Las Cosas No Siempre Son Lo Que Parecen

—Deberías pensar seriamente en subirme el sueldo, —le dijo Harry a su jefe, mientras le ayudaba a recoger al cuarto borracho de la noche. —Esto no está en mi contrato Niall, deberías darme un bono por cada uno, —rezongó molesto.
—Hoy estás insufrible, por todo te quejas. Se te nota la soltería, —contestó riéndose el rubio platinado, mientras acomodaba a un joven alto, de mejillas coloradas que intentaba levantarse.
—No empieces, o te dejo aquí solo, —amenazó Harry.
—Ya, está bien, lo siento, —se disculpó. —Al parecer era el último, —dijo cansado. —Creo que podemos empezar a limpiar.
Era la rutina de todos los fines de semana en el bar. Niall era el dueño hace quince años, y Harry trabaja en él hace trece, sirviendo tragos, bebidas, limpiando y lavando copas. Y levantando jóvenes ebrios que no se saben controlar.
—¿Está todo bien en casa? —preguntó preocupado Niall.
—Sí, solo estoy cansado. Fer estuvo desvelado anoche y no dormí bien, sólo eso, —contestó ahogando un bostezo en su brazo.
—¿Porqué? ¿Está enfermo? —Se inquietó.
—No, creo que es algo más bien amoroso, —contestó. —Ya sabes, su primer amor.
Niall sonrió y Harry suspiró.
Terminaron de barrer y limpiar el piso, mientras el sol aparecía con sus primeros rayos, comenzando a despertar a los dormidos clientes que estaban en un rincón.
Harry se preparó un té, mientras Niall hacía la caja, y el lugar quedaba desocupado.
Su mente se fue directo a la luna. Estaba por cumplir 38 años, llevaba soltero alrededor de 15. Había tenido alguna que otra aventura, pero no podía permitirse más que eso. No cuando tenía un hijo por quien velar.
A veces extrañaba la rutina y la estabilidad que entregaba una pareja, pero la verdad era que estaba bastante satisfecho con su vida. Su Fer tenía 14 años, producto de una relación de una noche que tuvo con su mejor amiga, cuando estaban fuera de sus cabales. No contaban con que ella moriría en el parto, cambiando los planes de todos, sobre todo los suyos, que jamás quiso ser padre.
Él, que era desordenado, flojo, inútil, inestable. Se había cambiado tres veces de carrera y su futuro a los 23 años consistía en beber la mayor cantidad de alcohol posible.
Tuvo que aprender a golpes y en la más dura soledad lo que era la paternidad. Su familia, que era básicamente su mamá, su padrastro y una hermana menor, no fueron precisamente un soporte. Lo ayudaron el primer año económicamente. Para el segundo año, ya habían desaparecido y ahora ni siquiera sabían de su vida, porque se habían mudado a algún lado del mundo sin avisarle. Tuvo que buscar un trabajo, sin terminar de estudiar en ese momento, pagar una renta de un muy pequeño departamento, aprender a cocinar, y todo lo que significa cuidar un bebé.
Cuando vio por primera vez la carita arrugada y pálida de ese pequeño entre sus brazos, algo cambió en él. Una mezcla de mil miedos juntos y un sentimiento nuevo que pudo traducir como amor. Claro que después, y con los años, entendió, que el afecto y el apego de padre también se construye y crece con el día a día, con el conocerse, con la rutina, con el aprendizaje y con un largo y muy agotador etc.
Fue ahí que conoció a Niall, quien le dio este trabajo con muchas facilidades de horario y le presentó a su familia que lo ha ayudado a cuidar a Fer en las noches para que pueda trabajar. Afortunadamente, Niall tiene un hermano de la misma edad, por lo que se han criado casi juntos y así no ha resentido tanto la falta de una familia.
Una vez que su jefe ya ha cuadrado todo, pueden irse. Se van juntos, así Harry pasa a buscar a su hijo para pasar a desayunar y luego dejarlo en sus clases extra programáticas. Eso le da unas horas para poder dormir antes de tener que cocinar y preocuparse de lavar la ropa y las cosas de la casa.
—Buenos días Garrapata, ¿cómo dormiste?
—No me digas así papá, —contestó el adolescente enojado. —Vamos atrasados otra vez.
—Es temprano Garrapata, vamos, caminemos, —dijo Harry riendo mientras le dejaba un beso en el pelo rizado.
Media hora después, por fin pudo cerrar los ojos, acostado en su cama, y disfrutar de cuatro horas de descanso. No serían suficientes, pero en algo calmarán el dolor de cabeza que está empezando a sentir.
Cuando sonó la alarma, sintió que apenas cerró los ojos. El dolor era mil veces peor, pero se levantó de todas maneras y buscó en la cocina qué había para preparar. Hizo una sencilla ensalada, ordenó un poco, lavó una carga completa de ropa, hizo las camas. Justo a tiempo para cuando llega su pequeño.
—Papá, tengo que contarte algo, —dijo un pálido Fer, sentándose a la mesa.
—Claro garrapata, —contestó Harry, mientras servía el almuerzo. —Te escucho.
Pero solo obtuvo silencio.
—¿Qué pasa? ¿Hay algo mal? —Miró preocupado los ojos color miel de su hijo.
—Tengo miedo, —suspiró. —Creo que yo... a mi... besé a Tom, —confesó, bajando la cabeza.
Y Harry sonrió.
—No entiendo Fer, tú sabes que soy gay, ¿Por qué tenías miedo de decirme algo así?
—Porque siempre me has contado de lo difícil que fue para ti asumirlo y decirlo.
—Sí, pero porque mi familia no aceptaba ni hablaba de ninguno de estos temas. Yo siempre te voy a apoyar, puedes contar conmigo en todo lo que necesites hijo.
—¿También estaría bien que quisiera tener novio? —preguntó con duda.
—Creo que estás muy pequeño, pero también me gustaría conocerlo, —contestó acariciando su mejilla.
—Gracias papá, te amo, —dijo abrazándolo con fuerza.
—Yo te amo más.
—Anda a dormir, yo lavo.
Y Harry no se pudo negar.
Cuando despertó, encontró un rico sándwich y un té esperándolo en su velador. Comió y luego se bañó. Su pequeño ya estaba dormido.
Fue a la cocina y dejó listo el almuerzo del día siguiente. Adelantó el desayuno, y terminó un par de pendientes. Se sentía tranquilo. Sonrió al pensar en su hijo y en lo grande que estaba. Recordó también su primer beso, había sido un verdadero asco. No recuerda el nombre del pobre chico, sólo que ninguno tenía experiencia, y sus dientes chocaron, tenían exceso de saliva, la sensación de la lengua del otro le dio arcadas. Se puso a reír, mientras se agarraba la cabeza. Cómo cambiaban las cosas.
Si había algo que amaba ahora, eran los besos. Podría besar por horas, en cualquier lugar, en cualquier momento, en todas las intensidades. Era un adicto a los besos, y los extrañaba.
Se acostó y aprovechó de descansar, para poder empezar una nueva semana un poco más repuesto. De lunes a miércoles su horario era de día y de jueves a sábado de tarde noche.
La semana pasó sin ningún inconveniente. El jueves llegó, y con él, los mismos borrachos de siempre. Y también otros clientes, que eran agradables de atender.
Entre ellos, había un grupo bastante simpático de 4 chicos que iban todos los jueves y viernes. Pedían siempre lo mismo, nunca tomaban de más, y dejaban buenas propinas. ¿Notaba que uno de ellos lo miraba demasiado? Sí, pero no le daba importancia, no podía hacerlo.
Sin embargo, ese jueves, notó algo distinto.
Cerca de ellos vio a un sujeto que no frecuentaba el bar, y tenía una actitud demasiado sospechosa, por lo que trató de estar atento. Se le dificultaba a veces, por la cantidad de clientes que debía atender, pero su sexto sentido le decía que algo no andaba bien.
Dos de los chicos fueron al baño, y fue cuando vio a los otros dos desplomarse prácticamente sobre la mesa. Supo de inmediato que los habían drogado. Le informó a Niall y se acercó a ellos para ver cómo podía ayudar.
Gracias a que actuaron rápido, pudieron cerrar el local a tiempo y lograr que llegara la policía. Revisaron las cámaras y detuvieron a los culpables, que eran tres tipos a los que se les encontró droga y documentos falsos. Se llevaron a las víctimas al hospital, y sus amigos se tuvieron que quedar en el bar para dar una declaración.
Harry les preparó un té a cada uno y les ofreció una manta para abrigarse.
—Lamento mucho lo que pasó, y espero que sus amigos estén bien, —les dijo, sentándose a su lado.
—Gracias, han sido muy amables. Somos Louis y Liam.
—No tienen nada que agradecer. Soy Harry, y es nuestro trabajo que este sea un lugar seguro para ustedes, —contestó sonriendo.
Se quedaron conversando por unos minutos, mientras terminaban los trámites y papeleos de la policía. Cuando ya estuvo todo listo, Niall los llevó al hospital a buscar a sus amigos.
Afortunadamente la dosis que consumieron fue pequeña, pero tendrían que quedarse en observación hasta el día siguiente, por lo que decidieron irse a dormir. Pero antes, Harry se acercó a Louis.
—¿Podrías darme tu número de teléfono? —Le dijo sacando su celular.
—Lo siento, contestó Louis, sorprendido y demasiado nervioso. —No estoy interesado...
La cara de Harry y Niall era de sorpresa. Pero la de Liam era de impacto.
—Era para preguntar por tus amigos. No me gustan los niños. Aseguró con una sonrisa tan dulce que Louis se arrepintió en el acto de sus palabras.
—Lo siento, debe ser el sueño, no quise ser grosero, —se disculpó con la lengua a tropezones y completamente rojo de la vergüenza.
—No te preocupes. Es bueno ser claro y directo, —le dijo Harry, con esa seguridad que lo estaba derritiendo.
Finalmente se despidieron sin compartirse los números.
Para Harry fue una anécdota más, pero para Louis... una obsesión.
Si iban a ese bar cada fin de semana, era porque obligaba a sus amigos a acompañarlo para que él pudiera ver a ese hermoso ser. Contaba los días para poder sentarse siempre en el mismo lugar, y pedir como un idiota siempre lo mismo, mientras se perdía en sus hermosos ojos verdes. Juntaba lo que podía de dinero para dejar una buena propina y dar una buena impresión.
Lo había visto rechazar infinidad de invitaciones. Hombres y mujeres se le insinuaron, le invitaron bebidas, tragos, comida, le llevaron regalos. Jamás lo vio coquetear y por eso estaba seguro de que no le gustaban los hombres. Tal vez estaba casado y con una familia feliz.
¿Por qué entonces actuó así cuando le pidió su número? Porque era un tonto, idiota, estúpido. Ni en sus mejores sueños imaginó que una situación tan delicada lo acercara tanto al objeto de sus deseos, y él lo había arruinado, humillándolo, además. Las palabras de Harry, tratándolo de niño, no se iban de su cabeza.
Sabía que era menor, pero era bastante maduro. O eso quería creer. O lo intentaba. Bueno, con su edad no podía esperarse mucho, ¿o sí? ¿Qué tan maduro puedes ser con 25 años?
Hace dos años se tituló de psicología y apenas hace ocho meses encontró su primer trabajo. Lo despidieron a los tres meses porque faltó dos días seguidos por culpa de una resaca horrible y se le olvidó avisar. Consiguió uno nuevo, pero duró un poco más de un mes y lo dejó porque le quedaba muy lejos. Ahora llevaba apenas dos meses en un nuevo lugar.
