THE BIG PUPPY SMELLS LIKE THICK VANILL / Isott’s Version

Summary

Scott e Isaac son los líderes de una manada y están esperando su próximo heredero, en la fiesta de celebración todos se sienten felices y llenan a Isaac de regalos y buenos deseos ¿el problema? El celo de Scott se adelanta debido a lo posesivo que se siente sobre su hijo y su pareja. • Scott top, Isaac bottom

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Parte I

Cuando Scott despertó e intentó salir de la cama, como hace días venía pasando, Isaac no lo permitió. Todavía dormido se aferraba al alfa para que no se mueva ni un milímetro, incluso lucia muy molesto de que Scott se resistiera a quedarse en cama. Después de varios intentos por zafarse, Isaac acabó despertando entre tanto forcejeo y entonces, con mucha vergüenza, lo liberó. El omega ocultó su rostro en la almohada fingiendo volver a dormir. Scott no hizo nada más que sonreír, le revolvió el cabello, lo besó en la coronilla y se levantó. Isaac lo hizo también al poco rato cuando el alfa tomaba una ducha. Lavó su rostro superficialmente y avanzó hasta la cocina para preparar el desayuno mientras se secaba con las manos.

El alfa llegó poco después, se paseó por donde se encontraba Isaac, le acarició la espalda y le depositó un beso en el cuello. Por la cercanía, Isaac logró percibir el sutil aroma a aceite de oliva que este desprendía, detuvo su actividad no resistiendo la mirada molesta que le dio cuando él ya estaba sentándose en la mesa. La quitó antes de que sea notada, pero no pudo quitarse el repentino sentir que le invadió en ese momento, estaba molesto. Molesto porque Scott no tenía su olor natural sino uno artificial que, aunque no era desconocido y no le pertenecía a nadie más, le enojaba; sin embargo, no dijo nada y tampoco habló mientras comía.

Scott notaba un ambiente tenso, tanto que le daba fugaces miradas sigilosas al omega con cada bocado que se llevaba a la boca. Usualmente, Isaac es quien inicia las conversaciones preguntando sobre las actividades por lo que a Scott le preocupó que esa mañana esté en total silencio.

—Isaac.

—¿Sí? —respondió el omega sin mirarlo.

Scott notó el tono molesto, por más que Isaac haya querido ocultarlo no haciendo contacto visual. Pero no le extrañó aquella actitud en Isaac, sino el hecho de que estos días parecía tener cambios de humor anormales e inesperados, siempre por las mañanas; ya que en las tardes parece estar bien. Es tan ambiguo estando repentinamente pegajoso y cariñoso, para luego, en cuestión de minutos, estar enojado de su sola existencia.

Scott se acabó sus huevos revueltos observándolo y, no muy seguro de sus suposiciones, decidió asumir que solo estaba avergonzado todavía.

—Hay una manada moviéndose. Están pasando muy cerca de nuestra zona. Al parecer, hoy piensan mover a sus omegas y cachorros —comentó de repente con su vista fija, por primera vez, en lo que hacía el omega. Isaac pareció estar pensando un segundo mientras tomaba un poco de jugo de mango que había exprimido él mismo.

—Si están moviendo a sus cachorros es porque ya están completamente instalados. Hay que evitar andar por ahí un par de días —sugirió.

Scott no dijo nada más por largos segundos así que Isaac se vio obligado a verlo. Notó que su insistente mirada estaba dirigida a su desayuno; tenía algunos frutos secos en un tazón con leche, dos rodajas de pan untados con fresa molida, casi como una mermelada, y un vaso con jugo de mango.

—¿Scott? —le llamó.

—Sí, sí —respondió todavía extrañado—, eso estaba… Eso le diré a la manada. A propósito, ¿por qué estás comiendo eso? No te gusta la leche, mucho menos en el desayuno. —Le señaló el vaso que tenía al lado—, ¿es eso jugo de mango? Tampoco te gusta.

Isaac miro su desayuno y luego a Scott sin saber que decir por varios segundos, finalmente mordió algo de pan sin darle importancia.

—A veces los gustos de las personas cambian. —Se levantó de la mesa para guardar el tazón con leche. Al regresar, Scott también se había levantado listo para salir.

