The Vampire.

Summary

Jungkook ha estado enamorado de JiMin desde el momento en el que lo vio. KookMin. Os.

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Parte Única.

La primera vez que Jungkook sintió a JiMin contuvo la respiración mientras se apoyaba con fuerza contra un árbol tratando de mantener la compostura. Se sintió expuesto y ligeramente perdido ante el abrumador olor que llegó a su sensible olfato.

Olía a la sangre más dulce que jamás en su vida hubiese olido antes.

Jadeó comenzando a correr en la dirección en la que el aparente aroma había dejado su rastro deteniéndose abruptamente al notar a unos pasos de él un pequeño niño de no más de cinco años que lloriqueaba observando con terror en todas las direcciones; parecía perdido y Jungkook sabía que estaba asustado debido a los pensamientos que de él resonaban en su mente.

Mami...

¿Dónde estás mami?

Dijiste que volverías mami...

Mami...

Jungkook apretó los labios, aquel pequeño niño había sido abandonado en medio del bosque para seguramente ser devorado por algún animal salvaje que tuviese la suerte de encontrarlo. El pensamiento retumbó cortamente en su cabeza antes de morder su lengua ignorando el gruñido que se aglomeró en su garganta.

No debería haberle afectado tanto aquel pensamiento; sin embargo, todo rastro de conciencia abandonó su cuerpo en el momento en el que el pequeño niño de cabellos rubios giró sobre sus pies esta vez mirando hacía su dirección, su cuerpo se había quedado petrificado en su lugar mientras el niño curioso lo analizaba con la brillante mirada debido a sus lágrimas acumuladas.

El pequeño se frotó los ojos tratando de disipar el llanto, retorció con temor sus manos sobre la pequeña chaqueta azul que tenía puesta, sus mejillas sonrojadas y la punta de su nariz roja. Jungkook sabía que no era por el llanto, era debido al frío, estaban en pleno invierno.

Lindo.

El pensamiento del niño hizo que algo dentro de él se sacudiera. El pequeño niño pareció dudar por unos segundos cuándo fugazmente sintió un nuevo pensamiento del chiquillo en su mente, conteniendo la respiración se acuclilló lentamente viéndolo caminar con temor hasta él.

—Hola ¿también estás perdido? —su dulce vocecita hizo estragos en el interior de Jungkook.

Hace más de un siglo su corazón no latía, sin embargo, supo en el momento en que sus miradas se cruzaron con vehemencia que el alma que creía no tener se había imprimado en el pequeño; soltó un siseo sin saber porqué debía ser un niño tan corto de edad.

—¿Tú lo estás? —murmuró entonces con voz profunda dándole un escalofrío al chiquito.

Demasiado lindo.

Aquel pensamiento del pequeño le abofeteó con fuerza; el niño parecía haber olvidado por completo el motivo de su llanto mirándolo simplemente maravillado, su pequeña mano soltó la orilla de su chaqueta para levantarla en dirección al rostro de Jungkook. Aunque quiso rehuir del toque se quedó en su sitio pasmado cuándo sintió el calor de sus deditos en su fría piel. El niño abrió la boca con sorpresa sonriendo con dulzura mientras su mirada se volvía más brillante.

Mami, no regreses por mi.

Aquel pensamiento le retorció las tripas a Jungkook quién tomó con cuidado la mano del chiquito para atraparla entre las suyas, el pequeño le admiró en silencio posando sus ojos hasta sus manos entrelazadas.

—Mi mami me dejó aquí —respondió finalmente con una tímida sonrisa —. Dijo que iría a ver a papi y regresaría, que no me preocupara.

Jungkook gimoteó con preocupación; el niño levantó su mano libre para tocar nuevamente el rostro frío de Jungkook acariciando con una delicadeza un cariño impropio de su adorable alma.

—¿Tienes frío? Tu piel se siente muy fría —murmuró el rubio frunciendo ligeramente el ceño —. Mi mami dice que un abrazo quita el frío, ¿quieres un abrazo?

—¿Tu mami no te dijo que hablar con desconocidos estaba mal? —respondió en su mismo tono de voz, el chiquito asintió y aún así se acercó al cuerpo del alto pelinegro.

Aunque hubiese querido apartarse, el sentimiento desgarrador que sintió con el pensamiento le hizo quedarse en su sitio soltando la mano del niño cuándo éste dio ademán de abrazarse a su cuello. Se lo permitió levantándose con él en brazos sintiéndose completo, regocijado y feliz cómo llevaba décadas sin sentirse.

Aquello sin querer también le perturbó.

Es tan cálido.

El pensamiento del pequeño en sus brazos le hizo apretarlo contra su cuerpo comenzando a caminar hacía las afueras del bosque.

—Si, pero también me dijo que papi algún día volvería con nosotros y no lo ha hecho —suspiró recostando su pequeña cabeza en el hombro de aquel joven mientras enterraba su nariz en su cuello estremeciendo al pelinegro —. Ella dice que papi trabaja en el cielo.

Aquello hizo que Jungkook se detuviera de golpe. No, no podía ser posible; ¿acaso el padre de esa pequeña criatura estaba muerto y la madre iría a acompañarlo abandonando de tan vil manera al pequeño rubio? Los humanos le parecían jodidamente despiadados y hozaban quejarse de criaturas cómo ellos.

—¿No conociste a tu papi? —preguntó queriendo cerciorarse de su pensamiento.

Huele rico, huele a casa.

Jungkook se volvió a estremecer al sentir la pequeña naricita acariciando con sutileza su cuello. Suspiró apretándolo un poco más entre sus brazos retomando su paso.

—No, mami me mostró fotos de él pero no lo he visto una sola vez —soltó un suspiro triste separando su rostro del cuello del joven para mirar a sus profundos ojos oscuros, eran como el color de la noche, Jungkook lo apreció en silencio; aquellos preciosos ojos azules le miraban aún más brillantes —. Tal vez no me quiere, mami cree que no la escucho llorar en las noches por él.

Jungkook tragó saliva con dificultad.

—¿Sabes cómo llegar a tu casa? —Jungkook intuía que era un chico sumamente inteligente.