Fuera de eso, no sabía ni pelar una papa. Vivía con sus padres y sus dos hermanas, que aún eran pequeñas, tenían 13 años. Tampoco tenía idea de cómo usar una lavadora o cosas básicas de una casa. Cuando tenía pesadillas se acurrucaba con sus padres, y le gustaba que su mamá le picara la fruta después de almuerzo. Pero estaba seguro de ser muy maduro para su edad.
Sus amigos lo alentaban a acercarse y tener una aventura con este señor, aunque admitían que cualquiera estaría feliz de tener algo con él. Sin embargo, no se atrevía. Pasaban los días, semanas y meses, y siempre se conformaba con solo mirarlo. Quizás algún día podría acercarse y conversar, tal vez pedirle una cita. Soñar con algo más, era mirar muy alto.
A su edad, Harry era tremendamente atractivo. Alto, delgado, una sonrisa infartante con hoyuelos, su pelo corto pero lo suficientemente largo para mostrar unos rizos rebeldes y suaves. Un sentido de la moda impecable y una luz que ya se quisieran varias estrellas de Hollywood. Era inevitable no mirarlo. Pero lo más llamativo, era su seguridad, o su tranquilidad. Un algo difícil de describir.
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El nuevo trabajo de Louis era en una escuela. Debía orientar a los jóvenes que llegaban a su oficina derivados por los profesores, debido a algún mal comportamiento o a algún problema que tuvieran en su hogar y que fuera informado a la dirección.
Decir que estaba nervioso los primeros días, es poco. Nunca había trabajado con adolescentes y sabía que podía ser complicado y complejo. Sin embargo, no estaba preparado para lo que iba a suceder. Resultó que tenía una conexión especial con ellos, que estaban mucho más perdidos que él. Escucharlos y tratar de encaminarlos empezó a darle una nueva visión y perspectiva de las cosas. No podía creer que, en muchos hogares, la homosexualidad aún fuera un tabú. O que algunos padres lo aceptaran, pero de la puerta hacia afuera, o que pensaran que era una etapa, o que se les fuera a pasar, como un resfriado.
Tampoco que el futuro, y elegir una carrera los agobiara tanto. O el hecho de simplemente crecer.
Tuvo que secar muchas lágrimas y dar muchos abrazos, saliéndose de su rol frío desde su escritorio, pero no podía simplemente ver el dolor en esos chicos y decir que todo estaría bien cuando no era cierto.
Eso hizo que se ganara en poco tiempo el cariño y la admiración de los estudiantes, pero también el recelo de muchos padres.
Padres que elevaron sus quejas al director de la escuela y pidieron la salida inmediata de quienes conformaban la directiva de la escuela. También exigieron el despido del nuevo sicólogo y un nuevo reglamento.
Se convocó una reunión extraordinaria de apoderados para discutir todos estos temas. Se eligió también un nuevo grupo de personas para estar al frente de las decisiones importantes y el nuevo reglamento se creó de manera aún más amable para los estudiantes. Afortunadamente para Louis, su postura fue aprobada por una amplia mayoría.
El recién elegido presidente del Centro de Padres pidió una reunión para hablar con él, ya que su propio hijo le había contado de lo maravilloso del nuevo sicólogo de la escuela.
—Esto sí que es una sorpresa, —dijo Harry, extendiendo su mano.
—Ya lo creo, siéntate por favor, —contestó Louis muy nervioso.
—No sé si lo sepas, pero me acaban de elegir como el nuevo presidente del Centro de Padres. Me costó mucho encontrar una escuela como esta, con una visión abierta con respecto a algunos temas que son importantes para mí y en lo que quiero enseñarle a mi hijo. Te agradezco mucho el trabajo que has hecho, los chicos necesitan en quien apoyarse y en quien confiar, sobre todo cuando no encuentran ese soporte en sus casas. Lo has hecho increíble.
Y Louis estaba conmovido. No sabía el alcance de su trabajo hasta ese momento.
—Me impacta la cantidad de problemas que pueden tener. No se merecen pasar por tantas cosas, son jóvenes buenos, sólo necesitan alguien que los guíe. Gracias por apoyar lo que hago.
—Vamos a vernos bastante seguido, así es que necesito tu número de teléfono. ¿Puedo tenerlo sin que pienses que te estoy coqueteando? —Preguntó Harry cerrándole un ojo.
El rubor en las mejillas de Louis lo delató. —Lo siento, de verdad no quise ser grosero. ¿Podemos olvidarlo? ¿Por favor? —Pidió.
—Relájate, te estoy bromeando, ya te dije que no me gustan los niños. Aquí está mi número. Mándame un mensaje cuando tengas tiempo, para agregarte. Nos vemos.
Y salió, dejando a un Louis completamente sin palabras. Cuando pudo recuperarse, dio un gran suspiro.
Dejando de lado su interés por Harry, su trabajo en esta escuela era algo que empezaba a ocupar la mayor parte de su tiempo. Cuando llegaba a su casa, no iba directamente a dormir o a comer. Empezó a hablar con sus padres, con sus hermanas, a querer saber de sus días, de sus intereses, a participar de preparar la cena, aunque fuera mirando, o poniendo los vasos.
Buscaba e investigaba estrategias de comunicación, leía por las noches nuevas teorías, buscaba nuevos programas para llevar apuntes de forma más ordenada. Veía series, películas, animés, que pudieran acercarlo a sus alumnos.
Ordenó su presupuesto, necesitaba mejorar su vestimenta y tener en su oficina cosas básicas, como agua, jugos, barritas o incluso galletas para alguno que lo necesitara. Se estaba tomando todo muy en serio.
Había encontrado su lugar. Sus dos primeros trabajos estaban muy lejos de este. El primero fue de sicólogo laboral, en una empresa de Minería. El segundo, en una empresa que reclutaba a los más exclusivos ejecutivos para grandes empresas.
Nunca se había sentido parte de algo o de que era realmente importante para alguien. Pero nunca dudó de que debía estudiar sicología, por algo fue el mejor alumno de su promoción.
Sin embargo, jamás pensó que su campo eran los adolescentes. Tampoco, que podría empatizar con temas que para él eran tan naturales y poco problemáticos como la sexualidad o la aceptación de las familias. La suya era un privilegio, lo estaba entendiendo. Su vida completa lo era, al lado de tantas tristezas y dolores que le tocaba escuchar.
Dos días después de la visita de Harry, le envió un mensaje.
09:26 Hola, ¿Tienes tiempo de un café? Soy Louis.
Más rápido de lo esperado le llegó la respuesta.
09:28 Contacto agregado. No es necesario lo del café, pero gracias.
Y Louis se molestó.
09:29 Eres tan desagradable. Borra mi número, lo voy a cambiar.
Y bufó de la rabia.
Harry en cambio, se reía. Tenía razón, Louis era un niño. Uno precioso, pero niño al fin.
Una semana pasó, en calma, sin grandes cambios. Excepto que la tarde del jueves, Fer llegó muy contento.
—Papá, invité a alguien a cenar. En realidad, a dos personas.
—Pero Fer, sabes que hoy trabajo de noche y no puedo estar a esa hora en casa, —dijo preocupado Harry.
—Ya hablé con mi tío Niall y te dio permiso de llegar más tarde, —contestó con voz traviesa.
—Fer, sabes que no puedes hacer eso, —lo reprendió.
—Papá, es importante. —Hizo un precioso puchero que derritió cualquier enojo.
—¿Quiénes son?
—Tom y Louis, —contestó feliz.
—¿Cuál Louis?
—El sicólogo de la escuela papá, te he hablado de él.
Y Harry sin saber por qué, sonrió. —Vas a tener que ayudarme entonces, —le advirtió a su hijo.
—Sí papá, lo que digas, —dijo abrazándolo, y recibiendo un beso en su mejilla.
Prepararon algo sencillo pero muy rico, y ordenaron un poco. Rápidamente llegó la hora de cenar y apenas sonó el timbre, Fer fue a abrir, mientras Harry sacaba una fuente del horno.
Demasiado silencio, pensó, por lo que se asomó y pudo ver a su hijo devorado y devorando los labios de quien supuso, era el famoso Tom. Un precioso chico de rulos rebeldes y grandes lentes de marcos negros. No logró saber cuáles eran las manos de su hijo y cuáles de su amigo.
No quiso interrumpir, así que se devolvió a la cocina riendo. Pronto llamaron nuevamente.
Esperó en la cocina, a que llegaran los invitados, para ver la cara de sorpresa de Louis. Y no se equivocó, cuando lo vio palidecer y luego ponerse colorado hasta las orejas.
—¿Cómo estás Louis? —Preguntó con una gran sonrisa.
—¿Fer es tu hijo? —Dijo sin a modo de respuesta, ligeramente molesto.
—Así es. Bienvenido.
—Papá, él es Tom, —dijo orgulloso Fer, mostrando al ahora tímido adolescente.
—Mucho gusto Señor, —saludó el joven.
—Dime Harry. Estoy encantado de conocerte Tom, siéntete en casa. Por favor, pónganse cómodos, está lista la cena.
Y en cosa de segundos, estaban instalados, listos para comer.
Se relajaron cuando probaron la deliciosa lasaña y la fresca ensalada, y la conversación fluyó como si fueran una gran familia. No faltaron las risas y las bromas, hasta que se acabó todo lo que había en la mesa.
Rápidamente Fer y Tom levantaron y lavaron todo, para desaparecer en la habitación del primero, con permiso de Harry, obviamente, mientras éste recibía una llamada de Niall. Había explotado una cañería por lo que no podrían abrir esa noche, así que podía descansar.
—¿Café? —preguntó a Louis aguantando la risa.
—No, gracias.
—Vamos, no te enojes. Lo siento, ¿prefieres vino? —Intentó otra vez.
—Quisiera un té por favor.
—Bien, te lo llevo al sofá en dos minutos.
Aprovecharon que era temprano, y junto al caliente líquido pudieron conversar con calma.
—Fer es un chico asombroso, —comenzó Louis.
—Lo es. Estoy muy orgulloso de él, —contestó Harry, con sus ojos brillando.
—¿Puedo preguntar por su mamá? —Dijo tímidamente.
—Claro. Murió en el parto. El líquido amniótico se mezcló en su sangre y colapsó su cuerpo. No pudieron salvarla, tenía 22 años, —terminó con un poco de pesar.
—Lo siento mucho, no quise recordarte algo tan triste, —dijo acercándose para tocar su brazo.
—Oh no, no te preocupes. Siempre va a doler, es normal. Gracias por preocuparte.
—¿La amabas mucho? —preguntó con delicadeza.
—La amaba todo lo que puedes amar a una amiga. Lo nuestro fue una idea loca de una noche. Ella quería ser mamá, estábamos borrachos, drogados, nos acostamos, quedó embarazada... No estuve con ella en el embarazo, porque se fue al campo lejos de todo. Me llamó cuando estaba en el hospital, para que lo conociera, porque fue una promesa que me hizo. Cuando estaba esperando que naciera, ocurrió la tragedia. La familia de Allyson la desterró apenas supo del bebé, sólo quedaba yo. No podía dejarlo solo, como fuera, yo decidí involucrarme. Es mi hijo.
Un silencio incómodo se instaló entre ellos. No tenían tanta confianza para tener esa clase de conversaciones.
—Entonces, ¿estás soltero? —Preguntó Louis, arrepintiéndose al minuto de su consulta tan obvia.
