, que, para ser sinceros, no les importaba.

Jimin quería llorar de lo desesperante que era sentir el toque, pero no sentirlo al mismo tiempo. Incluso pensó que debía haber ido desnudo a entregarle el café.

Era un juego previo bastante tortuoso para el menor. Min solo masajeaba su ano sobre la ropa, parecía no tener intención de tocarlo directamente y eso estaba que enloquecía a Jimin.

Los suspiros del pelirrubio eran bajos, pero cuando sintió que el mayor le bajó el short y su trasero fue expuesto, gimió de gusto.

Min volvió al mismo juego del inicio, tomaba una nalga en cada mano y las jalaba al lado opuesto, Jimin sentía un placer inexplicable cuando su esposo hacía eso.

Era como si estuviera introduciéndole algo, pero no había nada, ni siquiera algo que lo rozara. Su entrada se expandía tanto, que pareciera que estaba dilatada, la sensación era exquisita al punto de que lo hacía morder el labio y blanquear los ojos.

El dedo índice de Yoongi comenzó a pasearse cerca de la entrada, siendo cruel al solo pasarlo por lo largo y no introduciéndolo. Su esposo no pudo seguir su ritmo en el beso y decidió recostar su cabeza en su hombro.

Jimin comenzó a mover sus caderas en un intento de capturar el dedo escapista, pero no lográndolo. Justo cuando estaba sintiendo la punta sobre su entrada, Yoongi retiró sus manos y terminó el juego sin la opinión de Jimin.

—Ya, paremos, debo terminar este informe. —Jimin se apartó y lo tomó de los hombros, sus ojos reflejaban lo ofendido que estaba.

—¿Es en serio? —preguntó enojado. Yoongi le subió nuevamente sus pantaloncillos y asintió. —¿De verdad me dejarás así? —su voz errática era prueba de su candente estado.

Sin mencionar el bulto que ambos cargaban entre sus piernas.

—No —respondió Min al sentirse amenazado por su esposo. —, es solo que aquí no tengo condones ni lubricante y no puedo solo actuar, podría dañarte. —intentó razonar, pero Jimin solo se levantó de encima suyo y salió de la oficina.

Min suspiró, se sentía mal por detenerse, él también quería seguir, pero sabía que introducir un dedo sin lubricante era difícil para ambos y más para su pequeño.

Se reclinó en el respaldo de la silla y soltó un fuerte suspiro lleno de arrepentimiento, luego se llevó los dedos hacia la boca y los besó, el sabor de Jimin estaba impregnado en ellos.

Y era lo más delicioso que había probado en su vida.

Estaba por tomar una toallita húmeda para limpiar los fluidos corporales que podría tener en sus manos y seguir con su trabajo cuando Jimin irrumpió de nuevo en su oficina.

—Si lo que te detiene es el maldito lubricante y los condones, entonces —caminó velozmente hacia el escritorio y asentó con fuerza un frasco de lubricante y un paquete de condones. —¡TOMA! —le dio la vuelta al escritorio y se quitó los shorts que traía puestos.

Esta vez no iba a sufrir del juego previo.

Min estaba con la boca abierta, viendo la rabieta de su esposo y luego sonrió, relamiéndose los labios al sentir el deseo de lamer todo ese exquisito cuerpo que se exponía sin vergüenza frente a él.

Era Park Jimin, no tenía nada por lo que avergonzarse.

—Dios, mi amor, no puedo decirte que no a ti —acercó el lubricante y los condones. —¿Verdad? —lo miró esperando una respuesta.

—¿Podrías?

—No, jamás podría decirle que no a un deseo tuyo.

—Que bueno que lo sepas. —Yoongi se paró de la silla y se desabrochó el botón de su pantalón para después bajar el zipper y quitárselos, quedándose en ropa interior.

Se sentó de nuevo y masajeó su entrepierna, Jimin fue testigo de cómo iba creciendo el miembro de Yoongi, tragó saliva al sentirse deseoso de lamerlo.

O al pensar lo que le pasaría al tenerla dentro.

—¿Quieres? —preguntó con voz ronca a la vez que dejaba expuesto su pene y lo masturbaba con la mano. —Lamerlo —aclaró —, tus ojos me lo dicen, pero quiero escucharlo de tu linda boquita también. —sonrió ladinamente y Jimin no tardó en asentir.

