Predestinados

Summary

Park Jimin era un omega que no tenía un hogar, hasta que Hoseok y su novio, el alfa Min Yoongi le dieron uno. Lo perdió por intentar robar algo que no era suyo y se destrozó el corazón en el proceso. Cinco años después, cuando todas las heridas que él mismo se causó por fin parecían haber sanado; el pasado del que había estado huyendo lo alcanzó. Ahora tendrá que luchar contra un sentimiento que nunca se evaporó, para evitar perderse a sí mismo de nuevo.

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CAPÍTULO 1

A unas escasas dos semanas de sus 22 años, Jimin podía contar con los dedos de una sola mano las citas que había tenido, y casi todas habían sido por culpa de Taehyung, su mejor amigo. No entendía como podía seguirse dejando convencer de conocer personas de una aplicación para citas, dónde rellenabas un formulario en el que claramente podías mentir, para parecer más impresionante de lo que eras; cosa que sabía que Taehyung había hecho con su perfil al abrirlo, y con el antiguo propio, con el cual había cazado a su actual marido.

—¿Tienes un fetiche con el yoga o algo así?

—Flexibilidad Jiminie. Flexibilidad.

—Tae, tropiezo levantando mi pie para entrar a la bañera.

—Ellos no tienen por qué saber eso.

Jimin solo suspiraba. No sabía por qué se estaba dejando arrastrar a eso.

Desde que Taehyung había conocido a Jungkook estaba obsesionado con encontrarle pareja. Jimin había ido dando largas durante mucho tiempo, pero no había podido evitarlo una vez estos se habían prometido. Su mejor amigo, que ahora era feliz con su super sexy, rico y extremadamente caliente (palabras suyas, no de Jimin) marido, decía que tenía tiempo para dedicar a buscar a alguien igual para el chico. No mejor, porque nadie podía ser mejor que su Jungkookie; pero sí lo bastante bueno para estar suficientemente cerca de esa perfección que tan afortunadamente le había mandado un mensaje en una app para citas (la misma que estaba usando ahora) ya más de un año atrás.

Jimin no creía en el destino hasta que aquello sucedió. No confiaba mucho en las aplicaciones para ligar (ni siquiera confiaba en las formas habituales para conseguir pareja fuera de internet), y cuando Taehyung le dijo que iba a salir con alguien que NO CONOCÍA, se había asustado bastante. No pudo convencer a su mejor amigo de la estupidez que era quedar con un desconocido. ¿Y si era un acosador? ¿Y si era un ASESINO SERIAL? TAEHYUNG, POR DIOS.

Había ido con él a su cita para asegurarse de que Tae no iba a aparecer en una cuneta descuartizado al día siguiente.

Lo peor de esa noche, y de las posteriores que se repitieron bastante a menudo al principio, había sido tener que hacerle de carabina a Taehyung cada vez que salía con Jungkook, para poder despegarle de encima a su mejor amigo, Seokjin, que estaba bastante ofendido con que solo uno de ellos hubiera tenido un match en condiciones en, sus palabras textuales: “esa aplicación de mierda”. Jimin había tenido que aguantar a ese chico quejándose de eso dos horas el primer día, pero tuvo que hacerlo para poder preservar la seguridad de su mejor amigo.

Al final resultó que Jungkook y Taehyung eran almas gemelas, de esas que se encuentran la una a la otra como sea, en cualquier universo en el que sus tiempos coincidan. Se enamoraron bastante rápido. Al mes de conocerse estaban saliendo oficialmente. Un año más tarde, se estaban casando. Pero ¿y si no hubiera sido así? No se arrepentía de haber sido paranoico con la seguridad de su mejor amigo aquella noche.

Con el paso del tiempo Seokjin le había propuesto que se enrollaran ellos. Total, si por probar no perdían nada y ya pasaban un montón de tiempo juntos por culpa del Taekook (como empezó a llamarlos cuando estaban en su época más pegajosa de noviazgo). Jimin no se sentía muy cómodo con los alfas a su alrededor, lo cual era la razón principal de que no tuviera pareja, y aunque Seokjin era un beta, la respuesta seguía siendo no.

