¡La presa del Cazador!

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Summary

La presa de un cazador, es un triller de romance que trata sobre una joven que es victima de un asesino en serie que logra huir. Por lo que está traumada y sufre de agorafobia (miedo a los lugares abiertos) y tiene dificultad para tratar con otras personas por miedo a que el asesino la encuentre, pues, a pesar que lleva años escondida en otro país, aun lo siente asechándola, al punto que algunas veces puede ver al psicópata y sus victimas cuando se mira en el espejo. Por lo que nunca sale de su departamento, y trabaja en un teletrabajo, pero un día al ver la televisión descubre que la hermana de su jefe ahora es la siguiente victima del monstruo que la persigue y juntos deben intentar detenerlo, antes de que las mate a ambas...

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo y Capítulo Uno.-

La presa de un Cazador

por MÁNDRAGORA SCHERIB...

PRÓLOGO

Kristiene, sin mayor ceremonia secó su rostro con la toalla colgada en un gancho en la puerta, y buscó, en su reflejo a la niña que jamás volvería a ser, pero lo que vio la hizo retroceder alarmada. ¿Otra vez era esa niña asustada por su agresor? Sin duda estaba perdiendo la cordura se dijo mientras caía de rodillas por el piso y se arrastraba hasta un rincón seguro entre el wáter y su tina de baño en donde terminó hecha un ovillo, sabiendo que nadie la auxiliaría. No existía nadie ya para auxiliarla, ni para recoger los despojos posteriores se recordó y como pudo armándose de valor se levantó y obligó a sus pies a caminar frente al espejo en donde la misma escena se llevaba a cabo… un hombre sacaba del maletero a una joven, que ahora al verla bien sabía que no era ella…es más Kristiene pensaba que tal vez está era rubia, pero no podría afirmarlo



Capítulo Uno.-

Toronto, Canadá

—Apresúrate, Elishia, que vamos a llegar tarde —dijo con impaciencia la señora Form—, y tu padre se va a enojar.

—Ya voy, mamá, que no encuentro mi chaqueta —respondió Elishia, metiendo la cabeza por la puerta para que su madre pudiera verle la cara de desvalida que muchas veces la había salvado de problemas, lo cual, como siempre, hizo reír a su madre, aunque está fingió que seguía enojada al decirle

—Mmm, ¿será acaso la chaqueta que dejaste tirada en el sofá, ayer noche cuando llegamos de casa de tus tíos? —preguntó la hermosa mujer, haciendo un gran esfuerzo para no reír al ver el rubor de su inocente e inquieta hija.

—Lo siento, ma, entonces ya nos podemos ir —concluyó tímidamente la joven, que no tendría más de diecisiete años, levantando su chaqueta del sofá, para después caminar a la puerta de su casa, hasta que su madre le preguntó:

—¿Y no olvidas algo Elishia?

—Mmm… ¿Algo? —repitió dubitativamente la muchacha, entornando los grandes y expresivos ojos azules que a la señora Form, tanto le recordaban a su esposo. Quizás lo extrañaba demasiado, hace ya cinco años que el padre de Elishia había emigrado a Australia, en busca de un futuro para ellos y sus tres hijos; aunque al ser la jovencita su única hija mujer y además tan pequeña, prácticamente el fruto de su vejez, era esta quien movía el universo de su esposo y de ella misma, pues, le preocupaba el no tener el tiempo suficiente para formarla como lo hizo con sus otros dos hijos, los cuales ya eran adultos y tenían sus propios hogares y ya no los necesitaban. Por esa preocupación la señora se obligó a fingir severidad al exclamar:

—Tus maletas, Elishia, tus maletas, ¿hasta cuándo dejarás de ser despistada? Un día de estos la vida querrá darte un susto y te demostrará lo difícil que es sobrevivir en esta selva llena de depredadores, en la que todos somos simples presas de un cazador… nos cazan por medio de nuestras metas, nuestros sueños o por medio de nuestros miedos. Y nadie nos puede proteger, solo nosotros mismos hija mía —le advirtió la señora mientras veía a su hija correr por su maleta y regresar inmediatamente donde ella, para detenerse a su lado y decirle con ternura.