—Lo estoy. Llevo muchos años solo, me gusta estarlo. ¿Y tú? —devolvió, divertido, la pregunta.
—Sí, la verdad nunca he tenido una relación estable ni no estable. Supongo que eso no es atractivo y tú has tenido muchas... o no, con mujeres, y ¿hombres? Creo que es mejor que me vaya, mañana hay que levantarse temprano, —dijo fastidiado con él mismo.
¿Es que acaso no podía mantener una conversación interesante o divertida? ¿Tenía siempre que ponerse tan nervioso y arruinarlo todo?
—Me parece que sacas muchas conclusiones antes de tiempo.
Se levantó y llevó las tazas vacías a la cocina.
Louis se quedó pensando en esas palabras. ¿Qué significaban realmente? Podía ser una o mil cosas diferentes.
Los suspiros se habían vuelto su amigos inseparables. Uno de frustración salió de sus labios.
La despedida fue extraña, dejando un malestar en los dos.
Al día siguiente, había mucha gente en el bar. El grupo de Louis estaba como siempre en su mesa, puntual, tomando lo de cada fin de semana. Lo que cambió, fue que el sicólogo estaba en la barra, mirando a Harry trabajar, y haciéndole preguntas al azar. La hora pasó, sus amigos se fueron, y él no se movió. Estuvo toda la noche con el mismo vaso de cerveza, intentando obtener respuestas. El problema, es que ni siquiera tenía claras las preguntas.
—¿Te puedo acompañar a tu departamento? —Le preguntó.
—Claro que no. Ándate a dormir a tu casa, estoy muy cansado y tengo mucho qué hacer, —contestó muy molesto.
—Pero Harry, necesito saber...
—¿Saber qué? —Lo interrumpió. —No tienes idea de lo quieres Louis. —Su mirada era de fatiga y cansancio.
Y la de Louis era de duda, Harry tenía razón: no sabía lo que quería. Tenía miedo, Harry lo hacía sentir inseguro y eso no estaba bien.
Se fue a su casa, con la sensación de haber caminado miles de kilómetros bajo el sol, llevando una gran mochila. Se acostó y no se levantó en todo el día. Ni siquiera a comer.
Muchas cosas le estaban pasando y no sabía cómo reaccionar a ellas. Cosas que deberían haberle pasado hace años y que han llegado tarde a su vida. O en un tiempo perfecto tal vez.
Su mamá, preocupada, fue a hablar con él.
—Mi pequeño, algo te pasa. ¿Quieres contarme? —preguntó mientras acariciaba sus castaños y lisos cabellos.
—¿Cómo sabes si una persona es la correcta... si debes intentarlo o alejarte? —La miró fijamente.
Y su mamá sonrió.
—Si lo supiéramos al principio, sería todo muy fácil ¿no crees? —Le dijo tocando sus manos. —¿Qué te gusta de él? ¿Te ves a largo plazo? ¿Buscas algo serio? Son muchas preguntas que puedes y debes hacerte. Depende de cómo las contestes, es lo que debes hacer. Formar parte de la vida de otra persona es una decisión importante, y si te estás cuestionando algo así, supongo que sientes algo fuerte, ¿o me equivoco?
—Me encanta, pero estoy confundido. Es distinto a todos los hombres que he conocido, me intimida, no sé cómo actuar. Es mayor, —contó con miedo a la reacción de su progenitora.
—Quizás por eso te asusta, si es alguien con experiencia, con las cosas claras. No creo equivocarme, pero es primera vez que te veo así por alguien. Estás acostumbrado a los chicos libres, sin obligaciones, vínculos sin sentimientos. ¿Es mucho mayor? ¿Cómo se llama?
—Sí, 13 años. Se llama Harry, y es tan, no sé, fuerte, seguro, atractivo” Suspiró.
—Intenta pensarlo desde afuera, como si tuvieras que ayudar a alguno de tus pacientes. Imagina las preguntas y respuestas. No necesitas tomar una decisión rápida, tómate tu tiempo. A veces creemos que las personas son de una manera y son mucho más sencillas. Abajo está tu cena esperándote.
—Gracias mamá.
—Te amo pequeño, —dijo después de darle unos delicados besos en su mejilla.
Se cuestionó mil cosas mientras comía y luego lavaba los platos. También mientras planificaba la semana y ordenaba su habitación.
La semana pasó como siempre. Lamentablemente la cantidad de alumnos que necesitaban su ayuda no bajaba y había casos que lo tenían realmente preocupado. Uno, sobre todo en esos momentos.
Dudó, pero le escribió a Harry y le pidió que lo visitara en la escuela. Necesitaba ser profesional y se sentía sobrepasado.
Cuando llegó, se sentaron frente a una taza de té.
—Gracias por venir tan rápido. Tengo el caso de Emi, es muy grave. Quisiera que leyeras su expediente y me digas que podemos hacer, —dijo pasándole una carpeta.
La mirada de Harry era de extrañeza, pero no comentó nada.
Cuando terminó de leer, estaba sin palabras.
—¿Informaste de esto al director?
—Hace dos semanas y no hay cambios. Cada vez está siendo más vulnerado. Interpuse una demanda anónima, pero me explicaron que si no hay familia que se haga cargo, lo dejaran en un hogar hasta que sea mayor de edad y luego básicamente, quedará a su suerte. Por eso te llamé, no sé qué hacer”
—Es un caso delicado. Creo que debemos intentar una vez más con la dirección, y exigir una respuesta. En caso de no tenerla, yo mismo lo saco de ese lugar, —dijo muy enojado y levantándose.
Afortunadamente, el director les tenía buenas noticias y había una tía del alumno que podía y quería hacerse cargo de él. Louis seguiría a cargo de sus terapias, ahora de manera formal, y podrían hacerle un seguimiento.
—Me alegra que todo haya salido bien, —dijo Harry, una vez que volvieron a la oficina de Louis.
—Sí, es una buena noticia. Gracias por tu ayuda y apoyo, aún hay casos que me sorprenden y me descolocan.
—Cuando quieras, la idea es que nos apoyemos. ¿Estás bien? Te noto... ¿distante?
—No, para nada. Sólo estoy tratando de mantenerme competente acá en la escuela, y no mezclar las cosas. Estaba siendo inmaduro y molesto con mi actitud hacia ti, me disculpo por eso.
Harry lo miró largamente, de manera indescifrable.
—Eres tremendamente alegre, original, genuino y apasionado. Llevas seis meses sentándote en la primera silla de la cuarta mesa en el bar. Siempre pides cerveza, aunque nunca te la tomas. ¿Porqué? No lo sé. Me mirabas como si fueras a hablarme y nunca lo hacías. Cada día me dejabas las mismas 15 libras de propina. Debo suponer que amas las zapatillas y los buzos, y que tu color favorito es el rojo. También que tu mejor amigo es Liam.
Louis no podía cerrar la boca.
—Y no creas que sé estas cosas porque me he fijado exclusivamente en ti, —dijo con voz engreída. —Liam debe ser el más cuerdo de los cuatro, el más sensato. Siempre es el más calmado y el que los contiene. Le gustan los jeans y las chaquetas originales. Podría describir a Zayn y a Jack, pero creo que es innecesario.
Caminó alrededor del lugar, mirando los cuadros en la pared.
—Supones muchas cosas y eso te hace tener miedo de actuar. Piensas que te gusto, pero el hecho de no haber tenido una relación antes te hace sentir inseguro. Si me dejara llevar por las apariencias, diría que Liam es más mi tipo, solo que él está interesado en Zayn. Pero no, la verdad no estoy buscando a alguien, y me parece que tú tampoco. Creo que te parezco una especie de reto o que me ves como a alguien interesante, pero cuando te imaginas en mi vida, incluyendo a mi hijo o a tu familia, todo se desvanece. Porque entendiste que estar conmigo o intentarlo, significa eso.
Se acercó a la puerta, para irse, pero se devolvió para decir una última cosa.
—No deberías dudar de lo asombroso que eres, nunca. Eres un hombre increíble Louis, serías un novio maravilloso si aprendieras a creer en ti.
Y se fue, dejando al sicólogo, otra vez, sin palabras, pero, además, con su cabeza hecha un montón de pensamientos contradictorios.
Todo lo que dijo Harry era cierto. Incluso lo del interés de su amigo Liam por Zayn, aunque él era único que lo sabía. También se había imaginado una vida con él y Fer, pero la imagen se disipaba cuando tenía que verse como padre de un adolescente.
¿Estaba la paternidad en sus planes? No. Menos con alguien apenas 11 años menor. Casi como sus hermanas. Hermanas. No hijas. Aunque Fer era genial y divertido, y tenía las cosas muy claras.
¿Presentar a Harry con su propio padre? Lo ponía nervioso. Sabía que su mamá lo apoyaba, y seguramente su papá también, pero... La verdad Harry y su papá no tenían nada que ver.
Entonces, ¿por qué tenía tanto miedo?
¿Tal vez porque era la primera vez que estaba exponiendo sus sentimientos de manera tan evidente? ¿Porqué nunca le han roto el corazón y es una posibilidad enorme? ¿Porqué el fracaso amoroso es de lo más normal en la vida de cualquier persona?
Harry se estaba convirtiendo en su primera vez. Nunca se había enamorado, ni había tenido una relación, ni se había imaginado un futuro con nadie. Nunca imaginó envejecer con alguien o compartir los almuerzos o quiso los amaneceres entre los brazos de una sola persona. Ahora empezaba a anhelar un para siempre.
Suspiró pesada y largamente.
Tocaron a su puerta y entró el nuevo profesor de deportes: Connor, era tremendamente atractivo. Moreno, atlético, bellos ojos marrones muy profundos, con un gran sentido del humor, fácil conversación. Cuando Louis lo miraba, pensaba que era todo lo que él no era ni podía ser.
—Louis, necesito tu ayuda. Sé que no somos amigos, pero he visto que Harry pasa mucho tiempo aquí. Por fin aceptó tener una cita conmigo y quisiera regalarle algo, pero no me decido, —dijo casi atorándose con las palabras.
¿Qué? ¿Harry qué? ¿Harry y Connor qué?
—Harry pasa tiempo acá por los chicos, pero no lo conozco mucho. No sé cómo ayudarte, lo lamento, —contestó ocultando su furia.
—¿Sabes si prefiere el té o el café? —intentó otra vez.
—Oh, sí, —simuló recordar. —Ama el café, —mintió. —Sobre todo las variedades con licor.
—¿En serio? Pensé que era más de té, —dijo sonriendo al aire. —Es una caja de sorpresas. Ojalá me vaya bien y logre conquistarlo.
Salió casi flotando de la oficina, mientras Louis lanzaba a la pared un montón de papeles.
Estaba seguro de que Harry y Connor harían una excelente pareja.
Cediendo a los impulsos de sus celos, le envió un mensaje.
13:39 Suerte en tu cita. Ojalá sean muy felices.
Como toda persona madura, apagó su teléfono para no recibir ningún mensaje y darle una lección al infiel de Harry. Pasó la tarde trabajando arduamente para evitar pensar, pero cada cinco minutos tenía la tentación de prender su celular para encontrar las mil llamadas perdidas y el millón de mensajes de arrepentimiento de su precioso amor.
Cuando llegó la noche, y estaba en su cama, cedió a la tentación, y por fin prendió el dichoso aparato. Apenas una notificación. Un miserable mensaje:
17:42 Gracias Louis, eres muy amable.
¿Sólo eso?
