Chapter 1
Draco repasó por enésima vez el anuncio. Sus ojos no hubieran caído en semejante vulgaridad de no estar excesivamente aburrido y sin nada más que hacer. Se trataba de un artículo a todo color sobre el próximo San Valentín. Se ofrecía un servicio exclusivo de citas a tenor del aniversario de El Profeta, aseguraban máxima discreción y alta compatibilidad entre los "Enlazados del amor". Draco rebufó despectivo abandonando el periódico sobre su escritorio.
Tenía veinticinco años, y tras la guerra y la ruptura de su compromiso con Astoria Greengass no le quedó más que una mansión saqueada por el ministerio, una cartera de valores que acumulaba más polvo que galeones y una cámara en Gringotts reducida a tan sólo una tercera parte de lo que fue su patrimonio. Tenía a su madre, la mansión Malfoy que se caía a trozos, un elfo doméstico y algo de dinero que él mismo se había encargado de mantener y hacer crecer. No era que Draco suspirase por el amor en sí, pero una cosa era clara; quería estar con alguien, tener una familia y labrarse un futuro.
La guerra, el Señor Oscuro y la muerte de su padre había marcado a fuego sobre su corazón lo que deseaba y lo que no y por ello, fue capaz incluso de aventurarse a intentarlo con hijos de muggles. Pero curiosamente todos le dieron la espalda al primer gesto de insinuación, por lo visto su fama, al igual que a Potter, le precedía y no en el buen sentido. ¿Los de su casa? O ya estaban comprometidos o deseaban alejarse convenientemente de un mortífago declarado. Así que Draco buscó afecto físico entre los muggles, y pese a lo que pudiera parecer, hubo de experimentar sus primeras veces con desconocidos y repleto de ansiedad e incertidumbre. ¿Se dieron cuenta acaso? No, obvio. Draco siempre portaba una máscara de resolución e iniciativa, como si supiera qué hacer en cada momento. Tal vez su tolerancia tenía un límite pues no fue nunca capaz de conectar con nadie y finalmente se rindió; a buscar el amor, no tanto así a divertirse de vez en cuando. Observó el movimiento de la fotografía, corazones rojos deambulando alrededor de dos figuras desconocidas dando a entender el carácter anónimo de la cita. Tamborileó los dedos sobre la madera caoba apretando obstinado la boca y aproximó en un gesto brusco el periódico.
Si era una cita a ciegas... O puede que nada más verlo se largasen corriendo. Eso sí sería humillante, mejor perderse por el mundo muggle y acabar en alguna cama. Draco tiró el periódico a la basura y se levantó.
24 horas después.
Draco recuperó el periódico y observó el anuncio con un vaso de whisky de fuego en la mano y la mirada vidriosa. Estaba lo suficientemente borracho como para bajar sus defensas y admitirse de forma patética que quería estar con alguien, un amor, una pareja. Su frugal encuentro con el amante de turno le hizo sentirse muy humillado, resultaba que hasta ese muggle tenía planes, planes con otro chico para el día de San Valentín.
¿Una cita de amor con alguien y estaba una semana antes follando con Draco? ¿A qué diantres jugaba? ¿Es que acaso Draco era irresistible? ¿Acaso la cita no era tan seria? ¿Acaso para el tal Tommy, Toby o como se llamase el amor no tenía valor? ¿Era un mentiroso cínico? Sus ojos enrojecidos de vergüenza se centraron en la dirección de correo y la apuntó.
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—Eso es una cursilería y me extraña que tú me lo sugieras.
Harry apartó su nariz y ceño pronunciado del anuncio de San Valentín que Hermione había tenido a bien mostrarle golpeándole con él.
—Sabes que no creo en esas paparruchas pero seamos francos, mejor una cita a ciegas que nada.
—No me interesa. —Le dio la espalda recogiendo sus pertenencias dando a entender que quería irse a casa—. San Valentín es una mierda, una estrategia de marketing para gastar dinero.
—Estoy de acuerdo —la bruja lo siguió persistente fuera de su despacho—, el amor es para cualquier día del año.
—¿Y entonces? —Harry fue saludando al resto de sus compañeros de departamento tratando de entender la locura transitoria de su amiga.
—Pero para ti es importante, el año pasado quedaste con Cho Chang ese día.
—¿Y? —inquirió a la defensiva levantando las cejas.
—Quedaste en San Valentín con una mujer... —Hermione parpadeó contrariada—. Siendo gay.
—Era una reunión de viejos amigos.
—Era un cartel de "Me siento solo y no quiero estar solo también en San Valentín" —recalcó.
Harry tensó la mandíbula, se acercaba demasiado a la patética verdad.
—Mi respuesta es no. —Negó categórico retomando el paso.
—Ten —Le metió el periódico en el maletín medio doblado—. Piénsatelo al menos.
Hermione se despidió entrando por una chimenea diferente, el color verde de las llamas le trajo el repentino recuerdo de alguien, y de una horrible situación. Draco Malfoy y el fuego maldito. Rara vez lo veía por el ministerio y cuando eso sucedía, se miraban por breves segundos tras un saludo de lo más glacial. No se sabía absolutamente nada de él o de la señora Malfoy, lo único que le constaba era el beso del dementor al que fue sentenciado su padre. Harry mantenía la fea costumbre de querer saber de él, un mal hábito adquirido en el colegio que siempre justificaba con la desconfianza.
