Miradas peligrosas

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Summary

Noah sobrevivió al desastre de Uath, donde perdió a sus padres y hermano. Su pueblo natal fue víctima de las atrocidades que Colisión ocasionó, un grupo terrorista que, por entonces, buscaba crear enemistad entre humanos, especies e híbridos. Debido a que Noah quedó huérfana, fue acogida por el servicio de inteligencia y actualmente se desempeña como espía en misiones especiales y recluta en filtración de datos. Es hábil en el manejo de armas y tácticas de persuasión. Además, posee un lazo especial con Ukram, su compañero híbrido. Durante los años posteriores a la tragedia, se creyó que Colisión se había desintegrado; sin embargo, las recientes y extrañas muertes que ocurren únicamente en una tribu de híbridos han llamado la atención del servicio de inteligencia. La creación de una nueva arma biológica pone en peligro a la existencia de los humanos, en especial, de aquellos que Colisión considera “imperfectos”. Siendo una misión arriesgada, Noah deberá involucrarse con Patrick, un misterioso y magnético hombre que, por motivos personales, ayuda a Colisión para obtener lo que más desea. ¿Serías capaz de traicionar a tus ideales para perseguir algo que nunca será tuyo? Noah, Ukram y Patrick parecen perseguir ilusiones jugándose la vida en medio de conflictos que perjudicarán a muchos.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

«Mi más grande talento son las mentiras»

El frío invierno calaba mis entrañas. Solía estar acostumbrada a él desde mi infancia, pero se convirtió en un tormenta de granizo que ama azotar mis sentimientos desde la última vez que te vi.

Es una tormenta que arrasa con todos los recuerdos que tengo contigo. ¿Por qué los recuerdos duelen más al saber que mentías? ¿Es porque duele la mentira o es porque deseo de manera absurda que la mentira sea verdad?

Froté mis brazos con las manos buscando algo de calor y por un instante, añoré el calor de las tuyas sobre las mías como en aquellos días donde creí que nuestro mundo solo estaría conformado por los dos hasta que nos dieran caza.

No me importaba estar escapando de una realidad que tarde o temprano nos encontraría. Creí en ti y en tus palabras. ¿Cómo no me di cuenta que ibas a traicionarme?Tú lo tenías planeado desde el inicio; desde mi renuncia, la traición a los míos y mi huida.

Me reí de mí misma mientras apretando mis brazos cruzados con fuerza, como si mis manos intentaran mantener mis piezas y a mí unidas. Observé mi reflejo en el barandal de metal. Si vieras la expresión en mi rostro, seguramente lo disfrutarías. Después de todo, nunca fuimos un todo, siempre fuiste tu prioridad.

—Fuiste un desconocido desde el principio. —susurré, distraída.

Los copos de nieve seguían cayendo sin dar tregua esta noche. Desvié la mirada hacia el bosque, los pinos pronto estarían inundados de nieve, al igual que la terraza donde me encontraba. La mansión, la misma que una vez brilló por sus elegantes bailes y festividades, estaba hecha ruinas.

—La flota está por llegar, Noah.

Al escuchar la conocida voz tan dura y gruesa, giré el cuerpo para observarlo avanzar hacia mí y apoyé mis codos sobre el barandal congelado.

—¿Por qué esa cara? ¿Estás estreñido? —dije bromeando.

—Lo mismo digo. —pero su sinceridad detuvo mis intensiones de animar el tenso ambiente.

—Muy gracioso. —repliqué con una mueca en la boca.

—¿Estás segura de abandonar este lugar?

A pesar que su voz sonaba bastante monótona, noté en seguida su preocupación. El hombre de dos metros, de piel morena, con rastas hasta la cintura y ojos ámbar, lleno de tatuajes en su pecho descubierto, se acercó y deshizo el cruce de sus musculosos brazos.

Ukram solía ser serio la mayoría del tiempo; el haber convivido con él cerca ya de dos años me ha permitido conocerlo y comprenderlo más.

