SA 02 - Boleto caliente [EunHae]

Summary

El amor era lo último que esperaba encontrar en la basura. Eunhyuk Lee no cometía errores. Así que cuando él termina cumpliendo servicio comunitario en una planta de reciclaje por comprar inadvertidamente artículos robados, ciertamente es lo peor que nunca le había sucedido. Esto es, hasta que él encuentra en la basura las entradas para un concierto, entradas que inmediatamente desaparecen en el bolsillo del más caliente, y el más desesperante, chico que nunca ha conocido. Donghae Lee nunca ha sido de los que siguen las expectativas de la sociedad. Esto es por lo que él está clasificando basura por destruir el coche de su infiel ex amante en lugar de pedir disculpas. Encontrar esos boletos es un inesperado bono por la maloliente sentencia. Pero cuando un bonito, y explosivo Eunhyuk reclama su parte, Donghae decide que el servicio comunitario podría ser lo mejor que le ha sucedido durante todo el año. Donghae está decidido a mantener a Eunhyuk fuera de equilibrio y abrir la llave de la pasión que siente que se oculta bajo ese almidonado exterior. Eunhyuk está fascinado por la manera escandalosa en la que Donghae le planta cara al mundo. Los opuestos se atraen, ¿pero podrá la pasión del boleto ser algo duradero?

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo Uno

Donghae bizqueó hacia la alarma del despertador sobre la mesa de café. Los años de familiaridad no hicieron una mierda para aliviar la sacudida de pánico y la pesada sensación de que él conseguiría llegar tarde. Otra vez. Rodó del sofá y chocó con las paredes en su camino hacia la ducha. Era probablemente una verdadera pérdida de tiempo ducharse antes de ir a escoger basura, pero no podría enfrentar el mundo del servicio comunitario sin una.

Pensó en el desayuno, él se lo saltaría. El tipo que lo había hecho antes en su trabajo le dijo que el olor sería la parte peor, así que se puso una camisa de trabajo encapuchada para poder tirarla sobre su nariz si se hiciera demasiado malo. Apuntó una nota para Shindong ya que se había olvidado de decirle donde estaría a esta hora ridícula y dejó el apartamento sólo diez minutos después. Si su coche de veinte años arrancaba y si él no golpeaba cada luz, él todavía podría llegar con unos minutos de sobra.

Conseguir que el viejo Bucky arrancara iba a ser lo más difícil, comprendió cuando una ráfaga del amargo viento de enero de HongDae se rasgó por sus fosas nasales y bajó por su garganta, congelando cada cilio en sus pulmones. Al menos hacía demasiado frío como para nevar. Bucky y su sistema eléctrico no habían pensado demasiado en el clima tampoco. El viejo Plymouth todavía tenía corazón, pero no cuando estaban a cinco grados bajo cero. Después de unos estruendos burlones, Bucky se estremeció y murió.

Donghae blasfemó y se colocó sus auriculares, apretando el play de su muy variada lista de canciones —Siwon es un completo idiota.

—Comprobó la hora y blasfemó otra vez, y corrió hacia la parada de autobús, sus pulmones jadeaban mientras ellos rechazaban el frío. Con un último estallido de energía, él se dirigió helado al autobús en la esquina.

El conductor del autobús por lo visto era simpatizante de los camareros helados que corrían por las calles antes del amanecer con órdenes judiciales para trabajar en el saneamiento debido a pequeñas venganzas ejercidas sobre ex amantes bastardos e infieles, ya que el conductor dejó pasar la luz esperando al corredor mientras Donghae cogía aire antes de subir.

Llego sólo siete minutos tarde para la orientación. Si el hombre que lucía de tipo aburrido delante del cuarto tuviera algo útil para explicar sobre la clasificación de reciclados, Donghae no podía oírle. Él necesitaba la distracción tanto de la música que resonaba en sus audífonos como de la camisa de trabajo sobre su nariz para impedir tener náuseas por el olor. Y ellos aún no estaban dentro del espacio de la basura.

Donghae había sido un camarero la mayor parte de su vida adulta, entonces había pensado que sería inmune a los malos olores, pero estaba equivocado. Casi cada otra persona en el cuarto tenía una camisa sobre su nariz. Donghae no tenía ni idea de cómo iba a sobrevivir treinta horas haciendo esto.

Pero entonces pensó en la sonrisa satisfecha de Siwon en la sala de tribunal y apretó sus dientes. No sólo él iba a pasar esto, sino que además iba a jodidamente disfrutar de ello.

