El Inocente Esposo Del Capitán Min (Adaptación)

Summary

Argumento: Con cicatrices de guerra, el capitán Min Yoongi no tenía ninguna esperanza de que los donceles todavía le encontraran atractivo. Ninguno querría consentir en casarse con él - excepto - tal vez, el joven Park Jimin, un doncel con tan poca fortuna que un matrimonio de conveniencia podría ayudar a mejorar sus circunstancias. El poco atractivo y algo tímido, Jimin, aceptó su práctica propuesta - porque estaba a medio camino de enamorarse de él. Tan distante como era Yoongi, sin embargo, ¿Podía tener la esperanza de llegar a su protegido corazón? ***** Obra original: La Inocente Esposa Del Capitán Fawley de Annie Burrows

Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
3.0 1 review
Age Rating
18+

Chapter 1

- Oh, no - murmuró Taehyung a su amigo, el jovencito Park Jimin, abriendo de golpe su abanico y ocultando con el la parte baja de su rostro-. Allí viene el Capitán Min, cojeando, para pedirme de nuevo que baile con él. Y no puedo. Sencillamente no puedo.


Jimin apretó sus labios para ocultar su repulsión ¡Oh!, no hacia el Capitán Min. El pobre hombre no podía evitar lucir así. Había perdido la parte inferior de una pierna y su mano izquierda en la misma explosión que tristemente desfiguró su rostro.

Su párpado izquierdo se mantendría inclinado por siempre en una continuación de la cicatriz que cubría su mejilla, y que retorcía su boca en una permanente expresión de cinismo. No, Saeng no podía sentir más que compasión por él.

Era el comportamiento de Taehyung lo que le molestaba.

El Capitán Min se inclinó sobre la mano de su amigo, sus ojos oscuros se levantaron hacia los de él con obstinada determinación.


- Buenas noches, jovencito Kim, jovencito Park. - Aunque incluía a Jimim en su saludo, sólo le dedicó un vistazo muy breve-. Esperaba poder convencerlo para que baile conmigo esta noche.


- Oh, querido -dijo Taehyung, con tan sólo la cantidad justa de remordimiento en su voz para sonar convincente-. Me temo que mi lista de baile ya está llena. Y aquí viene mi compañero para la cuadrilla.


Miró sobre el hombro del Capitán Min, una sonrisa estiró sus labios en un lindo arco rosa cuando el Barón Dunning se acercó a pedir su mano.

Jimin pensó que no era culpa de Taehyung que las reglas de comportamiento exigieran a un joven reprimir sus verdaderos sentimientos bajo el disfraz de la cortesía.

Pero ciertamente hubiera sido mejor para el Capitán Min si le hubiera dicho cómo lo hacía sentir. Así no seguiría acercándose a él y siendo despreciado tan sutilmente sin saber que la sola idea de que él la tocara hacía que Taehyung sintiera náuseas.

Jimin le lanzó una mirada conmovida mientras él miraba a Taehyung caminar

hacia la pista de baile del brazo de su corpulento y joven acompañante.

El Capitán Min debió haber sido bastante apuesto, suspiró melancólico. Cabello oscuro, ojos igualmente oscuros, con características que aún eran visiblemente agradables, incluso bajo esa horriblemente enrojecida y arrugada piel.


Mientras que no había ningún atractivo en el Barón Dunning. Tenía un mentón débil, que se hacía más notable por una boca repleta de unos dientes prominentes, y su piel era un grasiento caldo de supurantes pústulas.


- Mucha gente sufre de granos -protestó Taehyung cuando Jimin señaló que la tez del Barón Dunning no era mejor que la del Capitán Min-. ¡Él no puede evitarlo!


Además, él tenía un título. Todo lo que el pobre Capitán tenía para ofrecer era su devoción. Y Taehyung podría protestar diciendo que habría odiado verse ridículo cojeando en la pista de baile con un hombre que tiene una pierna falsa, pero no le preocupaba cómo luciría al bailar con el tambaleante Conde de Caxton. El chisme era que el viudo cadavérico iba en busca de su tercer esposo, y sin embargo Taehyung estaba listo para ahogar sus remilgos a cambio de algo que siquiera se aproximara a un título.