—Sí quiero...

—De rodillas.

El menor se arrodilló, acatando la orden de Yoongi y se arrastró un poco para llegar a la distancia perfecta, sus ojos veían el miembro erecto y solo pensaba en introducirlo en su boca.

Yoongi le dio un pequeño golpe a la boca contraria con su pene y Jimin abrió un poco la boca por reflejo, pero el pelinegro se lo apartó.

—Abre bien la boca, amor...

Jimin abrió la boca completamente, esperando recibir su premio por ser tan obediente y este premio no tardó en llegar, el miembro de Min estaba introduciéndose a su cavidad bucal y llenándola por completo.

Yoongi gimió de gusto al sentir la calidez que le brindaba la boca del menor, su pene se sentía extremadamente a gusto en la boca de Jimin.

El pelirrubio comenzó a mover su cabeza de adelante hacia atrás, dejando que su boca sea follada y haciendo que sus lágrimas se escapen de los ojos.

Su propio pene estaba en problemas de solo sentir cómo su boca era penetrada y su culo se sentía celoso del placer que sentían sus labios y lengua.

Jimin miró hacia arriba sin dejar de follarse la boca, y pudo ver el cuello expuesto del mayor, Yoongi estaba con la cabeza recostada en la cabecera de la silla y su boca, completamente abierta, soltando suspiros, gemidos y maldiciones.

Jimin se sentía orgulloso de darle placer a su esposo como él se lo hacía también.

—Joder... —Min llevó una mano hacia los cabellos de Jimin para acariciarlo, mientas que la otra estaba apretada con fuerza en el escritorio.

Jimin estaba con la mano izquierda en el miembro del mayor, masturbando la parte del pene que no lograba entrar a su boca y con la otra masturbando su propio miembro.

Es por eso que no pudo hacer nada cuando la mano que se enredaba en sus cabellos, comenzó a moverle la cabeza a un ritmo distinto al que había mantenido hasta ahora.

La mano que masturbaba a Min, dejó de ser necesaria cuando empujó tanto la cabeza de Jimin, que logró que todo su miembro se introduzca en la garganta del menor.

Jimin se sentía asfixiado y sus ojos lloraban por la presión que sentía, pero ahora estaba masturbándose con ambas manos.

Min sacó su miembro dejando solo la punta y Jimin aprovechó para respirar y dejar que su lengua acaricie al intruso en su boca. Ambos se miraron y Yoongi sonrió al ver los ojos llorosos del menor.

Llevó ambas manos a las mejillas de Jimin y las acarició, limpiando el rastro de las lágrimas que había liberado, pero después sonrió con picardía.

—Disfrútalo de nuevo, cariño.

Jimin no entendió el motivo de sus palabras.

No hasta que, con ambas manos, lo incitó a ir hacia adelante, introduciendo de nuevo todo su miembro, soltando un fuerte gemido a la par en la que su pene era tragado.

—Eres maravilloso.

Halagó el pelinegro, alimentando el ego del contrario. Jimin aprovechó que la fuerza en las manos de Yoongi había disminuido y comenzó a mover su cabeza por sí mismo.

Ahora pudiendo meter y sacar todo, sin problemas. Gracias a sus métodos de "anti náuseas" este proceso le había parecido sencillo.

Sus oídos se estremecía al escuchar gemir a su esposo y su pene vibraba en cada adulación por parte del mayor.

"Eres genial"

"Eres el mejor"

"Dios... Sigue así"

"Ah~ Tu boca es exquisita"

"Mierda... Siento que me derrito en tu boca"

"Lo estás haciendo genial, amor"

Esas y muchas más frases lo hacían aumentar el nivel y ritmo a su mamada. Amaba escuchar que Yoongi disfrutaba de lo que le hacía, aún recuerda que la primera vez que le hizo una felación, no fue tan capaz como ahora.

—Para, para o me voy a venir. —lo alejó rápidamente, sorprendiéndolo. —No quiero venirme todavía.

—Pero- —Iba a quejarse, pero sonrió coqueto al ver que Min palmeó sus piernas

—Ven.