—Tae, déjalo. —Suplicó cuando lo leyó escribir en su perfil que le gustaba rezar. ¿REZAR? Tenía miedo de preguntar después de lo del yoga, pero podía intuir por dónde iba. Sin embargo, cada vez que Jimin quería morirse al ver su perfil falso, Taehyung le hacía shh.

Después de que terminara, Tae pensó que todo el trabajo estaba hecho, lo que significa que le dejó libertad para que el propio Jimin escogiera cual de todos los alfas que le mandaran mensajes quería conocer. Por supuesto, el chico fingió demencia en cuanto tuvo su teléfono de regreso y no volvió a abrir la aplicación. De hecho, la desinstaló. Gran error, porque cuando Taehyung lo descubrió como dos semanas después, se hizo él cargo de la segunda parte más tediosa de encontrar una pareja en una app de citas: LOS CHATS.

—¡Rayos, Taehyung! Estoy seguro un 99% de que insinuarte de esa forma a un desconocido cuenta como ponerle los cuernos a tu marido.

El aludido no le hizo caso alegando que en realidad era el propio Jimin el que se estaba insinuando así, e incluso con el millón de alegatos que el omega le dio a su mejor amigo de POR QUÉ ESO NO TENÍA SENTIDO, Taehyung ya no volvió a contestar. Estuvo callado un buen rato hasta que dio un brinco de alegría cuando consiguió una cita para Jimin. El susodicho pensó que luego inventaría una excusa para no ir, pero su mejor amigo vio venir sus intenciones desde lejos, por lo que en cuanto llegó el día, lo llevó él mismo a todas las citas.

Fueron cuatro en total: Un alfa que le dio una palmada en el culo como saludo la primera vez que se vieron (y se llevó un puñetazo de Taehyung a cambio); un omega que había elegido accidentalmente los roles al revés: “Soy alfa buscando omega” (Taehyung no le creyó que hubiera sido “por accidente”); el chico al que su mamá lo había acompañado a la cita en caso de que conociera un asesino serial por internet (Taehyung y ella se hicieron buenos amigos mientras Jimin solo sufría escuchando al chico decir que él no vivía con su madre, que su madre vivía con él) y Choi Haesang.

No sabía de donde Taehyung había sacado a Haesang, pero era, con diferencia, no tan horrible como los demás. No bueno; pero no tan horrible.

Era un vendedor de puertas. Las fabricaba él mismo, tenía su propio negocio. Taehyung se había quedado lo justo para ver que no era un imbécil, y luego le había dejado solo. De eso habían pasado al menos tres horas, y a esas alturas, Haesang le había explicado hasta las partes de un picaporte y cómo se montaban.

Esperaba que sus suspiros de aburrimiento no fueran demasiado obvios.

Pista: Lo fueron.

—Te estoy aburriendo, ¿verdad?

—¡No! — dijo Jimin de inmediato, volviendo su atención hacia él con expresión avergonzada. —Me encanta lo de las puertas. —Fue una mentira demasiado obvia, tanto que Haesang se río, pensando en lo lindo que se vio intentando mentirle para no hacerle sentir mal por resultarle aburrido.

—No pasa nada, Jimin. Es lo que tiene tener una vida como la mía, no muy especialmente emocionante. —Sabía que no había sido su intención, pero, oh, demonios, Jimin se sintió tan culpable.

—Para ti parece emocionante. —admitió. —¿Alguna vez te oíste hablando del tema? Porque tal vez yo no entienda mucho de puertas, pero tu tono de voz era de alguien que realmente disfruta lo que hace y lo que cuenta. —Intentó arreglar su metedura de pata. Curiosamente, había partes con las que no mentía. —Creo que eso es maravilloso. —Jimin odiaba hacer sentir mal a las personas. Era una persona que se dedicaba a confortar a otros, lo tenía adherido a su ADN.

—Hace rato que estás muy callado. Por eso creí que… —Haesang no terminó la frase, pero se sobreentendía que creía que se había desconectado por completo de la conversación a causa del aburrimiento.

—No sabía qué decir. Parecías tan… ¿ensimismado? —Río, arrancando una risa a Haesang también. Le gustó esa condescendencia. Hacía menos incómodo el hecho de que él fuera un aburrido obsesionado con las puertas y los picaportes.