Para tener unos cuatro años hablaba perfectamente, sin trabarse, sin enredarse o equivocarse al pronunciar. No todos los niños tenían tal desarrollo; quería creer que el chiquito tenía sentido de orientación.

—No estamos cerca, mami vino en auto —el niño miró el alrededor frunciendo los labios en un adorable pico de pollito que hizo sonreír a Jungkook, el niño le miró fascinado al darse cuenta —. Sonríes muy bonito.

Si Jungkook todavía estuviese vivo seguramente se habría sonrojado.

Es demasiado hermoso.

Parece un ángel como los que me contaba mami.

Jungkook no pudo evitar sonreír nuevamente ante los adorables pensamientos del niño.

—¿Cómo te llamas? —murmuró entonces Jungkook cuándo sintió el dulce aroma del chiquito en otra dirección.

Seguramente era el auto que mencionó, tenía el rastro de aroma del pequeño así que redirigió sus pasos hacía allí aún cargando al niño en brazos. Sintió la pequeña manita acariciar con sutileza los cabellos de su nuca, aquello le hizo contener la respiración unos segundos.

No necesitaba respirar pero a pesar de las décadas algunas costumbres humanas seguían impregnadas en él.

—JiMin —sonrió haciendo que sus ojitos desaparecieran en medias lunas, Jungkook sonrió con él —. ¿Cómo te llamas tú?

—Jungkook —susurró consciente de que las adorables caricias continuaban allí —. Soy Jungkook.

Hace demasiado tiempo no utilizaba su nombre real, sintió dentro de su ser que no podía mentirle al pequeño quién lo miraba con fascinación permanente en sus brillantes ojos.

El auto apareció frente a ellos, JiMin quiso bajarse de sus brazos para correr hacía el vehículo, Jungkook se lo permitió caminando a una distancia prudencial de él. El auto había sido estacionado de manera descuidada en la orilla de la carretera principal.

Se paralizó cuándo un aroma bastante conocido lo embargó. Debió haberlo sentido metros atrás pero al haber estado con el niño tan cerca, sus sentidos habían estado simplemente sobre él. En dos segundos había tomado nuevamente a JiMin en brazos escondiéndole el rostro en su pecho mientras sentía los acelerados latidos del pequeño corazón.

Mami...

Jungkook se maldijo, no había sido lo suficientemente rápido para evitar que el pequeño viera aquella imagen. Su madre estaba sentada en el asiento del piloto con la mirada pérdida hacia el cielo y sus brazos descansando a los lados de su cuerpo, en ellos habían dos profundas heridas en el sitio de las muñecas que indicaban lo evidente; se había suicidado.

Mami...

Los pequeños hipidos del chiquito llegaron pronto mientras Jungkook los balanceaba suavemente arrullándolo de ese modo. Éste estaba fuertemente apretado contra su pecho mientras el pelinegro inspeccionaba rápidamente el auto. Una pequeña maleta que parecía tener documentos de JiMin y dinero estaba allí, de resto, el carro parecía no tener nada que le diera datos de la mujer.

—JiMin —susurró en cuánto se alejaron unos pasos de allí, el pequeño reproducía una y otra vez la borrosa imagen de su madre —. Mírame.

El chiquillo así lo hizo, sus preciosos zafiros llenos de lágrimas apretaron con fuerza el alma de Jungkook quién dio una bocanada profunda de aire cómo si aquel acto aminorara el dolor en su pecho.

Las secó con cariño dándole una suave sonrisa.

—Te llevaré a otro sitio, no puedes decirle a nadie mi nombre, ¿de acuerdo? —JiMin apretó los labios con aparente confusión.

—Mami no volverá, ¿verdad, Jungkook? —el pelinegro negó con la cabeza —. ¿Vas a dejarme cómo mis papis hicieron?

Algo dentro suyo se removió dolido.

—No pequeño —siguió secando sus escurridizas lágrimas mientras tenía una pequeña lucha interna, suspiró —. No puedo llevarte conmigo.

—¿Por qué no? Tú me encontraste —parecía más confundido mientras sus pequeños puños apretaban su ropa —. No quiero ir a otro lado, Jungkook.

Escuchar su verdadero nombre salir de ese precioso ser le tenía mal.

—Pequeño JiMin —murmuró, el niño hizo un puchero —. Minnie, es peligroso llevarte conmigo, al menos por ahora.

Mi mami nunca me había dicho así.

Es hermoso.

Es lindo.

Es mi hogar.

Los pensamientos del niño lo volvieron a sacudir. Desde que era vampiro había odiado ese maldito don con el que renació, sin embargo, en ese instante lo amó, cosa que no creyó posible en algún momento de su inmortal vida.

—¿Por qué? ¿A dónde vas?

Jungkook suspiró, decidió moverse más lejos de aquella zona llevando la infantil maleta consigo manteniendo ahora si sus sentidos alertas mientras se escabullía sólo un poco al interior del bosque, no quería que algún carro pasara y viera lo que iba a hacer. Sosteniendo el peso del pequeño en un brazo apoyó su mano en un tronco cualquiera haciendo un poco de presión hasta que lo tumbó, el árbol cayó en un golpe sordo debido a la nieve, escuchó el jadeo impresionado del chiquito mientras se sentaba con él cómodamente entre sus piernas.

Tiene superpoderes.

Es mi héroe.

Es mío.

Aquel último pensamiento retumbó en su alma haciéndole sonreír sin querer, peinó con suavidad los cabellos rubios del chiquito. Sus ojos se encontraron unos instantes llenando de gozo su muerto corazón.

—¿Tienes superpoderes? —le preguntó emocionado ignorando temporalmente el tema principal.

—Algo así —le susurró detallándolo, era hermoso —. Por eso no puedo llevarte conmigo, si la gente lo supiera tratarían de dañarme o dañarte.

El pequeño frunció el ceño con miedo, sus manos se dirigieron inmediatamente al pecho de Jungkook quién se paralizó por el toque.

—No quiero que nos hagan daño —sus ojos se volvieron brillantes nuevamente —. ¿A dónde me llevarás? ¿No volveré a verte?