Quería llorar de la frustración. Enterró su cabeza en la almohada y apretó las sábanas con sus puños. Estaba tan celoso. Imaginaba a Harry y Connor cenando, riendo, besándose, en la cama, siendo novios y en su maravillosa luna de miel en Paris.
Estaba conociendo los celos. Nunca imaginó que era un calvario como ese. Su corazón latía acelerado, el pecho le dolía, y calientes y amargas lágrimas aparecieron por primera vez en sus ojos. ¿Así se sentía no ser correspondido? ¿Iba a ser siempre así? Lloró hasta que la aflicción se calmó y el sueño lo envolvió.
Dormir de esa manera no tenía sentido, pensó al día siguiente, cuando se miró al espejo y vio sus ojos hinchados y la cabeza le martillaba como si hubiese tomado de más. Salió temprano a la escuela. No tenía ganas de hablar con su familia y menos de explicar su cara larga y triste.
Mientras se organizaba y tomaba un reconfortante té, un nuevo mensaje llegó.
08:06 No sabía de mi gusto por el café, menos con licor. Gracias por enseñarme cosas nuevas Louis, te voy a llevar en un termo para que lo pruebes.
Y sus mejillas se pusieron rojas. Lo habían delatado y descubierto en su mentira. Ya daba igual, era el menor de sus males. ¿Qué podría compararse con su corazón roto?
Harry llegó temprano, fresco y radiante. Claramente había pasado una excelente noche.
¿Por qué? ¿Por Connor?
—Buenos días Louis, ¿estás bien? pareces un poco enfermo, —le dijo acercándose y tocándole la frente.
—Estoy bien, sólo dormí mal y me duele la cabeza, —contestó apoyándose en la mano de Harry, que no la retiró.
—Siéntate. Te voy a dar algo para el dolor y un té especial. Te vas a sentir mejor en un par de minutos.
Buscó unas pastillas y preparó una infusión con hierbas antinflamatorias.
—Tómalas. Eso es, ahora, cierra los ojos y dame tus manos. Te voy a hacer un masaje.
Louis se dejó hacer.
Las manos de Harry eran más grandes que las suyas, pero se sentían cálidas y suaves. Le apretaba ciertos puntos y en cosa de segundos empezó a relajarse y a respirar más profundamente. Incluso durmió por diez minutos, casi desmayado de lo cansado que estaba.
Despertó asustado, pero las manos de Harry seguían ahí, para darle tranquilidad. Una hermosa sonrisa lo esperaba. Su dolor y cansancio desaparecieron.
—¿Cómo te fue en tu cita? Puedo preguntar, supongo.
—Nunca había comido una pasta tan rica, —dijo Harry.
Louis se sintió mal, de pensar que ni siquiera sabía hacer una taza de té decente.
—¿Ya son novios? —Preguntó notoriamente triste.
—Claro que no. Connor es atractivo, educado, cocina muy bien, tiene buen gusto, muchas cualidades. Pero no me gusta.
—Oh, pensé que harían buena pareja...
—¿Por eso le dijiste que me gustaba el café? —le preguntó sonriendo.
—Lo siento, —se disculpó sinceramente.
—Fue la mejor parte de la noche. Me voy, nos vemos después.
Cuando estaba a punto de salir, Louis se acercó demasiado para preguntarle: —¿Cuál fue la mejor parte de la noche? —mirándolo fijamente a los ojos.
Y Harry le contestó perdido en sus labios: —Hablar de ti.
Y se fue.
¿Así era esto entonces?
Llorabas un rato, luego estabas feliz. Después te volvías a sentir triste y así en un sin fin de momentos hasta que te estabilizabas con esa persona que amabas o te terminabas enloqueciendo si es que nunca eras correspondido. ¿Por qué tenía que ser tan complicado?
No pudo seguir perdido en sus problemas amorosos, porque tenía alumnos que atender. Pero también necesitaba ayuda. Y decidió buscarla en la persona que tenía más a mano.
Unos días después buscó a Fer y le pidió que lo acompañara a su oficina.
—Preciso de tu cooperación. No quiero defraudarte ni que pienses que me estoy aprovechando de mi posición, pero necesito ser sincero contigo, —botó todo el aire que tenía retenido. Esto era más difícil de lo que pensaba.
—Te gusta mi papá y no sabes qué hacer, —dijo el adolescente. Louis abrió los ojos, sorprendido. —Siempre pasa. Mi papá es un imán. No te imaginas la cantidad de hombres y mujeres que me han pedido ayuda para acercarse a él. Me dan vergüenza. No sé por qué les cuesta tanto, —dijo orgulloso. —No lo digo por ti, —se corrigió al notar la cara de Louis.
—Lo he intentado, pero me intimida. Y me da mucha vergüenza hablarlo contigo, —comentó.
—Puede parecer intimidante. Pero te voy a contar un secreto, sólo porque me caes bien, y espero que nunca se lo digas. Mi papá es horriblemente tierno y cursi. Si lo dominas, cae rendido a tus pies. Pero si te muestras débil, no te va a dar espacio a que te acerques. Ahora, más te vale que no lo hagas sufrir, es muy sensible, y se ha dedicado a cuidarme. Si lo vas a intentar, cuídalo, es el mejor hombre del mundo. Si no puedes prometerlo, aléjate. Por favor Louis, no juegues con él, —pidió.
Y Louis sonrió. Y entendió el gran trabajo que había hecho Harry, y él quería ser parte de eso.
—Prometo cuidarlo Fer, como el tesoro que es.
—El viernes en la tarde me voy a la casa de Nick, que es el hermano de mi tío Niall, hasta el domingo en la noche. Para que sepas, —le dijo levantando y bajando las cejas.
—Gracias Fer. Te debo una.
Se dieron un fuerte abrazo.
Al llegar el jueves y el viernes, Harry se extrañó de no ver a Louis y sus amigos en el bar. Esperó hasta que cerraron, pero no llegaron.
No es que lo estuviera esperando.
Claro que no.
Por supuesto que no quería verlo.
El sábado en la mañana, al llegar a su departamento, cansado y algo triste, se encontró con el sicólogo esperándolo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
—Vengo a desayunar y almorzar contigo, —contestó Louis.
—No estoy de ánimos, —dijo hastiado.
—No te estoy preguntando. ¿Puedes abrir?
Y Harry lo miró sorprendido. Abrió la puerta, y vio entrar a Louis con toda propiedad, dejando unas bolsas en la mesa de la cocina.
—¿Te vas a quedar ahí parado? —le preguntó. —Ven a sentarte, te voy a servir el desayuno.
Té, panqueques, tostadas y frutas.
—Come, para que vayas a dormir, —le dijo sonriendo.
Y Harry aún no podía hablar. Comió en silencio.
Cuando terminó, se fue a su pieza y se acostó. Un minuto después apareció Louis, y lo arropó. Le dejó un beso en su mejilla, y le dijo:
—Descansa, te despierto para almorzar.
Y Harry cayó en un sueño profundo y reconfortante.
En ese tiempo, Louis dejó la casa impecable, aunque no era mucho lo que había por hacer y alcanzó a organizar y planificar su semana laboral. Cuando la hora de almuerzo llegó, pidió comida, porque sus dotes culinarias aún estaban en aprendizaje, y cuando llegaron las hamburguesas y papas fritas, fue a despertar a Harry.
—Hey, despierta. Vamos a almorzar... Bonito, despierta...
Y Harry se estiró y abrió los ojos, y se encontró con la mirada hermosa de Louis. Pero era una mirada distinta, una mirada que lo estaba intimidando y que había olvidado con las horas de sueño.
—Puedes caminar, o ¿traigo el almuerzo a la cama? —Preguntó sugerente.
—Puedo caminar, —contestó con gran esfuerzo.
En la cocina ya estaba todo listo, y Harry estaba sorprendido.
—No era necesario que hicieras todo esto, pero te lo agradezco mucho, —dijo conmovido. —Está todo impecable, y esto se ve delicioso. Tengo mucha hambre.
—Eso espero, —contestó Louis guiñándole un ojo, y mordiendo la hamburguesa.
¿Se había perdido de algo? Harry no sabía qué había pasado. ¿En qué momento su autocontrol se fue por el desagüe? ¿Cuándo Louis decidió actuar como un hombre dominante? ¿Cómo podría ahora resistirse a los hechizos de este ser hermoso y encantador?
Comieron en medio de una conversación relajada, sobre las próximas vacaciones de navidad. Cuando terminaron, limpiaron, y Harry decidió volver a dormir un poco antes de tener que volver al bar. Louis se iba a ir a su casa, pero antes de eso, necesitaba comprobar la teoría de Fer.
Se iba a arriesgar. Si se equivocaba, no había vuelta atrás.
Cuando Harry lo acompañó a la puerta, Louis lo arrinconó. Puso el peso de su cuerpo sobre él, y lo miró desafiante, mientras sus manos se adueñaban insolentemente de su cintura. Su nariz se deslizó suave por el atractivo cuello, cuya piel se erizó por completo, y pudo sentir cómo todo Harry vibraba bajo sus dedos.
Volvió a buscar sus ojos, y pudo ver, por primera vez, timidez, vulnerabilidad, ansiedad, deseo e incluso temor. La seguridad había desaparecido, dando paso a un hombre que buscaba lo mismo que él, un poco de afecto, un nuevo motivo, una nueva esperanza.
Se fijó en sus labios, que temblaban ligeramente, y tuvo que hacer un gran y doloroso esfuerzo por no morderlos. No todavía.
“Nos vemos Harry, descansa”
Y dejó un casto y muy, muy suave beso en su mejilla.
Se fue, sintiéndose triunfador, feliz. Ese hombre, era suyo.
Harry en cambio, apenas pudo llegar a su cama. Le costó conciliar el sueño, porque cada vez que cerraba los ojos, sólo podía ver los azules de Louis tan cerca suyo que volvía a quedarse sin aliento. Dio vueltas en la cama, hasta que finalmente el cansancio fue más fuerte y pudo dormirse.
Cuando despertó, se dio una ducha, se vistió y comió algo rápido Una vez en el trabajo, conversó animadamente con Niall, mientras ordenaba las copas y empezaba a atender a los primeros clientes. Su hijo lo acompañaría esa noche.
Pronto fue sorprendido por un pequeño, pero muy lindo arreglo de girasoles. Lo recibió feliz e ilusionado, pensando que era un bonito gesto de Louis. El sicólogo apareció un rato después, y Harry le agradeció la atención, pero no era un regalo de él.
Y eso lo enfureció. ¿Quién estaba intentando impresionar a Harry?
—Quiero que botes esas flores, —exigió muy enojado. —No deberías recibir regalos de extraños.
—Es un arreglo muy bonito, y no lo voy a botar porque tú lo digas, —contestó confundido. —No puedes decirme qué hacer, soy un adulto, y bastante mayor que tú, —dijo tirando el paño que usaba para limpiar el mostrador, y llevando una bandeja con cervezas a una mesa del fondo.
Mientras tanto, Niall y Fer hacían apuestas escondidos detrás de la barra.
—La táctica de las flores nunca falla. Yo creo que tu papá lo va a mandar a volar antes de que empiecen, —decía el rubio.
—Le tengo fe a Louis, yo creo que se va a disculpar y lo va a besar antes de mañana.
—Son 100 libras.
—Hecho.
Cuando Harry volvió, Louis lo estaba esperando con una bonita rosa que había robado de algún jardín cercano. Intentó acercarse, pero Harry lo dejó hablando solo y se fue a la bodega a buscar servilletas.