Rompieron su matrimonio concertado. No pertenecía a ningún club propio de los sangre pura de la comunidad mágica. No acudía a actos públicos, partidos de Quidditch, reuniones ministeriales, no pertenecía a ninguna asociación, no se le veía con nadie... Ni fotos, noticias o escándalos. Nada, y para Harry, más de cinco años de «nada» era un suplicio porque... Bueno, no era normal que el único heredero Malfoy fuese menos que una sombra para la prensa. Agitó su cabeza borrando esos peligrosos pensamientos obsesivos y entró en la chimenea diciendo en voz alta su dirección.
Cinco horas después.
Tras la cena y una buena ración de pudin, Harry se atrevió a echarle un vistazo al anuncio. Observó la animación azucarada y pensó que esa ridiculez había que afrontarla con un buen vaso de cerveza de mantequilla. Tras paladear la untuosa espuma del labio superior, leyó las indicaciones con atención. Había que apuntarse bajo un seudónimo y responder a una encuesta con la mayor sinceridad posible. La palabra "Amor" se repetía tantas veces que le mareó.
Se quedó pensativo con la mirada perdida en el fuego del salón, su única relación seria había sido Ginny, y eso no se podía contar pues apenas estuvieron juntos. Harry estaba muy acostumbrado a estar solo, pero estar acostumbrado no es lo mismo que desearlo y él había intentado mil y una veces tener una relación. La juventud por lo visto era sinónimo de no comprometerse en algo serio, y cada persona que casi rozó su corazón, acabó por ser una decepción. Él era joven, muy joven y con todo el tiempo del mundo para encontrar a alguien a quien amar y poder formar una familia. Ser gay no era un impedimento para tal empresa, existían medios y si su pareja estaba conforme, podrían proyectar varios hijos de sangre. ¿Qué tan difícil era compaginar la juventud y el compromiso a largo plazo? ¿Qué tan horrible era querer una pareja estable y no ir de cama en cama por ahí? ¿Acaso su deseo era menos válido? Él no sentía que "perdía" años y vida por establecerse tan pronto con marido e hijos, Harry sabía bien que su necesidad patológica de formar familia se debía precisamente a la carencia de cuando era niño. Llevaba en terapia desde los diecinueve años pero ese punto de sus infinitos traumas no lo iba a desechar. Estaba preparado para ser un novio entregado y cariñoso, capaz de adaptarse y con ganas de crear un proyecto de vida juntos. No era tan malo...
Bajó la vista al anuncio y convocó pluma y papel apuntando la dirección.
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Una carta de aspecto grueso descansó sobre el escritorio de Draco Malfoy, la lechuza aceptó gustosa la chuchería y esperó por respuesta en el alféizar de la ventana limpiándose las plumas con ahínco.
El rubio desplegó curioso el sobre dado el grueso tamaño y reveló una larga encuesta a nombre de «Veela». Repasó impresionado las preguntas y se dedicó a contestar con la mayor franqueza posible.
"Tres cosas/situaciones que te hagan o te harían muy feliz".
Una familia.
La lectura.
Una tarde junto al fuego con mi pareja.
"Tres cosas/situaciones que te hagan o te harían muy infeliz".
Perder a un ser querido.
Que mi familia sufra.
Quedarme solo, sin amor.
"Tres cosas/situaciones que no soportes en una pareja".
La impuntualidad.
La infidelidad.
El... —Draco no sabía qué escribir, nunca había tenido pareja—. Que fuera alguien superficial incapaz de ver más allá de las apariencias.
"Tres aspectos de tí mismo a destacar".
Linaje. —Draco lo borró—.
Inteligente.
Educado.
Comprometido.
"Tres aspectos que rechaces de tí mismo/a".
Draco suspiró, debía ser honesto y entender que incluso aunque para él no fuera un defecto, sí lo era para los demás.
La exigencia en exceso.
El prejuicio.
El orgullo.
"Tres sueños por cumplir".
Una familia.
Una pareja.
Éxito laboral.
.......
La encuesta se adivinaba larga, así que pasó al menos una hora pensando en la manera de ser lo más sincero posible. Finalmente se le exigió revelar un atuendo o aspecto para ser identificado el día de la cita.
«Jersey granate». Estuvo a punto de recurrir al clásico traje gris de tres piezas o túnica verde, pero tal detalle sería demasiado esclarecedor y no quería espantar tan pronto a su misteriosa cita, por lo que acudió a una vestimenta más informal que no diera pistas sobre su identidad.
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Harry se quedó atónito viendo la encuesta a cumplimentar, no eran cuatro preguntas al tuntún así que se sentó con una cerveza y procedió a responder.
«Lirio».
"Tres cosas/situaciones que te hagan o te harían muy feliz".
La Familia.
El Quidditch.
Pasar tiempo en pareja.
"Tres cosas/situaciones que te hagan o te harían muy infeliz".
Perder a un ser querido.
Que uno de mis allegados sufra.
Estar solo.
"Tres cosas/situaciones que no soportes en una pareja".
La infidelidad.
La frialdad.
Que no quiera hijos.
"Tres aspectos de tí mismo a destacar".
Leal.
Cariñoso.
Comprometido.
"Tres aspectos que rechaces de tí mismo/a".
Desconfiado.
Distraído.
Pesimista.
"Tres sueños por cumplir".
Una pareja.
Una familia.
Éxito laboral.
Harry siguió contestando la encuesta y descubrió que sólo por el esfuerzo y el detalle de desentrañar su personalidad no iba a ser una cita tan desastrosa. Preguntaban el sexo, la identificación de género y la inclinación sexual así como la preferencia en este aspecto. Al final del pergamino, se le indicó poner un detalle de su aspecto o vestuario con el que poder identificarlo, así que sin más preámbulos fue a lo fácil: el jersey rojo de la señora Weasley.
