Tres flores hacen un ramo

Summary

Harry se siente un fraude del amor convencional, pero su corazón los ama tanto y tan profundo que no puede evitarlo.

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Complete
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1
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n/a
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18+

Chapter 1

Harry soltó el aire de los pulmones tan rápido que se mareó. El color volvió a las mejillas pálidas y ajadas de Fred. Tosió sangre y se tocó la herida de la cabeza con tan poco amor por su vida que su madre gritó y le apartó esa mano traidora de un bofetón bien sonoro. Harry miró a George llorar por fin y dar muestras de estar consciente, aquello era otra cosa. Cuando Fred abrió los ojos y comenzó a hablar y a quejarse de dolor de cabeza pareció que el mundo entero también abrió los ojos con él. Fue tal el alivio que Harry sintió que terminó por caer de rodillas al lodo, acompasó su respiración y el pánico le inundó de nuevo. El peso en sus hombros se hizo aún más grande, podía lidiar con Ginny y enfrentarse a una ruptura que le partiría el corazón. Podía enfrentar la muerte, podría enfrentar el eterno anhelo de unos padres ausentes, podría enfrentar un futuro blanco sin sueños ni aspiraciones, podía soportar el amor no correspondido de George pues sabía que solo tenía ojos para su gemelo Fred, podía soportar tantas cosas y todas ellas arañando con fuerza su corazón...pero... ¿Podía soportar amar también a Fred? el sentimiento le vino a dos segundos de pensar que estaba muerto. Sus labios hormiguearon por besar unos más lívidos y por besar los calientes del gemelo que había permanecido ahí de pie como un autómata. Harry sufrió un tercer mareo y se agarró el pecho con los dedos, demasiado amor que ofrecer y nada que recibir.


Harry supo que su futuro iba a ser doloroso, pero como siempre, ¿Y cuándo no lo ha sido desde que tiene memoria?



Un año después.



—Hola George. —se apoyó en el amplio mostrador de la tienda que ambos hermanos regían con éxito inigualable.


El nombrado le sonrió de lado y se acercó a Harry, su andar despreocupado revolvió el estómago del moreno con una incipiente admiración que trató en vano de aplastar.


—Nuestro héroe, ¿Cómo te trata la vida? te vemos poco por aquí y ya sabes que tienes pase VIP —Se inclinó sobre el mostrador creando una atmósfera íntima— ni Fred ni yo olvidaremos nunca lo que hiciste por nosotros.


—Lo hice con gusto —Arrugó la sonrisa a una mueca de incomodidad y sus mejillas se tiñeron de vergüenza—, no quiero gratitud de por vida, con que seáis felices me sirve.


Tal vez hubiese sido más acertada otra palabra u otra frase más acorde al mejor amigo de su hermano Ron, no tanto así un desliz como el de ser suficiente la felicidad de los gemelos. Harry se regañó internamente por el patinazo y desvió los ojos disimulando, George le mantuvo la mirada fija y se puso serio. El gemelo escaneó al chico y su repentino rubor, se detuvo en el movimiento nervioso de sus dedos y en esos grandes ojos verdes que revestían de falsa curiosidad el entorno.


— ¡Harry! —Ambos se apartaron con rapidez del mostrador y sonrieron a Fred— que alegría verte.


—Justo eso le estaba diciendo hermano. —George carraspeó y Harry asintió como un bobo siguiendo directrices fantasmas.


—Hola Fred, siento no haberme pasado antes, la academia de Aurores es muy estricta e intensa. —no sabía dónde esconder sus manos temblorosas ni qué más añadir para no hacer del encuentro algo tenso e incómodo. Si tener a George delante le generaba expectación y anhelo de un amor no correspondido pero consabido de hace tiempo, tener ahora a Fred le generaba nervios y culpabilidad. Ningún amor era comparable a otro, y por más que Harry sintiera eso por ambos gemelos, tampoco los amaba por las mismas razones. Misma intensidad, diferente experiencia de corazón.


—... más por aquí y nos haces una visita para enseñarte el piso de arriba que es dónde estamos viviendo...


Sí, eso. Fred estaba hablando y era glorioso. No podía decidir en dónde reposar sus ojos. George era más directo y deslenguado, Fred era más burlón y pícaro, un juego que combinaba el carisma y el atrevimiento a unos niveles no aptos para corazones enamorados como el de Harry.


—Sí. —respondió por no parecer un maleducado, George le mantenía una mirada penetrante e indescifrable que le estaba destrozando los nervios mientras Fred parloteaba con un brillo tan hermoso en los ojos que le robó el aliento.


—¡Genial! —Aplaudió como un gato malévolo Fred— pues este viernes te esperamos en nuestra casa para cenar y tomar unas copas.


Espera... ¿qué? eso le pasaba por estar embelesado y no escuchando. Tragó en seco sin poder negarse con una excusa plausible y miró a George, este sonreía de lado manteniendo un aura secreta que le revolvió el estómago.


—Entonces...—los latidos de su corazón ensordecieron el entendimiento del moreno— cena y copas ¿no?


—Por supuesto —reafirmó George ladeando la cabeza y extendiendo su sonrisa roba almas.


—Sí —añadió entusiasta Fred mirando a intervalos a su gemelo y a Harry—, una buena cena y luego de copas.


—Eh, vale. —No podía negarse— Me... eh...tengo que ir ya. —dijo señalando con el pulgar a la entrada sin girarse, era una tarea hercúlea apartar sus ojos de las criaturas más enérgicas, hermosas, atrevidas, bromistas, genuinas, atrayentes y magníficas del planeta.


—¿Ya? —Fred deprimió sus comisuras en una pantomima dramática de teatro.


—Deja que huya hermano —habló George, sus ojos azules brillando intensos y la emoción floreciendo en ellos—, déjalo respirar.


Harry frunció el ceño, los gemelos se miraron serios y pestañearon un segundo, lo miraron de vuelta sonriendo como dos angelitos y alzaron sus manos en una despedida digna de dos niños de cinco años.


—A-adiós chicos. —se tropezó con una palabra, una única y simple palabra.