Hubo un cierto entendimiento tácito entre ambos después de eso y también un poco de alivio de haber salido del bucle en el que llevaban un buen rato: Haesang intentando llenar el silencio que Jimin no sabía cómo aprovechar, porque no consideraba que tuviera algo interesante que compartir con una persona que estaba conociendo.

El restaurante en el que estaban era bastante elegante, pero estaba algo vacío para ser un viernes. Jimin no solía darse esos lujos, su economía no se lo permitía, así que tal vez estuviera cegado por la inexperiencia; sin embargo, evaluando el lugar sólo por el sabor de la comida, no entendía por qué la gente no se estaba peleando afuera para conseguir una mesa.

Retomaron la conversación cuando terminaron de comer y estuvieron fuera del restaurante dando un paseo bajo las estrellas. No parecían tener un rumbo concreto y eso de alguna forma, hacía sentir bien a Jimin. Haesang parecía un buen tipo; algo aburrido, sí, sus hobbies tenían que ver con puertas, barniz y carpintería, pero era como se ganaba la vida y no creía que hubiera algo de malo con eso; olía un poco a madera a pesar de la colonia que se había echado para la ocasión, pero al menos se comportaba como un caballero. Había pagado la cena entera, le había puesto el abrigo al salir, caminaba justo a su lado dejando que fuera Jimin el que marcase el ritmo al andar; tenía la duda de si su comportamiento era por la experiencia en citas con otros omegas, o que se había informado lo suficiente para la ocasión. Pero al final no preguntó. Tenía miedo de que esa curiosidad abriera la puerta para que Haesang preguntara sobre él a cambio.

Él no quería hablar de su pasado, mucho menos cuando aún había cosas cuyo recuerdo le lastimaba profundamente. Ni siquiera había hablado con Taehyung sobre eso más de lo necesario y habían pasado ya los cinco años de haberse conocido.

—Trabajabas en una librería, ¿no, Jimin?

La voz de Haesang lo trajo de regreso de sus recuerdos. Llevaba las manos en los bolsillos y su respiración creaba una nube blanca cada que salía por su nariz. Hacía mucho frío. Después de todo, estaban a puertas de octubre en 2022, un año que sentía que se le había evaporado particularmente rápido.

—Sí.

—¿Cómo acabaste ahí?

Jimin bufó, haciendo que su flequillo se moviera cuando todo el aire que expulsó se dirigió hacia allí. Haesang sonrió de medio lado. ¿Cuántas veces había pensado esa noche que Jimin era adorable? Distaba mucho de la persona que había conocido a través de mensajes de texto, donde sonaba más atrevido. Le atraía la idea de que Jimin tuviese un lado así, que se guardaba para lo privado. La idea le aceleró a Haesang el corazón.

—Mi mejor amigo es el dueño. Me dio trabajo mientras conseguía algo mejor, pero nunca lo hice. —No había un sitio mejor que junto a Taehyung, al menos no para él. Tal vez no fuera su trabajo soñado, pero no tenía ni siquiera el graduado escolar convencional, lo había sacado ya siendo un adulto; y menos tenía un sueño que perseguir, por lo que, en realidad, cualquier lugar donde le pagaran bien, era suficiente para él. Acá tenía todo eso, y más. Una flexibilidad imposible en otra parte, un sueldo que le permitía vivir cómodamente y a su mejor amigo dispuesto a ponerle los cuernos a su esposo temporalmente con tal de tener una conversación caliente con un desconocido en una APP en la que intentaba conseguirle un novio a Jimin.

Cierto, las conversaciones calientes…

Jimin sacó su teléfono por curiosidad, nunca había mirado la de Haesang, pero antes de que pudiera hacerlo, el susodicho señaló hacia las luces que provenían de un descampado una calle más adelante.

—¿Eso es una feria?

Jimin alzó la vista y se dejó arrastrar cuando Haesang lo tomó de la mano y lo llevó calle abajo para corroborarlo con sus propios ojos.

