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La vida es injusta y muchas veces nuestro destino también. Pero, ¿que se puede esperar cuando eres el hijo de un criminal?, él, como hijo de Ronal Greco, debía ser el mejor y el número uno en absolutamente todo; no podía darse el lujo de simplemente ser el segundo o el tercero, no, por supuesto que no.
Su padre y la vida le exigían mucho, era el futuro líder y heredero de la mafia más importante y peligrosa de Inglaterra; y aunque muchos podían pensar que esa vida era maravillosa porqué podías darte los lujos que quisieras, tener montones de dinero y gastarlos sin pensar en las consecuencias, las cosas no eran tan fáciles como parecían. Su vida, su mundo, estaba rodeado de sangre, de dolor, tristeza, traiciones. Y a él, le toco experimentar todo eso desde los once años.
Su infancia no fue la mejor, ni una llena de colores, alegría y felicidad. No, su infancia estuvo llena de maltratos, sangre, lágrimas, pistolas y violencia. Siendo tan solo un chiquillo le tocó experimentar y aprender muchas cosas, cuando a esa edad el debía estar comiendo tierra, coloreando o llenándose de pintura. Pero no fue así, jamás fue así.
Tuvo que aprender a vivir así, porqué bien sabía que no tenía escapatoria de ese mundo. Porqué por más que lo intentara —porqué ya lo había intentado— no podia escapar. Al final, siempre lo encontraban. No podía escapar de una vida la cuál le tocó vivir. Lo único que podía hacer era resignarse, nada más.
Pero, cuando conoces a esa persona que te pone el mundo de cabeza, que te hace ver y sentir mariposas, todo lo que somos cambia. Pero eso, le costará mucho a Alexander Greco. Porqué su corazón se había cerrado, lo había envuelto en un témpano de hielo para protegerlo, para protegerse.








