Hola, ¿te puedo seducir?

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Summary

Ethan Jones, un chico de 19 años, estudiante de universidad y que acaba de pasar por un rompimiento amoroso recibe un mensaje de un numero desconocido. Como dicha persona no le quiere revelar su identidad, Ethan decide no contestarle más. Pero la soledad y curiosidad por saber quién, lo orillan a mantener conversaciones muy subidas de tono con aquel misterioso. Ethan no se imagina quien está detrás de dichos mensajes...

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo #1

Número desconocido: Hola, ¿te puedo seducir?...

¿Qué clase de mensaje es este? ¿Acaso es una jodida broma? No estoy como para soportar estás mierdas ahora.

Bloqueo el celular y lo dejo sobre mi mesa de noche y vuelvo a hundir mi cara en la almohada. Al minuto escucho que me llega otra notificación a whatsapp.

—¡¿Qué carajo nadie entiende que no quiero hablar con nadie?! —me siento en la cama y agarro otra vez el celular. Es el mismo jodido número.

Desconocido: ¿Entonces puedo o no?

Ruedo los ojos y suelto un exhalo de fastidio.

Yo: ¿Quién eres? ¿Y cómo mierda sabes mi número?

Desconocido: Oye, deja las groserías y la agresión a un lado. Sólo quiero hacerte pasar un buen momento.

Yo: No estoy de ánimo cómo para discutir con una persona que ni da la cara.

Desconocido: No doy la cara, pero puedo darte otra cosa...

Me manda una foto de su pecho y abdomen.

¡Ay, Dios mío!

Yo: No me estés acosando.

Desconocido: Si te gusta no es considerado acoso😉

Yo: Adiós.

Desconocido: Ya sé que te gusté. Tranquilo, no diré nada.

Bloqueo al desconocido y después me levanto de la cama, agarro mi mochila y salgo de mi habitación. Bajo al comedor, en donde ya están mis padres sentados.

—¿Por qué no bajabas, Ethan? —me pregunta mamá—. Ya se te hace tarde para la universidad.

—Ya sé, mamá, pero no quería bajar. No me siento muy bien.

—¿Qué tienes, bebé? —dice con preocupación—. ¿Estás enfermo?

—Gabriela, deja de tratarlo así, ya tiene 19 años, no es ningún bebé —dijo papá.

—Para mí siempre será mi bebé, Mauricio —aclara.

—Pero ya no lo es, amor, ya es un hombre.

—Ya me voy mejor —me cuelgo la mochila

—¿No vas a desayunar, Ethan? —pregunta mamá.

—Ya no me da tiempo —beso la mejilla de ambos—. Nos vemos hasta la tarde —salgo de mi casa antes de que me sigan diciendo más cosas. Amo a mis padres, pero a veces me veo en la necesidad de salir corriendo de ellos, como ahora.

Llego a la estación del metro. Mientras estoy parando esperándolo, siento como alguien me toca por la espalda. Volteó asustado, pero se me pasa cuando veo a Nicole, mi amiga y compañera de la universidad.

—¿Qué te pasa, Ethan? ¿Por qué te asustas así? —dice mientras ríe por mi reacción.

—Lo siento, Nicole, es que hoy ando muy ciscado.

—¿Por qué?

—Es que estoy recibiendo unos mensajes que me tienen así.

—¿Qué? ¿Qué mensajes? —pregunta entre curiosa y sorprendida. Saco mi celular y se los muestro—. ¡Ay, pero Ethan! Esto no es para asustarse, es para alegrarse. ¡Está buenísimo este hombre! —sonríe picarona. Ruedo los ojos y le quito mi celular.

—¿Qué sientes tú cuando tipos asquerosos te mandan una foto de su pene feo que no pediste?

—Tú lo has dicho, my friend: Tipos asquerosos. Pero este hombre no está nada asqueroso, eh. ¿O qué? ¿Ahora me vas a decir que tú eres un santo? —se ríe.

—Pues no, no soy un santo. Y sí, la verdad sí hay que reconocer que el contenido no está nada mal. Pero no lo conozco, no voy a estar hablando con un tipo que ni sé cómo se llama. Además, tú sabes que ahorita no estoy como para tener algo con alguien, menos con un desconocido que sabrá Dios quién será.

—Ay, pero si no se van a casar, Ethan, sólo te está pidiendo amablemente si te puede ligar. Y si es por Bryan, ¡olvídalo ya! El pendejo ese te fue infiel con su supuesta “mejor amiga”.

—No tienes por qué recordármelo —bajo la cabeza.

—Ay, está bien, ya no diré nada sobre ellos. Pero no seas bruto, corteja un rato con el hombre misterioso y buenote ese.