«Jersey Rojo».
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Al día siguiente, les llegó una carta celebrando su éxito de encontrar pareja potencial y la citación del lugar y la hora.
"Estimado participante, recuerde siempre que la encuesta es sólo una guía y apoyo para poder ofrecerle la mejor pareja posible. Cuando alguien busca el amor, ha de saber que éste tiene que sumar a su vida, no restar o aportar lo mismo de siempre por lo que no hallará un compañero que coincida totalmente en sus mismas respuestas. Está escogido y pensado para que le aporte todo aquello de lo que usted carece, le dé una perspectiva de la vida y el amor diferente y para que sus virtudes y defectos sean complementarios a los suyos pudiendo así ayudarse y fortalecerse como personas. El amor no es sólo verse y ser felices por siempre, el amor que usted desea exige esfuerzo, entrega y paciencia. También ha de ser consciente que no por el hecho de no querer estar solo, ha de atarse a una relación que sepa muy en el fondo que no va a llevar a ninguna parte. Por eso le rogamos encarecidamente que tenga el corazón abierto, las defensas bajas y el ánimo dispuesto para darle paso a esa persona que bien podría ser la definitiva. Nosotros estamos seguros al 99% de que así es, el otro uno por ciento es la suerte, la ausencia de química o el rechazo a no esforzarse de antemano por una posible relación estable.
Queremos que sea amado, que ame y que sea duradero. Queremos que el día de San Valentín sienta a su corazón correr y sus ojos dilatarse por la persona que tenga de frente. Les deseo lo mejor del mundo y mucha magia en ese día tan especial.
Atte: L.L
Colaborador especial y transitorio para la celebración de El Profeta".
Aquella carta no les fue indiferente a ninguno de los dos.
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"¿Discreción? Discreción mis reales posaderas", pensó Draco al entrar en aquella cafetería del callejón Diagon. Estaba repleto de magos y brujas con la mirada atenta hacia la puerta y repasos exhaustivos de vestuario y aspecto. La mayoría se reconocieron del colegio o del trabajo, y quién no, al menos de vista o pasada. Vamos, que el chillido agónico de un fénix muriendo entre llamas era menos llamativo. Un camarero lo llevó directamente a una mesa reservada a nombre de «Veela» y «Lirio» y el rubio pestañeó confuso por el seudónimo de su cita a ciegas sentándose a esperar.
Las incendiarias miradas nada disimuladas del resto le pusieron nervioso, y a la defensiva. Posiblemente su pareja huyera tal cual entrase por la puerta y lo viera.
—Discúlpeme —se acercó de nuevo el camarero—, me han indicado que le ofrezca otra mesa.
Genial, ahora iba a ser un paria.
—Bien. —Accedió disgustado sin dejarlo traslucir a su semblante.
Siguió al camarero con porte altivo hasta un reservado que si bien no otorgaba intimidad por completo, sí daba cierto aire de protección por las paredes semicerradas y su ubicación más alejada del resto. Tomó asiento enderezando la espalda y reposando las manos en su regazo. Se apartó el cabello de la cara con fastidio, siempre lo sujetaba en una coleta baja para mayor comodidad pero tal y como decía la carta; corazón abierto, defensas bajas... Etc... Pues él había decidido soltarse el cabello, el cual dejó crecer después de la muerte de su padre. No quiso mirar la puerta, desde su posición e inclinando la cabeza se podía atisbar a los clientes que entraban en el local. Nada de mirar a la puerta. Su respiración se volvió errática y se repasó los labios resecos por los nervios. Draco se preparó mentalmente para cada escenario funesto, no iba a dejarse humillar.
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Harry entró apresurado en el local diez minutos tarde, simplemente se había perdido buscando la dichosa dirección. Tal cual la puerta se cerró a su espalda, decenas de ojos hambrientos lo examinaron de arriba a abajo detallando su atuendo.
"¿Discreción? Mis huevos peludos discreción". Todo el puñetero mundo sabía ya que Harry Potter estaba ahí para una cita a ciegas. Tragó en seco sintiendo la cara arder y se centró en su pareja. Realmente deseaba encontrar el amor y estaba dispuesto a esforzarse. Repasó ahí de pie a todo aquel que tuviese un jersey buscando el color granate. "Granate es rojo, vamos que es lo mismo sólo que un tono más oscuro". Empezó a caminar en estado de alerta mientras los rostros giraban al compás de su paso vacilante; deambuló la vista alrededor sintiendo pánico escénico y casi tropezando con una bandeja de té hasta que sus ojos verdes repararon en una cabellera rubia, casi platino.
"¿Luna?". Reconocer a un amigo entre ese mar inhóspito de gente le empujó a una sonrisa aliviada, la cual tembló al bajar la vista al jersey: Granate. Igual era por la escasa luz del reservado, o pudiera coincidir con... Harry se detuvo en su avance al reconocer a Malfoy.
Tenía la barbilla apoyada de manera distraída sobre la mano, ligeramente encorvado sobre la mesa y jugando con los azucarillos. Estaba diferente por decir algo. Su cabello suelto relucía por debajo de los omóplatos, sus muñecas giraban con gracia dando movimiento aleatorio al azúcar y su perfil, lejos de ese rictus de frialdad y contención, se adivinaba suave y accesible. Harry tragó de nuevo cerciorándose de que él, Draco Malfoy, era su cita a ciegas.
«Veela». Ese era el seudónimo que le dijeron por carta así como el atuendo del jersey granate. Y con razón, Draco parecía más que nunca una veela. Harry apretó los puños sintiendo las palmas sudorosas para darse valor y justo cuando iba a caminar hacia él, Malfoy se inclinó impaciente por el hueco y sus ojos se encontraron.
