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Summary

Axel necesita dejar el pasado atrás y abrazar el futuro, Gad necesita dejar de fingir que todo está bien y luchar por lo que vale la pena. Sin embargo, en la vida, así como en los juegos, alcanzar otro nivel será complicado. *** Dos chicos inician la universidad, y aunque sus sueños y aspiraciones son diferentes, están unidos por la misma carrera. Axel tiene el corazón roto por el fracaso de su primer amor, ahora es más taciturno y amargado. Atrás han quedado los días en que solía ser feliz. Hoy en día, no es más que un cascarón de lo que fue. Mientras que Gad es un desastre por naturaleza, que socializa con cuánta persona conoce y lleva su vida no tan perfecta, oculta tras una máscara de bromas y sonrisas. Sus caminos se cruzaron, y el destino decidió salir a jugar. Cada uno es la pieza ideal para completar la vida del otro. ¿Serán capaces de verlo?

Status
Ongoing
Chapters
44
Rating
5.0 11 reviews
Age Rating
18+

Prefacio

Axel sentía el júbilo recorrer cada centímetro de su cuerpo, como una descarga de adrenalina directa en su sistema cardiovascular. Su corazón latía a gran velocidad, mientras perlas de sudor resbalaban de su piel, que antes fuera clara, pero que ahora estaba ligeramente bronceada por el sol. Impulsó sus piernas, ganó mayor presteza y cambió de dirección para encontrar a su adversario.

La multitud, congregada alrededor de la cancha, rugió en expectación mientras observaba a ambos equipos disputarse la pelota. Se oyeron las ovaciones de los fanáticos formados haciendo la ola.

El jugador con el número diez, estampado sobre la espalda de la playera negra, atacó y robó el balón. Corrió un par de metros sobre el sintético pasto verde. Una vez ubicó al número veintitrés, se la pasó y le dio un ligero asentimiento. Volvió a correr para cubrirlo, dejándole vía libre. Faltaba poco para que terminara el segundo tiempo y aún estaban empatados dos a dos.

Axel recibió el pase de Malcolm, se apresuró con el balón y burló a sus contrincantes. La vista puesta en la portería del equipo contrario, su corazón latía a mil. Se acercó lo más que pudo, esquivó a la defensa y disparó. Se oyó el silbato que indicaba el fin del partido. Justo a tiempo, el balón había entrado a la portería.

—¡Gool! —estalló el gentío, y con esto dio inicio la celebración.

El jugador diez, Malcolm, se acercó a Axelei, o como él prefería, Axel, a gritos para atraer su atención, ya que casi no se escuchaba. Axel lo vio, fue a su encuentro y chocaron los puños.

—Buen partido, bro. Creí que nos iríamos a tiempo extra —comenzó Malcolm.

—Pensé lo mismo, pero ya ves, ¡vamos a las finales!

—Claro, y de ahí a ganar. Celebremos la victoria con el resto del equipo.

—Me gustaría, bro, pero voy a buscar a Mira, me ha de estar esperando, quedamos en vernos después del partido.

—Pues, tráetela —convino Malcolm—, al equipo no le importará, si ellos también se traen a sus novias.

—No estaría mal, sin embargo, quiero pasar más tiempo con ella, siento que últimamente casi no hemos estado juntos. Así que si me disculpas… —expresó Axel con una media sonrisa.

—Ah, ya entendí —respondió Malcolm con una sonrisa cómplice.

—No es lo que piensas, pervertido.

—Claro, come pan delante de los pobres. —Malcolm soltó un suspiro de manera dramática, lo observó un par de segundos, luego le guiñó un ojo.

—Ya te dije que no es así. —Axel negó con la cabeza, no obstante, Malcolm se limitó a sonreír y le pasó un brazo alrededor de los hombros como si le fuera a revelar un secreto.

—Dile que me presente a una de sus amigas, así nos vamos a citas dobles.

—Ja, ¿tan desesperado andas?

—No, pues, yo nada más decía. —Malcolm lo soltó y encogió los hombros.

—Ya, yo le pregunto. A ver qué dicen sus amigas.

—Ya estás. No se te vaya a olvidar —comentó Malcolm al tiempo que lo señalaba y se alejaba de espaldas, casi chocó con algunas personas. Se giró, disculpó y prosiguió su camino.

—Sí, sí. Sale, te veo luego. —Axel volvió a negar, divertido con las tonterías de Malcolm.

Él sabía que no hacía falta que intermediara, Malcolm podía salir con la chica que quisiera, todas le decían que sí. Malcolm se perdió entre los congregados y se reunió con el equipo. Momentos más tarde, solo se escuchaba la risa de ellos mezclados con gritos de alegría.

