Capítulo Único
Louis coloca colonia sobre su cuello como todos los días.
Está enamorado de Harry Styles, un chico que se sienta todos los días en el mismo asiento del parque frente a su departamento. Y está por irlo a ver como todas las mañanas anteriores a esta. Él espera paciente a que el semáforo se pinte de verde para poder cruzar la calle y llegar al parque.
Algo que de verdad ama de esperar, de ser tan paciente, es que desde la acera puede ver los rizos del muchacho. Desde su posición, puede ver la forma en que suspira y cruza las piernas, tomando fotografías y sosteniendo en su regazo una libreta vieja que nunca olvida cargar consigo. Cuando cruza la calle, los vendedores de helado, dulces, y demás chucherías, le miran con una felicidad que es demasiado contagiosa. Él se las devuelve y avanza hasta llegar a Harry.
Se sienta a su lado con un disimulo que aprendió a manejar; en principio, le costó tanto fingir que no lo conocía, que debía enamorarlo cada día y vivir con el deber de no dejarlo varado. Porque Harry olvida todo lo que vive cada vez que despierta por la mañana, esto debido a un accidente que sufrió cruzando la misma calle que Louis cruza para llegar a él. Así, Harry quedó abandonado en un mismo día donde su rutina se basa siempre en levantarse, ir a sentarse al parque, y marcharse cuando su corazón se llena de la sensación que Louis deje en él. Aun cuando Louis sabe que Harry no le espera, porque lo conoció cuando ya llevaba un año siguiendo la misma rutina, la sensación que él deja a su vez es lo único que necesita para llenar su carga y levantarse a la mañana siguiente para regresar con él.
Harry no le mira en ningún momento. Sigue tomando fotografías de los pájaros sobre la fuente; Louis sabe que son sus fotos favoritas de tomar. Ha ido a su departamento y sabe que el rizado las cuelga en la pared donde su cama está arrimada. Una vez le comentó que ama despertar y verlos colgados allí. Para Louis, es como un recuerdo de la libertad que alguna vez tuvo y que ahora solo puede observar de lejos, sin ser consciente siquiera que es un prisionero de su propia mente.
Cuando Louis marchó aquel día, trató de convencerlo de tener un pájaro en su casa a la mañana siguiente, pero Harry no comprendió quién era ese sujeto que conocía su gusto por las aves. Ese extraño que sabía de él lo que nadie más conocía. Las cosas no resultaron bien, y Louis tuvo que obligarse a fingir que él también olvidaba a Harry.
Harry toma la última fotografía de un pájaro antes de que este marche con las alas extendidas. Louis finge que no ve el puchero en sus labios cuando sucede, también finge que no le interesa nada de lo que el muchacho hace cuando rebusca en las hojas de su diario, pese a que sabe lo que está por suceder.
Sonríe cuando pasa. Cuando Harry toma el bolígrafo que tiene atado al lomo de su diario para comenzar a escribir y este no marca ni una sola de las letras que escribe.
Louis le extiende su propio bolígrafo.
—Uhm… —Harry le mira con los ojos en grande, el verde de sus pupilas siendo más notorio que otros días. Para Louis, es una buena señal—. Gracias.
Louis le asiente y vuelve a fingir. Permanece sentado a su lado, solo observando a quienes pasan a su alrededor. Harry le mira de reojo mientras anota cosas en su diario, no corriendo sus rizos y dejando que estos le sirvan de cortina para poder espiarlo, pero Louis siente su mirada. Sabe cómo es ser observado fijamente por sus ojos profundos.
—¿Tú…? —Harry se sienta derecho y arruga su nariz. Louis le mira aguantando una sonrisa—. ¿Tú eres nuevo por aquí?
—Sí —Louis se apresura a contestar—. Me mudé hace poco —miente, lo hace como debe de hacerlo para que Harry no sospeche nada.
Él no lo hace, nada más sonríe con unos hoyuelos mostrándose en sus mejillas y con un sonrojo que Louis no puede pasar desapercibido.
—No te había visto nunca antes por aquí. ¿Dónde vives? —Louis señala el edificio frente al parque—. Oh… Vivo en el edificio de al lado.
—Qué bien. —Louis le asiente, regresando la mirada a un par de niños arrodillados sobre el suelo jugando.
—¿Quieres…? —Harry no le mira, tímido—. ¿Quieres ir por un café? Conozco un lugar por aquí que…
—Sí. —Louis no demora en colocarse de pie, quizá demasiado entusiasmado de que sean uno de esos días donde Harry es quien toma la delantera.
Harry le mira con burla, pero también se levanta de su asiento. Su cámara cuelga de su cuello y la libreta la coloca debajo de su brazo, dejándose ver con unos pantalones largos que se abrazan a sus largas piernas. La camiseta celeste que lleva puesta Louis se la regaló en su último cumpleaños; la dejó en su armario una noche antes de que amaneciera, pero Harry no se la había puesto hasta esa ocasión.
