Capítulo Uno
Con el artículo del tabloide (1), que podría cambiar su vida, agarrado en la mano, Shindong entró en el estudio de fotografía profesional que ocupaba la mitad del almacén en el centro de Jangam. Las voces resonaban en el alto techo. Los cables eléctricos se extendían por el suelo de hormigón. El edificio, remodelado con buen gusto, contenía luces, cámaras y una docena de miembros del personal. Un grupo más grande de lo que le gustaría, para la tarea en cuestión.
En serio ¿cuántas personas se necesitaban para preparar un anuncio de ropa interior? No había hablado con Yoseob desde hacía diez años. Ver a su exnovio sería bastante incómodo. Pero ¿confrontarlo con audiencia…?
—Perdone señor —una voz femenina interrumpió sus pensamientos—. Usted no debería estar aquí.
Santo Judas. Quienquiera que ella sea, debe ser psíquica.
El absurdo pensamiento trajo un toque de humor a los labios de Shindong, mientras se movía para enfrentarse a la pequeña y posiblemente clarividente morena, que se acercaba. Con rasgos delicados, ella parecía pesar como máximo unos cuarenta kilos, por lo que la expresión furiosa de su cara parecía cómica y fuera de lugar.
—Tendrá que marcharse —prosiguió ella.
—Estoy aquí para ver a Yoseob Yang.
Eran unas palabras que no había esperado pronunciar nunca, especialmente, después de cómo todo terminó entre ellos.
Su tono no sonaba acogedor. —¿Está esperándole?
—¿Después de este artículo? —Shindong levantó la portada de la revista—. Supongo que sí.
Pasaron varios segundos antes de que la morena escudriñara los titulares. Su mirada se desplazó, probablemente para mirar la reciente foto de Shindong. En el mejor de los casos, sus rasgos faciales estaban borrosos, el encuadre se centraba especialmente en su cuerpo mientras se movía, pero parpadeó en reconocimiento.
Su mirada se encontró con la suya. —¿Es usted el Doctor Hee?
Desafortunadamente, sí —dijo secamente, porque la mayoría de los días le gustaba ser Shindong Hee, cofundador de la Front Street Clinic (2).
Una mirada de simpatía apareció en su cara. —Le llevaré con el señor Yang.
Shindong le dirigió una pequeña sonrisa. Aparentemente, con la humillación pública, se ganó la cooperación de completos extraños, extraños de cuarenta hostiles kilos para ser más exactos.
—Es por aquí. —La morena giró sobre sus talones cubiertos por botas y se dirigió hacia el centro de actividad más alejado del almacén.
Mantuvo el papel firmemente apretado y la siguió. Hacía un mes, el primer artículo había golpeado en las portadas, proclamando que Yoseob Yang, especialista de Jeju, adorado defensor de pacientes con cáncer y modelo de ropa interior de diseño, no era completamente heterosexual. El público se esforzaba por digerir la noticia de que, una de sus celebridades favoritas había jugado una vez para ambos equipos. O todavía lo hacía, por lo que Shindong sabía. Nada de eso le había afectado directamente hasta que en el artículo de ayer, incluyeron una foto de su exmujer y otra con su novio de la universidad, Shindong Hee.
Shindong había sido abiertamente gay durante años. Las miradas de los curiosos era algo con lo que podía tratar. Por desgracia hizo falta cada técnica de relajación de sus manuales, para mantener la calma durante algunos de los comentarios que había recibido cuando pasaba sus rondas en el trabajo.
¿Cómo se siente ser el hombre que dirigió a Yoseob Yang hacia la heterosexualidad?
Cariño, la próxima vez intenta ser más creativo en el dormitorio. Tengo ese vídeo de instrucciones que yo podría prestarte…
Y personalmente, el favorito de Shindong, dicho por el surfista que se encontraba cada mañana cuando salía a correr: Amigo, no sabía que solías darle al chico de la ropa interior, ¿puedes conseguirme un autógrafo?
Se frotó con frustración la frente. La Front Street Clinic había recibido múltiples premios por su trabajo con las personas sin hogar, con especial énfasis en las personas VIH positivas. Había logrado una cierta posición en la comunidad, pero actualmente, el doctor Shindong Hee era más famoso por un artículo sensacionalista sobre su pasado.