—Hasta el viernes Harry. —Se despidió Fred, su tono siempre teñido de falsa inocencia como si estuviera a punto de realizar una travesura, sacudió las entrañas del moreno levantando el vello de todo su cuerpo.


—Adiós Héroe... —Harry se quedó por un segundo enganchado en las pestañas de George, esas demoníacas extensiones pelirrojas que abanicaban unos ojos azules opacos.


Harry Potter huyó literal de la tienda con la cabeza y el estómago hechos un revoltijo. ¿Eran imaginaciones suyas o había un mensaje oculto en el comportamiento de ambos hermanos? "Deja de construir castillos imaginarios Harry, son ilusiones tuyas. Antes cae un meteorito a que ambos estén interesados en ti..." Y es que amar a alguien y no ser correspondido era un sinfín de altibajos con la desilusión y el conformismo de fondo. Amar a alguien que ya ama a otro era sin duda peor, solo que por este lado Harry no sufría, ya no. Antes de descubrir que también sentía por Fred, nunca sintió celos de la relación que ambos hermanos tenían. Cuando los pilló besándose creyendo estar seguros, sus ojos verdes se ampliaron ante la visión. Esperó la ola de celos y dolor que barrería su cuerpo con ferocidad pero solo acudió una sensación indefinible de insatisfacción. La irrevocable sentencia de tener claro que nunca podría ser correspondido quedó aminorada por el reconfortante sentimiento de que si no era posible con él, al menos Fred era sin duda la mejor elección. George estaba con alguien que le conocía, le respetaba, era su compañero de juegos y de vida como nadie—ni siquiera Harry—podría ser, parecía ser adorado y amado con tal vehemencia que el alma de Harry se ablandó hasta quedarse en un latente estado de insatisfacción y anhelo. Tal vez George no podría nunca corresponder a sus sentimientos, pero su amado pelirrojo era amado con el grado de exigencia que muy pocos superarían. Lo verdaderamente impactante fue ver el cuerpo de Fred en pleno campo de batalla y la familia llorando alrededor. Harry recuerda ahogarse, recuerda mirar a George y verlo en blanco, como vacío. Lo más curioso es que todos sus pensamientos posteriores no desfilaron a un acto egoísta de alegrarse por tener al gemelo solo y las probabilidades de éxito subiendo. Sorprendentemente su corazón giró, como lo hacen los girasoles, hacia la fuente de luz extinguida; Fred. Y fue entonces que se sintió mareado y en shock.


Fred era la razón de la felicidad de George.


Fred era el amor de su amor.


Fred era una sonrisa bromista en un campo de hostilidad, era unos ojos vivaces y despiertos, era el apoyo de George, su complemento, su compañero...Fred era un bastión de alegría infinita y Harry sintió el vacío como quien hunde la garra en su pecho y extrae de él el corazón, el alma y todo lo demás. No hubo alegría por las oportunidades, no hubo egoísmo, no hubo otro pensamiento que el terror de ver sufrir a George y sentirse desorientado por la falta de Fred.


"Estoy enamorado de Fred..." recuerda que pensó con fatalidad. "Estaba..." se corrigió con desazón, hasta que una tos y un quejido atravesó el aire como una cerbatana. El alivio fue tan grande que parpadeó lágrimas. Ahora, sentado en el sofá de su casa, mira al infinito atemorizado. No ha olvidado, no han menguado sus sentimientos por más distancia que haya puesto. Harry suspira con dolor frotándose los ojos y reza por disimular lo mejor que pueda.



Viernes por la noche.



—Pasa.


Harry entró sosteniendo una botella de vino de elfos en la mano. Miró en derredor con aire distraído percatándose del pequeño espacio que representaba la casa en la que los gemelos vivían. Era una de las desventajas de ser el piso superior a la tienda. Fred tomó su abrigo y lo invitó a pasar al salón arrebatándole el vino de las manos con ojos picarones.


—¿Es nuestro héroe? —preguntó la voz de George desde la cocina.


—Sí.


Harry sonrió trémulo limpiándose el sudor de las manos en la túnica y sentándose en el sofá. Fred le guiñó un ojo coqueto y se disculpó retirándose a la cocina para ayudar a su gemelo. "Es una cena Harry, nada más. Ellos son así, ya lo sabes" eso se repitió ante la marabunta de emociones que rastrillaron las entrañas del moreno. No debió postergar el momento tanto tiempo, debió propiciar el encuentro con ambos para mitigar los efectos de su presencia y lo que le provocaban.


Aparecieron uno junto al otro con bandejas de comida flotando por el salón y lo invitaron a sentarse para comenzar. "Cena y copas...cena y copas" se dijo atravesado en la silla por una mirada penetrante de George. La cena transcurrió mejor de lo esperado, eso sí, si no se tenía en cuenta el extraño tono de los gemelos al dirigirse a él o las preguntas con doble sentido. Harry creyó estar volviéndose loco y sugestionable a sus propias ilusiones imposibles.


—Te sienta de infarto no llevar gafas Harry...—había dicho Fred saboreando el vino y sonriendo por encima de la copa—, resulta que tienes una mirada verde que roba el aliento.


Harry se atragantó—. Gracias.


—¿Has aumentado de músculo? —George corrió la silla acercándose a él y tocando con descaro sus bíceps— vaya... —silbó, y su hermano se rió burbujeante por la bebida— con esos pectorales y tableta cualquier persona renunciaría a usar hechizos para lavar la ropa en tu cuerpo.


—No-no será para t-tanto...—Harry se atragantó con el puré y enrojeció. George no detuvo su manoseo indecente por el brazo.


—Yo arrancaría melenas y moños por lavar en tu tabla. —Dijo George.


—¿Me arrancarías el pelo hermanito? —preguntó Fred con su eterna voz de falsa inocencia juguetona.