Jimin se levantó rápidamente y se subió al regazo del mayor, quedando de rodillas nuevamente. Ambos sintieron cómo sus vellos se pusieron de punta cuando sus penes se rozaron y sus pieles se sintieron.

—Vamos a jugar con tu culo. —Jimin se abrazó al cuello del pelinegro. —No te corras solo con esto, debes soportar como yo, debemos venirnos juntos cuando esté dentro de ti, ¿de acuerdo? —el menor asintió a pesar de saber que eso sería imposible de lograr para él.

Yoongi tomó el lubricante y lo abrió para verterlo en el trasero de Jimin, que gimió al sentir el líquido chorreando hasta llegar a su entrada.

Luego, los delgados dedos del mayor comenzaron a pasearse por los glúteos ajenos, evitando el centro del placer; el ano.

—N-No seas malo~

La súplica del menor hizo sonreír al pelinegro, se resistió a seguir molestándolo y decidió cumplirle su deseo. Lentamente, guio un dedo hasta el ano del menor y después de un tortuoso masaje, introdujo la punta.

El gemido no se hizo esperar, tan pronto como el dedo se abrió paso hacia sus adentros, Jimin soltó un sonoro gemido lleno de placer.

Yoongi comenzó a penetrar con su dedo, intentando suavizar la entrada de su esposo, su cordura estaba luchando contra los gemidos de Jimin resonando en su cabeza, y parecía que la parte de cordura iba perdiendo.

Una vez que sintió que podía introducir otro dedo, lo hizo. Jimin sollozó al sentir al nuevo forastero. Los dedos en su interior se abrían como tijeras y luego volvían a estar juntos, algo que lo hacía delirar.

Las caderas de Jimin se movían al ritmo de las embestidas que hacía Min con sus dedos. Su cuerpo se sentía tembloroso por las miles de sensaciones que estaba experimentado.

En sus mentes no pasaba, ni por un momento, que mañana uno tenía que entregar un informe de ventas a las 8:00 a.m., y el otro tenía que dar una clase a las 7:00 a.m.

El informe y la planeación quedaron en segundo plano, pero no sé iban a arrepentir de su decisión.

El tercer dedo fue introducido y ahora la entrada del menor se había dilatado lo suficiente, solo faltaba un poco más y estaría listo para tomarlo.

—Ya... Ya... Dámelo, por favor...

Rogaba el menor entre pequeños gemidos y sollozos, pero Yoongi lo ignoró por completo y siguió jugando con sus dedos en el interior de su esposo.

—Amor...por favor... Hazlo.

Jimin se sentó recto, haciendo que Yoongi detenga sus movimientos y lo sostenga de la cintura.

—No quiero tus dedos.

Las manos del menor reposaban sobre los hombros del mayor y su mirada se mantenía fija a la del contrario, irradiaba amor, deseo, lujuria e impaciencia.

La mano de Jimin se deslizó por el pecho del pelinegro, sobre la playera que traía, hasta llegar al miembro de Yoongi para abrazarlo con los dedos, haciendo gemir al mayor por el repentino toque.

—Lo quiero ya.

Ordenó, no deseando más atrasar esta acción y luego agarró uno de los condones que estaban sobre el escritorio para dárselo al mayor.

—¿Lo sabes poner o te lo pongo? —preguntó con un obvio tono de seducción.

Yoongi tomó el condón y lo llevó a su boca para morderlo y después abrirlo, pero fue detenido por el menor en el acto.

—No sabes, ¿Cuántas veces te diré que no debes abrirlo así? Puedes romperlo, mejor yo lo hago. —dijo en un leve lapso de molestia.

—Es más sexy hacerlo así. —argumentó el mayor al tiempo que blanqueaba los ojos.

—¿Seguro de eso? —Yoongi regresó la vista al menor y lo que miraba era fuera de este mundo.

Jimin había abierto el condón y lo había sacado para colocarlo en el borde de su boca. El mayor no podía ni respirar por lo que estaba viendo, menos cuando el menor se levantó de encima suyo y luego se bajó para arrodillarse nuevamente ante él.

—Jim- —se detuvo al ver cómo dejaba de ver el rostro de su chico, para solo ver sus rubios cabellos.

Los ojos de Yoongi se deleitaron con lo que veían, sus pensamientos se perdieron entre los caminos que formaban esos cabellos rubios que poseía el hermoso hombre con el que se había casado.

