Parte Única.
Jungkook suspiró mirando con aburrimiento a sus mayores hablar, su plato de comida estaba casi completo mientras sus palillos eran sostenidos con fuerza entre sus dedos.
Estaba cansado.
—Por última vez, déjalo en paz Hana, han pasado sólo unas semanas —gruñó Yoo desde su lugar mirando con malestar a su esposa, la mujer irguió el mentón de forma altanera —. ¿Crees que ayudas a JK con ese comportamiento?
—Estoy de acuerdo con tu padre —aquel dulce murmullo estremeció a Jungkook quién giró la cabeza hacía la sala, sentado sobre el espaldar del sillón se encontraba el dueño de sus pesadillas y sueños —. Ella siempre ha sido mala, ¿verdad, bebé? Tal vez debería asustarla un poquito.
—No —susurró.
—Eso, Yoo, maldita sea, de eso estoy hablando —lo señaló su madre con frustración, sus ojos se alejaron del perfecto ser para encontrarse con la ofuscada mirada de su progenitora —. Otra vez está mirando a la nada hablando solo, ¡tu maldito novio está muerto, Jungkook!
Sus puños se apretaron con mayor fuerza quebrando los palillos de madera después de tan burdas y ásperas palabras; el silencio se hizo espeso entre los presentes cuándo su madre pareció darse cuenta de lo que había dicho. Jungkook mantuvo su mirada sobre ella, con ojos profundos y vacíos que carcomieron la conciencia y el corazón de la mujer.
Había sido un comentario tan cruel.
—Jungkook...
—Iré a mi habitación —musitó arrastrando la silla hacía atrás mientras se levantaba, su mirada abandonó el rostro de su progenitora para posarse sobre los ojos del hombre mayor —. Gracias, papá. Por la comida.
—Está bien, JK, no te preocupes —la sonrisa del hombre era forzada, sus ojos oscuros bañados en preocupación y tristeza, Jungkook ignoró ambos sentimientos girando sobre su cuerpo para alejarse de allí —. ¿Necesitan algo?
—¡Yoo! —gimió la mujer, ambos hombres la ignoraron.
—No, Minnie y yo estaremos bien —susurró.
Sus pasos fueron pesados hacía las escaleras escuchando cómo la discusión entre sus padres se retomaba, quería decir que se sentía culpable o lo lamentaba, pero, si era sincero consigo mismo estaba demasiado ocupado con sus propios pensamientos y sentimientos cómo para lidiar con ello, el bonito pelinegro caminó a su lado tarareando, justo cómo lo hacía cuándo todavía estaba vivo.
Lo extrañaba.
—Todavía sigo aquí, no tienes que extrañarme mi bebé —murmuró en tono meloso sobre su oreja, Jungkook se estremeció de nuevo, cómo cada vez que escuchaba la voz de JiMin —. ¿Acaso quieres dejarme?
—Nunca Minnie —detuvo sus pasos a mitad de las escaleras mirando con terror al pelinegro, el mayor se cruzó de brazos, sus ojos se veían tan vacíos y desolados cómo nunca antes lo fueron —. No quiero dejarte nunca.
—Bien, porque yo no pienso dejarte tampoco —su sonrisa dulce tenía un toque escalofriante, pero Jungkook había aprendido a amarla con el paso de los días —. Siempre serás mío, mi bebé.
—Lo sé Minnie, no podría pertenecer a nadie más.
La firmeza y convicción de esa declaración hizo sonreír nuevamente al pelinegro, su cabeza se inclinó en dirección a las escaleras por lo que Jungkook asintió retomando su paso subiendo hacía su habitación. Al abrir la puerta, JiMin ya se encontraba dentro recostado en la cama, ingresó a ella cerrando tras de sí procurando poner el seguro.
Su madre solía molestarse por hacer eso, pero a Jungkook le importaba muy poco, no quería que nadie interrumpiera sus momentos en privacidad con JiMin.
—¿Tienes sueño?
—No, no quiero dormir —susurró recostándose a su lado en la cama, JiMin giró su cuerpo para poder verlo —. Quiero escucharte, ¿puedes cantarme?
JiMin le sonrió. —¿Qué quieres que te cante, bebé?
—Lo que sea, sólo quiero escucharte cantar, por favor —JiMin asintió acercándose un poco más a su cuerpo, Jungkook lo rodeó por la cintura, su piel era fría, pero todavía podía sentirlo y eso era suficiente para él.
—Cierra los ojos y déjate llevar.
—Si cierro los ojos, ¿seguirás estando aquí? —parpadeó enfocando su mirada en aquellas cuencas vacías.
Su mayor temor era saber que realmente había enloquecido y JiMin era solo parte de su inestable imaginación, de su mente quebrada y herida por la pérdida de la persona más importante de su vida.
—Seguiré aquí, te prometo que no me iré.
Jungkook asintió, cerrando los ojos con el miedo carcomiendo su pecho, pero confiando en la promesa de su novio. La suave y melodiosa voz sonó en una escalofriante pero hermosa melodía que lo estremeció de pies a cabeza y lo indujo a un profundo sueño.
JiMin siempre había logrado aquello con su canto, cuando estaba vivo y aún más ahora que estaba muerto.
Los incesantes golpeteos suaves en la puerta fueron suficientes para despertarlo. No estaba seguro de cuanto había dormido, sin embargo, JiMin estaba sentado cerca de la ventana ignorando la puerta. Sonrió al darse cuenta de que había sido abrigado, JiMin siempre cuidaba de él.
Levantándose de la cama, caminó a paso perezoso hasta la puerta para abrirla; Yoo estaba del otro lado con una bandeja en sus manos y una suave sonrisa en su rostro.
—Hola —murmuró el mayor mirando el interior de la habitación —. ¿Estabas dormido?
—Si —asintió girando su cabeza también para ver su propia habitación —. Sí, Minnie me cantó hasta que me quedé dormido.
Yoo asintió manteniendo su suave sonrisa, aunque la tensión en su cuerpo era evidente ante la mención de JiMin. Jungkook ignoró aquello deliberadamente.
—Te traje algo de cenar, no almorzaste mucho y últimamente no tomas desayuno. No quiero que enfermes —musitó alzando la bandeja para hacerla notar —. ¿Puedo pasar?
Su mirada se trasladó hacía JiMin, el pelinegro le sonrió dando un burdo asentimiento regresando su mirada a la ventana. Jungkook miró a su padre asintiendo para hacerse a un lado permitiéndole el paso. El hombre sonrió, caminando dentro de la habitación, reposó la bandeja sobre el escritorio observando con tristeza el collage de fotos que había en la pared.
La habitación de Jungkook estaba llena de fotografías de JiMin y él juntos, conociéndose desde que estaban en el jardín de infantes, no culpaba a su hijo por estar tan destrozado ante el fallecimiento de su pareja.
—Traje un par de sándwiches de mantequilla de maní y mermelada de fresa con leche de chocolate —señaló la bandeja nuevamente, se sentía nervioso al no saber cómo tratar con la delicada salud mental de su hijo —. ¿Crees que sea suficiente?
—Dile que sí, bebé, yo también quiero que comas algo.
Jungkook asintió. —Sí, papá, es suficiente. Te lo agradezco.
Yoo asintió, juntando sus manos delante de su cuerpo paseó la mirada con incomodidad por la habitación. Jungkook caminó hacía el escritorio sentándose frente a el, comenzando a comer con lentitud. JiMin le sonrió arrastrando su desolada mirada hacía el mayor.
—Parece que Yoo quiere hablar de algo contigo —musitó, Jungkook lo miró unos segundos, antes de llevar su mirada a su padre —. Pregúntale.
—¿Sucede algo, papá? —el hombre se sobresaltó en su lugar girando a verlo, sus ojos parecieron abrirse ligeramente en su dirección —. Minnie dice que quieres hablar conmigo, ¿qué pasa?