Aunque posiblemente no tanto como el sonido del parabrisas del BMW de Siwon estallando cuando él golpeo el palo nueve (1) de Siwon sobre él.

El hedor en la habitación que realmente contenía la basura era unas cien veces peor que en la sala de orientación, pero después de la primera hora, Donghae podía respirar sin el paño sobre su nariz.

La clasificación era bastante fácil, demasiado, cayendo en el ritmo con las canciones en sus oídos. Sus ojos recorrieron un sobre de aspecto familiar, el tipo en que los boletos de concierto siempre llegaban por correo. Él agarró el paquete, el peso y la rigidez de algo en su interior fue evidente a pesar de sus guantes. Al instante, hubo otra mano enguantada sobre el sobre.

Él siguió la mano enguantada hasta un par de ojos azules oscuros bajo un corto cabello chocolate y perfectamente arreglado... demasiado como para encontrarse en un tipo heterosexual... por favor Dios. Sus labios eran llenos en contraste con una mandíbula sólida, afilada como el diamante, y sería una vergüenza si él no pestañeaba para el equipo de Donghae... aun cuando él era un poco más joven y más bonito de lo que Donghae solía imaginar en su cama.

Donghae casi olvidó el sobre entre ellos hasta que sintió que éste se deslizaba. Él renovó su fuerte agarre sobre él.

—Creo que yo lo tenía primero —Donghae se sacó uno de sus auriculares y le dirigió al tipo la sonrisa que le conseguía todas las mejores propinas en La Pomme D’Orée.

Las espesas cejas oscuras se arquearon. —Pero está en mi lado.

Donghae sonrió otra vez y torció su muñeca hasta que el sobre estuvo en su completa posesión.

—¿Por qué no vemos para qué son los billetes? —Se limpió una mano en el muslo del holgado mono gris de trabajo que ellos le habían dado y sacó una esquina de uno de los billetes, deslizándolo lo suficiente para que ambos pudieran leerlo.

—Academia San Martín de los Campos. —El otro hombre susurro las palabras como un rezo—. Ese concierto se vendió casi de inmediato.

Donghae silbó.

—Probablemente porque todos los legisladores estatales agarraron rápidamente los boletos.

—Donghae deslizó el boleto en el sobre y lo metió dentro de su mono de trabajo.

—Espera. ¿Por qué los boletos te pertenecen a ti?

—El indignado a su derecha le recordó a Donghae cada bastardo privilegiado que conocía.

—¿Quieres entregarlos?

—No, pero...

—El tipo era mono cuando chisporroteaba, un rubor oscurecía sus bronceadas mejillas. Ninguna mierda haría que pensara que le pertenecían a él. Además... ¿cómo había conseguido aquel bronceado en enero?

—Mira. Hay dos. ¿Los compartiremos, bien?

—Tú no puedes estar interesado en la música clásica.

Donghae sintió un rubor de cólera.

—¿Y sabes eso sobre mí porque estoy recogiendo basura en el servicio comunitario? ¿Así que estoy estropeado para algo más? Lamento desilusionarte, pero tú estás hasta las pelotas también en esta mierda sin importar como jodido de rico seas.

Donghae observó mientras el otro tragaba, la nuez del tipo bajó a lo largo de la piel bronceada de su garganta. El tipo podría ser un pedazo de asno, pero maldición, ¿dónde había estado ocultándose esta belleza en una ciudad tan pequeña?

—Sólo quise decir...

—Señaló a los auriculares de Donghae.

—Oh —Donghae había estado reciclando mientras escuchaba su colección de heavy metal, y ésta obviamente sangraba hasta por encima del ruido de la clasificación. Ambos eran culpables de hacer juicios repentinos, pero él no creía que el otro tipo mereciera una disculpa.

Él sintió ojos sobre ellos, sabía que ellos estaban a punto de ser regañados por estar parados, y Donghae no pasaría un minuto más que sus treinta horas asignadas haciendo esto.

—¿Mira, por qué no hablamos de esto cuándo salgamos de aquí?

—Él tiro tres botellas de agua en el recipiente para plásticos detrás de él y se estiró por una lata de comida para perros, esperando que su demostración repentina de diligencia mantuviera feliz a quienquiera que los miraba.

Él consiguió un asentimiento con la mandíbula apretada del otro tipo y siguió clasificando.

