Otoño
El otoño de ese año pintó las montañas de Belbaz en colores vivos de escarlata, azafrán y rojizo. Las hojas caían como lluvia de oro, creando una alfombra bajo los esqueléticos árboles. En el aire danzaba el exquisito aroma del dulce de calabaza. Y los días eran lluviosos, y las noches estrelladas.