Parte 1
Desde hacía un largo tiempo vivía en un club. Llevaba allí algunos años, a decir verdad.
Cuando llegué no conocía la zona y al ver aquel lugar, que me pareció un tanto abandonado, decidí entrar. Claro que lo hice a hurtadillas. Por precaución.
Sabía que aquello estaba mal pero necesitaba un lugar donde dormir, al menos hasta que encontrara otro... o tuviera la oportunidad de volver con mi familia, algo que dudaba. Me despreciaban y lo sabía.
La primera noche nadie me vió y huí del lugar apenas salió el sol. Pero la segunda noche no corrí con tanta suerte y un hombre, no muy mayor pero que ya empezaba a tener el pelo cano, me vió. Creí que iba a enojarse y sacarme del club pero, en cambio, se acercó un poco y dijo que lo esperara, que me traería comida.
No podía creer mi suerte. Pero de todas formas me mantuve oculto, por precaución. Siempre por precaución. había aprendido bien esa lección.
—Sí, querida. Ven y te lo enseño —escuché al poco rato. El hombre venía acompañado de una mujer. Era como de la edad de él, quizás un poco más joven. Ella miraba en todas direcciones con ilusión.
—No lo veo, Wil.
—Yo tampoco. Tal vez se ha asustado. Pero en serio, Mimi, estaba ahí. Ya es grande. Era peludo y su pelaje era... era... gris o negro, con las sombras no pude verlo bien.
—Pero Wil, ¿y si le pasa algo?
—Tranquila no debe de haber ido muy lejos.
La pareja se alejó luego de dejar un plato con comida y un tazón lleno de agua. Iban en mi búsqueda. No me arriesgué a salir de mi escondite, a pesar de que se veían ilusionados con mi presencia allí y eran buenos. Se notaba a leguas. Pero, aún así, no quería presentarme aún.
Para la quinta noche, veía a escondidas como la señora Mimi seguía buscando. Decidí que era momento de presentarme, tenía que agradecerles, llevaban casi una semana alimentándome. Apenas me vió, Mimi abrió la boca con sorpresa y se puso en cuclillas, llamándome. Fui acercándome despacio hasta llegar a ella, quien aproximó una mano para acariciar mi cabeza. Cerré los ojos y lancé un ronroneo feliz.
Desde aquel momento, mi feliz momento, vivo con Mimi y Wil. El club no está abandonado como creí en un principio, funciona como lugar de encuentro entre veteranos y otros durante algunos días del mes. Nuestra casa está al fondo, así que me paseo por el club cuando quiero. Tengo muchos amigos, algunos aún más mayores que mis humanos, otros más jóvenes pero todos me consienten por igual.
Tengo un hogar y una familia que me cuida.
Un auténtico y definitivo hogar. Hace mucho se terminaron los tiempos de recorrer las calles en busca de comida y refugio.
¡Ah! Y también tengo un nombre...
—Ulises ven a comer.
¿FIN?