Axel buscó a su novia. La reconoció de inmediato a pesar de estar de espaldas. Se acercó y la abrazó desde atrás. El cabello negro, largo hasta la cadera, era su toque distintivo.

Ella estaba reunida con sus amigas, sujetaba una botella de agua, ya que era el tipo de persona que no le gustaban los refrescos, ni jugos o, mejor dicho, nada que contuviera azúcar. Era bastante rigurosa con lo que consumía.

—¡Adivina quién soy! —Él recargó con suavidad su cabeza sobre el hombro de la chica, mientras la sostenía con delicadeza.

—A-Axel —respondió Miranda un tanto tensa, miró a sus amigas, Ema y Dania, a la espera de que no revelasen nada de lo que había hablado con ellas.

Ellas medio sonrieron, sin dedicarle ninguna palabra. Aunque era novio de Miranda, eso no quería decir que fuera amigo de ellas. A decir verdad, desde que salía con su novia, ellas y las demás rara vez se acercaban a hablarle, y a saludar, menos, cuando antes no perdían ocasión de hacerlo. Axel suponía que era porque ellos eran pareja y no querían que se creara algún malentendido. Él no le veía problema, solo tenía ojos para una chica.

—Correcto. —Besó su mejilla, le dio la vuelta y la levantó en el aire por unos segundos, después la bajó y continuó abrazándola.

—¡Oye, suéltame! —chilló Miranda. Comenzó a reír, sin embargo, no duró mucho—. No seas empalagoso.

—¿Por qué? No quiero soltarte, me gusta estar así. —Juguetón, Axel la apretujó cerca de él—. Vamos, solo un poco más —dijo como un niño pequeño que se ve obligado a separarse de un bien preciado.

—No, estás sudado —se quejó ella e intentó zafarse.

—Lo siento. —Axel la dejó ir y se detuvo a su lado. Tenía ganas de entrelazar sus dedos con los de ella, pero no parecía un buen momento.

Miranda lo notó. Cerró los ojos y contó hasta diez de manera mental.

—Necesitamos hablar —declaró ella, al tiempo que lo tomaba de la mano. Todo atisbo de diversión se había esfumado. Hizo caso omiso a las miradas curiosas de los demás, y lo guío fuera de la vista de sus amigos.

Se alejaron lo suficiente y se detuvieron al notar que ya no había nadie conocido del club a su alrededor. Ella tomó una inhalación profunda, como si se preparase para dar un discurso de una materia.

—¿Qué sucede?, ¿de qué tenemos que hablar? —indagó Axel.

Axel se preguntaba qué le había sucedido. No era la misma chica que conoció. Su sonrisa y mirada dulce, que lo cautivaron hace mucho, ya no hacían acto de presencia. Su calidez se disipaba conforme pasaba el tiempo. De hecho, la reacción anterior no era muy diferente a su comportamiento durante las últimas semanas.

Ingenuo, pensó que se le pasaría y le había dado su espacio, sin embargo, ahora podía sentir la sensación asfixiante de la tensión en el aire como un mal presagio.

Miranda se removió, incómoda, cambió el peso de un pie al otro. La mirada de sus ojos azules sobre su perfecto rostro ovalado, lo evadía sin ningún disimulo.

Algo no estaba bien, Axel quería saber qué era para poder ayudarla.

—Creo que deberíamos terminar —anunció de improvisto la chica, y soltó su mano en el proceso como si pesara demasiado.

—¿Por qué? —preguntó él, anonadado, todavía sin estar seguro de lo que acababa de escuchar.

Tenía que haber una explicación. Se supone que siempre estaban juntos, incluso en los malos momentos, si ella pasaba por alguna situación, buscarían la forma de resolverlo. Esto pasaría, solo era un bache y pronto seguirían adelante.

—No hagas las cosas más difíciles entre nosotros, Axel, dejémoslo como un bello recuerdo. Nada más —declaró Miranda, e hizo a un lado un mechón de cabello que obstaculizaba su vista, y que él mismo deseó hacer a un lado por ella.

—Mira, por favor, no lo hagas. Esto no tiene sentido. Todo iba bien, y ahora yo no sé qué ha pasado, pero… —Un nudo se le formó en la garganta, impidiéndole continuar.

—En serio pensaste, ¿qué esta relación iba a funcionar?, no me veas así, es la verdad —dijo ella, al ver su rostro tornarse pálido—. Pronto te irás y ya no nos veremos tan seguido.

¿Se acababa por la distancia?, ¿en serio? Axel nunca creyó que a ella le molestaría, Miranda no lo mencionó cuando solían conversar sobre el futuro.

—Aún podemos hablar cada día… —intentó aferrarse a la pequeña pizca de esperanza que crecía en su pecho. No podía estar todo perdido, se negaba a creerlo.