El sicólogo lo siguió.
—Harry...
—Una cosa es que recuperes tu seguridad y otra es que quieras pasar por encima de mí, y eso no te lo voy a permitir, —reclamó, dispuesto a comenzar una pelea si era necesario.
—Lo siento, tienes razón. Me descontrolé y me puse celoso, perdón, —dijo sinceramente, ofreciéndole la flor.
Y eso confundió a Harry.
Y alentó a Louis, quien se acercó despacio, pero seguro, hasta tocar con su dedo índice la parte interna del brazo de Harry, recibiendo como respuesta un ligero espasmo. Su otra mano viajó rápidamente a su pelo, y lo acarició. Recibió un tibio ronroneo, hasta que apretó sus dedos y tiró, llevando la cabeza de Harry hacia atrás, sacándole un gemido que encendió el ambiente.
Estaban solos, a oscuras, en silencio.
El cuerpo de Louis se abalanzó sobre el de Harry, hasta hacerlo chocar contra la pared.
Bésame...
¿Cuál de los dos fue el que lo pidió, como una súplica?
¿Cuál de los dos no soportó la distancia?
¿Cuál de los dos se arriesgó primero?
Fue un beso bastante malo. Demasiada ansiedad, demasiadas expectativas, demasiado descontrol.
El segundo, fue una obra de arte.
El tercero, merecía un premio nobel.
El cuarto, fue el deseo transformado en caricias.
Hasta que la melodiosa voz de Niall apareció, devolviéndolos al mundo terrenal y frío.
Las servilletas quedaron en el piso, como únicos testigos de lo que allí pasó. Y en las mejillas sonrojadas de dos seres que empezaban a sonreír por culpa del otro.
********** **********
Las ansiadas vacaciones de navidad llegaron, y Harry junto a Fer pasarían unos días en casa de Niall, quien, en secreto, también invitó a Louis.
Todos lo pasaron increíble, porque la familia de Niall era extremadamente divertida y muy sencilla. Les sirvió para conocerse más, para relajarse, y para convivir los tres, con Fer incluido, y poder palpar en terreno como sería un futuro juntos. El problema es que los días pasaron muy rápido y las obligaciones reaparecieron con velocidad.
Entre Harry y Louis no había pasado nada más desde aquel día en la bodega del bar. Sin embargo, sus miradas los delataban y sus sentimientos crecían en sus pechos.
Unos días después, Louis enviaba este mensaje:
18:29 No te di un regalo de navidad. ¿Podrías pasar mañana temprano por mi casa? No tengo que ir a la escuela porque tienen actividades deportivas y mis padres están de viaje con mis hermanas.
Contestar ese mensaje, y más aún, ir a casa de Louis, era casi aceptar que podría pasar de todo entre ellos. No podría ser ingenuo y pensar que iría a tomar té a una casa sola con un hombre que lo había besado de esa manera.
Sólo imaginarlo sentía la necesidad de tocarse, pero debía ser fuerte.
¿O acaso ya había caído?
Contestó el mensaje y terminó sus pendientes. Temprano desayunó y llevó a su hijo a la escuela. De vuelta se dio una larga ducha y se puso una ropa que parecía casual, pero que estaba finamente combinada.
Tomó el regalo de Louis, y pidió un Uber. Revisó la dirección y salió. La casa era muy bonita. Grande y espaciosa, con una hermosa cocina y un jardín colorido.
En la puerta, él. Su sonrisa, su mirada. Él.
—Te ves increíble, —le dijo Louis.
—Gracias, también tú, —contestó con una sonrisa.
—¿Quieres tomar algo?
—Un té por favor. ¿Tienes galletas?
—Sí, siéntate.
Louis puso el agua a calentar y las galletas en un bonito plato. Sacó las tazas y las dejó en la mesa, mientras Harry se sacaba la chaqueta, quedando en una delgada polera azul que le hacía mucha justicia a su cuerpo. Se sintió expuesto cuando la mirada de fuego de Louis lo recorrió por completo, logrando que sus pezones endurecieran.
—Es muy bonita esta cocina. ¿Tú sabes cocinar? —Preguntó para cambiar el ambiente.
—No, soy nulo para eso, —dijo acercándose peligrosamente.
Harry intentó mantener la calma, y caminó hacia el living, admirando los muebles antiguos que adornaban el lugar.
Pronto sintió las manos de Louis en sus caderas, y su voz rasposa cerca de su oído:
—No puedo prometerte que voy a aprender a cocinar, pero sí que voy a lavar los platos, —susurró. —Me voy a equivocar, pero lo voy a seguir intentando cada día. —Se giró para quedar de frente. Rozó su mejilla con la de Harry. —Dame una oportunidad... me gustas mucho, demasiado. —Le dio un pequeño beso. —¿Quieres ser mi novio?
Y Harry no se movió ni se inmutó, demasiado perdido en el vaivén de la boca perfecta de Louis. Sólo quería que ese pequeño espacio desapareciera de una vez y de manera permanente.
—No me importa si no cocinas, puedo entender si te equivocas, yo también lo voy a hacer. Sólo no me mientas, —contestó finalmente. —Pero por favor, ya bésame...
Y Louis no lo besó.
Sus brazos rodearon su cuerpo, y lo abrazó. Fuerte, cálido, conteniendo, protegiendo. Y Harry se dejó descansar en la figura templada y sofocante que le ofrecía soporte y apoyo. Apoyó su cabeza rizada en el hombro definidamente hermoso, y se dejó llevar por el olor que irradiaba la piel dorada de Louis. Un aroma fresco, varonil, intenso lo envolvió.
El corazón de Louis latía a mil kilómetros por horas. Había deseado tanto ese momento, que sabía que en cualquier momento lo podría echar a perder. Por eso no se atrevía a avanzar.
Deseaba que el tiempo se detuviera mientras Harry estaba en sus brazos, así, tan perfectamente moldeados para él, con la temperatura elevándose aún solo con sus cuerpos apenas juntos, aún sin mirarse. Sólo respirando en el mismo espacio, con la certeza de estar en el lugar y en el momento perfecto y óptimo.
El simple hecho de estar así, era una gran diferencia para Louis. Significaba un mundo completamente distinto que empezaba a conocer y a disfrutar. Cada vez que alguien le llamó la atención en el pasado, era todo muy rápido y fácil. Un par de palabras, besos, caricias y cama. Si era lo bastante bueno, quizás podría repetirlo, pero no le sucedió más que un par de veces. Nunca como para decidir conocer a la familia o a los amigos detrás de esa persona. Ni siquiera el perfume favorito o la fecha de cumpleaños.
Así de impersonal.
Pero Harry era todo lo contrario. Era el vínculo mágico y extraordinario con eso llamado rutina y familia, que lo llamaba a los gritos a formar parte de ritos y costumbres, fechas, celebraciones, matrimonios, cumpleaños, y cuanto día festivo existiera.
Apenas lo vio la primera vez en ese bar, supo que era distinto. Que una noche no sería suficiente, que el olor de su piel y la profundidad de sus ojos serían su nueva guía en la vida.
Que las conversaciones vacías y fáciles de sus ex amantes desaparecerían de su mente cuando la voz tan pausada y calma de Harry entrara por sus oídos, llevándolo a cuestionarse hasta su nombre, deseando escucharla cada amanecer y descubrirla convertida en gemidos suaves y descontrolados sólo para él.
Que nunca los días le parecieron tan llenos de vida, como después de saber que tenía una oportunidad con Harry, porque eso era como sentarse frente a una gran chimenea encendida, en un frío día de invierno.
Había encontrado la paz, por primera vez en la vida, y no sabía que la estaba buscando ni que la necesitaba. Y no la iba a soltar, no la dejaría ir, se aferraría a ella con uñas y dientes, porque la sensación era maravillosa y bella.
Harry por su parte se sentía tan igual y tan diferente a la vez. Aunque fue irresponsable en su juventud, amó con todas sus fuerzas. Tenía 16 cuando conoció a Jim de 17. Seis meses de amor intenso y feliz, que se derrumbaron, cuando lo descubrió besando a otro. Si bien Jim intentó disculparse, alegando un mal momento, Harry no lo disculpó. Un año después lo volvió a intentar con Max. Y la historia se repitió. El engaño fue en la cama después de tres meses. A los veinte fue su última relación seria, con Kay. Ocho meses muy lindos, hasta que él se mudó por trabajo a Indonesia. Después de eso, todo fue caos en su vida. Hasta que llegó Fer.
Y en todos estos, algunos hombres como sombras que compartieron su cama, pero sólo eso. No fue suficiente para que quisieran siquiera una taza de café al día siguiente, porque eso significaba un compromiso demasiado grande. No bastaba que fuera atractivo, inteligente, independiente, o un excelente amante. Sólo la existencia de su hijo bastaba para alejarlos. Y fue un buen filtro que siempre agradeció.
Con Louis era lanzarse a un precipicio en muchos sentidos. A pesar de creer firmemente que no tenían un futuro juntos, quería arriesgarse. Había muchos temas que no habían conversado y que poco a poco comenzarían a aparecer en su día a día. Al que más le temía, era al de los hijos.
Podría asegurar que Louis querría un hijo en algún momento, y él ya no estaba en edad de volver a ser padre ni tenía ganas de empezar desde cero con un bebé. Le aterraba la idea de que fuera un tema que terminara separándolos, pero era lo más probable.
El tema sexual también lo preocupaba. Sentía que ya no sería capaz de seguir el ritmo de alguien de 25 años. Recordaba perfectamente lo difícil que fue para él mismo aguantar sus ganas a esa edad, cuando quería dejar a su pequeño encargado y disfrutar de un cuerpo tonificado que le brindara placer.
Tal vez, y solo tal vez, estaba sobre pensando las cosas. Pero esta situación era nueva, y no quería que se arruinara. Aunque su mente ya lo había hecho.
Por eso no contestó a esa pregunta, no podía. Así de sencillo.
Lentamente Harry se fue soltando de ese tan cómodo lugar, para poder perderse en la mirada radiante de Louis, que lo veía como a la más bella alborada. Y fue ahí que lo tomó de la mano y lo llevó a su habitación, y con cuidado lo acostó en su cama.
Le dedicó todo el tiempo del mundo. Porque podía, porque se lo merecía.
Para lo único que fue rápido, fue para desnudarlo. La ropa estorbaba, le molestaba ver su cuerpo cubierto, casi profanando la piel pálida y translúcida.
Había probado pieles tostadas por el sol, mucho más doradas, pero nunca con una perfección como la de Harry.
Louis estaba conmovido. Casi sin palabras ante la hermosa imagen que se presentaba ante él, en su propia cama. El esplendor de las proporciones, la suavidad de la tez casi fantasmal pero tan cálida a la vez, lo primoroso de sus vellos en su pecho, en sus piernas... La dualidad tan marcada entre el hombre firme y estructurado, y aquél que necesita afecto y caricias.
Sus manos lo recorrieron completamente. Por donde pasaban, dejaba también un camino de besos. Probó su sabor y el de su sudor en su cuello, en sus brazos, y en sus muslos. Se embriagó con su aroma potente y placentero que emanaba de cada uno de sus poros y más aún de su tan desarrollada hombría.
Acarició y apretó por igual el cuerpo firme que se desdoblaba ante su poder. Cuerpos mucho más tonificados y musculosos se entregaron antes a él, pero nunca uno como este. Nunca uno que se arqueara con tanta gracia, que tuviera un vaivén tan delicado y delicioso en su pecho al respirar agitadamente cuando el aire se hacía poco; uno que doblara así los muslos con un simple roce de sus dedos o que lo recibiera con tanto deseo e ímpetu como el de Harry que parecía diseñado sólo para ser disfrutado por él.