El pelinegro estaba convencido de que había usado la suerte de toda su vida cuando Jimin le dijo "Sí" a la pregunta que le hizo hace siete años; "¿Te casarías conmigo?". El solo recordar lo feliz que fue, hizo su corazón bombear más fuerte.

Su pene se fue introduciendo en la boca ajena al tiempo que el condón se iba adhiriendo a su miembro.

Yoongi apretó los puños y mordió su labio inferior en un intento de no gemir por la sensación que le había causado la seductora acción de su esposo, pero se quedó en eso; un intento.

Una vez que el condón estuvo correctamente puesto, Jimin se levantó y regresó a su lugar anterior; sobre el regazo del mayor, sus rodillas rojas de inmediato al sentir su peso sobre ellas.

—¿Y entonces? —la pregunta del menor fue suspirada tan cerca de su oído que sus vellos se pusieron de punta y su pene se avivó aún más.

—Es mejor que tú lo pongas siempre... —concluyó el mayor, estando extasiado por las alucinaciones que lo hacía sentir y ver ese hombre, que en un inicio pensó que fue hecho por los Dioses.

Pero al verlo sonreír maliciosamente, al tiempo que se relamía los labios, hinchados de tanto usarlos, y le lanzaba una mirada desbordante de deseo; se convenció de que era un diablillo que lo hacía ir hacia el pecado sin miedo a las consecuencias.

—Volvamos a esto —miró hacia abajo y sonrió para después regresar su mirada, coqueta, hacia Min, que le siguió, entendiendo a la perfección la indirecta.

El menor se acomodó, mientras que el mayor se encargaba de alinear su gran miembro con la entrada de Jimin, que fue bajando poco a poco. Su labio inferior sufría las consecuencias, ya que lo mordía cada que el pene se introducía en él.

Las paredes de su ano se amoldaban perfectamente a la grande figura del miembro de Yoongi, las lágrimas del pelirrubio no se dejaron detener.

Una vez que estuvo completamente dentro, Yoongi se permitió suspirar, tomándose un tiempo antes de iniciar las embestidas, quería que Jimin lo sintiera, que se acostumbrase y más que nada, quería desesperarlo.

Sentirlo dentro era satisfactorio para el menor, ahora quería que se moviera, pero el mayor se negaba a hacerlo. Sus caderas hacían movimientos leves - involuntariamente- buscando su placer, pero no era igual.

No era como sentir las embestidas sin esperarlas, ni como cuando Yoongi lo tomaba de la cintura y lo penetraba repetidas veces hasta dejarlo temblando, no, no era lo mismo.

—Muévete...

El susurro que dejó escapar a modo de súplica, rozó los oídos ajenos e hizo mover la pelvis de Yoongi, sin él quererlo, Jimin también sabía jugar sucio.

—Ah, mi cuerpo no puede evitar satisfacerte...

Yoongi iba a empezar a embestir, pero no creía seguro hacerlo sobre la silla, así que se levantó con todo, y Jimin, que enroscó sus piernas a su cintura apenas tuvo la oportunidad, y se dirigió al sofá que estaba en su oficina.

En cada paso que daba, su pene se salía levemente y metía nuevamente en el menor, haciéndolo decir pequeñas groserías que solo decía en momentos así.

—Profesor Park, usted no es así de grosero. —molestó Yoongi a la vez que se sentaba en el sofá.

Jimin soltó un fuerte gemido al sentir cómo el pene de su esposo se incrustaba en él y se mantenía en estado de calma en sus adentros.

—Cállate la maldita boca y cógeme de una puta vez.

Yoongi soltó una fuerte carcajada al enterarse de que había terminado con la paciencia del menor.

—Quieres que haga esto —embistió haciéndolo gemir sorpresivamente. —, ¿Cierto? —Jimin dijo "sí" con un movimiento de cabeza.

—Joder... Hazlo de nuevo...

Yoongi iba a moverse, pero decidió que no lo sacaría con su gusto, así que estiró sus brazos por sobre la espaldera del sofá y recostó su cabeza. La boca abierta dejaba desprotegida su lengua y Jimin no se resistió a introducir la suya para danzar con la del mayor.

