MI SEXY JEFE (BORRADOR)

Summary

La gente no es lo que parece y Harry Thompson no es la excepción. ¿Qué pasaría si no eres más que una moneda de cambio? Ya no importas, tu vida ya no es nada. Has pasado a pertenecerle a tu jefe.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAP 1

¿Por qué me gusta hacerlo con la luz apagada?

muchos me hacían esa pregunta y yo decía que por complejos, lo cual es mentira porque amo cada parte de mi.

Me gusta porque siento que me permite fundirme con esa persona, más allá de lo que tener relaciones sexuales implica—que de por si une mucho a las personas—el hacerlo con la luz en off me permite conocer cada parte de su cuerpo, aunque no lo vea, es como otro tipo de conexión.

Todo porque no me baso en lo que veo.


Las personas dicen, no te fijes en lo que oyes, no te fijes en lo que ves, fíjate en como te sientes. Pos no, el sentimiento varía, según como te sentías desde antes, yo me enfoco en lo que escucho, "porque las apariencias engañan" muchas veces decimos más en los sonidos que emite la garganta humana que en los gestos que hacemos. Incluso un tono frío da mucho que decir.


Pero bueno, no es hora de divagar porque el hombre que tengo enfrente está muy caliente y planea que yo lo esté también. Aunque me caliente hacerme la inteligente. Además, aún espera una respuesta a lo de la luz.

—tengo complejos—respondí seriamente

—no, a mí no me engañas, te he visto andar libremente en un traje de baño de dos piezas por la playa, si tuvieras complejos ni así podrías andar.


Uf ya me enamoré.


—Que más da, solo fóllame.


Lo besé con entusiasmo mientras mis manos le quitaban fácilmente la camisa tirándola al suelo.

Cerré mi mano en sus brazos casi encajando las uñas mientras caminaba lentamente hacia la cama.


Me dejé caer y él se incorporó lentamente encima de mi cuerpo, como si fuera un depredador a punto de devorar a su presa. Estiré los brazos para alcanzar su cuello y acerqué sus labios a mi boca. Lo besé fervientemente mientras sentía que se deshacía de mi blusa levantándola hasta que se podía divisar el sostén.


Cuando se abrió la puerta.


—Lana, Oh shit— mi mejor amiga se tapó los ojos y desvío la cara hacia otro lado—¿qué te he dicho de avisarme cuando vayas a traer a alguien?

—No es para tanto Livvie, ni siquiera estábamos desnudos.

—Como sea, vístanse, te traigo noticias.


Me dejó sola en el cuarto nuevamente.


—¿Un rapidín?— le dije al castaño que yacía al lado mío.

—Mejor ve a ver a tu amiga.

—Agh aburriiiido.


Me acomodé mejor la blusa y salí a ver a Livvie quien me esperaba sentada en uno de los butacones que había delante de la encimera.


—¿Roger de nuevo? ¿Qué ha pasado amiga mía? ¿Te hizo brujería o algo? No eres de las que repiten la misma comida.

—Folla bien.

—¿Eso es todo?

—¿Qué? ¿Crees que me he enamorado del castaño?

—Madre mía, ni siquiera te acuerdas del nombre.

—Claro que sí.

—¿Cuál es a ver?

—Daniel—Me encogí de hombros, la verdad es que no me acordaba.

—Te lo acabo de decir. ¿Dónde tienes la cabeza?

—Um, no sé, ¿en lo caliente que estoy y en que no follé por tu entrometimiento?


—Lana, ya me voy.

—Oh está bien Daniel, nos vemos en la oficina.

—Soy Roger.

—Ah si, eso, Robert.

—No tienes caso.

—Eso me dicen.—Le guiñé un ojo mientras veía como atravesaba la puerta principal.


—Y así es como se va mi follada del día.—dije observando la puerta cerrarse.

—Te traigo invitaciones.

—¿Invitaciones? ¿Quién se casa o quién se murió?

—Casamiento. Tu ex.

—¿Rodrigo se va a casar?—Hice una mueca.

—No, tu otro ex.

—Ah, siempre supe que Samuel se casaría pronto.—Relajé el rostro

—No, Lana.

—¿Entonces quién?

—Axel.


Mi rostro reflejó la estupefacción. Pero rápido me recompuse.


—Ah, bien por él.—Me acerqué al refrigerador y lo abrí para tomar algo de queso.

—Sé que no te da igual.


Axel es el hombre más importante—a nivel romántico — que ha habido en mi vida. Duramos al rededor de dos años, pero al parecer la única enamorada era yo. Cuando quise que se viniera a vivir conmigo se lo tomó fatal y me terminó, a mí, que nunca en mi vida me habían tan siquiera botado de una casa. Me lo tomé fatal, tuve un momento—del cuál no me enorgullezco— en el que iba mucho a bares, tomaba mucho, hacía mucho ejercicio y me obsesioné un poquito con mi físico y así conocí a Harry.


—Pues te equivocas amiga, me da exactamente igual, ojalá y sean felices, millonarios y tengan 3 hijos y 4 perros.

—¿Sabes que no te creo nada?

—Tu problema.

—Bien, demuéstrame que no te importa y ve a esa boda.

—Si, voy a ir, a tomar y probablemente a llevarme a alguien de la fiesta.

—No tienes caso.

—Así me quieres.


Devolví el queso a el refrigerador, le tiré un beso y me fui a mi habitación.


