Amor Robado (Adaptación)

Summary

SINOPSIS El hermano gemelo de Park Jimin, Jimmy, era un problema con mayúsculas. Pero esa vez había ido demasiado lejos al abandonar a su prometido, Min Yoongi, cuando éste se estaba recobrando de un gravísimo accidente. ¿Qué podía hacer Jimin excepto quedarse al lado de Yoongi? Pero todo el mundo asumió que Jimin era el prometido de Yoongi, incluso él mismo, y cuando se recuperó, siguió decidido a casarse. Jimin no sabía qué hacer. Por un lado, se sentía obligado a decirle a Yoongi que el no era su hermano. Pero por otro, estaba deseando casarse con él... *********** Sinopsis, pues aquí estamos otra vez con esta historia. Obra orginal: Amor Robado de Amanda Browing

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1 

CAPÍTULO 1

Park Jimin empujó la puerta de urgencias del hospital y entró dando zancadas en el pasillo que llevaba hasta información. Estaba calado hasta los huesos.

Había tomado un taxi, pero se habían quedado atrapados en uno de los típicos atascos de la ciudad de Denver, así que se había bajado y había ido caminando dos manzanas hasta el hospital.


— Me han dicho que han traído aquí a mi hermano. El apellido es Park —dijo con

tranquilidad.


Se alegraba de que su imagen de serenidad, que tanto la favorecía en su trabajo como abogado, escondiera los ansiosos latidos de su corazón. La imperturbable enfermera comprobó sus papeles, estuvo a punto de hacer un comentario y, después, viendo la expresión de Jimin, se lo pensó mejor.


— La encontrará en la UCI. Tome el ascensor hasta la sexta planta.


¿En la UCI? ¡Dios Santo! ¿Por qué no le habían dicho que era tan grave?

Intentando convencerse a sí mismo de que no había ocurrido lo peor, Jimin se dirigió hacia el ascensor, sin prestar atención a la curiosa mirada de la enfermera.

Cuando se abrieron las puertas, salió y miró a su alrededor. No parecía haber nadie a quien pudiera preguntar pero, acostumbrado a tomar decisiones rápidas, se dirigió sin dudarlo hacia la derecha. Fue mirando habitación por habitación y entró

rápidamente en una de ellas cuando vio una figura familiar.

En lugar de estar tumbado en una cama, su hermano estaba paseando arriba y abajo en la salita de espera.


— Cuando me dijeron que estabas en la UCI pensé que te encontraría malherido—dijo Jimin tenso.


— ¿Desilusionado?


Park Jimin y Park Jimmy eran gemelos idénticos. Tenían veintisiete años y eran dos donceles bellísimos, con unos ojos de un cafe tan profundo y un aspecto tan delicado que los hacía parecer frágiles. Tenían la piel de porcelana, en magnífico contraste con el brillo negro de su pelo. Los dos eran altos, esbeltos y con muchas curvas.

La única diferencia que saltaba a la vista era que Jimin, Minie para los amigos, llevaba media melena. Las diferencias realmente importantes no se veían.

Precisamente por esas diferencias los dos hermanos habían dejado de verse hacía

mucho tiempo.

Jimmy era un secretario excepcionalmente bueno pero, en lugar de usar su cerebro, usaba su aspecto físico para conseguir lo que quería. Los hombres, decía, pensaban con otra parte de su anatomía y podían ser utilizados para mejorar de posición en la vida.


Por contraste, el aspecto físico era un hándicap para Jimin en su trabajo. Tenía que trabajar el doble para convencer a la gente de que no era sólo una cara bonita sino un buen abogado.

A pesar de que, por deseo de Jimmy, sólo se veían en raras ocasiones, a Jimin le seguía importando su hermano. Era la única familia que tenía.


— Parece que estás bien —dijo burlón.


— ¿Bien? ¡Mira esto, me va a quedar una cicatriz, ya lo verás! —exclamó Jimmy señalando un pequeñísimo corte en su mejilla derecha que había sido limpiado y que ni siquiera había necesitado puntos.


Por la fuerza de la costumbre, Jimin ignoró el comentario de su hermano y buscó

información.


