El amor duele

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Summary

Stephen Rusell no sabía que se había perdido a él mismo, creía que todo había sido culpa de ese hombre. El hombre que así como trajo destrucción a su vida, le dará lo único que podrá salvar su alma. Pero... ¿estará listo para sufrir las consecuencias de sus actos? Camila Cross siempre supo que no pertenecía a ese lugar, a esa familia. Siempre sintió que le faltaba algo. Y era así. Le faltaba la verdad. Cuando esa verdad llegó a su vida... Él le había mostrado la luz de esperanza que necesitaba, así como también el mismo infierno que nunca espero. ¡Descubre que pasará con Stephen y Camila en LISTA PARA AMAR !

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prefacio

—¡No lo hagas! Por

—¡No lo hagas! Por favor— murmuró él esa última palabra, por primera vez en su vida, sintiéndose como el más miserables de todos los hombres.

Ella se encontraba al borde de las barandas del puente. Llorando como si nunca se le acabaran las lágrimas, con un dolor que le perforaba el pecho. No quería seguir viviendo en la mentira con que la envolvieron todos estos años. En la mentira con la que él la enamoró.

—¡Vete! ¡Déjame en paz! Déjame. Déjame cómo lo planeaste desde el principio. Ahora podrás estar satisfecho. ¡Tu venganza estará concluida!

—No digas eso. ¡Jamás quise que esto pasara! ¡Te lo juro! No quise hacerte daño. Créeme, por favor créeme. ¡Yo te amo!— Intentaba acercarse a ella para impedir que se tirara del puente. Mientras ella sólo quería acabar con todo de una vez.

—¡No te atrevas a decir eso! ¡Ya no! Ya no creo en ti. Ya nada de lo que digas o hagas será verdad para mí. Me engañaste. ¡Solo me utilizaste para tu estúpida venganza! ¡Pues siéntete satisfecho ahora!— Stephen ya se encontraba más cerca, listo como para tomarla con fuerzas y no dejar que caiga— Todo fue una mentira... ¿Cómo pudieron hacerme esto? ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! ¡Tú! ¡Tú que tenías mi corazón en tus manos!

Camila estaba destrozada, ya ni la voz le salía de tanto llorar y gritar de dolor. Sólo quería desaparecer por completo, no haberlo conocido, no haberlo amado jamás. Se preparó para saltar de una vez por todas, ya nada le importaba. Soltó su mano derecha como terminar con su vida en una noche amarga y tortuosa para ella.

Pero apenas Stephen vio que ya nada la haría cambiar de opinión, llegó justo a tiempo a su lado para tomarla con fuerzas y llevarla al otro lado del puente. Mientras ella seguía gritándole y llorando, él logró salvarla y ponerla en un lugar seguro. Se encontraban en el suelo cerca de la carretera.

La había salvado. No la salvó de él, no la salvó de la injusticia que le tocó vivir a ella. Pero si de cometer esa atrocidad. Ella merecía vivir. Merecía la vida que le robaron, el amor que él no supo ofrecerle. Ella merecía ser feliz.

— ¡Te odio! ¡te odio con toda el alma! ¡¿Por qué ?! ¡¿Por qué me hicieron esto?!— Ella en verdad no lo odiaba pero de alguna manera quería expulsar el dolor que sentía dentro. Él la tenía entre sus brazos sentada sobre sus piernas. Aún en el suelo, únicamente la abrazaba sintiéndose impotente por no poder arrancarle ese dolor. Dejó escapar lágrimas que ella no vió. Lágrimas que también eran de dolor, al ver que la mujer que amaba sufría en gran parte, por su causa.

—Por favor, perdóname. Jamás quise hacerte daño. Perdóname Cam, por favor perdóname— tenía la voz ronca y rota al igual que ella. Sabía que ella jamás lo perdonaría, ya nada volvería a ser lo mismo entre ellos pero él necesitaba pedirle perdón por el daño que le causó.

