Capítulo #1
Un zumbido procedente del aparato que se encontraba a mi lado, en mi mesita de noche, hizo que abriera los ojos perezosamente. Después de que me acostumbrará a la luz y mis ojos se encontrarán completamente abiertos, me incorporé en la cama para proceder a estirarme mientras que un suave bostezo se escabullía de entre mis labios.
Mirando fijamente un punto cualquiera durante algunos segundos, mientras poco a poco mis sentidos iban despertando, me reproche mi dormir tarde de noche. Porque en esos justos momentos solo tenía deseos de volver a mi mundo onírico para recuperar las energías que el cansancio había cobrado factura.
Escuché unos pasos provenientes del pasillo que conducían a mi habitación. No podía ser mi tía Adelaida, la señora era tan holgazána que no se levantaría temprano bajo ninguna circunstancia, aparte de que se había ido hace algunos días atrás de viaje de negocios. No sabía cuando volvería, al fin y alcabo no me informaban de nada de importancia, preferían simplemente ignorar mis preguntas o hacerme la vida imposible.
Observé cuidadosamente la puerta cerrada con el ceño fruncido, suponiendo de antemano quien podría ser la única persona que a estas horas imitaría el caminar de una manada de elefantes. Suspire, ya sabía lo que me esperaba.
-¡Hermana! - una voz chillona e irritante hizo presencia entre las paredes de mi habitación
Escuché a mi hermana , que gritaba con un humor impropio de ella ya que nunca me decía así, solo me llamaba por mi nombre. A decir verdad más que hermanas parecíamos todo el tiempo agua y aceite en ebullición, nunca hemos mantenido una buena relación. Ella y mi tía se han encargado de hacerme los días más difíciles e insoportables sin justificación aparente, simplemente siempre a sido así.
-¡Ha venido a verte Rebbeca!-
-No...-
No me permitió formular la oración cuando ya se encontraba frente a mi una pelinegra, alta y pecosa de ojos azules que se coló en mi habitación dando tumbos con la mochila colgando al hombro. Agarré la almohada y me cubrí la cabeza con ella, no estaba de ánimos para ver su rostro tan temprano. En cuestión de nueve segundos, Rebbeca se hallaba sobre mí y me había arrebatado la almohada, lanzándola al otro lado de la habitación.
-¡¿Qué haces sin vestirte aún!? Hoy es el gran día!- Exclamó con una gran sonrisa.
Puse los ojos en blanco, normalmente la alegría de Rebecca era contagiosa pero tenía mucho sueño como para que la euforia que ella tenía encima me afectara de alguna manera.
-¿Por qué estás de buen humor todas las mañanas?-
-Vamos dormilona- me dio un golpecito en la frente con la palma de la mano -¡Qué hoy es el gran día, hoy conoceremos el campus!-
-Esperame unos minutos, voy a ducharme- gruñí
-Así me gusta- me guiñó un ojo
Sip, empieza otro nuevo día de mi vida, solo espero que todo salga bien hoy. ¿Que estoy diciendo? Tengo fe que hoy algo cambiará, lo presiento.