Y Harry simplemente se estaba deleitando con tantas sensaciones que creyó olvidadas y que estaba reviviendo, mientras su garganta evitaba desgarrarse de tanto gimotear. Sus suspiros tenían un suave compás imitando los latidos de su corazón. Louis lo estaba devorando en cámara lenta, y sí, era el mejor amante que había tenido en su vida. Un hombre apasionado, que en ese momento no tenía nada de niño, que era capaz de ser lascivo y tierno en partes iguales, enloqueciéndolo con esa mezcla tan única y especial.
Muy despacio, muy lento, con un cuidado que rallaba la sobreprotección, humectó la entrada de Harry y con la misma precaución, comenzó a entrar. En ningún momento dejó de mirarlo, no dejó pasar ningún gesto, se preocupó de acariciarlo con su voz cuando sus manos no eran suficientes.
Le dio tiempo, les dio tiempo. Necesitaban acostumbrarse, se estaban conociendo. Hacer el amor por primera vez, entre ellos, era una confesión, una declaración, el inicio de una vida y el nacimiento de un arcoíris.
Sus labios eran incapaces de separarse, se necesitaban incluso más que sus cuerpos, eran el complemento a las vibraciones de sus sentidos. Mientras Louis lo penetraba, jamás dejaron de besarse, ni de mirarse, ni de nombrarse, como si necesitaran confirmar que eran ellos, que no existía nadie más en ese espacio, entre esas sábanas, en medio del balanceo de la cama.
El orgasmo llegó primero a Harry, quien escondió su rostro en el cuello de Louis con fuerza, ahogando un intenso gemido y apretando sus ojos casi con rabia. Louis lo siguió unos segundos después, en una estocada profunda, y su liberación fue casi una marca de fuego en ese hombre que era suyo.
Posesivamente suyo, sólo suyo.
Para siempre suyo.
Louis intentó salir, con cuidado, pero la voz quebrada de Harry se lo impidió:
—Por favor no... No salgas, —suplicó.
—¿Estás bien?
—Sí, sólo abrázame, —pidió.
Y Louis lo arropó con sus brazos, dándole calor y seguridad. Besó cada espacio de piel que tenía a su alcance, con devoción, con cariño, deleitándose, disfrutándolo.
—Me encantas, —le dijo con tanta seguridad, que Harry no pudo sostenerle la mirada. Sonrió contemplando el techo y se sonrojó.
Ese simple acto, que puede parecer insignificante a los ojos de cualquiera, tuvo un gran impacto en Louis. Entendió que Harry era también inseguro, que necesitaba palabras dulces, detalles y atención. Y él podía entregarle eso y más.
—¿Vas a ser mi novio? —le volvió a preguntar.
—Sí, quiero ser tu novio.
Ese mismo fin de semana, Louis decidió que era una buena idea presentarlo con su familia. Organizó un almuerzo en su casa.
¿Estaban nerviosos? Sí, mucho.
Las presentaciones fueron incómodas, el ambiente se puso tenso rápidamente. Todos lo sintieron, y Louis se puso triste, porque notó la decepción de su novio.
—No te preocupes amor, al final no importa su opinión, importa lo que yo sienta, —dijo seguro.
—Me encantaría creerlo, pero no es así. Tener el apoyo de tu familia es importante, y sobrevivir solo es muy difícil. Deberías replantearte lo nuestro, pensar bien las cosas, —le contestó ligeramente frío.
Decidió retirarse.
—¿Por qué se portaron así? —Les preguntó a sus padres. —Lo hicieron sentir incómodo, no era tan difícil ser amable.
—Hijo, ese hombre es muy mayor, piensa en tu futuro, en que quieres tener hijos, una familia, viajar, disfrutar. Vas a perderte tantas cosas si te amarras a él, —le contestó su padre, tratando de convencerlo.
—Hace unos meses te acercaste a mí, y me dijiste lo orgulloso que estabas de mi cambio. Me abrazaste y estabas feliz cuando te conté que estaba saliendo con alguien y que creía que estaba empezando a enamorarme, —suspiró con pena. —Nunca quise ser papá, pero según tú, siempre quise serlo. Nunca he sido más feliz que ahora, y ustedes no me apoyan.
Caminó delante de sus padres, que lo miraban como si fuera un extraño.
—Me voy. Si quieren saber de mí, saben dónde encontrarme, a mí y a mi novio Harry, juntos. Ustedes me han dado todo, nunca les pedí nada. Pero si pudiera hacerlo, porque no tengo derecho, es que le den una oportunidad, así como él me la dio a mí. Conózcanlo, lo van a amar, es un hombre tan maravilloso que no van a poder evitarlo.
Lo vieron salir con su mochila, decidido, sonriendo. Y ellos sonrieron también: Era su propia prueba para él. Sabían que Louis podía ser impulsivo e infantil, pero era sincero hasta la médula. Su reacción era verdadera, y ellos habían amado a Harry desde que supieron que apareció en la vida de su hijo. No les importaba la edad, y menos que existiera Fer. Al contrario, ansiaban conocerlos y hacerlos parte de su familia.
¿A dónde iría Louis? No tenía la menor idea. Se quedó sentado en una plaza, hasta que el frío lo obligó a caminar. Pensó en llamar a Harry, pero no quería obligarlo a recibirlo. Se decidió por su amigo Liam, por lo menos tendría donde pasar la noche.
Cuando estuvo instalado, llamó a su novio para contarle su decisión.
—Hola amor, me fui de la casa, —le dijo muy a la ligera.
—Eres un tonto Louis, no debiste. ¿Dónde estás? —preguntó molesto.
—En casa de Liam. ¿Por qué me hablas así? Puedo tomar mis propias decisiones Harry, —le contestó ofuscado.
—Debes pensar las cosas Louis, son tu familia, algún día vas a querer tus propios hijos, vas a extrañar tus cosas, la estabilidad de tu hogar. Yo solo soy una ilusión, —y colgó.
Y Harry se quebró. Y lloró todos los años de soledad que su corazón había soportado en silencio. Lloró todo el dolor que le quemaba en su interior desde que su familia lo dejó a su suerte. Lloró las noches que no durmió, las comidas que se enfriaron, los problemas de dinero.
Lloró su frustración, el olvido de él como hombre y persona, en pos del padre. Las veces que lo miraron en menos por tener un hijo, que no lo llamaron para una segunda cita por ser un problema. Lloró su destierro.
Lloraba por su amor sin futuro, porque no quería que Louis lo odiara el día que entendiera que ni él ni nadie valía el precio de quedarse solo. Lloró por que le costó tanto dejarse llevar por Louis, y no quería dejarlo. Lloró por que no estaba en sus planes volver a enamorarse y se sentía tan bonito, pero estaba doliendo tanto.
Y lloró hasta que sus lágrimas se secaron y su cabeza dolía tanto que apenas pudo llegar a su cama.
Durmió un par de horas, y se bañó. Salió sin avisarle a nadie.
Miró largamente la puerta de ese lugar, antes de atreverse a tocar. Pero estaba decidido.
—Buenos días Señor Tomlinson, quisiera hablar con ustedes, si me lo permiten, —pidió.
—¡Harry! Pasa, por supuesto, —le dijo George abrazándolo.
—¿Y mi hijo? —Preguntó Janis, —¿por qué no vienen juntos?
—Perdón, —pidió Harry. —Estoy confundido, cuando Louis me presentó, ustedes no parecían felices con nuestra relación. Él me avisó anoche que se había ido de la casa, y que dormiría con Liam, ¿tienen tiempo?
Después de más de una hora de conversación, varias tazas de té, algunas lágrimas y risas, Harry fue admitido como un hijo más en la familia Tomlinson.
Ahí Harry entendió y aprendió mucho de la manera de ser de Louis. Sus padres eran de oro puro. Veían la vida con amor y respeto y criaban a sus hijos de la misma manera que él intentaba hacerlo con Fer. Se dio cuenta de que, aunque Louis parecía inmaduro en algunas cosas, era alguien que no te encontrabas dos veces en la vida.
George a través de una pequeña mentira blanca, logró que Louis saliera hacia su casa de manera urgente. Llegó en apenas 15 minutos, casi corriendo y muy preocupado por su mamá. Cuando entró, entendió todo, al ver a Harry esperándolo en vez de sus padres.
—Hola, no esperaba verte aquí, —le dijo tratando de no ser desagradable ni ponerse a llorar de nuevo, como en las últimas 12 horas.
—Vine a hablar con tus padres. ¿Puedo hablar contigo? ¿Por favor?” —Rogó, acercándose hasta tomar las manos de Louis, que no las retiró. Y sus ojos estaban llenos de lágrimas. Estaba tan cansado.
—Harry, no llores amor, —le dijo abrazándolo. —Hablemos, ¿sí?
Y en el sofá, bajo una lluvia de caricias, besos y confesiones, tuvieron su primera reconciliación.
—Fui muy impulsivo, lo lamento... —comenzó Harry.
—También yo. No debí simplemente largarme. Tampoco quiero que sigas pensando que algún día voy a querer hijos propios, como dices. Mis hermanas tienen unos meses menos que Fer, y las cuido desde que nacieron. Sé cómo hacerlo, sé lo que son los cólicos, los pañales, las mamaderas, los controles, los primeros pasos... Lo bonito y lo que no lo es, y no gracias, no es para mí. Fer ya es grande, independiente, maravilloso, no necesitamos más. Quiero disfrutarte a ti, solo a ti, tenerte para mí, cada día. Eres tan especial amor, tan hermoso, —dijo en medio de un suspiro Louis, peinando los pequeños rizos que se rebelaban a sus caricias.
—Sólo quiero que estés seguro, y que entiendas que puedes cambiar de opinión, porque eres muy joven. Y que, como ese, vamos a tener un montón de temas para discutir Louis. Para mí también es nuevo esto, nunca estuve con alguien menor que yo, y me siento muy inseguro. Tengo miedos también.
Y se besaron. Mucho. Muchas veces, de muchas formas.
Louis amaba ver como Harry se escondía de sus halagos, en medio de sonrisas y rubores, como el más puro adolescente.
Estaban en su luna de miel privada, cuando sonó el timbre, y aparecieron Fer y Tom.
—Hijo, ¿qué hacen acá? —Les preguntó Harry.
—Tío Niall me llamó y me dio esta dirección. Dijo que viniéramos a almorzar, pero no sé nada más.
—¡Tú debes ser Fer! —Gritó George, abalanzándose sobre él. —Eres igual a mi cuando joven, y tú eres Tom, tan guapo también, —dijo mirando por todas partes al asustado muchacho.
Harry y Louis se miraron sin entender.
—¡Papá, contrólate! —suplicó Louis.
—¡Janis, llegaron nuestros nietos! —Gritó, sin prestar atención a nadie más.
Los chicos se relajaron y se dejaron querer. Si Fer sintió una conexión única con ese señor, todos se dieron cuenta. Parecía que de verdad la misma sangre corría por sus venas. Pronto estaban en la cocina, picoteando y riendo con Janis, en total confianza, mientras los novios seguían mudos en la entrada de la casa.
Se devolvieron al sofá. No eran bienvenidos a la cocina por el momento, y no querían irse tampoco. Tenían tiempo de estar juntos, y, sobre todo, de seguir besándose, mirándose, y conversar abrazados, como una hermosa pareja de enamorados, y tenían que aprovecharlo.