—Tú sí, mami, estoy segura que si yo estuviese en problemas tú me salvarías como aquel héroe de la película que vimos el otro día.

Al escuchar la segura inocencia de su hija no pudo evitar que su falso enojo desapareciera, y acariciar el rostro de su amada pequeña respondiéndole.

—Eso espero, hija mía, espero en Dios que así sea, sin embargo, hija mía, si no puedo hacer nada para protegerte, tienes que hacerlo tú mi bien, no importa cómo solo tienes que vivir… Pero ahora vámonos que si perdemos el avión tu padre nos matará.

—O se convertirá en Hulk —concluyó la joven, al momento que obedecía a su madre y se apresuraban a salir de la casa y abordar el sencillo auto familiar, que su madre condujo por la solitaria calle que atravesaba la ciudad, sin percatarse que a una discreta distancia un sedán azul las seguía. Hasta que fue demasiado tarde…


Madre e hija esperaban ansiosas el cambio del semáforo, cuando los cristales de la puerta del copiloto se fragmentaron en mil pedazos, y una enorme mano quitó el seguro de la puerta para posteriormente abrirla. Fueron solo cuestión de segundos en que un enmascarado hombre cortó con una navaja el cinturón de seguridad de la hermosa chiquilla, y la sacó del vehículo violentamente a pesar de que su madre intentó retenerla. Pero la fuerza de la angustiada mujer no fueron oponentes ante tal bestia, y solo le quedó a la señora Form ver como el desconocido en un rápido movimiento dejaba inconsciente a su hija y la llevaba al sedán que recién ahora veía la angustiada mujer.

Sin embargo, una madre no se rinde. Y Leonora Form era una madre, y como tal, recuperándose del atroz golpe que había recibido de su agresor logró por fin liberarse del cinturón de seguridad que obstaculizaba sus movimientos para defender a su hija, ni siquiera supo cómo encontró el valor de salir del vehículo y perseguir al hombre que había lanzado, en el maletero, a su hija inconsciente...

Ni como se enfrentó a él como una leona defendiendo a su cachorro. ¡Pero lo hizo! lo enfrentó y lo hirió en los ojos, con las uñas que ahora parecían las garras de una bestia en peligro. Aunque otra vez de nada sirvió…o tal vez de muy poco, porque desde la semi inconciencia que envolvía a la joven, esta vio cómo luchaba una presa ante un depredador a pesar de que todo parecía perdido. Y supo que, así como su madre arriesgaba su vida, ella también lucharía para que, si debía morir, hacerlo bajo sus propios términos…quizás aquella bestia le arrancará su vida, pero no pretendía irse con las manos vacías, ella también le arrancaría algo de si al criminal. Su muerte no sería en vano, le prometió a su madre en mudo silencio, mientras por fin la inconciencia la reclamaba por completo. Ajena a la violenta lucha que aun libraba su madre por protegerla.

Lucha que culminó como solo culminan esos terribles casos que hay a millares en nuestra sociedad llena de depredadores…Con la señora Form inconsciente siendo socorrida por los ocupantes de un auto que llegaron demasiado tarde para prestar el auxilio que quizás hubiese evitado la fuga del criminal, con la indefensa chiquilla.

—¿Sabes que tu madre es una luchadora?—Escuchó Elishia, una voz que le decía a través de su inconciencia, incitándola a despertar. Lo cual hizo a pesar del evidente temor a lo que encontraría al abrir sus ojos, pues en segundos todos los sucesos acontecidos la abrumaron, con la misma violencia que antes demostrara su agresor.