Miró alarmado a Fred por si se ponía celoso, que lo ocultaran a todos no era suficiente aliciente para aplastar cualquier reacción natural cuando tu pareja está coqueteando claramente con otro en tus narices. Lo que vio le drenó la sangre, la cual muy inoportunamente viajó al sur, concretamente a su entrepierna. Fred no solo no parecía celoso, sino que además de componer una expresión relajada apoyando la barbilla en su palma, los miraba a ambos con... ¿Hambre? sus hermosos ojos cielo despejado siguieron el movimiento de George por los músculos de Harry.


—¿Arrancarte el pelo? —Contestó George en tono grave—, detalla las circunstancias hermanito...


Harry parpadeó atónito y se atragantó, a falta de alimento o líquido, con su propia saliva. Tosió hasta volverse rojo y lagrimear. Ambos gemelos se rieron cual viles duendecillos del bosque y la atmósfera se rompió con una invitación al postre. Al fin el moreno pudo respirar, hasta que llegó la hora de salir de copas.


—¿Y a dónde iremos? —Harry se puso el abrigo tratando de ignorar las manos solícitas de Fred para ayudarle a acomodarlo.


—A un club muy secreto y exclusivo.


—Seh...


No importó quién de los dos dio cada respuesta, de ambos el peligro exudaba a raudales.


—En ese sitio no hace falta glamour o mentir —aportó George barriendo el labio inferior con su lengua—, es muy exclusivo y los dueños mantienen el anonimato.


—Es por la clientela fiel, les conviene. —añadió sonriendo Fred.


Harry sabía que debía tener frío, pero el calor de su cuerpo aumentó creando un microclima de bochorno. Dio un paso indeciso sin tener clara la dirección hasta que George le sujetó del brazo.


—No, aparición conjunta héroe. Aférrate a nosotros.


Fred tarareó abrazado a su hermano de manera claramente indecorosa y fue estirado hacia los dos de un movimiento seco. Sintió el brazo de George y el otro de Fred envolviendo su cintura y los miró. Ambos le sonrieron, y aun teniendo casi el mismo rostro, ni la sonrisa ni la mirada eran iguales. Su corazón tronó golpeando el pecho y agachó la cabeza avergonzado, esto era el paraíso de sus ilusiones. La voz de George, baja y grave, contó hacia atrás desde tres para prepararlo. Inconscientemente se apretó a los dos y captó el olor característico de cada uno. Qué dulce agonía, que espejismo inalcanzable era estar así con ellos y no ser más.


(...)


—¡Creo que ya llevo bastantes! —Gritó Harry inclinado hacia a Fred para hacerse oír por encima de la música.


—Nunca es suficiente. —George se interpuso entre ambos con sendas copas de color rojo y las ofreció— Para mis dos chicos guapos.


Una vez más el moreno se atragantó, por la frase y el misterioso cóctel que cambiaba de color a cada sorbo. El club era un agujero de perdición y lujo excavado en la piedra más recóndita y remota de la calle más apartada del callejón knockturn. Desde luego que nadie preguntaría o diría nada, ni los Aurores eran conscientes de este antro, o eso pensaba él. Tampoco iba a chivarse, por el momento nada fuera de lo legal acontecía en ése club... Si no se tenían en cuenta el exceso de carne frotando y los bailes libertinos enmascarando un acto casi sexual. Quién dijo desatarse no conocía la depravación de ese club y Harry ya estaba llegando al límite de su cordura. Ambos pelirrojos orbitaban sin descanso a su alrededor con choques de copas, roces fortuitos, caricias descuidadas y conversaciones que obligaban a un acercamiento taquicárdico. Todo ello aderezado de la vista de decenas de cuerpos semi desnudos que sin pudor alguno danzaban rozando el límite de lo prohibido. Tenía tanta sed y la garganta tan árida que bebió de un trago la copa.


—¡Oye no tan rápido ojazos! —Fred le arrebató el vaso ya vacío y George le apartó el flequillo sudoroso de la frente.


—¿Te encuentras bien? — ¿Era Fred o George? Le susurraron la pregunta de lado así que era Fred, George por el contrario picoteaba incesantemente sus dedos por su flequillo rebelde.


—Tengo mucho calor y me estoy agobiando con tanta... Tanto...


—¿Sexo al rededor? —murmuró Fred rozando la concha de su oreja.


—¿Desenfreno? —murmuró George barriendo sus labios juntos como el aleteo de un pajarillo.


Harry se mareó y no de dolor o depresión angustiosa, la poca e inútil sangre que aún regaba con entendimiento su cerebro se despidió de él—conmovedor epitafio incluido— y viajó veloz a su sexo endureciéndose del todo. Estranguló un gemido cerrando los ojos, transpiró apretando los labios y su pecho se agitó.


—Mirad chicos —se hizo oír con la voz rasposa de la excitación— creo que mejor me voy a casa ya.


Hizo el ademán de salir de esa prisión de carne y cielo que eran sus dos amores pero una mano le retuvo. La mano más directa y clara siempre sería George, la mano sutil y juguetona que reconocía sus abdominales estaba siendo Fred.


—Harry... —comenzó George bajando los dedos por sus pómulos—, no tendríamos problema si deseas a uno de nosotros.


El interpelado dejó de respirar abriendo grande los ojos.


—Exacto —añadió Fred con tono urgente, el alcohol no era inmune para ninguno de los tres—, pero no tenemos claro a quién deseas... mandas señales muy confusas.


Harry enrojeció hasta sentir el rostro arder, ¿Había escuchado bien o la música y las bebidas le jugaban una mala pasada?


—En confianza, sin secretos Harry, tú dinos quién de los dos te atrae. —insistió George y el moreno captó de refilón el asentimiento enérgico del otro gemelo.


—Yo... —Y aquí venía el quid de la cuestión; ¿Ambos estaban dispuestos? ¿Ambos lo deseaban? ¿Eran así de curiosos y abiertos? ¿Era Harry un entretenimiento para cualquiera de ellos? ¿Sabrían ambos que él los deseaba a los dos?


—Estás pensando demasiado y eso no es halagüeño. —George bajó la mano hasta su garganta y acarició con el pulgar su pulso acelerado.


—Si nos hemos confundido te pedimos perdón Harry, no pretendíamos incomodarte. —Fred le barrió la piel con su aliento caliente por detrás de la oreja y el vello se le erizó.