Ambos se paralizaron, sus jerseys inspeccionados a conciencia y mirada reveladora. Tres metros les separaba de tomar contacto real y dar comienzo a la cita. Desde su posición de ventaja, Harry podría dar perfectamente la vuelta y salir de aquel local sin mayor peligro que el de rechazar una posible pareja. Victorioso e indemne sería su resolución al pisar la calle. Draco, podría a bien esperar otros diez minutos de rigor y abandonar el reservado alegando su odio desproporcionado a la impuntualidad y así, ambos huirían de tan incómodo encuentro desafortunado. Harry no sabía qué hacer o esperar de Malfoy, realmente se le veía muy diferente. La última vez, hacía tres meses, se lo había cruzado de lejos por el ministerio e iba enfundado en una túnica negra de aspecto regio, su rostro pétreo y aire de arrogancia no daba confianza para un casual acercamiento y saludo. Nada en Malfoy te invitaba a sonreír y buscar conversación. Siempre tan distante, frío e inaccesible, siempre con el porte tan altivo y muy superior. El Draco que tenía delante, por sólo el hecho de dejarse libre el cabello y vestir una ropa tan informal y común, le hacía verse completamente atrayente y hasta cálido. Eso y su fugaz expresión de vulnerabilidad hasta que desapareció.
Harry supo en que momento el rubio dio por perdido el encuentro, lo supo cuando retiró la vista y se enderezó, frunció leve los hombros y agachó la cabeza con las manos unidas en el regazo dándole así permiso de retirarse dignamente. Su expresión era seria, ni siquiera de rechazo o arrogante. Harry empuñó las manos y avanzó a grandes zancadas dejándose caer en el asiento de cuero.
—Hola, perdón por la tardanza. Es que no encontraba la dirección de la cafetería.
La cara de sorpresa de Draco fue muy graciosa pese a su intento por disimular.
—Bien, no me gusta que me hagan esperar pero lo pasaré por esta vez.
Se quitó el abrigo y rápidamente apareció el camarero para tomarles nota.
—Tarta de manzana y un café —pidió Harry retocando la montura de las gafas.
—Una porción de Red Velvet acompañado de capuchino con espolvoreado de cacao y canela, la nata muy batida.
Tras el asentimiento, ambos se quedaron callados sin saber como proceder.
—¿Tarta de manzana, Potter? —La burla inocente siempre era un buen recurso, y para Draco le era físicamente imposible no hacerlo.
—Soy un hombre de gustos sencillos. ¿Red Velvet y doble espolvoreado? —Contraatacó saboreando la adrenalina del reconocimiento.
—Soy un hombre de gustos refinados —respondió alzando una ceja.
Otra vez se instauró un silencio incómodo hasta que Harry habló.
—Jamás creí que tú serías de los de... —Lo señaló con el dedo dando círculos—. Citas a ciegas.
—No sé qué hechizo aturdidor impactó en mi cabeza, pero ya ves. —Se encogió de hombros indiferente esquivando su mirada.
—Bueno... —Harry se mordió el labio observando su pelo, francamente el cabello de Malfoy lo distraía mucho—. No se sabe casi nada de tí. ¿Qué es de tu vida? —La luz baja del reservado resaltaba reflejos brillantes y se quedó embobado un segundo.
—Vivo en la mansión Malfoy con mi madre y trabajo para recuperar el patrimonio familiar. No hay realmente mucho más.
Draco no salía de su estupor tras ver a Potter avanzar y aceptar la cita con él.
Desde que sus ojos se encontraron, no sólo la decepción de creer ser rechazado lo embargó, sino que precisamente era él y nadie más quien lo abandonaría en aquella patética cita. Pero no fue así, contra todo pronóstico lo tenía frente a sí, sonriendo torpe y tratando de sacarle conversación. ¿Le parecía bien? ¿Esto... significaba que quería... intentarlo con él? ¿Una pareja, amor y todo eso? La sola idea se le antojó de lo más absurda pero se descubrió retocando el cabello muy a menudo debido a los mechones que se le filtraban por delante del rostro. Y pilló a Potter observar atentamente el gesto con ojos verdes muy intensos.
Lo había visto y cruzado saludos en contadas ocasiones en el ministerio, era una sensación extraña entre la nostalgia y el anhelo. Potter era Potter y tenía su maravillosa carrera de Auror, así como su nutrida familia y un buen número de fans. Andaba por el atrio enérgico, siempre deprisa y siempre siendo el foco de atención. Ni loco se acercaría por un saludo más extenso ¿A cuento de qué si no tenían nada que decirse? Eso no quitaba obviamente que Draco no girase una última vez la cabeza para verlo marcharse a paso raudo y fuerte. Simplemente le provocaba... algo, una especie de anhelo indeterminado.
—Yo trabajo de Auror, vivo solo y tengo a Kreacher.
—¿Aún vive? —preguntó atónito. Sus ojos grises agrandados en exceso.
—Sí. —afirmó con incredulidad, como quién revela la imposibilidad de la inmortalidad pero la tiene delante de sus narices.
Draco abrió la boca. Harry asintió a su muda pregunta y ambos estallaron en risas.
—¡No puede ser! Ya era muy viejo cuando yo era un niño.
—¿Y yo qué sé? Ahí sigue dando guerra, cualquier tos me hace pensar que se morirá, pero luego lo veo tan tranquilo al día siguiente limpiando los cuadros de la entrada e insultándome.
