Capítulo Uno
La puerta al fondo del tribunal se abrió de golpe, distrayendo la atención del Juez, Su Señoría, Daehyun Jung, de la muy ruidosa diatriba del acusado. Una diatriba que incluía algo sobre quitar eficazmente las pelotas a Daehyun.
Daehyun se sintió ofendido. Estaba muy encariñado con sus muchachas y preferiría mantenerlas justo donde estaban.
Jesús. El tipo tenía un par de pulmones que rivalizarían con una manada de elefantes en pleno discurso enfático. Daehyun sólo se abstuvo de encogerse ante el montón de insultos arrojados contra él. Si no estuviera acostumbrado a esto viniendo de estas escorias, podría estar más que un poco ofendido.
—Es suficiente —golpeó el mazo haciendo un fuerte crack, y por una fracción de segundo, reinó el silencio.
Una mancha negra atrajo otra vez su mirada al fondo de la sala y esta vez, realmente se encogió. ¿Por el nombre de Dios qué hacía él aquí? San Valentín tenía que estar jugando con la paz mental de Daehyun. ¿Por qué sino se aparecería este hombre en particular en su tribunal justamente hoy de todos los días? Que fuera el Día de San Valentín no pasaba desapercibido y Youngjae Yoo era una distracción que definitivamente no necesitaba.
Aproximadamente de la misma altura que Daehyun, Youngjae, con su desordenado cabello negro, ojos azules claros y un firme y musculoso cuerpo, era probablemente el epitome del hombre soñado de cualquier mujer. Lamentablemente, también era el de Daehyun.
Sus antes amenazadas pelotas se apretaron y su pene se endureció, en anticipación, bajo la cremallera de sus vaqueros y de la suelta túnica negra.
Daehyun de repente se alegró de que su alarma hubiera fallado esa mañana, obligándole a renunciar a su habitual conjunto de pantalones de vestir y camisa por vaqueros y camiseta de manga larga. Al menos vestido de esta manera, cuando se pusiera de pie, la firme tela resguardaría su dureza bajo la suelta túnica, evitando que todos notaran hacia donde habían ido sus pensamientos.
Por supuesto cualquiera aquí supondría que había estado pensando en una mujer. Quién sabía cuánto tiempo hacía, que se veía obligado a soportar las supuestas buenas intenciones de aquellos con los que trabajaba, cuando trataban de encontrarle a su dama especial. No lo conseguirían en ningún lugar si sus cerebros no pasaran de largo los cromosomas XX.
—Alguacil —dijo, arrastrando a su cerebro de regreso a donde pertenecía—. Retire al acusado del tribunal. Daehyun mantuvo neutro su tono aunque quería gruñirle al pequeño desgraciado. Si fuera por él, en lugar de los sorprendidos y boquiabiertos jurados sentados a lo largo de un lado de la sala, habría lanzado al bastardo a prisión y se habría tragado la llave durante el preliminar del juicio.
Juicio justo. Como juez federal, Daehyun a veces se cuestionaba las leyes dictadas por sus antepasados. Si este gusano se libraba, nuevamente, Daehyun consideraría seriamente un cambio de carrera.
—Tu hijo de perra, puto chupa penes.
Daehyun sintió su cara palidecer y ablandar su pene. Jongdae Kim no era nada si no elocuente. ¿Sabía él algo que sólo unos pocos conocían, o sólo hablaba para salvar su trasero? Por su cordura, Daehyun tenía que creer que el hombre arrojaba sobre él toda la mierda que podía pensar.
Desde debajo de sus pestañas, Daehyun vio a Youngjae moverse ante esa reacción. Sus manos fueron a sus estrechas caderas y se colocaron allí, empujando los lados de su chaqueta de cuero revelando un arma en su costado. Largos y finos dedos golpeaban con impaciencia. Largos y finos dedos que Daehyun había imaginado más de una vez que…
Mierda.
—Lamentarás esto, bastardo come penes. Mi padre te destruirá —siguió gritando su diatriba a través de la puerta y por el pasillo. Las mujeres en el jurado jadearon, los hombres sacudieron sus cabezas, la audiencia susurraba con excitación.
Esta escena particular era una historia repetida en la vida de Daehyun. ¿Cuántos días había hecho esto? ¿Cuántas veces había tratado de sacar fuera a Jongdae? Demasiadas. Daehyun azotó el mazo otra vez, resonando sobre el escándalo.
—Orden —demandó. Se necesitaron tres golpes más antes de que todos se callaran—. Aplazaremos hasta mañana para dar al acusado tiempo para calmarse.
Nuevamente. Abogado, mantenga a su cliente bajo control o le excluiré de mi tribunal.
Debería haberlo hecho hace dos días. Por supuesto, de todos modos, cualquier hombre que destripa a un agente federal encubierto para luego cortarle su lengua y ojos como advertencia a alguien más que estuviera pensando en joder la organización de Kim, realmente no merecía un juicio.
