Take Me Home, OS Larry Stylinson

Summary

Harry y Louis se separan después de 4 años de matrimonio. ¿Lograrán superar los problemas de rutina e inseguridad? Un OS, con un poco de smut, versátiles.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Renacer



Llegó a su departamento como cada día después del trabajo, y se tiró en la esponjosa cama, mientras sus pies tiraban lejos sus zapatillas. Cerró los ojos y sintió cómo se relajaba.

Esperó, como siempre, sentir hundirse el colchón a su lado, y el perfume de su esposo llenando sus fosas nasales. Después, un pequeño beso en su mejilla, uno en su cuello, uno en sus labios y un rato de abrazos mientras se contaban su día, antes de ir a cenar.

Pero no pasó, entonces recordó y dolió.

Hace diez días ya, se habían separado, después de dos años de noviazgo y cuatro de casados. Diez días y no se podía acostumbrar. Diez días de pesadillas y soledad. Diez días desde que él, Louis Tomlinson, le había pedido que se fuera.

Fue la decisión más difícil de su vida, porque lo amaba con todo su ser. Pero no fue suficiente. El amor no siempre puede con todo, con la rutina, el cansancio, los problemas laborales y económicos. Tampoco pudo con su inseguridad.

Suspiró mientras se sacaba la ropa y se metía en la ducha. El agua caía cálida por sus hombros, pero no había un par de manos acariciando su espalda; Tampoco un juguetón Harry arrodillándose frente a él para llevarlo a los cielos con su boca en su siempre dura erección.

Cerró la llave, estiró la mano para tomar la toalla, y se encontró con la bata suave de su esposo. Se envolvió en ella como si se tratara de un abrazo. Un pantalón corto era lo único necesario para dormir. Fue a la cocina aunque no tenía hambre, no si no estaba Harry preparando pasta y ensalada con muchos colores que detestaba, pero que eran deliciosas al mismo tiempo. Quizás lo eran porque la sonrisa de su esposo mejoraba todo y porque cuando cenaban juntos siempre había música de fondo que los hacía cantar e improvisar ridículos bailes.

Se acostó del lado izquierdo de la cama, y como siempre, se dio vuelta para abrazar a su esposo. Un espacio vacío y frío lo recibió, en vez de un cuerpo cálido y terso. La figura de Harry aún dibujada en el colchón, y su almohada como nueva, nunca la usó, porque siempre apoyó su cabeza en el cuerpo de Louis.

Se durmió llorando. Y soñó que sus brazos rodeaban las caderas de quien se había convertido en sólo una sombra.


********** **********


—Harry, come algo, por favor, —pedía Any.

—No tengo hambre mamá, de verdad, —contestó sin ganas.

—Llevas días así, y sabemos por qué, —afirmó duramente. No estaba enojada con su hijo. Estaba furiosa. Y con Louis también. Estaba a punto de tirarle un plato por la cabeza.

—Ya déjame en paz, no soy un crío para que me regañes, —dijo molesto.

—Te comportas peor que uno. ¿Me puedes explicar ahora, porqué se separaron?

—Ya te dije. La rutina nos pasó la cuenta y pensamos que un poco de espacio nos haría bien, —dijo con tristeza.

—Bien te va hacer verlo en brazos de ese idiota de George, sabes que no lo va a dejar en paz.

Y si Harry se sintió morir, su mamá no lo sabría. No siguió hablando con ella, y se refugió en su cama. Seguía esperando una llamada, un mensaje, una visita...

Han sido los días más espantosos de su vida, aunque apenas los recuerda. A veces se siente en shock, sobre todo cuando recuerda en cámara lenta cómo salió del departamento que compartían, con su maleta a medio hacer, y las lágrimas llenando sus ojos, mientras su esposo lloraba en la cocina.

Siempre supo de las inseguridades de Louis, pero ya no sabía cómo más demostrarle su amor. Y ese día, él también explotó. Estaba cansado, absolutamente agotado de la situación. Y para empeorarlo, con el sueldo de los dos no estaba alcanzando y tendrían que irse de ese departamento.

Les había costado tanto salir adelante, se habían aferrado tanto a sus pequeñas cosas, y sentir ahora que no bastó, lo estaba matando lentamente. No tuvieron Luna de Miel, tampoco han tenido vacaciones en todos esos años. El lugar donde vivían era bastante económico, pero ni así les alcanzaba.

Eran felices con sus paseos por el parque, con un helado cuando recibían su sueldo, con ver televisión los viernes en la noche, con inventar recetas cuando la comida escaseaba.

La mamá de Harry se había endeudado con la enfermedad de su marido, quien finalmente había muerto hace tres años, y su trabajo de vendedora le alcanzaba apenas para vivir. La familia de Louis era numerosa. Tenía cuatro hermanas y recién comenzaban a estabilizarse. Ninguna de las dos podía ayudarlos, y ellos eran conscientes de eso.

Todo se les había juntado, y lo peor se lo llevó su matrimonio.

¿Fue una decisión precipitada? Totalmente.

¿Necesitaban hablar? Por supuesto.

¿Quién daría el primer paso? Ninguno estaba dispuesto.


********** **********


—Zayn, ¿me recibes en tu departamento unos meses? —habló apresurado por teléfono.

—Sabes que sí. ¿Necesitas ayuda con tus cosas? —contestó preocupado.

—No, sólo llevo un par de maletas.

—Bien, estoy acá. Te espero.

Y Louis se apresuró. Tomó un taxi, y dudó si avisarle a Harry, pero finalmente lo hizo, el arriendo estaba a su nombre. Le envió un escueto mensaje:

“Dejé el departamento. Tienes que hablar con la corredora”

Era una vergüenza de mensaje, sobre todo en sus circunstancias, pero, es lo que es. No tuvo respuesta, y en el fondo de su corazón, la esperaba.

Cuando llegó a la casa de Zayn, fue recibido con un fuerte abrazo y una cerveza.

—Gracias por recibirme. Prometo no molestar... —dijo tratando de parecer tranquilo.

—No te preocupes, sabes que puedes quedarte lo que necesites. ¿Cómo estás? —Preguntó con cuidado.

—Mal, pésimo, horrible. Me estoy muriendo, —y pequeñas lágrimas se asomaron a sus azules ojos. —No sé vivir sin él, Zayn, no recuerdo mi vida antes de conocerlo.

—Lo sé, lo sé, —dijo abrazándolo. —¿Por qué no lo buscas e intentan hablar?

—No, no puedo hacerlo ¿Qué sentido tendría si las cosas van a seguir igual?

—Pero, puedo saber ¿cuál fue el verdadero problema? Nadie entiende...

—Nos desgastamos. La relación se marchitó Zayn, todos los días la misma rutina, todos los días los mismos problemas... Estábamos ahogándonos, —explicó, sin querer revelar las verdaderas razones.

—Pero yo pensé que amabas esas rutinas Lou.

—Lo hago, las extraño tanto que me duermo llorando. Pero al mismo tiempo siento que si no nos separábamos, esto iba explotar igual y peor.

Zayn se tomaba la cabeza, no podía entender. Habló con sus amigos, Niall y Liam, incluso con Any y no pudieron comprender. Había hablado con Harry y fue lo mismo que con Louis. Los dos estaban sufriendo demasiado, pero no querían dejar de lado su orgullo.

—Termina la cerveza y te acuestas. Yo ya me voy a la cama, tengo mucho trabajo mañana.

—Sí, gracias de nuevo, —dijo forzando una sonrisa.

Bebió hasta la última gota. Harry no lo hubiera permitido: mañana se arrepentiría, cuando despertara con dolor de cabeza y sin ganas de comer. Se rió, con esa risa falsa y dolorosa. No quería más sentirse así. Si había perdido al amor de su vida, entonces ya nada importaba.

Se durmió como cada noche: llorando.


********** **********


Era la cuarta vez que le llamaban la atención a Harry. Trabaja en una cafetería de mesero, porque no había podido encontrar una oportunidad como repostero. Entregó mal cuatro pedidos, generando un caos terrible. Los pocos que hizo bien, los cobró mal. Su jefe estaba indignado.

Lo despidió en el acto cuando tropezó y cayó al suelo con una bandeja llena de tacitas vacías, que enterraron sus pedazos en su bonito cuello y sus manos. Apenas lo dejaron sacar sus cosas y prácticamente lo echaron a la calle. Odiaba con todo su corazón ese trabajo, pero era lo único que tenía para sostenerse. ¿Y ahora? En realidad, no importaba.

Se sentó en una plaza a pensar, mientras trataba de curar sus heridas con su propia polera. No se dio cuenta de sus lágrimas.

Miro el lugar: los árboles, el pasto y los columpios al fondo. Esa plaza fue testigo de muchas conversaciones, miradas y de su primer beso con Louis. Uno torpe, corto, a la rápida. Nerviosos detrás del árbol más frondoso del lugar, pero que los unió para siempre... se supone que era para siempre, ya no. Un beso que, además, marcó a fuego la intensidad de sus caricias.

