La Llegada
Doncaster, condado de Yorkshire del Sur.
18:16 PM.
Pequeñas gotas de la llovizna caían sobre todo el auto. El limpia vidrios se encargaba de quitarlas -al menos en su mayoría- mientras el aire del auto evitaba que se empañara el vidrio desde dentro.
Las calles se llenaron de barro un poco más rápido de lo que pensó pero aún era posible andar sin problemas. Las ramas de los árboles se golpeaba por las fuertes ráfagas de viento y uno que otro refucilo iluminaba el oscuro cielo.
Pudo ver una gran estructura de madera cuando avanzó con un poco más de velocidad. Mientras más se acercaba podía notar lo grande que era, algunas luces se notaban desde dentro y varias ventanas mantenían su oscuro color que reflejaba las copas de los árboles o las nubes más claras del firmamento.
Bajó del vehículo con las llaves en mano y corrió hasta dentro del hotel. El vestíbulo tenía una pinta antigua, la mayoría de muebles -por no decir todos- estaban hechos de madera.
Justo a unos pasos estaba un escritorio con una mujer mayor detrás de el. Su corto y castaño cabello ondulado caía sobre sus hombros, rozando apenas su suéter de color verde agua, abotonado hasta la mitad y permitiendo ver su vestido con dibujos de flores en el.
Louis se acercó a ella.
—Hola cariño –saludó ella apenas notó su presencia, dejó sus papeles a un lado– ¿En qué puedo ayudarte?
—Hola, mi nombre es Louis –se introdujo con un sonrisa. Su nariz estaba roja por el frío que chocó contra su rostro–. Soy nuevo en la ciudad y buscaba un lugar donde quedarme. ¿Aquí se pueden alquilar habitaciones a tiempo indeterminado?
—¡Por supuesto que sí! –salió de detrás del mostrador y se acercó a él con un folleto– Hay pocas personas ahora, pero dentro de uno o dos meses llegarán en cantidad –sonrió–, te dejo este papel para que te logres ubicar en la ciudad.
—Muchas gracias –recibió el folleto y asintió–. Quisiera una habitación, aún no sé cuánto tiempo me quedaré.
—¿Vienes por trabajo? –indagó mientras preparaba los papeles de pago.
—Para nada –rió–. Solo pensaba mudarme.
—Harás bien –aseguró con una sonrisa cálida, le entregó sus papeles–. Firme aquí, por favor.
Louis asintió, tomando una pluma y dando su firma y aclaración luego de leer pequeñas partes del papel.
—Sí, me dijeron que la gente aquí es muy agradable por aquí.
No tardó más de diez minutos firmar y acordar el pago. Corrió hasta el auto y quitó del asiento trasero su maleta más importante, no quería mojarse.
La mujer le indicó que habitación era la suya -Louis le había pedido una en el segundo piso‐ y le ofreció llevarle sus maletas. Louis negó con un agradecimiento, no quería causarle problemas.
—Es lindo –susurró una vez que llegó a la habitación. La mujer le indicó que podría bajar cuando quisiera, ella estaría para lo que necesitara.
Lo primero que hizo fue llamar a su madre, avisándole que todo estaba en orden y le escribiría cada vez que pudiese.
ᴓ˟⁘*。
08:20 AM.
La cabeza de Louis dolía. Sabía perfectamente que no era nada, pues siempre tenía esos dolores cuando dormía mal o hacía calor. El problema es que había dormido hermoso y el frío estaba como para quedarse en cama todo el día, como tenía planeado.
Cuando cepillo sus dientes y lavó su cara se puso su calzado y tomó su abrigo para salir a desayunar.
Un escalofrío recorrió su delgado cuerpo al cerrar la puerta. Allí no estaba tan helado como en su habitación.
Llevó su abrigo en mano hasta lo que parecía una sala de estar, donde lo dejó sobre una de las sillas.
—Buen día Louis –saludo Anne, la mujer que lo atendió la noche anterior–. ¿Dormiste bien?