¿Pero él no estaba en sus cabales, no lo sabes, Daehyun?
—Sí, Señoría. —El hombre no podía mantener completamente fuera el mal tono o la mirada insatisfecha de su rostro. Por Dios, el hombre realmente parecía contento por el comportamiento infantil de su cliente.
Daehyun suspiró. El abogado de Jongdae probablemente era tan retorcido como toda la familia Kim. Tenía que serlo si los representaba. Y Daehyun estaba malditamente cansado de tratar con cada uno de ellos. Si el asunto de esta mañana fuera algún tipo de indicio, debería empezar a cuidar sus espaldas dentro de poco.
Había enojado mucho a alguien, eso era muy cierto, y si le gustara apostar, iría con que los Kim trataban de advertirle sobre poner a su niño de oro entre rejas.
Los mensajes no habían caído aún en ataques físicos, pero irrumpieron en su casa destrozándola, esto último que habían hecho, era bastante cercano a eso.
Esta mañana había tomado medidas por primera vez y había entrado en “Necesidad de saber” (1). Una carta, una fotografía, una rosa negra que seguramente simbolizaba su muerte inminente, esas eran cosas que recibía de forma bastante regular.
Infiernos, a ningún criminal le gustaba el hombre encargado de la responsabilidad de meter sus cuerpos en una cárcel. Daehyun consideraba los crípticos y amenazantes mensajes como una parte del trabajo. Pero robar algo de su casa cruzaba una línea más allá de las cartas dejadas en su parabrisas dentro del aparcamiento.
Soltó un suspiro y se puso de pie, preparado para conseguir escabullirse de allí e irse tan lejos de Youngjae Yoo como pudiera.
¿Por qué estaba él aquí, de todos modos? Seguramente no habría sido asignado al caso…
Otro alguacil abrió la puerta al vestíbulo que llevaba a sus cámaras privadas y le saludó con la cabeza. Daehyun se lo devolvió, y tenía su mano en la cremallera de su túnica antes de que hubiera dado cinco pasos. Jesús, no podía esperar a que este juicio hubiera terminado. Necesitaba unas vacaciones. U otra línea de trabajo.
¿Todavía mejor, podría un hombre retirarse a los treinta y ocho?
—¿Cuánto hace que está recibiendo regalos, Señoría?
Daehyun perdió un paso al resonar en su cabeza el tono profundo y áspero de Youngjae detrás de él. Joder, la sola voz del hombre tenía la habilidad de elevar el pene de Daehyun. Su corazón golpeó.
La última vez que él había estado así de cerca del agente, habían estado en un bar con conocidos mutuos, y Daehyun había hecho todo lo posible para mantenerse tan lejos de él como le fuera posible.
—¿Cómo probablemente ya conoce la respuesta y todo lo demás que deben saber sobre mí, realmente no tengo que contestar verdad? —las mejillas le ardían por los pensamientos de exactamente cuánto quería que Youngjae lo conociera, obligaron a Daehyun a seguir contemplando la pared. Esto podría salvarle también de la vergüenza de revelar sus verdaderos sentimientos. En el tribunal, Daehyun tenía la mejor cara de póker. Estando tan cerca del Agente Yoo, no había en toda Corea una cara de póker que escondiera lo que Daehyun sentía.
—Sólo sé que recibió algo esta mañana. Mis superiores quisieron que lo examinara, así que complázcame.
Si sólo supieras exactamente como de complaciente puedo ser. Daehyun se giró hasta enfrentar a uno de los agentes federales asignados al cuidado de jueces amenazados y juraría que quienquiera que escuchara creería que Youngjae decía la verdad y no le había sido asignado, pero en cambio simplemente examinaría el asunto. No necesitaba un guardaespaldas. Especialmente no uno en el que quería empujar su pene hasta que ambos estuvieran bien gastados sólo para comenzar y hacerlo otra vez.
—Soy un hombre adulto, agente Yoo.
Youngjae resopló con un encogimiento y su mirada fija viajó a través del cuerpo entero de Daehyun. La carne en su ingle se rizó con la necesidad. Necesidad de ser enterrada dentro de la boca de Youngjae.
—¿Estas cargado bajo la túnica, Daehyun? —preguntó Youngjae, saltándose las formalidades utilizando su nombre en lugar de su título, encontrando los ojos de Daehyun con una mirada extraña.
Seguro. Sólo que no el arma que insinúas que debería estar cargando. Daehyun tragó sin contestar y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia sus cámaras.
—No importará cuán grande se es, cuando se enfrenta al cañón de un arma.
Aunque, alguien como los Kim no lo haría de frente, ellos lo tendrán presionándolo contra su cráneo. Sobre sus rodillas. Con sus manos atadas a su espalda. Si ese es el estilo de los Kim, por supuesto. Estoy seguro que ha hecho su parte de enemigos a través de los años.