Sí lo era. Habían ocupado todo el parque con pequeños puestos con comida, postres y juegos. Había algunas atracciones mecánicas para los niños que ocupaban muy poco espacio y actividades de trabajos manuales por todas partes. Se sentaron en una de las casetas a intentar entender un complicado juego de mesa, y luego en otra a hacer origami. Haesang consiguió algo que al menos parecía una grulla, pero Jimin destrozó su papel accidentalmente intentando copiar el modelo lo que le arrancó un montón de carcajadas a su acompañante. Acabó olvidando que estaban en una cita; y por un momento solo se sintió como salir a hacer el tonto con Taehyung.

Haesang era bastante bueno en los juegos de pistolas y puntería, alegaba que jugaba muchos videojuegos y por eso se le daba tan bien. Literalmente ganó vales suficientes para intercambiarlos por un peluche de tamaño mediano que le regaló a Jimin, llamándolo su amuleto de la suerte. En esos momentos donde el alfa intentaba coquetear de forma tan directa, le recordaban al omega dónde estaba, y qué tan profundo estaban sus pies en ese fango. Debería haberlo tomado como una señal para retirarse, pero no paraba de pensar en que no quería que la noche acabara. Se lo estaba pasando bien. No se daba este tipo de salidas muy a menudo y bueno, después de tres citas desastrosas, que la cuarta estuviera saliendo medianamente bien le resultaba agradable. Había descubierto que echaba de menos esa atención. Y, tal vez, sí estaba un poco dándole cuerda a Haesang inconscientemente, solo para obtener más de eso. Así que tampoco podía decir que no tenía culpa de nada en absoluto.

Pensó en mandar una señal clara, para mantener el equilibrio entre la atención que estaba recibiendo (y disfrutando) y las expectativas del chico junto a él, así que en cuanto recibió el peluche, lo cambió a la primera oportunidad que tuvo por un bote de helado de fresa, chocolate y vainilla. Pero Haesang no dio indicios de haber entendido el mensaje.

—¿Después de la cena aún te cabe algo?

—No me ofreciste postre. —dijo Jimin muy en serio, mientras le metía la cuchara a su litrona de helado por tercera vez en un minuto.

—Soy una persona horrible. —Haesang exageró, jugando también.

—Sí, lo eres. —Rieron de nuevo. Fue divertido. En ese intercambio de bromas, Jimin se sentía cómodo con el alfa, algo que no era habitual en él. Pensó en la posibilidad de que se convirtieran en buenos amigos; tal vez pudieran hacer eso a menudo, salir, reír, bromear entre ellos...

Haesang no lo miraba como si quisiera que fueran amigos, y eso le ponía un pelín incómodo; pero había revisado las conversaciones entre el Jimin-Taehyung y Haesang y la verdad es que, aparte de vergüenza y sentirse un tanto escandalizado por la cantidad de guarradas que Taehyung podía soltarle a alguien en un solo párrafo, había sentido una emoción que no notaba desde hacía mucho en el pecho. Probablemente tuviera que ver que su celo estuviera a menos de 3 semanas, y algunas chorradas lo pusieran fácilmente tontorrón, pero de no haber tenido heridas aún abiertas en su corazón, aquella noche perfectamente podría haber cedido a los deseos de ese alfa.

No lo haría. Pero de alguna manera se sentía aliviado de que, en un futuro, tal vez pudiera hacerlo con otro. Le gustaba que, aunque aún hubiese heridas abiertas en él a pesar del tiempo, otras habían sanado lo suficiente para que pudiera estarse planteando algo como eso.

Haesang lo llamó, lo que causó que Jimin levantara la cabeza de su helado y dejara su rostro en la perfecta posición para un beso robado. Fue algo repentino y lo desarmó por completo. No supo qué hacer, solo se quedó paralizado esperando a que pasara, sosteniendo su helado con una mano, y la cuchara con la otra.

Mierda.

Nadie lo había besado en años. Se le aceleró el corazón, pero no de una buena forma. Se puso ansioso. Para no lastimar los sentimientos del alfa cuando se separó, expectante, luchó fuertemente contra sus deseos de limpiarse los labios.

Cuando Haesang lo miró lo vio morderse sus propios labios y reír de una cálida manera, Jimin solo pudo devolver aquella risa cargada de nervios e incomodidad como respuesta, sintiendo de nuevo otra oleada de asco en su interior al notar la nariz del alfa acariciando la suya en un gesto que le dio una sensación demasiado íntima entre los dos.