El empobrecido Capitán Min no podría esperar esa consideración


― ¿Cómo podría dejar que me tocara con esa mano falsa? ―se quejó Taehyung la noche anterior, cuando se preparaban para dormir al final de un largo día de cacería de marido. Se le ocurrió a Jimin, mientras su amigo se aplicaba agua de piña en la piel, que era muy apropiado referirse a las primeras semanas de la primavera como "la Temporada". Las y los debutantes acechaban a sus presas tan despiadadamente como lo hacían los deportistas al cazar urogallos, despojando a confiados solteros de sus refugios con un remolino de trajes y faldas de seda, para luego meterlos en sus bolsas tras dispararles con el fuego de un par de ojos chispeantes. O los atraían hacia sus trampas cebadas con dulces sonrisas y persuasivas palabras.


― Es muy difícil saber si es su mano falsa, ha sido muy bien hecha―, señaló Jimin ―. Luce como la mano de cualquier otro caballero cubierta con un guante de noche.


― Pues yo habría sabido que era una cosa muerta, descansando sobre mi brazo―. Taehyung se estremeció―. ¡Eeugh!


En cuanto la orquesta empezó a tocar, el Capitán Min se percató de su presencia. Girando hacia Jimin, inclinó su cabeza y tendió su brazo. Su brazo derecho. Él había notado en ocasiones anteriores que si ofrecía su brazo a un joven o a una dama, nunca era el izquierdo que estaba amputado.


― ¿Damos una vuelta por el salón? - Jimin sonrió, y puso la mano sobre su manga. Mientras levantaba la mirada, se le ocurrió que llevándolo del lado derecho tenía también la ventaja de presentar el lado sano de su rostro a su escrutinio. Una punzada de simpatía lo hirió.


Él era lo suficientemente sensible a su apariencia, sin necesidad de chicos como Taehyung restregándoselo por la cara. Incluso dejó crecer su pelo más de lo que estaba a la moda, llevando una parte al lado izquierdo de su frente, en un esfuerzo por ocultar lo peor de sus cicatrices.

Se ubicaron a un lado del salón, en el área detrás de las columnas que marcaban los límites de la pista de baile. El paso del Capitán Min era un poco desprolijo, tenía que admitirlo para ser justo con Taehyung. ¡Pero por ningún motivo cojeaba! Y aunque nunca había bailado con él, tenía la certeza de que él no luciría peor que muchos de los hombres que estaban allí esa noche, moviéndose atropelladamente en ajustados chalecos y rostros maquillados.


― Puedo ver que usted preferiría estar en la pista de baile ―dijo el Capitán Min, al notar la dirección de su mirada―, que aguantando mi compañía. Lo escoltaré hacia su madre.


― ¡Oh, no, por favor!


Él lo miró con curiosidad.


― Prefiero estar paseando, en lugar de quedarme marchitándome en una esquina.


Su lista de baile, a diferencia de la de su amigo, tenía pocos nombres. Si el Capitán Min lo abandonaba, sería humillantemente obvio que no tenía pareja.

Sintió como si últimamente sólo bailaba si uno de los admiradores de Taehyung sentía lástima por él, como el Capitán Min lo hacía ahora.

Y a diferencia de algunos de esos caballeros, el Capitán Min era invariablemente atento y cortés, casi haciéndolo creer que disfrutaba hablar con él.

Y lo que era más, estaba seguro de que él nunca hubiera participado en el tipo de conversación que él había escuchado hacía no más de media hora. No es que culpara al Barón Dunning por compararlo desfavorablemente con Taehyung. Aunque los dos tenían cabello oscuro, los rizos de Jimin se habrán alisado para el final de la noche.

