I
El sonido de la alarma siempre suena a las siete en punto, el azabache se estira en su lugar y permanece en la cama unos minutos más hasta que una nueva alarma suena.
"7:15 Señor Oh"
La cita con el doctor Oh siempre son a las 7:45. Nunca ha faltado a una de sus sesiones, no puede. De hecho, no tiene excusa para faltar a alguna de ellas.
De vez en cuando desea que la electricidad se corte en el momento justo para no tener que despertarse a esa hora y comenzar su día, sabe que una vez que despierta ya no hay nada que pueda hacerlo dormir.
Finalmente decide levantarse y comenzar su aseo personal. Se ducha, lava los dientes y se dirige a la sala de estar, allí se encuentra cargando su laptop, en la misma ubicación de siempre. Cuando se sienta y la abre, lo primero que recibe es el llamado del doctor Oh, nunca un minuto tarde.
Cuando atiende la llamada se encuentra con una cara más arrugada que la de él, siempre con una sonrisa y en la misma ubicación de siempre.
—Hola, Yoongi-ah.
—Hola, señor Oh. —Yoongi se despereza en su lugar, completamente acostumbrado a la mirada de su doctor.
—¿Como amaneciste hoy?
—Cansado.
—¿Como siempre?
—Como siempre.
El doctor Oh se ríe y se acomoda en su lugar para iniciar con las preguntas personales.
—¿Recibiste el llamado de tu madre? —La sonrisa que utiliza en su saludo de siempre se termina suavizando.
—Si, no dijo nada negativo pero su mirada es bastante gratificante. —Sonrió sin una pizca de gracia.
—No podías ocultarlo por más tiempo, es mejor ser honestos.
—Créame cuando le digo que ella es bastante honesta en cuanto a mis sesiones, —Sonrió de lado y desvió su mirada al piso.
A pesar de que decidía no escuchar a su familia cuando se trataba de su "condición", no podía evitar sentirse traicionado.
—¿Qué dijo esta vez?
—Cito textualmente: "No deberías dejar que ese viejo te diga a qué ritmo debes llevar las cosas. El problema que tienes se soluciona enfrentándolo en el momento, no desperdiciando el dinero en gente que piensa que lo sabe todo". —Yoongi imitó la voz de su madre, un poco más aguda pero con un odio palpable.
La madre de Yoongi siempre tuvo un pensamiento negativo hacia las terapias psicológicas. Según ella, solamente se debían tratar psicológicamente las personas "locas". Con el tiempo podría decirse que se suavizó pensando que también podían tomar terapia las personas que vivieron alguna especie de trauma cuando eran niños o gente que de grande sufrió algún tipo de acoso sexual o físico. Ella piensa que las personas con ansiedad, depresión, bipolaridad y demás son personas exageradas, principalmente que son personas que no tienen otra cosa más que hacer que inventarse sus propios problemas.
A lo largo de su vida tuvo que lidiar con comentarios tipo: "Tú no sabes lo que es tener ansiedad", "Simplemente quieres llamar la atención", "¿Por qué necesitarías de esa botella de agua para ir a todos lados?", "Dile a tu psicólogo que ya no vas a ir más con él, te lavó el cerebro". Con el paso del tiempo comenzó a acostumbrarse, pero cuando pensaba en la noche… Dolía el hecho de saber que la persona que más significó algo para mí cuando era pequeño, ya no lograba empatizar conmigo.
—La gente adulta es así, piensan que los jóvenes no tienen de qué preocuparse. —Hizo un ademán con las manos restándole importancia.
—Pero usted no es así. —Volteó a mirarlo a través de la pantalla.
—Pero yo estoy capacitado para tratarlos a ustedes. Digamos que tengo más... Empatía que ciertas personas. —Yoongi no pudo evitar reír ante el comentario haciendo referencia a su madre.
Ya llevaban dos años de conocerse, ya tenían la confianza suficiente como para dar sus propias opiniones. Al menos a Yoongi no le importa si él hace algún comentario respecto a su familia.