—Esto dolerá, pero no quiero hacerte más daño. Esta relación no funcionará, así que mejor aquí la dejamos —respondió ella, tajante.

—Llevamos un año y tres meses, no puedes dejarme por la distancia y tirar nuestra relación así. Vendré a casa cada ocho días. Podemos hablar por teléfono. —Su voz era una súplica, no quería perderla. No había imaginado que de los dos sería él quien estaba más comprometido, ¿cómo saberlo si fue ella quien había dado el primer paso? Quien con sus acciones se lo ganó poco a poco y se estableció en su corazón. Ahora también era quien no podía seguir adelante.

—No será suficiente. —Miranda alejó su mirada una vez más.

Él se percató de este hecho. Tomó una profunda bocanada de aire, y cerró sus ojos por un momento. Necesitaba la mente clara.

—La distancia no es el verdadero problema, ¿no es así? Dime qué está mal, ya no eres como solías ser, estás un poco más distante y fría conmigo.

—¡Eso no te importa!

—¿Por qué no lo haría? Eres mi pareja y me preocupo por ti. —Inseguro, dio un paso hacia ella. Quizás aún podía hacer algo.

—No deberías, se acabó. Entiéndelo… —Miranda dio un paso atrás—. Nuestra relación se ha enfriado y ahora no queda nada. Es todo, no puedo fingir amarte más.

—Pero yo te amo, podemos arreglarnos… —Axel hizo una pausa, al fin sus palabras le habían llegado, ese fue un severo golpe que fracturó una parte de él—, ¿fingir?, ¿qué hice mal?, ¿tan malo fue para ti que tuviste que aparentar algo que ya no sentías por mí?, ¿desde cuándo?

Alzó una mano para tocarle el rostro, para sentirla más cerca y que su mundo no estaba desmoronándose. Se detuvo, no más, no lo haría de nuevo. Las lágrimas querían salir para dejar de retener este dolor, sin embargo, se obligó a contenerlas.

—Es que…, no solo eres tú el maldito problema —respondió resignada. Con la cabeza gacha, llevó una mano a su rostro para alejar el cabello que le picaba los ojos.

No sabía bien cómo hacer esto. Miranda no tenía la menor duda de que lo destruiría si le contaba la verdad, pero ya sanaría. Así que al mal tiempo darle prisa. Ahora solo podía ver por su propia felicidad. Con actitud resuelta, levantó la barbilla. Ella parecía fría y harta de la situación, lo que no gritó con palabras, lo trasmitió muy bien esta mirada: «No te rebajes, no hay vuelta atrás».

Axel podía sentir la distancia entre ellos crecer a pasos agigantados, este océano de emociones amenazaba con arrastrarlo y hundirlo hasta el fondo.

—¿E- entonces qué fue? —cuestionó él con desesperación en su voz y una tristeza que tenía la capacidad de partir el corazón de quien lo escuchara. Excepto el de ella, que se había puesto una coraza de piedra alrededor del suyo. Si es que había uno. De haberlo, no habría comenzado ese juego en primer lugar.

—Yo, mm… como quieras. No quería decírtelo, de todos modos, pronto lo sabrás.

—Miranda hizo una pausa, tomó una gran inhalación para dar el golpe de gracia—. Hay alguien más, y ahora no eres más que un estorbo en mi vida que llegó en un momento de diversión —respondió, aún dudaba sí revelar más información o solo con eso.

Si ya antes, sus palabras habían causado estragos, estás calaron aún más profundo en él. Axel no dijo nada, se quedó sin fuerzas.

—Estoy harta, no eres quien creí que serías. No puedo quedarme al lado de alguien así. Desde hace un tiempo que ya no siento nada por ti, pero por él… él es mi todo.

En esa frase, Axel pudo ver la mirada soñadora de Miranda, una que antes había sido dirigida a él. ¿También había sido falsa?

—Eso era, me cambias por alguien con quien no tienes que simular que te interesa. Comprendo que no fui más que un juego para ti —respondió Axel con resignación—. No entiendo por qué mentirme con lo de la distancia ni por qué dejaste que pasara tanto tiempo… ¿Qué ganabas con esto?, yo si te llegué a amar. No, mi estúpido corazón aún lo hace, aunque para ti no signifique nada. —Retrocedió unos pasos.

Por más que la quisiera en su vida, Miranda ya había hecho su elección.

Las lágrimas no derramadas picaban en sus ojos, se alejó de allí a un lugar en el que pudiese estar solo, en el que podría asimilar la bomba que le acababan de arrojar y que había destruido todo su perfecto mundo. Necesitaba recoger los pedazos de su corazón herido.