HERIDAS DE FUEGO

Summary

Cuando te encuentras en soledad... Cuando no tienes a nadie a quien recurrir... Cuando el infierrno pasa ante tus ojos y lo unico que puedes hacer es correr tras el ... 'Todos los derechos de autor reservados, no se permiten copias, adaptaciónes etc.' (En proceso) In: 3/08/22 (12)

Genre
Thriller/Drama
Author
Lara
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
13+

~1~

-Carajo...


Mis dientes tiritaban mientras caminaba por la solitaria acera, no sabía cómo ni en qué momento pero había avanzado demasiado. Mi mente daba vueltas, culpa, miedo y soledad pero ante todos predominaba una sensación...libertad, era libertad.


A pesar de todo por lo que estaba pasando. A pesar de que mis piernas ya no pudieran continuar alejándose más y más. Esa sensación de libertad que nunca antes había tenido me animaba a avanzar y a esforzarme por lograr el sueño que siempre tuve.

Lo lograria, claro que lo lograria, maldita sea, tenía que lograrlo...lo prometí...se lo prometí a mamá y no, no a esa maldita mujer que llegó a mi vida cuando era más pequeña, mamá, mi mamá real. Cuando nací mamá era muy joven, apenas tenía 16 años. Cuando cumplió los 18 años desapareció misteriosamente y me dejó sola con papá. Luego papá la sustituyó como si nada. Y gracias a ella mi vida después de eso comenzó a ser una completa mierda. Tranquilízate, tú puedes, eres fuerte, no llores, sabes que no debes llorar.

Entonces pasó...sin ningún contexto una lágrima rodó por mi mejilla, luego otra y otra, mi llanto se camuflaba con las frías gotas de agua que impactan mi piel y un grito salió desde lo más profundo de mi garganta. Dolía, mierda dolía mucho, esa sensación en mi pecho que jamás he podido dispersar por completo...me ahogaba, juro que no era capaz de absorber el aire que me rodeaba. El frío contrarrestaba el calor que se formaba en mi cuerpo ante la incertidumbre, mi mente se llenó de ruidos y mis oídos comenzaron a zumbar...

Una risa resonó a mi alrededor y yo colapsé en el suelo sin parar de llorar, quería detenerme. No, quería seguir avanzando y no dejar que mi estupido corazon gobernara mi mente, pero no podía, el ambiente a mi alrededor se puso oscuro, se sentía mal...pesado, muy muy pesado. Pero había algo en medio de todo que se sentía como una luz en medio de la tormenta, su sola presencia tranquilizaba mi dolorido corazón.

Una capucha negra cubría su rostro y su larga capa emitía un leve sonido al rozar el pavimento.

Esta vez no temblaba por el frío, las gotas sobre mí dejaron de sentirse frías, las lágrimas de mi rostro ya no estorbaban, solo era yo, tirada en el suelo, mojada, llorando y asustada. Pero solo yo... Y fue entonces cuando las sombras se abalanzaron sobre mí.

Cuando aquel extraño se alejó, corrí detrás de él sin que mi cabeza pudiera pensar con claridad la locura que estaba a punto de cometer.

Corría... ¿Por qué corría? ¿Porque me aferraba a perseguir algo desconocido? ¿Acaso eso importaba?

El hombre se detuvo y por un milisegundo logré ver su sonrisa...

-Caiste pequeña niña, caíste y no hay manera de volver a subir.

Sus suaves manos rozaban mis labios, este me impedía respirar. Yo trataba de gritar auxilio, a pesar de que nadie a esas horas fuera a escucharme. Mi cuerpo entero temblaba. A lo que me pude dar cuenta, mis ojos se habían vuelto oscuros.

No debería haberle seguido, sin embargo, me doy cuenta de que si volviera a repetirse la misma historia una vez más, habría vuelto a ir tras él.

No se como ni por que, aquel extraño me seguía transmitiendo tranquilidad. A pesar de todo me sentía relajada, como si supiera que mientras estuviera junto a él nada malo podría sucederme. Y bueno, en cierta parte eso tenía un poco de verdad

...

El suave cántico de las aves resonaba en mis oídos, los primeros rayos del sol se asomaban desde el horizonte y traspasasaban la blanca tela de las cortinas, me dolía la cabeza y mi mente no dejaba de dar vueltas... ¿Acaso fue un sueño? ¿Había sido real? ¿Algo lo había sido? Negué e intenté levantarme pero un sonido metálico me invadió. Al observar mis muñecas me horrorice, sobre ellas hacían unas gruesas capas de metal que me mantenían en ese lugar. Cadenas, eran cadenas. Estas rozaban mi piel. Tenía rasguños y heridas en las muñecas, dolían, si no fuera porque ya estaba acostumbrada al dolor, no se que hubiera sido de mí en aquel momento.

Entonces, apareció de nuevo...

Y cuando se puso a golpearme por todas las partes de mi cuerpo con un bate metálico dejando moretones por todo mi cuerpo, no pude hacer nada para evitarlo... El bate impactó en mi cabeza y un dolor punzante recorrió todo mi cuerpo, segundos después un líquido brotó de mi cabeza, sangre, sangre de un tono rojo puro.

Otro golpe impactó en mi costado y sentí cómo algo se rompía allí dentro. No quería soportarlo más, estaba cansada, estaba tan malditamente cansada de seguir respirando que quería rendirme.

Solloce

-Porfavor... Un último golpe.

Logre ver una mueca dudosa en su rostro.

Ese último golpe impactó en mi antes de que todo dejara de responderme, me tumbe en el suelo mareada y en mi descenso logre ver un rostro...un rostro tan familiar...el rostro al que tanto temí por años.

Mis ojos se abrieron impactados, no podía ser, nada de esto tenía sentido.

Grite, grite hasta más no poder. Llevaba mucho tiempo gritando pero nadie parecía escuchar. Ese último golpe bastó. Me canse, me canse de luchar. Cedi al sueño y poco a poco cerré mis ojos.

El bate cayó al suelo y oí el chirrido de la puerta al cerrarse lentamente hasta detonar en un fuerte golpe...

No estaba muerta..estaba mucho peor que muerta.

Horas después la puerta volvió a abrirse y una sombra se escurrio en la habitación con una risita espeluznante.

-¿Despertaste? princesita.

Su voz me daba asco al igual que el tono que usaba. El tono que papá siempre usó conmigo. Abrí los ojos y tras unos segundos mi vista se ajustó a la oscuridad. Fue entonces que acepté la verdad. Era la misma puta habitación de siempre, la maldita habitación en la que crecí, estaba en casa, nunca salí de allí, y por mucho que lo intentara, jamás lo lograría. Había algo que me ataba a ella de por vida y no, no eran las cadenas.