La cita semanal con el señor Oh a veces se sentía larga y otras veces parecía que el tiempo con ese señor volaba. La llamada estaba a solo diez minutos de terminar, y en ese momento, salió el tema que mantenía a Yoongi despierto pensando durante las últimas noches.
—Yoongi. —Lo llamó en cuanto el azabache terminó de contarle sobre su meditación diaria.
—¿Si? —Él sabía lo que le iba a preguntar, solo rezaba para que el tiempo pase más rápido.
—¿Cumpliste alguna de las metas planteadas? —Inquirió con suavidad, recordando lo que podría pasar si lo ponía a pensar demasiado.
—Mmh…
—Yoongi… —Lo llamó con un poco más de severidad.
—Es que… — No pudo evitar volver a bajar su cabeza—. Me da miedo —Habló con inseguridad.
—Yoongi… —Su tono se suavizó.
—Lo sé, ya lo sé, me estoy tardando. Lo sé. —Cerró los ojos con frustración.
—Escucha, no pretendo que hagas algo todos los días, tampoco cada semana... Pero es necesario que inicies por tu cuenta. Tu sabes que en una terapia hay que poner de ambas partes porque sino no funcionará... Hace un año dijimos que íbamos a arrancar pero no pudimos. Estaría bueno que aprovechemos tu buen estado anímico.
—Lo sé, lo sé, solo... No sé, no sé qué hacer, me cuesta mucho pensar en... Algo. —Finalmente volvió los ojos a su psicólogo y suavizó su expresión al darse cuenta de que no lo observó con desaprobación.
—Intentemos hacer lo del año pasado ahora que tienes tu mente despejada, ¿si?
Un ruido comenzó a reproducirse antes de que pudiera contestar, era la alarma que indicaba que la hora ya había pasado.
—Está bien... Prometo intentarlo. —No dejó de morder su labio hasta que sintió como el sabor de la sangre se hacía paso en su lengua.
—Eso está más que perfecto, Yoongi. —Su sonrisa volvió a ensancharse, siempre hablando con un tono hogareño, cálido.
—Muchas gracias, señor Oh. —Luego de soltar su labio se enderezó, dispuesto a terminar la llamada.
—Un placer, Yoongi. Siempre estoy para lo que necesites.
Con una última despedida finalmente colgaron la llamada, Yoongi no sabe quién lo hizo primero pero estaba agradecido de finalmente despejar su mente de su mayor problema.
Quiso ir a la cocina para conseguir algo para desayunar pero se detuvo en el medio, miró hacia su derecha y decidió acercarse a su ventana. Vió durante un tiempo a las personas caminando; con sus perros e hijos, llamando por teléfono, con sus amigos, fumando... Cómo quisiera estar ahí.
Ese pensamiento intruso vino tan rápido como se fue, a la velocidad de la luz. Últimamente estaba teniendo esos pensamientos, de repente su mente le pedía o le exigía salir como si fuera que nada podía pasarle. Él era consciente de que nada iba a pasarle, pero una cosa es estar consciente dentro de la seguridad de tu casa, y otra cosa es intentar pensar cuando enfrentas tu mayor miedo.
De repente comenzó a sentirse triste, nostálgico. Recordaba cómo era su vida hace 3 años y cómo era no tener miedo. Le daba tristeza saber que él a veces quería salir y simplemente pasear pero no podía, la vida no lo dejaba y no podía hacer nada más que aceptar lo que le tocaba, a lo que tenía que hacerle frente de ahora en adelante.
Siguió mirando un poco más hasta que se percató de que la mayoría de personas iban en una dirección en específico. Todos iban hacia la izquierda, no eran tantas personas como para considerarlo anormal pero sí era raro ya que todos iban con un folleto en mano.
Obviamente él no alcanzaba a ver de qué se trataba pero suponía que era la apertura de un nuevo lugar, quizás una tienda de ropa. No podía evitar sentir curiosidad ya que tampoco podía enfocarse en algo muy distinto en su día a día. Simplemente buscaba distraerse de la manera que fuera, incluso cocinando cuando él no era fanático de la cocina, aunque no podía negar que tampoco se le daba mal.