Yoongi le siguió el beso sin cambiar su posición, sus manos ansiaban sujetar la cabeza y hacer un desastre en sus cabellos, pero se resistió, también les negó la satisfacción de rodear la cintura de su esposo, tenía planeado algo más por ahora.

—Muévete a tu gusto, bebé~ —susurró Yoongi, dejando que su aliento impacte contra los labios contrarios, los cuales mordió y estiró, gimiendo al sentir cómo el menor apretaba sus paredes y tomaba como prisionero su miembro.

—Ah~ —suspiró Jimin al sentir su cuerpo tensarse.

—Me aprietas tan delicioso~

La voz ronca que escuchó Jimin, lo hizo temblar de placer, podría haberse corrido de solo escucharlo decirle aquello. El menor no podía negar que le encantaba cuando Yoongi le daba órdenes y halagos durante el sexo.

Sus manos se sujetaron del sillón para tener equilibrio y comenzó un vaivén con sus caderas, uno que hacía gemir a su hombre.

—Sí, mierda... Oh, mierda... Eres malditamente genial, amor...

Los halagos lo hacían aumentar la velocidad de sus movimientos y también estaba el hecho de que sentir el miembro cerca de su próstata lo hacía moverse más, buscando que al fin toque aquel punto que lo hacía llorar de placer.

El labio inferior de Jimin estaba siendo mordisqueado por sí mismo y temiendo que se lastime, Yoongi decidió protegerlo con los suyos, el beso era torpe. Los labios chocaban irregularmente, debido a los gemidos que ambos soltaba y al movimiento constante de Jimin.

Los brazos del menor comenzaron a sentirse pesados, así que los cambió de posición, sujetándose de las piernas del mayor, inclinando su cuerpo hacia atrás y así poder ir aún más profundo, sus quejas de placer sonaban cada vez más a sollozos.

El mayor se rindió y llevó una mano al miembro de su esposo para masturbarlo y aumentar su placer, pero Jimin le apartó la mano, ya que sentía que no podría soportar tanto.

Tal vez no podía masturbarlo, pero si no era eso, entonces tenía que hacer lo otro.

Yoongi apretó la cintura de Jimin con sus venosas manos y lo jaló hacia él, causando que la punta de su polla llegue a la próstata del menor.

—Ah, maldita sea... —el menor blanqueo los ojos al sentir tan dentro a su esposo.

Jimin estaba prácticamente arrodillado, así que al sentir cómo el pene de Yoongi entraba y salía a cada momento, sumándole el fuerte apretón en su cintura, sentía temblar sus piernas, pero ahí estaba su esposo para soportar su peso y seguir penetrándolo sin problemas.

La boca de Jimin no podía estar cerrada, pues en cada embestida del mayor, soltaba gemidos, maldiciones y sollozos, tan fuertes que Yoongi estaba seguro de que los vecinos les llamarían la atención.

—Joder... Mierda... Ahí, ahí, oh, mierda...

Yoongi sonrió al escuchar a su educado esposo soltar maldiciones, solo él sabía de esta característica suya y eso lo ponía aún más deseoso de escucharlas, porque sabía que su lindo Minnie únicamente insultaba frente a él y en estos hermosos momentos.

Las caderas de Yoongi aumentaron su ritmo y no conforme con la cantidad de gemidos y maldiciones que soltaba Jimin, decidió darle un plus y atacar su pene.

El pelirrubio se negó a que le toque el pene, pero ya no tenía fuerzas para impedirle eso a Yoongi, el cual se lamió los dedos y luego los guio hasta el miembro erecto del menor, todo bajo la débil mirada de su esposo.

Yoongi cambió de posición sin salir, dejando a Jimin recostado en el sofá, y él con una pierna arriba y la otra fuera del mueble.

Tomó la polla de su esposo nuevamente y comenzó a masturbarlo al mismo tiempo que daba embestidas certeras que solo hacían que Jimin se retorciera de placer. No sabiendo qué más hacer.

—No, no más... —con la fuerza restante en su cuerpo, retiró la mano de Min y llevó sus manos alrededor del cuello del mayor para atraer su rostro hacia el de él e iniciar un beso.