— Nunca. Nunca voy a perdonarte. Así como pude amarte y entregarme a ti, te juro que te arrancaré de mi corazón para siempre. Te odio Stephen, nunca voy a perdonarte que me hayas mentido de esta forma. Te odio— quería lastimarlo de alguna manera y aunque sus palabras no eran del todo verdad, lograron hacer mella en el corazón de Stephen pues sabía que ella no lo volvería a amar de la forma que en lo amó.

No la soltó en ningún momento. A pesar de que ella quiso alejarse de él, no le permitió. Y llorando sobre su pecho repitiéndole una y otra vez que lo odiaba, a lo largo de un par de horas, ella quedó vencida por el cansancio. Él la cargó entre sus brazos llevándola hasta su coche que había dejado a lo lejos, cuando supo dónde encontrarla esa noche.

La llevó al único lugar dónde podía estar segura, dónde podía empezar de nuevo y tener la vida que siempre mereció tener. Esa vida que durante muchos años le arrebataron. No había sido fácil para Stephen encontrar ese lugar pero desde que supo toda la verdad, se propuso hacerlo.

Y así fue que dio con esa joven pareja que habían esperado a Camila durante 14 años. Llegaron casi al amanecer pues había sido un viaje de cuatro horas en carretera pero aún así para esa pareja el horario no era un inconveniente. Lo único que deseaban era poder estar con ella. Poder conocerla y saber como era.

Ellos ya estaban al tanto, Camila no sabía absolutamente nada. Stephen no durmió en todo el camino como tampoco dejó de observarla. Inclusive en un semáforo le acarició el rostro pidiéndole una vez más que lo perdone. Aunque ella no lo escuchó, puede que el dolor, el llanto y la desesperación la hayan vencido ese día dejándola completamente dormida.

Bajó con suma lentitud del coche no sin antes depositar un último beso sobre esos labios que lo enamoraron. La bajó con cuidado y al llegar frente a la puerta de esa casa con ella entre sus brazos, supo que esta era la despedida. Lo recibieron dejándolo pasar y llevando Camila al dormitorio que a partir de ahora sería suyo.

— Gracias por traerla. Gracias por devolvernos la vida— la voz quebrada de la señora y esas palabras calaron dentro de Stephen. Pues no hace menos de como cuatro horas esa mujer allí dormida, ajena a todo, casi pierde la vida y eso solo le hacía sentir terriblemente culpable.

—Podría... ¿podría entregarle esto cuando despierte?— Stephen le tendió una carta a la señora y ella asintió con lágrimas en el rostro.

Luego de casi media como el más miserables de todos los hombres.

Ella se encontraba al borde de las barandas del puente. Llorando como si nunca se le acabaran las lágrimas, con un dolor que le perforaba el pecho. No quería seguir viviendo en la mentira con que la envolvieron todos estos años. En la mentira con la que él la enamoró.

—¡Vete! ¡Déjame en paz! Déjame. Déjame cómo lo planeaste desde el principio. Ahora podrás estar satisfecho. ¡Tu venganza estará concluida!

—No digas eso. ¡Jamás quise que esto pasara! ¡Te lo juro! No quise hacerte daño. Créeme, por favor créeme. ¡Yo te amo!— Intentaba acercarse a ella para impedir que se tirara del puente. Mientras ella sólo quería acabar con todo de una vez.

—¡No te atrevas a decir eso! ¡Ya no! Ya no creo en ti. Ya nada de lo que digas o hagas será verdad para mí. Me engañaste. ¡Solo me utilizaste para tu estúpida venganza! ¡Pues siéntete satisfecho ahora!— Stephen ya se encontraba más cerca, listo como para tomarla con fuerzas y no dejar que caiga— Todo fue una mentira... ¿Cómo pudieron hacerme esto? ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! ¡Tú! ¡Tú que tenías mi corazón en tus manos!

Camila estaba destrozada, ya ni la voz le salía de tanto llorar y gritar de dolor. Sólo quería desaparecer por completo, no haberlo conocido, no haberlo amado jamás. Se preparó para saltar de una vez por todas, ya nada le importaba. Soltó su mano derecha como terminar con su vida en una noche amarga y tortuosa para ella.

Pero apenas Stephen vio que ya nada la haría cambiar de opinión, llegó justo a tiempo a su lado para tomarla con fuerzas y llevarla al otro lado del puente. Mientras ella seguía gritándole y llorando, él logró salvarla y ponerla en un lugar seguro. Se encontraban en el suelo cerca de la carretera.

