PRÓLOGO
Para las almas perdidas qué al dejar su cuerpo vuelven buscando un nuevo hogar. Para las aves más bellas que chocan con los faroles más cercanos entorpecidos por la fría lluvia que moja sus alas y no les permite avanzar. Para ti, para que seas libre y puedas volar.
Hola. Antes de leer quisiera agradecerte por estar aquí y por darme la oportunidad de entrar a tu vida y dejarme formar un pedacito de ti. No soy la mejor haciendo esto, pero tampoco la peor. Solo quiero decir que esto es un borrador y qué estoy aquí por diversión, por qué la vida es una y mi mente no me dejaba de navegar en ideas profundas como el mar. Infinitas gracias querido lector.
Lo normal, termina siendo anormal.
Camelot el verdadero prestigio de prestigios en Jacksonville. ¿La villa de Jackson?
Así es, esa escuela formada por grandes edificios, con los mejores maestros y más reconocidos de los alrededores.
¿Quién pensaría qué en ella puedes encontrar miles y miles de mundos?
Pero justo cuando crees qué tu vida está por volverse de lo más aburrida. Sumergida en exámenes, estudio y superación personal. Una chispa de locura, miedo y ¿Sangre? Te hace dudar si tomaste la decisión correcta.
Pero... ¿Estamos preparados para siempre tomar una decisión correcta?
Pfff... Para nada. Un universo, un mundo, un planeta, un país, un pueblo, una vida, una hora, un minuto, un segundo. ¿Que se hace cuando cada TIC TAC en el reloj cuenta?
Vivir.
Así de sencillo. No venimos al mundo a tomar las mejores desiciones y que estás siempre sean las correctas. Tal vez, estás estan ahí por algo. Por qué por muchos senderos que podamos tomar siempre terminamos trotando sobre el qué creemos correcto o que nos proporcione el mayor bienestar posible.
¿Quieres tener una vida llena de buenas decisiones? ¿Sin equivocarte ni una sola vez? Entonces no estás preparado para vivir.
La perfección no existe, es relativa.
Un sol glorioso estaba pegando fuertemente sobre mi cabello. Este se ponía cada vez más caliente bajo esa estrella con destellos dorados, que perfectamente podía azar un pollo si este se ponía debajo de él, así, a su luz natural.
Yo era el pollo.
Corría torpemente a un paso algo acelerado. Con una chica detrás de mi, siguiendo el ritmo con bastante rapidez.
El pasto era verdoso, me llegaba más arriba del tobillo de mi pie. Este me hacía entorpecer mi andar y quedar como una pequeña niña que no podía cargar ni su propio peso.
—¡Vamos, pareces una tortuga!
Corrí a más no poder a escuchar aquella voz. Sabía lo que me esperaba. Sin embargo mis pies cada vez estaban más agotados. Dolían.
Quite mis tenis, y corrí estando a pie desnudo sobre el pasto que acercaba los edificios de aquella unidad departamental.
Solo unas cuantas cuadras más y podría tener mi anhelado sobre entre mis manos.
Después de tanto correr y terminar debilitando mis pellejos, era satisfactorio el recordar por qué lo hacía y la reacción que causaba en mi, era simplemente UNICA.
Al llegar a casa y tocar esa pequeña hoja doblaba sobre mis manos, con solo un sello. Obtuve mi respuesta.
Ahí estaba el final de un inició.