Nunca podría olvidar cuando sintió las manos de Louis apretar su trasero, y él se había asustado tanto que dio un pequeño saltito. Sonrió en medio de su dolor.

También presenció su primera pelea, cuando descubrió que su novio era tremendamente posesivo y celoso, al gritarle groserías al señor del helado que lo felicitó por tener un novio tan bonito.

Estaba ido, adolorido y lleno de mocos, cuando lo encontró por casualidad, Liam.

—Por Dios Harry, ¿qué te pasó? —Se acercó preocupado.

—Me caí con las tazas, me corté... no es nada, —dijo tratando de disimular su pena.

Y su amigo pudo ver el dolor en sus ojos., en sus marcadas ojeras, en sus rizos sueltos y desordenados. —Toma. Esta era su plaza, ¿qué haces acá?

—Era la más cerca de la cafetería, —contestó extrañado.

—Harry, tu trabajo queda a media hora en auto de aquí.

Sólo bajó la cabeza. No se dio cuenta, no sabe cómo llegó hasta ahí. Últimamente le pasaban esas cosas: buscaba sin querer los lugares en común con su amor.

—Me despidieron, —comentó, tratando de desviar el tema.

—Entonces, es tiempo de que aceptes mi propuesta, es tiempo de cambios Harry.

—No puedo Liam, siento que no estoy preparado.

—Lo estás, créeme. Yo tengo el lugar y la gente, tú cocinas delicioso, nos va a ir increíble. Inténtalo, por favor.

—Dame hasta mañana para pensarlo, ¿bueno?

—Está bien, es la mejor respuesta que me has dado en meses. Te llevo a casa de Any.


********** **********


Liam le contó a Niall, que le contó a Zayn, que no sabía si hacerlo, pero lo hizo, y le contó a Louis lo de Harry.

—Son unos malditos infelices, bastardos. Les voy a destrozar a piedrazos sus vidrios, voy a matarlos, a descuartizarlos, a quemarlos en aceite hirviendo, —decía mientras caminaba sin parar en círculos y movía los brazos. —¿Cómo está? ¿Le duele? ¿Fue al médico? ¿Y si se infectan sus heridas? —Preguntó cayendo al suelo de rodillas.

—Supongo que está bien. Any lo curó y dijo que estaba recuperándose. Cálmate, es un adulto Louis, —dijo a punto de reírse.

—Es un niño cuando se trata de heridas Zayn. Hay que cantarle la canción de la jirafa que se resfrió para que se calme, hay que darle besitos mágicos para que se recupere pronto, hay que...

Y el silencio le golpeó. Se había obligado a no pensar en él, pero no pudo evitar todas esas palabras cuando imaginó la carita triste de Harry. Y recordó cuando hace un par de años, su esposo se había cortado un dedo mientras picaba una manzana. No fue profundo ni grande, pero su puchero era algo que no tenía nombre, no en el mundo de Louis. Ver esos ojitos verdes llenos de lágrimas, calmarse bajo sus besos y su canción, fue mejor que ganarse la lotería.

—Lo siento, todavía me cuesta... —Se disculpó.

—Hey, está bien. Va a pasar por un tiempo más, no te preocupes. Mejor, ¿qué te parece si te digo que hay una fiesta el viernes? —preguntó con una risa contenida.

—No estoy para fiestas Zayn, —dijo molesto.

—¿Y si te digo que va a ir Zach? —dijo moviendo las cejas.

—Qué asco, ¿por qué quisiera ver a ese idiota?

—Porque va a ir Harry, y ya sabes, le tiene unas ganas a tu ex, y como ahora está soltero, y es tan atractivo e interesante...

La cara de Louis era un poema. —¿Harry va a ir? ¿Estás seguro? ¿Van juntos? ¿Tienen algo? ¡Contesta!

—Cálmate y no me grites. ¿Cómo crees que van a tener algo? Harry va con Liam y Niall, pero es en la casa de la hermana de Zach”

—O sea, que Harry está feliz de la vida yéndose de fiesta, mientras yo me estoy muriendo, —dijo empezando a caminar por todo el lugar.

—¿Es en serio Lou? No es así, prácticamente lo obligaron y Any le dijo que iba a cambiar la chapa de la puerta si no salía.

Y Louis sonrió. Un poquito, pero sonrió. Después recordó y se volvió a entristecer. Llegó a pensar que incluso el infeliz de Zach era mejor que él, cualquiera lo era tal vez.

El día viernes se le hizo eterno, su trabajo de ayudante en una librería estaba en peligro, porque por la fecha, no había público. Y como no había gente que atender, debía limpiar y ordenar. Algún día podría tener el trabajo de sus sueños, en alguna revista, porque a pesar de tener su título de periodista, no había podido encontrar trabajo en eso. Fantaseaba con ese día, entre polvo y desorden.

La hora de salida por fin llegó, corrió al departamento de Zayn, y se dio una larga ducha. Se recortó la barba, para que pareciera casualmente desprolija. Sus mejores jeans aún le quedaban, una camiseta de mangas cortas, una chaqueta sencilla. Se miró al espejo y se sintió ridículo, quizás no era buena idea, se estaba ilusionando gratuitamente. Pero lo que fuera, sólo necesitaba verlo, acariciarlo con la mirada, besarlo con sus pensamientos y desnudarlo con su mente.

Zayn entró a buscarlo, y lo aplaudió.

—Esa es la actitud Lou, te ves muy bien. Creo que George va a cenar bien esta noche.

Amaba molestarlo.

—No hables mierdas, sabes que jamás le haría caso. Jamás dejaré de amar a...

—Mejor vámonos. —Lo interrumpió, no quería verlo triste.

Unas cuadras más allá, Harry también estaba a punto de desistir. Quizás ver a Louis no era buena idea.

—Vamos Harry, —decía Niall. —Te ves increíble. ¿Botas? Me gustan las negras con correas para tu look.

—Es demasiado Ni, es una simple fiesta, —dijo apenado.

—Acuérdate que va a estar Zach.

—Qué asco, —dijo, sintiendo una pequeña punzada cuando recordó que era la respuesta de Louis a ese nombre. —Ya estoy listo. Podemos irnos cuando llegue Liam.

—Nos espera allá, camina, —dijo empujándolo despacio.

La fiesta se veía bastante tranquila. Niall, Liam y Zayn, tenían un plan, muy básico, que consistía en que, sin saberlo, se dieran celos entre Harry y Louis. ¿Cómo lo harían? Aprovechando que tenían estos admiradores de hace tiempo que estaban al acecho de sus presas.

El primero en actuar fue Liam, que apenas llegó se dio la maña de contar casi sin querer que su par de amigos se habían separado, exagerando solo un poco las cosas. El efecto fue casi inmediato. Tanto George como Zach, esperaban impacientes para actuar. Pensaban que tenían una oportunidad después de años de espera.

Louis y Zayn llegaron, y se encontraron con Liam rápidamente. Estaban conversando y tomando una cerveza, cuando George, sin poder ocultar la fascinación que sentía, invitó a bailar a Louis. Sus amigos le insistieron, así que acepto de mala gana, y una sola canción. Para peor, empezaba a sonar una bastante lenta y sugerente.

Trató de mantener la distancia, pero George lo abrazó fuerte e inició una conversación. Un monólogo, mejor dicho, porque no tenía interés en contestarle. Intentaba ser gracioso y simpático, pero Louis no estaba prestando atención. Estaba impaciente por ver a su esposo, lo extrañaba.

Justo llegó Harry, que no vio la escena hasta después de saludar a sus amigos. La cara se le cayó hasta el piso y un dolor en su corazón comenzaba a llenarlo. Y también un poco de rabia. ¿Por qué su esposo estaba en brazos de ese apestoso? ¿Quién le dio permiso a esa escoria de tocarlo? ¿Por qué Louis era tan, pero tan hermoso? ¿Por qué tenía que verse tan increíble con cualquier ropa, pero sobre todo con esos jeans ajustados en ciertas partes tan sensuales y provocativas...?

Apareció Zach, y sin preguntarle, lo llevó hasta la pista de baile. Las miradas entre los dos decían más que una enciclopedia. Casi dos semanas sin verse ni hablarse, y encontrarse así, acompañados de otros, era digno de una teleserie. Liam, Zayn y Niall, no perdían detalle, y comentaban como si estuvieran en el cine.

Louis era conocido por ser el más impaciente, también por ser el más celoso y lo dejó muy claro cuando vio un cuerpo ajeno cerca de su marido. Eran tal para cual. Pero es que, entiéndalo, Harry brillaba en una sencilla polera blanca que le marcaba su espalda y sus brazos, sus jeans con las rodillas rasgadas que le cubrían apretadamente las kilométricas piernas y su pelo... Si Louis estaba babeando, la verdad es que todos se dieron cuenta.