Decidió no darle importancia, sabía que no podría ir a averiguar ni aunque quisiera.
Siguió con su rutina diaria; primero hacer ejercicio en la bicicleta estática, luego cocinar su almuerzo y su momento favorito del día: trabajar.
Siempre se sentía en paz cuando tenía que trabajar. Escribir música era su pasión desde que era chiquito y estaba contento de que le pagaran por eso. La empresa para la que trabajaba no era conocida, no tenía famosos y no requiere que él vaya al edificio. Llegó a un acuerdo con sus jefes; él no sale de casa y ellos se ahorran todos los gastos que requiere el contratar a alguien para trabajar en una empresa. Inclusive se ahorran el café que Yoongi toma todas las mañanas.
Perdió la noción del tiempo cuando comenzó a inspirarse. Pero en medio de su momento de paz; alguien tocó el timbre. Había muy pocas posibilidades de que alguien toque el timbre de su casa por error, así que simplemente contestó a través del teléfono fijo.
—¿Hola? —Era bastante probable que sea un niño queriendo molestar.
—Yoongi-ssi. —Escuchó la voz bastante aguda y animada de su vecina, no pudo evitar sonreír.
—¿Se le ofrece algo, señora Kim? —Preguntó en tono formal.
La vecina Kim era una señora bastante animada, le hacía recordar a su psicólogo; siempre con una sonrisa en el rostro. Ella le hablaba un par de veces al mes ya que siempre fue muy sociable. También sabe lo que el azabache padece y no podría apoyarlo menos. Le dió consejos, nunca le pidió salir de casa o que enfrente su miedo todos los días, tampoco hizo algún comentario que lo hiciera sentir incómodo. Ella siempre le dijo que se tarde lo que tenga que tardar, que mejor tarde que nunca y también estuvo en contra de su querida madre y su pensamiento anticuado.
—Vine a preguntar si querías que te trajera algo de la cafetería de la esquina. —Comentó con voz más tranquila.
—¿Qué cafetería? —Él sabía muy bien a qué distancia estaban las cafeterías y la más cercana estaba a cinco cuadras.
—Inauguran hoy, le están dando el folleto a todos en la calle. Está todo muy barato y voy a aprovechar a comprar postres. ¿Tu quieres algo de ahí? Dicen que sabe espectacular. —Se dió un beso en la punta de los dedos para enfatizar la opinión de los demás.
—Muchas gracias, señora Kim. Cualquier café estaría perfecto pero ni se le ocurra pagar por mi. —Hizo el intento de sonar serio y responsable.
—Oh Yoongi-ssi, ya le he dicho que no me llame señora. —Habló en un tono ofendido.
El azabache simplemente rió, amaba a esa señora. Siempre le pareció bastante genuina. También aportaba el hecho de que cuidaba a su antigua mascota sacándola a pasear, algo que claramente él no podía hacer. Debido a eso estaba pensando en adoptar un gato, muchas veces ellos se quedan siempre dentro de casa y no requieren un cuidado especial, son más autónomos.
—Te traeré un americano. —Habló luego de bufar.
—Está bien, pero no se estrese que se arruga... Señora. —Cortó el teléfono antes de que ella pudiera contestarle.
Sabía que ella iba a tardar si era un lugar que recién estaba inaugurando, sabía que tenía tiempo libre pero... ¿No siempre tiene tiempo libre? A veces pensaba mucho en eso. Amaba su trabajo y era el sueño de cualquier persona trabajar en su casa en lugar de una horrible oficina, pero, él no lo veía de esa forma. Quiso, por milésima vez en su vida, que una de sus fantasías fuera real. Como tener un empleo que requiera salir de su casa, se imaginaba cómo sería tomar el tren todos los días para ir a trabajar, comprar un café en la tienda de la esquina, saludar a sus compañeros y colegas para finalmente ponerse a trabajar. Se imaginaba a la gente haciendo ruido, quejándose del aire acondicionado que estaba fallando, un colega suyo necesitando de su ayuda, empleados haciendo un debate sobre lo que sucedería si pedían un aumento de sueldo. También se imaginaba el terminar la hora laboral y salir a pasear, quizás hacer un viaje, tener amigos o quizás pareja...