Yoo se removió en su sitio. —Hemos pensado con tu madre que… sería bueno que vieras un psicólogo, JK.
JiMin soltó una carcajada mientras Jungkook le miraba con incredulidad, soltando el sándwich sobre la bandeja apretó los labios dejando escapar un suspiro agotado.
—Tú también crees que he enloquecido.
—No, claro que no, hijo —Yoo caminó hacia él, arrodillándose frente a su asiento. Jungkook le miró fijamente —. Sólo… trato de mediar entre ella y tú, JK, quiero que intentes entender un poco mi situación.
—Hana acaba de gritarme de la manera más desalmada que mi novio está muerto, como si no lo supiera —aclaró tosco, levantándose de su lugar para alejarse de su padre, Yoo suspiró —. ¿Te das cuenta lo que me estás pidiendo?
—Dile que si —la voz de JiMin le hizo callar abruptamente girando a verlo, JiMin se levantó de su sitio caminando hasta posicionarse frente a él —. Tu madre es la verdadera loca, si haces lo que quiere, comenzará a dejarte en paz.
—Pero… y, ¿si me medican? No quiero medicamentos, quieren que te deje ir, Minnie —Yoo observaba en silencio la interacción de su hijo con la nada misma, no pensaba que su hijo mintiera. Sus ojos no estaban perdidos en la nada, parecían ver perfectamente algo que él era incapaz de ver o el resto de ellos. De todas formas, aquello le preocupaba en demasía, no sabía si lo que estaba con su hijo realmente era su difunto novio —. ¿Cómo puedes pedirme eso?
—No me iré tontito, te lo aseguro —JiMin se inclinó dejando un beso casto sobre sus labios —. Podemos pasar desapercibidos en las citas, tú confía en mí, bebé.
Jungkook suspiró, aparentemente rendido llevando su mirada a su progenitor.
—Si hago esto, ¿Hana me dejará en paz? —Yoo sonrió enormemente, asintiendo un par de veces.
—Por supuesto, si accedes a ir a terapia prometo que tu madre mantendrá su distancia de ti —Jungkook asintió con desgano.
—De acuerdo, iré.
—Hey JK —Jungkook miró de reojo en dirección a Lalisa, dio una inclinación continuando con su camino, la chica torció el gesto —. ¿Podemos hablar?
—Estoy ocupado —murmuró sin mirarla —. Puede ser en otra ocasión.
—O tal vez nunca, parece que quiere hablarte sobre mí, bebé.
Jungkook giró su cabeza para ver a las cuencas vacías de JiMin, el pelinegro miraba a la que en vida fue su mejor amiga con recelo.
—No me gusta que se te acerque.
—Es tu mejor amiga, Minnie —sonrió ligeramente divertido, el pelinegro le regresó la mirada —. Sería incapaz de traicionarte.
—Oh, eso lo sé, mi amor —JiMin sonrió de lado.
—JK —Jungkook regresó su mirada hacía Lalisa, la chica le miraba con preocupación —. Entonces, ¿es cierto? ¿Ves a Jim?
—¿Quién dice eso? —preguntó en cambio deteniendo su paso para poder hablar con ella, Lalisa se detuvo a unos pasos de él, casi como si temiera acercarse demasiado —. No me gusta que estén hablando de mí, Lalisa.
Ella apretó sus labios. —Es un rumor a voces —confesó apartando su mirada para observar el alrededor —. Algunas personas te han visto hablando solo desde…
—¿Acaso la gente no hace eso a menudo? —interrumpió, Lalisa se sobresaltó.
—¿Te molesta, bebé? —sus ojos inmediatamente cayeron sobre el pelinegro, JiMin parecía herido por sus palabras, negó con la cabeza.
—No amor, por supuesto que no.
—No quieres que sepan que estoy contigo —comentó en tono borde, Jungkook cerró los ojos, soltando un suspiro agotado —. Oh, ya veo, ¿quieres que me vaya?
—¡No! —gritó aterrado.
Lalisa volvió a brincar en su lugar, se había mantenido en silencio viendo el extraño actuar del castaño. Definitivamente, algo malo pasaba con el hombre.
—Joder, Minnie, no quiero que me dejes. No es por eso, me conoces perfectamente —musitó en su dirección, olvidándose por completo de que Lalisa estaba allí.
JiMin se cruzó de brazos pensativo. —Entonces, ¿por qué?
—No quiero que hablen de ti, Minnie, sólo eso, créeme por favor.
—JK —trató de llamar su atención Lalisa, comenzaba a sentirse asustada de la actitud del hombre, Jungkook le hizo un gesto con la mano silenciándola —. Uh, JK.
—¿Qué hablen de mi muerte? ¿quieres evitar que mencionen el hecho de que me he ido, Jungkook?
—Por favor, no hagas eso, amor, no me llames por mi nombre —suplicó Jungkook sintiendo su pecho apretarse dolorido —. Odio que hagas eso, no quiero pelear contigo.
—Yo tampoco quiero, bebé, pero parece que quieres que sea tu sucio secreto. ¿Acaso te avergüenzas de mí?
—Eso jamás, Minnie, por Dios. ¿Cómo puedes pensar eso de mí?
—JK —intentó una vez más retrocediendo un par de pasos.
—¡Joder! ¿Qué mierda quieres? No ves que estoy ocupado —gruñó en su dirección mirándola con odio.
JiMin sonrió divertido, no permitiría que su mejor amiga se hiciera la buena con su Jungkookie, para él era evidente que ella quería acercarse al castaño con la excusa de su fallecimiento.
Él no lo permitiría, Jungkook era suyo.
Sólo suyo.
—Na-nada —Lalisa retrocedió aún más —. Olvídalo, sólo… cuídate, JK.
Jungkook maldijo entre dientes girando sobre sus pies para retomar su camino, JiMin mordió su labio inferior tratando de no reírse mientras lo seguía. El castaño ingresó a los baños masculinos asegurándose que no hubiese nadie dentro para cerrar la puerta con pestillo.
Girando sobre sus pies vio a JiMin sentado en el mesón de los lavamanos con una sonrisa que aparentaba inocencia.
—Hiciste eso a propósito —acusó desde su lugar cruzándose de brazos, JiMin se encogió de hombros —. ¿Herirme también era parte de tu plan?
La sonrisa del pelinegro se borró. —No, nunca lo ha sido.
—Bueno, lo hiciste, Minnie, eso fue horrible. Por un momento… —su voz pareció quebrarse, JiMin apareció frente a él abrazándolo, Jungkook se estremeció ocultando su rostro en el hueco del cuello del pelinegro —. Pensé que me dejarías…
—Nunca mi amor, eres mío para siempre.
—Entonces, no hagas eso, Minnie, sentí que me arrancabas el corazón —JiMin suspiró alejando al castaño para que sus miradas se encontraran, sus ojos estaban rojos reteniendo las lágrimas que evidentemente quería soltar tan desconsoladamente —. No me dejes, Minnie.
—No te dejaré, mi bebé, nunca. Te lo he dicho cientos de veces, estamos juntos para siempre —susurró sobre sus labios.
Jungkook suspiró cerrando los ojos, dejándose besar con aquella dulzura propia de su novio. Aunque sus labios y su piel estaban fríos, seguían siendo de JiMin, el amor de su vida, así que, eso era lo de menos. Abrazándolo por la cintura comenzó a caminar con él tratando de arrinconar a JiMin contra los lavabos.
El pelinegro sonrió coqueto mordiendo el labio inferior del castaño, Jungkook gimió, alzando en brazos al hombre lo sentó en el mesón separándose un par de centímetros para verlo.
—Te amo, Minnie.
—Yo también te amo, mi bebé, mío.