—Saca tus inmundas manos de la perfecta y maravillosa cintura de mi hermoso esposo, —dijo sin temor.

—Ya no son nada, no te metas y mejor cómete luego al baboso de George, —dijo Zach, con una sonrisa sarcástica.

—No me hagas repetir lo que dije, —se acercó hasta soltarlo del cuerpo de Harry que no sabía si reír o llorar.

—Mira Luis, ya lo perdiste. Sólo un idiota haría eso, perder a tan magnífico ejemplar, —dijo con una mirada asquerosa recorriendo el cuerpo de Harry.

Louis se indignó con la mirada, pero se sintió mal de saber que tenía razón, y que sólo un idiota dejaría ir a alguien como su esposo. Finalmente era su culpa y su inseguridad se hizo presente otra vez. Agachó la cabeza, y se iba a ir, pero no contaba con que Harry también tenía algo que decir.

—No vuelvas a llamarlo idiota, y entiende de una vez, que jamás tendría algo contigo. Nunca le llegarías ni a los talones, y por si no lo sabías, todavía estamos casados.

Se fue muy molesto al baño, necesitaba agua fría para calmar el mal rato. Se mojó la cara y puso las muñecas bajo el chorro. Eso tranquilizaba sus palpitaciones que últimamente aparecían más seguido y que lo tenían preocupado. Estaba así, tratando de respirar despacio, cuando vio por el espejo, a Louis entrar.

—Lo siento, sé que no debo meterme en tu vida y que eres libre... Perdóname, pero no me pude controlar.

Y no, no era eso lo que quería escuchar.

—No te preocupes, creo que es normal, llevamos poco tiempo separados ¿no? —Dijo con tristeza.

Louis sólo asintió con la cabeza, mientras veía a Harry retirarse la gasa que cubría sus cortes. Estaba sudada y mojada, necesitaba cambiarla, pero había dejado su mochila en el auto de Niall.

—Por Dios Harry... Eso es demasiado, —se acercó preocupado, tocando con naturalidad, como si aún le perteneciera.

—No es para tanto, ya están casi sanas, —dijo ruborizándose ante la cercanía, como lo hizo cada vez en todos esos años. Como la primera vez.

—O sea que no era verdad que necesitabas la canción y los besos, —dijo con una mezcla de decepción y juego, mirando sus labios y sus ojos, alternadamente.

—Tal vez los necesite para evitar cicatrices... —dijo conteniendo el aliento y evitando una sonrisa triste.

Su mente lo llevó hasta ese día, cuando su mamá le hacía las curaciones y el lloraba porque Louis no estaba para cantarle. Eso le dolía más que cualquier otra cosa. Su mamá se había reído media hora, y el sólo lo extrañaba cada vez más.

La voz de Louis lo devolvió al presente:

"Una jirafa estornudó, ay pobrecita, se resfrió... Dijo su madre cuídate, una bufanda amárrate".

Y una lluvia de pequeños y suaves besos por todo su cuello, lo hicieron gemir sin querer y apretar la cintura perfecta de Louis y después bajar hasta apretar su trasero con ganas.

—Harry... —dijo Louis en un susurro.

—Lo siento, eso fue inapropiado, —dijo asustado Harry, mientras salía corriendo del lugar.

Si Louis durmió mejor esa noche, sólo él y su almohada lo sabrían.


********** **********


Al día siguiente, Harry decidió aceptar la oferta de Liam. Fue hasta el café y decidieron que empezara de inmediato. El lugar era espacioso y muy bonito, pero no tenía buena clientela porque sus pasteles, galletas y masas no eran preparados ahí: Liam los conseguía de distintos proveedores. La gente valoraba un sabor definido y un chef con un buen toque de azúcar, y eso podía ofrecer Harry.

Se puso un delantal, uno blanco simple que encontró en un cajón, y un gorro, y comenzó. Trabajó tan concentrado que sin darse cuenta el día terminó, y estaba agotado, pero feliz. Preparó una torta, diez tipos de galletas, muffins, croissants, macarrones, tartas y pies. Liam estaba asombrado de la cantidad y variedad de productos. Y lo estuvo más cuando vendió todo. Literalmente no quedó ni una sola miga. Harry iba a tener mucho trabajo, y eso eran buenos réditos para todos.

Harry sólo quería una ducha y su cama, con Louis en ella. Sabía que no era posible, pero nadie podía quitarle su derecho a soñar un poco más. Extrañaba su cuerpo fuerte y suave, sus besos y la manera tan bonita de cantarle buenas noches. Todo, cada parte de él.

Recordó lo fácil que fue empezar a vivir juntos, después de seis meses de novios. Para muchos fue apresurado, excepto para sus amigos, que sabían que eran una especie de destinados, casi como de cuentos de hadas. Lástima que el hechizo se había roto. Y dolía tanto.

Cuando llegó a su casa, Any estaba durmiendo. Entró a su habitación, y sobre su cama, un ramo de margaritas. Su corazón saltó de felicidad, pero, ¿serían de su esposo o de alguien más? Sin perder el tiempo, fue a despertar a su mamá.

—Mamá, despierta...

—Harry, ¿qué pasa?

—¿Quién dejó estas margaritas en mi cama?

—No sé de qué hablas. Yo llegué hace media hora y me acosté, no entré a tu habitación.

—¿Puedo dormir contigo? —Pidió con una gran sonrisa.

—Claro amor, acuéstate.

Sólo se sacó los zapatillas y se acurrucó con su mamá, como cuando era un bebé, soñando con el misterioso regalo, y deseando que fueran del hombre más guapo que ha pisado la tierra.

Louis, por su parte, había tomado una decisión. Conquistaría a su esposo. Necesitaría ayuda, y amaba poder contar con sus amigos, y con su suegra, sobre todo. No estaba seguro de haberlo hecho la primera vez.

Siempre fue muy inseguro, y creía que el acto de que Harry se hubiese fijado en él, había sido prácticamente un milagro, no se sentía digno de su amor. Lo había alejado, pero no sabía vivir sin él.

Lo primero que hizo, fue ir a buscar trabajo a la revista de música en la que soñaba trabajar. Harry le había dicho dos millones de veces que lo intentara, pero se quedó en su zona de confort. Esa mañana fue con toda la ilusión a dejar sus papeles, y aunque sólo lo recibió la secretaria principal, estaba satisfecho. Era un gran paso. Después terminó rápidamente su trabajo en la librería, y en su hora de almuerzo, llevó esas lindas margaritas a casa de su amado esposo, para que Any las dejara en la cama.

Volvió al turno de la tarde, cuando recibió la llamada que creyó nunca escucharía. Una entrevista en un par de horas en la revista. Pidió permiso, y aunque tuvo que comprometerse a devolver las horas el fin de semana, fue con la esperanza de lograr más. Esa entrevista significaba su crecimiento laboral, económico y, sobre todo, personal.

Cruzó los dedos y besó su anillo de matrimonio que siempre llevaba en su dedo, y que siempre le daba suerte. Su posible nueva jefa era increíble. Se llevaron bien de inmediato, porque tenían gustos parecidos y una mirada de la escena abierta y neutra. Salió de ahí con un contrato, y con un sueldo que triplicaba el que tenía. Empezaría en dos días.

Estaba feliz, pero necesitaba a Harry. Sólo él entendería su alegría, sólo él lo abrazaría conteniéndolo, sólo él lo besaría hasta calmarlo y luego le haría el amor hasta que sus cuerpos no respondieran. Dios, cómo extrañaba a su hombre...

Volvió a la librería hasta que cerró, y anunció su renuncia. No quisieron verlo más, así que el día siguiente estaba libre. Esa noche, mientras Harry dormía con su mamá, habló con Liam para pedirle un favor, también con Zayn y Niall, cada uno tendría una tarea en su plan. Durmió apenas unas horas, porque los nervios no lo dejaban en paz. Estaba tentado de llamar a Harry y darle las buenas noches, pero si todo salía bien, quizás en unos días podría tenerlo entre sus brazos, ahora para siempre, como debía ser.

Harry despertó a las cinco, justo a tiempo. Liam había dicho que tendría que aumentar la producción, y mientras más temprano, mejor. Se duchó y colocó lo primero que pilló: una camiseta gris, jeans negros, sus botitas favoritas. Dudó entre ellas y las zapatillas, pero eran demasiado cómodas. Amarró sus rizos en un moño alto, tomó su mochila, se despidió de su mamá, y salió. Para su sorpresa, estaba Niall esperando.

—¿Qué haces tan temprano aquí? —preguntó, mientras se subía al auto.

—Tengo una reunión por videollamada en media hora, con un empresario que está en Australia, y su horario es una mierda. Me acordé que Liam te necesitaba temprano y pasé por ti, —dijo bostezando.

—Qué suerte tengo, entonces.

—Voy a poner música, porque me estoy durmiendo, —trató de decir en medio de otro bostezo.

