Prólogo
Desde que tengo memoria, he aprendido que el destino es un misterio, aunque también, tiende a ser predecible y algo absurdo; sé que es complicado y al mismo tiempo tan simple. Básicamente un dilema del universo para tratar de dejarnos confundidos, un constante acertijo que te deja expectante ante cualquier situación.
Y es que en mi caso, es así.
Jodido sea el puto destino…
Ese es el pensamiento que transcurre en mi cabeza después de que algo malo me ocurre, y muy a mi pesar, tiende a ser recurrente.
El destino puede ser jodido, pero también es sabio. Me ha enseñado a ser fuerte, valiente, y sobre todo, cuidadosa.
Aunque, jamás me imagine que el destino sería tan idiota para ligarme a una vida más extraña que la mía, pero lo logró. El muy hijo de perra, lo logró.
¿Quién diría que algunas veces al universo le encanta ser gracioso y jugar sus cartas en tu contra?
Nadie creería eso, en realidad, todos piensan que el destino lo forja uno mismo, pero yo soy de las personas que piensa todo lo contrario. Siempre he creído que no existen las coincidencias, la verdad, pienso que todo sucede por algo, todo tiene un porqué.
Y yo, estoy segura de ello.
Todo comenzó a cambiar con ese inusual sueño y esa bendita mudanza…
Es entonces, cuando el chico de mis pesadillas se hace presente por obras del destino.
Un jodido destino junto a él.
“—Ten cuidado, chica nueva.
—Lo tendré...”