—Como bebé –le sonrió, ella dejó un plato vacío y una taza de café en la mesa.
—Preparé café y estoy sacando las galletas –señaló otra mesa larga detrás de ellos, cerca de la cocina–. Hay mesa libre, cariño. Lo que suele sobrar se lo lleva al servicio de personas sin hogar.
—Genial –tomó el plato y se sirvió solamente un lemon pie–. Estoy bien por ahora.
—El señor Payne bajará en unos minutos –susurró mirando su teléfono, lo guardó rápido y sonrió al castaño–. El señor Payne es huésped de aquí, al igual que usted pidió una habitación con tiempo indeterminado.
—¿Hay muchos huéspedes actualmente?
—Solo de pasada, unos seis contándolo a usted.
La mujer se despidió de Louis, avisándole que Arthur, el otro empleado, estará en recepción para lo que él necesitara.
No tardó mucho en desayunar, las personas habían salido del hotel o estaban sirviendo su comida. Habían dos niños, una de cabello corto se había acercado a Louis a pesar de las quejas de su madre para que deje al chico comer en paz.
—Soy Valerie –sonrió, uno de sus dientes faltaba.
—Hola, Valerie –le devolvió la sonrisa, la madre de la niña se levantó y se puso a su lado.
—Lo siento, lo dejaremos comer en paz.
—No es molestia –aclaró.
—¿Por qué no vas a jugar afuera? –le susurró la mujer mientras volvían a su mesa.
—¡Sí –dió un brinco, tomó una galleta–, iré a jugar con Harry!
—Claro –frunció el ceño–, ve con cuidado. Grita si sucede algo.
La niña salió de la sala, todo hubiera quedado en silencio si no fuera por las bajas conversaciones en dos mesas y los cubiertos chocando con los platillos o tazas.
Louis decidió salir, quería conocer el lugar.
La mañana aún estaba fría, pero no lo suficiente para ponerse otra prenda caliente. A lo lejos vió lo que parecía ser una zona para los niños, los columpios, toboganes y una cancha de fútbol a un lado. Valerie estaba allí en el columpio, hablando sola, al parecer.
A Louis le llegó un escalofrío, tal y como cuando salió de su habitación.
Decidido se alejó, caminó hasta el patio delantero donde estaba su auto y sacó las maletas que le faltaban.
Al estar en la habitación todo se sintió demasiado raro. El aire era pesado, también sintió el cambio de temperatura. Cerró las cortinas cuando sintió que lo vigilaban.
Tomo asiento en una de las esquinas de la cama e intentó calmarse, diciéndose que a lo mejor estaba siendo paranoico porque está en un nuevo lugar.
Se acercó a la ventana, preparado para abrirla y hacer que la habitación respirara el aire natural y fresco proveniente de afuera. Luego de eso seguramente continuaría con su día como tenía planeado.
No supo en que momento exacto pasó, pero su vista se enfocó en una mancha grisácea en el reflejo del vidrio, justo detrás de él.
Todo aquél movimiento que había hecho se congeló. Había un tipo detrás suyo, parado en silencio y con su vista en su reflejo. La figura -a pesar que Louis se decía que era imposible- era transparente, pequeños destellos salían de ella, emitiendo algún tipo de aura.
¿Qué debía hacer? ¿La persona detrás de él era real o simplemente era su falta de sueño haciendo efecto?
Sus ojos azules se alejaron de la imagen y temblando estiró su brazo hasta la cerradura de la ventana y la movió, abriéndola por completo. Mientras el cristal se movió, sus reflejos lo hicieron también hasta que desaparecieron y solo quedaron los arboles del patio.
Louis suspiró, aún temblaba. La figura se veía borrosa, y además el no creía en las historias de fantasmas en hoteles viejos. Todo aquello era pura mentira para que se hablara de un lugar y llevara visitas -aunque él no entendía como tener un fantasma hacía atractivo un lugar-.
Dió un paso atrás y se giró.
No había nada.
No había nadie.