—Está bien. Yo voy a mandarle a Liam la lista de los insumos que hacen falta.

La música de la emisora era bastante triste, hacía un buen juego con su pena. Se sentía triste otra vez.

Estaba Liam esperando, bastante acelerado. —Menos mal llegas. Me acaban de hacer un pedido de 50 muffins y 50 tartas de durazno, ¿crees que puedas hacerlo todo antes del mediodía?

—Sí, seguro...

—¿Estás bien? —preguntó mirándolo con el ceño fruncido.

—Sí, sí, sí. Voy a empezar de inmediato. ¿Viste la lista que te mandé?

—Ya la tengo y apenas abran los proveedores los pediré.

—Genial.

Intentó salir de su trance, pero no era fácil. Su mente otra vez lo hizo viajar, hasta cuando eran novios. Apenas llevaban dos semanas cuando Louis le había dicho “Te amo” por primera vez, mientras hacían el amor en su cama. Nunca olvidaría el palpitar de su corazón, porque desde ese momento, sólo latía por Louis.

Recuerda como si fuera ayer, todo lo que sintió con esa declaración. Él lo sentía desde casi el mismo instante en que lo vio sonreír por primera vez, pero nunca se atrevió a decirlo, porque Louis le provocaba una timidez deliciosa, un pudor sutil, esas cosquillas puras y transparentes en todo su cuerpo. Pasaban los años y nada de eso había cambiado.

Se puso el mismo feo delantal y el horrible gorro. Pero una vez que se fijó un objetivo, era increíble cómo podía hacer diez cosas diferentes al mismo tiempo. Toda su energía puesta ahí para no pensar y estaba resultando. Mezclaba, probaba, cortaba, horneaba, decoraba. No solo cumplió con el pedido de Liam, si no que hizo galletas de tres variedades distintas y dos tortas de bizcocho antes del mediodía. Sonrió satisfecho.

Estaba planeando lo que iba a preparar en la tarde, cuando llegó un mensajero con una caja de regalo. Para él. Tuvo que salir a recibirlo, porque estaban todos sumamente ocupados. Se molestó un poco, pero terminó sonriendo al revisar la caja.

Un delantal hermoso, con su nombre bordado a mano en letras doradas y lo mismo su gorro. No necesitaba preguntar por el remitente del regalo. Ese delantal y ese gorro, se los había mostrado a Louis mil veces mientras estuvieron juntos.

Ahogó un sollozo. No podía permitirse estar mal en ese momento, pero lo necesitaba tanto... Sólo un abrazo, un beso, una caricia, una noche, un fin de semana, y la vida entera. Se lo puso de inmediato, le quedaba delicadamente perfecto. Volvió a sus masas, tratando de no ensuciar su lindo regalo, pero falló rotundamente cuando le salpicó una mezcla de chocolate y caramelo. No podía creerlo, estaba tan frustrado que dijo un par de maldiciones en voz alta.

Fue ahí que lo vio. De pie, en la puerta, mirándolo como sólo él sabía. Provocándolo con sus azules ojos.

—No te preocupes, te compré diez, porque sabía que esto iba a pasar, —le dijo, entregándole una bolsa llena de delantales y gorros. Los bordados eran de colores diferentes.

—No tenías que molestarte, —le dijo tratando de mantener sus sentimientos ocultos, pero feliz de verlo.

Louis se acercó y lo abrazó, fuerte, intenso. —Estoy tan orgulloso de ti. Lo haces increíble, te mereces esto y más, —besó sus coloradas mejillas, húmedas por las lágrimas.

—Gracias Lou... Louis.

—¿Sabes? Fui a la revista a pedir trabajo y empiezo mañana, —le dijo mientras se perdía en sus bellos ojos verdes.

—¿Es en serio? ¡Por fin Lou! Va a ser tan bueno para ti, ¡estoy tan feliz! —Fue su turno de abrazarlo.

Se quedaron abrazados por un par de minutos. Cuando se separaron, sus manos seguían tocando al otro. Se miraron con tantas ganas de dejarlo todo y volverse uno, que quemaba.

—Me voy, tengo mucho qué hacer. Evita enojarte, sabes que siempre terminas sucio, adiós, —dijo Louis saliendo con prisa.

No le dio tiempo a reaccionar, pero se quedó cinco minutos abrazando esa gran bolsa, mientras le dolía el pecho de tanto aguantarse el dolor.

Louis salió de allí directo a los brazos de Zayn, que lo esperaba afuera y se desplomó. Era tan difícil no llamarlo amor, no poder tocarlo ni besarlo como quería. Sólo esperaba que todo esto sirviera para un nuevo comienzo.

Una vez que logró volver a concentrarse, Harry empezó con tartas individuales de frutas frescas. El problema es que esos postres y masas estarían teñidos de tristeza, porque eso sentía mientras los preparaba. Su mamá le había enseñado que sus emociones se traspasaban a la comida, y era un ferviente creyente de eso.

Terminó por fin de hornear. Sólo le quedaba decorar algunas galletas y podría ir a descansar. Estaba agotado mental y físicamente, además de sentirse sucio y triste. Milagrosamente, Liam estaba saliendo también, después de dejar encargado el local por un rato, y, justamente, tenía una entrega cerca de la casa de la mamá de Harry.

—Mañana puedes salir más temprano porque arrendaron el lugar para una celebración privada, —contó.

—¿Arriendas el café para esas cosas? ¿No es peligroso?

—Va a ser la primera vez, espero que salga bien. Sería una opción más de ingreso de dinero.

—Tienes razón. Gracias por traerme, hasta mañana.

—Descansa, saludos a Any.

Salió del auto y caminó a paso lento. Sus pies dolían mucho. Estaban hinchados. Cuando vio la puerta de la casa, le dio tanta pena otra vez, que se puso a llorar ahí mismo.

Esa casa no era su hogar. No estaría su esposo esperándolo para hacerle un masaje, o llevarlo a la tina con agua caliente que se derramaría cuando las caricias se volvieran más necesitadas. Tampoco lo ayudaría a cepillar sus rizos ni reclamaría porque Harry no le preparó suficientes galletas. No habrían conversaciones nocturnas ni malos chistes, tampoco saldrían a comprar el pan para el desayuno. Eran tantas cosas que dejaron de existir de un momento a otro, que sus ilusiones estaban pisoteadas en el barro.

Any lo vio por la ventana, y supo en seguida, que su hijo no estaba bien. Su instinto la hizo llamar a Louis, algo que agradeció después: Harry tenía una crisis.

Estaba de rodillas en el piso, tiritaba y lloraba, intentando abrazarse. Su mamá recordó con pena cuando hace tres años, había pasado algo similar. Ese día, habían intentado robarle, y forcejeó todo lo que pudo para evitarlo, pero finalmente, se habían llevado su mochila. Adentro iba un cuaderno que le había regalado su esposo, para sus recetas, y que tenía lindas dedicatorias en cada hoja. Fue su regalo de su primer aniversario de bodas y fue tal el impacto de perderlo, que le dio una crisis de ese tipo. Después de eso, había períodos tranquilos, y otros, a causa del estrés que le provocaban estas crisis más seguido.

Afortunadamente, Louis llegó en cosa de minutos. Se sentó en el piso, al lado de Harry, y lo abrazó. Comenzó a hablarle despacio y también le cantó. Cerca de diez minutos después, Harry estaba más tranquilo, pero incómodo por todo lo que había pasado. No quería que Louis lo viera así, no en ese momento en que todo dolía tanto.

No tuvo mucho tiempo de seguir pensando, porque Louis lo ayudó a levantarse y lo llevó hasta su cama. Lo acostó y quito sus botas y calcetines. Vio sus hinchados pies, y los masajeó, en completo silencio, tratando de transmitir todo su amor, logrando que Harry se durmiera. Le quitó los pantalones y lo cubrió hasta los hombros, como le gustaba. Dejó un beso en sus rizos, y salió. En la cocina encontró a Any tomando una taza de té.

—Gracias por venir Lou.

—Gracias por llamarme. Está dormido, le saqué los jeans, para que estuviera cómodo, pero si pregunta, ¿puedes decirle que fuiste tú? No quiero que se sienta mal...

—Lo amas tanto, no sé cómo me he aguantado las ganas de gritarles un par de cosas.

—No nos regañes Any. Mañana lo voy a invitar a cenar, ¿crees que es buena idea?

—Siempre lo será, ustedes no deberían estar separados.

—Bien, me voy. Por favor, avísame si pasa buena noche o si se despierta o si...

—Te aviso cualquier cosa que pase, —dijo interrumpiendo. —Ya lo sé...

—Lo siento, adiós.

Harry despertó con los ojos hinchados y sintiéndose triste. Buscó a su mamá en la cocina, pero era muy temprano. Mejor se levantaría e iría a cocinar, así podría tener la tarde libre y descansar o salir por un helado... Solo.