A Jungkook le sorprendía lo maduro que parecía ser el pequeño en su corta edad. Miró el pequeño bolso a su lado en el tronco, mordió su labio pensando en sus posibilidades. Decidió sacar el dinero guardándolo en su bolsillo para después incluirlo en una cuenta, cuidaría de JiMin pero no por ahora.

—No te dejaré Minnie, pero no puedes quedarte conmigo, al menos no por ahora —las lágrimas volvieron a caer de sus ojos zafiros.

No quiero soltarte.

No me dejes, por favor.

Jungkook.

El alma de Jungkook se estrujó ante los tristes pensamientos del pequeño rubio.

—Vas a dejarme cómo mis papis —gimoteó golpeado por el sentimiento de miedo, Jungkook negó acercándolo más a él —. ¿Tú tampoco me quieres?

—Minnie —susurró secando sus lágrimas, el niño ni siquiera sabía que se habían imprimado en el otro —. No digas eso, corazón.

—¿Prometes no dejarme?

—Te lo prometo —Jungkook besó su frente mientras el niño se apretaba a él —. Llamaré a alguien, quiero que en cuánto la gente llegue no menciones mi nombre en lo absoluto ni lo que hice a éste tronco, es nuestro secreto ¿de acuerdo?

El niño asintió.

Serás mi secreto, Jungkookie.

El adorable apodo le hizo besar nuevamente la frente del niño.

Sacando su teléfono hizo lo que debió hacer desde el principio; llamó a la policía reportando lo sucedido mientras se llevaban a JiMin junto a su pequeña maleta y aunque el niño lloró y pataleó en brazos de la oficial que lo tomó, Jungkook le susurró sobre la promesa en el momento en que fue subido a una de las patrullas y alejado de él.

El corazón de Jungkook se sintió destrozado aún cuándo era consciente de que estaba muerto.

—Lo prometiste —fue el último susurro del niño antes de ver aquella patrulla alejarse.

—Gracias por informar el incidente señor Min —Jungkook se giró viendo a un oficial acercarse a él con una sonrisa.

Madre mía que delicia de hombre, una follada estaría espectacular.

Jungkook hizo una mueca asqueado recordando porqué odiaba su don; sólo podía pensar en los últimos pensamientos del niño recordando una y otra vez la promesa que hicieron.

—Es lo que alguien normal haría —respondió estoico alejándose un par de pasos ante la cercanía del hombre —. Debo irme si ya no me necesitan aquí.

—Oh —el hombre pareció incómodo ante su evidente rechazo —. Si claro, uh, si necesita algo puede llamarme a éste número.

Sacó una pequeña tarjeta de presentación.

Para lo que quieras guapo, sólo llámame.

—No, gracias —Jungkook ni siquiera miró la tarjeta, se dio media vuelta comenzando a caminar.

No quería perderle la pista a su pequeño. Una vez que supiera que estaba seguro y a salvo podría buscar la manera de cumplir la promesa. El pecho le dolía desgarradoramente sabiendo que se debía a la lejanía con ese adorable ser, aunque quisiera no podría alejarse mucho tiempo.




Jungkook suspiró mientras tomaba de su café oscuro en aquel parque observando al precioso niño jugando con otros dos chiquillos.

JiMin tenía nueve años en ese momento; sonreía divertido empujando al otro chico a su lado mientras soltaba carcajadas. Le dedicó una corta mirada sonriéndole con dulzura haciendo que el muerto corazón de Jungkook se sintiera como si estuviese acelerado.

Miró en otra dirección cuándo los dos pequeños que le acompañaban parecieron buscar con la mirada lo que el pequeño rubio observaba con devoción.

—¿Otra vez vigilándolo? —rodó los ojos al escuchar aquella voz.

—¿Qué haces aquí? —ignoró su pregunta girando para ver al hombre sentarse a su lado —. He dejado claro que detesto que se acerquen.

—Estaba pasando cuándo sentí tu presencia —el hombre suspiró —. ¿Ya te vio?

—Hace bastante, pero sus amiguitos irrumpen —un gruñido se alojó en su garganta.

Idiota.

—Cállate —carraspeó al escuchar la risa del hombre —. ¿Qué quieres, Hoseok?

—Nada, Chaeyoung quiere que nos visites pronto —el hombre se levantó cuando recibió una mala mirada del pequeño rubio —. Me iré, tu solecito me mira con odio puro.

Recuerda visitar a tu hermana, ella te extraña.

—Lo haré —fue su única respuesta mientras veía a su precioso angelito mirar con el ceño fruncido la espalda del castaño alejarse —. Tranquilo —murmuró.

El pequeño leyó sus labios en cuánto sus miradas se encontraron y aunque rodó los ojos le vio sonreír para seguir jugando.

Cuándo su madre adoptiva fue a buscarlo Jungkook esperó unos minutos antes de seguirles cuidando que llegaran sanos y salvos a casa. Al verlos entrar, se marchó de allí.




—No, pero gracias —escuchó la tosca voz de su angelito mientras leía su libro con disimulo en aquella biblioteca del pueblo.

JiMin tenía trece años, estaba cada vez más bello y sus facciones iban llamando más la atención de la gente, Jungkook sonrió divertido.

Quítamelo de encima por favor.

Jungkook sé que me lees.

Me enojaré contigo.

El vampiro suspiró levantando su mirada hacía el muchacho que parecía par años mayor que su angelito de pie frente a la mesa del rubio. Sus ojos se encontraron con JiMin quién sonrió antes de regresarla al muchacho que giró a verlo al no tener la atención de JiMin sobre él.

¿Y éste quién mierda es?

¿Qué se cree? Que busque otra presa que esta es mía.

Llevo desde comienzo de año tratando de hablarle y éste estúpido con cara de modelo no me lo quitará.

Jungkook apretó el puente de su nariz buscando la paciencia que se le estaba esfumando ante los pensamientos de aquel tipo.

—Creo que ya te ha dicho por décima vez que lo dejes en paz —murmuró Jungkook mirando hacía su libro desinteresadamente —. Harías el maldito favor de irte, estás molestando como el infierno.

JiMin soltó una risilla divertido al ver la molestia en aquellos profundos ojos oscuros que tanto adoraba. Jungkook carraspeó, de verdad si todavía estuviese vivo, estaría sumamente sonrojado.