Harry, sobre todo, iba a necesitar mucho de Louis.
Esa noche, cuando ya estaba de vuelta en su departamento con Fer, recibió la visita de Niall.
—Esto sí que es raro, —le dijo Harry, abrazándolo.
—Lo sé. Tenemos que hablar. —Contestó muy serio, y Harry supo que no eran buenas noticias.
—¿Algo malo?
—No es malo, pero las cosas van a cambiar. Mi abuela Niamh, está grave. Tiene 88 años y mi madre se va a devolver a Irlanda. Con ella nos vamos todos. —Y Harry entendió y su corazón se rompió. —Nos vamos en dos días y no tenemos fecha de retorno, porque en caso de muerte, mi abuelo quedaría solo, y no podemos dejarlo. Estamos vendiendo todo para establecernos de una vez allá y empezar desde cero.
Harry no sabía en qué momento había empezado a llorar. Se iba a quedar solo de nuevo, sin familia. Igual que hace 13 años atrás. y ahora dolía incluso más.
—¿Qué voy a hacer si ti, sin ustedes? —logró decir en medio de su dolor.
Y Niall se desarmó.
Lloraron abrazados por un rato, pero el rubio platinado tenía que irse.
—Voy a hablar mañana con Fer. Venía a dejarte esto, es mi regalo para ustedes. Ábrelo cuando esté en Irlanda.
Y se fue, dejando a Harry destruido.
No podía permitirse estar mal en ese momento. Una vez que su hijo supiera lo que estaba pasando, le tocaría ser fuerte para él, y mientras tanto, tenía que buscar un nuevo trabajo y pensar en cómo sostenerse.
Como si fuera poco, ese día en la mañana le llegó una carta certificada de quien le arrendaba el departamento, informándole del aumento del valor de la renta en un 15 %. Si no estaba de acuerdo, tenía un mes para desalojar.
Y para empeorar todo, se le rompió un mueble de la cocina, un velador, y a Fer, la cama.
Suspiró mientras se agarraba la cabeza.
Necesitaba tanto un abrazo de Louis. Sólo uno, una caricia en su pelo, un beso suave... Y se sintió triste por eso también. No quería depender de él, no ahora. No de nuevo cuando ya se había acostumbrado a su soledad, a solucionar todo solo.
Se quedó un momento mirando la pared, pensando en nada, hasta que un mensaje en su teléfono lo devolvió a la realidad.
22:59 Hola amor, ¿Cómo estás? ¿Puedo llamarte?
Pensó en no contestar, pero no era lo que quería.
22:59 Te extraño Lou, te necesito. Pero no soy capaz de hablar ahora.
Pasaron 15 minutos y no tuvo respuesta. Pensó que quizás su novio se durmió. Quizás debería intentar hacer lo mismo. Caminó a su habitación, y el timbre sonó.
Y los ojos más lindos del mundo mirándolo con preocupación.
Y sus brazos abiertos para que pudiera aferrarse a ellos.
Y Harry no dudó y se perdió en el acogedor cuerpo de Louis, que lo cobijó con su calor.
—Amor, ¿qué pasa? —le preguntó, llevándolo hacia su habitación, despacio, caminando con cuidado, sin separarse ni un milímetro, hasta lograr sentarse en la cama.
Y Harry le contó, con su cabeza oculta en el cuello de Louis, con las lágrimas empapando su pecho, compartiéndole su dolor y sus preocupaciones, sintiendo que poco a poco su angustia se hacía más liviana.
Las pequeñas manos de Louis no dejaron, ni por un instante, de acariciar su pelo y su espalda, dándole un cariño tan honesto, que podía sentirlo hasta el último rincón de su cuerpo.
—No tengo la solución a tus problemas, pero estoy seguro de que sabremos arreglarlos. Sé que te sientes abrumado, pero mañana verás todo más claro. Puedes contar conmigo para todo amor, juntos podemos pensar en algo. Pero ahora, necesitas dormir y descansar. Te voy a preparar un té mientras te acuestas, —dijo con tanto amor, que Harry pensó que era el hombre más afortunado del mundo.
No pudo acostarse solo. Louis lo ayudó a desvestirse y a ponerse pijama. Le llevó el té, le conversó hasta que se lo tomó. Lo besó tanto, con tantas ganas, que estuvieron a punto de olvidar que Fer estaba en la habitación de al lado. Lo arropó y esperó que se durmiera.
Cuando volvió a su casa, sus padres lo estaban esperando. Sabían que algo había pasado y estaban preocupados. Harry estaba perdiendo una familia, pero había ganado una nueva.
La noticia fue muy fuerte para Fer, pero contrario a lo que pensó Harry, lo tomó muy bien. Estaba seguro que la presencia de Tom tenía mucho que ver. Además, le gustaba mucho la idea de ir de vacaciones a Irlanda, por lo que estaba muy emocionado. Tenía muy claro, a pesar de su corta edad, que su familia no se acababa por un cambio de país. Los Horan lo habían criado y acompañado, y él jamás podría olvidar eso. Eran parte de él, de su historia, de su presente y de su futuro.
La despedida en el aeropuerto no fue triste. Sólo fue ruidosa, obviamente. Tampoco era una gran distancia. En avión eran apenas, un poco más nueve horas. Bastante cerca en caso de cualquier emergencia.
De vuelta a su departamento, solo con Louis, porque Fer andaba en casa de Tom, Harry sacó la carta que le entregó Niall.
Se acurrucó con su novio en la cama, y comenzó a leer en voz alta:
"Harry, hermano:
No me voy a poner sentimental, porque no va conmigo. Tampoco voy a revelarte un secreto, porque no tengo. Todo lo que tenía para decirte, te lo dije siempre. Eres un hombre increíble y maravilloso, que te mereces que te pasen cosas asombrosas.
Veo que encontraste el amor, déjate amar. Sé feliz, es el indicado, lo sé, y sabes que no me equivoco.
Vendí el bar, y lamento dejarte sin trabajo, porque sé que era tu sustento y el de mi ahijado. Pero no soy ningún hijo de puta. El monto total de la venta es tuyo. Es mi regalo para ti. Te lo mereces por ayudarme a cargar borrachos cada noche de fin de semana. Son todos los bonos que nunca te pagué".
Y Harry comenzó a llorar ruidosamente. Louis corrió a buscarle pañuelitos y un vaso de agua. Cuando pudo, siguió leyendo.
"Además, siempre odié esa ratonera donde viven. Le dejo mi departamento a mi niño Fer, que obviamente tu administrarás y tendrás el usufructo. Puedes mudarte apenas leas esta carta. Las llaves las tiene la vecina Mary, que está feliz de tenerlos a ustedes de vecinos.
Te amo Harry, has sido mi mejor amigo, mi compañero, mi confidente, y estoy seguro que seguirás siéndolo. No te librarás de mi tan fácilmente".
—Amor, —dijo Louis, tratando de calmar a su novio, “Respira amor”
Pero nada parecía resultar. Harry parecía estar en una especie de trance.
Y Louis tuvo una idea. No sabía si era buena o mala, pero de que sacaría a Harry de ese lugar mental, estaba seguro.
Se sentó sobre los muslos largos y fuertes de su novio y desabrochó sus pantalones. Bajó lentamente el cierre, escaneando cualquier reacción en la cara de Harry, pero nada pasaba.
Pasó su mano sobre el miembro aún dormido, y lo acarició suave, pero intensamente, acalorándose, perdiéndose en la sensación tan llena de su mano. Involuntariamente había cerrado los ojos, y se estaba mordiendo los labios. Cuando los abrió, vio la mirada extrañada de Harry.
—¿Te estoy incomodando? —Le preguntó.
—No Lou, sólo me sorprendiste, —contestó demasiado despacio.
—Voy a sorprenderte más, —le dijo.
Y acto seguido, con su boca lo hizo olvidar incluso dónde estaba y el idioma que hablaba. Se retorcía de placer y sus manos apretaban su propia ropa, su pelo, su piel. Su boca estaba necesitada de los besos de su novio, ya seca y llena de gemidos hermosos como sinfonías.
Y Louis, no podía ocultar su deseo. Uno nuevo, que jamás había sentido y que solo estaba descubriendo al lado de su novio. Su primer novio oficial. Ver a este hombre así, fraccionarse de esta forma entre sus caricias, debía tener un premio a la octava maravilla del mundo.
Una pasión intensa nacía en él, y tenía que ver con lo mucho que lo encendía ver a Harry disfrutar de sus caricias. Antes jamás le pasó, nunca le importó, sólo hacía su parte y ya. Pero ahora, su parte era todo, y la parte de Harry era todo.
Los dos eran un todo.
Y eso era tan diferente y excitante, y se encendía tan rápido y quería siempre tocarlo, y acariciarlo y besarlo, y abrazarlo, y perderse en él.
Y sabía que a Harry le pasaba igual, porque se comportaba igual, porque se lo decía, porque se lo demostraba, porque ya no tenía miedo de manifestarlo.
Cuando terminó, le tocó a él perder la memoria bajó la lengua traviesa de Harry. Y el sorprendido fue él, totalmente. Su novio era realmente bueno e intenso. Le hizo cosas que desconocía y que lo dejaron sin poder cerrar la boca.
Cuando sus cuerpos se reencontraron, estaban felices. Tranquilos, sintiendo una nueva conexión, disfrutando de su intimidad sin temor, aprendiendo del cuerpo del otro y sobre todo, del propio.
—¿Estás mejor? —Preguntó Louis, tomando un gran vaso de agua.
—Sí, gracias, —contestó Harry, sonrojándose.
—Eres tan lindo. Me encanta verte con tus mejillas así, —le dijo tocando suavemente su cara.
Y una vez más Harry se escondió en su pecho, riendo.
—No te escondas amor, eres hermoso. Y te quiero ver, te voy a hacer el amor ahora mismo...
Y Harry no pudo ni quiso arrancar. Se entregó a los deseos de Louis y a los inherentes de su hambre. Si pensó en algún momento que no podría seguir el ritmo de su novio, se equivocó. Y se equivocó con creces.
********** **********
Harry y Fer se mudaron al que era el departamento de Niall. Les quedaba más cerca de la escuela y de la casa de Louis.
No era super necesario, pero Harry empezó a buscar trabajo. Más allá de un tema monetario, también había un tema de valoración, de sentirse útil y de hacer algo por él mismo.
Empezó a preguntarse si quizás no sería muy tarde para estudiar. Le gustaban los niños, quizás podría estudiar para ser profesor. ¿Sería muy tarde?
Se lo planteó a Louis, Fer, Niall, e incluso a sus suegros. Tuvo el apoyo de todos. Decidirse fue fácil. En un mes empezaría sus clases. Encontró trabajo en la misma escuela, ordenando los libros de la biblioteca, media jornada.
Louis había estado feliz, hasta que Connor apareció de nuevo en el mapa, y lo eligió como confidente.
—Estoy seguro de que ahora si podré conquistarlo. Voy a acercarme a Fer, y después, será más fácil que me acepte, —comentó ilusionado el entrenador.
—Quizás ya está con alguien, deberías averiguar primero, —le dijo Louis, cruzando los brazos.
—Lo dudo, estoy seguro de que, si está trabajando acá, es porque se arrepintió de rechazarme y golpearme, —contestó.
—¿Te golpeó? ¿Por qué?