* * * * *

Esto era la peor cosa que le había pasado alguna vez. La peor cosa que podría pasarle alguna vez. Eunhyuk pasó mucho tiempo asegurándose de no cometer errores. Y ahora él tenía un registro de detención y pasaría los próximos tres sábados cavando por la basura porque él había tratado de comprar a su hermana un lindo regalo de Navidad. Una cosa positiva podría salir de esto... aquellos boletos, que había visto primero pero que de alguna manera había perdido por un hombre que encontró necesario perforar quince agujeros en su cabeza. Era completamente exagerado, ya que la sonrisa del hombre era seguramente lo bastante brillante como para llamar la atención por si sola.

La espalda de Eunhyuk dolía cuando terminó el turno de cinco horas. Él se estiraba por el dolor cuando notó que el tipo perforado desaparecía con sus boletos del concierto.

—Espera —Eunhyuk se apresuró detrás de él.

El otro hombre sacó sus guantes y alzó la vista. Era más bajo que Eunhyuk, con cálidos ojos marrón claro como el whisky, casi del mismo color exacto que la sombra de cabello cubierta de gel y peinada en puntas en su cabeza.

—Oh sí. Mira, hombre, tengo que irme a casa, ducharme y posiblemente quemar esta ropa. Aquí tienes.

—Él sostenía uno de los billetes—. Adivino que te veré allí.

—Yo creía que íbamos a hablar de ello.

—¿Sobre qué?

Eunhyuk necesitaba ambos boletos. Tan pronto como él había oído sobre el concierto, que La Academia San Martín de los Campos vendría aquí, él había tenido el plan más perfecto. Era finalmente lo que él necesitaba para aplacar sus nervios e invitar a Suho a salir, pero mientras Eunhyuk hizo todos los preparativos en su cabeza, los boletos se habían vendido casi tan rápido como habían salido a la venta.

El hombre con la ceja perforada y catorce aros más que perforaban las curvas de sus oídos no podía estar seriamente interesado en pasar una tarde escuchando a Haydn y Boyce.

—Yo sólo pensaba que tal vez...

—¿Yo te daría el otro boleto?

—Podría pagártelo.

—¿De verdad? Porque el precio en él dice que es de las de ochenta y cinco wons y teniendo en cuenta que está agotado probablemente podría sacarle bastante más en el mercado.

Eunhyuk cerró los ojos. —¿Cuánto?

—No quiero venderlo.

El tipo estaba probablemente guardándoselo sólo por más dinero.

—¿No podemos discutir esto? Quiero decir...

El otro hombre se giró con impaciencia, sacándose el sobretodo y colocándolo en el cubo.

—Hombre, yo no estaba bromeando sobre esa ducha. Hey, ¿conoces el Café Heaven en la calle de la escuela?

—Sí.

—Te encontraré ahí en una hora y media, ¿OK?

* * * * *

El chico con los piercings se estaba retrasado, lo bastante como para que Eunhyuk llevara la mitad de su taza de capuchino y empezara a pensar que había sido mandado a paseo. El chico perforado no quería darle su boleto, así que sólo había esquivado a Eunhyuk sin tener la intención de reunirse con él aquí. Si no dejaba de ser tan estúpidamente confiado con la gente iba a terminar en peores problemas de en los que ya estaba.

Él debió sugerir que se reunieran en La Patisserie. De esa forma que podría haber visto si Suho estaba trabajando, tal vez hablar con él sobre la música clásica que se escuchaba en la panadería. Si Eunhyuk no podía conseguir que el chico renunciara al boleto, tal vez podría darle su boleto a Suho. Pero esa sería una excelente primera cita.

—Sólo lo esperaré aquí a que venga.

No, el tipo simplemente debía de querer más dinero. Eunhyuk había estado preparado para gastar doscientos wons en los boletos, por lo que él podría ofrecer hasta esa cantidad. Si el tipo aparecía.

Entonces él lo hizo. La puerta golpeó al abrirse y un golpe de frío se extendió por todo el lugar hasta llegar a la mesa de Eunhyuk en la esquina. El barista agitó una mano saludando al hombre que tenía su boleto mientras caminaba hacia la barra. Él llevaba una chaqueta verde del ejército corta que apenas cubría la cumbre de sus caderas. Sólo sería razonable el que Eunhyuk lo estudiará para llegar a calcular que enfoque debería asumir para conseguir lo que quería. El hecho de que la curva perfecta del trasero del tipo era obvia hasta bajo su chaqueta era sólo un bono extra.

El chico saludó al barista con un beso. Un buen culo, orejas perforadas y besos cariñosos a los baristas masculinos necesariamente no significan nada. Eunhyuk había estado espectacularmente equivocado antes, la última vez había sido lo suficiente tonto como para confiar en sus instintos, por lo que él no asumiría que el otro hombre era gay a menos que el chico dijese algo. Pero si lo era, eso tendría que ser un plus más. Él comprendería los planes de Eunhyuk con Suho y ese boleto.

