1. Inicio
Yo quien era el número uno en todo con inteligencia y fuerza destacables, con padres influyentes en todo el imperio, hermano y hermanas quienes eran sobresalientes, se supondría que tendría una vida del sueño considerando que también tengo una buena fortuna esperándome…
Y ahora me encuentro con el peor muro que eh tenido en mi vida, sin querer… desperté al peor criminal por culpa de mi berrinche.
Pocas familias pueden entrar al bosque maldito, entre ellas, se encuentra mi familia, yo había venido al bosque solo para relajarme como habitualmente hacia y para dejar la maldita fachada de ‘‘niño bueno’’.
También había venido para estudiar solo y aprenderme los encantamientos y hechizos que venían para el siguiente examen y mientras trataba de que el encantamiento me saliera a la perfección lo conjure mal y por culpa de mi mal humor termine rompiendo el sello donde estaba el peor terrorista; Caranthir.
Quien hizo temblar a todo el país hace mil años, pero… no puedo creer que el tipo al que todos temen es a un humano escuálido quien no posee ni una pizca de magia y para colmo: no era como yo creía.
¿No se suponía que este tipo era un hombre robusto, quien podría matar a mil soldados con sus manos y quien tenía mil cicatrices a lo largo de su cuerpo?
Lo único que veo ahora es un niñito durmiendo, creo que si no lo hubiera visto salir del sello no hubiera creído que es él.
de repente sentí un gemido viniendo de él, así que me apure a atarlo con lo único que tenía: mi túnica con la cual también lo tape por estar casi totalmente desnudo, con magia logre atar mi túnica al árbol y agarre mi báculo por si acaso demostraba su ‘‘legendaria’’ fuerza, (nótese el sarcasmo).
-¿Dónde… estoy?- dijo soñoliento -¿gil?
En cuanto recobro bien el conocimiento sus ojos se abrieron tanto que casi se sale de sus cuencas.
Cuando noto mi presencia empezó a maldecirme y a despotricar en mi nombre, cruce mis brazos y arquee una ceja -¿en serio eres Caranthir quien hizo que el reino temblara?- me burle.
De repente el empezó a ojear su cuerpo y darse cuenta de que ya no era una amenaza para el reino.
-will‘s ¿Qué paso mientras estaba dormido?- pregunto después de notar que no lo iba a dejar ir a ningún lado.
-nada.- dije sin querer responder a sus preguntas –y no soy un Will‘s, soy un elfo.
Empezó a reírse descontroladamente haciendo que me empezara a molestar –cállate.
-tú… ¿un elfo? claro y yo soy un ogro- empezó a reír, después unos diez minutos se calmó -¿Y? ¿Qué harás conmigo? ¿Me mataras?- pregunto totalmente serio y con una sonrisa, como si esperara su final.
-¿Qué? No. No voy a quitarte la vida, me daría pesadillas- dije cortante.
-¿entonces? ¿Qué harás conmigo?- pregunto como si estuviera esperando algo, yo, totalmente desconcertado solo hice un gesto para que me explicara –espera… ¡¿no me liberaste para usarme en contra del imperio?!
-definitivamente no.
-que desperdicio… ¿Y? ¿Para qué quisiste despertarme de mi largo sueño?
-ah…- dije con nerviosismo –bueno…- no podía decirle que fue un error haberlo liberado, mucho menos podía decirle que lo iba a dejar aquí encerrado hasta que alguien de la familia real viniera y lo encontrara, el problema es que no podía dejarlo a su suerte porque tengo entendido que su alma es tan fuerte que lo habían sellado por no poder matarlo así que podía desquitarse conmigo si lo dejaba solo.
Y tampoco es que quisiera que un muerto me molestara una y otra vez por el resto de mi desdichada existencia.
Creo que tengo una idea –te invoque para que me ayudaras- mentí a medias, él desconcertado simplemente arqueo una ceja –necesito que me enseñes magia avanzada en menos de un año- exigí.
-¡JA! Como si fuera posible, como mínimo debes aprenderla en cinco años.
-¿no se supone que el tiempo para los humanos es preciado?, te dejare salir de aquí solo si me enseñas magia avanzada en ese tiempo- obviamente mentí, nunca dejaría que un criminal salía así como así de un lugar literalmente construido para que él.
-prefiero quedarme aquí, gracias- fue su respuesta.
-¿Por qué?- pregunte perdiendo la paciencia.
-a diferencia de ti, no tengo nada que perder, incluso si me encuentra la familia real muy bien podría decir que me secuestraste y me metiste aquí.
-¡aja! ¿Crees que te creerán? ¿A ti?-.
-sería muy sospechoso que yo apareciera justamente cuando tú entraste al bosque ¿no crees?
En parte tenía razón, pero igualmente nadie sospecharía de mí y tampoco se armaría un escándalo ya que eso perjudicaría a la familia real.
Él ya empezaba a molestarme con su habladuría.
-te quedaste callado, ósea que tengo razón- dijo satisfecho, como si hubiera ganado algún premio.
-maldito…- dije molesto de sus estupideces.
-hagamos un trato, por cada lección de magia que te enseñe tú me traerás algo del exterior sé que no puedo salir así que tú tendrás que traerme cosas, también me tendrás que traer tres comidas al día, ah y casi se me olvida deberás traerme las cosas antes de que yo te de la lección.
-¿crees que seré tú chico de los mandados?- dije con alto sarcasmo.
-no creo, lo eres.
-maldito bastardo.
-imbécil.
-yo también tengo condiciones; la primera: el lapso seguirá siendo de un año, segundo: no voy a traerte cosas para escapar ni nada por el estilo, tercero: deberás obedecer todo lo que yo te diga si es una orden.
Él no contento con ser ordenado, acepto regañadientes.
Después de eso lo desate sin antes ponerle unas esposas las cuales limitaban todo ataque que fuera en mi contra.
-¿Qué es lo primero que quieres por mi lección?-.
-quiero ropa.