Yoongi succionó la lengua del pelirrubio y estando la mayoría dentro de su boca, la acarició con la suya, dejando en Jimin una extraña sensación que lo hizo apretar al intruso en su trasero.

—Te haré correrte tanto, amor, que no podrás ni contarlas. —Yoongi nuevamente llevo sus manos al pene del menor.

Sus dedos rodearon al erecto miembro y el pulgar presionó la punta, causando el gemido y el intento de escapar de Jimin.

—No, no, no, por favor...

La súplica era deshonesta, pero tenía miedo de sentirse tan bien, sus gemidos pasaron de ser sollozos a ser llanto de verdad. En todo este tiempo, Yoongi no había detenido los movimientos de su cadera. Cuando su pene se vio siendo masturbado por la fuerte mano de Yoongi, Jimin perdió todo raciocinio.

El mayor, ya acostumbrado a escuchar llorar a su esposo durante el sexo, no se detuvo, es más, solo aumentó la velocidad de su mano y, debido a que Jimin no podía mantener la boca cerrada y su saliva se escurría de sus comisuras, comenzó a lamer los rosados pezones del menor.

Jimin sentía triple placer, su próstata estaba siendo constantemente atacada, su pene era preso de la mano del mayor y sus pezones se turnaban para disfrutar de la humedad que le brindaba la sexy lengua de Yoongi.

El llanto de Jimin se mezclaba con gemidos sonoros que ambientaban la oficina, el menor no soportaba bien el placer, si era demasiado estimulante, lloraba.

Su cara era un desastre, incluso su nariz había comenzado a moquear por su llanto, sintió cómo su pene expulsaba algo, no sabiendo qué exactamente, ni cuántas veces ya había sentido lo mismo, en su mente no estaba la capacidad de razonar, ahora solo podía sentir el calor en su piel y el temblor en su vientre y piernas.

—Yo-Yo-Yoon-Yoong... —intentaba decir el nombre de su amado esposo, pero su llanto, sumándole la inestabilidad por las embestidas del mayor, se lo impedían. —¡Am-amoooor!

—Tan bueno, eres DELICIOSO —la palabra clave que hacía que Jimin pierda la cabeza por completo, fue dicha y tal como Yoongi esperaba, el menor perdió todo rastro de cordura que podría seguir en él.

El llanto fuerte de Jimin podría hacer pensar a cualquiera que lo escuchase, que estaba siendo herido o lastimado, pero muy contrario a eso, la estaba pasando genial.

La mano en su miembro se movía tan rápido, y el pene en su interior atacaba en cada embestida a su próstata, que ya no sentía ni la lengua que se paseaba por su cuello y pecho.

Jimin solo podía gemir y llorar, intentaba controlarse, pero su cuerpo no le respondía como quería, solo respondía a las estimulaciones de Yoongi.

El mayor miró el desastre que era Jimin y el semen en su vientre bajó, lo había hecho llegar tantas veces, él también se había corrido unas dos veces.

Los roncos sonidos de Yoongi solo lograban que Jimin se dejara embelesar más por este bribón y se dejara completamente a su merced, si eso era posible.

—Be-besa-besaa-sameee —suplicó el menor con dificultad. Yoongi lo hizo sin importarle la saliva y lágrimas que hacían brillosa y pegajosa la piel de su pequeño.

Yoongi disminuyó su velocidad a las embestidas, pero no a la de su mano y se concentró en el beso, que fuera de serlo, parecía más un choque de bocas.

Sus lenguas se buscaban desesperadamente, Yoongi se alejó para permitir respirar a ambos, pero Jimin lo atrapó nuevamente con sus manos y lo jaló hacia él.

La lengua de Jimin fue la primera en salir y Yoongi también sacó a la suya para que se conocieran una vez más, se rozaron unas veces antes de que sus labios lo hagan y comiencen nuevamente a besarse.

Jimin dejaba que sus dedos se perdieran entre los oscuros cabellos del mayor, mientras que Yoongi mantenía una mano ocupada con el pene del menor y la otra en la cintura del mismo hombre que besaba.

—¿Me amas? —preguntó Jimin entre el beso.

—Eres el único al que amo.

Yoongi sintió cómo el menor lo apretaba y eso bastó para hacerlo correrse por tercera vez, pero en esta ocasión, Jimin se corrió junto a él. Ambos soltaron un gemido.