Y al abrir sus ojos, se sorprendió al ver unos preciosos y expresivos ojos pardos que la miraban con diversión y desafío… la máscara que antes cubría el rostro del secuestrador ya había desaparecido y en su lugar podía ver unos rasgos muy varoniles, con pómulos severos y una mandíbula ancha que en cualquier otra circunstancias la hubiesen hecho desfallecer, como la colegiala que era, pero ahora lo único que le ocasionaba era temor…temor al pensar cuantas veces se habría topado con hombres así, perfectos, y cuántos de ellos escondían una bestia como la que ahora estaba frente a ella, con la clara intención de matarla. Sí, matarla, lo sabía bien, se lo decía su instinto, por la forma en que la miraba, instándola a pelear por una vida que él ya daba por perdida; como ignorar ese hecho si ahora estaba en medio de la nada, que parecía ser un bosque por los árboles a su alrededor, ahora estaba en el suelo húmedo, sobre una manta sucia de lo que parecía ser sangre, y ni siquiera la había amarrado, lo cual en lugar de alegrarla le entristecía, aún más, porque significaba que no la valoraba. Obviamente era consciente de su superioridad en fuerza; quizás debido a las anteriores victimas que la habían precedido. Que seguramente eran muchas por la forma orgullosa…casi felina en que continuaba sacando de un viejo maletín varios artículos que la joven vio con horror que eran sus artículos de trabajo; pues para esta bestia, ella solo era un trabajo…un trabajo que lo había llevado a ella y a ese momento.

Un trabajo que Elishia no intentaría comprender. No, si iba a ser una víctima no sería condescendiente, ni histérica. Moriría bajo sus propios términos y que Dios la amparase para que al menos su muerte fuese rápida y no todo la dolorosa que presumía que su raptor pretendía que fuera. Por eso a pesar del terror que la envolvía escuchó en silencio que el atractivo hombre le decía:

—Sí, luchadora, pero una luchadora muy estúpida porque en realidad quizás tu muerte no hubiese sido encantadora, pero ahora…digamos que, hasta yo, casi siento compasión de ti. O al menos la sentiría si pudiese, pero la realidad es que en este mundo somos dos tipos de seres:

—Los cazadores, y las presas. La ley del más fuerte querida, eres muy joven para entenderlo, pero es así y para tu infortunio a las mujeres les toca ser la presa desde el principio de los tiempos, por su vulnerabilidad, por sus sentimientos, por su descuido—Dijo él incorporándose un momento con un cuchillo en mano, mientras agregaba de forma distante:

—Sí querida debemos admitirlo que tu género es más vulnerable. Un hombre jamás hubiese transitado tantos kilómetros sin percatarse que era seguido por alguien como yo. Ustedes las mujeres son así, nunca se percatan de esas cosas, viven en sus burbujas ignorando que habemos depredadores a su alrededor, siempre siendo cazadas e ignorantes de ello; cazadas por su belleza por hombres que fingen para ser su cazador, cazadas en sus trabajos, cazadas por sus conocidos…hombres que crean una personalidad, como yo lo he hecho para atraparlas, algunos las enamoran, otros las embaucan, otros se casan con la presa para retenerlas y jugar con ellas y otros como yo somos más directos, solo las cazamos y después las matamos…

Mmm, es triste pero nacieron débiles por un motivo, nacieron presa y nosotros nacimos cazadores —Agregó indolente el sujeto al tiempo que se acercaba a su presa, inclinándose cerca de ella, saboreando la victoria de su caza. Pues ese era su momento favorito, cuando su víctima imploraba por piedad o cuando tontamente intentaba huir; pero esta era diferente lo supo cuando con voz casi tan fría como la de él le dijo de forma concluyente:

— Ya sabemos porque cazas a chicas de diecisiete años ¿verdad? Mmm, supongo que mi madre era mucho desafío, y un hombre sin duda hubiese sido imposible—acotó con triste insolencia, sabiendo que, ya que no podría evitar su inminente muerte, al menos se llevaría algo con ella…algo de este asesino se iría con ella.

El rubio sujeto que media tal vez más de 1.80 de estatura no pudo más que reír ante el tonto comentario de su presa...

La estúpida no sabía aún que debía implorar y no enojarlo más. Seguramente creía que era un juego, que no era tan rudo, que no era un alfa. El rey de su propia selva, pero él la iba a sacar de su error, muy rápido...