Sus ojos, además de ser cafés, más frecuentemente mostraban una mirada modesta que un brillo ingenioso. Su tez, gracias a una inflamación de los pulmones que sufrió en los meses de invierno, posiblemente, aceptaba él, a la luz de las velas se veía un poco amarillenta. Y cuando se paraba junto al más alto y bien proporcionado Taehyung, imaginaba que entendía por qué el Señor Taeyan lo comparó cruelmente con una estaca.


El saber que no habían dicho algo incierto no hacía los comentarios menos hirientes, por eso se sentía tan agradecido con el Capitán Min quien se dignaba a pasar aquellos pequeños momentos con él.

Cuando pensó en las aventuras que debió tener, en sus días militares, se asombró de que pudiera hablarle tan amablemente de aspectos triviales, a un jovencito provincial

como él.

Él le ofreció su irónica, asimétrica sonrisa, la cual de alguna manera lo hacía querer levantar sus labios para imitarlo.


― Entonces vamos y probemos los refrigerios ―sugirió él, llevándolo hacia la puerta al lado del salón, opuesta a donde la orquesta tocaba.


― Gracias, me encantaría.


Jimin deseaba muchísimo que él se quedara acompañándolo para tomar un vaso de limonada. No habría mucha conversación, pues después de su estallido de placer inicial al asegurar la atención de él, a Jimin sin duda se le trabaría la lengua. Él había experimentado tanto ya, cuando él apenas había puesto un pie fuera de la parroquia de su padre antes de este viaje a Londres. No es que él personalmente relatara cómo había combatido en su paso por la Península antes de sufrir las horribles heridas en Salamanca que lo dejaron entre la vida y la muerte durante meses. No, esa información la había averiguado por las amigas de su madre, que se habían propuesto saberlo todo de todos.

Habían sacudido sus cabezas, expresando pena al relatar lo que sabían de su historia, pero Jimin sólo podía admirar la determinación con la que luchó para recuperarse hasta llegar a su estado actual. Hace lo que cualquier hombre sin limitaciones hace, aunque le cueste el doble de esfuerzo. Porque incluso aprendió a montar a caballo. Él lo había visto en un par de ocasiones, galopando por el parque en la madrugada, cuando no había muchas personas todavía. A Jimin le parecía mucho más viril que los dandis de moda que vagaban por los salones de Londres. Él había superado todo lo que la vida le había deparado, lo cual podía verse, sólo con mirarlo, que había sido bastante.


Jimin sintió ese primer sonrojo traicionero que subía a sus mejillas, el que siempre lo traicionaba en este punto de sus encuentros. ¿Podría decir él que lo causaba el interés por un hombre como él, un hombre que había vivido de verdad? Aunque Young Saeng sabía que, sin importar lo que dijera, él nunca le daría una de esas miradas

condescendientes, que muchos solteros elegibles habían llegado a convertir en arte. Él era tan amable, tan magnánimo, tan...


- Dígame -dijo él, mientras se dirigían a la mesa donde había un gran tazón de ponche-, ¿Qué debe hacer un hombre para asegurar un baile con su amigo?


El vuelo imaginario de Jimin explotó en el aire, cayendo a tierra como un cohete gastado. Él no había buscado su compañía porque la deseara. Jimin era sólo el medio por el que él se acercaría a Taehyung. Claro que un hombre como él no iba a pasar voluntariamente su tiempo con un apagado, soso, ridículo, ignorante, pobre, simple... y no olvidemos, tímido, torpe, aburrido...

Él se recompuso con esfuerzo, y forzó una amable sonrisa en su rostro, mientras el Capitán Min continuaba, - vine intencionadamente temprano esta noche, y su lista de baile parece estar llena.


- Estaba llena antes de que llegáramos -dijo Jimin.


No debería decirle eso, pues sin importar lo que hiciera, Taehyung lo rechazaría. No sólo lo encontraba físicamente repulsivo, también tenía sus ojos puestos en un título. Formar un lazo con un plebeyo no era parte del plan de Taehyung.


- ¿Antes de que ustedes llegaran? -el Capitán Min llamó a un mesero para que le diera a Jimin un vaso de limonada.