—Te sigues viniendo. —comentó Yoongi al ver cómo el vientre de Jimin se oprimía y temblaba antes de expulsar el líquido blanco.

—No puedo evitarlo... —respondió a medias, cada vez que su miembro soltaba semen, no podía impedir que todo su cuerpo se estremezca y tiemble.

—No podré salir si sigues apretándome así. —Yoongi acarició tiernamente las sonrojadas mejillas de su amado esposo, limpiando el rastro de lágrimas a su paso.

—¿De quién es la culpa de que esté así? —preguntó el menor viendo acusatoriamente al mayor.

—Tuya. —respondió Yoongi con seguridad y con una sonrisa burlona que dejaba a relucir sus pequeños dientes y rojizas encías.

—¿Mía?

—Sí, tú llegaste todo coqueto a mi oficina y hasta trajiste el lubricante con los condones.

Jimin no respondió a eso, solo calmó su cuerpo, como pudo, y dejó libre a Yoongi. El mayor sonrió y se sentó en el sofá, admirando su obra maestra.

Jimin aún tenía espasmos y su respiración era errática, parecía que no tenía fuerzas en su cuerpo y sus cachetes estaban completamente rojos, al igual que sus labios hinchados, en su pecho se veían marcas rojas.

Agradecía no haberle hecho nada en el cuello, ya que Jimin lo regaña cuando lo hace, porque no puede ir a trabajar si tiene marcas visibles, sería problemático si algún alumno o compañero de trabajo lo descubría.

Los ojos expectantes de Jimin se cruzaron con los suyos cuando alzó la mirada, amaba todo de ese encantador hombre.

Min sabía que solo él podía ver su obra de arte, Jimin era un lienzo que amaba pintar, pero era tan hermoso que solo él se sentía digno y merecedor de admirarlo.

—Llévame al baño...

Yoongi salió de sus pensamientos al escuchar la voz de su esposo y se apresuró a tomar pañuelos desechables que tenía en la mesa frente a su sofá, para limpiar el semen que tenía en el pecho el menor.

También se quitó el condón y lo amarró para posteriormente desecharlo en el bote de basura cercano a su escritorio.

—No lo dejes ahí. —se quejó el menor.

—Igual solo nosotros entramos aquí, luego me deshago de toda evidencia —sonrió y regresó hasta el sofá. —, por ahora te llevaré al baño, nos ducharemos e iremos a dormir. —con suma delicadeza tomó a Jimin entre sus brazos y lo cargó para llevarlo al baño.

Tal como Yoongi dijo, solo se ducharon y luego fueron directo a la habitación, el mayor m recostó a Jimin en la cama y lo arropó. Se subió a su lado de la cama y se pegó a Jimin.

El menor no dudó en recibirlo entre sus brazos y brindarle un cálido y reconfortante abrazo. Yoongi tenía la cara pegada al pecho de su esposo y por momentos dejaba besitos en su piel.

—¿Qué haces? —preguntó curioso.

—Beso algo lindo... —respondió Yoongi con una voz aterciopelada.

—¿Piel?

—Tu corazón...

El corazón de Jimin dio un vuelco al escuchar la tierna respuesta de su esposo y solo lo apr

etó más entre sus brazos, dejando un casto beso en la coronilla de esos cabellos negros que tanto amaba.

El sueño los dominó a ambos fácilmente, haciendo que duerman bajo el manto de su calor. Yoongi pegó su nariz al pecho de Jimin, de esa forma podía sentir el aroma de su esposo y soñar con él.

Jimin estaba tan cansado que no supo más, sus ojos se cerraron y se dejó llevar al mundo de los sueños, donde se vería de nuevo con su esposo.

[FIN]


Holiwilis 💜

Espero que les guste esta adaptación, saben que es normal en mí adaptar mis historias al Vkook, Kookv y/o Yoonmin.

Pidoperdon si hay partes que he olvidado cambiar, lo leí varias veces, pero siempre se me escapa algo jsjsjsjs

Gracias por leer y no olviden visitarme en Inkspired (MaliBN) y en Wattpad (Nyla_Athanasia) 🌙💕

Eso es todo, las amo lunitas bellas <3

*Mali fuera*