Aquel tipo le miró petulante enderezándose en su sitio queriendo aparentar ser más grande.

Ridículo.

Jungkook estaba de acuerdo con el pensamiento de su precioso rubio.

—Creo que no hablo contigo, idiota —prepotente se inclinó hacía él mientras JiMin mordía su labio con un destello de preocupación —. Si tanto te molesto ¿por qué no te vas a otra mesa, nerd de cuarta?

Jungkook arqueó una ceja notando que los pensamientos del chico se leían aún más estúpidos. Creía que se veía genial, que tal vez JiMin lo vería cómo alguien cool, nada más lejos de la realidad.

JiMin rodó los ojos con fastidio.

—Kook —murmuró levantándose de su sitio, inmediatamente el pelinegro hizo lo mismo —. Me quiero ir a casa.

—Claro corazón, te acompaño —el chico pareció ligeramente sorprendido preguntándose de dónde salía tal familiaridad, Jungkook cerró el libro con fuerza dejándolo sobre la mesa sobresaltando a algunos de su alrededor.

Que guapo, que sexy.

Jungkook respiró hondo mirando de reojo a JiMin quién se mordió el labio consciente de sus pensamientos. JiMin descubrió a los diez que Jungkook podía leer sus pensamientos, que tenía aquel don, lo descubrió de la peor manera cuándo el pensamiento de besar los labios de Jungkook hicieron que el pelinegro se alejara de él de golpe ante la intención.

Aunque en su momento lo hirió y también se enfadó por aquel detalle, JiMin entendió que Jungkook lo respetaba demasiado, lo cuidaba, lo adoraba y procuraba darle su espacio para que se desarrollara de manera correcta. Sus padres adoptivos todavía no conocían a Jungkook, y ambos temían que los alejaran. Desde entonces, JiMin aprendió a cuidar sus pensamientos, escondiendo los más vergonzosos en su presencia y utilizándolo cómo método comunicativo cuándo era necesario.

—Espero por tu bien que dejes de molestarlo —murmuró inclinándose sobre el chico quién se encogió en su sitio asustado ante la oscura mirada del pelinegro —. A JiMin le molesta tu maldita presencia, grábatelo en la cabeza ¿entendido?

Tomando la mano del rubio salieron de la biblioteca comenzando a caminar hacía aquel parque en dónde solían platicar por horas antes de que Jungkook vigilara a JiMin hasta su casa.




—¿Y si entras en el instituto?

Jungkook suspiró observando a un JiMin de dieciséis años. Cada vez estaba más hermoso y sus pensamientos pecaminosos le hacían maldecirse continuamente; JiMin todavía era muy chiquito para eso aún cuándo todo su cuerpo lo deseara, incluso el de JiMin.

—¿Quieres que entre a tu nuevo instituto? —el rubio asintió acercándose más a su cuerpo cuándo el frío le hizo dar un escalofrío.

Jungkook se retiró su bufanda amarrándola con cariño al cuello de JiMin, éste se sonrojó notoriamente mientras los pensamientos de cuán hermoso y amoroso era Jungkook lo embargaban, el pelinegro sonrió besando la punta de su nariz con cariño.

—Me sentiría más seguro si estás cerca de mi, Kookie —JiMin suspiró pestañeando lentamente mientras tomaba una de sus frías manos —. Aparentas perfectamente mi edad, ¿podrías?

Jungkook suspiró mordiendo su labio indeciso.

—Así también podría presentarte a Minhyun y Hyo-ri —Jungkook le miró a lo que JiMin rodó los ojos —. Estoy cansado de mentirle a ellos con que estaré con Taehyung para verte por largos ratos, Kookie.

—Lo sé, lo siento —Taehyung era el mejor amigo de JiMin desde que éste tenía nueve años, aunque JiMin nunca le explicó cómo conoció a Jungkook, cuándo los presentó Taehyung supo que eran el uno para el otro, por eso le apoyaba en sus escapadas —. Hablaré con Yoon para que hackee el sistema y me inscriba en el instituto ¿está bien?

JiMin chilló emocionado dejando un casto beso sobre sus labios, Jungkook le sonrió acariciando su mejilla. Desde que JiMin había cumplido quince, cómo regalo de cumpleaños le había pedido que le diera su primer beso, no quería que nadie más que no fuera Jungkook tomara esas primeras veces de él y aunque Jungkook intentó "razonar" con el rubio —consciente de que tampoco permitiría que nadie tomara esos momentos de su angelito—JiMin le aclaró que el único hombre existente para él era el pelinegro, por lo que, si no se lo daba Jungkook eventualmente se lo robaría JiMin; se había hecho una costumbre entre ellos darse besos, aunque nada subido de tono para mala suerte del rubio.

Yoongi era otro vampiro, su mejor amigo de hecho además de Hoseok y quién sabía de su pequeño secreto. El hombre había sido de bastante ayuda todo ese tiempo, incluso fue él quién le ayudó a abrir una cuenta en nombre de JiMin dónde había un montón de dinero, regalos de Yoongi, Hoseok y Chaeyoung.

JiMin los conocía poco debido a que a Jungkook le daba miedo acercarlos tanto, los tres vampiros lo sabían y respetaban ello. Cuidaban por completo su forma de ser alrededor del adorable humano, JiMin tampoco confiaba mucho en ellos, el único vampiro en el que confiaba y que amaba era Jungkook. Incluso cuándo a sus siete años supo qué Jungkook no era un superhéroe sino un vampiro, nunca le tuvo miedo, sólo podía verlo con amor.




—¿Te acompaño a tu salón? —JiMin caminaba de la mano de Jungkook por los pasillos de la institución.

Estaba próximo a cumplir diecisiete, un año largo desde que Jungkook había entrado a "estudiar" a su instituto. JiMin supo lo que eran los celos, la posesividad y la inseguridad en ese tiempo.

Habían tenido una discusión que comenzó con un llanto desgarrador y finalizó con adorables besos y mimos de noche. Porque si, seguidamente desde que JiMin era un niño Jungkook se colaba en su habitación para dormir con él, JiMin podía dormir plácidamente sólo cuando el pelinegro estaba, cuándo no, las pesadillas y la imagen de su madre muerta regresaban a su atormentada mente. Era otra de sus tradiciones.