Retomaron sus besos con toda la intención de llegar al final, podrían decir lo que quisieran del castaño, pero él todavía podía sentir a su novio…
En todos los sentidos posibles.
—Jungkook, ¿verdad? —el castaño levantó la mirada de sus palmas para observar a la mujer sentada frente a él.
Su nueva psicóloga.
—Si —asintió, regresando su mirada a sus palmas.
La mujer lo analizaba en silencio, anotando cosas en una agenda. Aquello, le parecía terriblemente incómodo al castaño, JiMin estaba sentado al lado de la mujer; con su mirada fija sobre el castaño.
JiMin le había dicho a Jungkook que evitara en lo posible mirarlo o reaccionar a él, sólo debía escucharlo y responder; si alguna pregunta de la psicóloga llegaba a ser difícil para el castaño, JiMin intervendría. De resto, permitiría que fuera él mismo quién guiara la conversación, el pelinegro le había dicho que confiaba en él.
Así que Jungkook no lo defraudaría.
—Cuéntame, Jungkook, ¿qué te trajo aquí?
Jungkook levantó la mirada, frunciendo el ceño.
—¿Hana no se lo dijo? —su respuesta fue ligeramente mordaz, sin embargo, la mujer no reaccionó mirándole de manera inexpresiva.
—Los padres dicen muchas cosas, pero mi paciente eres tú. Así que, cuéntame, ¿qué te trajo aquí?
Jungkook la miró durante un largo tiempo, ella podía ver que algo estaba mal. Su lenguaje corporal era demasiado nervioso y ansioso, se estremecía en algunas ocasiones y parecía evitar mirarla fijamente por tanto tiempo, desviando la mirada a sus lados o a cualquier punto en la habitación. Su pierna, subía y bajaba constantemente y sus manos estaban apretadas juntas jugueteando entre sí.
Además de lo evidente, sus cabellos castaños estaban largos y desordenados, su piel se veía reseca, pálida al punto enfermizo. Sus labios tenían heridas sangrantes seguramente por las constantes mordidas y ni hablar de las terribles ojeras que descansaban bajo sus ojos.
El chico gritaba malestar por todos sus poros.
—Falleció mi novio, Hana quiere que supere su muerte —respondió finalmente.
La psicóloga asintió.
—¿Quieres hablarme un poco de eso? —preguntó.
Jungkook ladeó la cabeza. —¿De mi novio o de su muerte?
—De lo que quieras contarme.
Jungkook tarareó mirando en dirección a la pared viendo los varios títulos que había allí colgados.
—Lo conozco de siempre —para ella no pasó desapercibido el hecho de que Jungkook hablaba del chico en tiempo presente —. JiMin no sólo es mi novio, también es mi mejor amigo, era mi vecino cuando éramos niños, pero nos conocimos en el jardín de infantes.
—Así que, siempre han estado al lado del otro —Jungkook asintió sin mirarla todavía —. ¿Cómo se hicieron amigos?
Jungkook sonrió. —Minnie se acercó a mí, él siempre ha sido el extrovertido entre los dos.
—¿Eso te gusta de él? —tuvo sumo cuidado en cómo hacer la pregunta, no quería recalcarle el hecho de que ya no estaba.
JiMin la analizaba en silencio, leyendo las pequeñas notas que dejaba en su agenda sobre el evidente desgaste físico de su novio. Tendría que cuidarlo mejor, hacerle dormir más horas, obligarlo a comer y a arreglarse; si Jungkook seguía así, seguramente lo medicarían y él no deseaba ver a su novio completamente ido por los medicamentos que supuestamente le harían dejar de verlo.
Ellos no tenían idea de que nada tenía que ver con eso.
JiMin no iba a dejar a Jungkook, por lo que, regresando su mirada vio la sonrisa sincera y brillante de su novio al hablar de él.
Jungkook amaba hablar de JiMin.
Y JiMin amaba admirar el cómo hablaba de él.
—Amo todo de Minnie, él es especial —aclaró, sus mejillas sonrojándose ligeramente —. ¿Alguna vez se ha enamorado?
Ella parpadeó sorprendida por la pregunta antes de sonreír y asentir.
—Por supuesto, ¿estás enamorado de JiMin?
—Claro —frunció el ceño como si la pregunta fuera ofensiva o estúpida, ella ladeó la cabeza —. Minnie es el único para mí.
—¿A qué te refieres con eso? —Jungkook apretó los labios, ella suspiró mirando su reloj de muñeca —. ¿Quieres contarme algo más?
—No —su mirada se trasladó por unos segundos a su lado antes de mirarla de nuevo, ella inevitablemente miró a su lado. Tal vez era un tic nervioso del hombre, pero llevaba toda la sesión sintiéndose incómodamente acosada y no por el castaño —. ¿Debo contarle algo más?
Ella regresó su mirada a Jungkook, su rostro estaba sumamente serio con su fija mirada sobre ella. Sonrió lo mejor que pudo en su dirección negando con la cabeza.
—Sólo lo que quieras contarme, sino, te veré la próxima semana a esta misma hora.
Jungkook asintió. —Hasta entonces, doc.
Levantándose de su sitio, caminó hacía la puerta sin mirar atrás. Tarareando una melodía mientras salía del consultorio cerrando tras él. La mujer respiró hondo cuando aquella extraña sensación de malestar se fue junto al chico.
No estaba segura, no podía decirlo de sólo verlo en una sesión, sin embargo, comenzaba a creer que verdaderamente las palabras de Hana eran reales.
El chico si estaba acompañado, y no creía que fuera algo psicológico.
—Vamos JK —Jungkook suspiró con su cabeza recostada hacía atrás en el árbol, JiMin estaba acurrucado a su lado —. Sólo es una fiesta, por favor, llevas meses sin salir con nosotros —rogó Hoseok.
—No me gustan las fiestas —recordó.
—Pero siempre ibas a todas cuando… —su voz se silenció, como si de repente hubiese sido consciente de lo que iba a decir.
Jungkook torció el gesto.
—A Minnie le gusta bailar, sólo por eso iba a las fiestas —Hoseok hizo una mueca.
A pesar de que habían pasado meses desde el fallecimiento de JiMin y, que, físicamente Jungkook se veía más recuperado, el castaño todavía hablaba en tiempo presente sobre su novio.
—JK —Hoseok se puso serio de repente, y Jungkook ya sabía lo que vendría —. Oye, hermano, Min también era amigo mío y, estoy seguro qué donde quiera que esté él desearía que siguieras adelante.
JiMin rio a su lado de forma incrédula.
—¿Salir adelante? Pregúntale a qué se refiere con eso bebé.
Jungkook asintió. —¿Y eso qué demonios significa?
—Es que… —Hoseok vaciló unos segundos, suspirando alejó la mirada de él —. Ya sabes que la prima de Yoongi está aquí.
Jungkook frunció el ceño. —No tenía ni idea.
—Oh diablos —JiMin gruñó a su lado, Jungkook hizo un esfuerzo monumental por no mirarlo —. Quiere conseguirte una cita.
Jungkook jadeó. —Jodidamente no.
—¡No he dicho nada todavía! —se quejó el rubio mirándole de regreso, Jungkook gruñó —. JK, sólo queremos que vuelvas a ser tú.
—Ustedes son de lo peor —masculló levantándose de su sitio, su mano había tomado la de JiMin ayudándole a levantarse también.
Aquel extraño gesto no pasó desapercibido por Hoseok, sin embargo, no tuvo tiempo de analizarlo cuando Jungkook pasó por encima de él alejándose.
Levantándose de su sitio corrió tras su amigo.
—¡Espera, JK! ¡No es lo que parece! —Jungkook se detuvo de golpe.
—Dile que se vaya al demonio, bebé —susurró JiMin en su oreja, Jungkook se estremeció —. A menos que… quieras reemplazarme.