Aquello era un buen comienzo.
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—Siempre creí que terminarías con la comadreja menor. —Tras un segundo bocado a la tarta, Draco la desestimó y pasó a probar el capuchino.
—No funcionó, así de simple. —Harry engulló su tercer bocado de pastel de manzana y bebió del café—. Y en realidad odio San Valentín —el rubio alzó una ceja prestando atención—, pero Hermione insistió con el anuncio y ya ves, me dije: Va Harry. ¿Qué puedes perder?
—No lo entiendo, debes de tener una horda de admiradores detrás de tu majestuosa capa de Auror deseando darte amor. —aportó jactancioso.
—No realmente —dejó de beber y adoptó una expresión de derrota obviando el chiste—, tengo una horda de gente queriendo fama y noches de juerga. Ninguno quiere una pareja estable e hijos. —Lo último lo añadió para ver su reacción ante los deseos de futuro.
El rubio asintió comprendiendo su dilema y sorbió silencioso de la taza, se relamió los labios y apartó otro mechón de pelo detrás de la oreja. Harry tragó absorbiendo el gesto con sus sentidos, vagando de más la mirada por su rostro. Era hermoso, simple y llanamente hermoso como la porcelana más frágil y exquisita.
El silencio se instauró hasta que Draco por fin se atrevió a preguntar.
—Bueno —Mano al pelo—. Así que... —Sus ojos grises se clavaron en él con reticencia—. Quieres pareja estable e hijos.
Harry dejó de beber y se recostó en el asiento algo nervioso, parecía que la cita había tomado otro cariz.
—Sí, no quiero aventuras ni salidas de hoy con uno y mañana con otro, quiero a alguien a mi lado, que... —carraspeó colocándose las gafas— que sea mi compañero y que quiera una familia. Eso es muy importante para mí y la juventud no me importa.
Draco sorbió de su capuchino lubricando su garganta reseca y dándose tiempo para controlar el ritmo de su corazón. Por más clínica que pudiera resultar la cita, seguían siendo ellos dos hablando de un posible futuro juntos.
—Entiendo, yo también busco una pareja estable. E hijos. La edad no me importa, ya me siento preparado.
Silencio.
—¿Tú no... no has estado con nadie de manera seria antes? —Tenía mucha curiosidad por saber del pasado de Malfoy. Básicamente de los últimos siete años.
—No, incluso me aventuré a salir con muggles —Harry abrió los ojos gratamente sorprendido—, pero todos quieren divertirse. Y entre los nuestros no... —Draco esquivó su mirada concentrándose en su bebida—. No son muy proclives a salir con un exmortifago.
Ambos se mantuvieron en silencio por unos segundos, dando así tiempo a asimilar la información.
—¿No te gusta la tarta Red Velvet? —Señaló el moreno a la porción casi intacta de su plato.
Draco torció el labio.
—El bizcocho está muy seco y la mezcla demasiado empalagosa.
—¿Me lo das? Te doy lo que queda del mío si quieres.
Malfoy observó su rostro, una sonrisa incipiente escapando de sus comisuras. Se apartó por enésima vez un mechón de pelo y asintió cambiando los platitos. Era una guarrada pero el gesto le gustó, sobre todo al saber que Harry no disfrutaba de esa tarta en concreto y más porque llamó al camarero para que pidiera otra ración diferente. No lo pudo reprimir y sonrió de vuelta.
Draco se fijó en Harry y en su lenguaje corporal, todo en él cantaba deseo y expectación. Le gustaba la cita y eso le generó punzadas en el estómago. También captó como sus ojos verdes seguían el movimiento de sus manos hacia el pelo, su boca o al meterse una cucharada de tarta. Aquello sí que le impactó y le alteró hasta el punto de tener que disimular más vehemente su expresión. Sobre todo porque Potter había resultado ser una excelente cita, de las que fluyen sin presiones o con la mira puesta en el sexo solamente. Draco se encontró muy nervioso, ilusionado y alegre.
—... de vez en cuando juego en La Madriguera, pero sí que lo echo de menos.
—Yo la verdad no tanto, si entré en el equipo fue por joderte la existencia un rato y darte digna competencia.
—Ya me lo figuré. —Arrugó una esquina de su boca con suficiencia y deambuló por el rostro de Draco. Cada vez le gustaba más pese a sus innumerables manías—. ¿Y cuál es tu pasatiempo?
—Leer, nada como un buen libro y toda una tarde sentado perdido en la lectura.
—Hum. —Puso cara de extrañeza.
Draco parpadeó y se lanzó en un arrebato pues se había imaginado a él mismo leyendo junto al fuego y a Harry con sus revistas de Quidditch abrazándolo.
—¿Qué buscas en una pareja? —preguntó sin más.
Harry se atragantó con la última cucharada y bebió. Carraspeó limpiando su boca y comenzó a toquetear la servilleta.
—Que sea cariñoso, que... Bueno, no lo tengo muy claro. Sólo que sea alguien capaz de comprometerse y supongo que surja la chispa.
—No eres muy exigente.
—En el amor, las listas de requisitos se van a la mierda.
Draco lo sopesó para darle también una respuesta, cada minuto que pasaba se sentía más dividido y confuso. Por un lado, todo le daba confianza para estar tranquilo y a gusto, por el otro, se sentía más inquieto y descontrolado.
—Yo quiero... —Dejó su vista vagar, quería ser honesto con el moreno y consigo mismo—. Yo quiero a alguien que me acepte como soy, con mi pasado. Alguien que se preocupe por mí y los que me importan. Alguien que... —Sus ojos grises conectaron con los verdes de Harry que le escuchaba atentamente—. Me quiera y no le moleste mi mala fama, que desee formar una familia conmigo y esté dispuesto a comprender mi mundo. Yo podría esforzarme en comprender el suyo —dijo en un susurro.