En fin, una ducha rápida y se puso cualquier ropa que encontró. Vio los pantalones que había usado el día anterior, y supo que Louis lo había acomodado en la cama, era el único que sabía cómo quitarle esos jeans tan ajustados. Sonrió y también se excitó, sólo de pensar en Louis tan cerca de él. Dios, debía dejar de pensar en eso, pero era tan difícil cuando tenían una vida sexual tan activa y maravillosa que era casi una adicción.

Inevitablemente recordó su primera vez. Para él fue la primera, aunque para Louis no. Pero Harry estaba feliz, nervioso, ansioso. Fue perfecta, mejor que en sus sueños. Y sonrió, recordando cómo su mamá lo miró horrorizada al verlo lleno de pequeñas mordidas que él había amado hasta que desaparecieron.

Salió, y encontró a Any medio dormida, que lo esperaba para despedirse en la puerta. Afuera estaba frío, demasiado, pero no quería devolverse a buscar una chaqueta. Sin embargo, lo estaban esperando, una vez más.

Louis. De pie, con un abrigo en una mano, y una linda rosa roja en la otra.

—Buenos días Harry, —dijo con una gran sonrisa.

—Louis... ¿qué haces acá?

—Te quería hacer una invitación, ¿te puedo acompañar a la cafetería? —Preguntó nervioso.

—Sí, gracias, —contestó agachando la cabeza, para que Louis no lo viera morderse el labio.

Pero sabía que había fallado cuando lo vio, y notó el brillo en esos azules hermosos.

—Abrígate, ven acá, —dijo ayudándolo a colocarse uno de los abrigos que había olvidado ese día al irse. —Es para ti, le entregó la rosa, no sin antes besarla.

—Gracias, es preciosa.

Caminaron a un paso agradable y en silencio. Cuando estuvieron en la puerta, Louis preguntó:

—¿Quieres cenar conmigo hoy? Necesitamos hablar, ¿no crees?

—Sí, está bien.

—Pasarán por ti a las ocho...

—Hasta la noche entonces, —dijo, empujando la puerta para entrar.

—Harry, —llamó despacio.

—¿Sí? —se devolvió.

—Que tengas un bonito día, —y besó sus manos y se fue rápidamente, dejando descolocado a su esposo.

Entró suspirando, y eligió para ese día, un delantal con bordado en azul. Hizo muchas galletas, porque se vendían rápido. Las favoritas de la gente parecían ser las con chips de chocolate, así que preparó seis bandejas. Otras con mantequilla de maní, y otras con mermelada. A las tres en punto terminó, y se fue a casa de su madre. Revisó un par de recetas, y luego durmió un poco.

Despertó a las seis y media, tenía tiempo de sobra para prepararse. Mientras se daba un baño de tina, no dejaba de preguntarse de qué querría hablar Louis. Hasta que una idea se pasó por su cabeza, y echó raíces. Si estaba siendo tan amable, podía ser por una sola razón: quería el divorcio. ¿Por eso lo invitó? ¿Por eso tanta amabilidad? ¿Quería darle el golpe de gracia?

Quizás era mejor buscar una excusa para no ir, pero tampoco podía seguir alargando algo que debía pasar. Tal vez su Louis ya no lo amaba y, aunque él jamás podría dejar de hacerlo, aprendería a vivir con ese dolor. Eso explicaría el por qué había estado actuando tan raro las últimas semanas.

Jeans rasgados, una camisa negra transparente con los tres primeros botones abiertos. Botitas marrones, un par de anillos. Rizos suavemente peinados y cayendo con delicadeza sobre sus hombros. Un poco de perfume. Un poco de brillo en sus labios.

Se sentía atractivo. Estaba seguro que llamaría la atención, aunque sólo quería la de un hombre. La de ése que se negaba a aceptar su amor. Esperó, afirmado en la puerta a que llegara Zayn que no se demoró ni cinco minutos en aparecer.

—Guau, estás infartante amigo, —dijo admirándolo.

—Gracias Zayn, pero no es necesario que sigas fingiendo. Sé que están haciendo, y nunca lo esperé de ustedes, —le dijo muy serio.

—No sé de qué hablas, ¿me puedes explicar?

—Louis me va a pedir el divorcio, es obvio. Y ustedes lo han ayudado para que yo no sufra tanto, porque, claro, me tienen lástima. Pero ¿sabes qué? No me importa, pueden dejarme solo, no me voy a morir.

—¿Divorcio? ¿Lástima? Estás hablando solo mierda Harry.

—Piensa lo que quieras, me voy a ir a pie. Adiós.

—Harry, ni siquiera sabes a dónde es.

Y se fue, dejando a Zayn confundido y molesto. Llamó a Louis para contarle y se fue a su departamento. Ojalá saliera todo bien, porque esta separación les hacía mal a todos.

Louis comenzó a llamar a Harry, preocupado, pero no le contestó. ¿Por qué tenía que ponerse todo tan difícil? Se supone que iba a ser una tarde tranquila y feliz. Suspiró pesadamente, colocándose la chaqueta de mezclilla sobre la blanca polera que usaba para la ocasión. Saldría a buscarlo, pero no alcanzó a llegar a la puerta, cuando escuchó la original campanilla sonando.

—Harry, pensé que no... Se supone que era una sorpresa, ¿cómo supiste que este era el lugar? —preguntó acercándose.

—Ya basta de juegos Louis. Dime de una vez que es lo que quieres.

—¿Podemos sentarnos y conversar? —Dijo confundido. —¿Por favor?

Harry se sentó, molesto. La mesa estaba preciosa, con unas bonitas servilletas, frágiles copas y su vino favorito.

—¿Tienes hambre? Hice un ratatouille.

—Sí —contestó suspirando.

Se miraron, por fin, con tranquilidad.

—Por Dios Harry, ¿cómo sales así a la calle? —dijo celoso a morir.

—¿Qué tiene? ¿Me veo mal?

—Te ves... Te ves jodidamente como un modelo, el más hermoso, —dijo sin aliento al perderse en el pecho tatuado de su esposo.

Y Harry sintió la necesidad de Louis, que era la propia.

—Se ve delicioso, —cambió el tema, no sabía si podría controlarse. Pero es que eran casi tres semanas sin amarse, ellos que no dejaron ni un día de hacerlo. Ni enojados, o enfermos, o tristes. El cuerpo del otro era siempre la respuesta y la solución a todo.

—Espero que lo esté. Lo hice especialmente para ti, —sonrió, mostrando sus arruguitas, y Harry casi se ahoga con el vino. Tosía desesperadamente.

—¿Estás bien? —preguntó, corriendo a su lado y tomando sus brazos para levantarlos sobre su cabeza.

¿Eran ellos, o la imagen era tremendamente erótica? Seguramente sus imaginaciones, pero la mirada con la que buscaron sus labios, gritaba pasión.

—Es... estoy... bien, —dijo con un leve tartamudeo, mientras su pecho bajaba y subía con fuerza.

—Déjame limpiarte, —con suavidad pasó la punta de la servilleta por sus labios, perdiéndose en ellos por un momento.

Un minuto completo estuvieron en la duda de si terminar con la distancia o no. Podían sentir la respiración y el calor del otro, pero ninguno se atrevió.

Después de eso, pudieron comer en un silencio extraño. Evitaban mirarse. Pero la comida se acabó, y tenían que hablar.

—Necesito decirte algunas cosas Harry, —dijo ya sin aguantar más.

—Te escucho Louis, —contestó demasiado angustiado, mientras apretaba disimuladamente el mantel.

—Te amo, te amo y te extraño. Sé que te dije cosas horribles, y que mi frustración no es tu culpa. Perdóname por descargarme contigo así, no te lo merecías. Nunca deberías escuchar algo más que palabras de amor, porque fuiste el novio más increíble y el mejor esposo de este universo. Pero por favor dame una oportunidad, una sola, para demostrarte que puedo cambiar, que puedo hacer más para que la rutina no nos afecte, que puedo poner más de mi parte. Dame la oportunidad de volver a ganar el derecho a llamarte mío, ¿por favor? —Terminó de hablar entre lágrimas.

Y Harry era un lío de sollozos. Poco a poco todo el dolor se iba por esas lágrimas que ya no quería contener.

—Lou, jamás podría dejar de amarte. Fuiste, eres y serás mi sueño hecho realidad. También te ofendí, y lo siento tanto... —Bebió un poco de vino. —Pero tengo miedo, ¿y si no resulta y si otra vez nos herimos?

—Va a resultar, te lo juro. —Caminó hasta quedar frente a su asiento, y se arrodilló ante su esposo. Tomó sus manos, y siguió —Déjame conquistarte, llevarte a citas, recuperar tu confianza. No puedo más vivir así, sin ti, sin tu amor...