- Sí -confirmó él, su corazón se desplomaba mientras el mesero le tendía la bebida en una gran copa. Tardaría toda la vida beberla y, por alguna razón, Jimin ya no quería pasar un momento más con el Capitán Min. Había una ácida pesadez en su estómago, su garganta le dolía y, para su molestia, sus ojos empezaron a picarle con lo que él temía que eran florecientes lágrimas. No quería que lo viera llorar. ¡Dios, no quería que nadie lo viera llorar! ¡Qué clase de tonto rompe en llanto porque cada hombre quiere bailar con su amigo y no con él!


Bebió un trago de su bebida, paralizado cuando el vidrio sonó contra sus dientes.

Sus manos temblaban.


- ¿Se siente bien, jovencito Park? -el Capitán Min lo miró consternado.


Su corazón dio una extraña sacudida mientras pensaba en lo observador que era.


- Yo... -Mentir era pecado. No lo haría. Aun así, sólo quería escapar. Si distorsionaba la verdad, sólo un poco... no habría daño en eso, ¿O sí? - Creo que después de todo sí quiero volver con mi madre y sentarme con ella, si no le molesta.


- Claro. -El Capitán Min tomó su copa y la puso en la saliente de una ventana.


Enganchó la mano de él de su brazo, llevándolo fuertemente contra su cuerpo para apoyarlo en su desmayo mientras lo acompañaba a la puerta. Jimin nunca había estado tan próximo a otro hombre, a excepción de su padre. Eso hizo acelerar su corazón al sentir el calor de su cuerpo filtrándose por la chaqueta de su uniforme. Podía sentir la flexión de su cuerpo musculoso con cada paso que daba, y un pequeño cambio de presión con cada inhalación y exhalación. Y si Jimin podía sentirlo a él, entonces él debía saber que él temblaba. Oh, rogó a Dios que lo atribuyera a una debilidad física, y no notara que la había devastado con su imprudente comentario.

Su madre estaba sentada en una banca con muchas otras chaperonas, damas cuya tarea era asegurarse de que sus representados mantuvieran el delicado balance entre hacer un gran esfuerzo para llevar a un soltero elegible al matrimonio y a la vez comportarse con el suficiente decoro para eludir un escándalo.


- Señora Park -dijo el Capitán Min, haciendo una reverencia-, me temo que su hijo no se siente bien.


- ¡Oh, querido! -Los ojos de su madre pasaron de Jimin hacia donde estaba

Taehyung dando vueltas alegremente con el Barón Dunning. -Apenas llegamos y Taehyung está teniendo tanto éxito... él no querrá irse. ¿De verdad necesitas irte a casa? - Se corrió a un lado para que Jimin pudiera sentarse junto a ella. Tomó su mano entre las suyas y le dio un apretón. - Jimin estuvo muy enfermo por las

navidades, casi decido no venir a Londres. Pero Taehyung estaba tan entusiasmado...- le explicó al Capitán Min.


- Estaré bien, Madre. Si puedo sentarme tranquilamente un rato...


- Tal vez una vuelta por el jardín, para tomar aire fresco -sugirió sonriente Lady Honoria Vesey-Fitch, una vieja amiga de su madre-. Estoy segura de que el Capitán te acompañaría.


Oh, no. Ya era suficientemente malo que él no quisiera bailar con él, ni imaginar arrastrar al pobre hombre al jardín en lo que sería una actividad inútil. No habría aire fresco suficiente que lo hiciera sentir mejor. Al contrario, sabiendo que el Capitán Min desearía estar en cualquier lado mejor que con él, sólo serviría para hacerlo sentir diez veces peor.


- ¡Oh, no! -Para el descanso de Jimin, su madre vetó la sugerencia. -El aire frío de la noche sería más perjudicial para su salud después del calor del salón. ¡No quiero que se resfrié encima de todo lo demás!


¿Encima de todo lo demás? ¿Adivinaría su madre que su único hijo había sido herido por un severo caso de culto al héroe? Aunque, ¿Cómo podría, cuando Jimin mismo recién lo había descubierto? Esa sería la única razón que explicaría el que su corazón se encogiera al ver los ojos del Capitán Min cada vez que Taehyung lo rechazaba, el pequeño salto que dio cuando él giró, aunque con resignación, hacia Jimin.