Debería haberle dicho algo, pero no pudo. No quería romperle el corazón. No quería ser ese tipo que pasa la noche dándole esperanzas a otro y las pisotea a las… ¿tres de la mañana? No estaba seguro de la hora que era con exactitud. Había sido un idiota.

Haesang era… no sabía cómo decirlo. Estaba seguro de que el alfa podría encontrar a alguien que se interesara por las mismas cosas que él y que le quisiera con todas sus rarezas y vida monótona; aunque Jimin no era exactamente quien para juzgar sobre vidas monótonas tal y como era la suya, pero, sí estaba seguro de que él no era esa persona. No había sabido cómo decírselo y ahora que se veía en aquel escenario, se daba cuenta de que haber marcado límites hace horas, quizá les hubiera hecho todo menos incómodo.

Al menos a Jimin, que aparte de incómodo, y se sentía culpable.

—Debería irme a casa. —dijo. Marcharse era lo mejor. No tendría por qué volver a verlo luego de eso. Haría un mensaje bonito en el que le halagaría por la mejor noche que le habían dado en su vida, y le desearía lo mejor, pero dejaría claro que no volverían a verse.

Se llevó una última cucharada de helado a la boca para limpiarse el sabor del otro y de paso tener la excusa para limpiarse también los labios antes de tirar el contenido restante a la basura, sacando su teléfono para llamar un taxi, y acabar con eso antes de que fuera a peor. Sin embargo, Haesang se tomó sus palabras como una invitación para llevarlo a casa y no le dejó negarse. Lo intentó. De verdad que lo intentó. No debería haber dicho que sí. A esto, no debería haber cedido; pero Haesang lo tomó de la cintura y lo arrastró de regreso al coche. No era la primera vez que Haesang le tomaba de la cintura cuando caminaban aquella noche, pero ahora que se habían besado (que él lo había besado) sentía que no estaba bien.

No pasaba nada si lo llevaba ¿verdad? No vivía tan lejos. Solo tenía que soportar un poco más y luego podría olvidarse de esa noche para siempre. Tal vez podía recordarla con cariño si omitía la última media hora y se quedaba solo con las partes entretenidas.

Sí, eso haría.

Se sobresaltó cuando Haesang le acarició la pierna para llamar su atención mientras iban hacia su casa. Había preguntado algo, pero Jimin estaba distraído mirando por la ventana. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué repentinamente todos esos toques se sentían demasiado para Jimin? Quería llorar y ni siquiera estaba seguro de por qué; no era para tanto, solo era un malentendido que él mismo había provocado.

Cuando se giró a ver al alfa, éste no parecía haberse dado cuenta de su incomodidad, lo que agradeció enormemente sabiendo que eso solo empeoraría las cosas. Dos minutos más, se dijo a sí mismo; un giro a la derecha más y estarían en su edificio. Mañana cuando Tae le preguntara sobre cómo había sido su noche, le diría que Haesang y él buscaban cosas distintas (lo que no era mentira). Aunque la idea de volver a la app de citas a buscar más gente, no le hacía ni pizca de gracia. ¿Estaría mal si fingía que Haesang lo rechazó a él y le rompió el corazón? ¿Cuánto tiempo le daría Tae para que pasara su pseudo ruptura antes de lanzarlo a los brazos de otro alfa?

—Estás algo pálido. ¿Estás bien?

—Sí.

—¿Quieres que te ayude a subir a casa?

—No, gracias. —dijo Jimin, despidiéndose mientras se bajaba del coche a toda velocidad, para no dar pie a ningún otro malentendido o momento incómodo más, o peor aún, lo convenciera de nuevo de algo que no quería dejarle hacer. Caminó aceleradamente hacia el portal y sacó las llaves a escasos pasos de llegar. Se tuvo que detener cuando su teléfono cayó al suelo y al girarse para recogerlo, tenía Haesang prácticamente encima.