—Siento llegar tarde —el hombre dijo mientras se deslizaba en la silla frente a Eunhyuk, pero no había sonado en absoluto arrepentido—. Soy Donghae Lee —dijo estirando su mano.

Eunhyuk estrechó la mano que le ofrecía, se sobresaltó por el golpe de calor hasta que se dio cuenta de que era la mano que había estado agarrando la taza manchada de café negro de Donghae.

—Eunhyuk Lee. —Y como siempre hacía, agregó—: Por favor ahórrame las imitaciones de E.T. ya las he escuchado todas.

Donghae sonrío abiertamente.

—Entonces Eunhyuk, ¿cómo fue que la jodiste lo suficiente como para terminar en el lado equivocado de la recolección de basura?

No era como si Eunhyuk no utilizará ese tipo de lenguaje en situaciones justificables, pero Donghae parecía blandir el crudo lenguaje como una extensión de su joyería escandalosa. El padrastro de Eunhyuk siempre dijo que las personas que maldecían demasiado carecían de imaginación.

—Estaba tratando de comprar un regalo de Navidad para mi hermana.

—Suena bastante inocente.

—El regalo resultó ser robado.

—Y como un idiota, había pagado por la bolsa de entrenador con un cheque. Yoona en el trabajo le había dicho que su cuñado le podría conseguir un buen trato.

Eunhyuk simplemente no tenía idea lo bueno que era el trato. Al menos había sido arrestado antes de que le pudiera dar la bolsa a su hermana por lo que nadie en su familia era consciente de su desgracia. Sus padres no leían el periódico de Wonju.

—Posesión de propiedad robada en cuarto grado —aclaró Eunhyuk. Se sintió realmente bien contárselo a alguien que no podía juzgarlo. Después de todo, Donghae difícilmente podría ser crítico cuando debía de haber hecho algo igualmente estúpido—. ¿Qué hay de ti?

Donghae tomó un sorbo de su café, dedos largos se cerraban alrededor de la taza de porcelana en una forma que hizo que la calidez que Eunhyuk había sentido en su mano saltará a su estómago.

—Vandalismo. —La sonrisa de Donghae sugería que no lamentaba para nada ese acto del que había hablado tanto como el haber manteniendo a Eunhyuk esperándolo.

—¿De verdad?

—Oh sí.

Eunhyuk intentó imaginar a este sonriente hombre pintando con aerosol un edificio o quemando neumáticos. Esperó, pero Donghae no ofreció ninguna explicación. ¿Donghae hacía ese tipo de cosas a menudo? En el edificio de saneamiento, Eunhyuk pensó que Donghae se acercaba a su edad, pero ahora, al ver sus manos y su rostro bajo la luz dorada de la cafetería, Eunhyuk creía que Donghae era mayor, demasiado viejo para entretenerse con bromas del estilo de Halloween.

Donghae le observó, la diversión hacía sus ojos marrones claros aún más calientes.

—¿Qué? —Eunhyuk preguntó.

—Luces como si acabaras de comprender que fuiste esposado junto al asesino del hacha.

—Donghae sonrío otra vez y Eunhyuk sintió que el calor golpeaba en él, extendiéndose fuerte y profundo. Suho, se recordó a sí mismo. Suho, que asistía al Instituto Culinario de Nueva Corea y no cometía actos impenitentes de vandalismo y ni tenía quince, Donghae chasqueó su lengua hacia delante mientras bebía de su taza, revelando otra perforación lo que llevaba a dieciséis piezas de metal en su cabeza. Los labios del hombre se torcieron en una sonrisa satisfecha.

—Era una cosa personal. Entre mi ex novio y yo.

La confirmación de que Donghae era gay actúo como un acelerador a aquel calor en el vientre de Eunhyuk. Éste chisporroteó a lo largo de sus nervios, volviendo caliente y sensible su piel bajo su suéter. La información le dio a la mente de Eunhyuk el permiso para volver a recordar el modo en que lucía el trasero de Donghae cuando se había inclinado en la barra para besar el barista, la corta chaqueta que llevada se había subido lo bastante como para mostrar como de apretados estaban los vaqueros sobre su redondo trasero. Los dedos de Eunhyuk se movieron nerviosamente ante la idea de posar su mano sobre él. Se dio una sacudida mental. Suho. El boleto. Eunhyuk tenía planes, y ellos no incluían un desvío para averiguar como aquel piercing en la lengua de Donghae se sentiría si ellos se besaban. Si Donghae lamiera su piel.