Definitivamente era bonito soñar.
No supo cuánto tiempo perdió en su fantasía pero salió de su trance cuando volvió a escuchar el timbre. Nuevamente atendió pero no escuchó nada. Confundido, se acercó a la puerta y la abrió lentamente.
"Le traje el menú por si se le antojaba alguna otra cosa, señor"
Vió esa nota pegada en un café apoyado en una hoja más grande con el logo de la cafetería. Lo adentró con una sonrisa y observó el menú.
Tenía bastante variedad de postres y bebidas, parecía rico de tan solo leerlo. Sin embargo, la señora Kim había pagado por él, debe ser por eso que dejó la nota, no quería pelear por el dinero.
Una vez más sonrió y se dispuso a tirar el menú, no iba a dejar que la señora Kim siga gastando dinero en cosas que él podía comprar. Se acercó al tacho de basura y antes de hacerlo se detuvo a pensar en algo poco práctico pero funcional.
"Y si..."
Definitivamente tener buenas ideas no era su fuerte.
Ignoró el pensamiento repentino que cruzó por su mente y decidió seguir trabajando. En cuanto le dió un sorbo al café que la señora Kim había traído, se quedó perplejo. Era la primera vez que probaba un café así de delicioso. Tenía las medidas correctas de café, estaba frío lo necesario y parecía tener el balance perfecto entre dulce y amargo.
La idea que anteriormente había cruzado por su cabeza volvió a resurgir, necesitaba conseguir este sabor más seguido.
No sabía cómo ni el porqué, pero la idea de pedir delivery no sonaba tan descabellada. El café que había probado de esa nueva cafetería podría ser considerado un manjar de los mismísimos dioses, una ambrosía. Así que no quería simplemente esperar a que la señora Kim estuviera libre para poder volver a tener ese café entre sus manos. Hace tan solo unas horas lo había probado pero, aún así, sabía que mañana por la mañana molestaría a la señora Kim con tal de que le pueda conseguir otro café de ese nuevo lugar.
—¿Por qué eres tan idiota? —Su único amigo; Hoseok, había preguntado esa misma tarde mientras se reía a través del teléfono.
—¿Qué?¿Por qué? —Yoongi frunció el ceño mientras bajaba el volumen de la televisión.
—¿Vas a pedir delivery de una cafetería que está a menos de cien metros?
Bueno, ahora que lo decía en voz alta no sonaba como una buena idea. Pero, no hay que culparlo, tenía que apañarse como podía.
—¿Y qué quieres que haga entonces? —Rodó los ojos.
—... Pídele a la señora Kim que compre, ella misma se ofreció a llevarte un café. —Habló luego de pensar algo que tuviera más lógica que pedir delivery.
—No es lo mismo, Hobi. —Yoongi suspiró.
—Escucha, Min. No tienes muchas opciones, pero la mía es más lógica. Si ella no quiere comprar por tí entonces dirá que no, tampoco la estás obligando con un arma en la cabeza.
Yoongi se acomodó en el sillón, eran pasadas las tres y una fría tarde de invierno. Usualmente en invierno se sentía más normal al estar dentro de su casa, pero eso no quitaba el aburrimiento. Afortunadamente, el invierno es la época del año en la que su único amigo está más tiempo disponible. Siempre le cuenta todo lo que hace, por más de que muchas de esas cosas sean parte de su rutina. Le cuenta sobre sus últimas sesiones con el señor Oh, el ejercicio diario que hace, sus charlas breves con la señora Kim, las series y películas que ve para no aburrirse, los hobbies que cada cierto tiempo tiene, también le envía sus canciones para que su amigo las escuche primero.
—Ya veré qué hago entonces, mientras tanto, creo que voy a dormir una siesta. —Habló con voz ronca debido al bostezo repentino. El frío le daba mucho sueño.