Jungkook apretó la mandíbula. —Pueden irse al maldito demonio, no estoy reemplazando a Minnie, ¿entienden? Minnie es el único para mí, ¿por qué no pueden respetar eso?
Hoseok se tambaleó incómodo. —No es eso, por supuesto no queremos empujarte a una cita, es sólo que Chaer está interesada en ti y…
—Pues no me interesa, no quiero que me busquen pareja. Yo ya tengo pareja —aclaró.
Hoseok suspiró. —JK, Min se fue hace meses… creo que, a él le gustaría que siguieras adelante, que salieras con quién...
—Golpéalo —gruñó JiMin.
Jungkook lo hizo, el golpe fue directo en su mandíbula haciéndole trastabillar. Hoseok gimió adolorido mirando a Jungkook con sorpresa, el hombre respiraba entre cortado mirándole con odio.
Los chicos se lo habían advertido, pero él había sido terco.
Jungkook podía actuar con normalidad la mayor parte del tiempo, pero… en el momento en que mencionaban a JiMin una parte oscura del castaño aparecía.
Jungkook ya no era el mismo desde que JiMin había muerto.
—No vuelvas a mencionar a mi novio, o te partiré la maldita cara —musitó entre dientes, Hoseok sólo podía quedarse en silencio acariciando el golpe —. No me importa que JiMin esté muerto, sigue siendo mi novio, sigue siendo el amor de mi vida y la única persona que amaré. Así que, deja el tema o déjame en paz.
Girando sobre sus pies, se alejó de allí a paso rápido con su respiración errática y su vista nublada.
JiMin miró con aburrimiento a Hoseok, decidido a darle un pequeño susto por su inteligente idea.
Nadie le quitaría a Jungkook, Jungkook era suyo.
Para siempre.
—¿Estás bien? —Jungkook arrastró su mirada hacía su novio, JiMin estaba sentado en el escritorio, sus cuencas vacías habían dejado de ser escalofriantes hace mucho tiempo atrás —. Te siento tenso.
—Es la graduación —murmuró regresando su mirada al espejo, su traje negro —aquel que había elegido combinado con JiMin— ya no era lo que él quería —. ¿De verdad tengo que ir con el? Tú no puedes usar el tuyo —se quejó.
JiMin sonrió.
—Estaré ahí contigo con una versión muy similar —Jungkook suspiró —. No quiero que estés triste amor, te estás graduando.
—No estás aquí para bailar conmigo —recordó con un nudo en su garganta, JiMin se bajó del escritorio caminando hasta posarse delante de su novio —. No quiero ir a la fiesta de graduación.
—Sólo será un rato, y regresaremos, lo prometo mi bebé —Jungkook hizo un ligero puchero que JiMin besó, las manos del castaño rodearon la cintura del pelinegro —. Puedes quedarte sentado con Namjoon, al sujeto no le gusta bailar, sólo beber.
—Pero no quiero beber tampoco —volvió a quejarse de manera berrinchuda, JiMin sonrió —. Además, si llegase a embriagarme podría hablar de ti y ya sabes que es un tema de discusión con los idiotas.
JiMin torció el gesto, era verdad.
Había pasado un año desde que JiMin había fallecido, Jungkook seguía asistiendo a terapia para evitar que Hana se le acercara. Yoo hacía lo posible por socializar con Jungkook sabiendo que el chico todavía veía a JiMin y hablaba con él sin importar que su aspecto haya regresado al saludable de siempre.
Sin embargo, todos a su alrededor sabían que Jungkook no era en lo absoluto el mismo. Su personalidad siempre había sido tímida; él mismo lo había mencionado, de los dos, JiMin había sido el extrovertido, el que lo sacaba de casa y lo llevaba a fiestas y hacía amigos, pero nunca dejándolo atrás.
Ahora, sin JiMin, la parte sociable de Jungkook había muerto. Se había vuelto alguien mucho más cerrado, más callado, parecía un cascarón vacío que vivía el día a día con una extraña aura oscura a su alrededor sin prestarle atención a nada en particular.
Por eso, siempre que los chicos mencionaban alguna salida que involucrara conseguirle una cita al castaño terminaba en discusión. Algunos de ellos, todavía insistían en que eso era lo que le hacía falta a Jungkook, otros se habían rendido con el tema. Jungkook seguía siendo agresivo cuando el nombre de JiMin era mencionado de una forma negativa.
JiMin odiaba que le quisieran buscar pareja a su Jungkookie, ellos no tenían idea de la profundidad de su relación.
Jungkook no iba a dejarlo, y JiMin menos lo dejaría.
—Será un momento, Hana quiere que vayas y desde que haces lo que ella espera de ti, nos deja en paz —Jungkook suspiró de nuevo, JiMin peinó sus cabellos castaños, sus ojos encontrándose —. Hazlo por mí, ¿sí, mi bebé? Es lo último que haremos antes de mudarnos.
Jungkook se mudaría a la capital para ir a la universidad. Aunque al principio Yoo no había estado del todo de acuerdo, era verdad que sería mejor si Jungkook se alejaba del lugar donde su novio había fallecido. Al menos, esa había sido la excusa de Hana y Jungkook muy a su pesar, la había tomado para salirse con la suya.
El plan había sido de JiMin, por supuesto, viviendo Jungkook solo en un apartamento no tendría por qué fingir que JiMin no estaba ahí con él. Podrían estar juntos tranquilamente.
Justo lo que ambos querían.
—Bien, sólo un rato —JiMin le sonrió ampliamente, de aquel modo tétrico que adoptaba su rostro pero que después de tanto tiempo con él, adoraba —. Andando.
JiMin asintió, Jungkook se inclinó besando sus labios de manera suave antes de separarse para apretarle la mano y respirar hondo tratando de tomar valentía para lo que venía.
Saliendo de su habitación y asegurándose de dejarla con seguro, caminó por el pasillo hacía la sala escuchando voces. Jungkook miró hacía JiMin, el pelinegro tenía una mirada mortal en su rostro.
—Voy a matar a Hana —gruñó JiMin acercándose a él —. Te consiguió una jodida cita para el baile.
—No… —Jungkook retrocedió, pero ya era demasiado tarde cuando Hana había aparecido frente a las escaleras viéndolo —. Maldita sea, no…
Su mirada se dirigió a JiMin, sus ojos de bambi estaban llenos de horror y temor. JiMin respiró hondo arreglando un poco su cabello antes de besar su comisura.
—Síguele la corriente, nos desharemos de él.
Jungkook tragó saliva asintiendo.
Su mirada viajó hacía su madre, aunque, desde que JiMin había fallecido su relación se había ido en picada. Ya ni siquiera la llamaba de tal forma.
Hana le sonrió, una sonrisa falsa y amplia.
—JK, baja querido, tengo una sorpresa para ti.
Jungkook respiró hondo bajando los escalones con sus piernas temblorosas, sus manos sudaban ansiosas y sabía que su respiración era ligeramente inestable. Sin embargo, Hana ignoró todo aquello tratando de agarrarlo del brazo.
Jungkook se alejó de ella como si el simple toque de su progenitora le quemara.
—No me toques —musitó entre dientes, Hana bufó —. ¿Qué quieres?
—Háblame con respeto, soy tu madre —dijo ella dándole una mirada de soslayo, Jungkook sonrió irónico —. Todo lo que hago, lo hago por tu bien.
—Entonces, muérete, eso me haría más que bien.
Su comentario había salido en un murmullo, sin embargo, los presentes en la sala lo escucharon con claridad debido al tenso silencio que había allí. Sólo los aplausos resonantes de JiMin le hicieron sentir un poco ligero.
—Así se habla bebé, no te dejes de esa arpía, ella sigue queriendo reemplazarme en tu vida.
Jungkook sacudió la cabeza, él no lo permitiría.