- ¿No hay nadie que pueda acompañar al jovencito Park a casa? -dijo el Capitán Min, y luego, pensativo, se atrevió- O, tal vez puede llevar usted a su hijo a casa si me confía el cuidado del jovencito Kim. Le aseguro que...


Eso fue demasiado. Él pensaría con buena gana en cualquier excusa para sacarlo a él del camino, para así tener a Taehyung para él. Irguiéndose en su silla dijo.


- No hay necesidad de que alguien se vaya, ni ninguna alteración a nuestros planes. Estaré bien, si puedo sentarme tranquilamente un rato.


- Oh, pero gracias por preocuparse, Capitán-, dijo su madre rápidamente. -Por favor, visítenos mañana si aún se sientepreocupado por la salud de mi hijo.


Una expresión contenida cubrió su cara.


- Lo haré -dijo él, un destello brillando en sus ojos.


Jimin bajó la mirada hacia sus manos mientras las cerraba sobre su regazo. ¡A

él le importaba bien poco su salud!Simplemente se percató de que visitándolos podría enterarse del evento social al que Taehyung iría la noche siguiente. Aún con todos sus atributos masculinos, se veía claramente que no sabía galantear con donceles o mujeres de sociedad. Con frecuencia llegaba tarde a los bailes, luciendo nervioso, como si hubiera buscado en muchos lugares hasta encontrar el adecuado. Pero ahora había descubierto los medios por los que sus rivales le habían ganado la marcha. Llegaban a visitar durante el día, y por medio de halagos o franco soborno, lograban obtener una promesa de baile de sus amados incluso antes de pisar el salón de baile.

Mañana él se uniría a la fila de admiradores que llegaban para enviar flores y tomar té a la vez de competir por los favores de Taehyung.

Tal vez sería mejor tener una recaída al día siguiente, pensó Jimin. No quería

pensar en presenciar semejante humillación.


Se sintió un leve aplauso al terminar la música, y los bailarines empezaron a

abandonar la pista de baile. El Barón Dunning llevó a Taehyung, correctamente, hacia la

señora Park. Él abrió su abanico, y lo llevó rápidamente hacia su rostro, ignorando enfáticamente al Capitán Min.


- De hecho -le dijo el Capitán en un esfuerzo, estaba convencido Jimin, por dirigir la brillante mirada de Taehyung hacia él. - el jovencito Park se ha visto

superado por el calor.


- ¿En serio? -Instantáneamente Taehyung dejó de lado lo que pensaba Jimin que eran sus maneras de salón de baile y lo miró preocupada. -Oh, no me digas que te enfermarás de nuevo, Jiminie.


- No me enfermaré -repuso, poniéndose nervioso al convertirse en el centro de atención. - Estaré bien, si todos me dejan solo-. Para su mortificación, las lágrimas

que lo amenazaban brotaron; y a pesar de parpadear con fuerza, una cayó por su mejilla.


Rápidamente la limpió con su guante.


- Oh, Jiminie -dijo Taehyung, con ojos cariñosos-. De verdad no estás bien.

Debemos irnos a casa.


- No, no, no quiero arruinarte la noche.


- Y tú tienes tantos nombres distinguidos en tu lista de baile -señaló la señora Park -. No querrás decepcionar a tantos caballeros...


- ¡Oh, bah! - Dijo Taehyung, inclinándose y tomando la mano de Jimin-

Puedo bailar con ellos mañana. O la noche siguiente. Pero nunca me perdonaría si Jimin sacrifica su salud por mi diversión.


Jimim se sintió abrumado por la culpa. No le sorprendía que los hombres prefirieran a Taehyung antes que a él. No sólo era más bonito, también era más amable.