—No, no es eso... es que...—Los gemelos alzaron las cejas al unísono— yo quiero...


—¿Sí? —incentivaron a ambos pelirrojos.


—Yo... —Harry se perdió en los ojos directos y fieros de George, un resplandor que solo anunciaba ganar, se estremeció de placer ante el continuado contacto de los labios de Fred tentando su piel sensible y mandó el último gramo de sensatez por la borda— Yo os deseo a ambos.


Fred y George se colocaron delante de él y miraron atónitos a Harry sin responder, parpadearon unas tres veces con las luces de fondo coloreando sus cabellos y no emitieron respuesta. La vergüenza y arrepentimiento más hiriente se instaló en todo su ser, era claramente un rarito por desear a ambos, mejor callar lo de estar enamorado porque de seguro le juzgarían. Desvió su vista hacia la salida del local y masticó la mandíbula con expresión seria. Era hora de huir con lo poco que le quedaba de dignidad por lo que hizo un segundo intento de salir pero nuevamente, no una, sino dos manos lo apresaron de ambos brazos y se giró.


—¿A los dos Harry? ¿Estás seguro? —preguntó George con expresión anhelante.


—Sí, a los dos. —Ya dicho lo peor ¿Qué más daba admitirlo del todo?


—¿Sabes? —Gritó Fred sonriente y con los ojos brillantes de emoción— tus deseos me quitan un gran peso de encima.


Harry frunció el ceño a punto de replicar por una respuesta más clara pero no dio tiempo a más, pues ambos lo arrastraron sin contemplaciones hacia el fondo del local. La música viajó en ondas expansivas envolviendo sus sentidos, los cuerpos rozaron atrevidos las tres figuras y sus vistas escanearon con deseo al trío de chicos en dirección clara a los baños del club. Cualquiera que hubiese estado allí por más de una noche, sabía que los baños eran la mesa donde se servían actos sexuales para el goce voyerista de los demás. Harry no se percató pero unos cuantos magos y brujas siguieron la estela de su camino a paso silencioso.


—¿Os parece bien? quiero decir... —Harry entró el segundo al cuarto de baño y ni tiempo le dio para reconocer la arquitectura poco usual del lugar. Los labios de Fred besaron con hambre los suyos mientras que un cuerpo más alto pero no más firme se pegó por detrás abrazando las dos figuras. Los labios de George barrieron su garganta y Harry no pudo ocultar un gemido nacido de sus entrañas. El alcohol ejercía con mano de hierro sus efectos, pero lo que verdaderamente sacudió sus neuronas hasta triturarlas fue la sensación de esos dos cuerpos encerrando al suyo y dos bocas chupando y mordiendo con ansia. Sus pies trastabillaron por el desplazamiento, no supo a dónde, y se encontró en un cubículo de paredes bajas que otorgaban privacidad hasta la cintura, claro está si nadie se acercaba, pues un vistazo daba buena cuenta de todo lo que ocurriría dentro. Harry no pensó ni registró el inusual baño, no se detuvo a inspeccionar ni escuchar el sonido continuado de la puerta del baño al ser abierta, ni los susurros bajos de otras personas. Él jamás podría percatarse de otra presencia más que la de Fred y George, porque con sus bocas y cuerpos exprimiendo sus sesos y su piel hasta dejarlo seco no le permitían mayor rango de acción para otra cosa que ellos.


—Se mira pero no se toca —Murmuró George con expresión intimidante y voz firme a los seis pares de ojos que observaban desde una distancia prudencial. No podía obligarlos a irse, eran las normas del local, pero sí podría negarles la entrada. Esto era de ellos y de nadie más.


Fred se pegó por completo a Harry y sus manos le ahuecaron las nalgas con posesividad, mordió el labio inferior vigilando al celoso de su hermano George por el rabillo del ojo, sonrió. Ya estaba una vez más marcando territorio, lo extraordinario e increíble sería la participación de Potter. Ambos lo deseaban y habían llegado a un acuerdo tácito de aceptación si Harry elegía entre ellos. Estaban preparados mentalmente para que uno de los dos se hiciera a un lado sin reproches ni celos, aquello fue lo más sorprendente por parte de George, pero resultó que cuando deseaba a alguien, éste entraba en su rango de posesividad sin miramientos. Fred alabó a Godric por tan insólito regalo, no solo el ser objeto del deseo de Harry sino de que su hermano gemelo albergara el mismo sentimiento y accediera a compartirlo. Milagros como esos ocurrían una vez cada cien años.


—Fred, ven. —Ya estaba George controlando como siempre la situación, de los dos era el más mandón.


Harry se quedó con los labios ardiendo tras abandonar el beso, se quedó absorto viendo como Fred le daba la espalda siendo besado y manoseado por su hermano, sus dedos picaron por participar pero era primerizo en estos menesteres y no sabía hasta dónde le sería permitido acceder. George le sonrió de lado sobre el hombro del otro gemelo y habló bajándole los pantalones y abriendo los glúteos de Fred con descaro.


—¿Quieres esto? —preguntó lascivo mientras un dedo juguetón perfilaba el contorno del ano, Fred se estremeció aferrándose a los hombros de su hermano. Harry tragó pesado ante la vista pecaminosa, el agujero se cerró y abrió dándole una clara invitación—. Si quieres entrar tendrás que trabájartelo Harry, y dejarlo muy flojo para follar este culo.


—Yo... ¿Y tú? —tal cual abrió la boca se arrepintió de su estupidez, sus tontas preguntas con tartamudeo incluido no eran muy eróticas.


—¿Yo? —George se rio alto sin dar tregua al ano de Fred, el dedo tentando pero no entrando, punzando los contornos del fruncido y estimulando la succión—. No te preocupes tanto por mí ojazos, hay para los dos...