Ambos caminan a la par, Louis tratando de imitar los largos pasos de Harry hasta llegar a la cafetería. En ella, los dos terminan sentados frente a frente, Harry recorriendo a Louis con la mirada mientras sus dedos juegan con la tira que sostiene su cámara. Si Louis no lo conociera, diría que el rizado desea tomarle una foto.
—Creo que te conozco —comenta de la nada, casi sorprendiendo a Louis. Pero es una charla que el castaño ya se la sabe de memoria, así que simplemente le sonríe de costado y niega.
—Yo nunca te había visto antes —le dice—. Creo que me confundes con alguien más.
No le dice que ha besado sus labios en los días buenos, cuando la verdad termina saliendo a la luz y Harry la asimila de buena forma.
Harry solo hace una mueca y asiente.
Alguien más viene y toma su orden. Harry pide un café con leche y Louis un café moca bajo la divertida sonrisa del rizado, quien le comenta que esperaba verlo tomar un café cargado solo porque tiene la pinta de ser de esas personas. Louis ríe por el comentario, siendo tan casual y repetitivo, pero aun sintiéndose como la primera vez.
—¿Eres fotógrafo? —Louis señala a la cámara. Harry se mira a sí mismo y niega con un encoger de hombros.
—Solo soy un novato —responde—. Pero me gustaría serlo algún día.
Louis asiente a lo que dice, no teniendo el corazón para decirle que no lo logrará, que su vida está destinada a ser la misma todos los días.
—¿Puedo ver tus fotos? —Harry no se niega como otras veces.
Se arrastra lejos de su asiento y ya no está frente a él, sino que ocupa el lugar junto a Louis, tan cerca que el castaño puede oler la colonia en su cuello y ropa. Puede sentir el calor de su piel y ver la forma en que su nariz se mueve mientras habla.
—Estas son algunas que tomé en el parque… —Extiende la cámara hacia él, la pantalla iluminando una bandada de pájaros de diversos colores comiendo semillas del suelo. Pasa la imagen y ahora muestra a un anciano alimentando a las aves. Louis lo conoce, pero guarda silencio al respecto y solo escucha a Harry contarle quién es y por qué alimenta a las aves todos los días. Louis le asiente, prestando suma atención a todo lo que le dice.
En un movimiento brusco por alcanzar su café con leche, Harry derrama el de Louis sobre sus jeans y parte de su camiseta negra. Ni siquiera está del todo caliente, pero el rizado se desespera por acumular servilletas sobre su regazo para limpiarlo mientras se disculpa. Louis toma la cámara de Harry antes de que esta caiga al piso.
—Harry —le insiste cuando no se detiene. Él le mira con la frente fruncida, aún preocupado—. Está bien, no pasa nada. Puedo ir a casa a cambiarme.
Harry se aparta de él lentamente.
—No te dije mi nombre —susurra extrañado.
—Sí lo hiciste —Louis contradice con rapidez. Antes de que Harry pueda responder, Louis le entrega la cámara y se levanta, obligando al rizado a correrse de su lugar para que pueda salir—. Yo… me voy ahora.
Louis no espera a que Harry le responda, simplemente huye del sitio en dirección a su departamento. Sabe que no podrá inventar excusas si Harry le sigue preguntando al respecto, y es más probable que le diga toda la verdad antes de siquiera intentar seguir las órdenes que Harry necesita.
Pero es el rizado quien lo detiene en medio camino.
—¿Cómo te llamas? —Su mirada es intensa, tan fuerte que Louis siente la piel quemar, tal como si el café realmente hubiera estado caliente.
—Me llamo Louis —le murmura.
Harry parpadea en un silencio que es interrumpido por el ruido de las calles, pero que no existe para Louis mientras su chico le mira fijamente.
—Louis —repite él—. ¿Puedo acompañarte a casa? Quiero asegurarme de que no te he quemado.
Y Louis no puede decir que no, mucho menos cuando su mano todavía se presiona sobre su muñeca. Así que se encuentra solo con Harry en el ascensor que lo lleva al tercer piso de su hotel, ambos mirándose de reojo en una incomodidad que ya es conocida. Tan conocida como todo lo que viene con Harry, y Louis está dispuesto a sentir cualquier sentimiento que Harry quiera dejar en él con tal de seguirlo viendo.
Están frente a la puerta del departamento de Louis antes de que el castaño pueda pensarlo dos veces, y sabe que no debería dejarlo pasar con tanta simpleza, pero sigue sin poder decirle que no cuando Harry se recarga sobre la pared.