El Capitán Min ciertamente lo pensaba. Sus ojos brillaban de admiración mientras ordenaba a un sirviente que trajera su carruaje. Caía más y más profundo en el hechizo Taehyung con cada encuentro. Justo como él, notó Jimin, ahogando un

sollozo, se estaba enamorando inútilmente de él. Sintió una abrumadora urgencia de aferrarse a él cuando finalmente lo entregó a su madre. De lanzar sus brazos alrededor

de él y rogarle que olvidara a Taehyung. ¡En un salón de baile!


Permitió a Taehyung y a su madre empujarlo hacia el salón de descanso de donceles y damas mientras esperaban su carruaje y luchó contra la revelación de que había perdido su corazón por un hombre que apenas notaba su existencia.


- Lo lamento -dijo cuando se subieron a la carroza-. Arruiné tu noche, TaeTae, y no es que me sienta tan mal.


Taehyung sujetó su mano.


- No me importará retirarme temprano una noche, de verdad, te lo aseguro-. Últimamente las cosas parecen haberse convertido en una especie de torbellino.


- Era más fácil, en cierta manera, cuando vinimos por primera vez a Londres, y no conocíamos a nadie.


Eso era antes de que Taehyung se convirtiera en un éxito. Su triunfo tenía atónita a la señora Park, quien lo había prevenido de esperar mucho de la sociedad. Porque aunque Taehyung fuera tan guapo, tan encantador, y tuviera tanta riqueza, esa riqueza venía del comercio.


- Puedo presentarte en un cierto nivel de la sociedad -le había dicho.


Esa era la razón por la que la madre de Jimin actuaba como chaperona, después de todo. Su propio linaje era impecable. Su único problema era la falta de dinero. Como la familia de Taehyung tenía bastante, llegaron a un acuerdo mutuamente beneficioso. La señora Park presentaría a Taehyung junto con su hijo, y los padres de Taehyung pondrían el dinero para ambos chicos.


- Pero no hay garantía de que te acepten.


De hecho, en las primeras semanas de la temporada, pasaron más tiempo en casa

que saliendo. Ahora, tienen tantas invitaciones que incluso han tenido que rechazar algunas, o ir a varios eventos en una noche.

Y naturalmente, como los padres de Taehyung asumían los costos, la señora Park se sentía obligada a asegurarle la oportunidad de relacionarse con la clase de hombres que consideraba dignos de ser esposos.

Ellos no eran en absoluto lo que Jimin quería. Él esperaba poder conocer a un hombre joven al que no le importara que él no tuviera riquezas. Que estuviese buscando una ayuda idónea. Un chico que no le exigiría que lo mantuviera viviendo en una espléndida indolencia, sino que estaría preparado para administrar su casa con un presupuesto ajustado, y criar a sus hijos con una actitud entusiasta.


Debería haber muchos jóvenes hijos de buenas familias que quisieran un esposo confiable y habilidoso. Cuando llegaron por primera vez a Londres, guardaba la esperanza de conocer a un hombre así. Pero ya no, desde que habían empezado a mezclarse en los más altos círculos sociales para satisfacer las ambiciones de Taehyung.


Young Saeng suspiró pesadamente más de una vez mientras el carruaje los llevaba a su casa alquilada que quedaba a unas cuantas calles. En la pequeña ciudad donde él había crecido, habría desdeñado cabalgar esa corta distancia, cuando era perfectamente capaz de caminar. Pero en Londres, estaba sujeto a todo tipo de ridículas restricciones.

Un lacayo sujetó su brazo cuando él tropezó al salir de la carroza. Contratado para la Temporada, naturalmente, al igual que la casa que alquilaron en la Calle Half Moon.

Extrañaba mantener una conversación sin preocuparse de que los sirvientes, que eran desconocidos en los que no confiaba, estuvieran escuchando. Extrañaba poder salir a caminar sin que uno de ellos lo siguiera, porque era lo apropiado. Y realmente, que tonto era estipular que se requería que un criado tocara a la puerta de cualquier casa a la que llamaran. Como si los nudillos de un joven doncel fueran demasiado delicados para esa tarea.