—¿Y bien? —preguntó arrastrando su mirada hacía su padre, el hombre se veía agotado, ni siquiera había sido capaz de decirle algo con respecto a su terrible comentario —. ¿Cuál es la dichosa sorpresa? —preguntó sarcástico.
Ya no era aquel chico triste y atormentado. Ahora era frívolo y sarcástico, casi imposible de tratar.
—Hana te consiguió una cita para el baile —murmuró su padre, pasando una mano por su cabello castaño, su rostro se transformó en una mueca de disculpa —. Sólo será una noche.
Sus ojos viajaron hacía el hombre en el sillón, su respiración se atascó. Llevando su mirada hacía Hana, se dio cuenta de que realmente la había comenzado a odiar a lo largo del año, pero esta vez, había llegado a su límite.
—Es una arpía, lo he dicho —murmuró JiMin, su tono sonaba apagado. Por supuesto —. Yo también la odio, mi amor, pero recuerda que nos iremos. Podremos vengarnos de ella después.
Jungkook apretó la mandíbula.
—Eres de lo peor —masculló antes de dirigir su frívola mirada al hombre —. Vamos.
El chico saltó en su lugar, preocupado de que su aspecto no era lo que el castaño habría querido.
—¿Hay algo mal? —se atrevió a preguntar, a pesar de que era evidente que había muchas cosas mal en toda la situación.
—¿Además de parecer la copia más barata de mi novio? —preguntó sarcásticamente, el chico parpadeó sorprendido escuchando el suspiro de Yoo y el jadeo ofendido de Hana —. Hay muchas cosas mal, pero no es asunto tuyo, reemplazo.
—¡Jungkook! —gruñó Hana, Jungkook le dio una mirada venenosa —. Discúlpate ahora mismo con JaeMin.
—Vamos —volvió a dirigir su mirada al rubio ignorando por completo a su madre, el chico se levantó de su lugar, aturdido —. Acabemos con esta mierda ya.
Jungkook salió de la casa en dirección al auto, sabía que había sido mala idea aceptar la propuesta de Hana. JiMin apareció en el asiento del copiloto con una sonrisa prepotente, Jungkook sonrió mirando al rubio quién parecía incomodo de pie a un lado del auto.
—Sube —indicó con la mano la puerta trasera.
JaeMin se removió. —Uhm, si soy tu cita, ¿no debería ir adelante?
Jungkook le miró durante un largo rato, JaeMin comenzaba a arrepentirse de haber aceptado la cita. Al haber visto al castaño en fotos le había parecido sumamente guapo, después cuando Hana le explico la difícil situación del chico había pensado que podría convertirse en su amigo y apoyo… y tal vez algo más. Pero, ahora viendo al hombre inexpresivo que le miraba con ojos muertos, supo que ni en mil años podría lidiar con él.
—El asiento de copiloto de mi auto es sólo para mi novio, sube —reiteró subiéndose al asiento conductor.
JaeMin hizo una mueca caminando al asiento detrás del copiloto para subir.
—Hana no dijo que tenías actitud de hijo de puta —musitó en cuanto el auto arrancó.
Jungkook rio. —Hana no dice muchas cosas, reemplazo.
—Dios, no deseo reemplazar a tu novio muerto —se quejó.
El auto frenó de golpe con su comentario, JiMin sonrió burlón viendo a Jungkook apretar con rabia el volante. JaeMin soltó un alarido, su nariz había golpeado el asiento delantero con ese brusco movimiento.
—¿Qué demonios?
—No vuelvas a mencionar a mi novio, o te partiré las piernas y te lanzaré al mar —su torso se giró hacía él, JaeMin se encogió en su sitio asustado —. ¿He sido claro?
—Si —susurró.
Jungkook bufó, respirando hondo cuando sintió la mano de JiMin acariciar los cabellos de su nuca.
—Estoy bien —susurró mirando hacía el pelinegro.
JiMin sonrió. —Vamos, quiero molestar a Hoseok.
Desde que Hoseok le había propuesto a Jungkook tener una cita con la prima de Yoongi, JiMin se había convertido en su pesadilla número uno, como castigo por haberlo si quiera intentado, era culpa de él que los otros se hubiesen animado a tratar de conseguirle citas. Hoseok había desistido, discutiendo en múltiples ocasiones con Yoongi y Seokjin por tratar de reemplazar a JiMin.
Nadie sabía por qué de repente parecía tan tenso y asustado cada vez que se mencionaba al pelinegro, a Jungkook le había tomado tiempo descubrirlo. Su JiMin era terriblemente celoso y posesivo, si ese era su modo de atormentar al hombre por tan estúpida idea, quién era él para decirle a JiMin que lo dejara en paz.
—Será una noche larga —musitó escuchando la risa de su novio, Jungkook sonrió ignorando ambos al rubio que estaba aterrado escuchándolo interactuar solo.
Los rumores eran reales, Jeon Jungkook había enloquecido.
—¿Estás emocionado por mudarte de ciudad? —Jungkook levantó su mirada hacía Minjae.
Su psicóloga a lo largo del año se había convertido en una persona agradable para Jungkook, pero no para su celoso novio.
—Si —sonrió —. Necesito alejarme de Hana, ahora más que ella y mi padre están en proceso de separación.
Minjae asintió. —¿Cómo te hace sentir eso? ¿quieres hablarlo?
Jungkook se lo pensó por varios segundos, su mirada se desvió de repente hacía un lado antes de sonreír.
—Estoy bien, no sé si debería sentirme culpable. Sé que la principal causa de su separación soy yo. Pero, también sé lo hija de puta que es Hana, no me sorprende que papá se haya cansado de ella —Minjae asintió anotando un par de cosas en su agenda —. Da igual, papá merece un verdadero descanso.
—¿No se mudará contigo?
—No —negó con la cabeza recostándose en el sillón, su mirada nuevamente se desvió, esta vez dejándola en aquel punto —. Quiero y necesito vivir solo, además papá tiene sus proyectos.
—¿Por qué quieres o necesitas vivir solo? —su mirada viajó al mismo punto que observaba tan intensamente Jungkook. Allí no había nada.
Al regresar la mirada al castaño, el hombre tenía aquella mascara de indiferencia total, con sus ojos vacíos y frívolos.
—Porque si —fue lo que dijo con voz tensa.
Minjae volvió a asentir, carraspeando en su sitio.
—Cuéntame, ¿entraste a la universidad que querías?
Su sonrisa regresó. —Sí, hemos hablado cientos de veces sobre esta universidad con Minnie, ambos queríamos ingresar a ella.
Minjae sonrió de manera forzada.
—¿Todavía piensas en JiMin como tu novio?
Aquella pareció ser una pregunta incorrecta, Jungkook se tensó en su sitio apretando su mandíbula mientras le miraba con fijeza, algo en su mirada le hizo sentir nerviosa.
—¿No quieres hablar de ello? Sabes que puedes decirme lo que tú quieras —trató de arreglarlo mirando sus apuntes.
La mirada de Jungkook no la abandonó.
—Minnie es mi novio, no ha dejado de serlo y no dejará de serlo —su voz había sonado terriblemente tétrica para la psicóloga.
Ella asintió nuevamente.
Hablar de JiMin era complicado, a pesar de que llevaban casi un año en terapia, no habían avanzado mucho con respecto a ese tema. Jungkook solía hablarle de JiMin en todas sus sesiones, pero, era como si el chico simplemente dejara de lado el hecho de que el hombre que decía era su novio estaba muerto.
Sus anécdotas variaban desde la infancia, adolescencia hasta el tiempo presente. A veces, parecía que decía algo de más y algo en él se desconectaba por unos segundos dejando ese tema de lado para hablar sobre otra cosa.