— ¿Qué ha pasado? Lo único que me ha dicho la policía es que habías sufrido un accidente —dijo recordando el miedo que había sentido pensando que había perdido a su único familiar.


Huérfanos desde pequeños, siempre habían estado solos, razón por la que Jimin seguía aferrado a Jimmy.

Ignorando descaradamente el cartel de «No fumar», Jimmy encendió un cigarrillo y le dio una profunda calada durante unos segundos antes de contestar.


— Ha sido horrible, creí que iba a morir. Un coche perdió el control cuando salíamos del restaurante y se subió a la acera, directamente hacia nosotros. Yoon me empujó para apartarme, pero el coche lo atropello a él. ¡Y yo me di un golpe contra la pared y me hice esto! —de nuevo señalaba el cortecito en la mejilla.


Jimin se prometió a sí mismo no prestar atención al infantil egoísmo de su

hermano.


— ¿Quién es Yoon?


Jimmy exhaló el humo y lo miró intensamente.


— Min Yoongi.


— ¿Min Yoongi, el abogado? —preguntó incrédulo.


Cuando su hermano asintió, Jimin no podía dar crédito. Había oído hablar de él.

¿Quién no lo había hecho en el mundo de las leyes? Su reputación como abogado era increíble. Era casi una leyenda a los treinta y cuatro años.


— ¿Y cómo lo has conocido?


— Un día entró en el gimnasio al que yo voy y empezamos a charlar. Había venido a Denver a llevar un caso y, en fin, supongo que debes saberlo, me ha pedido que me case con él.


Decir que Jimin estaba atónito era decir poco. Ni siquiera sabía que Min Yoongi estuviera en Denver y ahora descubría que era nada más y nada menos que el prometido de su hermano. ¡Su prometido! Nunca pensó que eso pudiera ocurrir. Estaba tan acostumbrado a los devaneos de su hermano con los hombres que no se le había ocurrido que un día pudiera enamorarse de uno de ellos. Que fuera Min Yoongi el que había hecho el milagro era una sorpresa, pero la vida está llena de ellas.

Se quedó mirando a su hermano, intentando imaginar la horrible ansiedad que debía de estar sufriendo.

Cada persona se comporta de forma diferente ante una situación de tensión y el miedo hace que la gente se comporte de forma curiosa. Su hermano debía de estar escondiendo el suyo tras una fachada de indiferencia. El corazón de Jimin se ablandó.


— ¿Y cómo está? —preguntó cariñosamente.


Su hermano apagó el cigarrillo y tomó su abrigo.


— Entra y mira tú mismo.


Lo llevó hasta una habitación en la que, casi tapado por una serie de monitores y cables, Min Yoongi estaba tumbado en una cama. Lo único que Jimin pudo ver fue que tenía el pelo oscuro y que estaba terriblemente pálido. A pesar de ser un hombre que aparecía a menudo en los medios de comunicación, nunca había visto una fotografía suya y no tenía ni idea de cuál era su aspecto.


— ¿Han llamado a su familia? —preguntó Jimin preocupado.


— Mira, a mí no me preguntes porque tengo otras cosas en la cabeza. Lo acaban de traer del quirófano y aún no saben si va a sobrevivir. Pero si lo hiciera, podría

quedarse paralítico.


— No sabes cómo lo siento —dijo tomando la mano de su hermano.


— No lo sientas. Yo no voy a quedarme aquí para verlo.


Jimin se quedó helado y olvidó toda noción de que su hermano estuviera sufriendo. Ninguna persona enamorada podría ser tan insensible.


— ¿Qué quieres decir?


— ¿Te puedes creer la mala suerte que tengo? Cuando por fin consigo enganchar a un hombre guapo y con dinero, ¡Va y casi se mata! —contestó su hermano con una risa amarga.


Esa risa estaba tan fuera de lugar en una habitación en la que un hombre estaba

gravemente herido que Jimin sólo pudo mirar a su hermano, incrédulo.


— Creí que estabas enamorado de él.


