INTRODUCCIÓN
Jongin, sin saber qué hacer, se dirigió hacia el porche de la casa seguido de cerca por los dos chicos.
Cuando llegó allí, un precioso niño de grandes ojos, (al cual Jongin le encontró parecido a un pingüino) perfectamente vestido de blanco y sin una sola mancha en su inmaculado conjunto, servía limonada para sus hermanos y, por último, para él. Antes de entregarle su vaso, miró de arriba a abajo sus ropas viejas, ahora llenas de barro debidas al gato, y frunció el ceño como si le molestara lo que estaba presenciando. Luego le tendió el vaso cogiéndolo con dos dedos para no rozarlo, como si por tocarlo se le fuera a pegar algo de su suciedad.
Jongin se molestó bastante, por lo que terminó de un trago su limonada y buscó con la mirada al «Pingüino».
Esté estaba tan pensativo sobre qué agregar a su lista que apenas se dio cuenta cuando Jongin le arrebató la libreta y comenzó a leer en voz alta lo que ponía.
-«Mi perfecto príncipe azul. 1) Tiene que ser el más guapo.» ¿Eso es todo? -preguntó bruscamente para molestarlo.
-No, tengo que ir añadiendo las demás cualidades a lo largo de los próximos años hasta que sea mayor.
-Pues yo soy guapo, ¿soy yo tu príncipe azul? -interrogó el niño provocando a Kyungsoo.
-¡No! -gritó el rápidamente, espantado porque ese chico sucio y maleducado pudiera imaginar llegar a ser algún día su pareja.
-Pero soy muy guapo y mi abuela dice que soy el más guapo de todos los niños y que cuando crezca todas las chicas irán detrás de mí. Por lo que soy el más guapo. Y como en tu lista quieres al más guapo, me quieres a mí. Entonces, cuando crezcas, ¿nos casamos, pingüino? - preguntó Jongin con una sonrisa en los labios al advertir lo molesto y ofuscado que estaba Don Perfecto.
-¡No, no, nunca jamás! ¡Tú eres feo! ¡Eres el niño más feo que he visto en mi vida! -chilló Kyungsoo a la vez que le tiraba el resto de su vaso de limonada a la cara.
Todos se quedaron asombrados ese día.
Los hermanos de el «pequeño muermo» presenciaron la escena con la boca abierta y se declararon acérrimos amigos del vecino que había conseguido lo que ellos nunca lograron: sacar de quicio a su inalterable hermano.
Kibum quedó espantado ante el comportamiento de su hijo, sobre todo porque detrás de el venían Eunhee y Sungah, a las que había invitado a su casa mientras no dejaba de alabar lo bueno y educado que era su chiquillo y lo bien que se llevaría con su nuevo vecino.
Sungah, asombrada, no le quitaba ojo a aquel pequeño jovencito que siempre la saludaba amablemente y la ayudaba en las tareas.
Eunhee fue la única que no se extrañó ante la escena; pasó ante los dos y, poniéndole una mano en el hombro a su amigo, comentó:
-No te preocupes, Jongin suele afectar así a la gente. O lo amas con todo tu corazón o lo odias con toda tu alma. Parece que tu niño se ha decidido por la segunda opción.