Harry por fin se acercó titubeante, la duda duró lo que dura un suspiro tembloroso. Tenía la mirada de George fija sobre él haciendo estragos en su bajo vientre, veía sus manos abrir y apretar el culo de Fred y éste... este simplemente apoyó la frente en el hombro de su hermano y gimió bajito deseando por más. No lo aguantó, sacó su varita con dedos sudorosos y apuntó entre los glúteos para lubricar y proteger a Fred. George extendió obsceno la lengua rosada y saboreó el cuello de su gemelo sin apartar la vista de él, alargó la mano y le aferró de la muñeca para que el hechizo de dilatación se ejecutara con la varita dentro del culo del pelirrojo. Harry sintió su miembro a punto de explotar aprisionado por la tela, George se relamió excitado con los ojos vidriosos y Fred se estremeció mirando de lado al moreno acalorado.


Sus ojos verdes apreciaron cómo ambos hermanos juntaron sus miembros comenzando un vaivén de caricias y frotes controlados siempre por George. La visión era tan erótica que se quedó por un momento embelesado, hasta que Fred gimió buscando por él.


—Harry —rogó estrangulado— vamos, prepárame. Quiero sentir tus dedos dentro de mí.


—Hasta el fondo chico guapo —añadió George ejerciendo presión en los dos sexos juntos—, quiero que Fred choque contra mí por tu fuerza.


No hubo más exigencias, por fin Harry liberó su miembro hinchado y suspiró de alivio. Se masajeó la carne necesitada con cuidado mientras introducía un dedo en la obertura; resbaladizo y ardiente, así de maravillosa era la sensación envolviendo su dedo. Alzó la vista y efectivamente George le estaba mirando. El gemelo se inclinó sobre el hombro de Fred alcanzando a Harry y sus bocas por fin se conocieron. La danza de lenguas pugnó por el control del beso y el moreno perdió ritmo y conciencia penetrando ahora con dos dedos mientras George apretaba de la base a Fred para alargar el momento. Harry sintió más que vio, cómo su mano era apartada con suavidad y otra mano más grande y huesuda se hacía cargo de su erección, estaba claro que a George se le daba muy bien atender varios frentes a la vez. Con su otra mano libre aprovechó para acariciar a Fred y acunar sus testículos. Como era de esperar, el gemelo atrapado entre los dos gimió alto y tembló desbordado por las atenciones.


Esto era el cielo. Los besos dados por George y las caricias de su mano experta, la sensación de sus dedos siendo engullidos por el culo de Fred, el sonido lubricado del movimiento cada vez más desesperado de su mano buscando aflojar ese glorioso agujero para poder enterrarse hasta el fondo, los gemidos de Fred, el calor abrasador de George y el terciopelo de sus bocas juntas... aquello era el cielo y Harry no sabía cuándo fue que había muerto.


—Ya es suficiente.


George se sentó en el inodoro haciendo desaparecer los pantalones y ropa interior de los tres. Aferró de las piernas a su gemelo obligándolo a montarlo a horcajadas pero de cara a Harry, levantó sus muslos con exagerada flexibilidad y todo fue mostrado. Fred encima de su hermano sosteniéndose a duras penas con las piernas imposiblemente abiertas y el ano expuesto. Su miembro hinchado generando fluido se sacudió sensible y gimió. Harry abrió la boca rayando el techo con el deseo y George gruñó ansioso.


—Ojos verdes, siéntate en mis piernas y fóllatelo. No te guardes nada.


—Eres un maldito mandón. —se quejó Fred sacudido por la necesidad más cruda. Los dedos de su hermano mantenían la postura abierta apretando la carne de sus muslos, observó el miembro de Harry a punto de explotar y todo su cuerpo vibró de anticipación por la intromisión.


Harry se acercó hasta reposar los muslos en los de George y se preguntó cómo era posible soportar el peso de ambos. Se tomó del miembro acariciándose en busca de alivio y los miró; Fred enrojecido y respirando superficialmente, George mordiendo el cuello de su hermano y manteniendo la mirada clavada en él. Primero besó a Fred, su miembro rozó la hendidura y presionó, se hizo hueco ahogado por un canal caliente y resbaladizo y el pelirrojo se estremeció ante la gruesa intromisión. Los dos gimieron frunciendo el ceño hasta que Harry se hundió por completo. Soltaron el aliento entre sus bocas y se devoraron. Lo siguiente que supo, fue notar las manos de George maniobrando para que las piernas de Fred se apoyasen en sus hombros. Luego le sobresaltó el cosquilleo de una varita rozando con la punta su propio ano, se aflojó y lubricó de repente saboreando el contraste refrescante en su interior. Las manos decididas de George estiraron de sus nalgas e introdujo un dedo, el movimiento per se incitó a la primera estocada de Harry dentro de Fred. Hasta ese grado gozaba el gemelo de liderar el acto sexual.


Fred perdió rumbo, su cabeza osciló hasta descansar en el hombro de su hermano y se deshizo en jadeos con cada empuje, Harry se sacudió con cada penetración ardiente que ejecutaba estrangulando su sexo duro... Era un baile iniciado por la fuerza de unos dedos imperiosos que hurgaban en sus paredes internas llevándolo al límite. Sentía el golpe continuado horadando sin piedad su ano, y sus caderas chocaron sin remedio contra Fred. Se hundió en el pelirrojo dominado y exaltado por las manos de George. Lo buscó, los labios alcanzaron los suyos y se besaron con hambre desmedida. Ahora George manejaba su culo aflojándolo con cuatro dígitos, dos de cada mano y estirando sin descanso. Se sentía tan sensible y abierto que se refugió en el calor que le procuraba el sedoso interior de Fred.


No podía hablar, no podía pensar, tan siquiera gemir con ganas. Solo podía rendirse al placer de cada golpe abriéndolo y barriendo su próstata. Simplemente se dejó arrastrar por la energía del compás que le impelió a embestir desaforado a Fred. No besó, mordió, gruñó y se agitó hasta casi desfallecer.


Algo captó por el rabillo del ojo, le pareció oír de lejos el característico sonido de alguien masturbándose, el susurro amortiguado de unos gemidos y el frufú de ropa y cremalleras.


—¡Parad! —dijo firme George.


—¡Joder noooo! —se quejó Fred lastimero.


Harry los miró aturdido y a punto de explotar. Se encontró de pie y desorientado con su miembro hiper sensible buscando el culo de Fred.