Harry apretó sus manos, y movió su cabeza, en una señal negativa, tratando de evitar desgarrarse. —Yo no quiero eso Lou... Sólo te quiero a ti de vuelta, a ti siendo impulsivo, divertido, mágico, no necesito que seas otro. No sé qué pasó que te perdí...

—Ya no soy el mismo, —dijo con pena. —Yo siento que estoy envejeciendo demasiado rápido, tengo esta panza horrible, me siento tan poco atractivo a tu lado... Perdóname.

—No puedes hablar en serio, —habló impactado. —Louis, hace dos meses me corté la pierna cuando me resbalé en la cocina, con el cuchillo en la mano.

—No me lo recuerdes.

—Me sentí mal de que no te gustara con esta cicatriz, pero me dijiste que me amabas más aún. Y te creí, porque es lo que se hace cuando amamos. Y esa pancita que dices tener, es pequeñísima, y la amo porque es parte de ti. ¿Por qué no me creíste? ¿Por qué piensas que voy a mirar a otros hombres? ¿Por qué dudas de mi amor?

—Porque eres tan hermoso y perfecto y cada día me pregunté qué hice para merecerte. Nunca quise causarte dolor con esto, pero sentí tanto miedo de que ya no me quisieras...

—Lou, te voy a elegir siempre, flaco, gordo, panzón, celoso. Siempre, sólo tú. Déjame demostrarte que eres al único que quiero mirar, sentir, besar, amar...

Louis se levantó, y ayudó a Harry a hacer lo mismo. Sus labios se encontraron, suavemente, en medio de sus mejillas húmedas. Se rozaron tímidas, mientras sus manos buscaban su lugar en la cintura y en el cuello del otro. Poco a poco empezaron a subir de intensidad, demasiado. Pequeños gemidos entre medio de sus lenguas.

Fueron solo un par de besos intensos, algunas caricias al azar. Había mucha vulnerabilidad en el aire y necesitaban espacio para reconectarse. Se abrazaron y se quedaron así por largos minutos, en silencio, buscándose, mirándose.

Y esa noche terminó, con Louis dejando en la puerta de la casa de Any a un Harry muy ilusionado. ¿Querían besarse hasta terminar en cualquier rincón desnudos? Claro que sí, pero no lo iban a hacer. Por lo menos, no todavía.

—Descansa, ¿sí? Te veo mañana, —dijo despidiéndose Louis, besando su mejilla.

—También descansa. Gracias por querer intentarlo, —le contestó con dulzura.

—No voy a dejarte escapar Harry, —le dejó un beso en la nariz, haciéndolo sonreír.

Harry entró por fin, y después de cerrar la puerta, pudo botar el gran suspiro que le estaba ahogando. Estaba feliz, con una esperanza inmensa, con ganas de empezar una nueva etapa con su esposo.

Llegó a su cama y se desnudó. Las frías sábanas recibieron su cuerpo agotado, dándole una bienvenida cruel. Poco a poco sus manos tocaron su cuerpo: su pecho, su estómago, hasta llegar a su miembro. La imagen de Louis era clara y potente, pero no pudo hacer nada más. Sentía que profanaba a su amor al no compartir sus caricias con él. Se dio la vuelta y se durmió lentamente.

Por su lado, Louis se sentía eufórico, casi tanto como hace seis años, cuando estaba terminando la preparatoria y le pidió a Harry que fueran novios. Habían sido amigos por tres meses, y estaba consciente de que era rápido, pero estaba completamente enamorado de él, de cada detalle y de cada cosa que hacía. Claro que no se lo dijo, tenía miedo de que se asustara.

Ahora era casi igual. Estaba dispuesto a todo por él, por recuperarlo, por volver a tomar su mano y no soltarlo.

Llegó al departamento de Zayn, y se durmió rápidamente. Al día siguiente empezaba su nuevo trabajo y quería dar lo mejor de sí. Con ese nuevo sueldo, podía aspirar a un mejor lugar para vivir, empezar a pagar sus deudas y consentir a Harry.

Louis llegó temprano a su nuevo trabajo, y de inmediato le asignaron un par de festivales y dos singles nuevos de ciertos artistas bastante reconocidos para hacer artículos. Significaba escuchar, leer, investigar. No podía más de felicidad, era lo que siempre quiso hacer. Terminó antes del almuerzo, y entregó sus reportes antes de salir en dirección al café, para ver, aunque sea unos minutos a su esposo.

Harry estaba terminando una partida de 200 galletas que le pidieron de una empresa para regalar. Llevaban decoración específica, y eso lo había demorado. No había podido comer ni tomar algo, y ya estaba resintiendo la falta de descanso. Estaba ahí desde las cinco y media de la mañana, y eran cerca de las dos de la tarde.

Escuchó una discusión fuera de la cocina y se asomó a ver qué pasaba.

Louis peleando con Liam a los gritos. ¿Qué había pasado? Louis supo de todo el trabajo que tenía Harry y se molestó porque nadie, o sea Liam, no tuvo la deferencia de llevarle, por último, un café. Estaba muy enojado.

—Louis, está bien, no te enojes, —pidió Harry.

—No, no está bien, —le contestó. —Y tú, —le dijo a Liam, —mínimo que lo cuides. Si no lo tratas bien, no va a seguir trabajando aquí, ¿Escuchaste?

Tomó a Harry de la mano, y lo sacó de ahí, ante la mirada estupefacta de todos. Sobre todo, la de Liam.

—Louis, —llamó Harry, sin obtener respuesta.

Una cuadra más allá lo dejó sentado en una mesa de un restaurant pequeño. Volvió y se sentó, aún furioso. Pero el que se estaba molestando más era Harry: pocas cosas le molestaban más que lo ignoraran y su esposo lo sabía.

—No puedes estar sin comer, tienes que cuidarte, —le advirtió.

Silencio. Harry encontraba muy interesantes las hojas de lo árboles.

—Harry, te estoy hablando. No seas grosero.

Silencio. Los troncos de esos árboles eran verdaderas obras de arte.

—Lo siento. Actué como un idiota otra vez, sin preguntarte, ni siquiera te saludé, —dijo arrepentido.

Dos platos de pasta con salsa blanca aparecieron, y Harry comió con ganas. Louis apenas mordisqueó lo suyo, no sabía qué decir.

Cuando Harry terminó, se levantó y se fue, dejando a Louis solo y confundido.

Su plan de reconquista había empezado de la peor manera, y por su culpa. Era tan difícil controlarse cuando se trataba del amor de su vida. No lo siguió, se sintió tan tonto y estúpido, empezaba a pensar que Harry era demasiado para un bruto como él. En realidad, pensaba eso desde el primer día que lo conoció, nunca pudo aceptar totalmente que su esposo lo amaba por sobre todo, y eso lo hacía actuar como un idiota.

El resto de la tarde la pasó escuchando nueva música, sobre todo algunos adelantos y cuadrando fechas de entrega de artículos. Apenas salió, fue a buscar a Harry. Se disculpó con Liam, y entró en la cocina. Pudo ver la concentración de su esposo para decorar con la manga pastelera, pequeños pasteles de bizcocho.

Era ver a un ángel. Su porte, su figura, sus manos grandes que tan bien lo acariciaban, y contenían. Sus rizos suaves que le gustaba tirar en medio de un orgasmo, su espalda que amaba morder cuando lo sometía a sus deseos, su boca que lo enloquecía con besos llenos de lujuria. Una erección se manifestaba en sus pantalones, siendo muy notoria.

Harry sabía que estaba ahí, pero no tenía ganas de seguir peleando. Tenía que aprender a decir lo que le molestaba. Tenía que intentarlo.

—Louis, qué sorpresa, —dijo mientras soltaba la manga, y lo miraba. Pero sus ojos traicioneros, de inmediato acusaron un bulto apretado en ese jeans tan ajustado.

Tal como un adolescente hormonal, se sonrojó. Pero la sangre no llegó solo a sus mejillas, también entre sus piernas.

Los dos tenían la necesidad de entregarse. Se extrañaban demasiado, y no por el acto en sí mismo, si no por lo que significaba llegar a la cama. Las ganas de compartir su desnudez y vulnerabilidad con su pareja, para demostrarse con caricias lo que sus bocas callaban.

Louis se acercó y lo tomó de la cintura, y Harry se perdió en su cuello mientras sus manos comenzaban a bajar peligrosamente por su espalda.

—Harry, amor, —dijo besando su pelo y apretando fuerte sus caderas.

—Te necesito... —susurró buscando sus labios con desesperación y encontrándolos casi de inmediato, tan ansiosos como los suyos.

—Vamos al departamento de Zayn” pidió Louis.

—Sí, vamos...

Apenas podían hablar entre tantos besos que tenían que darse. Estaban calientes como nunca, con ese ímpetu que solo te da la separación del cuerpo que deseas. Harry había empezado a desabrochar el pantalón de Louis, y Louis a quitar su delantal, olvidando dónde estaban. Liam hizo su aparición cuando percibió pequeños gemidos que no debería haber escuchado.