—Antes de que vayas a hibernar... Deberías pensar en lo que dijo el doctor Oh. —Habló Hoseok nervioso ante la reacción de su amigo.
De pronto no supo qué decir y cuando estaba a punto de hacerlo, su amigo se adelantó.
—No quiero que pienses que te estoy apurando pero... Comienzo a preocuparme. —
El azabache suspiró con tristeza, usualmente no hablaba de esto con Hoseok, él era esa clase de amigo con el que te despejas hablando de cualquier otra cosa. Y, a juzgar por la voz de él, se notaba en serio que estaba preocupado. Por supuesto que no es la primera vez que lo demuestra, pero es la primera vez que lo dice en voz alta.
Normalmente cuando Hoseok se preocupaba por alguien siempre lo demostraba a base de la atención que le ponía; llamaba más seguido, preguntaba más sobre el tema, quizás buscaba la manera de solucionarlo. Pero nunca lo escuchó decir que verdaderamente estaba preocupado. Automáticamente sintió tristeza.
—Yoongi...
—¿Si? —Había perdido la noción del tiempo ensimismado.
—Yo... Realmente estoy preocupado, perdón, no puedo evitarlo. — Hoseok sabía que odiaba que se preocupen demasiado por él cuando podía apañárselas solo—. Es que... Hace tres años que arrancaste con esto y desde el año pasado que perdiste las ganas de intentar salir. —Con cada palabra Hoseok se iba derrumbando cada vez más.
—Sé que estoy mal, pero... Es muy difícil intentar mejorar. —Con el tiempo lo era cada vez más.
—Me gustaría poder ayudarte, Yoon. —Habló con voz quebrada—. Quisiera ayudarte pero no sé cómo... No voy a obligarte a salir y lo sabes, pero quiero que lo intentes, por favor, no quiero que sigas así. —Podía escuchar a través del celular cómo el pelirrojo intentaba contener los sollozos.
El pecho del azabache se contrajo, sus ojos se cristalizaron. Nunca había escuchado a Hoseok de esta manera, nunca pensó que lo haría y realmente le dolía hacerlo. Se sintió realmente mal y culpable del estado de su amigo.
—Lo lamento, Hobi... Prometo intentarlo, prometo hacer mi mayor esfuerzo. Voy a mejorar, ¿si? —Intentó contener las lágrimas lo máximo que pudo.
—Está bien, Yoon. No quiero que te sientas presionado por mí. —Aún podía escuchar como su amigo intentaba controlar su respiración.
—No me siento presionado por ti, Hobi. Realmente quiero intentarlo, quiero intentarlo las veces que sean necesarias. Lograr aunque sea estar en las calles sin necesidad de salir corriendo o tener un ataque de pánico. —Un nudo en la garganta hacía que le resultara doloroso de decir.
Solía pensar en eso demasiado, usualmente cuando estaba en su cama, abrazando la almohada. Solía imaginar una vida en la que él no tuviera este problema; una vida feliz, lleno de amigos, tomando cerveza con Hobi, saliendo a fiestas, yendo a un viaje repentino con sus amigos, la playa, la montaña... Todo se sentía tan lejano. Siempre soñó con alguien que estuviera a su lado y lo apoyara, sin sentir pena por su fobia o aburrimiento al tener que estar encerrados si es que querían pasar tiempo juntos. A pesar de tener a Hobi, se sentía muy solo, sentía su casa enorme para una sola persona, especialmente su habitación. Él no era de ocupar mucho espacio en general, pero a veces deseaba despertar y sentir cómo era el estar abrazado a una persona; sentir su respiración y su calor corporal... Ahora que lo pensaba, se sentía triste anhelar ese tipo de cosas que las "personas comunes" podían obtener más fácilmente que él.
Así que se decidió, iba a probar salir de su casa, aunque sea hacer un par de cuadras, podría vivir de forma mucho más tranquila y sana.
Así que esa misma tarde se puso a pensar alguna excusa para salir.