—Harry —George le acarició las mejillas para llamar su atención—, vamos con todo.


Frunció el ceño confundido hasta que vio a Fred inclinarse sobre la tapa del inodoro y apoyar las manos con el culo completamente expuesto y brillante del lubricante y fluidos. George se inclinó en su oído y le indicó con la voz tomada por la excitación:


—Tú empotras a mi hermanito y yo te empotro a ti, chico guapo. —Harry se sacudió por el tono oscuro de esa voz acariciando su piel.


No hubo tiempo ni de replicar, el gemelo golpeó las nalgas de su hermano y sonrió descarado colocándose detrás de Harry. Envolvió el sexo del moreno y él mismo lo introdujo dentro de Fred. Ambos volvieron a gemir cerrando los ojos extasiados. Eso era el paraíso para George, ser el causante directo del placer de ambos. Inclinó la musculosa espalda de Harry provocando el roce de esos magníficos pectorales sobre la espalda de Fred y le penetró de una ruda estocada cuyo resultado generó un ruido ahogado y una exhalación entrecortada de Harry. El movimiento provocó un efecto dominó y sonrió ufano, George estaba más que dispuesto a perforar a Harry y golpear sin piedad su culo hasta que Fred chocase la frente contra la pared.


Tomó no a Harry, sino a su hermano de las caderas y comenzó un ritmo furioso. Arrastró la boca por la piel del héroe sintiendo la tensión de sus músculos, la vibración de sus jadeos y la respiración trabajosa. Reconoció los gemidos desesperados de su gemelo y apretó la base de su miembro, Fred amenazaba con correrse demasiado pronto.


Harry besó el cuello de Fred sobrepasado por el placer, mordió la piel que protegía su pulso y lo envolvió en un abrazo férreo. No era posible ni saludable tanto éxtasis continuado. Sintió un mordisco en su hombro y el gemido lejano de otra voz que no reconoció. Giró la cabeza con extrañeza y entonces lo supo; cuatro mujeres y dos hombres mirando y tocándose entre ellos. Era perturbador... Y era excitante. Esos ojos aviesos sin perderse detalle de ellos tres, esas manos frotando y estimulando la carne enrojecida, esa piel perlada de sudor y los sexos expuestos para deleite de todos. Harry creyó llegar a su límite, pero éste le sorprendió con una nueva oleada de placer blanco. Entró exaltado taladrando el ano de Fred hasta hacerlo chocar contra la pared, su mano apretó con fuerza de los testículos y sintió una inusual y fuerte estocada de George perforarlo hasta la inconsciencia. Los envites se volvieron brutales, con cada movimiento la inercia hizo su curso creando estragos en los tres. No sabía a quién besaba ni dónde ni por quién era mordido, no sabía nada excepto que su miembro quedó deliciosamente atrapado y ordeñado por el culo de Fred, el cual se corrió exhalando un gemido débil. Harry penetró insistentemente cabalgando el orgasmo del gemelo y siendo dirigido por George. Su vientre se tensó y las piernas le temblaron no pudiendo más, fue follado sin descanso ni para recuperar el aliento. Su próstata castigada continuamente le envió ramalazos de placer por todo el cuerpo hasta que dijo basta. Eyaculó dentro de Fred soltando un jadeo y saboreando la piel sudada de su hombro, su ano apretó con fuerza el sexo de George en espasmos creados por su orgasmo. Lo acogió y acunó en contracciones provocando el éxtasis del gemelo que lo follaba sin tregua enardecido. A través del placer agudo fue abierto una y otra vez sintiendo el líquido espeso y caliente llenar sus entrañas. Fred se sentía flojo y suave debajo de él...George se sentía ansioso y pasional al tacto de sus labios... Fred se rio débil y se giró para besarle con ojos vidriosos y el rostro encendido...George se unió al beso en un acto lánguido y dulce que los envolvió en las mieles relajantes del post orgasmo... Harry sonrió recuperando el aliento y sus labios se alimentaron de la sedosa sensación de plenitud.


—Ahora Fred te follará y tú me chuparás la polla...—Sí, George era un dictador disfrazado de sonrisa carismática.


Aquello era la felicidad para Harry y acababa de corroborarlo.



Siete meses después.



«Sabemos que tienes el día libre ojazos, te esperamos sin falta»


Sonrió releyendo la nota que media hora antes le había entregado una lechuza, los gemelos siempre sabían cuándo tenía sus días libres en la academia. ¿Cómo se enteraban antes que el resto? ni él mismo lo entendía. Eran ya siete meses de escapadas clandestinas al piso de los hermanos, siete meses de largas jornadas de sexo en todos los aspectos posibles, posturas y ocurrencias. Siete meses compartiendo cama y risas con ellos, conversaciones a altas horas de la madrugada y algún que otro secreto o anécdota. Harry sonrió, o casi, pues sintió un pellizco en el corazón que empañó su felicidad. Él lo daba todo por ellos, su tiempo, su presencia, sus besos y muestras de afecto, sus ojos de amor y su todo. Tenía más de lo que alguna vez pudo soñar tener, estaba con sus amores de la forma en que era posible, aunque eso significara ser el tercio de divertimento en la cama de una pareja enamorada. Porque los gemelos nunca hablaron de amor sino de deseo, Harry tampoco dijo nunca la palabra clave que podría romper por siempre el frágil equilibrio entre ellos. Él sabía perfectamente cuál era su lugar, y no pretendería ser otra cosa, ser el añadido de los gemelos era suficiente.


Se controló todo el día por no acudir a la tienda, no era menester imponer su presencia por tanto tiempo. Se decidió a llamar a la puerta pasadas las diez de la noche y esta fue abierta con un Fred de ceño fruncido. Parecía molesto.


—Hasta que te dignas a venir. —dijo el gemelo seco y entró dándole la espalda. Nada de ojos vivaces, nada de sonrisas juguetonas ni besos en la boca o la mejilla.


