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Yo no quise morir.
Con esta declaración empieza mi historia. Para mí es importante dejar este hecho en claro, ya que después de mi muerte, la verdad se fue mutando, transformándose poco a poco, la manipularon hasta quedar aceptable para aquellos corazones impuros e ignorantes, consumidos por la culpa y la cobardía de haber matado a su princesa.
Es probable que escuches de mí, después de morir me convertí en alguien importante, cómo suele suceder a los que tienen vidas miserables. Lo más seguro es que tú me conoces, no por mi nombre, no por mi rostro, no por quien soy, o bueno, quién era, pero de seguro has escuchado alguna vez sobre aquella chica de familia lamentable, o sobre una insoportable joven arrogante, has susurrado acerca de la buena suerte de alguna persona extraordinaria, o expresado condolencias sobre alguien que conoces y no conoces.
Yo soy, era, seré, todas aquellas.
Entonces, como fui todo, pero al mismo tiempo nada, desperté los llamados malos sentimientos. Celos, envidia, lujuria, odio, artimañas, todo giró a mi alrededor en una tormenta malvada y sin fin, hasta que acabó, bueno, para mí.
Después que ya no fui nada, borraron todo rastro de mi existencia y así de fácil se desvaneció mi identidad.
Así que no escuches esas mentiras piadosas que tratan de sepultar las acciones maliciosas de personas terribles. Yo no quise morir, punto.
No me maté despachada por un amor, en un destino tan dramático que tal suceso solo sería realidad en las letras trágicas de Shakespeare, ni planee mi fallecimiento de un modo tan detallado y metódico que hasta la persona más obsesiva quedara sorprendida, no morí en un accidente de barco, tampoco caí de mi caballo por montar en estado de ebriedad, no morí por ahogarme en drogas, ni envenene mi propia comida.
Yo no quise morir, a mi me quisieron matar.
Y lo lograron.
Morí.
De forma irrevocable.
La sensación todavía me devora algunas noches, paralizando cada uno de mis músculos y matando mis nervios, mientras miles de agujas taladran mi cerebro a causa del terror; mis recuerdos entran en un bucle interminable mientras repaso aquellos terroríficos últimos segundos de mi miserable vida, acompañado con la banda sonora que acompaña a uno cuando su alma abandona el cuerpo: un zumbido del lado izquierda y un grito ensordecedor del lado derecho, le sigue un cosquilleo que inicia en las puntas de los dedos de los pies y va subiendo por tus piernas, tal cuál como si miles de cucarachas se treparan a devorarte, después viene el frio, crudo, violento, sin piedad, un frio tan helado que te marchita y hace que olvides quien eres, como te llamas, a quién quieres.
Solo piensas en que debes estar maldita, que fuiste peor que Caín, que Nerón, que arrastras todos los pecados de todos los villanos de todas las historias que te cuentan, porque diablos, no cometiste tantas injurias en esta vida como para merecer tal dolor, ni siquiera viviste lo suficiente como para cometer tan grande atrocidad que dé como resultado sufrir tanto.
No lo merecía. No lo merezco.
Digan lo que digan de mi.
No soy una santa.
Peo tampoco la terrible bruja de piel verde que hechiza a voluntad.
No tengo tanto poder.
O bueno, no tenia.
Seguramente ya se dieron cuenta que esta no es una bonita historia de amor, no conozco ese sentimiento. Tampoco sé de amistad o cariño, no sé lo que es la calidez de un hogar y nunca conocí lo que es un abrazo reconfortante ¿Confianza? ¿Alegría? ¿Buenos deseos? Solo sé del respirar hondo mientras los azotes caen en tu cuerpo desnutrido y como proteges aquella criatura entre tus brazos débiles.
Imaginen el infierno descrito en los libros, el de Hades, el de Hela, el de Dante, ese que los atormenta en pesadillas nocturnas y los ahoga en su cama suave Imaginen los peores escenarios que solo la mente humana puede soñar y crear y cuando crean que ya llegaron al limite de perversidad existente, agreguen 10+ de locura. Solo así siento que fue mi vida.
Bastante malo ¿Eh?
Yo no creo en algún dios, después de todo lo que he pasado es difícil pensar que seres benevolentes y todopoderosos nos cuidan desde alguna realidad metafísica, se me hacía (hace) irreal y hasta irresponsable pensar que puedes poner todo lo que te importa en manos de algo que no ves, esperando que surja un milagro.
Los milagros no caen a tus pies, ni seres misericordiosos te dan salvación, sino proteges con tu propia sangre lo que quieres, estás perdido.
Es una verdad dolorosa que aprendí a las malas.
Y así empieza mi historia.
Con mi muerte.
Unos sueños.
Un chico alado.
Y una nueva vida.