—Me iré ahora, regreso para el almuerzo. —Se acercó para darle un beso a Isaac, pero este le detuvo estirando su brazo enfrente y olisqueo cerca de él antes de dejar que se acerque. El alfa lució notablemente confuso—. ¿Qué te sucede hoy? Estás muy extraño. Primero no me dejas salir de la cama y ahora me rechazas.

—No, no es eso. Es tu… No olías a ti. —Agachó su mirada, avergonzado.

Scott permaneció observándolo por un momento, entendiendo y conectando las situaciones anteriores, se echó a reír mientras envolvía Isaac en un abrazo. El omega intentó apartarse indignado, pero enseguida le atacaron las feromonas de Scott, su olor. Un ligero aroma cítrico mezclado con el terroso de la vainilla, con un rastro de humedad, con un dulce intenso que se impregna en toda su ropa y piel, que lo tranquiliza, lo pone somnoliento, le hace sentir seguro y es todo lo que necesita en el mundo. Queriendo estar más cerca, Isaac abrazó a Scott por el cuello, se aferró y enterró su nariz en él.

Con un fuerte agarre se resiste cuando el alfa quiere alejarlo, deseando que lo cargue hasta la cama y pasen ahí todo el día. Pero Scott es un alfa ocupado, un líder responsable, mucha gente lo necesita más que él. E Isaac lo sabe, que debe compartirlo por siempre.

Cuando las manos del alfa aprietan sus hombros, no se resiste por segunda vez.

—Ah —suspira cuando Scott lo aparta—. No quiero que te vayas.

—Lo sé, pero tengo que irme. —Le acarició los hombros brevemente—. No vayas a olvidar que esta tarde le enseñaremos a los cachorros omegas a cazar.

—Sí. —Scott le besó la frente—. Te amo.

—Te amo.

Cuando la puerta se cerró y quedó solo, Isaac se sintió un poco ansioso, algo o alguien en su interior le hizo tener un repentino deseo de seguir aspirando el olor de Scott. Quería estar cerca de él y aspirar su dulce magnolia hasta el cansancio. El aroma esparcido en cada rincón de su hogar no era suficiente, necesitaba y deseaba más contacto directo. Tomó la camisa que traía puesta y la olfateó por un tiempo considerablemente largo; sin embargo, su inquietud no hizo más que aumentar. Sin pensarlo mucho, anduvo todo el camino hasta su habitación donde halló la camisa que Scott se había quitado esa mañana, tirada al pie de la cama. La recogió llevándosela al rostro para olfatearla por varios minutos; pero su ansia solo aumentaba así que camino hasta la cama percibiendo en las sábanas el aroma, se recostó junto con la camisa de Scott, olfateando todo.

Después de varios minutos, ya no fue suficiente. Se levantó y apartó de su rostro el par de camisas que todavía olfateaba; camino siguiendo un rastro critico hasta al baño del dormitorio, inhaló e inhaló hasta que encontró donde estaba toda la ropa sin lavar. Sin darse cuenta, empezó a oler prenda por prenda separando las que olían más a Scott, pero se detuvo cuando se encontró olfateando la ropa interior. Decir que estaba sumamente avergonzado era poco, se sentía como un sin vergüenza pervertido porque aún consciente de todo, no dejó de aspirar el olor de Scott, ni pudo evitar el pensamiento de enterrarse en toda la ropa que apartó.

Con unas lagrimitas asomando por los bordes arrugados de sus ojos azules dejó todo otra vez donde estaba y decidió lavar. Echó todo junto al lavador de ropa de una forma tan precipitada que un calcetín salió disparado, y cuando lo recogió ahí estaba, el olor a magnolia. Con su pobre corazón latiendo rápidamente como si estuviera cometiendo un acto imperdonable e inmoral, acercó la prenda a su rostro y aspiró el olor por mucho tiempo con un gesto dramático. Posteriormente, culpó de su vergüenza espantosa al celo de hace tres semanas por haberlo dejado extraño, culpó a Scott por irse dejando su olor por todos lados, culpó al clima templado, acusó al sol de ese día ocultarse más lento y caminó hasta la habitación tirando todo sobre la cama para dedicarse a buscar en el armario.


De repente, sintiendo calidez tanteó su vientre y se sonrojó mientras olfateaba un zapato de Scott.