Harry cruzó el umbral desorientado y avistó a George en la entrada del salón componiendo un gesto triste. Le sonrió sin mucho convencimiento y entonces el moreno entró en pánico. ¿Había llegado el momento? ¿Se habían cansado de tenerlo en medio? ¿El sexo dejó de ser interesante y querían deshacerse de él?


—Hola Harry —saludó George bajito —, no creímos que vendrías tan tarde.


—¿Molesto? es demasiado tarde ¿Cierto? perdonad. —Harry se excusó atropelladamente con el pecho hundido y el rostro drenado de todo color.


—Sí, es muy tarde —hizo una pausa mirando hacia donde su gemelo se había marchado y se giró a Harry ladeando una sonrisa—. Fred lleva todo el día esperando por ti... y yo. —Harry pestañeó mudo— Tal vez no fuimos claros, no dijimos en ningún momento que tuvieses que pasarte por la noche, podías habernos visitado en la tienda o a cualquier hora ¿Sabes?


George desvió sus ojos e hizo una mueca que a Harry le recordó vagamente a las expresiones que él hacía cuando se sentía herido y avergonzado.


—Yo... no creí que me quisierais antes.


—¿Por qué? —preguntó extrañado el pelirrojo. Harry no supo qué contestar así que se encogió de hombros y buscó a Fred con la mirada pero no apareció.


—Pues porque... ya sabes...—no quería mantener esa conversación.


—No, dime. —insistió tajante George.


—Porque —Harry tragó en seco y la garganta le raspó con el terror atenazando sus músculos—, yo vengo... voy a vosotros para eso... para tener sexo y divertirnos.


—Ya.


El silenció cayó helado sobre sus cuerpos, el moreno no supo dónde fijar la vista y la angustia le hizo picar los ojos. Era el fatídico momento de dejarlos ir, era la excusa tonta para discutir y romper relaciones. Se mordió el labio hasta hacerse daño y contuvo un sollozo poco digno de un futuro Auror.


George se mantuvo cabizbajo con los brazos cruzados sobre el pecho de manera defensiva sabiendo que su hermano Fred les espiaba muy posiblemente conteniendo el llanto. Eran conscientes de la atracción que despertaban en Harry, además de que era muy entregado y cariñoso, pero nunca dio muestras de querer hacer algo más que tener sexo con ellos. Nada de salir juntos si no era que ellos insistían, nada de compartir tiempo solo pasando el rato en compañía como una pareja, nada de hablar del futuro, nada de ellos como parte de los sueños de Harry. Eran una caso aparte por lo visto, un fetiche morboso por follarse a unos gemelos y aventurarse con algo diferente en el club cuando querían ser observados por un público ansioso. No podían alargarlo más, lo que comenzó con una curiosidad lujuriosa se había transformado poco a poco en verdaderos sentimientos, a estas alturas seguir con alguien que solo quería sexo era destrozar el corazón de ambos. George lo soportaría con estoicismo guardando tras su orgullo todo el dolor que contenía su interior, Fred en cambio sería más claro y crudo en sus sentimientos, fue justo por las observaciones de él que se dieron cuenta del cambio en sus corazones.


—Bueno Harry —el nombrado removió los dedos y empuñó las manos—, creo que no buscamos lo mismo. —dijo sin energías.


—Hum. —atinó a contestar desviando sus ojos verdes vidriosos a cualquier lugar.


George lo observó con detenimiento leyendo sus expresiones. Harry parecía herido y asustado como a punto de derrumbarse.


—Nosotros queremos algo que tal vez tú no puedes darnos —se suponía que iba a zanjar la cuestión asegurándose de dejar sus corazones indemnes de cualquier rastro de dolor declarado, pero George nunca se había echado atrás ante un reto. Nunca antes habían dudado de sus sentimientos y mucho menos avergonzado de ellos. Ellos no vacilaban ante un desafío por más peligroso que fuera este, ellos coqueteaban con la muerte a cada hora del día para sentirse realizados, ellos rompían normas, cruzaban fronteras volando en sus escobas, lanzaban fuegos artificiales y se comían el mundo a bocados.


—¿Ah sí? —contestó Harry parpadeando.


—Nosotros estamos enamorados de ti Harry —dijo firme con la barbilla bien alta mirando por el rabillo del ojo la silueta de Fred sacudirse y aparecer.


Harry boqueó y pestañeó descompasado. Parecía un muñeco mecánico roto.


—Te estuvimos esperando todo el día, Harry —dijo por fin Fred con los ojos enrojecidos—, nunca hacemos nada si no es tener sexo. Nunca salimos por ahí si no es que insistimos y siempre que te invitamos apareces a la hora de cenar. —Harry quiso contestar para excusarse pero las palabras no acudieron a su entumecida lengua— El sexo es maravilloso lo reconozco, pero creímos que era posible algo más ¿sabes? nunca antes habíamos introducido a una tercera persona en nuestro exclusivo grupo de dos que por ti se convirtió en tres.


—Yo...ah...—Harry se mareó e inspiró para calmar el torrente de emociones que provocaban dicha confesión.


Lo condujeron al sofá para sentarlo preocupados por su reacción y se arrimaron a sendos lados abrazándolo.


—Sólo sé claro, Harry, no podemos mantener esta relación así, nosotros queremos más y si no estás en la misma página lo aceptaremos. —Continuó George más calmado.


—Aunque podrías pensártelo al menos ¿no? —añadió Fred.


Harry cerró los ojos y sonrió pequeño, se atrevió a tomar la mano de ambos y entrelazar sus dedos temblorosos. Esto sí era un milagro y no su suerte innata para sobrevivir a maldiciones mortales. Esto era un regalo para compensar su sufrimiento, un presente para dejarle en claro que lo que el corazón amaba siempre estaba bien.


—Yo estoy enamorado de los dos incluso antes de comenzar esta extraña relación. —Soltó de una sola vez sin respirar.


Silencio.


—¿Cómo? —dijeron a la vez atónitos.