Harry se levantó asustando al rubio y se sentó a su lado eliminando la distancia entre ellos. Draco se echó hacia atrás arqueando una ceja, por dentro se moría de la ansiedad pues con Potter nunca sabía a lo que atenerse.
—Me parece perfecto. Yo también quiero eso. La fama y el pasado son una losa para mí, aunque no te lo creas. Yo quiero a alguien que se centre en mí como pareja y en la familia. —Aproximó su rostro deseando tomarle de la mano—. Yo... —Se revolvió el pelo avergonzado—. Yo soy algo distraído, desconfiado y pesimista.
—Yo... —Draco sonrió reconociendo los defectos de la encuesta—. Soy orgulloso, prejuicioso y exigente.
Harry le tomó de la mano y apretó. El corazón golpeó sus costillas y, ¿quién le daba permiso a él para tocar y lanzarse de esa manera sobre Draco? Bueno, Harry nunca pensó bien las cosas.
—Me viene bien la exigencia para mi distracción, a ver si espabilo de una vez. —dijo en cambio.
Draco parpadeó sobrepasado, notando el calor de la mano incursora.
—A mí me vienes muy bien a secas tú, para curar mis prejuicios y mi exceso de orgullo.
—Tu orgullo me viene de perlas para mi pesimismo.
Entrelazaron los dedos apretando el agarre con el corazón desbocado.
(...)
—... a este paso no cabremos en La Madriguera.
—¿Pero cuántos sois? —Draco se terminó la porción de tarta con la mano izquierda, en ningún momento deshicieron el contacto.
—Hummmm —Harry empezó a enumerar en un murmullo—, demasiados, y va otro en camino por parte de Bill. Cuando tenga a mis hijos, habré de plantearme una ampliación de la casa.
Harry era muy familiar, y Draco, que estaba acostumbrado a la soledad del único hijo se le antojó curioso. La mirada del moreno irradiaba felicidad al hablar de hijos y a él ese brillo le encogió el corazón de gozo, todo apuntaba a que Potter sería un padre muy cariñoso. "Quiero un padre así para mi hijo", pensó ilusionado.
—¿Cómo va el asunto de los hijos? Has dejado en claro ese deseo. —murmuró. Quedó observando sus manos unidas y el calor que Harry le transmitía.
—Me gustarían tres, pero estoy abierto a negociación.
—Yo con uno que porte mi linaje y apellido tengo suficiente.
—Bueno, puede ser uno de tu sangre y dos míos —Ninguno de los dos se creía que estuvieran manteniendo esa conversación tan bizarra—. Aunque para mí, todos serían míos con o sin sangre.
Esa respuesta le sumó puntos y el rubio sonrió complacido.
—Tres me parece excesivo, Potter. —No se atrevió a levantarle la mirada, seguía refugiándose en esas manos unidas por encima de la mesa.
—¿Dos? Podría conformarme con dos. —Negoció divertido.
El rubio tragó agitado y repasó sus labios con la lengua.
—Podemos dejarlo en dos y con el tiempo ya veremos. —concedió excesivamente alterado. Debía disimular más.
—Me parece justo. —aceptó en tono grave.
Se quedaron callados y desorientados ante la conversación trascendental de su posible futuro. Ni Harry apartó la mano, ni Draco hizo el ademán de retirarla.
El ruido del local engulló el interior con sonidos de charlas, tintineo de cucharillas y la preparación de bebidas. Harry observó el perfil de Draco, con la cabeza gacha y las pestañas rubias parpadeando lento. ¿Era posible acaso? ¿Así de fácil le era imaginar un futuro con él? No tenían mucho en común pero en ello estaba la chispa de la vida, Ron y Hermione tampoco tenían en común pero el amor y el esfuerzo lo hacían salvable.
—¿Por qué no ocurrió antes? —preguntó el moreno de la nada en tono íntimo.
Draco le miró por fin transmitiendo inseguridad en sus ojos grises.
—¿Antes?
—Ésto, nosotros. —Apretó su mano acariciando el dorso.
—No lo sé —se encogió de hombros—, siempre que te veía parecías tener prisa y tampoco es que hubiera un motivo de peso para acercarme y darte conversación.
—Yo siempre quise más que un saludo, pero parecías muy inaccesible y con pocas ganas de un acercamiento por mi parte o del resto.
Draco negó sereno y Harry asintió apretando la boca. Las apariencias y los juicios de valor habían hecho el trabajo sucio de mantenerlos alejados por muchos años.
—La cita no va tan mal. —Draco se mordió el labio dándole una sonrisa tímida, más honesta y menos articulada.
—Desde luego. —Coincidió Harry con expresión solemne.
—Aunque es muy pronto para decir si ésto va a alguna parte.
—Por mi va —declaró el moreno decidido—, a dónde quieras que vaya. Lo tengo claro.
Draco abrió los ojos estupefacto examinando la expresión determinante de Harry, por un momento se le olvidó que hablaba con un León. ¿Y para él? ¿En qué dirección iba? Quiso hacerse el tonto por una hora entera para no desentrañar lo que la presencia de Potter generaba en su cuerpo. Ese extraño anhelo, esa inquietud, el nerviosismo, la taquicardia de sentir sus manos unidas, la falta de aliento por la mirada penetrante de Harry, la seguridad de sus sueños más grandes compartidos, la aceptación de antemano por su pasado y la marca. Él, justamente él que lo tenía todo a favor para ser rechazado y ahí estaba, a dos escasos centímetros de un moreno con cara de querer besarle.