—Chicos, váyanse a un lugar privado, ¿sí? —dijo riendo.

Los esposos estaban totalmente avergonzados, como si hubiesen sido descubiertos en alguna travesura.

—Lo siento. Yo... él... —Trató de explicar Louis.

—Son esposos, y se están reconciliando, está bien que esto pase, pero no aquí, —contestó con naturalidad.

¿Reconciliando? Esa palabra daba vueltas en la cabeza de los dos. No se estaban reconciliando, porque no habían arreglado sus problemas.

—Lo siento Liam, no era reconciliación, y Louis ya se va, —dijo Harry saliendo a la bodega.

Y Louis supo que otra vez, no estaba haciendo las cosas bien. Salió triste y enojado con él mismo, pero no se fue. Se quedó esperando a Harry porque había tomado una decisión, drástica y dolorosa, pero al parecer sería lo mejor. Lidiar con su baja autoestima no era tan fácil como creía.

Cuando Harry salió, supo por la cara de Louis que algo malo estaba pasando.

—Louis, ¿qué pasa? —preguntó preocupado.

—Ya no puedo más Harry. Lo siento, pero no puedo. Te extraño tanto, y te amo más, pero no sé cómo hacerlo. No sé cómo te fijaste en alguien como yo, soy torpe y posesivo, te mereces más y yo no puedo con este sentimiento de saber que no puedo serlo para ti.

—No estoy entendiendo...

—Me ofrecieron cubrir un festival en Los ángeles, y si acepto me voy por un mes. Quizás deba tomarlo y alejarme de ti, no quiero hacerte más daño.

—¿Quieres decir que sí nos vamos a divorciar? —Estaba a punto de llorar.

—Deberíamos pensarlo, —contestó.

La peor pesadilla de Harry haciéndose realidad. Un segundo y todo en su cuerpo y mente explotando y mostrándole la realidad.

—Lo siento, pero no. Ni siquiera me preguntaste qué pienso, y eso es lo que más me molesta, Louis Tomlinson, porque tengo mucho para decir. Y lo primero es que no, tú no te vas a ninguna parte. Segundo, nada de divorcio, porque esto es para siempre. Y tercero, —dijo acercándose, —me enamoró de ti tu sencillez, tu locura, tus ganas de estar conmigo. Tantas cosas que podría escribir un libro de 5 tomos. Te amo y no te voy a dejar, ¿escuchaste bien?

Louis no podía cerrar la boca, estaba impactado, pero de la mejor forma.

—Y cuarto, vas a llamar a Zayn para que se quede con Liam o Niall por hoy...

Louis saltó a besarlo, mientras comenzaban a reír.

—Te amo, te amo, te amo, —decía sin parar sobre los esponjosos labios de su esposo.

—Ah, y quinto. Esto no significa que solucionamos las cosas. Tenemos mucho que hablar y quiero mis citas contigo.

—Sí mi amor, lo que digas, sólo promete que cada cita va a terminar en la cama contigo desnudo.

—Lo prometo.

Zayn estaba feliz de no dormir en su departamento. Fue a dormir con Liam, aunque no era primera vez. Claro que ninguno de sus amigos sabía.

Apenas la puerta del departamento se cerró, Louis empujó a Harry contra la pared y mientras lo besaba, desabrochó sus jeans. Intentó bajarlos, pero las manos de Harry lo detuvieron. Intentó desabrochar su camisa, pero otra vez, lo interrumpieron. Con su respiración entrecortada, preguntó:

—¿Qué pasa? ¿No quieres? ¿Te arrepentiste? —Preguntó con el ceño fruncido.

—Esta noche mando yo Lou, —contestó con la voz grave.

Y sin saber cómo, Louis estaba siendo devorado por su esposo. No sabe en qué momento lograron llegar al sofá, y mucho menos supo cómo estaba desnudo. Sólo sentía las caricias que Harry le daba, por todo su cuerpo. Cada milímetro de su piel estaba siendo tocada, besada, lamida y mordida.

—Por Dios... sí... sí...

Harry aprovechó cada segundo de la desnudez de su esposo. Mordisqueó con hambre los pezones duros, mientras sus manos apretaban sin piedad de ese glorioso trasero, hecho a medida para sus manos. Quería ser suave y cariñoso, pero la necesidad, la pena, la rabia y la soledad, se estaban manifestando a gritos en su cuerpo.

Rápidamente la dura y mojada erección de Louis desapareció en la boca de Harry. Cuál de los dos gimió más alto con esa acción, no se sabría jamás. Harry había extrañado ese sabor, ese olor, ese grosor y esa suavidad con locura. Y se estaba notando, en sus movimientos desesperados y acelerados, que tenían a Louis al borde del llanto por tanto placer.

Su lengua recorrió cada espacio, y su saliva empapó todo el miembro que salía y entraba de su boca, mientras sus dedos comenzaban a acariciar su rosada y apretada entrada.

—¡Harry! —Gritaba Louis desesperado, logrando sólo más intensidad, —¡Harry!

Y el semen caliente llenó su cavidad bucal, saliendo por sus labios hasta su cuello. Harry tomó hasta la última gota, y sin perder tiempo, su lengua ahora atacó su anillo cada vez más dilatado.

Louis estaba sin poder reaccionar. Estaba en el cielo, escuchando cánticos angelicales, cuando los dedos de su esposo lo llevaron de un tirón al infierno más caliente y lujurioso.

—Sí... más... más... más... Harry...

Una vez que dejó preparado a su esposo, se dedicó a besar su cuello y dar pequeños mordiscos en su oreja. Comenzó a penetrarlo muy despacio, mientras lo miraba duramente, logrando que Louis se sintiera extrañamente tímido.

—Quiero que entiendas, dijo Harry hundiéndose fuerte, —que me vuelves loco... —Otra estocada enérgica que provocó un grito intenso en Louis. —Sólo tú, —y otra más...

Después de cada oración, la embestida más y más dura contra el cuerpo casi agonizante de su esposo, que esa noche entendió y sintió el amor tan sincero de Harry, y eso era lo que lo tenía disfrutando ese momento como jamás pensó.

—Mío, sólo para mí, así como... yo soy sólo... tuyo... —Un gemido cortó sus palabras.

Y Louis no pudo más. Su semen por todo su estómago y el de Harry, y lágrimas empapando su rostro. Harry apenas un movimiento más y también acabó, dentro de Louis, sintiéndose diferente, como si se hubiese vuelto a enamorar de ese hombre hermoso que se veía frágil entre sus brazos, pero que era fuerte, decidido y perfecto.

Se abrazaron con el amor a flor de piel, mientras Louis escondía su cara en el pecho agitado de Harry y este acariciaba su espalda.

—Nunca quisiera saber que no te sientes suficiente Lou, porque lo eres, y eres mucho más. Jamás te he mentido, y pensé que mis palabras eran lo bastante claras, y me equivoqué. Eres perfecto para mí, ante mis ojos todo lo tuyo es maravilloso, todo lo que haces y dices es mágico. Si te vieras como yo te veo, no dejarías de pensar en ti ni un solo segundo y te asombrarías de lo bello que eres, —dijo Harry, tratando de poner su corazón en sus palabras.

Un beso suave, selló su acto amatorio en el sillón, ni siquiera se acordaron de llegar a la cama. Pero así eran ellos, perfectos en sus tiempos, aún con sus dudas y problemas. Se acomodaron y se durmieron, con la calidez que habían extrañado, con Louis apretando fuertemente las caderas de su esposo que se hacía pequeño a la hora de soñar.

Una semana pasó en medio de citas muy sencillas.

Louis lo invitó a caminar en una tarde cálida, lo llevó a ver un amanecer sobre un pequeño cerro a las afueras de la ciudad, a la playa por un día, a un concierto de piano gratis en el centro y a una clase de baile improvisada por él. El departamento de Zayn era el testigo de su entrega al finalizar cada cita. Si hubiese podido sonrojarse, lo hubiera hecho...

La seguridad se afianzaba en Louis cuando se daba cuenta de lo mucho que llamaba la atención su esposo, pero que él jamás dejaba de mirarlo. Podía sentir hasta en su última célula, que Harry sólo lo veía a él, y eso sólo hacía que lo amara más aún, si eso era posible. Sus celos se calmaron lentamente, porque aprendió que su amor jamás buscaría lastimarlo.

Esa noche, Louis estaba decidido a pedirle a Harry que volvieran a vivir juntos, y que renovaran sus votos. Era algo que él mismo necesitaba y anhelaba, y quería que su esposo sintiera lo mismo. Cuando llegaron al que se había transformado en su nidito de amor, Harry supo inmediatamente que Louis planeaba algo y esperaba que fuera lo que estaba pensando.

—¿Estás bien amor? —Preguntó Harry preocupado, al notar pálido a su esposo.

—No me siento bien... Creo que necesito ir al baño, —apenas alcanzó a contestar, y salió corriendo a vomitar.