A duras penas se controló de sacudir su brazo para deshacerse del lacayo, pero en cuanto empezó a subir los escalones hacia la puerta principal, se sintió momentáneamente mareado, por lo que se alegró de no haberlo hecho. Un poco después, en un parpadeo se encontró sentado en el sillón de su bonita estancia, una doncella estaba arrodillada a sus pies quitándole sus zapatillas, y Taehyung cernido sobre él, abanicándole la cara. Su madre estaba detrás de su silla, apresurándose a aflojarle el chaleco.


- ¿Me desmayé? -preguntó, sintiéndose completamente confundido.


- No precisamente -replicó su madre-, pero tu cara se puso blanca como un papel. Debes irte a la cama. Jones- se dirigió a la doncella, - vaya a la cocina y tráigale una bebida a Jimin-. Al notar el desconcierto de la mujer, continuó implacablemente -el jovencito Kim y yo somos capaces de desvestir a mi hijo y llevarlo a la cama. Lo que él necesita de usted es un chocolate caliente, y un poco de pan y mantequilla. Has perdido peso estas últimas semanas -dijo, dirigiéndose hacia los omóplatos de Jimin mientras le quitaba el chaleco y la camisa. -Has hecho mucho alboroto, aumentando cada vez más tu cansancio, y apenas picoteas tu comida...


- Lo siento mucho -dijo Taehyung en este punto-. Debí haberlo notado. Por favor, di que me perdonas por haber sido tan egoísta. He estado tan pendiente de mi mismo. Mi éxito se me ha subido a la cabeza...


- Creo -dijo la señora Park, poniendo de pie a su hijo, y llevándolo a la cama- que le hará bien a ustedes dos pasar un par de días en casa. Podemos decir que se debe al malestar de Jimin, pero realmente, Taehyung, me he estado preocupando mucho por ti también.


- ¿Por mí? - Taehyung se dejó caer en una silla junto a la cama mientras la señora Park recogía el camisón de Jimin y lo llevaba hacia su cabeza, como hacía cuando Jimin era un pequeño en casa del vicario.


Jimin decidió que valía la pena estar un poco enfermo, para deshacerse de esa doncella, y tener a su madre y a Taehyung para llevarlo a la cama siendo él mismo, y no ese estirado debutante que fingía ser, tratando de engañar a un pobre hombre para que se casara con él.


- Sí, por ti. Sabes, Taehyung que nunca consentiría a ninguno de esos sujetos

aprovechándose de mi Jimin.


En ese momento, los dos chicos miraron con sorpresa a la señora Park.


- Creerás que haces bien atrayendo la atención de tantos hombres con títulos, pero me di a la tarea de saber más de ellos, y la triste realidad es que son cazadores de fortuna.


- Bueno... -Taehyung hizo una mueca -...Tengo una fortuna. Y quiero casarme con alguien con título.


- Sí, pero creo que podrías mostrar un poco más de criterio. En los próximos días, creo que sería sabio considerar a los caballeros que te han prestado atención más cuidadosamente. El Barón Dunning, por ejemplo, sólo obedece a su mami cuando te corteja. Ella quiere casarlo, para así no tener que hacer las economías que se le han hecho necesarias por las deudas de juego de su difunto padre. No será un esposo amable una vez que te haya llevado al altar. Porque ¡Es poco más que un colegial!


- ¿No crees que le gusto? -dijo Taehyung en voz baja.


- Oh, creo que le gustas lo suficiente. Si debe casarse con una fortuna, claro que preferirá que venga envuelta en un lindo papel de regalo. Pero, ¿No crees -dijo en un tono más amable- que mereces más que eso?


Taehyung inclinó su cabeza, sus dedos contorneaban su abanico.


- Y en cuanto al Conde de Caxton...


Pero Jimin nunca pudo descubrir lo que su madre pensaba del Conde de Caxton. La doncella volvió, llevando una charola cargada con una jarra de chocolate, un plato de pan y mantequilla, y un pequeño vaso de algo que olía como alguna bebida

espirituosa.