Pero qué hermoso que se ve hoy, joder.

Maldito Kim, ojalá se mude de nuevo y nos deje a Park para nosotros.

Ese rubio de cuarta no está a su altura, ya quisiera yo tener los brazos de ese bombón.

Jungkook hizo un mueca ante los diferentes pensamientos, a veces los bloqueaba cuándo eran demasiado molestos para aguantarlos. JiMin pareció darse cuenta de eso, acariciando sus manos entrelazadas.

—Si, Tae debe estar allí —le murmuró empinándose para besar la comisura de su labio, ambos sonrieron —. Por cierto, tengo que hablar contigo y con él.

Parece que sospecha de algo.

Fue el pensamiento de su adorable rubio cuando vio su mueca de confusión, Jungkook asintió en silencio dejándolo en su salón y prometiéndole recogerlo para el almuerzo.

Incluso había conocido a los padres adoptivos de JiMin y ahora podía ir a casa del rubio sin ocultar su presencia o escabullirse; Minhyun pensaba que quería profanar a su adorado hijo mientras Hyo-ri estaba encantada con él, le causaba gracia aquella situación.

Caminó hasta su salón con su rostro estoico ignorando los cientos de pensamientos de las personas a su alrededor. Incluso de aquel maldito puberto que tenía un enamoramiento con su precioso rubio.

—¿Quieres café? —Jungkook asintió a la pregunta de su rubio mientras compraban el almuerzo de JiMin.

El único alimento que todavía tenía sabor para Jungkook era el café, amaba tomar café. Por lo que JiMin procuraba complacerlo siempre en ese gusto.

—Mimi, dame ese pastelillo porfi —la voz adorable de Taehyung le hizo asentir en su dirección mientras se lo ofrecía —. ¿No almorzarás, JK?

Jungkook se tensó. Aunque Taehyung sabía su verdadero nombre debido a los años que llevaba de conocer a JiMin sabía que no podía usarlo en público a petición del rubio y que el pelinegro parecía esconder muchos secretos.

—Uh, no, no tengo hambre —le sonrió pagando la bandeja de comida de JiMin escuchando su pequeña pataleta —. Vamos corazón, ayer la pagaste tú.

—Pero Kookie —el rubio comenzó a caminar hacía una mesa vacía recibiendo miradas de odio, admiración, de deseo en el camino, los ignoró —. Tú siempre me compras cosas —gruñó malhumorado.

Taehyung los alcanzó sentándose con ellos mientras presenciaba la extraña discusión.

—Minnie —suspiró, él era el único que le llamaba de tal modo, JiMin no permitía que nadie más le dijera así por eso sus padres y mejor amigo le decían Mimi —. Sabes que eres mi razón de ser, ¿verdad?

El rubio miró hacía otro lado bloqueando sus pensamientos. Miró por el rabillo del ojo al pelirrojo quién pensaba en lo extraño que a veces actuaban, tomó la mano del rubio ignorando por un momento su preocupación por Taehyung.

—Sólo quiero darte lo mejor, no me molesta gastar mi fortuna en ti —aclaró encogiéndose de hombros —. También es tuya y lo sabes.

JiMin suspiró besando su mejilla antes de ofrecerle el café al pelinegro, comenzando a comer en silencio.

—¿Por qué la herencia de tus padres sería de Mimi? Hablas como si se fueran a casar y no son ni novios —Jungkook se atoró con su café.

Jungkook le miró en silencio notando los pensamientos preocupados del chico por su misterioso ser.

—Nos casaremos —afirmó JiMin haciendo que Jungkook girara a verlo, JiMin le dedicó una sonrisa —. ¿No es así, Kookie?

Desde hace años aquella frase no salía de los labios de JiMin. De pequeño solía decirle a todos que se casaría al crecer con Jungkook, sus padres adoptivos llegaron a creer que era un amigo imaginario; incluso cuándo JiMin los presentó y usó su nombre real, pudo leer el pensamiento de ambos adultos sobre aquel recuerdo. Jungkook tuvo que explicarle que no podía decir aquello o sabrían de su existencia así que el niño dejó de decirlo completamente atemorizado de que intentaran alejarlos, recuerda que el chiquito de seis años le hizo jurar que se casarían.

Jungkook sonrió acariciando su mejilla dulcemente.

—Todo lo que quieras Minnie —susurró absorto en sus bellos zafiros —. Te daré el mundo si lo quieres.

JiMin se sonrojó enormemente bloqueando de nueva cuenta sus pensamientos a Jungkook impidiéndole saber lo que pensó de sus palabras. Ambos sonrieron más amplio por ello.

—Ustedes dos me enferman con tanto amor —gruñó el pelirrojo comiendo sus papas fritas —. Seré el padrino, es obvio.

Jungkook asintió cuándo vio la sonrisa ilusionada de JiMin al imaginarse la situación, besó sus labios castamente con adoración.




—Oye Park, ¿no quieres ir el viernes a una fiesta en el bosque?

Ambos chicos se giraron ante la voz de aquel tipo, JiMin tenía veintiuno y estaban en tercer año de universidad. Por supuesto, Jungkook accedió a entrar con él a la universidad mudándose ambos a Seúl dejando atrás el precioso Busan.

Hyo-ri y Minhyun le hicieron jurar que cuidaría del rubio puesto que vivirían juntos. Aquello había sido un completo alivio para JiMin, era uno de sus mayores deseos cuándo comenzó a mirar universidades, él amaba dormir en brazos de Jungkook por lo que pensaba que lo mejor era vivir juntos.

Taehyung había ido a Estados Unidos gracias a una beca de artes gráficas. El chico se enteró del secreto de ambos una noche en la que ambos adolescentes bebieron y JiMin soltó un comentario difícil de explicar; ambos tuvieron que explicarle todo a Taehyung desde el principio hasta entonces y contra todo pronóstico el pelirrojo pareció bastante emocionado y tranquilo con el tema. Apoyaba totalmente la felicidad de JiMin, Jungkook lo sabía al leer sus pensamientos, además de que Yoongi lo había conocido, esos dos parecían liarse de una manera extraña pues el vampiro se había ido con el pelirrojo cuándo supo que iba a Nueva York para estudiar.