— ¿Enamorado? Por favor, Jimin, el amor es para los cuentos. Lo que quiero es dinero, una posición y un hombre que pueda llevarme a todos los sitios a los que quiero ir. ¡No esperarás que me case con un paralítico!


Jimin se tuvo que tragar el asco y la ira antes de poder decir:


— Te ha salvado la vida. No puedes abandonarlo ahora.


— ¿Que no puedo? Espera y verás.


— Te necesita, Jimmy —dijo Jimin furioso.


— Pues yo no lo necesito a él —contestó Jimmy quitándose un anillo de compromiso del dedo y tirándolo sobre la cama—. ¡Vaya pérdida de tiempo!


— ¡No me lo puedo creer! Llevo años dando excusas por tu comportamiento, Jimmy, pero no hay excusa que valga para esto.


Su hermano se acercó a él y le puso un dedo en el pecho.


— Escúchame, don Perfecto. Me da lo mismo que te parezca bien o no. Pero si estás tan preocupado ¿Por qué no te quedas tú con él? Eres tan frío que te daría igual que pudiera satisfacerte o no. Yo me voy de aquí. Hay muchos más peces en el mar y creo que un cambio me irá bien. Los Angeles, por ejemplo.


Jimin vio cómo su hermano salía de la habitación sin echar una mirada atrás y se sintió avergonzado. Ni siquiera en los peores momentos hubiera pensado que Jimmy podría portarse así con alguien. Desde luego, sabía que él nunca podría hacerlo.

Jimin se dio la vuelta y miró al hombre conectado a todos aquellos cables. Se acercó más y se dio cuenta de que no podía apartar la mirada. Parecía tan vulnerable tumbado en esa cama, con su atractiva cara llena de heridas y contusiones, era tal su desamparo, que algo en su corazón se conmovió y se le hizo un nudo en la garganta.

Su reacción lo sorprendió incluso a él mismo e intentó racionalizarla.


«Estoy sufriendo una reacción normal», se dijo a sí mismo. «Le estoy agradecido, aunque Jimmy no lo esté y siento mucho que esté tan malherido. Es la curiosidad lo que hace que siga mirándolo».

Así que aquél era Min Yoongi. Incluso inconsciente, tenía una cara llena de carácter y personalidad. Aunque era muy guapo no había nada suave o débil en sus rasgos. Se preguntó de qué color serían sus ojos, pero lo único que podía ver eran las pestañas más largas que había visto nunca en un hombre y una boca llena de sensualidad, que hablaba de fuegos escondidos. Fuegos que podrían no volver a calentar a nadie nunca más.

No sabía explicarse por qué ese pensamiento le hacía daño, pero tampoco podía ignorar el hecho de que era así. Sentía como si alguien le hubiera dado un puñetazo en el pecho y se hubiera quedado sin fuerza en las piernas. Temblando, Jimin empezó a buscar una silla con la mirada y se fijó en el brillo del anillo que seguía sobre las mantas.


Lo tomó, conteniendo el aliento ante la belleza del zafiro rodeado de diamantes. Debía de haber costado una pequeña fortuna y su hermano lo había tirado como si fuera una baratija. Igual que había arrojado de su vida a Min Yoongi.

Jimin iba a guardarlo en el bolso, pero recordó que había salido sin él. Había guardado las llaves y el dinero en el bolsillo de la gabardina y había salido corriendo. Si metía el anillo en el bolsillo de la gabardina se podría perder, así que decidió ponérselo.

En el único dedo en el que cabía sin que se cayera o le apretara demasiado era el anular de la mano derecha y le dio una extraña impresión verlo allí. Si hubiera sido del tipo soñador hubiera pensado que era el destino, pero Jimin estaba orgulloso de tener su cabeza sobre los hombros y sabía que no era más que una coincidencia.


Entró una enfermera y Jimin se apartó para que pudiera hacer su trabajo.

Mientras estaba esperando, se dio cuenta de que le hubiera gustado poder hacer algo por él, pero no podía hacer nada más que mirar y esperar.

Nunca se había sentido tan angustiado. Pero, por supuesto, era natural, considerando que ese hombre acababa de salvar a su hermano con considerable riesgo para su propia vida.