Años en la escuela de medicina, de residencia y trabajo duro, ahora ocupaban un muy lejano segundo plano para que él destacara en las noticias por haberse enredado con Yoseob Yang.
Shindong soltó una risa divertida.
Él tenía gran aprecio por lo ridículo y absurdo, pero las suposiciones que algunas personas estaban haciendo sobre su vida sexual…
El calor nubló sus sentidos y se armó de valor en contra de los efectos no deseados. No ganaba nada con revivir esos recuerdos. Solo quería cancelar su próxima obra de caridad con Yoseob y continuar con su vida tranquilamente, preferiblemente sin que se le preguntara si Yoseob Yang había dejado de ser gay a causa de Shindong.
Él siguió a la morena al otro lado de la habitación. Un fotógrafo se paró frente a una pantalla verde, dándoles órdenes a dos modelos femeninos y al hombre intercalado entre ellas. Cuando una de las mujeres dio un paso hacia un lado, la mirada de Shindong se posó sobre Yoseob, que vestía solo unos bóxers ajustados.
Maldición, hagas lo que hagas, Shindong no le mires.
Se tomó un momento para estar decepcionado consigo mismo por la incapacidad de no seguir adelante, porque Yoseob no había cambiado mucho. Tenía el mismo pecho esculpido, lo que proporcionaba la capacidad de contar cada músculo de sus abdominales y las mismas estrechas caderas y muslos definidos. Su pelo castaño dorado estaba más corto y la sombra de las cinco en punto añadía una mirada madura a la cara angular. Pero de alguna manera lograba parecer impecablemente arreglado a pesar de la tenue barba facial y la falta de ropa.
La mirada de Yoseob se posó en Shindong, quebrando sus pensamientos como mármol roto sobre suelo de cemento.
—Shindong. —La mirada atónita de Yoseob permaneció en su lugar a la vez que daba un paso en su dirección.
—Llevamos un horario apretado Yang —dijo el hombre detrás de la cámara.
—Vamos Yunho —Yoseob hizo un gesto hacia Shindong—. Hace diez años desde la última vez que vi a mi amigo.
¿Amigo?
Shindong casi se echa a reír. Habían pasado por la cosa de amigos a amantes. Pero después de todo lo sucedido ¿Cómo podía esperar dar marcha atrás?
Yoseob lanzó su brazo por los hombros de Yunho. —Podemos permitirnos un descanso de diez minutos ¿No es así?
El fotógrafo soltó un gemido de exasperación antes de que una expresión reacia de afecto suavizara su respuesta. —Este es un buen momento para reorganizar el equipo. Te doy veinte minutos.
—Gracias hermano —Yoseob le dio un apretón al hombro de Yunho—. Te debo una.
—Y luego su mirada avellana se volvió hacia Shindong.
Una sonrisa se esparció al instante por el rostro de Yoseob y Shindong inspiró, en voz baja, como si le hubieran golpeado.
Shindong jamás pensó en los diez años desde que el hombre se había marchado, que su ex le recibiría con una genuina sonrisa baja.
Mantente fuerte, mantente fuerte.
—Shindong Hee. —Con los hoyuelos firmemente fijados en su lugar, Yoseob reanudó el acercamiento con su característica gracia atlética e invadido por la fuerte energía que Shindong conocía tan bien—. Qué bueno volver a verte.
—Sí que lo es —dijo sorprendiéndose por lo bien que fingió y lo natural que sonó la educada mentira. También se las arregló para mantener una expresión neutra hasta que se dio cuenta de que Yoseob no estaba ralentizando. ¿No debería pararse? Pánico llenó el pecho de Shindong cuando el especialista se acercó y, Jesucristo haploide (3), en lugar de detenerse tiró de él y le dio un abrazo de oso.
Santa mierda.