A pesar de que, hablaba casi todo el tiempo de JiMin, nunca tocaban el tema de su muerte. No tenía permitido recordarle que el hombre ya no estaba.
—Claro —murmuró carraspeando —. Entonces… —no estaba actuando como profesional, necesitaba empujar el tema —. ¿No tienes pensado salir con nadie más?
Jungkook se quedó en blanco por un largo rato.
Su mirada pareció viajar a otro punto de la habitación, paseando por detrás de ella como si alguien caminara a sus espaldas. Minjae sintió un escalofrío cuando aparentemente algo pesado se instaló en su nuca, su respiración se agitó.
—Minnie… —Jungkook suspiró, como si aquello no fuera nuevo —. Vamos amor, no te portes así, ya casi nos vamos.
Minjae se sintió sofocada, Jungkook hizo una mueca.
¿Estaba discutiendo con alguien acaso?
—No me gusta su pregunta —Jungkook despeinó sus cabellos castaños —. Te he dicho que no me gusta ella, pero todavía vienes aquí después de un año. ¿Por qué?
—Tú sabes porqué, Minnie. La condición de Hana para dejarme ir fue un año de terapia —le recordó, JiMin gruñó con su mano apretando el cuello de su psicóloga —. Amor, no puedes hacer esto ahorita cuando estamos a nada de irnos.
—¿Acaso te gusta ella? —Jungkook se estremeció elevando su mirada dolida hacía JiMin, sus cuencas vacías le miraban enojado —. ¿Es eso? ¿quieres revolcarte con ella Jungkook? ¿quieres que me vaya de tu vida? ¿tienes ganas de experimentar?
—¡Maldición, no! —Jungkook se levantó de su sitio despeinando nuevamente con ira su cabello castaño —. ¿Cómo puedes si quiera decirme eso, amor? Yo te amo, a ti, solamente a ti.
—Demuéstralo —gruñó, sus dedos se apretaron aún más alrededor del cuello de Minjae, ella gimió angustiada. Jungkook le miró fijamente ignorando lo que él hacía —. Podría asesinarla, ¿te importaría?
—En lo absoluto —el castaño se cruzó de brazos con mirada indiferente —. Adelante, Minnie, mátala. No es la primera vez que me haces esta mierda y yo tengo que lidiar con ello.
Minjae sollozó asustada, la presión en su cuello era tan real que comenzaba a sentirse asfixiada. Jungkook no la miraba a ella, no había compasión o lástima en sus ojos, sólo dolor e ira por la discusión unilateral que estaba teniendo.
Unilateral para ella, porque evidentemente algo estaba allí con ellos.
JiMin lo miró fijamente por varios minutos antes de soltar a la mujer. Ella tosió irremediablemente, acariciando su cuello cuando la sensación de asfixia se esfumó de repente.
JiMin caminó hacía el castaño, siendo abrazado inmediatamente por la cintura mientras se inclinaba para besarle en los labios.
—Te amo sólo a ti, Minnie, ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? No me vas a dejar y yo no te voy a dejar. Estamos juntos, por siempre —susurró sobre sus labios observando sus ojos negros.
JiMin sonrió. —Eres sólo mío, Jungkookie.
—Sólo tuyo, amor —soltando un poco a su novio, miró en dirección a la psicóloga que lo miraba con horror —. Preferiría que hagamos un arreglo sobre esta situación, Minjae.
Ella asintió lentamente.
—Le diré a… Hana que ya no es necesario que regreses a las terapias, no quiero que vuelvas —susurró, sintiendo el dolor en su garganta ir en aumento —. No le diré a nadie, lo juro.
—Bien —Jungkook sonrió con satisfacción —. Te lo agradecería, era mi última cita de todos modos —se encogió de hombros. Jungkook había cambiado tanto; del chico nervioso que había llegado en la primera sesión a aquel que le observaba con total desinterés y frialdad había un cambio brutal —. Si evitas hablar de esto, te aseguro que no volverá a sucederte. Por el contrario, si lo llegas a mencionar…
Minjae se encogió en su sitio atemorizada.
—No lo haré —prometió —. Ya puedes irte, Jungkook.
—Genial, adiós Minjae.
Jungkook caminó hacía la puerta, parecía llevar a alguien tomado de la mano.
—Cierra la puerta, Minnie.
Bajo la atenta mirada de Minjae, notó como Jungkook salía de la habitación y luego, la puerta se cerraba unos metros lejos de él.
Definitivamente algo acompañaba al hombre.
Pero ese ya no era su problema.
—Hola —Jungkook levantó la mirada de su libro al chico que estaba de pie frente a su mesa —. ¿Eres Jeon?
Jungkook arqueó una ceja mirando el alrededor, JiMin no estaba cerca. Seguramente debía estar molestando a alguien de alguna mesa cercana, sonrió. Su novio solía aburrirse cuando él debía estudiar para los exámenes finales.
—Si —respondió regresando la mirada a él, su mano jugó con la lapicera entre sus dedos —. ¿Se te ofrece algo?
El chico hizo una mueca. —Soy Dongmin.
Jungkook asintió regresando su mirada al libro ignorando la amplia sonrisa del hombre. Dongmin se removió en su sitio con ansiedad, llevaba desde primer semestre observando al solitario castaño, había escuchado rumores sobre lo misterioso que era.
Viéndolo ahora allí sentado, se veía tan aburrido de la vida.
—Uh… hablé con el profesor de dibujo abstracto y estuvo de acuerdo en que trabajáramos juntos —murmuró.
Jungkook apretó la lapicera entre sus dedos deteniendo su juego ante las palabras del hombre. Levantó la mirada para fijarla con malestar sobre él, Dongmin se removió nuevamente.
—¿Qué? —preguntó, quería creer que había escuchado mal.
Su mirada se dirigió al pasillo, Dongmin miró la misma dirección con curiosidad, aunque allí no había nada. Apreció con claridad como el castaño parecía seguir con la mirada algo.
Sus labios se estiraron de repente, en un tierno pico para después sonreír y regresar a su libro.
De acuerdo, definitivamente el chico era extraño. Pero eso no le importaba a Dongmin, era mucho más atractivo que extraño.
Había estado stalkeando sus redes sociales, había sido difícil debido a que, aparentemente nadie tenía si quiera su número de teléfono. Sin embargo, con una exhaustiva búsqueda había hallado el perfil del castaño, encontrando que llevaba sin actividad desde hace dos años y medio.
La última publicación del hombre era un vídeo de él acompañado de un chico de cabellera negra, ojos redondos y sonrisa preciosa. Parecían estar en un campo abierto, el viento despeinaba las cabelleras de ambos, mientras el chico de cabellera negra reía divertido grabando al castaño hacer el ridículo de fondo. Nada comparado al hombre serio e inexpresivo que veía justo ahora.
Sus redes sociales etiquetaban una cuenta, justamente la del pelinegro, aquella cuenta llevaba más tiempo inactiva. Tres años. La última publicación en ella, era una fotografía de ambos en una noria, con el paisaje de la ciudad de fondo y ambos dándose un beso.
Era una foto preciosa, sin embargo, según sus investigaciones aquel chico de cabellera negra llevaba de fallecido justamente el mismo tiempo de la última publicación del castaño.
Imaginaba que, por eso, el castaño era tan reservado y su actitud tan déspota y frívola. Dongmin quería cambiar eso.
—Uhm, Jeon —la mirada del hombre se levantó en su dirección, como si hubiese olvidado su presencia —. Te estaba hablando del trabajo de dibujo abstracto.
—Trabajo solo —declaró con tono tosco —. Piérdete, estoy ocupado.
Dongmin hizo una mueca. —El profesor dijo que no te permitiría trabajar solo de nuevo, así que…
Jungkook suspiró, cerrando su libro en un golpe sordo sobresaltó al otro chico ante tal arrebato. La mirada de Jungkook se dirigió nuevamente a un lado, frunciendo el ceño antes de blanquear los ojos y mirarle otra vez con desagrado.