Harry lo siguió, sabiendo que estaba nervioso. Recordó con una sonrisa, cómo, hace años esa escena se había repetido, cuando a mitad de una cena intentó pedirle matrimonio. En medio de la propuesta tuvo que ir al baño, porque no aguantó los nervios, y terminó pidiéndole su mano sentados en el piso del baño. ¿Era lo que esperaba? Claro que no. Pero sólo su Louis podía hacer que un lugar como ese le hiciese sentir mariposas.

Lo encontró enjuagándose la boca y la cara.

—Lo siento, —dijo con vergüenza.

—No tienes que hacerlo amor, ¿te sientes mejor?

—Sí, vamos, —pero antes de poner un pie afuera, tuvo que volver a agacharse sobre la taza del baño.

Se puso a llorar. Claro que él también recordaba su primera propuesta, y soñaba con algo más romántico para esta vez. Y no, su cuerpo no ayudaba. Los nervios lo estaban consumiendo.

—Amor, no llores, —le dijo Harry, sobando su espalda con ternura.

—Yo quería que fuera distinto, —sollozó.

—¿Qué fuera distinto qué? —Preguntó, haciéndose el desentendido.

—¿Quieres casarte conmigo... de nuevo? —le dijo mientras una nueva arcada lo atacaba.

Harry no podía dejar de reír.

—Te amo tanto Lou, claro que quiero, me casaría contigo mil veces más, —le contestó, acariciando su mejilla y alcanzándole una toalla para que se limpiara.

Lo tomó de la mano, y lo ayudó a levantarse. Dejó que volviera a enjuagar su boca y sus lágrimas, y cuando lo vio mejor, sólo lo abrazó, como sólo él lo hacía: agachándose para que no tuviera que ponerse en puntitas de pie.

Los besos no demoraron en llegar, ávidos de sentir una vez más el sabor del otro, de cada parte de sus cuerpos. Manos imparables, ansiosas, felices de palpar cualquier trozo de piel. Las ropas fueron poco a poco cayendo en el suelo, haciendo un camino desde el baño hasta la habitación. Pequeños jadeos comenzaban a aparecer, cuando la desnudez fue total y sus pieles se tocaron juntas, provocándoles electricidad y deseo.

—Prepárame, —dijo Harry en un hilo de voz.

Louis con una gran sonrisa y un super espasmo en su miembro, no perdió más tiempo, y llevó sus dedos a su propia boca, llenándolos de saliva, que tenía por montones debido a la excitación. Conociendo perfectamente el cuerpo de su esposo, metió sin problemas un primer dedo, y en apenas dos segundos, otro más. Sabía lo rápido que era Harry para recibirlo y eso le provocaba desearlo más.

A tropezones llegaron a la cama, y Harry se colocó arriba rápidamente. Le urgía sentir a su esposo, tenía prisa por fundirse con él, sintiendo que ya no podía más de tanto amor. Casi automáticamente, montó a Louis, en medio de gemidos de satisfacción. Se aferró a su pecho y apretó sus pezones, mientras se movía en círculos, y Louis lo tenía firmemente afirmado de sus caderas, disfrutando como si hubiesen pasado meses separados.

—Ahhh... sí... —Sus propias manos comenzaron a tocarse. Tiraba sus rizos mientras se mordía los labios, sin dejar de ver a Louis que estaba embobado con la imagen.

—Eres tan hermoso... Y mío... —dijo Louis, empujándose hacia arriba para llegar más profundo aún.

Harry cayó sobre Louis, porque necesitaba besarlo hasta quedar sin aliento, hasta que sus labios olvidaran cualquier cosa que no fuera la boca del otro. Se restregaban con furia, tratando de llegar más y más lejos; nunca teniendo suficiente, siempre queriendo más. Necesitaban decirse tantas cosas con sus cuerpos, con sus caricias y con su pasión... que el tiempo se volvía un enemigo cruel.

Louis con un solo movimiento quedó sobre Harry, y comenzó a penetrarlo lento pero duro. Siempre viéndolo a los ojos, siempre acariciándolo con ternura infinita, incluso cuando su mano se apoyaba fuerte en su garganta, recibiendo a cambio gimoteos intensos de parte de su esposo. Se conocían tanto, que con sólo mirarse sabían que estaban a punto de estallar. Y Louis sabía que sólo un beso profundo acabaría con la tormenta de fuego que vivía en el cuerpo de Harry. Y Harry sabía cómo contestar a ese beso, para lograr sentir cómo Louis lo llenaba con su semilla ardiente.

El beso se alargó por minutos eternos, aún con sus cuerpos temblando, aún con sus pieles sensibles y con sus pulmones sin aire, no lograban separarse. Se repetían “te amo” una y otra, y otra vez.

—Lou, —habló Harry unos minutos después.

—Sí mi amor, —contestó Louis.

—Están rentando el departamento del fondo, —le contó mientras dibujaba figuras inexistentes en su pecho.

—¿Te gustaría que viviéramos ahí? —Preguntó sonriendo, su mano en los rizos enredados de su esposo. Lo conocía tan bien.

—Sí, nos queda cerca de todo, sobre todo de los chicos.

—Ya no está disponible amor. Lo renté ayer para nosotros, —dijo feliz.

Harry se incorporó, quedando sentado al lado de Louis.

—¿Es en serio? ¿Cómo sabías...? —No estaba entendiendo.

—Te conozco amor. Siempre te gustó este edificio, pero no podíamos pagarlo. Ahora, tengo un buen trabajo, me pagan bien, y el dueño es amigo de Zayn y me hizo un precio increíble. Podemos mudarnos mañana mismo.

—Claro que no, —contestó serio Harry. —Cómo podría irme a vivir contigo sin estar casados como corresponde?

Louis no podía cerrar la boca, estaba impactado. ¿Era una broma?

—Harry no, no me digas eso.

—Pero Lou...

—No Harry— interrumpió. —Ni un solo día más viviendo separados, ¿me escuchas? Te necesito, no sólo hacerte el amor cada noche, también compartir mi espacio, ver tus cosas, escucharte llegar, acompañarte al trabajo. Nuestras rutinas Harry, esas que una vez odié, y que entendí que amo y necesito tanto como a ti...

—Estaba bromeando, lo siento, —lo besó despacio. —Tampoco quiero seguir viviendo separados. Quiero de vuelta nuestra vida juntos, —le habló despacio, rozando apenas su cuello con sus dedos.

No necesitaban más. Estaban de vuelta en el juego, más enamorados que antes.

Al día siguiente, mientras Harry trabajaba duramente en sus masas, Louis arregló todo en el nuevo departamento. Las cosas de Harry ya estaban instaladas, al igual que las suyas. Por suerte el dueño del lugar les ofreció sus propios muebles, incluso la opción de compra más adelante. Estaba todo prácticamente nuevo, porque nadie vivió ahí realmente. Cuando fue a buscar a Harry a su trabajo, lo llevó de la mano a caminar por la que era su plaza.

—¿Te acuerdas de nuestro primer beso? —preguntó.

—Cómo olvidarlo... me mordiste tan fuerte que me sacaste sangre del labio, —contestó riendo Harry.

—Estaba nervioso. Aún me pones nervioso, —dijo despacio, mirando al piso.

—Estaba feliz de que te atreviste a hacerlo. Yo no sabía si te gustaba, porque siempre actuabas raro conmigo...

—Provocas eso en mí. Quería lanzarme encima de ti desde el día en que te conocí, creo que me enamoré a primera vista amor.

Harry sonrió. —Nunca me habías dicho eso, —dijo ruborizándose.

—Porque ahora lo entiendo. Te amo desde que te vi por primera vez, y aún me parece increíble que te hayas fijado en mi, —contestó con un poco de vergüenza.

—Cómo no enamorarme de un chico atrevido, que me miraba con esos ojitos hermosos llenos de dudas, torpe, divertido. Me pisaste, me empujaste, y me mordiste tratando de ser tierno... esas pequeñas cosas me enamoraron de ti. —Se abrazaron un momento, antes de seguir recordando. —En esa esquina estaban vendiendo helados, —siguió Harry. —Yo quería uno y tú querías ir por una hamburguesa.

—Pero te seguí, y tuve que escuchar al idiota ese, y ver cómo no te quitaba los sucios ojos de encima, —dijo molesto Louis.

—Quería ser amable, pero no pudiste quedarte callado, y le gritaste, —contestó más molesto Harry.

—¡Era un asqueroso que te quería secuestrar! —gritó, ya enojado.

Se quedaron mirando tres segundos, antes de estallar en risas.

—Tenemos un montón de momentos y recuerdos, y quiero tener muchos más, siempre contigo, —dijo abrazándolo.

—Los tendremos, —contestó Louis. —Desde hoy empezamos a escribir un nuevo capítulo juntos, amor.

—Llévame a casa, quiero acurrucarme contigo...