El tirón de su memoria dolió, dejando a Shindong sin palabras. Estuvo ahí de pie, con la espalda rígida, intentando bloquear el choque emocional. Sin embargo, su sistema nervioso, felizmente, le suministró la información que no quería saber: Pecho duro, piel caliente y brazos fuertes. Un olor a perfume cítrico y entre todo ese vaivén de pensamientos, insultos auto dirigidos pasaban por su cabeza, Shindong tomó nota con irónica diversión que: a) Yoseob seguía usando el mismo champú aún después de haber alcanzado la celebridad y b) Shindong recordó el perfume como si estuviera marcado a fuego en su propio cerebro. Yoseob se soltó y dio un paso atrás con los ojos arrugados con humor.
—¿Dónde se ha metido el genio matemático que solía vestir siempre en chándal?
—Le dio un tirón juguetón a la corbata de Shindong—. Te has reformado bien.
Ocultando el ligero temblor de dedos, Shindong alisó una arruga inexistente en su manga por debajo del botón y asintió con la cabeza en dirección al fotógrafo, elevando significativamente una ceja a su ex. —Veo que tu forma de conseguir las cosas no ha cambiado.
Otra sonrisa resplandeció a través de la cara de Yoseob, más grande y más sexy que la anterior. Una sonrisa destinada a vender la mierda de una costosa marca de ropa interior de diseño.
—Siempre me las arreglaba para conseguirlas contigo —dijo Yoseob.
El golpe visceral le dolió, pero Shindong le lanzó una expresión excesivamente insulsa.
—Estoy seguro que nuestra relación desapareció hace mucho de tu memoria.
—Ya sabes lo que dicen.
Sus músculos se tensaron e inclinó la cabeza. —¿Qué es lo que dicen?
—Nunca olvidas al primero.
Shindong retrocedió con un bufido divertido. —No fui el primero.
—Yo fui tú primero —él dijo con sus ojos color avellana oscureciéndose.
El calor se deslizaba por la espalda hasta el cuello de Shindong ¿Estaban hablando de su corazón o de su virginidad? Aunque eso ya no importaba; Yoseob se había llevado los dos.
—Y sí, reventé mi cereza a los catorce años —los labios de Yoseob se deslizaron hacia arriba cuando continuó—. Pero tú fuiste mi primera muestra de acción hombre contra hombre.
Cristo ¿cómo se suponía que debía responder a eso?
Miró fijamente a Yoseob, pero esta vez estaba preparado para los seductores recuerdos. Esas eran las experiencias de un chico universitario demasiado crédulo, dándole a Yoseob todo lo que quería siempre que lo deseaba. Shindong no era la misma persona, nunca más lo sería. Había madurado y se había construido una vida y una carrera de las que estaba orgulloso. Tenía amigos. Había salido adelante. Y Shindong había estado saliendo y entrado de las suficientes relaciones como para poner el futuro en perspectiva.
Ya no era el tipo ingenuo al que impresionaban fácilmente.
—¿Entonces? —Sus labios se arquearon y Yoseob colocó las manos en su cintura—. ¿No hay nada que quieras preguntarme?
¿Cómo qué? ¿Te has acostado con otros hombres después de mí? ¿Te has acostado con hombres desde que te divorciaste de tu esposa? Esposa. Yoseob no solo se había casado, si no que se había casado con una mujer.
Shindong bloqueó los pensamientos dolorosos, señalando con la cabeza los bóxers negros de Yoseob. —¿No preferirías mantener esta conversación con algo más que tu ropa interior?
Claramente esa no era la pregunta que Yoseob había estado esperando, porque se le escapó una risita. —¿Me estás tomando el pelo? Hay un edificio en medio de Hongdae que tiene una cartelera digital con un primer plano de mi culo en calzoncillos. Ese cabrón tiene diez pisos de altura —dijo Yoseob—. Una vez tienes una foto de tu culo de 12 metros en la pantalla, de alguna forma ya no te importa.
Shindong se tomó un momento para pensar lo agradecido que estaba de no tener que conducir con esa imagen de camino al trabajo.
—A estas alturas podría sociabilizar desnudo si fuera necesario —concluyó Yoseob.
—Una habilidad muy útil, estoy seguro —murmuró, notando la repentina reaparición de los hoyuelos de Yoseob. Dejó pasar un tiempo antes de continuar—. Pero esto no es una visita social.