—No sé ni por qué te cuento este tipo de cosas cuando ya sé que tus consejos serán que me vaya a cojer con otro.

—¡Pues sí! Deberías, a ver si así se te quita un poco lo amargado que andas desde tu rompimiento con Bryan.

—¡Rompimos hace 2 días!

—Y sigues llorando en vez de hacerle caso a hombres como el del mensaje, por ejemplo.

Hago mala cara, pero ya no digo nada, sé que nunca le voy a ganar. Quiero a Nicole, pero su manera de pensar a veces me parece algo extraña, aunque me agrada porque es auténtica y nunca se calla nada.

El metro iba tan lleno que ya ni oportunidad tuvimos de hablar más. No es extraño que se llene a esa hora, ya que es la hora exacta en la que todos entran a la escuela o trabajo. Ya estoy acostumbrado al ajetreo de Nueva York.

En la universidad nos encontramos con nuestro otro mejor amigo, Erick. Erick es igual o peor que Nicole, con la única diferencia de que Erick es un poco más inmaduro y fiestero. He llegado a pensar que soy el único “normal” de mi grupo de amigos, o quizá el más amargado, no sé.

—A que no adivinan qué acaba de pasar —dice Erick ansioso por contarnos.

—Sorprendenos, Erick —dice Nicole sonriente.

—Ethan, Bryan les acaba de decir a todos que él te terminó porque te encontró conversaciones hot con diferentes hombres.

—¡¿Qué?! —digo exaltado—. ¡Maldito sinvergüenza!

—Tranquilo, Ethan —dice Nicole—, solo quiere molestarte, ya sabes lo imbécil que es. Lo mejor es no prestarle atención.

—Sí, pero tampoco puedo permitir que él me humille y me haga quedar como el infiel cuando fue él quien me engañó con Bárbara.

—Tampoco puedes culparlo eh, la chica es hermosa —dice Erick. Lo miro mal.

—¿Estás justificando lo que me hizo sólo porque la chica es hermosa? —digo enojado—. Lo bueno que eres mi amigo, eh.

—No lo justifico, pero tu tampoco puedes culparlo de todo. A lo mejor le gustaba mucho y no pudo resistirse.

—No estoy en contra de que le haya gustado, ese no es mi problema. Pero debió terminar conmigo antes de meterla en su cama. Prefiero la sinceridad a la traición.

—Exactamente —afirma Nicole—. Cada quien es libre de hacer con su sexualidad lo que quiera, pero Bryan debió terminar primero con Ethan y ya luego irse a revolcar con esa tipa o con cualquier otra u otro. No justifiques lo que no tiene justificación, Erick.

—Ya mejor me quedo callado, ¿verdad? —rueda los ojos.

—¡Por favor! —decimos al mismo tiempo.

De pronto veo a alguien que camina directo a nosotros, su nombre es Mateo, y no lo soporto. Es el típico “Fuck boy” de la universidad. No sé si sea bisexual, pero siempre se le mira con distintas personas, hombres y mujeres. Nada le importa, ni siquiera sacar buenas notas, se la pasa en las fiestas, en la borrachera y seguramente teniendo sexo con quien se le ponga enfrente. Desde la secundaria se la pasa molestandome, y yo nunca le he hecho algo, pero es evidente que tiene algo en contra mío. La peor mierda es que se ha hecho buen amigo de Erick, y le gusta a Nicole.

Llega, saluda a Erick y a Nicole y hace como que yo no estoy, como siempre, cosa que me tiene sin cuidado, pero ese es otro gran motivo por el cual no lo soporto. Se ponen a hablar entre ellos, algo que me hace sentir incómodo. No es como que quisiera hablar con él, pero que mis propios amigos me ignoren por un tipo que en secundaria aventó mi mochila al techo, nomas porque se le hizo gracioso, me molesta bastante.

—Ethan, escuche por ahí que Bryan te mandó por un tubo porque te encontró conversaciones comprometedoras en whatsapp —se ríe.

Bryan y Mateo son un par de idiotas por igual.

—¡Por una maldita vez en tu vida déjame en paz! —digo enojado.

—Eres tan fácil de molestar, Ethan, comenzando por esos rizos que se ve que no cepillas jamás.

—Al igual que tú con…

Mierda.

Soy pésimo para insultar a alguien.

—No te humilles solo, ya Bryan se encarga de eso.

Quiero golpearlo, pero recuerdo que hace ejercicio, es más alto y me mataría si lo hiciera.

—Los veo en clase —doy media vuelta y me voy caminando.

Odio a Mateo Miller.

Odio a Bryan Scott.

Odio a todo el jodido mundo.