—Bueno Potter —su tono no vaciló pero tragó seco—, a mí me gustaría también saber a dónde irá lo nuestro.
Harry se lanzó y lo besó, porque era ahora con el empuje del sentimiento homicida y el arrojo que se atrevía. Llevaba media hora deseando besarle y una hora entera queriendo acariciar su pelo. Draco correspondió por el simple susto de no poder apartarse y no creerse que de verdad el maldito cuatro ojos había tenido la osadía de besarle en la primera cita y tras una mierdosa hora de conocerse. Pero le gustó, y mucho cuando sintió un brazo rodearle el hombro o cuando la mano se alejó de su contacto y empezó a toquetear mechones de cabello tras la oreja. Le gustó demasiado el ímpetu de esos labios sobre los suyos demostrando cuánto lo deseaba. Se dejó arrastrar por el calor de su boca, de su lengua y hasta de los leves e inocentes toques con los dientes. Se quedó enganchado a esa mirada de un verde intenso repasando su rostro y respirando sobre sus labios, se estremeció con el suave roce de sus narices y los dedos perfilando la mandíbula y pómulos. Se encogió de placer con los siguientes besos sobre sus mejillas, sus comisuras, su mandíbula y en el cuello exhalando aliento caliente. Harry podría no ser el mejor al besar, pero definitivamente era el mejor prodigando afecto y ternura y de eso, Draco iba muy falto. Lo besó de nuevo esta vez más tranquilo, degustando sus labios y presionando para enfatizar. Draco largó un suspiro y respondió demandante, envolvió su cuello y aumentó la intensidad, él sí era un gran besador y Harry lo sabría ahora. En el calor del momento notó las manos del moreno buscando su cintura y queriendo más cercanía.
—Potter, que estamos en un lugar público, contente —le regañó sin mucha fuerza por falta de aliento.
—Lo siento —chocó brevemente sus labios—, besas muy bien —Le dio otro beso corto y suave—. Muy muy bien.
—Faltaría más. —respondió ufano.
—La cita ha terminado. —Harry observó afligido el reloj de la pared.
—¿A sí? —rebatió alzando una ceja— ¿Dónde lo pone en el contrato?
Harry le sonrió sin dejar de acariciar su pelo y tomándolo de la nuca lo empujó a otro beso arrebatador.
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San Valentín, un año después.
Draco entró en el local y fue directo al reservado, más le valía al idiota de su novio no demorarse, odiaba la impuntualidad. Vigiló el reloj con ojo clínico y a las cinco en punto la puerta del local se abrió mostrando a un Harry cubierto en su abrigo y tiritando. Lo saludó sacándose la bufanda y yendo directo a la mesa.
—Llego puntual.—se excusó rápidamente, inclinó la cabeza para darle un beso de labios fríos y se sentó a su lado.
—Esta será la cuarta vez en un año, eres exasperante Potter.
—Poco a poco. Tú sólo has ido a La Madriguera una vez y fue en mi cumpleaños.
—No había necesidad de más.
Ambos se miraron retadores. Ciertamente eran muchas las cosas que requerían de perfilar y acomodar.
El camarero se acercó y pidieron esta vez dos trozos de Carrot Cake acompañados de capuchino y café largo. Harry se frotó las manos entrando poco a poco en calor y le pasó el brazo. El moreno era muy activo en sus muestras de cariño y siempre era el primero en ofrecerlas. Eso era algo que Draco agradecía secretamente pues a él le costaba más dar ese paso. Recibió otro beso en la mejilla y por fin el rubio claudicó, giró el rostro y le besó tomando la iniciativa.
No había sido fácil, se peleaban constantemente aunque cada vez menos. Y es que realmente sus vidas eran muy dispares, así como sus gustos o la manera de entender y afrontar las cosas. Mucho habían recorrido en un simple año y más que les quedaba, pero Harry lo tenía claro, peleas incluidas. Draco era su compañero de vida: exigente, culo fino, caprichoso, irritante y un poco egoísta. Pero también inteligente, responsable, comprometido y divertido.
—¿Cómo te ha ido con la negociación?
—Me he sentido como un adulto entre niños, descuida que los tengo en el bolsillo.
Harry besó esa boca arrogante pagada de sí misma.
—Me alegro por ti.
La comanda llegó pronto y se sumergieron en el placer de la merienda terminando de entrar en calor. Draco no era dado a muestras públicas de cariño, pero en un día como ese el moreno agradeció su esfuerzo al verlo tomar la iniciativa y juntar sus manos. Se miraron en silencio bebiendo sus tazas.
—Feliz día de San Valentín, Potter. —Carraspeó con las mejillas encendidas.
—Lo mismo digo, cariño.
Era mucho pedirle otro avance, así que Harry le besó esta vez, tratando de dominar el miedo y la incertidumbre. Enterró los dedos entre sus mechones plateados, esa cabellera desparramada sobre la cama era lo más erótico que había probado y contemplado. Como de costumbre, Draco tomó el control del beso demostrando así que siempre sería mejor besador, en cambio, los gestos tiernos de Harry siempre doblegarían el corazón del rubio haciéndolo estremecer.
—Por muchos años más. —murmuró Harry tras cesar el beso. Hurgó la mano dentro de su bolsillo y extrajo una cajita negra de terciopelo.