Dos segundos pasaron, ambos intencionados.
Yoseob se encontró con su mirada y pasó la mano por su pelo, sus hoyuelos se deslizaron, lentamente, lejos. —No pensé que hubieras venido a ponerte al corriente sobre los viejos tiempos.
La tensión se hizo más densa a su alrededor.
La pequeña sonrisa de Shindong se sintió rígida. —Creo que nosotros estamos mucho más allá de eso.
El pasado pulsaba entre ellos y Yoseob dejó caer su brazo a un lado, curiosidad y cautela se grabaron en su rostro cuando por fin se quedó quieto. El hombre siempre había sido como los cien vatios que contenía una bombilla. Incluso cuando no se movía, podías sentir la energía crepitando en su cuerpo, rara vez permanecía quieto, ni por dentro ni por fuera.
Esta era una de esas veces raras.
—¿Por qué viniste hoy? —dijo Yoseob.
En lugar de responder, él hizo una pregunta. —¿Por qué estuviste de acuerdo en hacer el anuncio para la recaudación de fondos de la Front Street Clinic?
—Como le dije a tu amigo Zelo…
—Myungsoo —dijo
—Bueno Myungsoo —replicó Yoseob haciendo hincapié en el nombre—. Estuve de acuerdo en hacer un anuncio a cambio de un favor. En resumen, yo les ayudo a ti y a Myungsoo con sus obras de caridad mientras que ustedes me ayudan con la mía. Pensé que el acuerdo era un ganar-ganar para todos.
Más como un ganar-ganar-perder con Shindong eligiendo el palillo corto. Shindong debió haberse negado en el mismo momento en que Myungsoo le explicó el trato con Yoseob.
—Me alegré, realmente, de haber encontrado a tu amigo en esa fiesta en Hangang —dijo Yoseob.
La frente de Shindong se frunció con escepticismo. —Realmente no crees que encontrarte con Myungsoo fuera un accidente ¿verdad?
—Él lo describió como una feliz coincidencia.
—Él consiguió una invitación solo para hablar contigo.
La sonrisa de Yoseob rebosaba admiración. —Parece un tipo decidido.
¿Myungsoo? ¿Decidido?
Shindong sofocó el impulso de rodar los ojos ante la subestimación. —No tienes ni idea.
—Entonces ¿por qué la emboscada? —Yoseob ladeó la cabeza—. ¿Por qué no me pediste que hiciera los anuncios?
Una risa de autodesprecio amenazó con escapar de Shindong. Durante meses, Myungsoo le había rogado que fuera a su ciudad natal, Hongdae e hiciera exactamente eso, hasta que su amigo finalmente renunció y se aproximó al especialista él mismo. No es que Shindong culpara al hombre.
Después de años de trabajo, a la Front Street Clinic le estaban quitando los fondos que necesitaba para asegurar una subvención que proveería de viviendas de acogida a los pacientes más vulnerables de Shindong. Con Yoseob haciendo los anuncios, la recaudación de fondos sería con toda seguridad un éxito.
Aunque Shindong había asumido que sería capaz de tratar con su ex de una forma racional, él no había querido probar la teoría.
En retrospectiva, esa pudo ser una decisión sabia. Shindong decidió responder con una verdad a medias.
—No tuve tiempo.
—¿Por qué has buscado tiempo ahora?
—Por esto —dijo levantando la revista.
Yoseob escaneó la portada y luego se estremeció y Shindong estuvo seguro de que lograría su objetivo al venir aquí hoy. Sin duda el hombre estaba listo para salir del acuerdo que había hecho con Myungsoo. Que Yoseob visitara la ciudad durante un par de semanas ya era suficientemente malo; trabajar juntos solo añadiría más fuego al drama actual. Y mientras que los artículos en las noticias habían sido duros con Shindong, imagina el impacto que tendría sobre el especialista el tener su orientación sexual tan públicamente expuesta.
A pesar de todo, Shindong sentía lástima por el tipo.
Yoseob se aclaró la garganta. —Sí, sobre eso… —señaló con la cabeza hacia el papel—. Lo siento, te he arrastrado dentro de mis problemas con los paparazzis.