Incapaz de estar sin hacer nada, Jimin se quitó la gabardina y la dejó sobre una silla para que se secara. Después intentó peinarse un poco el pelo mojado. Por lo menos su ropa, el traje negro y la blusa blanca de seda que había llevado al Juzgado estaban secos. Hasta que la enfermera terminó su trabajo se paseó arriba y abajo por la habitación.


— ¿Puede decirme si la familia del señor Min ha sido avisada?


— Sí. Yo misma les avisé. Deben de estar a punto de llegar.


— ¿Puedo hablar con el médico? Tengo que saber si el señor Min se va a recuperar.


La enfermera sonrió comprensiva.


— Claro. Le diré a la doctora Jeon que venga.


Jimin le dio las gracias y durante los quince minutos siguientes anduvo arriba y abajo por la habitación. No había estado tan nervioso desde que esperaba la resolución del Jurado en su primer caso. Cuando por fin apareció una mujer con bata blanca, Jimin respiró profundamente para tranquilizarse.


— Le alegrará saber que la situación del señor Min es estable. Las heridas que traía eran muy graves, como sabe, pero la buena noticia es que no tiene dañada la espina dorsal, que era lo que nos temíamos al principio.


— Entonces ¿podrá volver a caminar?


— Desde luego.


Jimin se sentía casi mareado de alivio.


— Gracias a Dios.


— Y al cirujano —añadió la doctora Jeon con una sonrisa burlona—. Lo que no sabemos es cuánto tiempo tendrá que quedarse en el hospital. El señor Min parece un hombre muy fuerte y eso será de gran ayuda. Además lo ayudará mucho saber que está usted a su lado.


El comentario sorprendió a Jimin. Se dio cuenta entonces de que la doctora creía que él era el prometido de Min Yoongi. Estuvo a punto de sacarla de su error, pero en el último momento no dijo nada. Explicárselo a Yoongi ya sería suficientemente horrible como para tener que contarle los trapos sucios de su familia a todo el mundo.

Además, era preferible que fuera él quien se lo contara y no que lo supiera por boca de otros. Lo mejor sería no decir nada por el momento.


— Mientras me necesite no me iré de aquí —prometió él.


Si eso servía para que él se recuperara rápidamente, se quedaría. Además, alguien tenía que quedarse. Lo que ese hombre había hecho por Jimmy era muy generoso y su hermano debería haberse dado cuenta.

La doctora Jeon miró la quieta figura del hombre.


— No se despertará del todo hasta dentro de unas horas. ¿Por qué no se va a casa y descansa un poco?


Jimin negó con la cabeza. Estaba cansado, pero no tenía intención de marcharse por el momento.


— Sus padres ya han tomado el avión. Yo los esperaré —insistió la doctora, pero sabía que no valdría de nada insistir.


Solo de nuevo, Jimin acercó una de las sillas a la cama y se sentó. Una de las pálidas manos de Yoongi, de dedos largos y fuertes, estaba sobre la sábana.

Inconscientemente, la tocó. Su piel era cálida y le pareció lo más natural del mundo apretarla en la suya. Quería reconfortarlo y lo que consiguió fue reconfortarse él mismo. Curiosamente empezó a sentirse más tranquilo y suspiró, poniéndose cómodo.

El silencio los envolvía, excepto por el continuo sonido de los monitores. Un poco

más tarde, el cansancio empezó a hacer mella. Había tenido un día duro en el bufete y una batalla en el Juzgado, seguida por el susto del accidente. Los nervios, que lo habían mantenido de pie hasta entonces, empezaron a relajarse y se sintió exhausto.

Poco a poco, sus ojos se fueron cerrando.


— ¿Ji... Jimin?


La voz dolorida despertó a Jimin. Durante unos segundos se sintió desorientado y parpadeó un par de veces mirando alrededor. No tenía ni idea de qué hora era, sólo que estaba en el hospital y que Min Yoongi estaba despierto.


— ¿Jimin? —la voz era ahora más urgente.