—No tienes que hacer esto —le dice—. Estoy bien. No me he quemado ni nada, mira… —Se alza la camisa, mostrándole su estómago. Sin embargo, Harry no parece convencido cuando lo ve.
—Abre la puerta —le pide con suavidad, pero con una expresión que Louis sabe le traerá problemas. Aun así, obedece a lo que él pide.
Su pieza es demasiado pequeña y oscura. Tiene una habitación al final del pasillo y dos habitaciones antes, la cocina y el baño correspondientemente. Harry ingresa con facilidad, mirando todo a su alrededor con ojos inquisidores. Tiene el atrevimiento incluso de ir hasta la habitación de Louis y revisarlo todo con sus ojos verdes.
Cuando no encuentra nada, se gira hacia Louis con la frente mucho más fruncida. Louis hace el amago de hablar, pero Harry abre su diario y comienza a hojear el contenido de este. Apenas encuentra lo que busca, le estira la libreta hacia él para que mire.
—Eres tú —le dice. Louis ve lo que le muestra, encontrándose en las páginas arrugadas del diario de Harry—. Te dibujé —explica con simpleza.
Louis aprieta los ojos y casi sonríe por lo que está sucediendo, pero decide irse por el camino difícil y tomar la mano de Harry y guiarlo más profundo en su habitación hasta estar frente a su escritorio. De él saca una libreta casi parecida a la de Harry, un poco menos descuidada y con ningún dibujo en la portada. El rizado se la arrebata de las manos antes de que pueda entregársela.
Louis lo observa revisar las páginas llenas de fotografías, cada una tomada por Harry con un pequeño texto debajo que explica cuándo y por qué la tomó. Cuando llega a la zona donde Louis se encuentra, Harry respinga en su lugar al ver una foto de ellos dos abrazados. Luego sigue otra donde Louis le está besando la mejilla a Harry y este sonríe mientras toma la foto. Hay muchas otras más, todas con un pequeño escrito que el rizado mismo escribió en su momento, cada una de ellas mostrando los días donde Harry termina en los brazos de Louis.
—¿Por qué…? —Harry repasa con sus dedos la última fotografía donde ellos dos se están besando.
El rizado se desploma sobre el suelo con lágrimas en sus ojos, Louis corre a sostenerlo y tomar sus manos temblorosas entre las suyas.
Louis no dice nada mientras Harry se derrama sobre su hombro. Guarda profundo silencio a la vez que el contrario se aferra a él con temor; aun cuando deja de llorar, no lo suelta. Permanecen abrazados hasta que la tarde comienza a caer.
—¿Hace cuánto tiempo…? —susurra con voz ronca.
Louis suspira.
—Hace cinco años —responde.
Harry vuelve a respingar, pero no se separa.
—¿... Te conozco desde hace cinco años? —susurra con miedo, una que Louis comprende cuando repasa el nacimiento de su cabello y atraviesa su piel. Se encuentra palpando muy poco de sus sentimientos, y aun así las lágrimas se derraman sobre sus mejillas cuando responde en voz baja:
—Sí…
Harry se separa con los ojos llenos de sorpresa y horror. Louis espera un golpe, algún insulto o que Harry pierda la cabeza como las veces anteriores, pero lo único que hace es mirarle al rostro por largos segundos.
Cuando alza su mano hacia la mejilla de Louis, él cierra los ojos; sin embargo, Harry repasa los bordes y puntos altos de su rostro con un temblor en sus dedos que hace el toque mucho más suave de lo usual.
—Te vi en mis sueños —murmura—. Tenías un helado en la mano.
Louis abre los ojos con una esperanza que nunca podrá dejarlo.
—Te compré helado de menta hace unos días —le explica.
—A mí me gusta la menta...
Harry arruga la frente y deja caer los brazos a su regazo. Sin más que decir, recarga su mejilla sobre el hombro de Louis, enredando sus brazos en su cintura y suspirando profundo el último sollozo de su llanto.
Ambos se quedan así por lo que resta de la tarde. Louis llega incluso a dormirse, y solo se levanta cuando escucha el sonido de la cámara de Harry. Él, recostado sobre su pecho, revisa la fotografía entre parpadeos lentos.
La noche los alcanza demasiado rápido, y Louis sabe que tiene que volver a dejarlo ir. Harry también parece saberlo cuando se separa y tiene nuevas lágrimas sobre su rostro junto a un ceño fruncido que Louis encuentra gracioso.
—No voy a borrar la foto —explica con rapidez—. Voy a verla mañana y voy a buscarte, luego nosotr-...
Louis toma sus manos entre las suyas y niega.
—No va a funcionar —explica—. Ya lo has intentado antes.
—¡Pero esta vez…!
Louis le planta un beso en la esquina de los labios para que calle. Él lo hace con las mejillas coloradas.