Pensó varias veces la forma y el motivo para poder salir y su mejor idea no fue otra más que ir al nuevo café de la esquina. El café de ahí era muy bueno y además estaba increíblemente cerca, había mucha gente que podía ayudarlo en caso de emergencia y obviamente iba a ir con su famosa botellita de agua. Ya había planeado todo, ahora el problema sería hacerlo.
No podía ir el fin de semana; en esos días es cuando más personas tienen tiempo libre y podrían hacer que se demore en ese lugar. Él quería pedir, pagar e irse.
Pero había un problema: tenía que hablar para pedir. Él no solo tenía miedo de salir, sino que uno de sus mayores miedos era ahogarse de la nada. Sabía que era ilógico, ya que, aunque se ahogara con su propia saliva, tampoco iba a morir por aquello, quizás tendría un ataque de tos y luego se calmaría. Pero su cerebro no funcionaba así. Apenas empezaba a toser sentía que se ahogaba en pensamientos de que algo realmente terrible iba a sucederle, que tendría que llamar a una ambulancia si no quería morir en ese momento. Esa era una de las razones por las cuales se negaba a hablar apenas intentaba salir de su casa. Su boca podía secarse, podría tragar un mosquito (aunque estuvieran en invierno). Tampoco podía comer, iba a ser peor ahogarse con comida que con su propia saliva y obviamente él no iba a correr ese riesgo.
Hacerse pasar por sordo y entregar un papel con el pedido solamente para no hablar, ¿lo hacía una mala persona? Él simplemente tenía miedo, un miedo irracional, pero no pensamos con claridad cuando tenemos miedo.
Afortunadamente, se pudo contactar con el señor Oh y tuvieron una sesión corta al día siguiente. El azabache le planteó la idea y el psicólogo lo felicitó, le recordó las formas en las que podía calmarse antes y durante la situación y le pidió que anote cómo se sintió en todo el proceso.
Ese mismo día decidió salir de improviso, sabía que era peor cuando pensaba de más. Mientras más tiempo supiera que iba a salir de su casa; más nervioso se ponía. Así que aprovechó su valentía repentina y los ánimos que le brindó su psicólogo.
Tenía una mochila con lo que él consideraba su kit de emergencia: una botella de agua de un litro, una bolsa en caso de vomitar, papel de rollo para limpiarse en caso del vómito, pastillas para la garganta por si comenzaba a toser. Y finalmente, su buena e infalible tableta de Alprazolam, obviamente recetado por un psiquiatra.
¿Era exagerado? Si, él lo sabía, pero también sabía que se negaría a abandonar su casa sin este kit especial.
—Okey... —Suspiró con pesadez—. Voy, muestro el papel, me dan la comida y me largo. Rápido, sencillo y sin ningún accidente—. Estaba parado en la puerta, sin abrirla, a pocos segundos de arrepentirse.
Su motivación fue Hoseok llorando y el recuerdo de las personas que lo abandonaron en el camino. Estaba motivado a salir, lo haría por él mismo y por su único mejor amigo, alguien que verdaderamente se preocupaba por él.
Finalmente abrió la puerta y se paró en el umbral, el aire parecía seco, definitivamente se le secaría la garganta, quizás podría comer uno de sus caramelos para hidratarse... Okey, tenía que dejar de pensar.
Ignorando las miles de alarmas que tenía en su cabeza dió varios pasos hasta llegar a la vereda, su respiración se alteró, sabía que había comenzado a temblar y que probablemente no iba a tardar en sudar o en que su estómago se volviera un nido para terminar vomitando, tenía que llegar rápido.
Fue a paso demasiado rápido y cuando estuvo a mitad de camino se dió cuenta de algo: su corazón. Estaba yendo demasiado rápido, demasiado. Era un hecho, iba a morir de un infarto, la ambulancia siempre tarda en llegar a menos que sea una emergencia muy grave y por lo que tenía entendido los ataques al corazón podían durar varios minutos, un preinfarto quizás.