Así que su hermano había vuelto a hacerse llamar Jimin. Nunca lo había molestado que lo hiciera porque Jimmy siempre había preferido su nombre y ahora que no vivían juntos debía usarlo todo el tiempo.

Cuando se inclinó sobre la cama para tranquilizarlo vio los ojos gris plata más

hermosos que había visto nunca. Sin darse cuenta, se perdió en su insondable profundidad. Su corazón empezó a latir a gran velocidad y algo pareció removerse dentro de él. Su cerebro dejó de funcionar, pero a nivel sensorial era como si cada nervio de su cuerpo hubiera sido encendido por un impulso eléctrico que latía dentro de él.


— ¿Jimin?


Dijo su nombre por tercera vez con angustia. Como si estuviera saliendo de un sueño, él lo miró mareado, con la boca seca y el corazón acelerado. Asustado por lo que le estaba pasando, intentó recuperar la compostura y lo ayudó el dolor que vio empañando los ojos de él.


— Estoy aquí —contestó apretando su mano cálidamente.


Min Yoongi tragó saliva con dificultad. Su respiración era muy dificultosa.


— ¿Estás bien? —preguntó él.


No, no lo estaba. No sabía si volvería a estar bien alguna vez, pero eso no era lo que él preguntaba. Quería saber si el doncel que amaba estaba herido. Ya habría tiempo más tarde para decirle que él no era quien él creía. Que Jimmy tampoco era quien él creía. Pero, por el momento, lo que necesitaba era tranquilidad.


— Estoy bien. Intenta no hablar, Yoongi. Estás herido.


Él intentó levantar la cabeza y gimió de dolor.


— ¿Estoy muy malherido?


Con la mano libre él empezó a peinar su pelo húmedo. Era muy sedoso y cuando sus rizos se enredaron entre sus dedos él sintió qué también se enredaban en su corazón. Era una sensación tan extraña que Jimin no sabía qué le estaba ocurriendo y decidió ignorarlo.


— Te han tenido que operar. No conozco los detalles, pero han dicho que te vas a

poner bien.


Vio que él cerraba de nuevo los ojos y, suspirando, empezó a apartarse de la cama, pero los dedos de él apretaron tan fuertemente los suyos que tuvo que morderse los labios para no llorar. Lo estaba mirando a través de sus ojos semicerrados.


— Quédate conmigo —dijo intentando mantener los ojos abiertos.


Una batalla que perdió casi inmediatamente y Jimin se dio cuenta de que tardaría en volver a despertarse. Volvía a estar inconsciente.


— Lo haré. No me moveré de aquí —añadió aunque sabía que no podía oírlo.


Mientras se hacía de nuevo el silencio a su alrededor, Jimin revisó lo que acababa de ocurrir. Sólo de pensarlo, se sentía mareado. ¿Qué había pasado? Al principio sólo intentaba reconfortarlo y después había sido una sensación increíble.

Nunca había sentido nada así. Había mirado los ojos de Min Yoongi y estos parecían haber llenado cada parte de su ser. Cada uno de sus sentidos lo había reconocido.

Había sido asombroso, tremendo. ¿Pero qué era esa sensación?

Volvió a mirarlo y, como por impulso, levantó una mano y la pasó suave y dubitativamente por su mejilla. Entonces se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y empezó a temblar.

¡No, no podía ser! No podía haberse enamorado de él. Era imposible.


Apartó su mano como si lo quemara. No podía ser. Él era un doncel sensato, poco dado a las emociones, y ese tipo de cosas simplemente no le podían pasar a él.

¿Entonces qué era?, preguntó una vocecita burlona en su interior. Jimin no lo entendía, pero debía de haber una explicación racional para que, después de haber mirado esos ojos increíbles, él hubiera sentido que lo conocía desde siempre.

Jimin suspiró agitado, levantó una mano y se la pasó por el pelo. Tenía que calmarse. Había sido un día traumático y simplemente estaba nervioso. Una buena noche de sueño lo arreglaría.

Más calmado por ese pensamiento, Jimin se acercó a la ventana y se quedó mirando hacia la oscuridad.

