Introducción
La mayoría de las personas ignoran que con cada tic tac del reloj es un momento menos en este plano. El cuerpo envejece, la mente aprende y se llena de sabiduría para transmitir a los demás cuando ya no podamos estar presentes. Eso es un legado y es individual. De hecho, nadie miente cuando dice que mientras seas recordado estás vivo.
Pero, ¿qué sucedería si no te da tiempo de sembrar un legado o de transmitirlo como siempre deseaste? ¿Qué pasa si un día sientes un dolor en un costado y de repente tu familia está llorando desconsolada porque no lograste sobrevivir?
Miles de personas mueren a diario sin merecerlo y los que quedamos en la Tierra simplemente seguimos, rogando porque no nos toque ser uno de esos al mismo tiempo que nos cuestionamos el porqué.
Y es que el dolor de perder a alguien es algo que nunca se alivia. No importan cuantas lunas pasen, siempre va a estar interponiéndose ocasionalmente en nuestra respiración.
Es una pena que nos va a acompañar hasta que sea nuestro momento de partir.
Rose tenía solo 22 años cuando tuvo que ser llevada de inmediato a un hospital en un país donde el sistema de salud no funcionaba como debería. Sin embargo, se encontró con un equipo médico capacitado para atenderla.
El personal luchó para estabilizarla y salvarle la vida pero ella no pudo lograrlo.
Rose falleció el 11 de febrero a las 9:45 de la noche.
Para sus conocidos, amigos y familiares la vida continúa. El reloj no se ha detenido, el tic tac sigue sonando y rastros de Rose han quedado en cada parte de sus vidas y almas, demostrando que no importa el tiempo que estemos aquí, importa el mensaje que dejamos en nuestro paso.