Empieza el juego
—Repítelo —dijo la mujer que le pisaba la cara al hombre que se atrevió a juzgarla—, repite lo que acabas de decir.
—N-no, yo no dije nada —respondió nervioso con la cara contra el suelo.
—Si vas a hablar, ten el valor de no arrepentirte de tus palabras. Si tú crees que moriré por hacer esto, es mi problema.
Aquella mujer de cabello negro se acercó a la cara del sujeto para jalarle el cabello.
—Cuando no haya futuro ¿en qué pensaremos? La humanidad está al borde de la extinción así que, ¿merece ser salvada? No me molestaría morir por algo como eso, mi cerebro ya fue duplicado para vivir en mi mundo.
La mujer en ese momento azotó la cabeza del joven contra el suelo.
—Un último juego con esas mocosas, además de verlas retorcerse de frustración por intentar detenerme será divertido. El cohete es el inicio de todo lo bueno para mí y todos los que nos ayudan, querido novato. Solamente si este experimento fallara, solo si eso pasara, quizá me sentiría arrepentida.
La científica soltó al chico que había golpeado, se levantó y después puso su tacón en la espalda del joven con fuerza.
—Pero resulta que yo no me arrepiento de nada.
Aquella mujer con bata blanca de laboratorio y cabellos negros que atacó al hombre por juzgar su experimento, por fin lo dejó en paz para después dar media vuelta y retirarse del lugar.
Comenzó a caminar lejos del laboratorio donde revisó los últimos detalles del cohete, mas en la salida se encontró con uno de sus colegas, por lo cual se detuvo. Era el jefe del joven al que habían golpeado. La mujer lo miró a los ojos con seriedad, su mirada sombría además de la pintura negra en sus ojos aterraba a cualquiera.
—La próxima vez que me mandes un «ayudante» trata de que no sea un idiota. No necesito más de esos, ya te tengo a ti —explicó con un toque de ironía—. Ah, y querido —habló la señora dirigiéndose al chico que se estaba levantando del suelo adolorido por lo que pasó—, el juego empezó.