No sabía cuánto tiempo había pasado cuando oyó unos pasos que lo hicieron darse la vuelta. En la habitación, entraron dos personas con aspecto cansado, pálidos y preocupados. Era una pareja de unos sesenta años. El parecido entre el hombre que acababa de entrar y el que estaba tumbado en la cama era asombroso.


— Ustedes son los padres de Yoongi, ¿Verdad? —dijo mientras se acercaba sonriente hacia ellos.


La mujer, un poco más joven que el hombre, sonrió tensa.


— Soy Min Yoonji y éste es mi marido, GiYeon. Tú debes de ser Park Jimin. Yoongi nos ha hablado mucho de ti. Qué pena que tengamos que conocernos en estas circunstancias.


Su voz se quebró al mirar al hombre inmóvil. Sus ojos se llenaron de lágrimas y Saeng se compadeció de ella.


— Por favor, no llore. La doctora ha dicho que se va a recuperar —Jimin se apresuró a decir para tranquilizarla—. Lo mejor será que hablen con ella.


— Lo haremos —Min GiYeon tuvo que aclararse la garganta de la emoción para poder continuar—. La enfermera que nos llamó dijo que nuestro hijo había resultado herido en un accidente. ¿Estaba usted con él?


De nuevo, Jimin se enfrentaba con una difícil elección. No tenía demasiado interés en proteger la reputación de su hermano, pero no creía que nadie debiera saber lo que había ocurrido hasta que lo supiera Yoongi. Ni siquiera sus padres. Tenía el doloroso derecho de ser el primero en saberlo y él no dudaría en decirle la verdad cuando estuviera suficientemente recuperado. Entonces él decidiría si quería que alguien más lo supiera. Hasta entonces, pretendería ser Jimmy. Algo que su hermano no le hubiera agradecido, pero de lo que no se iba a

enterar.


— Sí, me estaba protegiendo —dijo y les dio los pocos detalles que su hermano le había contado.


— ¡Dios mío! ¿Está usted bien? —Min Yoonji preguntó preocupada.


Maldito fuera Jimmy por ponerlo en ese aprieto.


— Estoy bien, no tengo ni un rasguño —contestó incómodo.


Al contrario que a su hermano, nunca le había gustado mentir.


— ¡Gracias a Dios! Pero ha debido de ser un susto horrible, Jimin.


— Llámeme Minie, por favor. Todo el mundo me llama Minie —dijo esperando cambiar de conversación y que no volvieran a hacerle preguntas que no sabría responder.


— Minie es precioso. Menos mal que tú no estás herido. Yoongi no habría podido

soportarlo.


Eso era lo que más preocupaba a Jimin. La reacción de Yoongi ante la noticia.

Estaba malherido y sería horrible tener que decirle algo que le haría aún más daño. La única forma de suavizar el golpe sería esperar a que estuviera recuperado para contárselo aunque, si amaba a Jimmy como él creía, se lo dijera cuando se lo dijera sería un golpe terrible.

La idea de hacerle daño era insoportable. En ese momento, empezó a odiar a su hermano gemelo. El amor de Min Yoongi había sido usado y despreciado y nunca lo perdonaría por abandonarlo cuando más la necesitaba.

Ardiendo de deseos protectores, Jimin se volvió hacia la mujer y dijo:


— Señora Min, quiero que sepa que nunca le haría daño a su hijo —declaró

apasionadamente.


Min Yoonji se acercó a él y tomó una de sus manos.


— Lo sé, querido.


Jimin suspiró, sorprendido por la profundidad de su emoción. Probablemente eran los años de ira contenida contra su hermano, que se le habían subido a la cabeza.


— ¿Por qué no se quedan un momento con Yoongi mientras yo voy a buscar a la

doctora Jeon?


Los padres de Yoongi asintieron.

La doctora Jeon se llevó a los padres de Yoongi a su despacho y allí les informó sobre la operación. Jimin se quedó con Yoongi hasta que volvieron y aceptó la sugerencia de irse a descansar a casa. Se decía a sí mismo que era el sentimiento de culpa por su hermano lo que hacía que no quisiera irse.