—Taemin —JiMin hizo un gesto de disgusto que no pasó por alto por el chico —. No, gracias.

El castaño torció el gesto dándole una mirada de odio a Jungkook quién lo miraba con su implacable gesto inexpresivo.

—¿Tu noviecito no te deja? —burló cruzándose de brazos.

Si tan sólo se despegaran unos segundos.

No sé que le ve a ese jodido cretino.

Es un imbécil con cara bonita, nada más.

Apuesto a que yo sería mejor complaciéndolo que este inepto paliducho.

El último pensamiento retumbó en su mente haciendo que sus ojos se oscurecieran. JiMin sintió aquel instinto asesino de su novio mirándolo preocupado, algo de lo que ese idiota pensaba le había hecho enojar.

—No es por él, simplemente no me interesa ¿no entiendes eso? —le respondió tosco poniéndose de pie con ayuda de Jungkook —. Vamos amor, ignóralo.

Sin importar los años y que su relación se había oficializado a sus dieciocho Jungkook seguía molestándose con pensamientos obscenos de otros hacía él, sabía que siempre lo haría puesto que JiMin todavía se sentía irritable cuándo notaba las miradas hambrientas sobre su pelinegro.

Jungkook asintió comenzando a caminar tomado de la mano de su hermoso rubio cuándo lo sintió con claridad. Empujando a un lado a JiMin vio el balón de fútbol americano pasarle a un lado. Escuchó el mini grito del rubio mientras se giraba para ver a los amigos de Taemin tras él reír divertidos por su "travesura"; Jungkook respiró hondo tratando de calmar sus instintos asesinos.

—¿¡Pero qué mierda te pasa imbécil!? ¿¡Qué acaso los golpes del deporte han hecho que el oxígeno no circule bien por tu diminuto cerebro!? —gritó con rabia JiMin comenzando a caminar hacía los cuatro chicos.

Jungkook inmediatamente corrió hacía él tomándolo de la cintura mientras la gente comenzaba a arremolinarse alrededor de ellos murmurando sobre la situación mientras miles de pensamientos estúpidos le embargaban, Jungkook se sentía cada vez más irritado.

—Uy, pero qué fiera saliste Park —se burló uno de ellos todavía riendo, San le miraba divertido —. ¿Entonces es Choi el muerde almohadas? —preguntó aún más divertido viendo a todos reír ante su broma —. Pensé que él era el macho de la relación.

La mirada de Jungkook se oscureció aún más dándole un escalofrío al chico quién instintivamente dio un paso atrás carraspeando con disimulo ante ello.

—¿¡Pero es que eres jodidamente estúpido o tu mamá te peinaba a martillazos hijo de puta!? —gruñó JiMin aún más enojado sacudiéndose en brazos de Jungkook quién lo sostenía como si no le costara nada —. ¡Suéltame joder que le voy a dar su maldito putazo!

—Minnie —habló calándole los huesos a todos los presentes ante su voz tensa grave y ronca, el rubio inmediatamente detuvo sus movimientos pareciendo de repente dócil ante el pelinegro.

Pero qué sexy voz.

Empótrame mierda.

Jungkook gruñó bajo inclinándose sobre el rubio cuándo lo atrajo a su cuerpo chocando la espalda de éste con su pecho depositando un beso suave en su cuello, lo sintió suspirar mientras sus piernas parecían perder fuerza.

Todo aquello bajo la mirada de todos quiénes impactados observaban celosos, envidiosos, rabiosos la escena. Deseosos de tener aquel privilegio, fuera estar en el lugar del rubio o del pelinegro.

Taemin miró hacía otro lado con un bufido.

—No hay que perder el tiempo, la basura pronto llega a su sitio —respondió el pelinegro tranquilo mirando a su precioso rubio quién giró la cabeza para encontrar sus ojos —. Está bien, amor.

—Pero —suspiró mordiendo su labio lanzando miradas de odio a esos idiotas —. Te insultaron.

—Sabes que eso no me importa corazón —volvió a besar su cuello haciéndolo más dócil —. ¿Y si buscamos un salón vacío y te calmo? —ronroneó en su oreja haciendo estremecer al rubio quién asintió rápidamente, Jungkook levantó la mirada hacía los cuatro chicos —. Ustedes —rugió suave mandando escalofríos a los presentes.

—¿Buscas pelea, paliducho? —Jungkook no se inmutó ante el insulto.

—¿Buscas tu muerte, pedazo de animal? —su voz aunque había sonado tranquila mandó una alerta a los chicos quiénes retrocedieron por mero instinto, Jungkook sonrió —. No me provoquen, idiotas.

Tomando a JiMin en brazos buscó un salón vacío rápidamente para tener un momento de apresurado frenesí con su precioso rubio. Desde que habían descubierto el sexo entre ellos era simplemente imposible no querer hacerlo a cualquier hora sin importar el sitio.




—¿Quieres algo de tomar? —murmuró JiMin en su oído mientras caminaban por la pista de baile, Jungkook aspiró su cabello negando —. Iré por una cerveza.

—Ten cuidado —le regresó soltando lentamente su cintura para verlo perderse entre la gente.

JiMin estaba cumpliendo veintitrés años, el rubio había querido ir a bailar cosa que hacían ocasionalmente debido a que el rubio era un apasionado del baile y la música; a Jungkook no le molestaba, disfrutaba de tener a su precioso rubio entre sus brazos.

Si alguien se preguntara cómo hacía Jungkook para mantener sus instintos a raya, era fácil decirlo, Jungkook llevaba décadas sin tomar sangre humana; usualmente cazaba animales y con ello se mantenía además los fluidos corporales de JiMin también le funcionaban bastante bien como alimento, lo aprendió la primera vez que tuvieron sexo. JiMin consciente de esto le proporcionaba de sus fluidos con todo el gusto, aunque siempre que terminaban el rubio bloqueaba sus pensamientos de Jungkook, incluso si le había preguntado el rubio aseguraba no ser nada, temía que el pensamiento enojara al vampiro. Le resultaba extraño pero confiaba en que en algún momento se lo diría.