—No es una molestia, Jimin. Solo quiero asegurarme de que llegas bien a casa. —Se agachó para recoger el teléfono por él, lo que dejó los rostros de ambos demasiado cerca para el gusto del omega. Se levantó lentamente, extendiendo su mano para recuperar su móvil, pero Haesang no se lo devolvió.

No dejaba entrar a nadie en su apartamento, ni siquiera Tae había pasado del descansillo en la entrada las pocas veces que lo había acompañado porque había olvidado algo. Le gustaba que las cosas en su apartamento tuvieran solo su olor, y eso era algo que a lo mejor resultaba difícil de explicar a desconocidos, pero ni siquiera iba a molestarse esta vez. Taehyung era la única persona que podía entenderlo sin juzgarlo; él también tenía en su casa una habitación en la que no dejaba entrar a nadie, ni siquiera a Jungkook. Era un lugar que olía a seguridad y que era su refugio. No iba a dejar a Haesang subir a su apartamento; ni siquiera lo habría dejado subir si hubiera querido acostarse con él. No iba a ceder en eso. Primero, prefería morirse.

Sí, a ese nivel.

—Por favor. —Insistió Haesang. Su voz suave, ahora era grave y gutural. Intentaba sonar sugerente. A Jimin solo le dio asco. Lo odió. Y se odió porque el que había causado todo eso, era él y lo muy necesitado de atención que se sintió esa noche.

Mierda. Tenía que dejar de aplazar conversaciones importantes hasta que las cosas se salieran de control. Tomaba nota para las próximas citas, incluso si deseaba que no hubiera próximas.

—Haesang, eres un gran tipo, pero… —Ay dios, ¿por qué tenía que hacer eso? ¿No había otra forma?

—No hubo ningún “pero” mientras pagaba tus cosas.

Hubo un silencio largo entre ellos. Jimin calló por varias razones, la primera porque la respuesta le pilló por completo desprevenido, sonó muy brusca y tajante. La segunda porque estaba verdaderamente desconcertado ante la oleada de culpa que reemplazó al asco en su pecho.

—I-intenté pagar, pero no me dejaste. —se excusó. En voz alta no sonaba tan bien. Menos, si tartamudeaba como si no estuviera seguro de si Haesang tenía razón en reclamarle el abuso económico de la cita de esta noche, o no.

—No te vi insistiendo mucho. —Cierto era. Mierda, pero no lo había hecho porque no quería darle importancia. Era una pelea absurda sobre quien pagaba la cuenta, y aunque hubo una parte de él que sí sintió alivio de no tener que gastar ese dinero en el restaurante, lo habría hecho si Haesang le hubiera dejado.

Se arrepentía de no haber insistido más.

—Te pagaré. —asunto zanjado.

Mientras sacaba la cartera de su bolsillo, el asco volvió y la humillación apareció. ¿Haesang creía que tenía derecho a acostarse con él solo porque había pagado por una cena en un buen restaurante? ¿Ese era el precio que creía que Jimin tenía? El omega poseía muy mala autoestima; pero no tan mala como para que no le ofendiera el hecho de que intentara tratarlo como si fuera una prostituta barata.

Una parte de Jimin quiso decir algo sobre eso mientras sacaba el dinero, pero se dio cuenta de que ni siquiera quería. O sea, ni siquiera iba a MOLESTARSE en ofenderse con un idiota. Maldijo todas las veces que su estúpido ego ciego interior creyó que Haesang era un romántico e hizo un gesto que reemplazaban las palabras “¿Sabes qué? olvídalo”. Le arrebató el teléfono por la fuerza a Haesang de las manos y lo reemplazó con dinero. Más del que había pagado por la estúpida cena de esa noche. Que le aprovechara. Pero no pudo marcharse. El alfa lo tomó de la muñeca y lo arrastró de regreso al coche. Los billetes cayeron al suelo sin dueño desperdigándose a medias por el asfalto y a medias por el jardín de la entrada.

—¡¿Qué haces?! ¡Haesang, suéltame! —El teléfono cayó al piso también. Sus llaves se quedaron pegadas al portal. Por mucho que intentó plantar sus pies en el suelo para evitar el avance, el alfa tenía mucha más fuerza que él. Le empezó a hormiguear la mano porque no le pasaba sangre suficiente, debido al ímpetu de su agarre contra su muñeca. Le hizo tropezar varias veces porque avanzaba más rápido de lo que Jimin podía hacerlo intentando resistirse.