—Te enviaré un correo, anótalo —Dongmin sonrió emocionado tomando la lapicera del castaño para anotar rápidamente su correo —. ¿Ya puedes dejarme solo?
—Si —asintió de manera efusiva, agitando su mano —. Esperaré tu mensaje, Jeon.
Jungkook lo ignoró mirando la dirección de correo electrónico en su agenda, suspirando miró hacía su novio quién observaba la silueta del chico alejarse cada vez más de esa zona de la biblioteca.
Su mano, se deslizó al muslo del pelinegro. JiMin regresó la mirada a él sonriéndole divertido.
—¿Qué es lo que estás planeando amor? —preguntó sin rodeos, estrechando sus ojos hacía él.
Desde que Jungkook se había mudado a Seúl, se había encargado de mantener una reputación perfecta en lo que se le llama ser: un hijo de puta. Después de la graduación, él y sus amigos tomaron caminos diferentes, lo cual de algún modo lo aliviaba. Por supuesto, todavía se enviaban mensajes de texto o hacían video llamadas, incluso se habían reunido un par de veces desde que habían comenzado carreras.
Pero, dentro de la universidad, Jungkook no se relacionaba con nadie. Había tenido en primer semestre una compañera con la cual se había llevado medianamente bien, pero está había decidido que declarársele era buena idea.
Su cuerpo seguía sin ser encontrado. Jungkook había pasado por interrogatorios al haber sido una de las últimas personas en ver a Jisoo con vida, aunque su actitud desinteresada y frívola había llamado la atención de los investigadores, pronto lo habían descartado cuando supieron su trágica situación con su novio fallecido. Pensaban que, el chico estaba demasiado hundido en la depresión para asesinar a alguien de la manera brutal en la que la chica había sido asesinada.
Especulaciones había por montones, sin embargo, Jungkook nunca revelaría nada. Él protegería a JiMin a como diera lugar, después de todo, habían sido los celos de su hermoso novio lo que le había llevado a arrastrar a la chica hasta los bosques aledaños y masacrarla. La escena había sido encontrada, por eso, los investigadores sabían que había sido una muerte terrible. El caso había quedado estancado por falta de pistas, pruebas, evidencia y sobre todo sospechosos.
Desde entonces, Jungkook se había mantenido alejado de todos. Algunos pensaban que, el chico estaba maldito. Un par de ellos se habían enterado de su novio fallecido, luego su compañera asesinada. Creían que el castaño cargaba la peste, sinceramente para él era mejor. No estaba interesado en socializar, la única persona que necesitaba en su vida era a JiMin, su novio.
—¿Por qué crees que planeo algo? —JiMin hizo un adorable puchero, Jungkook se inclinó para besarlo —. Está bien, tú ganas, es que… es obvio que te quiere Jungkookie.
—Yo te quiero sólo a ti —susurró, levantando su mano para acomodar un par de mechones del hombre, JiMin suspiró complacido —. Entonces, ¿qué planeas?
—Bueno… —su sonrisa se amplió de aquella forma tétrica que tanto amaba —. Sólo dile que vaya a nuestro apartamento mañana en la noche.
—Minnie… —advirtió. El pelinegro blanqueó los ojos.
—No lo asesinaré, lo prometo. Sólo será un susto pequeñito, confía en mi —Jungkook sonrió asintiendo, JiMin aplaudió emocionado —. Iré a seguir asustando a los otros.
—Minnie —Jungkook rio entre dientes —. Harás que piensen que la biblioteca está maldita.
—Quiero chupártela, pero hay unas chicas en unas mesas más allá, necesito que se vayan —Jungkook gimió.
—Dioses amor, está bien, te espero.
JiMin sonrió besándole en el cuello antes de desaparecer repentinamente de su vista. JiMin era lo único que Jungkook necesitaba, definitivamente.
[…]
Dongmin peinó sus cabellos de manera nerviosa tratando de asegurarse que se veía decente para la reunión antes de levantar su dedo para timbrar en el apartamento de Jungkook.
Cuando la noche anterior había recibido un correo del chico con una dirección, fecha y hora; simplemente no había podido sentirse más entusiasmado y feliz. Por supuesto, era consciente de que la reunión era netamente por el trabajo, sin embargo, no quería decir que no podía aprovechar la oportunidad.
La puerta seguía sin abrirse, Dongmin frunció los labios inclinándose para pegar su oreja en la puerta.
¿Jungkook habría salido a comprar algo antes de que llegara?
Sin el número del chico, lo único que podría hacer sería enviarle un correo para que supiera que estaba allí. Su dedo se movió al timbre de nuevo, un ruido del otro lado de la puerta detuvo sus movimientos.
¿Había escuchado bien?
Volviendo a inclinarse sobre la puerta pegó su oreja en la madera tratando de verificar lo escuchado. Su mandíbula se apretó cuando recogió otro sonido.
Definitivamente, eran gemidos.
Un poco roncos, debían ser de Jungkook. Aunque había otros más agudos y suaves que no podía recoger del todo.
¿Estaba cogiendo con alguien antes de que él llegara?
Respirando hondo, timbró con un poco más de rudeza, su dedo permaneciendo más tiempo del requerido sobre el timbre.
—¡Joder, ya voy! —gruñó la voz del castaño.
Dongmin se removió, durante quince minutos tuvo que escuchar la voz rota del castaño antes de que la puerta se abriera de golpe frente a él. Dongmin respiró recogiendo en sus fosas nasales, el olor del almizcle, sexo y perfume del castaño.
Su cabello estaba sudoroso y despeinado, sus mejillas algo sonrojadas y no traía camiseta, remarcando rasguños en su pecho y sobre sus hombros que seguramente llegaban a su espalda.
Dongmin se relamió los labios, levantando la mirada hacía Jungkook. El castaño respiraba agitado, y, aun así, le miraba con indiferencia total, levantando su mano peinó sus cabellos hacía atrás.
—Llegas tarde —Jungkook se hizo a un lado antes de mirar hacía el pasillo —. ¡Amor, cierra la puerta de la habitación!
Dongmin hizo una mueca, se había tardado lo suficiente en arreglarse y comprar algo de cenar para no llegar con las manos vacías. Adentrándose al apartamento sólo pudo escuchar la puerta de la habitación cerrarse, su mirada no había logrado distinguir ninguna figura por lo que, no podía determinar quién había cerrado la puerta.
—Sí, uhm, salí tarde de mi última clase y decidí pasar a comprar algo de comer —alzó la bolsa con el pollo frito.
Jungkook lo observó por unos segundos antes de asentir, cerrando la puerta. Caminó delante de él dirigiéndolo al comedor, su espalda llena de rasguños hizo que Dongmin se sintiera incómodo, incluso, algunos parecían sangrar ligeramente.
—Uh, estás sangrando —Jungkook miró sobre su hombro tratando de verse la espalda antes de sonreír, era una sonrisa burlona —. Digo…
—Sí, eso pasa cuando tienes sexo muy intenso con tu pareja —mencionó de manera sarcástica.
El sonido de la ducha les hizo mirar a ambos en dirección a la habitación, Jungkook suspiró.
—¿Vas a…? —carraspeó manteniéndose en su sitio sin saber bien cómo proceder —. ¿Vas a vestirte?
Jungkook se miró. —Ahora vuelvo.
Caminando por el pasillo, abrió la puerta de la habitación. Dejándole ver un vistazo a Dongmin de ella, lo único que había logrado ver claramente había sido un cuadro de una fotografía colgado sobre la cama. Sin embargo, la penumbra de la habitación no le había permitido apreciar quiénes estaban en ella.