Shindong le miró fijamente, dándole tiempo para seguir y esperando oír que, posiblemente ahora, no podría continuar con su trato. Por desgracia Yoseob se mantuvo en silencio.
—¿Eso es todo? —preguntó Shindong— ¿Es todo lo que tienes que decir?
—Bien, veamos…
Yoseob frunció los labios como si estuviera profundamente concentrado en sus pensamientos y cogió la revista para mirar las fotos, mientras Shindong esperaba la opinión del hombre sobre ese lío.
—Es una buena instantánea mientras corres por la playa. Te ves totalmente adorable. —La sonrisa que Yoseob le lanzó era muy real—. Veo que has continuado corriendo.
¿Qué demonios? Había dado por supuesto que cancelaría los planes. O por lo menos un ¿cómo son las vistas desde el otro lado del armario? Yoseob había sido finalmente expuesto como bisexual.
¿No le importaba?
—¿Qué vas a hacer con la prensa? —preguntó Shindong
—¿Que qué voy a hacer? —le respondió devolviendo a Shindong la revista—. No es una putada. —Yoseob cruzó los brazos de forma casual, sus músculos se abultaron visiblemente como respuesta y energía chispeó de forma evidente en su mirada—. La regla número uno para tratar con los paparazzis es, llevarlo con clase. Al igual que con los Trolls de internet (4), ponerse a la defensiva solo empeoraría las cosas. —Sus ojos brillaron traviesos—. Prefiero mantenerles en vilo.
¿Qué significa eso?
—Bueno —dijo Shindong arrastrando la voz—. Claramente tendremos que cancelar nuestro trato sobre el anuncio de la recaudación de fondos.
—No puedes echarte atrás ahora. —La determinación parpadeó en su cara antes de que adoptara un tono persuasivo que le era tan familiar—. Vamos Shin.
El apodo llenó el cuerpo de Shindong de recuerdos, pero lentamente los dispersó sacudiendo la cabeza. No importaba lo que sucediera, no podía ceder.
—Tu persuasiva voz ya no tiene ningún efecto en mí —dijo forzando un tono sereno.
Los ojos de Yoseob se abrieron lentamente mientras elevaba las cejas. —¿Ni siquiera mis ojos de cachorrito herido?
Los labios de Shindong se contrajeron al reprimir una sonrisa. La expresión deliberada parecía lamentable y ridícula en un adulto vestido solo con bóxer. Shindong sospechaba que el tipo lo sabía.
—Ni siquiera con tus ojos de cachorro —dijo Shindong secamente.
La expresión absurda se disolvió, aunque mantuvo la frente fruncida por el humor mientras se acercaba. —Supongo que tendré que esforzarme más para ser irresistible.
Oh, dios…
La proximidad empujó a Shindong más cerca del borde e inspiró lentamente ignorando la esencia de cítricos. —Escucha, yo…
—¡Yoseob! —El fotógrafo le llamó desde algún lugar por detrás de ellos.
El especialista no se movió, su mirada sostenía la de Shindong con tanta firmeza como un toque físico. Un dolor ardiente se estableció más abajo de su esternón y el calor subió por su espalda. Él quería aflojar su corbata; Tal vez así su garganta no se sentiría tan apretada. Quizás también le resultaría más fácil respirar.
—¡Yoseob! —repitió el fotógrafo.
Finalmente el exnovio de Shindong se giró para dirigirse al fotógrafo y una breve conversación tuvo lugar entre los dos. Pero Shindong no puedo centrarse en la discusión. En lugar de eso, se encontró estudiando el culo de Yoseob. El especialista ajustó su pose sobre los pies, haciendo que los músculos de su culo se agruparan y se movieran de forma hipnotizante por debajo de sus ajustados bóxer.
Y de repente, Shindong se encontró mirando a la parte delantera de la muy cara ropa interior de Yoseob. La mirada de Shindong aterrizó otra vez sobre los ojos color avellana. Genial, le había pillado mirándole y ahora el hombre parecía estar pasándolo bien. Muy bien. El pulso acelerado de Shindong alcanzó niveles épicos.