—Si vas a pagarme, no quiero dinero. Prefiero que me dejes follarte. Me lo gané.

¿Qué acababa de decirle?

Haesang se detuvo de repente, agarró su cara con fuerza con su mano libre y le besó con violencia. Ya había sentido asco de que le tocara antes, pero ahora, después de lo que acababa de pasar, el asco se había multiplicado por mil. Jimin tiró de su mano con fuerza para liberarse, pero no consiguió nada. Llevaba haciéndolo todo el rato, luchando por librarse, sin éxito; pero la frustración que sentía le impedía dejar de intentarlo.

Estaba entrando en pánico muy rápido. No sabía lo que podía hacer más que echarse a gritar, pero la voz no le salía. Era como si un nudo se hubiera instaurado en su garganta y apenas le dejara pasar aire para respirar.

—Haesang, por favor. Déjame ir. —Le suplicó en cuanto el chico liberó sus labios. Sus palabras apenas fueron audibles. El alfa lo empujó lejos de él, pero sin soltarlo, el destino de Jimin fue caer al suelo.

—No me hables como si esto fuera culpa mía. —Llevó la mano que tenía atrapada del omega a su entrepierna y la presionó sobre su miembro duro. —Te has pasado toda la noche calentándome la polla ¿y ahora te arrepientes? Los adultos de verdad se hacen cargo del desastre que causan, Jimin. Y no te vengas a hacer el inocente ahora, después de la cantidad de cosas que decías por mensaje de texto, o de las señales que me has estado mandando esta noche haciéndote el que no rompe un plato.

¿Qué señales? ¿De qué hablaba?

Volvió a tirar de él para forzarlo a levantarse y arrastrarlo de nuevo. El cuerpo y la consternación de Jimin lo protegió en cierta medida, Haesang no pudo levantarlo porque solo era un peso muerto, al que sostenía de la muñeca.

Chistó. Si el omega no quería subir a su apartamento, bien, podían quedarse en el coche, pero pensaba cobrarse cada cosa que le había dado gratis aquella noche.

Se relamió los labios pensando en esa idea, y entonces, recibió un puñetazo que lo mandó directo contra el asfalto.

Cayó al suelo de forma brusca, como un bulto de arena que alguien suelta descuidadamente.

—Te dijo que lo dejaras. —La voz amenazante del recién llegado mandó una corriente eléctrica por toda la espina dorsal de Jimin, y le hizo estremecerse violentamente. Respiraba de forma brusca, no estaba seguro de sí porque quería llorar, o porque intentaba no hacerlo. Usaba la mano que tenía libre para cubrir uno de sus oídos como si así pudiera evitar que las palabras de Haesang le llegaran, y la otra, la que acababa de quedarse libre después de que su opresor la soltara, solo había caído al suelo inerte, como si ya no le perteneciera.

Estaba en shock. ¿En qué momento se habían descontrolado las cosas? ¿Y hasta qué punto Choi Haesang era el monstruo que siempre temió que Taehyung se encontraría en esa aplicación?

Con sus ojos llenos de lágrimas no podía ver bien lo que estaba pasando. Sintió al desconocido acercándose a él para intentar ver si estaba herido, pero en cuanto Haesang se recuperó del golpe e intentó levantarse de nuevo, amenazándolo de muerte por meterse donde nadie lo había llamado, le cortó la frase a la mitad con la patada que le dio directo en las costillas. Luego llamó a la policía. Haesang se arrastró hacia su coche rápidamente para escapar, gritando más improperios a los que el desconocido ya no dio importancia. No era más que un cobarde huyendo de la escena de un crimen que no le había salido bien.

Jimin recuerda aquel silencio que vino después cuando las ruedas del coche chirriaran al acelerar y se perdieran en la oscuridad, pero no lo hacía con suma claridad, sino dentro de una nebulosa apenas consciente mientras el ataque de pánico amenazaba con tragárselo por completo.