- ¡Ah, lo apropiado para la debilidad! -apuntó entusiasta la señora Park, sorprendiendo a Jimin aún más. Su padre, el Reverendo Park, había sermoneado con frecuencia a su rebaño, y arduamente, sobre la maldad de la bebida. Y no había nunca algo más fuerte que la cerveza servida en su mesa-. Muy considerado de su parte, Jones, gracias. Y ahora, Taehyung, creo que ya es tarde y debes ir a la cama tú también.


Se inclinó para besar la frente de su hijo, deteniéndose para estirar un disperso mechón de pelo antes de concentrarse en su otra carga. Taehyung se detuvo en la entrada para mirar a su amigo, sabiendo que estaba a punto de sufrir una de las pacientes pero

insoportables lecciones de su madre.

Bajo el atento ojo de Jones, Jimin comió todo el plato de pan con mantequilla, y luego, tapando su nariz, tomó lo que le habían dicho que era brandy, de un sólo trago tal como la vil medicina que él consideraba que era; luego se acurrucó en las almohadas para disfrutar de su chocolate.


Un calor placentero se metió por sus extremidades mientras sorbía la bebida

caliente, y pudo sentirse relajada. Muy probablemente se había fatigado demasiado, entre una cosa y otra, reflexionó, dejando escurrir un bostezo soñoliento. Quizás, luego de un día o dos recuperándose podría poner en la perspectiva adecuada los sentimientos

desajustados que sentía por el Capitán Min.

Y cuando volviera a verlo, podría sonreírle con perfecta ecuanimidad. A su corazón no se le escaparía ningún latido, podría respirar con normalidad y no se ruborizaría, ni se quedaría sin habla. Y si él llegara a tomar su brazo, Jimin no sucumbiría a la tentación de apoyarse en él y disfrutar el sentir toda esa fuerza y vitalidad masculina oculta bajo la tela de su uniforme.


Él estaba lejos de ser tan sensible como para ceder ante el primer encaprichamiento que empezaba a sentir por un hombre. Sólo un tonto dejaría que su cabeza diera vueltas por un abrigo escarlata y una traviesa sonrisa, se dijo a sí mismo duramente. Debía recoger esos sentimientos. Él era el sensible, práctico jovencito Park Jimin, que podría tomarse como referencia de un comportamiento correcto, sin importar los vientos que soplaran su suerte. ¿No había permanecido firme cuando su madre colapsó luego de la repentina muerte del Reverendo Park? Aunque él también estuvo de luto y se conmovió al descubrir que su amado padre los había dejado con escasos dos cuartos de peniques para apañárselas, negoció con los abogados, evaluó su presupuesto, encontró una casa modesta y contrató a los pocos sirvientes que ahora podían pagar.


Había negociado con el nuevo dueño, que los quería fuera de la casa del vicario apenas a un mes de la muerte de su padre, e incluso consiguió entregar las llaves de la única casa que conocía a su bonita y joven esposa sin derramar una lágrima.


Comparado con eso, este inconveniente deseo que sentía por un hombre

inalcanzable no era nada.


Volviendo a bostezar, empujó el cobertor hasta sus orejas, recordando que de todos modos no tenía energía para desperdiciar tejiendo sueños sobre el elegante Capitán Min. De lo que debería preocuparse era de lo que él y su madre harían una vez que Taehyung hubiera atrapado a su elegible, y ellos ya no tuvieran motivos para que los Kim pagaran sus cuentas.

Si esa noche le había enseñado algo, era que él también debería dejar de esperar conocer a alguien que quisiera casarse con él y milagrosamente hacer que todo esté bien. Y sabía desde hace mucho que no podía simplemente volver a Lower Wakering al final de la Temporada, y seguir siendo una carga para los escasos recursos de su madre.

Era cuestión de tiempo, decidió mientras sus ojos se cerraban, que idearía un plan para establecer su futuro para él mismo.

Por él mismo.


**********


Regresé con una adaptación y espero que les guste.


Trataré de actualizar seguido.


Esta adaptación sólo cuenta con 13 capítulos.



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