Media hora más tarde, en su apartamento, apenas tuvo energía para darse una ducha, ponerse un camisón y caer rendido en la cama. Mientras se dormía pensaba en un hombre con los ojos de color gris plata. Cuando él había clavado sus ojos en él parecía haber penetrado en su alma y, ahora, en sus sueños, lo llenaba de una profunda sensación de pérdida.


[...]


El sol brillaba cuando Jimin se despertó por la mañana, descansado pero a la vez

extrañamente inquieto. Tenía vagos recuerdos de lo que había soñado, pero no hubiera sido extraño soñar con Min Yoongi después de todo lo que había ocurrido la noche anterior.

Se duchó y se puso una de las blusas de seda blancas y uno de los trajes que solía usar para ir a trabajar. Desayunó café con tostadas y llamó a su oficina. Era el socio más joven de un gran bufete de abogados y su amigo Taehyung, que trabajaba en la recepción, le prometió dar el mensaje de que llegaría tarde. Afortunadamente no tenía que volver a los Juzgados hasta la semana siguiente y muchas de las citas podían ser canceladas.

Después tomó su bolso y su maletín y, cuando estaba a punto de salir, recordó el anillo de pedida que había dejado sobre la mesilla.


Cuando iba a guardarlo en el bolso, recordó que en el hospital todo el mundo creía que era el prometido de Min Yoongi y podrían encontrar extraño que no lo llevase puesto. Pero se sentía incómodo con el anillo y se alegraría cuando pudiera devolverlo. Cuando comprobó que no olvidaba nada más, salió corriendo para tomar el autobús.

Normalmente llevaba su coche, pero ese día estaba en el taller. Tendría que usar

transporte público hasta que estuviera reparado.

Como de costumbre había mucho tráfico y llegó al hospital más tarde de lo que esperaba. Cuando vio a Min Yoonji paseando nerviosa delante de la habitación se asustó. En cuanto la mujer lo vio, prácticamente se lanzó sobre él.


— ¡Jimin, gracias a Dios que has venido! Intenté llamarte por teléfono, pero ya debías de haber salido.


El corazón de Jimin dio un vuelco.


— ¿Por qué, qué ha ocurrido?


Se quedó petrificado. ¡Dios mío, no! ¡No podía haber muerto! La posibilidad heló la sangre en sus venas, y sintió el dolor más profundo que había sentido nunca.


— Ven conmigo, querido. Antes de que veas a Yoongi, la doctora Jeon tiene que hablar contigo —dijo preocupada.


Jimin se dio cuenta de que no podía moverse.


— Ha muerto, ¿verdad? —dijo, sintiendo que su corazón se partía por la mitad.


La mujer lo miró horrorizada.


— ¡No! Perdona, Jimin. Siento haberte hecho pensar eso —dijo apesadumbrada.


Jimin tuvo que cerrar los ojos un momento para no marearse. Había pensado... había pensado... ¿Por qué ese pensamiento había sido tan devastador? ¡Sí apenas conocía a ese hombre! Era ridículo sentir eso por un extraño. Cualquiera pensaría que...

Intentó recuperar el control. No era cierto. ¡No estaba enamorado de Min Yoongi!

Era sólo que se sentía responsable. Nada más.

Esperando no reflejar en su rostro lo que sentía por dentro, Jimin miró a la madre de Yoongi para confirmar lo que había dicho.


— ¿Entonces está bien?


Cuando Yoonji asintió, consiguió sonreír un poco avergonzado.

Yoonji le dio unos golpecitos en la mano y lo acompañó hasta una puerta en el pasillo.


— Eso suele ocurrir cuando la persona a la que amamos está sufriendo —dijo sonriendo confidencialmente.


Jimin intentó recordarse a sí mismo que, aunque todo el mundo creyera que estaba enamorado, en realidad no lo estaba.

La doctora Jeon estaba sentada detrás de un abarrotado escritorio y les hizo una seña para que se sentaran en las dos sillas frente a ella. Cuando lo hicieron, se inclinó hacia Jimin.