Se dobló hacia adelante cuando sus pulmones empezaron a quemarse por la falta de aire que solo fue resuelta cuando el desconocido pasó la mano por su espalda y le ordenó que respirara más despacio. Jimin no podía hacerlo a pesar de lo sencilla que era la orden. Solo tenía que aguantar unos segundos el aire en su interior y luego soltarlo, pero no podía. Había perdido el control de su cuerpo por completo. Estaba enojado con Haesang, estaba enojado consigo mismo, se sentía culpable, y también arrepentido, triste y asqueado de sí mismo. Pero, sobre todo, aterrorizado. Por supuesto que sabía que ese tipo de cosas pasaban. Había alfas cuestionables por todas partes. Había oído las historias. Nunca pensó que una podía estar tocándolo tan de cerca.

En vez de mejorar a cada segundo que pasaba, parecía empeorar. Agachaba la cabeza más y más sin mejoría ninguna, hasta el punto de que su frente acabó apoyada en la mano del desconocido cuando él se la puso ahí para sostenerlo creyendo que se estaba desvaneciendo. El olor de otro le llegó a los pulmones debido a la cercanía. Pintura fresca y algo más, algo que no reconoció pero que le era familiar e intentaba buscar entre sus recuerdos involuntariamente.

—¿Estás bien? ¿Te llevo al hospital? ¡Hey! Mírame. Dime algo. — Frases cortas. Órdenes sencillas. Y, aun así, Jimin no podía seguirlas.

El desconocido no lo intentó más después de eso, solo se mantuvo en silencio. Jimin hiperventilaba hasta que escuchó respirar al contrario. Lo hacía de una forma escandalosa que le resultaba molesta, pero que copiaba por instinto. Inspiraba profundamente, sostenía, soltaba despacio. Cada vez que exhalaba, su respiración se entrecortaba, pero cada vez que inspiraba, parecía hacerlo con más calma. Todo fue ayudando a que gradualmente recuperara el control, hasta ese pequeño sobresalto que dio su corazón cuando reconoció que el desconocido era otro alfa. Ya había tenido suficientes alfas por una noche. Lo que le ayudó a mantener la calma, en vez de dejarse alterar por esa emoción desconcertante de nuevo, era la gran diferencia entre el olor de Haesang, y del nuevo alfa, que era considerablemente mucho más tenue. Tardó en notarlo en medio del pánico. Era el olor de un alfa que casi ha perdido su esencia. De alguien que no había estado con otra persona en mucho tiempo.

¿Jimin también olería de esa forma después de todo ese tiempo a solas? ¿casi como si se hubiera extinguido?

—¿Mejor? ¿Te duele algo? — La voz del otro interrumpió sus pensamientos y le hizo levantar la cabeza. En cuanto sus ojos se encontraron, el corazón de Jimin se saltó tres latidos de golpe.

Esos ojos… esa nariz… esos labios.

—¿Jiminie? —La voz del hombre salió estrangulada cuando dijo aquel apodo, reconociendo claramente su rostro. Habían pasado varios años desde la última vez que lo había escuchado llamarlo así.

Casi cinco años… cinco, desde que había destruido el único lugar en el mundo al que, tras la muerte de sus padres, había podido llamar hogar.

—¿Yoonie?

La mano de Yoongi fue hacia la mejilla de Jimin con una calidez que el chico no pudo soportar.

¿Por qué? ¿por qué después de todo lo que le hizo aún podía mirarle así? ¿Por qué después de todo el dolor, y de todas las heridas, aún podía acelerarle el corazón así?

—Creí que… —La voz de Yoongi apenas era audible, y se interrumpió cuando Jimin golpeó su mano para alejarlo de él por completo.

Se levantó del suelo dando tumbos, buscando la forma de alejarse de Yoongi, que en cuanto recibió un nuevo rechazo, esta vez de voz, dejó de intentar tocarlo.

Jimin apenas recogió su teléfono del suelo, no pudo pensar en nada más con los latidos acelerados, y su pasado gritando su nombre a sus espaldas, suplicándole que no se fuera.

Corrió hasta que ya no tuvo energía, hasta que la voz de Yoongi se desvaneció, y hasta que el cansancio fue tan intenso que impidió que pudiera llorar cuando finalmente tropezó al llegar a la calle principal sin aliento.