La mirada de Donghae mostraba algo distinto a la diversión ahora, y sus ojos parecían más oscuros.

Como si pudiese decir hacia donde los pensamientos de Eunhyuk iban, Donghae presionó la bola del piercing de su lengua entre los dientes y la dejó volver a su lugar con un clic. Eunhyuk lamió la espuma de sus propios labios, aunque no podía recordar la última vez que había tomado un sorbo de su capuchino.

La mirada de Donghae siguió el movimiento de la lengua de Eunhyuk.

¿Era su imaginación o Donghae se había acercado más? El tirón que Eunhyuk sintió dentro corrió hasta su pene y luchó contra la necesidad de salirse de sus jeans. Entonces... se atraían entre sí. Dios sabía por qué.

Había algo acerca de Donghae. Algo acerca de la apreciación en sus ojos que hacía que Eunhyuk quisiera saber de qué tonalidad de café esos ojos serían si la mano de Eunhyuk fuera a posarse sobre el pene de Donghae.

Eunhyuk tenía que conseguir volver las cosas a su cauce.

—Umm, acerca de ese boleto. Estaría dispuesto a darte doscientos por él.

Los ojos del Donghae se ampliaron. —Wow. Eso es definitivamente algo en lo que pensar.

—¿Tú por qué los quieres tanto? —le preguntó Eunhyuk.

—Me encanta la música en vivo y tengo que admitir, que la calidad de ese tipo de presentaciones es bastante raro por aquí.

—Pero Hayden y...

—¿William Boyce? ¿Compositor poco conocido del siglo XVIII? Tengo aquí mismo todas sus sonatas.

—Donghae colocó el caro reproductor de MP3 sobre la mesa y giró la rueda—. ¿Ves? —Él lo giro para mostrarle la pantalla.

—Podrías haberle cargado esas piezas hace un rato.

Donghae se rio.

—¿Así poder subir el precio? ¿Te parezco un estafador revendedor de boletos?

—No. –Eunhyuk no sabía qué hacer con Donghae. Habría jurado sólo una hora antes que él nunca encontraría un piercing en la lengua nada más que repulsivo, pero ahora no podía parar de pensar en cómo se sentiría esa bola sobre su piel, deslizándose por su... por el amor de Dios, Eunhyuk, deja de pensar con tu pequeña cabeza.

Eunhyuk jugueteó con los paquetes de azúcar que había traído a la mesa.

—¿Quieres alguno?

—¿De esa basura? Infierno no.

—Ojalá yo pudiera beber el café negro.

—Realmente deberías rebajar la leche. Le ponen tantas hormonas en eso que te estarán creciendo tetas.

—¿De verdad?

—Oh sí. Al Gobierno no le importa una mierda con qué nos estamos alimentando. Sólo nos quieren dóciles.

Primero los piercings, ¿y ahora Eunhyuk encontraba linda la paranoia? Este había sido un largo invierno. O tal vez sólo necesitaba echar un polvo.

—¿Hay evidencias de eso?

—No han venido prestando ninguna atención durante los últimos diez años. Oh. —La sonrisa de Donghae tomó un aire cínico. —Hace diez años tu todavía jugabas en los areneros.

Cólera más que vergüenza forzó el calor en las mejillas de Eunhyuk.

—¿Entonces quieres los doscientos o no? —Él no iba a entrar en algún tipo de pelea con alguien que creía saberlo todo porque había estado más tiempo en el planeta que él.

—¿Tienes el dinero contigo?

—No. —Y él ciertamente no iba a ser tan estúpido como para pagar de nuevo con un cheque.

Tomó un profundo sorbo de su taza.

—Mira, chico, yo te daré el boleto.

Eunhyuk se ahogó con el líquido caliente en su garganta, llegando finalmente a croar. —¿Qué?

—Todo lo que tienes que hacer es encontrarte conmigo el jueves a las cinco y media en el Verde Loco.

—¿Tan sólo vas a darme el otro boleto?

—Si apareces.

—¿Sólo tengo que mostrarme?

—Principalmente —Donghae se inclinó y limpió los labios de Eunhyuk con una servilleta. Su pulgar rozó la comisura de la boca de Eunhyuk. Con un guiño, Donghae acercó el pulgar a su propia boca e hizo un espectáculo lamiéndolo para limpiarlo.

—Yo... yo creí que la leche era peligrosa.

—A veces el riesgo vale la pena.


1 Palo Nueve: se refiere a un palo de Golf número nueve.