Harry es mi jefe, el cual tiene muy buen físico te comento, tiene el pelo negro y ordenado, todo en él denota orden, poder y egocentrismo sin embargo es súper agradable. Pero eso sí, tiene muchísimo poder. Maneja una de las empresas más importante del país y su cuenta bancaria asciende a los nueve mil millones de dólares cada mes. Sus ojos verdes como la esmeralda resaltan cada mañana. Su piel es blanquísima y tiene todo su cuerpo bien ejercitado. Debo tener algún crush con él o algo. Pero eso sí, nunca lo he visto manteniendo ningún tipo de relación que no sea estrictamente laboral con las personas de la empresa.


De vez en cuando tiene sus momentos filosóficos pero por lo demás es bastante normal. La primera vez que lo ví fue en el bar Deluxe desde una de las principales mesas de la zona VIP a la cual tenía acceso gracias a que mi mejor amiga estuvo a punto de casarse con el dueño.


Me acerqué, le dije que si me dejaba invitarle a un trago, no se negó, le dije que su rostro me resultaba familiar —aunque no lo había visto en mi vida— me dijo que debía ser por las revistas, que tenía una empresa y en el último mes había estado en muchas revistas. Yo en realidad no abría una revista desde los 15 años pero asentí como si supiera de que me hablaba.


Me dió su tarjeta y me dijo que se tenía que ir. Creí que iba a ser más difícil así que me fuí después de unas 10 copas y 5 canciones. Llegué a mi casa, al otro día desempacando mi bolso me topé con la tarjeta que decía Relha Corporation. Lo busqué en Google y me salió que era una de las empresas más importantes del país me asombré y decidí llamarlo, en mi mente ya no estaba tanta la idea de follar sino más de conseguir trabajo. Me habían echado del que tenía hace unos dos días por llegar tarde constantemente y con resaca.


Me dejaron entrar me mandaron directo a su oficina pero parecía estar discutiendo y todo terminó en una renuncia de su secretaria así que me contrató de inmediato. Es como que el destino me quería ahí.


Actualmente estoy llegando a la empresa mientras aparco mi Mercedes Benz GLE. Me bajo y automáticamente muchas de las miradas caen en mí. No soy para nada modesta, se que soy linda, que mi altura me da un porte elegante y que esos ejercicios que me dió por hacer me dieron muchas más curvas de las que de por si tenía volviéndome mucho más atractiva para los hombres.


Camino a paso lento pero constante adentrándome en el edificio. Paso por la recepción y saludo a Sarita. Sigo a mi puesto de trabajo y dejo mi bolso, luego voy por el café de Harry. Se lo dejo en la oficina, se que tenía una reunión a las 8 de la mañana que le tomaría hasta aproximadamente las 3 de la tarde, debido a que luego debían viajar, por eso no me preocupé en llegar antes, debido a que mi trabajo es solo para él. Cuando estaba a punto de alcanzar la manilla de la puerta esta se abrió, dando una vista maravillosa de mi sexy jefe.


—Buenas tardes señor Thompson. —Le sonreí.

—Estoy cansado de decirte que puedes decirme solo Harry.

—De acuerdo, solo Harry, le traje su café de la tarde y tiene un encuentro con la modelo de la marca Dior dentro de media hora.

—¿No se puede posponer?

—No, se ha pospuesto al rededor de 10 veces y la señorita ya no está nada contenta.

—Vale, cuando llegue hazla pasar. ¿Algo más?

—Sí, una tal Valentina Rodríguez le mandó un email, dicho archivo no me quiso abrir porque está marcado como "exclusivo" para cualquier otra persona que no sea usted.

—Vale.

—Eso es todo.

—Gracias Lana.

—No hay problema solo Harry.


Empezó a reír negando con la cabeza mientras yo cerraba la puerta.


Me senté en mi puesto como de costumbre y empecé a teclear documentos, en eso me pasé aproximadamente quince minutos. Cuando apareció la modelito de Dior.


—Soy Cristina Aguilera, Harry Thompson me está esperando—la rubia se atuvo de tocar mi escritorio como si tuviera algún bicho o algo, detesto las modelos, siempre vienen con su espalda muy recta y su ropa nada más que para hacerse las finas como si fueran reinas o algo.

—Pase adelante.


Luego de que se fue giré los ojos, lo malo de mi trabajo era tener que tratar a todo el mundo con gentileza y respeto aunque solo quisiera arrancarle las greñas.


—Que ese odio no lo vea la rubia, es capaz de hacerte tragar papel de una forma elegante. —Era Daniel ¿o se llamaba Robert?

—Que lo intente.

—Dios, no llevas un día agradable.

—Tal vez porque alguieeen me dejó con las ganas.

—Que mala persona ese alguien.

—Si.

—¿Quieres ir a tomar un café?

—Tenemos una máquina de café al doblar por esa pared—señalé la pared derecha—y creo que te deje claro que solo era sexo casual Daniel.

—No me gusta arrastrarme Lana, estoy soportando hasta que me llames por un nombre que no tiene nada que ver con el mío, al menos podrías aceptarme el café.

—No puedo salir de mi puesto de trabajo ahora mismo, después vemos eso.

—Como quieras—dijo caminando hacia atrás mientras levantaba los brazos en señal de rendición.


Roger no era feo, tenía el pelo castaño, los ojos verdes, labios carnosos que besaban muy bien, y el cuerpo bien definido, simplemente no sentía algo más que atracción física por él. Y no estaba en una relación desde Rodrigo. El cual fue mi novio por un fin de semana porque quería darle una perspectiva a mis padres de que tenía una vida estable, así que básicamente no era novio.


La rubia salió echando humos de la oficina, parecía una niña caprichosa a la que le habían dicho que no. Me adentré en la oficina, quería el chisme completo.


—¿Qué le pasó a la rubia despampanante?

—Nada, le dije que desde ahora no iba a ser más modelo de Dior.


Lo miré con estupefacción, eso solo significaba una cosa.  Mi sexy jefe ahora también era dueño de Dior.