Capitulo 1
La señora Lee iba a matarlo.
Hoseok miró su reloj e hizo una mueca. Ya era la una de la mañana; él había prometido a la señora Lee que no iba a volver a casa después de la medianoche. Preparándose, abrió la puerta tan silenciosamente como pudo. Mi-suk era de sueño ligero. Hoseok cerró la puerta, estremeciéndose cuando crujió. Maldita sea.
—¿Sr. Jung? —Dijo la señora Lee, frotándose los ojos y sentándose en el sofá.
Hoseok miró a las gemelas, pero ellas no parecían haber despertado. Se acercó a su niñera. No le tomó mucho tiempo: el apartamento era pequeño.
La señora Lee estaba frunciendo el ceño profundamente, una mirada triste en su rostro.
—Lo siento —dijo Hoseok antes de que ella pudiera decir nada.—Estoy realmente, realmente arrepentido. No pasara nuevamente, lo juro. No podía volver antes. Fue una noche tranquila, y no he conseguido muchas propinas. Yo no tenía suficiente dinero para pagarle por esta semana, así que terminé quedándome hasta que lo hice.
Los labios de la señora Lee fruncidos. Ella suspiró.
—Sr. Jung Hoseok, entiendo su situación es la única razón por la que sigo aquí pero debe entender la mía, también. Tengo una familia, también, pero me paso hasta quince horas al día aquí, cuidando de dos enérgicas niñas de cuatro años. No me paga lo suficiente para eso.
—Voy a encontrar otro trabajo —dijo Hoseok rápidamente, tratando de sofocar el pánico creciente en su pecho.—Voy a encontrar un mejor trabajo y le pagaré más.
Ella suspiró de nuevo, sacudiendo la cabeza.
—Eso es lo que dijo el mes pasado, Hoseok.— Miró a las niñas.—Admiro su dedicación, pero no puede seguir así. Solo tiene veinte años. Se merece algo mejor. Ellas se merecen algo mejor, también. ¿Por qué no les encuentra una buena familia?
—No —dijo, su voz dura.—Ellas ya tienen una familia. Me tienen mí.
—Apenas lo ven. Preguntan por usted todo el tiempo. Ellas lo extrañan.
Hoseok miró hacia ellas. Mi-suk y Eun-ha dormían enroscadas una hacia la otra, sus mejillas regordetas casi se tocaban. Se le formó un nudo en la garganta.
— Las extraño, también.—Él miró a
la señora Lee.—Por favor. Encontraré una solución. Realmente no volverá a suceder.—Pescando su billetera del bolsillo trasero, le dio a ella todo el dinero que tenía.—Aquí, tome esto.
Ella negó con la cabeza, pero aceptó el dinero.
—Piense en lo que le dije, Hoseok— dijo antes de tomar su bolso y salir.
Hoseok cerró la puerta y volvió a la cama. Se arrodilló junto a la cama, apoyó la barbilla en el colchón, y se quedó viendo a las gemelas. La luz tenue hizo que su pelo castaño pareciera casi cobre. Parecían pequeños angelitos. Hoseok cerró sus ojos. Dios, estaba tan cansado, pero dormir era la última cosa en su mente. No necesitó abrir la heladera para saber que se quedaron sin comestibles: sabía cuánto tiempo les llevó agotarse. Ellos no tendrían nada qué comer el día después de mañana.
La desesperación arañó su garganta. Luego vino el resentimiento y la ira. Hoseok se los quitó de encima. Estar enojado con sus padres por tener numerosas deudas, morir y dejarlos sin un centavo era inútil. Él no podía permitirse el lujo de perder el tiempo. Necesitaba dinero. Ahora.
¿Pero cómo? Él ya tenía dos empleos.
—¿Hoseok?
Hoseok abrió los ojos. Una de las niñas ya no dormía. Una oleada de pánico lo recorrió cuando se dio cuenta de que ya no podía distinguirlas. ¿Era Mi-suk o Eun-ha?
—¿Bebé? —Graznó a través del nudo en su garganta.
La niña se sentó lentamente, con cuidado de no despertar a su hermana, y Hoseok exhaló. Era Mi-suk: ella era más madura y considerada que Eun-ha, quien era frecuentemente una pelota de energía sin dirección.
Mi-suk se acercó a él, y Hoseok la levantó en sus brazos.
—Hey, princesa —susurró, besándola en la sien y respirando su dulce aroma.
—Estás en casa —dijo Mi-suk, envolviendo sus pequeñas manos alrededor de su cuello.—Te extrañé.
—Yo también —Hoseok murmuró, acariciando su espalda. Lo siento.—¿Te divertiste mientras yo estaba fuera?
Mi-suk asintió.
—Jugamos mucho, pero el Halcón no nos dejó salir fuera.
—No llames a la señora Lee así. —dijo, apesar de que tuvo que reprimir una sonrisa.—¿Algo más?
—Un hombre grande vino después del desayuno. Él tenía una carta para ti, pero el Halcón no nos dejó que la tocáramos.
—Una carta, ¿eh? —Hoseok se puso de pie, sosteniendo a Mi-suk junto a su pecho, y caminó hacia su escritorio.—Vamos a ver.—Agarró el sobre y volvió a la lámpara en la mesa de luz. Él entrecerró los ojos ante él y su estómago cayó cuando vio de quién era.
—¿Qué es? —Preguntó Mi-suk.
Hoseok abrió el sobre, sacó el pedazo de papel en el interior y comenzó a leer.
"... calificaciones inaceptables..." "... en caso de no lograr mejorar..." "...la beca será revocada a menos que el estudiante logre..."
El papel se le cayó de los dedos al suelo y él no se dio cuenta.
—¿Hoseok? ¿Algo malo pasó?
Miró abajo a los ampliamente abiertos ojos cafés de Mi-suk y forzó una sonrisa.
—No, calabaza. Todo está bien.—Enterró la cara en su pelo y cerró los ojos.
Cuando llovía, lo hacía a cántaros.