- INTRODUCCIÓN -
Me llamo Aysel, y según mi padre, tiene un significado muy especial... “como la luna”. Él me contó que me nombraron así, porque la noche que nací, la luna llena alumbraba la ciudad de New York en medio de un gran apagón. Y como la luna, yo era lo que más brillaba para él.
Mi padre fue el hombre de mi vida, un sobreviviente. Él fue paramédico/bombero, ante una emergencia era el primero en responder, siempre en primera fila. Yo era una bebé para recordarlo, pero mi madre me contó que en el 9/11 rescató a más de 100 personas atrapadas dentro de una de las torres. Después de ponerlas a salvo regresó a buscar más, pero la torre colapsó quedando él bajo los escombros. Fueron 3 largos meses de recuperación, y cuando salió del hospital fue condecorado por el alcalde de la ciudad Rudolph Giuliani, como uno de los grandes héroes de esta ciudad.
A lo único que mi padre no pudo sobrevivir, es a un auto en movimiento que se impactó contra él cuando regresaba a casa de madrugada, después de una larga noche de trabajo. Su instinto heroico lo llamó, mientras esperaba la luz verde para avanzar, vio a una joven mujer ebria que cruzaba la calle sin precaución; sin pensarlo, él bajó de su auto y la puso a salvo, quedando él el único en riesgo.
Después de una llamada, escuché a mamá llorar dentro de su habitación y supe de inmediato que no lo volvería a ver, fue la noche más larga de mi vida...la más triste. Siempre que trabajaba de madrugada, me decía que cuando tuviera miedo mirara la luna, que donde quiera que él estuviera seguro la estaría mirando también, esa noche me quedé en la ventana contemplando la luna llena, esperando que él lo recordara siempre.
A veces preparan a las familias de los rescatistas para este tipo de situaciones, pero les diré que una niña de diez años nunca estará lista para perder a su padre. Nos mudamos a California, mamá rehízo su vida y se casó con el buen Tom, es agradable y me cuidó; pero hay cosas terribles de las que no se me pudo proteger.
Después de graduarme, decidí regresar a New York y estudiar leyes. A mamá se le pudo olvidar, pero yo jamás descansaré hasta dar con la responsable de la muerte de papá. Él estaría conmigo ahora si no fuera por sus malas decisiones, y donde quiera que esté la encontraré para ponerla frente a un tribunal y hacerla pagar.
En la facultad conocí a una chica, Ivonna Barnes. Parte de una prestigiosa y millonaria familia de los Hamptons, pero si me preguntan, ella es todo menos pretenciosa, estirada y elitista. Todos los días recorre la ciudad en su moto y aunque parece ruda y que no tiene sentimientos, es un turrón de azúcar cuando la llegas a conocer.
Ella me presentó a Arabella Leroy “Bella”, un par de años menor que nosotras, una niña dulce y muy sensible. Vino de Ohio con el sueño de ser bailarina profesional y pertenecer al “New York City Ballet”. Es muy talentosa, pero, aunque se esfuerza y ha audicionado 3 veces, siempre se queda entre las finalistas.
Vivimos juntas en un hermoso apartamento, y aunque parece que no tenemos nada en común, algo nos une. Quisiera contarles más, pero estoy a punto de llegar tarde a una estúpida cita, y yo jamás llego tarde. Se me obligó por ley a tomar terapia dentro de un centro para comprobar que mis instintos violentos están controlados. Todo por un idiota que se quiso propasar conmigo en el trabajo y recibió su merecido.
Odio tener que sentarme frente a un desconocido y hablarle de mí para ser evaluada, fingiré que todo está bien, lo único que necesito es su estúpida firma y poder volver a mis clases. Ya estoy odiando al ”Psicólogo Quinn" y aún no lo conozco.








