PROLOGO
Dos años antes.
2:00 am.
—“Él lo sabe, tú lo sabes, yo lo sé. Biriridari no lo diré; pero los atormentaré. Ella lo sabe, él lo sabe, yo lo sé. Biriridari, aquí vamos otra vez.
» Él no lo dirá, ella no lo dirá, y yo no lo diré, pero igual los atormentaré. Porque si cae ella, el también; y si cae él, ella también. Biriridari, los atormentaré.
—Una y otra vez, una y otra vez, hasta que comencemos otra vez.
» Hasta que no hablen los visitaré.”
Despierto de golpe sentándome en la cama y respirando entrecortadamente, cuento mis respiraciones tratando de calmarme. Cuando lo logro, me levanto tratando de no despertar a la persona a mi lado y tomo mi celular. Abro los mensajes más antiguos que tengo.
Está pasando de nuevo.
2:00 am.
¿El qué?
2:02 am.
Los sueños o, mejor dicho,
las pesadillas.
2:03 am.
Son solo sueños, no debes preocuparte.
2:05 am.
Tengo miedo.
2:06 am.
¿Quieres que vaya?
2:08 am.
No. Olvídalo.
2:10 am.
Suelto un bufido. «Idealizar a una persona solo porque la extrañas no es bueno» me recuerdo.
Estos mensajes fueron hace dos años, ya ultima vez que nos vimos fue hace tres; pero lo recuerdo como si fuera ayer. Las culpas y los arrepentimientos no se olvidan así de fácil. Y he de admitir que los buenos momentos tampoco.
Apago el teléfono y vuelvo a la cama, me ordeno a mi misma no volver a recordar, no puedo ni quiero hacerlo.
Hasta que no hablen los visitaré.
¿Qué pasaría si…
¡No! Son solo sueños, solo eso.
No te permitas recordar, cada vez que lo hago pasan cosas malas.
Y no imaginé cual era la maldad que avecinaba a mi vida. Debí haberlo previsto, ya había pasado demasiada calma, y todos sabemos que sigue de la calma.