—¿Qué te preocupa? —me alejé del barandal para acercarme a él, alcé mis dedos y él, automáticamente, bajó el rostro. Mis manos acunaron el rostro varonil con gentileza.— Estoy bien, lo peor ya pasó.

Hubo un largo silencio por su parte. No era necesario preguntar qué estaba haciendo, era experto en examinar mi rostro para encontrar mentiras mientras me sostenía la mirada.

—¿Cómo puedes estar segura de algo que todavía no sucede?

—¿Cuándo te he mentido?

—En este momento.

Ante tal respuesta, mi expresión se descompuso. Nunca podrías mentirle a la persona que te observa con anhelo. Tal vez Ukram tenía razón: no es que yo no pudiera dejar de amarlo, yo me rehusaba a hacerlo. Soltar este amor sería condenarme a mí misma por todo lo que causé.

Una persona que se dejó engullir por el egoísmo como yo no merece el derecho a una nueva oportunidad. No había vuelta atrás. No existía ninguna posibilidad de regresar al servicio de inteligencia, me matarían.

—No…

—Sí, lo has hecho. —Ukram posó su frente a la mía y noté que estaba acortando la distancia entre los dos.

Los ojos de Ukram destilaban una emoción que nunca antes había leído hasta este momento.

La proximidad de nuestros rostros se había reducido, mi compañero pareció dudar unos segundos en cuanto nuestros labios se rozaron. Probablemente se debió al pánico desbordándose por mis ojos.

No quería dañarlo, yo no tenía nada por ofrecerle, pero tampoco me animaba a decírselo.

—¿Olvidaste que aún es mi esposa?

Una tercera voz interrumpió de la nada y volteamos instintivamente hacia ella; provenía del bosque.

Ukram irguió su postura. Posé una mano sobre su pecho, advirtiéndole que no hiciera nada. Un hombre salió de la oscuridad entre los pinos. Suspiré al ver esa sonrisa endemoniadamente atractiva.

¿Qué demonios hacía él merodeando por aquí?

Ese hombre caminaba tranquilamente con las manos dentro de los bolsillos del pantalón.

Ese uniforme oscuro que usaba y la placa que traía colgando en un pendiente hizo que recuerde a qué organización pertenecía y lo aborrecí. La expiación de mis mis pecados nunca sería suficiente, nada borraría nuestro pasado; menos cambiar lo que eché a perder.

Observé a ese hombre detenerse y levantar la mirada hacia en nuestra dirección. Ukram y yo nos encontrábamos en la terraza del segundo piso de la mansión. Aunque la distancia era considerable, creí sentir su respiración en el cuello y la piel se me erizó.

—Nosotros no somos nada del otro. —respondí en calma. Antes habría gritado del enfado, habría demostrado una explosión de emociones, que hoy ya no eran necesarias.

—Hieres mis sentimientos, esposa mía.

—Tú no tienes sentimientos.

Patrick ensanchó más su sonrisa, ¿de qué se reía ese imbécil? Apreté los puños, conteniéndome.

—¿Y qué son estos celos que siento?

—Lo que haga no te concierne. —pero si se trataba de Ukram, probablemente le concernía y mucho.

—Vine a verte, ¿eso no es suficiente?

—¿Te alegra verme?

—Lo sería más si fueras un cofre de oro.

Antes que pudiera reaccionar, para entonces, Ukram ya había saltado desde el segundo piso hacia Patrick.

—¡Ukram! —grité.

El puño de Ukram levantó una neblina de nieve y dejó un enorme agujero en el suelo.

—Goliat, no recordaba que fueras tan impaciente. —Patrick esquivó el golpe con gracia, sus movimientos eran hipnotizantes—. No eres rival para mí. Lo sabes bien, ¿o ya se te olvidó?

—…

Ukram no respondía provocaciones, actuaba. Se lanzó contra Patrick de nuevo y esta vez, mi ex esposo no se movió para esquivar el golpe, sino que levantó su mano hacia el puño que se dirigía a él y Ukram quedó suspendido en el aire.

