Prólogo
Hace 09 años.
Aysel Watters 🌙.
- A ver ¿porque estas aquí de nuevo? Tenía la esperanza de que está vez no te vería por un tiempo - dijo con tono acusatorio la rubia que se encontraba frente a mi al otro lado del escritorio mientras se acomodaba el cabello.
- Querida Mary - dije con desdén - Dicen que la esperanza es lo último que se pierde No? Quizás también es la última en ser concedida.
La doctora Mary (si es que a este fracaso se le puede llamar doctora) era mi psicóloga desde hace unos meses, era alta y delgada, con un rostro delicado y unos ojos claros. Básica a mi parecer, pero extraordinaria a cualquier otro. Había entrado a este Instituto de forma fraudulenta, no tenía potencial para nada y el dinero y la apariencia hacen muchas cosas.
Y con eso me refiero a que Si. Se acostó con el director.
- ¿Porque agrediste a esa niña hoy?.
- No lo sé, ¿tu porque crees que lo hice? - dije con desinterés, siempre era repetitiva, ¿por qué lo hiciste? ¿que te impulso hacerlo? ¿cómo te sientes con el resultado? Bla, bla, bla.
Mientras ella buscaba en lo más recondido de su cerebro algo que decir. Detalle por décima vez el consultorio. Habían cambiado algunas cosas, la pared de la derecha ya no era blanca, ahora estaba de color durazno, habían cambiado la mesa, los juguetes que estaban a la izquierda ya no estaban y en su lugar una pila de cuadernos, pizarras y colores reposaban.
- Hey - escuche de nuevo y no pude evitar poner los ojos en blanco.
Pobre hombre el que esté con está maldita intensa.
- ¡Ahora Qué! - dije mientras golpeaba mi palma con fuerza contra el escritorio.
Los ojos de Mary se pusieron como platos, y cuando recuperó la compostura sonrió falsamente. Pensé que con eso me dejaría en paz pero estaba equivocada.
- Vas a decirme porque lo hiciste o tu expediente aparecerá tan adulterado que no tendrán otra opción que enviarte a un manicomio maldita loca. - dijo afinando el tono en cada palabra.
He aquí la prueba de que ella no tiene ni la menor idea de lo hace.
Cuando tienes como paciente a una pre-adolescente de 12 años, huérfana, que presenta un cuadro de Trastorno explosivo intermitente, crisis de angustia y trastorno de desregulación del Estado de ánimo...
Sin mencionar la depresión, ansiedad y el Síndrome de Amok.
Silencio.
Cuando tratas con una paciente con semejantes diagnósticos debes cuidar lo que dices.
Ese no fue el caso de nuestra querida Mary.
Lástima.
- Es verdad, debería hacer lo que dices, pero ¿cuando he hecho lo que ordenas? - dije con fuerza.
La rubia tenía cara de susto, el color había abandonado sus mejillas y con mucha razón, podía sentir como mi gesto había cambiado. Ahora tenía una mirada amenazante y una sonrisa lobuna.
- Tus hermanas pagarán si haces algo - dijo tartamudeando.
Y ese fue su peor error, haber nombrado siquiera con esa boca pecadora a mis hermanas.
Como siempre todo paso muy rápido, así era cuando hacia algo que estaba mal. Con la mano tome la pluma que tenía sobre su libreta y de forma ágil lo introduje en su pupila izquierda. Con el impacto cayó de rodillas delante de mi y estando frente a ella vi como el color se apagó en sus ojos.
Ua gota de sangre salía debajo de ellos. De forma automática ls recogí con mi dedo y acaricie su mejilla en gesto tranquilizador.
- Ay Mary, pudimos haber evitado todo esto.
Querías dañarla desde que te la asignaron en la primera consulta.
La gente falsa debería dejar de respirar.
Entonces ¿Porque sigues respirando tu aún?...
- A-ayu... - la pobre no podía hablar.
- Shhhhh tranquila, todo estará bien. - dije en un susurro, quería cantarle una canción de cuna pero no había tiempo ya.
Camine a paso ligero fuera de la habitación. Ya en la puerta me gire para observar su cuerpo agonizante tirado en el suelo. Suspire y seguí mi recorrido.
Nadie noto mi fuga hasta varios minutos después cuando ya me encontraba en la entrada del edificio.
Parada en el umbral sentí la necesidad de correr.
No se porque lo hacía, después de lo sucedido no me sentía mal, al contrario, estaba eufórica y quizá eso era lo que si estaba mal.
Quizás nada. Enserio eso estaba mal. Debes dejar de matar a las personas que no te agradan.
Sabes que es más que eso.
A lo lejos escuchaba a Steven gritar mi nombre.
Pobre hombre, le haces aún más difícil su trabajo.
Su trabajo es aburrido, debería agradecerme por hacerlo divertido.
- Señorita Aysel ¡Haga el favor de detenerse! - Gritaba con fuerza.
Yo sonreí y voltee para asegurarme de que fuera él cuando me tropecé con alguién.
Lo que faltaba.
- ¡Ve por donde caminas! O acaso estas pendejo - le grite.
- Yo sólo... disculpame. - dijo en un susurro.
Lo iba a terminar de insultar y fulminar con la mirada cuando vi sus ojos. Eran sumamente hermosos, y me quedé atrapada en ellos.
El sonrió y al final pude reaccionar. Seguí caminando hasta perderlo de vista pero Steven me alcanzó.
Rayos.
Dijo muchas cosas pero no le preste atención. Nunca lo hacía.
Me subí al auto y el arrancó. A estas alturas ya debieron haber encontrado el cuerpo de Mary y eso era anunció de que habría más procedimientos, papeleos y todo eso.
El inicio de un caos.
Me estaba quedando dormida cuando esos ojos amarillos-dorados cruzaron mi mente una vez más. No tenía ni la mejor idea de quién era el chico, pero si podía ver que era muy distinto a mi.
Diosss, que ojos.
Cuando los vi sentí como si todo se hubiera detenido a mi alrededor. Nuestros ojos chocaron, se podia notar la diferencia entre ellos... Eran como luz y oscuridad, como el Sol y la Luna, como un eclipse entre ellos... Un Eclipse de Estrellas Lejanas...