— Gracias por venir, joven Park. Ha ocurrido algo que creo que usted debe saber. El señor Min recuperó la consciencia hace media hora y preguntó por usted. Se puso muy nervioso cuando sus padres le dijeron que usted no estaba allí. Tanto que tuvimos que sedarlo. Parece que ha creído que estaban intentando ocultarle que usted había muerto.


— ¡Pero si hablé con él anoche! —exclamó Jimin.


La doctora Jeon se encogió de hombros.


— Por lo visto no lo recuerda. Es muy normal. Lo importante es que usted comprenda que una agitación de cualquier tipo no ayuda a su recuperación, todo lo contrario.


— Lo comprendo —asintió Jimin—. ¿Qué puedo hacer?


— Es muy sencillo. En este momento, su prometido está dormido, pero cada día tendrá períodos de consciencia más largos. Lo único que pido es que esté usted a su lado cuando se despierte para convencerlo de que está usted vivo. Cuanto más lo vea, más tranquilo estará. ¿Puede hacer eso?


— Por supuesto. Afortunadamente, no tengo que volver a los Juzgados hasta la semana que viene, porque eso habría sido un problema. Llamaré a la oficina y pediré el día libre —dijo sin dudarlo.


— ¿Eres abogado? —preguntó Min Yoonji y Jimin sonrió con ironía.


— Sí, pero no tan bueno como Yoongi —admitió y vio la cara de sorpresa de la mujer.


— No entiendo por qué no nos lo ha dicho. Bueno, es igual. Lo más importante es

que se ponga bien ¿Verdad, querido?


Jimin asintió, dándose cuenta entonces de que no tenía ni idea de lo que Jimmy le habría contado a Yoongi. Tendría que intentar salir adelante como pudiera.

Sonó un busca y la doctora Jeon lo sacó del bolsillo.


— Perdonen.


La dejaron hablando por teléfono y volvieron hacia la habitación de Yoongi.


— Anoche llamé por teléfono a Hoseok y a Namjoon para decirles que Yoongi iba a ponerse bien —dijo Yoonji tomando a Jimin del brazo.


— ¿Hoseok y Namjoon? —preguntó Jimin sin saber de quiénes hablaba.


La mujer lo miró sorprendida.


— Los hermanos de Yoongi. Tiene que haberte hablado de ellos.


Pues claro que Yoongi se lo habría contado a su prometido, por eso él no sabía nada, pensó Jimin.


— Ah, sí. Esta mañana mi cabeza no funciona muy bien —dijo intentando disimular.


— No pasa nada, querido. Lo comprendo. Lo has pasado muy mal. Además, tampoco os conocéis desde hace mucho tiempo. Se puede decir que esto ha sido un romance relámpago.


La señora Min no sabía cuánta razón tenía, pensó Jimin. ¡Ni siquiera sé cuándo nos hemos conocido! ¡Estoy caminando a ciegas por un campo de minas!


— ¿Les sorprendió que fuera tan rápido? —preguntó sabiendo que al menos aquélla era una pregunta segura.


— Un poco. Después de todo, Yoongi había venido aquí hacía sólo un mes para llevar un caso como favor a su padre. GiYeon era el jefe del bufete hasta que se retiró el año pasado y el cliente era un viejo amigo de la familia. Bueno, como te iba diciendo, cuando Yoongi nos llamó poco tiempo después de llegar para decirnos que había conocido al joven con el que se iba a casar me quedé un poco sorprendida. Admito que me preocupé, pero ahora que te he conocido, ya no tengo ninguna duda —Yoonji dijo cálidamente.


Jimin pensó que todo se estaba complicando demasiado, pero no se imaginaba qué podía hacer para evitarlo. Se obligó a sí mismo a concentrarse en lo que Yoonji acababa de decir. Si Yoongi y Jimmy se conocían sólo desde hacía un mes Yoonji tenía razón, había sido un romance relámpago. Pero mientras Yoongi claramente se había enamorado, no se podía decir lo mismo de su hermano. Yoongi debió de pensar que había encontrado la felicidad pero, aunque él no lo sabía aún, sólo había encontrado el dolor.


********


¿Como Yoongi se pudo enamorar de Jimmy?