Draco también le había traído un regalo por San Valentín, pero fue ver aquella sospechosa cajita de joyería encima de la mesa junto a su tarta, y la expresión de pánico de su novio con las gafas torcidas lo que lo alertó. Se separó de él controlando a duras penas la respiración, miró el obsequio y nuevamente a Harry, su expresión culpable y su rostro encendido no daba lugar a dudas.
—Harry... —No supo porqué le habló en tono de advertencia con el ceño fruncido.
—Te quiero, Draco. —contestó en tono de pánico.
El susodicho levantó una ceja.
—Y yo, cuatro ojos.
—¡Lo tengo claro! —medio chilló empujando la cajita contra su mano sin miramientos.
Draco parpadeó, cualquiera diría que esa cara de condenado a la horca era la de un hombre seguro de sí mismo y enamorado. Tomó con excesiva lentitud la cajita y la abrió con el corazón en la boca, no podía dominar su expresión porque en ese momento se sentía fuera de sí, desbordado de felicidad, pero aterrado. Era un anillo de compromiso, plateado con... Era el anillo de su padre con el escudo familiar. Dicha joya, había quedado confiscada junto con otros muchos efectos personales que nunca fueron devueltos. Los ojos grises se empañaron de lágrimas y miró a Harry.
—Es... —Tragó el nudo de espinas alojado en su tráquea.
—Sí, me costó conseguirlo, pero soy muy pesado —una tímida sonrisa asomó a su rostro—. Y Hermione muy lista.
El rubio se quedó atascado sin saber qué decir para corresponder tamaño gesto. No quería llorar pero las lágrimas escaparon traicioneras de sus comisuras empapando las mejillas blancas.
—Gracias. —Graznó carraspeando.
—Es... Uh. No es sólo que te haya conseguido el anillo, es que...
—Ya sé lo que quieres pedirme —le interrumpió riendo aguado—, se te nota a leguas, no sabes disimular ni un poco.
—Pues en ese caso... —Extrajo el anillo de la cajita y con dedos temblorosos intentó ponérselo en el anular.
—¿Estás seguro? Digo, no pareces muy convencido de dar este paso. —Le cuestionó observando dudoso el tembleque de sus manos.
—Estoy muy convencido, pero tú no me has respondido y temía que dijeras que no.
Conectaron sus miradas con el gesto de poner el anillo suspendido, la mano de Draco extendida con gracia y la mano de Harry tambaleándose sin atinarle el dedo.
—Eres un puñetero desastre, Potter, pero me haces feliz y me veo a tu lado por otros veinte o treinta años más como poco, te veo como el padre de mis hijos. —confesó lo más cortante y seco posible para no dejar traslucir todo su nerviosismo e histeria.
—Eso... —Harry parpadeó confuso— ¿Seguro que te quieres casar conmigo? No te veo muy ilusionado, la verdad. —Dudó reticente.
—¡Estoy perfectamente ilusionado! —Escupió entre dientes abriendo los ojos—. Ponme el puñetero anillo ya.
Harry se hizo de rogar temeroso de su extraño comportamiento.
—Harry —repitió perdiendo la paciencia—, he dicho que sí, que me caso contigo... —Hizo un movimiento brusco con la mano intentando autocolocarse el anillo de compromiso—. Ponme el maldito anillo.
Harry lo deslizó y quedó encajado a la perfección, era parte de la magia ancestral de los Malfoy, el anillo del heredero siempre se ajustaría a la medida del portador.
—Ya está —suspiró aliviado acariciando sus nudillos—, estamos comprometidos.
Draco se miró la mano y luego a su novio, todo un maldito desastre capaz de remover cielo y tierra por recuperar algo muy significativo e importante para él. No era dado a las muestras de afecto públicas y menos si éstas iban acompañadas de exagerada euforia y sensiblería, pero era San Valentín, amaba al inútil de Potter y justo hoy le había hecho inmensamente feliz, así que se abalanzó a sus brazos y le besó.
Harry le correspondió sorprendido y envolviendo su cintura en un apretado abrazo. Bendita Hermione y bendito anuncio de citas a ciegas. Nunca podría imaginarse que un año después estaría pidiéndole matrimonio al estirado de Malfoy y que éste aceptaría gustoso propinándole un beso de lo más fogoso e intenso.
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Luna sonrió tras la mampara de protección, cuando ambas encuestas llegaron a sus manos un año atrás reconoció al instante los seudónimos. No era muy difícil adivinar la identidad de cada uno por las respuestas dadas, quiso ser profesional y realizar un verdadero estudio de compatibilidad pero a cada intento de analizar y comparar con otras parejas potenciales, sentía que les fallaba. Así que rompió sus encuestas y los juntó sin mayor preámbulo, eso sí, ellos y solo ellos recibirían una carta instructiva de su parte para asegurarse el éxito de la cita pues nadie iba con las defensas tan altas y el corazón tan cerrado como ellos. Nunca diría que fue el destino, más bien diría que tuvo que ser y simplemente se demoraron demasiado. Suerte que para estos casos ya estaba ella y su impecable intuición.
Fin.
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Para mí el fluff sin drama es como una limonada sin rodaja y cubito de hielo XD. Este reto de San Valentín ha supuesto para mí una perspectiva creadora interesante: Sin dramas ni Smutt. Y ciertamente me ha gustado, espero de corazón que también os guste gente.
( ˘ ³˘)♥ Feliz San Valentín y felices todos los días del año a quien esté enamorado y sea correspondido. Feliz día a todos los que aman a sus hermanos, hijos, padres, amigos y hasta vecinos, porque el amor hay que celebrarlo y darle justo honor siempre.
Nos leemos en la siguiente aventura; Mil besos, Sara.