—Le di un besito, y dijo no sé qué cosa del consentimiento. Es lo único que no me gusta de él, que a veces se pone tan sensible y cursi, —explicó.
Y Louis no podía creerlo. No sabía cómo reaccionar a eso. Sólo intentaba evitar agarrar a golpes a ese idiota que tenía en su oficina. Lamentablemente, Harry entraba en ese momento.
—Hola Harry, ¿me extrañaste? —Dijo Connor, tan tiernamente, que Louis casi vomita.
—Connor, no pensé verte aquí. No, no te he extrañado, —contestó molesto.
—¿Qué tal un café? —Intentó.
—Lo siento. Tengo novio hace un par de semanas, y no me interesa, —contestó sonriendo.
—No es necesario que me mientas, sé que estás acá por mi, —dijo acercándose.
Y Louis se interpuso.
—Déjalo en paz Connor, o no respondo, —le advirtió.
Y todo tuvo sentido.
—Los voy a denunciar al director, —amenazó, saliendo de ahí con un portazo.
La pareja de novios se miró, y se dedicaron a besarse por largos minutos. No estaban preocupados, porque ellos ya habían hablado con el director. Sabían perfectamente el conducto regular, y no tenían por qué esconderse. Claro que no andarían por la escuela dándose besos, pero no tenían que ocultar su relación frente a nadie.
********** **********
Tres meses más tarde, Harry estaba muy cansado. Apenas llevaba dos meses de clases, pero entre eso, el trabajo, la casa, Fer y Louis, sentía que era demasiado. Llegaba la noche y caía rendido a la cama. Hace dos semanas que cada vez que intenta hacer el amor con su novio, se duerme.
Ha olvidado fechas de entrega de trabajos, y de pruebas; ha guardado libros de literatura francesa en medio de los de física en la biblioteca; ha enviado a Fer con un almuerzo de fideos crudos y ropa sin lavar.
Están todos preocupados, porque lo peor, es que Harry no se está dando cuenta.
Ese sábado en la tarde, Louis lo llevó a casa de sus padres y lo dejó durmiendo en su cama. En la cocina, estaban reunidos Fer, Niall en video llamada, Tom, George, Janis y Louis. Necesitaban ayudar a Harry.
—Lo único que les digo, es que mi papá se va a enojar, —dijo Fer —No le va a gustar que estemos hablando a sus espaldas.
—Siempre se enoja, eso da lo mismo, —contestó Niall riéndose —Pero es por su bien.
—Yo soy de la idea de que se vengan a vivir con nosotros, —opinó Janis.
Y todos la miraron. Era una buena idea.
—Eso sería maravilloso, —dijo George. —Los tendríamos aquí todos los días y podríamos consentirlos.
—Lo siento Lou, te va a tocar convencerlo, —habló Fer.
—150 Libras a que no acepta, —le apostó Niall.
—Hecho, —fue el turno de Tom.
—¡Hey! ¿Qué le hiciste a mi novio? —Reclamó Fer riendo.
Y Louis pensaba cuál sería la mejor manera de hablarlo con Harry. Decidió hacerlo apenas despertara. Su casa era grande, sobraban de hecho cuatro habitaciones al fondo, que su madre mantenía en excelente estado y que tenían hasta baño incluido.
Fue hasta su habitación y se acurrucó con su novio. No podía dormir, porque estaba demasiado nervioso. Sus manos no se podían quedar quietas. Tocaban el pelo suave de Harry, su cuello, sus brazos, sus orejas, sus dedos, en un viaje de ida y vuelta sin parar, hasta que lo despertó.
Harry lo miró por unos minutos, tratando de descifrarlo.
—¿Qué te preocupa tanto? —le preguntó mientras le daba pequeños besos en su cuello.
—Tú.
—¿Vas a insistir en eso? —Se alejó un poco.
Louis suspiró.
—Estuvimos hablando de ti en la cocina. Mis padres, Fer, Tom y Niall. No creo que todos estemos equivocados. Sólo queremos que estés bien y te estás exigiendo demasiado.
—No es cierto, —se defendió.
—¿Hace cuánto no hacemos el amor? —le preguntó mirándolo fijamente.
Y no obtuvo respuesta. Y Harry sabía que tenían razón, pero no quería aceptarlo, porque eso significa admitir que ya no puede con todo y que su edad se está volviendo un problema y que es mejor renunciar.
Porque pedir o aceptar ayuda no está en su vocabulario, porque no sabe cómo hacerlo, porque es más fácil dimitir que seguir intentando. Porque siempre las malas decisiones son más fáciles que las buenas.
—Tienes razón. No soy capaz, —dijo con su voz trémula. —Todo esto ha sido un error: lo nuestro, estudiar, querer hacer más... Lo siento.
Y se fue, mientras Louis miraba la puerta abierta sin entender qué acaba de pasar. No era así que tenían que pasar las cosas, fue todo un enredo y malos entendidos.
Cuando logró llegar a la cocina, se encontró con sus molestos padres.
—¿Por qué Harry piensa que lo de ustedes es un error? —preguntó George.
—Fue todo un equívoco papá. No pensé que esto iba a pasar, voy a ir a hablar con él, no te preocupes, —le dijo un poco cansado de sí mismo.
Llegó en diez minutos a la casa de su ¿novio? y Fer le abrió la puerta.
—Está en su pieza. Lou, nunca lo había visto así... Tenemos que hacer algo.
—Lo vamos a hacer pequeño, no te preocupes, ¿sí? Todo va a estar bien. —Lo abrazó como a su hijo, con ese amor infinito, con ese amor que es promesa.
Entro a la habitación de Harry, y lo vio, con sus hermosos ojos verdes abiertos, mirando la ventana, perdidos, sin rumbo, con pequeñas lágrimas. Incluso así era el hombre más hermoso del mundo, aún con su mirada sin brillo.
—Amor, —dijo Louis, —¿por qué te fuiste así? Me dejaste hablando solo.
—Ándate Louis, no hay nada de qué hablar...
—Hay mucho de qué hablar. Cuando te pregunté hace cuánto no hacemos el amor, quería que te dieras cuenta, de que hemos tenido tiempo, pero te quedas dormido, y sé que no es porque no tengas ganas. Es porque estás agotado. Te han llamado la atención en el trabajo, y tus notas en la universidad bajaron.
—Es porque no puedo, no sirvo para hacerlo, —dijo triste.
—No amor, es porque estás haciendo demasiadas cosas. Te estás tratando mal, estás exigiéndote hasta el máximo, y no es justo para ti, ni para nadie. Se acercó para abrazarlo y acariciar su pelo, como siempre, como les gustaba a los dos.
—No sé qué hacer, no se hacerlo de otra manera Lou...
—Para eso estamos nosotros amor, para ayudarte. Déjanos hacerlo, por lo menos déjanos darte ideas. —Lo besó suavecito en sus labios esponjosos. —Sé que no te va a gustar la idea, pero intenta no descartarla de inmediato. Mi mamá piensa que es buena idea que vayan a vivir con nosotros. —Dijo la última parte muy rápido.
Harry apenas entendió, pero se quedó pensando. Sí, su primer impulso fue negarse rotundamente, pero después de un minuto, no parecía tan terrible.
—¿Cómo sería eso? —Preguntó. —¿Tienes piezas desocupadas? ¿Tienen baño? ¿Me dejarían cocinar, pagar algo?
—Hay cuatro habitaciones muy grandes con baño, desocupadas, al fondo, detrás del jardín. Casi como si fuera una casa aparte. Lo de cocinar y eso, no lo sé, tendrías que hablar con mi mamá de esas cosas, pero supongo que pueden llegar a acuerdos. Ellos dijeron que quieren consentirlos amor.
—¿Podemos dormir juntos?
—Pregunté y me dijeron que no... —Su rostro era de absoluta tristeza.
Y Harry se sorprendió de mala manera. —¿Por qué Lou?
—Es broma amor, —dijo lanzándose encima de Harry, comiéndoselo a besos. —Podemos dormir juntos sin problemas, a mis papás les da lo mismo. Igual si se quiere quedar Tom. ¿Lo estás pensando?
—Me gustaría hablar con Janis. Creo que puede ser una buena opción, por lo menos por un tiempo. ¿Puedes quedarte esta noche?”
Finalmente, se mudaron una vez más. El acuerdo para que Harry se quedara tranquilo, fue que iba a pagar una pequeña renta, y además se iba a encargar del almuerzo y la cena de los sábados y los domingos. Todo lo demás que intentó pedir, se lo negaron. Por más que pataleó, Janis no cedió. Y aunque al principio le costó, pronto vio los resultados.
Estaba durmiendo mucho mejor, y eso hacía que necesitara menos horas de descanso. Terminaba su trabajo más rápido, y aprovechaba de adelantar sus materias. Seguía acompañando a Fer a sus actividades y lograba colarse a la oficina de su novio para un par de besos o una taza de té. Aprovechaban el fin de semana para salir en familia, o simplemente ir a caminar.
Estaban todos más tranquilos al verlo así, y mucho más felices. Parecía que había rejuvenecido, se le notaba la tranquilidad y el amor salir por sus poros. Fer, sobre todo, estaba muy contento. Tenía ahora, dos hermanas, con las que se llevaba de maravillas. A veces. Otras las odiaba. Pero sabía que era normal, tenían la misma edad y estaban creciendo. Pero era difícil cuando se le insinuaban a su novio. Y Tom no ayudaba, porque no podía ser grosero con esas dulces niñas, que sólo le llevaban montones de galletas para caerle en gracia.
Louis sentía su corazón a punto de reventar de tanto amor. Su vida era completamente distinta a lo que alguna vez imaginó. Amaba llegar a su casa, y ver a toda esa gente reunida en la mesa, siendo ruidosa y divertida. Poder besar a su novio y envolver sus brazos en su cuerpo cada noche, y despertar junto a él cada amanecer. Llevar a Fer, juntos a la escuela, los tres. Ver películas de terror comiendo pizza y jugar play mientras sus hermanas le pintaban las uñas a su mamá.
Ese viernes estaba nervioso. Su amigo Liam lo había llamado para salir por unas cervezas. Hacía meses no se veían, desde que el bar había cerrado. Esperó que Harry llegara para decirle y que fueran juntos. Pero su novio no podía: tenía examen el lunes a primera hora y quería estudiar.
—Voy a decirle a Liam que nos veamos otro día, —le dijo Louis.
—Pero Lou, anda tranquilo. Aprovecha de verlo y conversar, —le contestó Harry.
—¿Sin ti?
Y Harry lo miró extrañado. —Sí, ¿por qué?
—¿No te pones celoso?
—¿Debería? —preguntó extrañado.
—Claro que no.
—¿Entonces?
Se fue Louis solo a ver a Liam, que andaba con Zayn. Llevaban un mes de novios. Las cervezas no tardaron en aparecer y la conversación se volvió fluida y rápida.
Louis fue tremendamente solicitado, y algo que no le gustó y lo desilusionó, fue que sus amigos lo alentaron a aceptar las invitaciones que recibía. Ellos no le dirían nada a Harry.
Fue ahí que entendió que su lugar no era ese. Que sus amigos no estaban en el mismo lugar y estaba bien. Pero él estaba muy feliz entre los brazos y el calor de su hermoso novio y su nueva familia.
Llegó temprano, y encontró a Harry dormido en medio de apuntes, libros y marcadores.
Miró la larga figura extendida en la cama, un poco de piel asomándose debajo de su polera, sus labios en un pequeño puchero que iba a morder...
Y sonrió.