Jungkook logró moverse a un lado al sentir ciertos pensamientos que parecían dirigirse a él.

—Oh —una voz femenina sonó sorprendida a su espalda, Jungkook rodó los ojos girando para verla, ella sonrió —. Hola, galán.

Jungkook no se inmutó ante su coquetería, JiMin quién sintió un nudo en el estómago giró sobre sus pies esperando su cerveza para mirar a una mujer cerca del pelinegro quién desde esa distancia notaba tenía cara de pocos amigos; sonrió entre posesivo y divertido.

—¿Se te perdió algo? —preguntó Jungkook tosco sorprendiendo nuevamente a la chica.

Nunca nadie me había hablado así.

Qué pasa con este idiota, ¿se cree demasiado guapo o qué?

Si no es con él es con el rubio.

Y yo que pensaba en un fabuloso trío.

Jungkook hizo una mueca asqueado mirando hacía otro lado, odiaba a los humanos.

—Uh, pensé que querrías compañía —la chica trató de sonreír con dulzura —. Te veo muy solito —intentó poner su mano sobre el pecho de Jungkook sin embargo éste sujetó su muñeca sin delicadeza dándole una mirada mordaz.

—No me toques —le gruñó molesto.

Odiaba que otro ser que no fuera su JiMin le tocara, la chica hizo una mueca adolorida ante el fuerte apretón. JiMin llegó justo en ese momento viendo a su pelinegro soltar con desagrado la mano de aquella mujer.

Inmediatamente lo abrazó consciente del malestar que le ocasionaba el roce de otras personas, Jungkook pareció respirar hondo apretándolo contra su cuerpo inundándose de su dulce aroma.

—¿Se te ofrece algo? —preguntó JiMin con una falsa sonrisa amable, la chica tenía un puchero en sus labios sobando su muñeca —. Lo siento, a mi novio no le gusta que lo toquen.

—Tienes un animal por novio —gruñó ella molesta —. Sólo quería hacerle compañía mientras esperaba.

—¿Para qué? Él no necesita más que mi compañía —aclaró altanero levantando el mentón orgulloso —. Vamos, Kookie, qué mujer tan poco digna.

Escuchando los insultos de la chica de fondo se movieron de allí hacía la pista de baile para disfrutar de la música ignorando a cualquiera que se intentara acercar a ellos con otras intenciones.




—Kookie —susurró en su teléfono mientras temblaba de miedo, Jungkook caminaba desesperado por la calle con el teléfono apretado en su mano —. Me van a encontrar pronto.

—No lo harán corazón, ya estoy yendo por ti —murmuró de igual forma metiéndose en un callejón para saltar escalando hacía el techo del edificio.

Correría sobre ellos siguiendo el rastro de su novio. JiMin seguía siendo igual de impulsivo a sus veinticinco años; aún cuándo había terminado su carrera y se habían mudado de Seúl a un pequeño pueblo al sur del país. Debido a que Jungkook no envejecía, su rostro parecía aparentar veintiún años como máximo y eso exagerando; JiMin tenía cara dulce, seguía viéndose más joven que Jungkook a pesar de su edad, sin embargo JiMin no quería seguir envejeciendo, habían tenido esa conversación los últimos dos años.

JiMin le había comentado que quería que lo convirtiera en vampiro; Jungkook parecía contrariado con la idea, lo que realmente estalló entre ellos fue recibir una llamada de Taehyung comentándole que hace un par de meses atrás Yoongi lo había transformado y al fin aquel día era oficialmente un vampiro más.

JiMin se sentía feliz por su mejor amigo, pero comenzó a dudar sobre los sentimientos de Jungkook hacía él teniendo una terrible discusión y terminando en JiMin yéndose molesto de la casa. Jungkook había intentado darle su espacio aún cuándo el miedo residía en su sistema retorciéndole el interior y llenándole de incertidumbre y temor. Dos horas después de la discusión salió de su casa dispuesto a buscar al rubio fue entonces cuándo su teléfono sonó con una llamada entrante de su pequeño novio.

Éste lloraba a través del aparato asustado mientras parecía buscar refugio; Jungkook asustado por el estado en el que le llamaba preguntó por la situación. Unos hombres habían chocado con su pequeño rubio notando lo bello que era, intentaron tomarlo a la fuerza sin embargo, JiMin acostumbrado a la fuerza superior del pelinegro logró soltarse y huir; el problema ahora es que lo perseguían y Jungkook comenzaba a desesperarse manteniendo la llamada para estar pendiente de él buscando entre los pensamientos alguno que indicara el sitio de JiMin, razón de él o de los tipos que le seguían.

Uno en particular llamó su atención dirigiendo sus veloces pasos en esa dirección.

Pobrecito, ese chico lindo parece muy asustado.

¿Acaso lo están persiguiendo? ¿Debería llamar a la policía?

Jungkook saltó del edificio aterrizando en otro callejón oscuro mientras jadeaba a través de la línea, no era cansancio, era el pánico que estaba impregnado en su cuerpo.

—Minnie —murmuró sintiendo el rastro de aroma del chico, eso y algo más que le cerró la garganta —. ¿Estás herido?

—Si —se limitó a responder escuchándolo moverse —. ¿Me sientes cerca?

—Lo estoy —caminó a pasos rápidos con el teléfono en su oreja mientras seguía el aroma de la sangre, justo dónde lo sintió más intenso vio a seis tipos que parecían haber seguido el rastro de sangre que seguramente estaba dejando —. Amor, mantente escondido, iré por ti pronto.

JiMin gimió cuándo sintió el aura asesina de Jungkook cerca, una mano en su tobillo le hizo gritar pataleando hasta que su pierna golpeó un rostro con fuerza escuchando un quejido.

Aunque intentaron tomarlo nuevamente fue cuándo unos familiares brazos cálidos le tomaron alejándole de las garras de aquellos tipos. Los ojos de Jungkook estaban increíblemente oscuros cómo nunca antes JiMin los había visto. Gimoteó adolorido manteniendo su mano en el costado mientras sentía sus ojos pesados.

