Capítulo I - Viaje en Tren
Otro día, otra noche, cansado, la misma rutina de todos los días, revisó su celular, las 2pm, por fin, las clases habían terminado, varios compañeros de clase se acercaban al profe, se despedían, le preguntaban si iba a volver a enseñarles, otros formaban grupos, ya empezaban a hacer sus planes para sus vacaciones de fin de año, pero Daniel, no, él estaba en su carpeta, la misma que tuvo desde el primer día de clases, pensó que su carrera sería más interesante, pero no, que apagado, volvería a su casa para dormir y simplemente existir, sabía nadie lo llamaría para salir, la primera vez que eso le pasó, intentó en el siguiente ciclo socializar, mas no lo lograba, no congeniaba, la segunda vez ya se sintió feo, para la tercera, ya le daba igual, ahora que es la quinta, ya no le afectaba.
Dos meses, ¿Qué haría por dos meses? Era lo que pensaba mientras estaba tirado en su cama, cerró los ojos un momento, pensó en lo único que le traía algo de emoción a su vida, tomar fotos, registrar en su celular esas buenas experiencias, esperando volver a vivirlas un día, esperando volver a donde fue feliz, en ese momento, memorias de cuando era pequeño llegaron a él, la casa de sus abuelos, recuerdos de él, de pequeño, jugando con sus amigos, haciendo travesuras, si tan solo pudiera volver.
Un momento, él puede, no tiene ningún plan, su padre no debería enterarse, tampoco es que él se pase por la casa, rápidamente se levantó, cogió una maleta, metió sus cosas, pares de ropa, un morral, dinero, celular, llaves, comió algo antes de salir y se dirigió a la estación del tren, compró un boleto para la salida más cercana, y se sentó a esperar.
A los minutos, se escuchaba el silbato de lejos, anunciando que el ferrocarril, ya estaba llegando, se fue a hacer cola para subir mientras a cada uno le revisaban el boleto; hace años no viaja dentro de un tren, sacó su celular y empezó a tomar fotos, como eran los vagones, la decoración de estos, la distribución, un par de vagones adelante donde se ofrecía comidas y bebidas para los viajes largos, y a estos vagones les seguían los que eran residenciales, dos tipos, uno que era el precio estándar, donde los cuartos eran más chicos, se notaba en el apartado artístico, otro para los más adinerados, cuartos más grandes, más beneficios, mejor cuidadoso, quien como ellos; y al final de todo, un vagón donde se guardaban todas las maletas de los pasajeros.
A Daniel le había tocado el cuarto número 13, era el primero del tercer vagón, cruzó la puerta, y dejó su maleta, él no se fiaba del tren, así que no dejó que guardaran su maleta atrás, prefería el mismo cuidarla, tras eso decidió ir a los vagones de adelante, a ver si habría algo bueno que tomar foto, tal vez algo gracioso o algo interesante, cuando llegó allí vio dos hileras de asientos dobles, en medio de ellos habían mesas, sin embargo, este ya estaba lleno, siguió caminando hasta llegar al siguiente, este era distinto, tenía cristales en las ventanas y en el techo, le permitía admirar el paisaje del viaje, aquí habían hileras de sillas frente a barras, para personas que preferían ser más solitarias.
Tomo asiento en una que estaba cerca a la ventana, suspiró mientras observaba la ciudad por la ventana del autobús. Todo lo que veía parecía nuevo, desconocido. Y aunque había pasado su vida allí, ya no era su hogar. Anhelaba volver a aquellos días de antaño, cuando era feliz y todo parecía tener sentido. ¿Por qué había dejado que las cosas cambiaran tanto?
La tarde empezaba a caer, un atardecer, eso siempre es hermoso, y justo el tren pasaba frente al mar, no había mejor ocasión, sacó su celular para tomar una foto del momento, cuando la tomó, miro a su derecha y vio a una chica que hacía algo similar, tenía una cara de asombro mirando la magia de cómo el cielo celeste se cubría de colores naranjas, para luego dar paso al manto oscuro de la noche.
Inconscientemente le tomó una foto, era hermosa, él la veía y sentía que era fuera de este mundo, alta, de contextura delgada y tez blanca, su pelo suelto le llegaba hasta la cintura, un poco ondulado y de color miel; sus ojos morados, algo que nunca había visto, lentes de contacto, pensó el chico; sus labios finos y delicados, su pequeña nariz la hacía ver tierna; vestía una playera gris con el dibujo de un pulpo morado atacando un barco en el centro, tenía un buzo negro y una chaqueta roja.
Él se acercó a ella y puso su mano en su hombro, acto seguido dije “Hey”; ella voltea tranquila, pero un poco molesta, “¿Tienes idea de lo que has hecho? Me has hecho perder una buena toma, ¿Qué quieres?” le reprochó en la cara; él se sorprendió un poco, esperaba algo más agresivo, no es normal que un desconocido aparezca y te hable así de la nada, pero de algún modo tenía que comenzar la conversación.
Daniel: No quiero nada, solo hablarte y conocerte, estaba aburrido en mi asiento, decidí venir a tomar una foto al cielo, pero te encontré a ti y decidí hablarte, ya que pareces de mi edad.
Chica: Estas fotos son importantes para mí, no sabes cuánto me demoré en conseguir dinero para este viaje, lamentablemente ya no puedo tomar más, espero que con las que tengo me basten, tengo mucho que contar cuando regrese a mi casa, y bueno, una experiencia más no me haría daño. Me llamo Elizabeth y tú eres… Lo siento, no recuerdo tu nombre.
Daniel: Oh, cierto, ni me he presentado –se ríe nerviosamente– me llamo Daniel.
Elizabeth le pidió se vayan a una mesa, sería mejor conversar ahí que estar parados, se sentaron frente a frente; Dany tratando de parecer amable y así ganar su confianza, le dijo: “¿Quieres algo para comer? Yo invito”
Elizabeth: ¿Crees que necesito eso? No necesito depender de ti, tengo mi propio dinero.
Daniel: No, yo no quería decir que tú fueras menos por ser mujer, solo trataba de parecer caballero.
Elizabeth: Nah, solo te estoy fastidiando, no pienso perder la oportunidad de comer gratis, aunque, no sé qué pedir, ¿Qué me recomiendas?
Daniel: Ya verás, te traeré el postre más rico que probarás en tu vida.
Elizabeth: Jajaja, okey, okey, yo te espero. –un par de minutos después, volvía el chico con dos platos, y se puso a hablar con ella–
Daniel: Entonces, ¿Por qué decidiste viajar?
Elizabeth: Es que, quiero experimentar y vivir, todo es nuevo, quiero muchas experiencias.
Daniel: Oh, ¿También estás aburrida de la vida?
Elizabeth: ¿Qué? No, no, no, yo quiero vivir de todo, sea bueno o malo, tendré la experiencia, aprenderé, seré más fuerte, y en un par de años, solo miraré el pasado y me reiré de lo que hice, quiero conocer todo el mundo.
Daniel: Ah, ¿En serio? Cuéntame sobre ellos.
Entonces, ambos comenzaron a hablar, ella actuaba como si lo conociera de toda la vida. A pesar de que no sabía nada de ella, se sintió atraído de inmediato. Como si ella fuera la respuesta a todas sus preguntas y dudas.
Mientras hablaban, él se dio cuenta de que ella tenía sus propias historias y secretos, y que la vida era mucho más que solo el pasado. Tal vez ella podría ayudarlo a encontrar su lugar en el presente, y juntos podrían crear nuevos recuerdos que los llevarían a un futuro mejor, quien sabe, tal vez.