Capítulo: La casa de los susurros
La lluvia caía con fuerza aquella noche, golpeando el parabrisas del coche como si fuera un tambor que no cesaba. Jungkook apretaba el volante, intentando concentrarse en la carretera estrecha que serpenteaba entre los árboles. Taehyung estaba a su lado, inmóvil, mirando por la ventana con una expresión que Jungkook no lograba descifrar.
Habían decidido hacer un viaje juntos, alejarse de todo por unos días. La presión del trabajo, los compromisos, y el peso de ser observados por todos… necesitaban un descanso. Habían encontrado una casa en las afueras, una mansión antigua que había pertenecido a un rico comerciante hacía décadas. Nadie vivía allí ahora, pero se alquilaba a quienes buscaban paz y tranquilidad.
Sin embargo, apenas llegaron, la sensación de incomodidad se instaló entre ellos.
—¿Estás bien? —preguntó Jungkook, rompiendo el silencio que había durado kilómetros.
Taehyung asintió lentamente, pero no lo miró. Su rostro estaba inexpresivo, como si su mente estuviera en otro lugar. Jungkook lo conocía lo suficiente como para notar que algo andaba mal, pero no quiso presionarlo. Tal vez era el cansancio del viaje.
Finalmente, llegaron a la casa. Era más imponente de lo que habían imaginado: una estructura de piedra oscura, con ventanas enormes que parecían ojos observando desde la penumbra. Las luces en el interior parpadeaban débilmente, como si no hubieran sido encendidas en años.
—Es… diferente, —murmuró Jungkook al bajar del coche, intentando sonar positivo.
—Demasiado tranquilo, —susurró Taehyung, caminando hacia la puerta principal. Sus pasos resonaban en el suelo empapado, como si la casa misma los estuviera escuchando.
El interior de la mansión era aún más inquietante. Los muebles estaban cubiertos con sábanas blancas que, bajo la tenue luz, parecían espectros. El aire olía a moho y humedad, como si las paredes respiraran el paso del tiempo.
Jungkook cerró la puerta detrás de ellos y, por un momento, el silencio fue absoluto. Un silencio tan profundo que parecía que la casa los había engullido, alejándolos del mundo exterior. Pero entonces, se escuchó un ruido.
Un leve susurro.
—¿Lo oíste? —preguntó Jungkook, frunciendo el ceño.
—No… —respondió Taehyung, pero su voz sonaba distante, como si estuviera concentrado en algo más.
Durante los primeros minutos, Jungkook pensó que se lo había imaginado. La casa era vieja, era normal que crujiera o hiciera ruidos extraños, ¿verdad? Pero cuando el susurro volvió, más fuerte y más claro, algo se agitó en su interior. Esta vez no fue un crujido ni un simple eco. Eran palabras, aunque no pudo distinguir qué decían.
La primera noche fue larga. Ninguno de los dos mencionó el incidente, pero ambos sabían que algo no estaba bien. Taehyung se había quedado en silencio, y aunque se movía por la casa, parecía ausente. Jungkook lo observaba con preocupación, preguntándose si el lugar había empezado a afectarlo.
Fue en la madrugada cuando ocurrió lo más extraño. Jungkook se despertó con la sensación de ser observado. Abrió los ojos lentamente, y su mirada se encontró con la de Taehyung, que estaba parado al pie de su cama.
—¿Qué haces? —preguntó Jungkook, su voz apenas un murmullo.
Taehyung no respondió. Permaneció inmóvil, su silueta en sombras. Y entonces, después de lo que pareció una eternidad, habló, pero su voz no era la suya.
—No es seguro… —susurró—. Aquí… no es seguro.
Jungkook se levantó de golpe, su corazón acelerado. Pero cuando encendió la luz, Taehyung ya no estaba. La habitación estaba vacía.
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