—Me la pasas por correo y luego yo la pego aquí. —Louis señala el diario junto a ellos—. Pero tienes que escribir algo antes de…
Harry no espera a que Louis termine. Toma el diario y el bolígrafo del castaño en el bolsillo de su pantalón para comenzar a escribir. Apenas termina, mira a Louis en busca de más indicaciones, y para él es inevitable no volverse a enamorar si Harry le mira de esa forma. Si Harry demuestra los mismos sentimientos por él durante los días buenos.
—Ahora debes ir a casa —le explica—. Pero deja el bolígrafo. Ha sido mi excusa estos últimos años para que me notes…
Harry mira el bolígrafo, y se lo extiende a Louis. Pero la quita antes de que el castaño pueda tomarla.
—Escribe en mi diario —pide con prisas, como si estuvieran en contra reloj. Y casi es así—. Escribe que debo esperarte mañana.
Louis parpadea, siendo aquello algo nuevo. Una nueva petición que no está muy seguro de seguir.
—Si lo hago, probablemente no vayas.
Harry niega, sacudiendo sus rizos.
—Voy a ir —promete, pese a no saberlo—. Soy muy curioso —explica sin más.
Louis ríe y quizá es por eso o por los hoyuelos que termina aceptando. Así, Harry le da su diario abierto en la última página y su bolígrafo.
El ascensor los lleva fuera demasiado rápido, y Louis no tiene el tiempo necesario para besarlo una vez más o para explicarle muchas otras cosas más alrededor de su extraña relación. Aun así, Harry le promete ser mejor mañana, tratar fuerte y volver a sus brazos apenas pueda sentirlo en su pecho.
—Encantado de conocerte, Louis. —Y Harry desaparece sin querer hacerlo, una vez más.
Harry no puede seguir con normalidad. Ni siquiera sabe ya qué es eso cuando llega a su departamento, el cual no ha cambiado para nada, pero que aun así se nota totalmente diferente al de la mañana cuando despertó.
Se niega a dormirse por horas. Envía la foto a Louis y se encarga de hacer bolita el papel donde está su dirección de correo, tal como el castaño le dijo que hiciera. Se la pasa borrando cualquier rastro de Louis en la madrugada, casi entendido por qué debe ser así. Lo único que no borra es la nota que Louis dejó escrita en su libreta.
Antes de que los ojos se le caigan, repasa las facciones de Louis en su mente, rezando por poder reconocerlo a la mañana siguiente.
No sucede así cuando se levanta con un estirón y un bostezo, demasiado cansado por las pocas horas de sueño. Se queda viendo las fotografías sobre su pared por lo que parece ser horas, pero son solo minutos.
Tiene que ir al parque, se recuerda a sí mismo. Tiene que tomar las fotografías para comenzar su proyecto antes de que sea demasiado tarde. Con ese pensamiento, se alista con prisas.
Lo último que coloca en él es su sombrero. Su cámara cuelga sobre su cuello hasta la mitad de su estómago mientras se mira al espejo, arreglando su cabello rizado. Sin más, abre la puerta de su departamento, dispuesto a marchar.
—Oh. —Pero se detiene con un pie fuera. Se regresa y toma su diario, el cual resbala de sus dedos y se abre con facilidad en la última página de todo.
Harry se dirige al parque, ya con otra intención.
Le toma varias fotos a los pájaros sobre la fuente y saluda a varias personas que le miran con sonrisas agradables. Y, por mucho que esté fotografiando lo que llame su atención y le guste, no puede dejar de pensar en lo que descubrió entre las páginas de su libreta.
—¿Qué fue eso? —una mujer se levanta de golpe de su asiento.
Harry deja de fotografiar un pájaro comiendo y levanta la mirada hacia donde todos comienzan a ir.
—No lo sé —alguien le responde a la mujer—. Creo que es un accidente.
—Atropellaron a un chico —alguien más dice—. Ya llamaron a la ambulancia.
Muchos se marchan hacia la escena, pero Harry hace una mueca y permanece en su asiento.
Toma su diario sobre su regazo y rebusca en las hojas por su bolígrafo. Cuando la encuentra, se dirige a la última página donde una nota con una letra que no es la suya brilla con tinta azul. Harry quiere escribir debajo, pero su bolígrafo no marca. No tiene tinta.
—Creo que murió.
Harry vuelve a mirar hacia donde la gente se acumula, la curiosidad cosquilleando en él. Pero no se levanta.
“Nos vemos en el parque frente a la fuente, pajarito”.
Lee la nota una y otra vez, tratando de recordar si fue él quien la escribió. Pero esa no es su letra. Aun así, sin siquiera saber qué es lo que significa, repasa las letras hasta que el sol cae y debe volver.
Hasta que sus dedos se arrugan y la libertad llega a él sobre el mismo asiento donde espera a alguien, pero no sabe a quién.