Daehyun apretó sus labios cuando alcanzó el picaporte. No era estúpido. Sabía exactamente de lo que eran capaces los Kim. Demonios, como Youngjae dijo, no estaba seguro de que los Kim estuvieran detrás de los regalos que había recibido.
Aun así no significaba que necesitara una niñera. Sobre todo no una que tuviera uno noventa y tres metros de puro músculo, envuelto en una cara para morirse y una voz como para hacer que el pene de Daehyun se endureciera lo suficiente como para clavar clavos. O, lo que es más importante, uno quién probablemente huiría buscando la salida más cercana si alguna vez averiguara para qué lado jugaba Daehyun.
Si el gobierno federal quisiera darle a un guardaespaldas, tenían que encontrarle una agradable mujer, o por lo menos, un hombre que no hiciera a sus hormonas salir de sus casillas. Alguien mayor y canoso quién hubiera hecho su carrera y estuviera esperando recibir el bonito reloj de oro de su retiro.
No es que los federales supieran que era gay. No creía que ellos lo supieran de todos modos.
—¿Cuántos? —susurró Youngjae en su oído.
Cristo, pero el hombre olía bien. Almizcle y a hombre, independientemente de la maldita colonia que usaba. Youngjae estaba demasiado cerca, Daehyun estaba medio tentado de girarse hacia él y mostrarle realmente como quería que las cosas fueran entre ellos.
—Cinco —en cambio se apartó, y giró la perilla. La mano de Youngjae cubrió la suya antes de que pudiera empujar para abrir la puerta.
—¿Ve? No lo sé todo. Cuando los jueces no reportan sus regalos, nosotros no sabemos sobre ellos. Un día uno de ustedes esperará demasiado tiempo y no habrá nada que podamos hacer para ayudar excepto llevar el ataúd. —Su aliento susurraba a través del oído de Daehyun, haciendo que más sangre corriera hacia su ingle, a pesar, de que las palabras que Youngjae dijo deberían haberle quitado todos los pensamientos de joderlo.
—Voy primero. —Había un tono de acero latiendo en la voz de Youngjae.
—Bien —Daehyun palmeó sus muslos y se apartó. No ganaría contra Youngjae. El hombre era conocido por conseguir lo que quería sin importar nada. Ellos podrían tener estaturas similares, pero Youngjae tenía el entrenamiento para bajar a cualquier hombre más preparado que él. No había una duda en la mente de Daehyun de que terminaría como perdedor si ellos alguna vez se liaban a golpes.
Youngjae retiró su arma con su mano izquierda y la sostuvo en su costado mientras abrió la puerta con su derecha y miró dentro.
—Quédese —dijo y entró en la cámara de Daehyun con una precaución que hizo a Daehyun preguntarse si había algo que no conocía. ¿Estaba Youngjae allí para algo más que un seguimiento?
¿Habrían oído por su grupo generalmente confiable de soplones, que algo que involucrara a Daehyun podría estar a punto de suceder?
Unos segundos más tarde Youngjae asomó su cabeza por la puerta. Regresando el arma a su pistolera, declaró—: Todo despejado.
—Caramba, gracias —Daehyun no podía menos que sentirse hosco. Era un juez federal por Dios Santo. No se suponía que los jueces federales tuvieran miedo de que alguien pudiera estar al acecho dentro de sus cámaras. No debería preocuparse de si los federales tenían o no una línea de investigación a seguir sobre él. Cristo, trabajaba sobre eso él mismo.
Cerrando de un golpe la puerta con su talón, Daehyun tiró de la cremallera en su túnica y se la quitó. —Puedo cuidarme solo.
Youngjae no le hizo caso. —Hábleme sobre estos cinco pequeños presentes.
—No quiero un guardaespaldas —gruñó Daehyun. Y seguro como la mierda no quiero desear a mi guardaespaldas.
Youngjae se encogió de hombros, acercándose con pasos largos a Daehyun mientras colgaba su túnica de un perchero. Daehyun dio un paso atrás, deteniéndose cuando golpeó la pared. Youngjae siguió acercándose hasta que presionó su pecho sobre el de Daehyun. Ambos silbaron ante el contacto.
Daehyun tragó. Ellos podrían tener la misma altura, pero Daehyun podía ver claramente ahora que Youngjae lo superaba en más de unos quince o veinte libras (2).
Se sentía todo músculo desde sus muslos y sus abdominales. No era que Daehyun fuera blando, sólo no tenía la misma cantidad de entrenamiento físico que Youngjae tenía.
—No estoy aquí para eso. Sólo estoy aquí como seguimiento porque usted nos llamó. Si bien, cuando tome la decisión de asumir la responsabilidad de mantenerle vivo, entonces condenadamente bien que lo aceptarás —dijo Youngjae suavemente, sus ojos prácticamente brillaban—. Creo que tenemos que conseguir un par de cosas directamente entre nosotros.
Daehyun sintió la erección de Youngjae contra la suya. —Creo que ya hemos logrado eso. —Joder. No había pensado decir eso en voz alta.