No supo cuánto tiempo estuvo pensando eso, completamente estático hasta que volvió a la realidad, si iba rápido a la cafetería y se desplomaba enfrente de todos entonces llamarían a emergencias, era un lugar seguro, mientras haya gente iba a estar seguro, así que siguió caminando . Era la distancia más larga a la que había llegado en muchísimo tiempo, años.
Cuando llegó a la puerta de la cafetería todavía tenía tiempo de salir corriendo y devolverse a su casa, pero la mirada de una señora que estaba ahí lo hizo intentar disimular, así que entró. La puerta hizo un ruido como si fuera un timbre, haciendo que una persona se pare rápidamente y se dirija hacia la caja.
Ahora lo estaba mirando, con una sonrisa, esperando a que él se acercara. No había muchas personas que vean esa escena, era un miércoles por la tarde, apenas eran las 15hs, la gente merienda a horas más tardes, por eso eligió este día y horario.
Cuando decidió acercarse a la caja observó mejor al muchacho que lo atendía. Era rubio, apenas más bajo que él, no más de cinco centímetros más bajito, unos labios pomposos y una sonrisa amigable. Era una mezcla de atractivo y demasiado tierno.
—Buenas tardes, ¿desea ordenar algo? —Habló alegre el muchacho.
Bajó su mirada a la plaquita que tenía en su uniforme de trabajo y observó su nombre
"Jimin"
Sacó un papel de su bolsillo y se lo mostró al cajero.
"Hola, quisiera pedir un Americano, por favor"
El cajero bajó su mirada para poder ver lo que estaba escrito, Yoongi sentía que el tiempo se le acababa.
—Oh, está bien. —Lo miró a los ojos y movió su boca de forma lenta, ni siquiera tuvo que pasar la página para mostrarle la hoja en la que aclaraba que "era sordo"—. Serían 4700₩. —Le señaló un cartel de atrás con el precio.
Sacó dinero de su bolsillo y se lo entregó al muchacho. Esperó unos segundos a que la máquina procese el ticket y se lo entregó.
Yoongi se alejó de la caja y se posicionó en la izquierda, donde se veían todas las tortas y postres que vendían en ese local. Vió como el chico se daba la vuelta para poder preparar su Americano, se distrajo lo suficiente viéndolo trabajar y recién en ese momento se dió cuenta de que se sentía más calmado. Obviamente seguía teniendo los nervios de punta, pero al menos ahora no pensaba que iba a darle un infarto. Sentía que algo malo iba a pasarle pero no al punto de salir corriendo. Eso era un avance, un gran avance.
Se sentía abrumado, las sensaciones que no experimentaba hace mucho tiempo hacían que se sienta mareado.
A pesar de la poca gente que había, todavía se podía escuchar un pequeño bullicio. Las luces eran bastante fuertes, quizás era su culpa por pasar mucho tiempo despierto en la oscuridad de la noche o solamente no pasaba por un local hace demasiado tiempo. Sea lo que fuere, sintió todo ese peso en su estómago.
—Aquí está su Americano. — Se lo entregó y Yoongi hizo un pequeño gesto con su cabeza en forma de agradecimiento—. Gracias por su compra. —Habló con una sonrisa que él respondió.
Se dió la vuelta y cruzó la puerta como si estuviera apurado, cuando realmente quería salir corriendo de tan solo pensar en volver a estar en la calle. El último tramo hasta su casa lo hizo trotando y finalmente dándose cuenta de que su malestar estomacal debido a la ansiedad le pasó factura. Apenas cerró la puerta tuvo que ir corriendo al baño a deshacerse de toda la comida que recientemente había almorzado. Vomitar era una de las cosas que más odiaba en el mundo.
Cuando terminó de devolver la comida supo que iba a sentirse enfermo por un par de días. Sensible del estómago y más paranoico de lo normal, pero aún así, estaba contento. Pudo hacerlo, sabía que si seguía probando salir de su casa en algún momento podría curarse. Podría vivir una vida común y corriente.
Solo deseaba que ese momento fuera pronto.