—Lo que oís, nada más que la verdad —No le dio la valentía para levantar la cabeza pero apretó el agarre en sus manos entrelazadas—. Primero fue George, cuando entendí que nunca podrías corresponderme lo acepté. Al descubrir que te amaba —miró por fin a los ojos de Fred— no me sentí celoso, simplemente insatisfecho pero conforme con la idea de que alguien tan extraordinario como tú amaría a la persona que yo más quería en este mundo. —los ojos de Fred se aguaron en una sonrisa— Pero en la batalla de Hogwarts...cuando te vi ahí tumbado e inerte, no pensé en George ni en que tendría una oportunidad, pensé en su sufrimiento y en que te habías muerto. —Harry miró al infinito recordando con dolor— El shock fue tan intenso que me mareé, perdí pie y realidad creyendo que nunca más te vería sonreír ni bromear, fue entonces que me di cuenta de que también me había enamorado de ti.


—No lo sabía...—contestó a su lado la voz de George ido.


—El descubrimiento me aturdió hasta que Fred dio muestras de estar vivo —dijo esta vez mirando a George a los ojos—, y a partir de ahí comprendí que era un rarito enamorado de dos chicos que ya se amaban, dos chicos que no tendrían nunca la idea loca de corresponderme.


—A lo de rarito no nos gana nadie Harry. —dijo Fred burlón. Los otros sonrieron ante la incuestionable realidad de sus particularidades.


—Eso me daba igual, me da igual. Traté de alejarme para no sufrir y matar este extraño sentimiento pero fue inútil. Cuando acepté vuestra proposición me sentía en las nubes, aunque siempre tuve claro que sería solo el complemento de una pareja, un desahogo y variedad para la rutina diaria...siempre tuve claro que esto tendría un final.


—Te equivocaste. —sentenció George.


—Por completo, ojos verdes. —Añadió con cariño Fred— ¿sabías que fui justamente yo quien se fijó primero en ti?


—¿De verdad? —Harry los miró ambos girando la cabeza. Los gemelos asintieron sonrientes—. Vaya.


—No tenemos secretos entre nosotros así que se lo confesé a George con miedo a sus celos.


—Pero curiosamente no me molestó —prosiguió George—, sino que me hizo despertar el deseo en ti.


Harry sintió un beso dulce robado de los labios y otro exigente oprimiendo su boca. Tan parecidos y diferentes...


—Hum.


No podía ser muy elocuente, el sentimiento de felicidad generado por la serotonina le impedía realizar otra acción que no fuera sonreír y babear.


—Reconocemos que al principio fue solo atracción. —confesó Fred rozando la nariz por su mejilla.


—Pero somos unos ilusos —continuó George—, el hecho de poner nuestros maravillosos y exclusivos ojos en alguien más, tendría que habernos dado pistas de que acabaríamos enamorados.


—Es muy...inusual. —atinó a decir el moreno notando en su garganta las vibraciones de la risa de Fred.


—Tú eres único, nosotros somos únicos —dijo Fred con tono de suficiencia— la excelencia tiende a juntarse ojos verdes.


Harry y George se rieron apretando el abrazo unido.


—Pero... —dudó. Temía ser solo algo temporal, un elemento que acabase tensando la relación entre ellos y generando discordia.


—Pero qué.


—No temas en decirnos, no pueden hacer secretos entre nosotros. —alentó Fred para calmarlo.


—Es que no quiero ser motivo de discusiones. Es decir; —se recostó en el respaldo para poder mirarlos a los dos y enfrentar sus miedos— Lo normal es estar enamorado de una persona y ser pareja de a dos. ¿Y si hay celos? ¿Y si uno se enfada por la atención de otro y se siente excluido? ¿Y si el afecto no es el mismo o equilibrado?


—Lo normal —comenzó George— es una palabra que proviene de "Norma" y no es otra cosa que la definición de lo mayoritariamente presente y establecido en la sociedad. Ello no significa que por ser lo más extendido sea lo único existente o lo aceptable. Sólo lo más común.


—El número dos —continuó Fred— es solo un número par que no siempre comporta lo ideal. —Sonrió brillante— Tres también puede ser un número Mágico ¿Sabes? Tres son las veces que intentaron matarte y venciste. Tres eran los hermanos Peverell y tres las reliquias de la muerte. Tres eran las famosas hermanas Black y tres el grupo de amigos que formas con Hermione y Ron. Tres son los hijos que tú deseas tener y tres son las personas aquí sentadas que se aman mutuamente ¿No?


Harry no supo qué contestar a eso, podía ser un discurso recurrente y al azar fácilmente rebatible, pero Fred le miraba de una forma que solo podía describirse como amor. Sus ojos cayeron en George, éste observaba a su hermano embelesado hasta que giró la vista a él y sonrió grande. No se habían soltado de las manos y las contempló. Él tomando la de ambos y ellos entrelazando las suyas con él y entre ellos. Un hermoso círculo perfecto de amor.


—Di que al menos lo intentaremos. —le rogó Fred.


—No seas cobarde Potter, eso sería decepcionante. —arremetió George.


—Sí. —respondió seguro pero nervioso.


Los gemelos se acercaron a él y le besaron al unísono. Sus labios se saludaron con suavidad y afecto de tanto desear y extrañarse, sus manos caminaron por el cuerpo de los tres sin atender a quién o Porqué. Eran diferentes y a la vez iguales, porque desear y amar no estaba ni escrito ni dirigido por nadie. El poder de gobernar a un corazón quedaba exento de las normas y la voluntad ajena.


—¿Sabéis qué más da importancia al número tres? —dijo de repente Harry.


—¿El qué? —contestaron impacientes por seguir.


—Tres flores hacen un ramo. No una ni dos, tres es el número mágico para considerarlas un ramo que regalar.


Los gemelos se rieron volviendo a besarle hasta que George se separó.


—¿Y sabes quién va a hacer un bonito ramo de flores con tu culo? —Miró a su hermano con ojos lascivos y se sonrieron maliciosos—. Nosotros dos con una magnífica doble penetración.


—¡¿Qué?! —gritó alarmado Harry.





Fin.




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(¡Uy! Se me ha caído un poco de trama en el lemon XD) Sorry gente.


A vosotros; Gracias por leerme.


Mil besos Sara.