Demonios.
Se centró en un punto y empezó a respirar profundamente, para recuperar el control de su corazón acelerado. A través de los años, había elaborado técnicas que le permitían mantener la compostura sin importar la cantidad de mierda que cayera alrededor de él. Cuando era un niño pequeño, tuvo muchas oportunidades para practicar. En sus agotadores años como médico residente la perfeccionó hasta que la convirtió en un arte. Si mantener la calma bajo una intensa presión se considerara un deporte, tratar con Yoseob en ropa interior de diseño sería como un acontecimiento olímpico.
Cuando sintió que tenía más control, Shindong declaró lo obvio. —Ser visto juntos en público sería una mala idea.
—No tengo otra opción —dijo—. Soy el portavoz de Hope Heals (5) y uno de los deseos, de un niño con cáncer es ver como hago una escena peligrosa. Myungsoo dijo que tú y tu enfermera podían acompañar a Hyuk al plató a cambio de mi ayuda.
La resolución de Shindong fue vapuleada por la información. —¿No puedes encontrar a nadie más?
—Ya es tarde —dijo—. Todo esto será dentro de dos días.
Dos días. En dos días Shindong debería aparecer en público con Yoseob. No había suficientes palabras en el mundo para expresar plenamente lo que opinaba sobre esa idea.
Shindong levantó el artículo. —Si has leído esto, sabrás que este reportero planea estar allí también.
Por primera vez desde la llegada de Shindong, la expresión de su ex se volvió sombría.
—Hyuk está esperando un trasplante de médula ósea —Yoseob hizo una pausa y la noticia le caló tan dentro que casi dolió—. Él no puede esperar eternamente para conseguir su deseo. Si alguien puede entender la urgencia de la situación de Hyuk —él continúo, con la voz una octava más baja y tocándole el brazo—. Eres tú.
La resolución de Shindong cayó a niveles inexistentes.
Bloqueando sus miradas, ninguno habló mientras el aire se hacía más denso con cada segundo que pasaba. Pero Shindong no podía concentrarse más allá de la sensación de su pelo de punta bajo la mano de Yoseob. Lo que era peor, se dio cuenta con dolorosa claridad, de lo mucho que el hombre se había metido bajo su piel. Lo que significaba, que en lugar de arreglar el problema, que era a lo que había venido aquí, Shindong simplemente había descubierto que se encontraba metido en una mierda más profunda de lo que había pensado en un principio.
Shindong mantuvo los párpados fuertemente cerrados y luego rompió el contacto mientras metía la mano en su bolsillo. A pesar del revuelo que los medios de comunicación estaban haciendo alrededor de ellos, Yoseob tenía razón, Shindong no podía deshacer el trato por mucho que quisiera ¿y qué si todavía encontraba a Yoseob atractivo? Lo mismo hacian millones de personas más. ¿A quién le importaba si Shindong tenía que concentrarse con el culo del tipo cerca, el cual estaba cubierto con bóxer de diseñador? Lo mismo hacía todo el centro de Hongdae (6). Un niño que esperaba un trasplante de médula ósea tenía prioridad.
—Está bien, voy a mostrarme como acordamos —dijo Shindong.
En realidad ¿Qué opción tenía? Tanto él como Yoseob entendían muy bien la situación del paciente con cáncer.
—Mi enfermera y yo acompañaremos al paciente de Hope Heals a la filmación según lo planeado —continuó Shindong.
La sonrisa en la cara de Yoseob puso las otras en vergüenza, y Shindong suprimió un gemido. Cristo ¿Por qué su ex tenía que ser un hombre tan atractivo?
1 Periódico sensacionalista.
2 Es la clínica propiedad de Shindong y su socio, esta clínica ya apareció en el primer libro.
3 Jesús no tuvo padre humano, por lo que debería tener células haploides, sólo el ADN de María.
4 Usuarios de Internet en los chats que son conflictivos y desagradables
5 Es una fundación a la que Yoseob pertenece de ayuda a niños que padecen cáncer.
6 Se refiere a que es lo que tienen que hacer todos los que viven en el centro de Hongdae.