El anhelo de tenerte

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Summary

Ade Brown quiere disfrutar del tiempo que le queda en su ciudad, ya que quiere irse lejos para estudiar la universidad y cumplir su sueño de ser pintora. Las salidas con sus amigas y el reír con las personas que la rodean, es lo principal en sus planes. Pero todo será interrumpido cuando un chico del pasado llegue para amarla y hacerla dudar de su decisión del futuro. Porque ¿Quien quiere alejarse del amor de su vida? O ¿Él si será el amor de su vida?. Todo será complicado, cuando un corazón enamorado se interponga en el camino.

Genre
Romance/Humor
Author
Alexa
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Caminé por los pasillos del hospital a paso apurado. Miles de recuerdos pasaban por mi cabeza desde que mi madre me había llamado.


Sus palabras habían estrujado mi corazón, formando grietas en esté.


Ade, tú abuela... Se nos va. Ella necesita despedirse de ti.


Estaba en clase cuando mi madre me llamó, al escucharla soló puede salir corriendo del salón con lágrimas en los ojos y mi mochila colgando al hombro.


Llegue a la sala de espera, y me encontré con Lis y Jake sentados en un amplio sillón de color gris. Esté último se levantó y se acercó a mi.


–Ade, por fin llegas— dijo en un suspiro. Las bolsas bajó sus ojos reflejaban el cansancio de hace días, y su aspecto descuidado dalataba lo mal qué lo estaba pensando. Era un mal tiempo para todos —.ella... Te están esperando.


Asentí y me dirigí a la puerta que se encontraba a pocos metros de nosotros.


Al entrar a la habitación y verla una punzada dolorosa se instaló en mi pecho.


Varios cables se conectaban a ella, su pecho subía y bajaba con dificultad, y la mascarilla en su cara confirmaba qué le costaba respirar. Su piel antes trigueña ahora era pálida, dándole un aspecto preocupante.


Mi madre estaba a su lado, sujetaba su mano, y le pedía con la voz rota, qué, por favor, no la dejara.


Eso sólo hizo qué mi pecho doliera más.


Mamá levanto la mirada y cuándo sus ojos se encontraron con los míos pude reconocer el dolor, la tristeza y la angustia en ellos.


—hija— exclamó. Se levantó de la silla –visiblemente incómoda– dónde se hallaba sentada y camino hasta llegar a mi— yo... No la quiero perder Ade, ella no, nos puede dejar.


Lágrimas bajaban por sus mejillas, una tras otra de manera incontrolable y su voz pausada y rota era casi un susurro.


No lo pude evitar y la abracé. Puso su cara en la curva de mi cuello; pude sentir como lo húmedo de sus lágrimas mojaban mi piel. Lloraba de manera callada y sus sollozos apenas se escuchaban.


Observe a mi abuela. Acostada en esa camilla, sin poder hacer nada, dejando que la vida se escapara de su cuerpo.


Mamá se separó de mí, me observó durante un pequeño momento y salió de la habitación sin decir nada.


Mi abuela soltó un leve quejido y abrió los ojos poco a poco. El color almendra en ellos, todavía se mantenía, pero el brillo especial que siempre los acompañaba ya se habían esfumado.


Al verme una pequeña sonrisa, apenas notable, apareció en sus labios, y en un susurro débil pronunció mi nombre.


Hice el mayor esfuerzo para esbozar una sonrisa sincera, qué escondiera todo el sufrimiento que escondía dentro de mi; y me acerque a ella.


Sus ojos siguieron con lentitud cada movimiento de mi cuerpo. Me senté en la silla en la que anteriormente había estado mi madre y tome su mano entre las mías. La agarré cómo si fuera de cristal, tan frágil, qué quizás en cualquier momento podría quebrase. Observe cada arruga de su mano, detallandola detenidamente, para guardar cada pequeña marca en mi memoria.


Levante la cabeza y el color almendra de mis ojos se encontraron con el de los suyos.


—Ade, nece-sito darte algo antes de mar-marcharme— la debilidad de sus palabras al salir de sus labios las convertia en un murmuró apenas entendible.


Frunci ligeramente el ceño cuando extendió un sobre hacía mí. Era una carta. La tomé, eh intente rasgar el papel para abrirla pero ella me sujeto en un agarré débil para detenerme.


La mire aún más confundida.


—Leela cuándo sientas qué te haz enamorado de verdad. Cuándo te reencuentres con esa persona, y sientas el anhelo, la necesidad de tenerla a tú lado toda la vida.


«Cuándo tú corazón se aceleré cada vez que lo tengas en frente y, sin querer, cuándo escuches su risa sueltes un suspiro porque lo único que quieres hacer en ese momento es escucharlo reír para siempre. Cuándo en cada rose sientas la electricidad por tú cuerpo y cuándo lo único que necesites para ser feliz sea tener tus labios besando los de él.

Abrelo cuándo sepas cómo se siente el amor»


Simplemente no sabía que decir.


Asentí lentamente, procesando cada palabra que ella había dicho. Pero la qué más se repetía en mi mente era: “reencuentres”. ¿Con quien me iba a reencontrar para luego enamorarme?.


Un pitido estraño, rápido, alarmante, me saco de mis pensamientos y pude observar cómo la sonrisa de mi abuela se iba desvaneciendo y sus ojos se iban cerrando.


No pude evitar quedarme en shock, ella estaba muriendo al frente de mi y yo no podía hacer nada.


Sentí mi cara húmeda; estaba llorando. Escuchaba mi nombre, lo pronunciaban rápido y bajito. Lo escuchaba muy lejano.


Sentía mucho movimiento a mi alrededor.


De un momento a otro el ruido se hizo intenso y pude observa lo que pasaba. Mi madre me llamaba, estaba llorando, me arrastraba hacía afuera para que saliéramos de la habitación y varios doctores y enfermeras se encontraban al rededor de mi abuela, intentando reanimarla, creyendo que todavía tenían la oportunidad de devolverle la vida.


Y así, un dieciséis de noviembre del dos mil catorce había perdido a mi pilar de vida.