La había salvado. No la salvó de él, no la salvó de la injusticia que le tocó vivir a ella. Pero si de cometer esa atrocidad. Ella merecía vivir. Merecía la vida que le robaron, el amor que él no supo ofrecerle. Ella merecía ser feliz.

— ¡Te odio! ¡te odio con toda el alma! ¡¿Por qué ?! ¡¿Por qué me hicieron esto?!— Ella en verdad no lo odiaba pero de alguna manera quería expulsar el dolor que sentía dentro. Él la tenía entre sus brazos sentada sobre sus piernas. Aún en el suelo, únicamente la abrazaba sintiéndose impotente por no poder arrancarle ese dolor. Dejó escapar lágrimas que ella no vió. Lágrimas que también eran de dolor, al ver que la mujer que amaba sufría en gran parte, por su causa.

—Por favor, perdóname. Jamás quise hacerte daño. Perdóname Cam, por favor perdóname— tenía la voz ronca y rota al igual que ella. Sabía que ella jamás lo perdonaría, ya nada volvería a ser lo mismo entre ellos pero él necesitaba pedirle perdón por el daño que le causó.

— Nunca. Nunca voy a perdonarte. Así como pude amarte y entregarme a ti, te juro que te arrancaré de mi corazón para siempre. Te odio Stephen, nunca voy a perdonarte que me hayas mentido de esta forma. Te odio— quería lastimarlo de alguna manera y aunque sus palabras no eran del todo verdad, lograron hacer mella en el corazón de Stephen pues sabía que ella no lo volvería a amar de la forma que en lo amó.

No la soltó en ningún momento. A pesar de que ella quiso alejarse de él, no le permitió. Y llorando sobre su pecho repitiéndole una y otra vez que lo odiaba, a lo largo de un par de horas, ella quedó vencida por el cansancio. Él la cargó entre sus brazos llevándola hasta su coche que había dejado a lo lejos, cuando supo dónde encontrarla esa noche.

La llevó al único lugar dónde podía estar segura, dónde podía empezar de nuevo y tener la vida que siempre mereció tener. Esa vida que durante muchos años le arrebataron. No había sido fácil para Stephen encontrar ese lugar pero desde que supo toda la verdad, se propuso hacerlo.

Y así fue que dio con esa joven pareja que habían esperado a Camila durante 14 años. Llegaron casi al amanecer pues había sido un viaje de cuatro horas en carretera pero aún así para esa pareja el horario no era un inconveniente. Lo único que deseaban era poder estar con ella. Poder conocerla y saber como era.

Ellos ya estaban al tanto, Camila no sabía absolutamente nada. Stephen no durmió en todo el camino como tampoco dejó de observarla. Inclusive en un semáforo le acarició el rostro pidiéndole una vez más que lo perdone. Aunque ella no lo escuchó, puede que el dolor, el llanto y la desesperación la hayan vencido ese día dejándola completamente dormida.

Bajó con suma lentitud del coche no sin antes depositar un último beso sobre esos labios que lo enamoraron. La bajó con cuidado y al llegar frente a la puerta de esa casa con ella entre sus brazos, supo que esta era la despedida. Lo recibieron dejándolo pasar y llevando Camila al dormitorio que a partir de ahora sería suyo.

— Gracias por traerla. Gracias por devolvernos la vida— la voz quebrada de la señora y esas palabras calaron dentro de Stephen. Pues no hace menos de como cuatro horas esa mujer allí dormida, ajena a todo, casi pierde la vida y eso solo le hacía sentir terriblemente culpable.

—Podría... ¿podría entregarle esto cuando despierte?— Stephen le tendió una carta a la señora y ella asintió con lágrimas en el rostro.

Luego de casi media hora sin poder mirar por última vez esos ojos verdes, esos ojos que lo miraban con el alma. Stephen se marchó para siempre. Sabiendo que después de los errores que había cometido, esto era lo único bueno que habría hecho.

Y ella era... ella es y siempre será, lo único valioso en su vida.

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