Jungkook tomó una camiseta del suelo antes de salir de la habitación diciendo algo más a la persona que estaba en la ducha, parece que recibió respuesta porque Jungkook sonrió negando con la cabeza cerrando nuevamente la puerta tras de él mientras se colocaba la prenda.
—Al comedor —señaló con el mentón el espacio.
Dongmin asintió acercándose a la mesa, miró a su alrededor sorprendido de ver cuadros y fotos en las paredes y muebles de Jungkook y el chico fallecido.
—¿Es tu novio? —preguntó haciéndose el desentendido.
Jungkook regresaba de la cocina con un vaso con agua bebiéndolo de golpe, él también tendría sed si hubiese tenido tal encuentro fogoso.
—Si —asintió con una sonrisa, sus ojos se suavizaron al mirar uno de los cuadros. En el, estaba únicamente el chico sentado con su mirada desviada a un lado —. Lo es.
Dongmin apretó los labios.
Si él todavía creía que el chico fallecido era su novio, entonces, ¿a quién demonios llamaba amor? ¿lo hacía sólo para tener sexo? Porque era evidente, que, nadie debía vivir con él.
¿Quién demonios viviría en un sitio con una persona que tenía cientos de fotografías de su pareja fallecida cómo decoración?
—Es lindo —susurró, con la garganta apretada.
Jungkook rio entre dientes. —Es el chico más hermoso que verás en tu vida —aclaró.
Dongmin sonrió de manera torcida.
—¿Él está aquí? —quería saber si Jungkook sería capaz de admitirle que estaba muerto.
—Pues... en la ducha —señaló en dirección a la habitación como si su pregunta hubiese sido estúpida.
Dongmin sintió su corazón acelerarse, eso era imposible. Él había hecho sus investigaciones, las redes sociales del pelinegro estaban llenas de mensajes de pésame por su fallecimiento.
Jungkook le miró fijamente, sus ojos oscureciéndose lentamente mientras ladeaba la cabeza. Antes de que alguno pudiera decir o hacer algo, la puerta de la habitación se abrió.
Dongmin arrastró inmediatamente su mirada al sitio, su respiración se atascó al ver la figura pálida del pelinegro. Jungkook arrastró su mirada hacía él también sonriendo ampliamente.
—Hey amor, ¿quieres pollo frito? —JiMin sonrió caminando con pasos lentos y delicados hasta el castaño.
Éste inmediatamente lo tomó de la cintura, inclinándose para besar su cuello. JiMin sonrió más amplio, pero algo en su sonrisa le parecía escalofriante y perturbador.
—Mmh, ¿pedirás pollo frito? —su voz fue un suave murmullo, provocándole un estremecimiento a su cuerpo.
Jadeó.
—No, él trajo —señalándolo, JiMin arrastró su mirada hasta él, sus ojos eran vacíos y oscuros, tétricos.
Dongmin retrocedió inevitablemente, asustado. JiMin ladeó la cabeza sonriendo divertido en su dirección.
—¿Estás bien?
—Tú… —carraspeó mirando con horror a Jungkook, Jungkook miraba fijamente a JiMin —. Tú estás muerto.
La mirada de Jungkook se dirigió a él.
—¿Disculpa? —preguntó Jungkook estrechando sus ojos —. ¿De dónde sacaste eso?
—Yo… —tragó saliva, si quisiera huir tendría que empujar a la pareja del camino —. Investigué, vi tus redes sociales y las de él. Sé que él está muerto.
—Lo estoy —Jungkook bufó —. Jungkookie no seas así.
—Amor, no digas eso.
Dongmin parpadeó un par de veces, sus manos se dirigieron a sus ojos restregándolos hasta el punto del dolor. Al abrirlos JiMin estaba de pie frente a él, gritó cayendo sobre su trasero para retroceder viendo a Jungkook mantenerse en su sitio con rostro aburrido y a JiMin acercarse lentamente hasta él.
—¿Por qué estás aquí, Dongmin? —la voz de JiMin fue aterciopelada pero fría.
Dongmin volvió a estremecerse. —El trabajo…
JiMin le dio una mala mirada.
—La verdadera razón por la que te acercaste a mi Jungkookie, Dongmin. Dímela.
Dongmin sollozó aterrorizado. Jungkook sólo los observaba en silencio, caminando hasta la bolsa de pollo frito que Dongmin había dejado sobre el comedor.
—Yo… es que… —sollozó —. Pensé…
—¿Pensaste que podrías enamorar a mi novio? —se burló, su voz cambiando ligeramente a una mucho más perturbadora. Dongmin se encogió —. ¿Creíste que necesitaba de alguien que le diera amor y comprensión? —siguió burlándose mientras se acuclillaba frente a él —. ¿Qué ahora que estoy muerto, seguramente querría verlo feliz y contento en brazos de alguien más? —Dongmin renegó.
Incluso cuando sabía que eso era exactamente lo que había pensado.
—Déjame decirte que eso no es cierto —susurró cerca de su rostro, Dongmin cerró los ojos aterrorizado —. Jungkookie es sólo mío, mi novio… él sólo es feliz conmigo. ¿Ha quedado claro, Dongmin?
—¡Si! No me hagas daño, por favor —lloró desconsoladamente en su rincón, abrazando sus piernas con temor negándose a levantar la mirada.
—Sólo mantente alejado de mi novio y te prometo que no te haré daño.
Dongmin sintió que podía respirar cuando la presencia abrumadora de JiMin desapareció de en frente suyo. Levantando la mirada con temor, observó a JiMin sentado en la barra de la cocina comiendo pollo frito como si nada mientras Jungkook estaba entre sus piernas acariciando la piel desnuda. Parpadeó aturdido.
Jungkook le dio una mirada de soslayo.
—No es para tanto, hombre, levántate.
Con sus piernas inestables hizo lo indicado, Jungkook lo estudió en silencio blanqueando los ojos para regresar su mirada a JiMin.
—¿Cuánto tiempo podrás estar así? —su voz había sido un susurro, pero Dongmin lo había escuchado.
—Un par de días más, te dije que confiaras en mí, mi bebé —Jungkook sonrió asintiendo para inclinarse y besar su mejilla —. Anda, haz trabajos mientras yo los vigilo.
—Bien —alejándose del pelinegro le miró —. ¿Tienes lo que necesitamos?
Dongmin parpadeó desconcertado. —¿Cómo…?
—No necesitas saberlo —intervino JiMin de forma ruda —. No me provoques, amigo, haz el maldito trabajo y lárgate.
Dongmin asintió.
Ahora, los miles de rumores que rodeaban al castaño tenían sentido. Muchos creerían que Jungkook estaba cerrado a la idea de dejar en paz la memoria de su difunto novio, pero, realmente no tenían ni idea de que el alma de JiMin estaba atada a la de Jungkook.
Sin importar cuantas personas intentaron hacerle ver que, lo mejor que podría hacer para respetar la memoria de JiMin era seguir adelante con su vida. Jungkook no había hecho caso en lo absoluto a ninguna de ellas, es más, esas personas ya ni siquiera eran parte de su vida.
Porque, definitivamente no es cierto. JiMin no deseaba verlo seguir adelante, no deseaba verlo con alguien más. JiMin era egoísta y deseaba que Jungkook se guardara eternamente para él; Jungkook amaba a JiMin, no deseaba abandonar su alma, no deseaba dejar de verlo o sentirlo. Deseaba estar para siempre con el pelinegro.
Ellos eran el uno para el otro.
Y ni la muerte podría separarlos.
Hola!
¿Cómo están?
Aquí yo reportándome con un nuevo Os, espero que les guste y que lo apoyen. He trabajado por semanas en éste escrito así que, realmente espero que sea de su agrado.
Sol, si estás leyendo esto, bueno, va dedicado a ti con todo mi cariño.
Eso es todo, ¡gracias por leerme!
Hee♡.