Tengo sueño.

El pensamiento de JiMin congeló todo su ser mientras un inmenso temor lo embargaba.

Los seis tipos miraban aquel ser que desprendía un aura siniestra mientras miraba el moribundo cuerpo del precioso rubio entre sus brazos. La mirada profunda brilló en aquella oscuridad del callejón en dirección a ellos congelándolos en su lugar.

—Volveré por ustedes, no importa qué tanto huyan o a dónde huyan, les juro por mi maldita vida que los encontraré y los despedazaré a cada uno de ustedes —la promesa fue soltada con una voz gutural que caló hasta los huesos de aquellos tipos —. Recuerden mi promesa, los mataré.

Con ello simplemente fue un borrón el como aquel ser desapareció de sus vistas en cuestión de segundos dejándolos atemorizados y preocupados.

Jungkook llegó a su hogar con un casi inconsciente JiMin; lo recostó sobre la cama importándole poco mancharla de sangre o sus propias ropas llenas de ella. Si Jungkook pudiera llorar lo estaría haciendo desde que lo encontró herido.

Su labio tembló no sólo con miedo sino con la voraz hambre consumiéndole las entrañas. Ignorando aquello, caminó a tropezones hasta el baño sacando una toalla del cajón y humedeciéndola. Su precioso rubio parpadeaba confundido mientras gimoteaba.

Jungkookie, estoy cansado.

Quiero dormir.

¿Voy a morir?

El último pensamiento le heló la sangre que ya no fluía por su sistema. Respiró hondo acercándose para rasgar las ropas sucias de su angelito, notó la profunda herida haciéndole jadear mientras apoyaba con precisión la toalla sobre ella.

Sus colmillos picaban pensando en sus opciones, el hospital más cercano quedaba a cuarenta y cinco minutos de allí en auto en el siguiente pueblo que era más grande que aquel en el que vivían. Si lo llevaba en sus brazos corriendo temía que alguien los viera, no podía aparecer de golpe frente al hospital.

Haló sus cabellos con frustración mientras se limitaba a limpiar la herida que seguía soltando chorros de sangre. Aquella idea cruzó fugaz por su mente mientras JiMin iba viéndose cada vez más pálido.

—Minnie —murmuró asustado peinando sus cabellos, el rubio gimoteó en busca de su tacto.

—Kookie —susurró —. Te amo, Kookie.

—Te amo más mi amor, te amo mucho más —se inclinó con temor sobre él sintiendo su instinto cada vez más fuerte —. No quería que fuera de este modo, amor.

—Hazlo —volvió a susurrar sabiendo a qué se refería su adorado pelinegro —. No importa amor, sólo hazlo.

Jungkook respiró hondo clavando finalmente sus colmillos sobre el cuello de JiMin, bebiendo de su sangre mientras las palabras se profesaban de manera automática en su mente otorgándole la inmortalidad a su pequeño rubio quién gimoteó abrazándose a su cuello antes de él mismo morder el del pelinegro.

Jungkook suspiró bebiendo aún de la sangre de su adorado rubio mientras sentía al angelito succionar de él completando así no sólo el proceso de transformación si no también, entrelazando sus almas que estaban destinadas a ello desde que se conocieron.

Se separó, lamiendo suavemente el cuello de JiMin viendo la herida cerrar lentamente. El adorable suspiro que soltó su novio le hizo alejarse aún más para inspeccionar su rostro.

Su piel se mantuvo de aquel tono pálido mientras parecía perder el calor humano que le representaba. Jungkook agachó la mirada viendo entonces la herida comenzar a cerrarse, lo habían logrado a tiempo.

Besó su frente con dulzura pensando en los sucesos ocurridos creyendo que el destino era una maldita perra traicionera por haberlo orillado a hacerlo de aquel modo. Sin embargo, no le disgustaba, no es que no hubiese querido convertir a JiMin, era que simplemente quería que éste hubiese vivido bien todas las experiencias humanas posibles, aunque su angelito se aferraba constantemente a él quería que no perdiera su camino mortal antes de pasar a la inmortalidad de repente.

De todos modos ya estaba hecho, por lo que estarían unidos por la eternidad.

Se quedó a su lado durante aquellos meses, su cuerpo se mantenía debido a que Jungkook le daba de su sangre para reponerlo, Jungkook también bebía de JiMin puesto que, una vez que bebes la sangre de tu pareja no hay manera de alimentarte de otra cosa que no sea ella. Aunque intentó cazar animales e incluso cuándo mató a esos tipos que lo orillaron a tal situación; Jungkook enfermó vomitando aquella sangre como si fuera veneno. Confirmó lo que hace años atrás había notado cuándo vio por primera vez al rubio, eran compañeros de vida.

—Jungkook —fue el susurro que soltó el rubio después de seis meses en cama, el pelinegro estaba allí a su lado viéndolo despertar —. Jungkookie.

—Amor —susurró, si pudiera llorar lo haría —. Aquí estoy, corazón mío.

JiMin abrió los ojos mostrándole unos profundos ojos azul oscuro, demostrando su conversión a vampiro completada. Sonrieron antes de que JiMin saltara sobre Jungkook besando sus labios con hambre y pasión gimiendo ambos al tiempo ante el sentimiento abrumador que los embargaba a ambos.

—Oh por todos los cielos —susurró al presenciar una imagen en su mente que Jungkook también vio —. ¿Viste eso?

Jungkook sonrió besando nuevamente sus labios.

—Tienes el don de la clarividencia —murmuró acariciando con la punta de su nariz su mejilla bajando a su cuello —. Bienvenido a la inmortalidad, corazón.

El rubio gimió excitado.

—Ahora estaremos juntos para toda la eternidad, mi Jungkookie —volvió a besarlo.

Estaban dispuestos a aprovechar aquello.



Hola!

¿Cómo están?

Vengo hoy aquí con este Os de temática sobrenatural que tenía guardado en mis borradores. Espero lo disfruten, lo apoyen y les guste tanto cómo a mi me gustó escribirlo.

Eso es todo...


¡Gracias por leerme!

Hee♡