¿Cómo demonios lo hizo?

—¡Suéltalo! —estuve a punto de saltar, pero Ukram me detuvo.

—¡No, Noah! —Ukram luchaba por moverse—. ¡Vete! ¡No es como la última vez!

—Goliat, deberías descansar.

Patrick lanzó a Ukram hacia los pinos. El cuerpo destrozó siete troncos en dirección recta hasta detenerse.

Mi cuerpo se quedó rígido ante el desconcierto. Patrick jamás mostró poseer habilidades de telequinesis… ¿Sería esa la razón por la que no se pudo rastrear su paradero estos últimos meses?

El zumbido característico de un helicóptero furtivo captó mi atención, el cual voló cerca de Patrick y de éste salió una escalera. Mi ex esposo subió en ella y se sostuvo de la cuerda. El helicóptero ascendió y Patrick se posicionó a la misma altura del barandal, manteniendo una distancia prudente entre los dos.

El corazón se me encogió al verlo tan radiante, su mirada traviesa seguía siendo la misma. ¿Por qué siempre sonríes incluso en los peores momentos?

—No te acerques. —advertí en voz baja, con nerviosismo.

—Mi querida esposa, ¿tan poco me amaste?

—¿Cómo te atr…

—Al parecer tu amor por mí duró tan poco que ahora tienes un nuevo compañero.

—¿Celos?

Voltée en dirección al lugar donde Ukram se estrelló: se veía mal herido, pero estaba firmemente en pie. El tono tan placentero en su voz me sorprendió; que disfrutara de algo era tan extraño de presenciar.

Intenté saltar para ayudarlo, pero Patrick lo impidió sosteniéndome del brazo derecho con una fuerza sobrehumana. Mi expresión de dolor hizo que su sonrisa se torciera, reconocí el enfadado en su rostro.

De pronto, una fuerza invisible apretó mi cuello con violencia hasta faltarme el aire y me elevó en el aire. No sentí más el agarre de Patrick, pero sí mi sangre circular por el brazo. Una alivio momentáneo que se acabó por la falta de oxígeno.

Inesperadamente me soltó. Caí contra el suelo, tosiendo y inhalando desesperadamente para que el aire llegara a mis pulmones.

—Ni un poco. —Patrick respondió arisco un momento, luego regresó a su tono burlón.— Pero creo que te olvidas de algo, mi querido Goliat: a menos que Noah rompa nuestra unión, seguiremos siendo marido y mujer. Ella me pertenece, aún si no me sirve para nada.

Maldito hijo de puta. No aguanté escucharlo más. En un instante saqué la pistola de la muslera y disparé.

—Vaya… —mi ex se tocó el rostro, sus dedos se mancharon con sangre—. Noah, tu puntería siempre ha sido buena…

Unos hombres enmascarados de negro saltaron del helicóptero a tal velocidad que se posicionaron detrás de Ukram y lo sometieron con pistolas teasers. Nos habían acorralado sin el mínimo esfuerzo.

El helicóptero se acercó de modo que Patrick y yo estábamos frente a frente, él aún sujetándose de la escalera y yo, con el brazo estirado y la pistola apuntando hacia un lado, a centímetros de su atractivo rostro. Mi mano no dejaba de temblar.

—¿Por qué dudas? —El dulce susurro me pilló desprevenida; fue un puñal en el corazón. Patrick agarró el cañón de mi pistola y él mismo se apuntó en la frente. Nuestros ojos se encontraron, su mirada estaba vacía—. Debes apuntar aquí; estoy aquí para ti.

El dulce encanto de su voz aún me dolía.

—Vamos, dispara.

—¡No lo hagas! —gritó Ukram, intentando liberarme del embrujo de Patrick.

—Dispara.

Cerré los ojos al apretar el gatillo y los abrí tras escuchar el disparo.

—¡Noah!